Archivo por meses: marzo 2011

Murillo, el ministro sin cabeza


La reciente destitución del ministro de economía Marino Murillo parece confirmar la teoría del chivo expiatorio, de esa infinita noche de cuchillos largos para todo el que esté en el poder o que camine alrededor del poder.
Murillo fue la cara que usó la tiranía castrista para exponer su versión de los desempleos masivos que se llevarían a cabo este año, pero necesitaban eso: explorar y si no resultaba pues al diablo con los experimentos. Por ahora la primera cabeza que ha rodado es la de este después que el mismo presidente Raúl Castro aclarara en público que el decreto de disponibilidad de la fuerza laboral no debería ser inflexible.
A finales de diciembre de 2010 fue congratulado con una estancia de más de una semana en el polo turístico de Gualdalavaca, en la costa norte de la provincia Holguín, zona negada al los comunes y corrientes mortales de este país pero abierta siempre a ministros, generales con familia y a extranjeros.
Pero unos días antes Murillo había hablado ante las cámaras y micrófonos de la televisión nacional pidiendo un ajuste en los gastos a nivel de hogar, les había pedido apretarse los pantalones una vez más porque venía una racionalización de puestos de trabajo de un millón de cubanos y habría que jugárselas todas con la idoneidad. Sin embargo una cosa pensó el borracho y otra los que venden las bebidas alcohólicas. Murillo fue autorizado a pasarse unos días en un hotel de lujo en Gualdalavaca con veinte familiares de acompañante. En menos de cuarenta y ocho horas medio Holguín sabia de cuanto gastaron, de gustos y preferencias de cada uno de los familiares y amigos que acompañaban al flamante ministro de economía, sucesor del finado Carlos Lage. Y claro sorprendió mucho ver en ese derroche a quien unos días antes habló al país de apretarse el pantalón.
Como la prensa cubana no publica razones cuando sustituye a alguien los de a pie en este territorio hemos tenido que conformarnos con los datos que algunos que trabajan en las instalaciones hoteleras vieron o escucharon. La cifra situada al final del cheque que cerraron los visitantes antes de regresar a la Habana es elevadísima aseguran los que trabajan allí.
Otros cuentan que ciertos comunistas de rango y con responsabilidad en el hotel se quejaron a la Habana por lo elevado de la cifra de gastos de Murillo y su pandilla pero recibieron la callada por respuesta y es que desde la última cuadrilla del niñito Elián y sus familiares y amiguitos de la escuela no se había visto otro derroche así.
Ahora a esperar a ver qué jugada hará desde el nuevo puesto al lado del general presidente donde según dijo la nota, lo asesorará en varios asuntos, entre ellos ‘los económicos’. Lo que me hace suponer que como ministro no tendrá cabeza pero como asesor sí tendrá las dos manos para meterlas en el bolsillo de papa estado y saquear a su gusto. Y no pasa nada!

Las oscilaciones del péndulo. / Miguel Iturria Savón.

Cuando mi televisor funcionaba apenas veía los telediarios, pero hay programas tan burdos y manipuladores que hasta mis vecinos desinformados los comentan con desdén. A veces me entero por ellos o por los sms de amigos con acceso a Internet. Hasta hace dos semanas no sabía de la existencia del telebasura Las razones de Cuba, donde glorificaron a tres topos infiltrados en agrupaciones pacíficas que defienden los derechos humanos en la isla.

Desde mayo del 2008 nuestra televisión, acostumbrada a enmascarar verdades inconvenientes y santificar mentiras alevosas, no tocaba fondo. En aquel momento la guaracha televisiva reactivó el fantasma enemigo con imágenes de tres opositores acusados de interactuar –teleconferencia por medio- con el presidente de los Estados Unidos. Semejante delito sirvió para asustar a los incautos y denigrar a Jorge L. García Pérez (Antúnez), Martha B. Roque y Bertha Soler, además de meter en el saco a la sede diplomática de los Estados Unidos en La Habana e injuriar a Vladimiro Roca, vástago de aquel Roca Calderío que precedió a Fidel Castro al frente del Partido Comunista.

En marzo del 2011 las campanas televisivas tocan a rebato contra nuevos rostros apacibles de alto nivel intelectual y gran valor ético. Hasta el martes 22 el centro de las ofensas fue el ingeniero Dagoberto Valdés, ex director de la desaparecida revista Vitral y líder de una página digital que disgusta a los censores, y la célebre Yoani Sánchez, creadora del multipremiado blog Generación Y, de la Academia Blogger de Cuba y fundadora del portal cyber Voces Cubanas.

Como el éxito personal y el reconocimiento mundial son pecados mortales bajo una dictadura despótica centralizada, tanto Dagoberto como Yoani soportan la tensión desde la tolerancia, el trabajo diario y sus propuestas de futuro. Yoani, denigrada días atrás por el periódico Granma, subió a la web el primer programa Razones ciudadanas, que podemos difundir en http://www.vimeo.com/21317045

Con semejante respuesta basta esperar activamente, sin amedrentarnos ante los chicos de la Seguridad del Estado que tocan a las puertas de madrugada, detienen a los opositores en las calles y ordenan a los tribunales la apertura de expedientes y hasta las condenan que deben dictar.

Las oscilaciones del péndulo no solo tocan contra los supuestos mercenarios, el rehén norteamericano condenado a 15 años de prisión y el “enemigo imperialista” usado como  proa por los ancianitos anclados en el poder y atrapados por el odio, la inoperancia y la  corrupción. La difamación contra personalidades cívicas alternativas revela el temor del gobierno a la difusión de las ideas democráticas que difunden en sus escritos. Nuestra población desinformada es, paradójicamente, la víctima esencial de la diatriba contra esos líderes de opinión lapidados por la maquinaria de propaganda comunista.

Como la rabieta televisiva es cíclica, el péndulo vuelve a oscilar. Vale pues, lo que expresé en mayo del 2008:

“Nuestros medios informativos reproducen el discurso del poder. Detrás de la soberbia, la distorsión y los arquetipos están presentando a la oposición. Reconocen su existencia pero la simplifican bajo el paragua de la administración  norteamericana. Es una forma de ganar tiempo y evadir sus propuestas democratizadoras.

El fantasma del enemigo es poco creíble. Las personas carecen de otras fuentes informativas, pero no son tontos. Saben leer entre líneas y conocen que hay cosas en juego detrás del show mediático del diario Granma, el Noticiero, la Mesa redonda y los espacios radiales encadenados a la infamia estatal. Denigrar es un placer pero la vida no se reduce a los intereses de una élite burocrática ni a los comisarios del partido único”.

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LML en LJC

A propósito del posteo El beneficio de la duda

Saludos. Los ánimos están polarizados como suele suceder con las figuras públicas. Conozco a Yoani desde antes de Generación Y. Sigue siendo la misma persona de siempre; obtuvo el conocimiento técnico para hacerse un blog, y tuvo el convencimiento de que cualquiera con cosas que decir, ahora tenía un lugar, aunque fuera virtual. Comenzó construyendo en html su bitácora sin saber si alguien la leía, fue la primera sorprendida por la atención mediática; antes de llegar los famosos premios, había acumulado mucho trabajo paciente. El éxito vino por ser pionera en ofrecer una visión diferente y bien escrita sobre la realidad cubana. Por primera vez una voz personal, desde lo cotidiano, una mujer joven y madre ofrecía una Cuba alejada del aura revolucionaria. Las autoridades no vieron con buenos ojos esta voz independiente, cada vez más escuchada, molesta mucho que esa persona “fabricada” se haya convertido en un referente en la opinión pública mundial para hablar sobre Cuba. Es muy interesada la imagen que se ha divulgado en los medios oficiales, minimizándola y/o desacreditándola. Recientemente se ha puesto en la televisión la imagen de Yoani entrando en la Sección de Intereses de E.U. Detrás está la intención de demeritarla ante el pueblo presentándola como pro imperialista. Esas tomas corresponden a una visita por asuntos de visado, y los que facilitaron el video lo saben. La visa le fue otorgada, no así el permiso de salida. Yoani preocupa al gobierno, preocupa por la simpatía que pueda despertar, preocupa que un sector de la sociedad se sienta identificado con la Cuba que se narra desde GY. No hay nada más feo y socorrido como sacar de contexto una actitud o una frase.

MOCIÓN PRESENTADA EN LA 102 ASAMBLEA ANUAL DE LA CBCOcc EL PASADO VIERNES 25 DE MARZO POR EL PBRO. MARIO FÉLIX LLEONART BARROSO

POR CUANTO nuestra misión fundamental: el anuncio de las Buenas Nuevas incluye la denuncia del pecado sea cual sea su nombre, cométalo quien lo cometa y cuéstenos lo que nos cueste tal comportamiento profético;

POR CUANTO los profetas, Juan el Bautista, nuestro Señor Jesucristo y los apóstoles nos dieron el ejemplo en tal misión complementaria de un anuncio que lejos de excluir la denuncia la incluye;

POR CUANTO la historia del cristianismo está repleta de buenos ejemplos a seguir y de malos ejemplos a desechar respecto al cumplimiento o incumplimiento de la misión profética de la iglesia;

POR CUANTO la historia bautista ha sido muchas veces la de un pueblo radical en el cumplimiento de su misión, y que nosotros somos bautistas;

POR CUANTO la Alianza Bautista Mundial de la que formamos parte nos recuerda que sus cuatro propósitos fundamentales son: la evangelización, la ayuda a los necesitados, la unidad de sus miembros y la defensa de los derechos humanos;

POR CUANTO la historia de nuestros orígenes en Cuba en la persona de Alberto J. Díaz no divorcia de la misión evangelizadora una genuina preocupación por la realidad nacional, sino todo lo contrario;

POR CUANTO, en palabras de Justo Anderson, ¨El pueblo Bautista, consciente de haberse involucrado pasivamente en las injusticias sociales en ciertos sectores del mundo está despertando de su letargo social a la luz de su principio fundamental de que solo Cristo es Rey y Juez de la Iglesia y de la conciencia, y que de su éxito en incorporar esta inquietud social sin dejar de hacer lo otro dependerá en gran parte la influencia futura de la denominación¨;

POR CUANTO la historia de Cuba en las últimas cinco décadas ha sido una historia de penalización a la discrepancia de ideas en la que los bautistas unas veces hemos sido perseguidos y otras tolerados, de lo que resulta un ejemplo fehaciente la CARTA ABIERTA A TODOS LOS QUE AMAN A NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO CON AMOR INALTERABLE de nuestro directivo convencional y líder histórico Homero Quintín Carbonell González;

POR CUANTO independientemente de que los bautistas hayamos sido perseguidos o tolerados siempre ha existido algún cubano perseguido de conciencia y la libertad de conciencia es precisamente uno de los principios bautistas fundamentales y que nuestra Asociación ha expresado más de una vez que ¨constituimos y nos reconocemos parte integral del pueblo cubano, junto al cual permanecemos y vivimos, es un deber ineludible expresar nuestra discrepancia a todas las instancias pertinentes del gobierno de nuestro país¨;

POR CUANTO en los últimos meses se han venido suscitando hechos que no contribuyen a la paz de la nación, tolerados por el Estado que a la luz de Romanos 13.3 debía existir para fomentarla;

POR CUANTO este tipo de actos se incrementa por días a lo largo y ancho del país, en los denominados ¨actos de repudio¨ y en detenciones de carácter arbitrario, tal y como lo demuestra el pasado mes de febrero en el que fueron reportados a diversos organismos de la ONU cerca de cuatrocientos detenidos y alrededor de 70 reclusiones domiciliarias, entre los que específicamente el pasado 23 de febrero estuvo detenido uno de nuestros pastores (quien les habla), al ser forzado a abordar un auto de matricula privada HFA 554 por cinco de estos individuos vestidos de civil y sin identificar, y luego a permanecer detenido por 26 horas sin comunicación ni constancia oficial de tal detención, por el simple acto evangélico de interceder a favor de dos mujeres indefensas que eran objeto de similar agresión;

POR CUANTO tales hechos podrían ser el germen de una indeseada guerra civil que estamos llamados a evitar como agentes de reconciliación;

PROPONGO:

Que se escriba carta a nombre de esta Asamblea al Primer Secretario del PCC y otra al Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular expresando nuestra preocupación respecto a estos hechos que no contribuyen a la paz de la nación; tal y como se ha insistido en misivas anteriores respecto a nuestra posición como bautistas ante otros asuntos, e insistir en ellas sobre la promoción del respeto a las discrepancias de ideas a fin de que realmente vivamos quieta y reposadamente en una Patria como la que soñó Martí con todos y para el bien de todos.

Que para la confección de tales cartas sea creada una comisión escogida por esta Asamblea que en un plazo prudencial sea capaz de recoger el espíritu de los POR CUANTOS que anteceden esta moción

Cerrado por demolición

Foto: Francis Sánchez.

[He decidido publicar, antes de que este blog quede clausurado, algunos textos que no hice públicos en su momento justo, o porque me fue imposible en la práctica hacerlo, de acuerdo con dificultades obvias, o porque, mientras pasaban los días, tuve dudas de si sería lo más conveniente. A tenor con los últimos acontecimientos, creo que lo más oportuno es no dejarlos pendientes de publicación. Son los siguientes textos: el artículo “Guatacas”, el poema “La palabra Abedul” y los documentos “Carta abierta a un amigo” y “Aclaración al lector”. El último trabajo que debe de publicarse en este blog, es “Cerrado por demolición”, que aparecerá dividido en tres partes o entregas: “La cosa en la red”, “Puntos negros” y “Nosotros y las nubes”]
 
I. La «cosa» en la red
 
Cuando abrí esta bitácora, hace apenas unos cinco meses, conté la anécdota de una noche llena de pesadillas, la vez que mi esposa casi colapsa y estuve a su lado para sobrevivir juntos a la impotencia, a la frustración, por motivos que se explican en el post «Despidos masivos. ¿Disolver al pueblo?» Ahora queda clausurada o clavada en el aire esta bitácora o blog, «Hombre en las nubes», con este artículo que, bajo el título de «Cerrado por demolición», pienso publicar en tres partes o entregas, también después de que he vivido otra noche de horror. La televisión cubana acaba de estrenar, en el horario estelar de las ocho y media de la noche, un nuevo capítulo de la serie «Las razones de Cuba», con el título «La ciberguerra».1
Yo que me había hecho la promesa de tratar de nunca herir, ni mucho menos atacar a otras personas en mis escritos, junto con la de no defenderme de ese tipo de golpes bajos cuando me convirtiera en un blanco por mis puntos de vista —estimular el forcejeo personal o chancleteo, supuestamente entre intelectuales, es una empresa de desguace y empobrecimiento ético en que los principales accionistas del inmovilismo y la censura suelen invertir sus amplios recursos, apostando al vacío, a la desesperanza y el asco generalizado—, al parecer no tengo otro remedio que contrariar la segunda parte de mis propósitos, y defenderme. Lo haré porque en esencia ni siquiera se tratará de una autodefensa, derroche que es imposible encausar con propiedad en medio de una desproporción tan excesiva y hasta abstracta como la que mi atacante se reserva respecto a mí. Parece que la hora es grave, y solo quiero, mientras pueda, denunciar la injusticia y fijar por escrito mis ideas y mi posición.
El aparato sin rostro de la policía política me acusa, entre los pocos «blogueros independientes» que existen en Cuba, de estar pagado por el gobierno de los Estados Unidos. «Cibermercenarios en Cuba» escribió una mano invisible en el buscador de Google y, para espanto en mi hogar, no sé qué tenebroso motor de búsqueda pudo arrojar como resultado de la edición de este programa televisivo que pasasen una página de mi blog por la pequeña pantalla. Enrique Ubieta, quien suele dar la cara muchas veces en defensa de la poderosa Raison d’Etat, autor de algún que otro libro por encargo y director del periódico La calle del medio, en otro momento dice a la cámara que se trata de buscavidas que tantean una salida a la crisis económica muy campechanamente, como quien monta una venta de fritangas, interviniendo en internet a cambio del dinero que paga Washington. Resulta insoportablemente falaz que aquí se ilustre con una sola página de mi blog, ni aunque sea durante una fracción de un segundo, pero sucede, es lo que he visto, y el mayor horror viene ligado a la profunda impotencia. No hace falta que diga que jamás he puesto un pie en la Oficina de Intereses de EUA en La Habana, ni he ganado ni aspirado a ganar un centavo por escribir o apuntar mis ideas en una bitácora personal. Bitácora a la que llegué un día buscando mi propio respiradero como intelectual en medio de la marginación. Marginación cuyas tasas habían subido mucho después que, a principios del año 2007, hice público el texto «La crisis de la baja cultura», cargado con una fuerte dosis de crítica social, en medio de aquellos sucesos que se han dado en llamar por algunos como «la crisis de los emails».
Escribir, crear y reflexionar defendiendo la hipótesis de una plena libertad interior, es algo que desde niño se me ha dado como respirar. Pero ni tiene sentido que me ocupe en correr más rápido que las mentiras, siendo verdad mayor un conocimiento común, atroz y popularmente incorporado a la conducta de sobrevivencia cotidiana frente al despotismo y al Síndrome del Misterio en Cuba: la clave no es prever el problema que te puedas buscar, sino el que quieran crearte. Yo, como cualquier individuo, carezco de movilidad legal dentro de un sistema monocorde, lo más que debo aspirar es a que me perdonen la vida por pudor a sacar la basura ante algún tercero. La estructura, el verdadero aparato del poder, trabaja en la sombra. Convicciones y actividades en que se escude cualquier individuo que ofrezca algún grado de rechazo al sistema, conformarán sólo un juego de cristalitos de una lupa, un microscopio o una mirilla telescópica, según cada evolución clínica.
Unos meses antes se había filtrado —circuló de una memoria flash en otra— el video de una conferencia que impartiera ante sus colegas un especialista del Ministerio del Interior, titulada: «Campañas enemigas y política de enfrentamiento a los grupúsculos contrarrevolucionarios», donde se abordaba el tema de las nuevas tecnologías. Sobre el punto de la blogosfera, hizo la siguiente acotación:
«Nos quieren crear en nuestras mentes el concepto de que el bloguero es una categoría de enemigo de la Revolución. Si nosotros entramos a fajarnos ahora con los blogueros, ahí sí nos vamos a ganar un enemigo.»
Sin duda el conferencista aludía al proceso de criminalización que, antes de la Internet y los blogs, a través del tiempo ya se había hecho contra otras tecnologías que empoderaban a las personas: videocámaras, videocaseteras, computadoras, impresoras y teléfonos móviles, por poner sólo algunos ejemplos, además de conceptos como sociedad civil y ramas de la ciencia como la sociología. Lo que me hace recordar que, cuando en 1998 tuve por primera vez una computadora con una impresora conectada, en una asamblea de cultura se registró el planteamiento de denuncia de aquel «peligro» que había en mi casa, hecho por el director de la biblioteca provincial. La estrategia operativa, sin embargo, aparentemente iba a sufrir un vuelco radical, pasando, de la supuesta precaución de una conferencia en privado, a la ofensiva en público con el establecimiento de un nuevo código de repulsa que, siguiendo el manual de guerra, reduce una realidad social conflictiva a un epíteto, a un término descalificador para el que no se pide raciocinio, sino eco, euforia, repudio incondicional: «cibermercenario» es la nueva palabra que se sobrescribe sobre tantas otras que históricamente han sido puestas en boca de las masas.
Al día siguiente del estreno del mencionado programa televisivo, el periódico Granma, órgano oficial del PCC (Partido Comunista de Cuba), publicaría una acusación aún más englobadora y horrísona, que aparentemente me dejaba ante las turbas etiquetado no sólo como un soldado venal más, sino con todos los colores de la típica bestia, cuya temporada de caza nunca amaina en espacios públicos: proyanqui, traidor, terrorista, o sea, un monstruo, listo para linchar, embalar y enviar al infierno. En un pueblo provinciano como la ciudad de Ciego de Ávila, donde vivo, acceder al infierno se consigue superando distancias muy cortas. Ya estos trámites de demonización habían comenzado desde mucho antes con un acoso que progresivamente dejó de ser velado. Hoy es el espionaje, la vigilancia y persecución que sufro todo el tiempo. Hubo hasta una reunión convocada por el Primer Secretario del Partido Provincial en que se exhortó a intelectuales y periodistas a salirme al paso. Un buen día alguien me roba, me saca de mi cartera el teléfono móvil. Otro día alguien viene a avisar que me han estado grabando y filmando. De la noche a la mañana se suspende una actividad literaria que algún desprevenido promotor tuvo a bien organizar conmigo y mi familia. De pronto, la televisión, en el aludido programa del día 21 de marzo, pone un precio moral a mi foto. Y por último, como colofón, el Granma trae acusaciones múltiples, y al mismo tiempo tan exageradas, que me permiten desmentirlas en bloque. Por suerte la actividad intelectual de un escritor y la reflexión social que se hace en un blog tienen por objeto salir a flote, abrirse al escrutinio, dejando pasar la luz que tanto le molesta a quienes viven de la sombra y la especulación. Así que en vez de decir «mentira» mil veces, puedo limitarme a preguntar en qué parte de mis textos he abogado por algo de lo que aquí se imputa:
«Estos blogueros [...] han exhortado al levantamiento en Cuba, han alentado a la violencia, apoyan la Ley de Ajuste Cubano, justifican el bloqueo, niegan que el sector más reaccionario de Miami sea enemigo del pueblo cubano, dicen que el caso del terrorista Luis Posada Carriles es una cortina de humo y hasta llegan a expresar abiertamente [sic] el cambio de sistema político [...]»2
El último reproche resulta demasiado confuso, evidentemente falló la redacción, pero vale dudar si, por enderezar ese texto, el «órgano oficial del partido» estaría dispuesto a prescindir de la dialéctica marxista que ha justificado teóricamente al sistema político cubano y que reconoce en las relaciones sociales un proceso no lineal, un objeto de transformación permanente. ¿Sería de inhumanos vivir con la máxima universal, tan romántica y absoluta, de «cambiar todo [¡todo!] lo que deba ser cambiado?» O, en cambio, ¿lo monstruoso no es que alguien pueda decidir qué es todo por todos? Idéntica paradoja fue presentada a los intelectuales en junio de 1961, en una reunión en la Biblioteca Nacional, bajo la fórmula de «Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada» (este año se conmemora el cincuenta aniversario), para que estos se entretuvieran largo tiempo chupando esa piedra. La vida iba a demostrar que no le tocaba a nadie hallarle salida a la retórica del poder, a nadie aparte del mismo sujeto preceptor, y menos a intelectuales con el «pecado original» de no ser proletarios o revolucionarios, y, entretanto, podrían darse tantas exclusiones como infinitos fueran el cosmos y la concentración de poderes políticos. Bueno, por algo no se conocen unas «palabras de los intelectuales», aunque el «tengo miedo», dicho aquel día por Virgilio Piñera, aún resulta harto explícito.
Proclamo responsablemente lo que creo que mejor emana de forma natural en mi obra: jamás comulgaría con el odio ni el derramamiento de una gota de sangre, desapruebo el bloqueo contra Cuba, y rechazo cualquier tipo de terrorismo, fundamentalmente el terrorismo de estado. Expresarme contra todos los terrorismos me lleva a estar, por ejemplo, contra ese que promueve revoluciones haciendo estallar bombas en cines y parques, contra ese que pretende desestabilizar gobiernos poniendo bombas en hoteles, contra ese que organiza escuadrones paramilitares y la desaparición de personas, contra ese que convierte una sociedad en una telaraña artificial y política capaz de funcionar milimétricamente para producir la expatriación o la muerte social de todo aquel que no convenga, contra ese que invade países y cañonea ciudades, contra ese que manda a las turbas a sitiar a un hombre en su casa con su familia sólo porque piensa diferente… A propósito, sobre el rechazo a la violencia puede verse una sección de mi poemario Epitafios de nadie (Ed. Oriente, 2009), allí el poema «Medallista de plata» sobre el sabotaje a aquel avión cubano en Barbados: «[...] ¿En qué isla, en qué rostro al azar / pidió el asesino pronto pronto un pasaje? / Quedó olvidado aquí adentro su equipaje. / Nunca vuelvas a abrirlo. El oro es para el mar.» En el mismo libro no aparecen, por cierto, porque fueron censurados —a lo que entonces me resignaba—, otros dos poemas que tratan sobre sendas tragedias de la historia contemporánea cubana: el hundimiento del remolcador Trece de marzo y los sucesos de agosto de 1994 que algunos llaman El Maleconazo.
Traidores o quintacolumnistas han sido catalogados, y también en bloque, de acuerdo con alguna estrategia de endurecimiento doctrinal, muchos sectores y grupos sociales, a veces de modo tan simple como «el que no salte es yanqui». Lo fueron aquellos jóvenes que tenían que esconderse para oír a los Beatles, los católicos, los testigos de Jehová, los homoxesuales, los poetas intimistas, los ecologistas, los artistas del artecalle en los años ochenta, los cantantes de hip hop, y un largo etcétera, cada uno en su momento. «Escorias», «vendepatrias», «gusanos» y aparentemente dignos de repudio, pedradas y patadas hemos sido una y otra vez los miembros de la familia cubana, indistintamente, recibiendo y pasándonos, en vez de un batón, la mota negra. Asimismo, con tal de coartar esa pluralidad que entrañan las diferencias ideológicas y la crítica social, se ha pretextado con frecuencia una siniestra traición por parte de las personas que adoptan un campo de acción intelectual minado internamente, porque estuvieran fabricando supuestamente un escenario para una invasión enemiga. Un retablo de una inquisición muy notoria fue el montado contra los autores de los libros Fuera de juego y Los siete contra Tebas, premios de la UNEAC 1968, de poesía y teatro respectivamente. La «Declaración de la UNEAC», firmada el 15 de noviembre de 1968, y endilgada cual prólogo al poemario de Heberto Padilla, puso en evidencia un mecanismo que se mantendría activo en esencia, aparato de hipertrofia que marca a las personas y las obras para su circulación con un sentido extemporáneo.
«Ahora bien: ¿a quién o a quiénes sirven estos libros? ¿Sirven a nuestra revolución, calumniada en esa forma, herida a traición por tales medios? Evidentemente, no. Nuestra convicción revolucionaria nos permite señalar que esa poesía y ese teatro sirven a nuestros enemigos, y sus autores son los artistas que ellos necesitan para alimentar su caballo de Troya a la hora en que el imperialismo se decida a poner en práctica su política de agresión bélica frontal contra Cuba.»
Manuel Díaz Martínez, integrante del jurado de poesía, cuenta que, después de muchos tejemanejes para evitar que se diera el premio ateniéndose estrictamente a la calidad literaria, la dirección ejecutiva de la UNEAC convocó a los distintos Jurados a una asamblea para explicarles los problemas que habían surgido con los libros en cuestión, y allí, entonces, Félix Pita Rodríguez en su papel de fiscal echó mano a la última carta, la del rayo letal y desintegrador, diciendo: «El problema, compañeras y compañeros, es que existe una conspiración de intelectuales contra la revolución.» Revela Díaz Martínez: «Ante semejante denuncia, pedí la palabra y lo conminé a que dijera los nombres de esos “conspiradores”. No los dijo. Lo que existía era una conspiración del gobierno contra la libertad de criterio.»3 Aunque no los dijo Félix Pita, los nombres de esos intelectuales serían bien conocidos en años siguientes, por las cargas de sufrimiento y ostracismo que algunos, «contrarrevolucionarios» como José Lezama Lima y Virgilio Piñera, iban a soportar hasta el fin de sus vidas.
Rechazo, denuncio el calificativo de «contrarrevolucionario» —ya lo de mercenarismo está incluido a priori, va siempre por la casa— que quiere aplicárseme para pretextar la represión, la eliminación del derecho a habitar una nación y una cultura que siguen vivas y abiertas, porque practique una política intelectual de resistencia que no es la del colaboracionismo, ni la del silencio, ni la del exilio, quizás más bien existencialista. Si me ofende es por falso, la misma razón por la que también creo que carece de valor el tópico del intelectual «revolucionario» que, con un funcionalismo y una economía axiológica reduccionista o excluyente, se ha usado para desnaturalizar la condición del artista o el intelectual —descomplejizarlo, deshumanizarlo, vaciando su pensamiento y su obra— en el periodo que ha seguido al triunfo de la Revolución, dentro de Cuba. Ambas reducciones son figuras impostadas que obedecen al mismo patrón selectivo, pues informan, más que sobre lo particular calificado, sobre una gran voluntad de poder que domina un campo social reducido a su mínima expresión.
El juego de alternancias permisible dentro de tales límites conlleva demasiado fingimiento, simulación, hipertrofia, como el tradicional debate sobre la pertinencia de la crítica social, un problema que de manera oportuna en los anales de la academia quedó suscrito exclusivamente al tópico de la función o el «papel del intelectual revolucionario» dentro de la sociedad. El arte de simular, que es sobrevivir, llevaría a muchos a cruzar las aguas de ese obligado bautismo ideológico rozándolas apenas, adoptando una visión esencialista al aceptar el estereotipo de semejante marca en una forma descontextualizada. El mismo Manuel Díaz Martínez cuenta que, en la reunión del Jurado en que se llegaría a un veredicto final, defendió su propuesta sosteniendo que «Fuera del juego era crítico pero no contrarrevolucionario —más bien revolucionario por crítico».
Podría justificarse de tal modo esta sinécdoque, la hipostasiación de la figura del «intelectual revolucionario» por el simple y común intelectual de carne y hueso, como se ha hecho frecuente, confiando en que los derechos ganados para uno, para el único existente o realmente aceptado, van a extenderse por contagio al resto. Esta modesta aspiración, sin embargo, disimula quizás en el fondo un desencuentro con la tradición humanista, cuando se intenta dar por obsoleto un modelo ideal, del que ha dependido en buena medida la realización de la cultura occidental —a la que pertenece, por más que quiera negarse a veces, el proceso de la nacionalidad cubana—, en que los intelectuales no solo se representaban a sí mismos y unos a otros, como espejos frente a espejos, sino que aspiraban a expresar, catalizar, significar prerrogativas, derechos y ricas posibilidades de toda la sociedad en su conjunto. En este sentido, la pertinencia social y crítica del intelectual va a estar sujeta a la norma universal del ser humano común y corriente, porque piensa o existe, no más.
Pero el grado de comunicabilidad y crítica ideales que manejan los propugnadores de una estructura de poder maniquea, conveniente, simplificadora, en Cuba, parece reducirse, por desgracia, y cada vez más, a cero. Desiderio Navarro, en la ponencia «In medias res publicas» («En medio de la cosa pública»), presentada en la Conferencia Internacional «El papel del intelectual en la esfera pública» (organizada por el Fondo del Príncipe Claus de Holanda, celebrada en Beirut en febrero del 2000), afirmaba sobre la situación cubana:
«[...] el criterio de la crítica social correcta no sería la verdad, sino la correspondencia de su grado de minuciosidad, escrupulosidad y rigurosidad a cierta medida de lo necesario o conveniente. [...] No criticar del todo o criticar menos de lo necesario o conveniente no es motivo de condena y exclusión. Esto deja ver que el “cero”, la total ausencia, es, en realidad, el grado ideal de crítica social.»4
Así la estrategia favorita de impugnación oficial, tampoco acepta que dentro del dominio público se establezca cualquier plataforma ideoestética para el debate que no esté controlada verticalmente. Con la práctica, esta reacción se ha hecho ley: cerrarle el contrato social al ser humano, descalificando su voluntad, como si se tratase siempre de un microorganismo patógeno que obedeciera a un proceso infeccioso infinitamente superior.
«El más frecuente modo de atacar las intervenciones críticas de la intelectualidad en la esfera pública no es, como sería de esperar, el señalamiento de las consecuencias negativas que supuestamente sus afirmaciones críticas pudieran tener, ni, mucho menos, la demostración del carácter supuestamente erróneo de esas afirmaciones, sino la atribución de condenables intenciones ocultas a sus autores [...]»5
No me estoy cayendo ahora de esta nube. Conocía el riesgo de ser, de «habitar el lenguaje», inclusive aquellos límites rotos y contaminados con ajena realidad. Límites donde siempre le falta oxígeno a las criaturas que luchan por mantener el calor y el temblor de sus sueños. Un día un querido escritor de éxito me aleccionó: «Yo sólo echo las guerras que sé que voy a ganar». Este autor, por supuesto, se las había arreglado para salir y entrar de escandalosos conatos sin desmerecer una certificación de confianza que sólo se expide desde la visión de los vencedores. Pero el éxito real nunca es presencia de nada, ni prueba de vida, al menos jamás en ese sentido rastrero, no visionario. Al revés, pienso que si el plan de mi libertad está condenado al fracaso en lo pequeño y circunstancial, debe adelantarse a estarlo en lo grande: “Ya que no puedo ser libre,/ agrandaré mis prisiones”.6 Si bien la casa común —aunque no la mayor de las que habitamos— que es la historia, la patria, un lenguaje de nuestro ser actualizado y compartido, se muestra inhabitable para las personas ampliamente derrotadas que deben dejar afuera sus excesos de agonía, incluso caídos, el imponderable de ser puede hacernos perdurar delante de la puerta.
Notas:
1 El programa se transmitió por el canal Cubavisión el 21 de marzo de 2011, al día siguiente lo retransmitirían otros canales.
2 «Las razones de Cuba. Ciberguerra: mercenarios en la red», Deisy Francis Mexidor, en: Granma, 22 de marzo, 2011, p. 5.
3 Manuel Díaz Martínez: «Intrahistoria abreviada del caso Padilla».
4 Desiderio Navarro: «In medias res publicas», en: revista La Gaceta de Cuba, no. 3, mayo-junio, 2001, p. 43.
5 Ídem.
6 Verso de Manuel Altolaguirre.

Cerrado por demolición

Foto: Francis Sánchez.

[He decidido publicar, antes de que este blog quede clausurado, algunos textos que no hice públicos en su momento justo, o porque me fue imposible en la práctica hacerlo, de acuerdo con dificultades obvias, o porque, mientras pasaban los días, tuve dudas de si sería lo más conveniente. A tenor con los últimos acontecimientos, creo que lo más oportuno es no dejarlos pendientes de publicación. Son los siguientes textos: el artículo “Guatacas”, el poema “La palabra Abedul” y los documentos “Carta abierta a un amigo” y “Aclaración al lector”. El último trabajo que debe de publicarse en este blog, es “Cerrado por demolición”, que aparecerá dividido en tres partes o entregas: “La cosa en la red”, “Puntos negros” y “Nosotros y las nubes”]
 
I. La «cosa» en la red
 
Cuando abrí esta bitácora, hace apenas unos cinco meses, conté la anécdota de una noche llena de pesadillas, la vez que mi esposa casi colapsa y estuve a su lado para sobrevivir juntos a la impotencia, a la frustración, por motivos que se explican en el post «Despidos masivos. ¿Disolver al pueblo?» Ahora queda clausurada o clavada en el aire esta bitácora o blog, «Hombre en las nubes», con este artículo que, bajo el título de «Cerrado por demolición», pienso publicar en tres partes o entregas, también después de que he vivido otra noche de horror. La televisión cubana acaba de estrenar, en el horario estelar de las ocho y media de la noche, un nuevo capítulo de la serie «Las razones de Cuba», con el título «La ciberguerra».1
Yo que me había hecho la promesa de tratar de nunca herir, ni mucho menos atacar a otras personas en mis escritos, junto con la de no defenderme de ese tipo de golpes bajos cuando me convirtiera en un blanco por mis puntos de vista —estimular el forcejeo personal o chancleteo, supuestamente entre intelectuales, es una empresa de desguace y empobrecimiento ético en que los principales accionistas del inmovilismo y la censura suelen invertir sus amplios recursos, apostando al vacío, a la desesperanza y el asco generalizado—, al parecer no tengo otro remedio que contrariar la segunda parte de mis propósitos, y defenderme. Lo haré porque en esencia ni siquiera se tratará de una autodefensa, derroche que es imposible encausar con propiedad en medio de una desproporción tan excesiva y hasta abstracta como la que mi atacante se reserva respecto a mí. Parece que la hora es grave, y solo quiero, mientras pueda, denunciar la injusticia y fijar por escrito mis ideas y mi posición.
El aparato sin rostro de la policía política me acusa, entre los pocos «blogueros independientes» que existen en Cuba, de estar pagado por el gobierno de los Estados Unidos. «Cibermercenarios en Cuba» escribió una mano invisible en el buscador de Google y, para espanto en mi hogar, no sé qué tenebroso motor de búsqueda pudo arrojar como resultado de la edición de este programa televisivo que pasasen una página de mi blog por la pequeña pantalla. Enrique Ubieta, quien suele dar la cara muchas veces en defensa de la poderosa Raison d’Etat, autor de algún que otro libro por encargo y director del periódico La calle del medio, en otro momento dice a la cámara que se trata de buscavidas que tantean una salida a la crisis económica muy campechanamente, como quien monta una venta de fritangas, interviniendo en internet a cambio del dinero que paga Washington. Resulta insoportablemente falaz que aquí se ilustre con una sola página de mi blog, ni aunque sea durante una fracción de un segundo, pero sucede, es lo que he visto, y el mayor horror viene ligado a la profunda impotencia. No hace falta que diga que jamás he puesto un pie en la Oficina de Intereses de EUA en La Habana, ni he ganado ni aspirado a ganar un centavo por escribir o apuntar mis ideas en una bitácora personal. Bitácora a la que llegué un día buscando mi propio respiradero como intelectual en medio de la marginación. Marginación cuyas tasas habían subido mucho después que, a principios del año 2007, hice público el texto «La crisis de la baja cultura», cargado con una fuerte dosis de crítica social, en medio de aquellos sucesos que se han dado en llamar por algunos como «la crisis de los emails».
Escribir, crear y reflexionar defendiendo la hipótesis de una plena libertad interior, es algo que desde niño se me ha dado como respirar. Pero ni tiene sentido que me ocupe en correr más rápido que las mentiras, siendo verdad mayor un conocimiento común, atroz y popularmente incorporado a la conducta de sobrevivencia cotidiana frente al despotismo y al Síndrome del Misterio en Cuba: la clave no es prever el problema que te puedas buscar, sino el que quieran crearte. Yo, como cualquier individuo, carezco de movilidad legal dentro de un sistema monocorde, lo más que debo aspirar es a que me perdonen la vida por pudor a sacar la basura ante algún tercero. La estructura, el verdadero aparato del poder, trabaja en la sombra. Convicciones y actividades en que se escude cualquier individuo que ofrezca algún grado de rechazo al sistema, conformarán sólo un juego de cristalitos de una lupa, un microscopio o una mirilla telescópica, según cada evolución clínica.
Unos meses antes se había filtrado —circuló de una memoria flash en otra— el video de una conferencia que impartiera ante sus colegas un especialista del Ministerio del Interior, titulada: «Campañas enemigas y política de enfrentamiento a los grupúsculos contrarrevolucionarios», donde se abordaba el tema de las nuevas tecnologías. Sobre el punto de la blogosfera, hizo la siguiente acotación:
«Nos quieren crear en nuestras mentes el concepto de que el bloguero es una categoría de enemigo de la Revolución. Si nosotros entramos a fajarnos ahora con los blogueros, ahí sí nos vamos a ganar un enemigo.»
Sin duda el conferencista aludía al proceso de criminalización que, antes de la Internet y los blogs, a través del tiempo ya se había hecho contra otras tecnologías que empoderaban a las personas: videocámaras, videocaseteras, computadoras, impresoras y teléfonos móviles, por poner sólo algunos ejemplos, además de conceptos como sociedad civil y ramas de la ciencia como la sociología. Lo que me hace recordar que, cuando en 1998 tuve por primera vez una computadora con una impresora conectada, en una asamblea de cultura se registró el planteamiento de denuncia de aquel «peligro» que había en mi casa, hecho por el director de la biblioteca provincial. La estrategia operativa, sin embargo, aparentemente iba a sufrir un vuelco radical, pasando, de la supuesta precaución de una conferencia en privado, a la ofensiva en público con el establecimiento de un nuevo código de repulsa que, siguiendo el manual de guerra, reduce una realidad social conflictiva a un epíteto, a un término descalificador para el que no se pide raciocinio, sino eco, euforia, repudio incondicional: «cibermercenario» es la nueva palabra que se sobrescribe sobre tantas otras que históricamente han sido puestas en boca de las masas.
Al día siguiente del estreno del mencionado programa televisivo, el periódico Granma, órgano oficial del PCC (Partido Comunista de Cuba), publicaría una acusación aún más englobadora y horrísona, que aparentemente me dejaba ante las turbas etiquetado no sólo como un soldado venal más, sino con todos los colores de la típica bestia, cuya temporada de caza nunca amaina en espacios públicos: proyanqui, traidor, terrorista, o sea, un monstruo, listo para linchar, embalar y enviar al infierno. En un pueblo provinciano como la ciudad de Ciego de Ávila, donde vivo, acceder al infierno se consigue superando distancias muy cortas. Ya estos trámites de demonización habían comenzado desde mucho antes con un acoso que progresivamente dejó de ser velado. Hoy es el espionaje, la vigilancia y persecución que sufro todo el tiempo. Hubo hasta una reunión convocada por el Primer Secretario del Partido Provincial en que se exhortó a intelectuales y periodistas a salirme al paso. Un buen día alguien me roba, me saca de mi cartera el teléfono móvil. Otro día alguien viene a avisar que me han estado grabando y filmando. De la noche a la mañana se suspende una actividad literaria que algún desprevenido promotor tuvo a bien organizar conmigo y mi familia. De pronto, la televisión, en el aludido programa del día 21 de marzo, pone un precio moral a mi foto. Y por último, como colofón, el Granma trae acusaciones múltiples, y al mismo tiempo tan exageradas, que me permiten desmentirlas en bloque. Por suerte la actividad intelectual de un escritor y la reflexión social que se hace en un blog tienen por objeto salir a flote, abrirse al escrutinio, dejando pasar la luz que tanto le molesta a quienes viven de la sombra y la especulación. Así que en vez de decir «mentira» mil veces, puedo limitarme a preguntar en qué parte de mis textos he abogado por algo de lo que aquí se imputa:
«Estos blogueros [...] han exhortado al levantamiento en Cuba, han alentado a la violencia, apoyan la Ley de Ajuste Cubano, justifican el bloqueo, niegan que el sector más reaccionario de Miami sea enemigo del pueblo cubano, dicen que el caso del terrorista Luis Posada Carriles es una cortina de humo y hasta llegan a expresar abiertamente [sic] el cambio de sistema político [...]»2
El último reproche resulta demasiado confuso, evidentemente falló la redacción, pero vale dudar si, por enderezar ese texto, el «órgano oficial del partido» estaría dispuesto a prescindir de la dialéctica marxista que ha justificado teóricamente al sistema político cubano y que reconoce en las relaciones sociales un proceso no lineal, un objeto de transformación permanente. ¿Sería de inhumanos vivir con la máxima universal, tan romántica y absoluta, de «cambiar todo [¡todo!] lo que deba ser cambiado?» O, en cambio, ¿lo monstruoso no es que alguien pueda decidir qué es todo por todos? Idéntica paradoja fue presentada a los intelectuales en junio de 1961, en una reunión en la Biblioteca Nacional, bajo la fórmula de «Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada» (este año se conmemora el cincuenta aniversario), para que estos se entretuvieran largo tiempo chupando esa piedra. La vida iba a demostrar que no le tocaba a nadie hallarle salida a la retórica del poder, a nadie aparte del mismo sujeto preceptor, y menos a intelectuales con el «pecado original» de no ser proletarios o revolucionarios, y, entretanto, podrían darse tantas exclusiones como infinitos fueran el cosmos y la concentración de poderes políticos. Bueno, por algo no se conocen unas «palabras de los intelectuales», aunque el «tengo miedo», dicho aquel día por Virgilio Piñera, aún resulta harto explícito.
Proclamo responsablemente lo que creo que mejor emana de forma natural en mi obra: jamás comulgaría con el odio ni el derramamiento de una gota de sangre, desapruebo el bloqueo contra Cuba, y rechazo cualquier tipo de terrorismo, fundamentalmente el terrorismo de estado. Expresarme contra todos los terrorismos me lleva a estar, por ejemplo, contra ese que promueve revoluciones haciendo estallar bombas en cines y parques, contra ese que pretende desestabilizar gobiernos poniendo bombas en hoteles, contra ese que organiza escuadrones paramilitares y la desaparición de personas, contra ese que convierte una sociedad en una telaraña artificial y política capaz de funcionar milimétricamente para producir la expatriación o la muerte social de todo aquel que no convenga, contra ese que invade países y cañonea ciudades, contra ese que manda a las turbas a sitiar a un hombre en su casa con su familia sólo porque piensa diferente… A propósito, sobre el rechazo a la violencia puede verse una sección de mi poemario Epitafios de nadie (Ed. Oriente, 2009), allí el poema «Medallista de plata» sobre el sabotaje a aquel avión cubano en Barbados: «[...] ¿En qué isla, en qué rostro al azar / pidió el asesino pronto pronto un pasaje? / Quedó olvidado aquí adentro su equipaje. / Nunca vuelvas a abrirlo. El oro es para el mar.» En el mismo libro no aparecen, por cierto, porque fueron censurados —a lo que entonces me resignaba—, otros dos poemas que tratan sobre sendas tragedias de la historia contemporánea cubana: el hundimiento del remolcador Trece de marzo y los sucesos de agosto de 1994 que algunos llaman El Maleconazo.
Traidores o quintacolumnistas han sido catalogados, y también en bloque, de acuerdo con alguna estrategia de endurecimiento doctrinal, muchos sectores y grupos sociales, a veces de modo tan simple como «el que no salte es yanqui». Lo fueron aquellos jóvenes que tenían que esconderse para oír a los Beatles, los católicos, los testigos de Jehová, los homoxesuales, los poetas intimistas, los ecologistas, los artistas del artecalle en los años ochenta, los cantantes de hip hop, y un largo etcétera, cada uno en su momento. «Escorias», «vendepatrias», «gusanos» y aparentemente dignos de repudio, pedradas y patadas hemos sido una y otra vez los miembros de la familia cubana, indistintamente, recibiendo y pasándonos, en vez de un batón, la mota negra. Asimismo, con tal de coartar esa pluralidad que entrañan las diferencias ideológicas y la crítica social, se ha pretextado con frecuencia una siniestra traición por parte de las personas que adoptan un campo de acción intelectual minado internamente, porque estuvieran fabricando supuestamente un escenario para una invasión enemiga. Un retablo de una inquisición muy notoria fue el montado contra los autores de los libros Fuera de juego y Los siete contra Tebas, premios de la UNEAC 1968, de poesía y teatro respectivamente. La «Declaración de la UNEAC», firmada el 15 de noviembre de 1968, y endilgada cual prólogo al poemario de Heberto Padilla, puso en evidencia un mecanismo que se mantendría activo en esencia, aparato de hipertrofia que marca a las personas y las obras para su circulación con un sentido extemporáneo.
«Ahora bien: ¿a quién o a quiénes sirven estos libros? ¿Sirven a nuestra revolución, calumniada en esa forma, herida a traición por tales medios? Evidentemente, no. Nuestra convicción revolucionaria nos permite señalar que esa poesía y ese teatro sirven a nuestros enemigos, y sus autores son los artistas que ellos necesitan para alimentar su caballo de Troya a la hora en que el imperialismo se decida a poner en práctica su política de agresión bélica frontal contra Cuba.»
Manuel Díaz Martínez, integrante del jurado de poesía, cuenta que, después de muchos tejemanejes para evitar que se diera el premio ateniéndose estrictamente a la calidad literaria, la dirección ejecutiva de la UNEAC convocó a los distintos Jurados a una asamblea para explicarles los problemas que habían surgido con los libros en cuestión, y allí, entonces, Félix Pita Rodríguez en su papel de fiscal echó mano a la última carta, la del rayo letal y desintegrador, diciendo: «El problema, compañeras y compañeros, es que existe una conspiración de intelectuales contra la revolución.» Revela Díaz Martínez: «Ante semejante denuncia, pedí la palabra y lo conminé a que dijera los nombres de esos “conspiradores”. No los dijo. Lo que existía era una conspiración del gobierno contra la libertad de criterio.»3 Aunque no los dijo Félix Pita, los nombres de esos intelectuales serían bien conocidos en años siguientes, por las cargas de sufrimiento y ostracismo que algunos, «contrarrevolucionarios» como José Lezama Lima y Virgilio Piñera, iban a soportar hasta el fin de sus vidas.
Rechazo, denuncio el calificativo de «contrarrevolucionario» —ya lo de mercenarismo está incluido a priori, va siempre por la casa— que quiere aplicárseme para pretextar la represión, la eliminación del derecho a habitar una nación y una cultura que siguen vivas y abiertas, porque practique una política intelectual de resistencia que no es la del colaboracionismo, ni la del silencio, ni la del exilio, quizás más bien existencialista. Si me ofende es por falso, la misma razón por la que también creo que carece de valor el tópico del intelectual «revolucionario» que, con un funcionalismo y una economía axiológica reduccionista o excluyente, se ha usado para desnaturalizar la condición del artista o el intelectual —descomplejizarlo, deshumanizarlo, vaciando su pensamiento y su obra— en el periodo que ha seguido al triunfo de la Revolución, dentro de Cuba. Ambas reducciones son figuras impostadas que obedecen al mismo patrón selectivo, pues informan, más que sobre lo particular calificado, sobre una gran voluntad de poder que domina un campo social reducido a su mínima expresión.
El juego de alternancias permisible dentro de tales límites conlleva demasiado fingimiento, simulación, hipertrofia, como el tradicional debate sobre la pertinencia de la crítica social, un problema que de manera oportuna en los anales de la academia quedó suscrito exclusivamente al tópico de la función o el «papel del intelectual revolucionario» dentro de la sociedad. El arte de simular, que es sobrevivir, llevaría a muchos a cruzar las aguas de ese obligado bautismo ideológico rozándolas apenas, adoptando una visión esencialista al aceptar el estereotipo de semejante marca en una forma descontextualizada. El mismo Manuel Díaz Martínez cuenta que, en la reunión del Jurado en que se llegaría a un veredicto final, defendió su propuesta sosteniendo que «Fuera del juego era crítico pero no contrarrevolucionario —más bien revolucionario por crítico».
Podría justificarse de tal modo esta sinécdoque, la hipostasiación de la figura del «intelectual revolucionario» por el simple y común intelectual de carne y hueso, como se ha hecho frecuente, confiando en que los derechos ganados para uno, para el único existente o realmente aceptado, van a extenderse por contagio al resto. Esta modesta aspiración, sin embargo, disimula quizás en el fondo un desencuentro con la tradición humanista, cuando se intenta dar por obsoleto un modelo ideal, del que ha dependido en buena medida la realización de la cultura occidental —a la que pertenece, por más que quiera negarse a veces, el proceso de la nacionalidad cubana—, en que los intelectuales no solo se representaban a sí mismos y unos a otros, como espejos frente a espejos, sino que aspiraban a expresar, catalizar, significar prerrogativas, derechos y ricas posibilidades de toda la sociedad en su conjunto. En este sentido, la pertinencia social y crítica del intelectual va a estar sujeta a la norma universal del ser humano común y corriente, porque piensa o existe, no más.
Pero el grado de comunicabilidad y crítica ideales que manejan los propugnadores de una estructura de poder maniquea, conveniente, simplificadora, en Cuba, parece reducirse, por desgracia, y cada vez más, a cero. Desiderio Navarro, en la ponencia «In medias res publicas» («En medio de la cosa pública»), presentada en la Conferencia Internacional «El papel del intelectual en la esfera pública» (organizada por el Fondo del Príncipe Claus de Holanda, celebrada en Beirut en febrero del 2000), afirmaba sobre la situación cubana:
«[...] el criterio de la crítica social correcta no sería la verdad, sino la correspondencia de su grado de minuciosidad, escrupulosidad y rigurosidad a cierta medida de lo necesario o conveniente. [...] No criticar del todo o criticar menos de lo necesario o conveniente no es motivo de condena y exclusión. Esto deja ver que el “cero”, la total ausencia, es, en realidad, el grado ideal de crítica social.»4
Así la estrategia favorita de impugnación oficial, tampoco acepta que dentro del dominio público se establezca cualquier plataforma ideoestética para el debate que no esté controlada verticalmente. Con la práctica, esta reacción se ha hecho ley: cerrarle el contrato social al ser humano, descalificando su voluntad, como si se tratase siempre de un microorganismo patógeno que obedeciera a un proceso infeccioso infinitamente superior.
«El más frecuente modo de atacar las intervenciones críticas de la intelectualidad en la esfera pública no es, como sería de esperar, el señalamiento de las consecuencias negativas que supuestamente sus afirmaciones críticas pudieran tener, ni, mucho menos, la demostración del carácter supuestamente erróneo de esas afirmaciones, sino la atribución de condenables intenciones ocultas a sus autores [...]»5
No me estoy cayendo ahora de esta nube. Conocía el riesgo de ser, de «habitar el lenguaje», inclusive aquellos límites rotos y contaminados con ajena realidad. Límites donde siempre le falta oxígeno a las criaturas que luchan por mantener el calor y el temblor de sus sueños. Un día un querido escritor de éxito me aleccionó: «Yo sólo echo las guerras que sé que voy a ganar». Este autor, por supuesto, se las había arreglado para salir y entrar de escandalosos conatos sin desmerecer una certificación de confianza que sólo se expide desde la visión de los vencedores. Pero el éxito real nunca es presencia de nada, ni prueba de vida, al menos jamás en ese sentido rastrero, no visionario. Al revés, pienso que si el plan de mi libertad está condenado al fracaso en lo pequeño y circunstancial, debe adelantarse a estarlo en lo grande: “Ya que no puedo ser libre,/ agrandaré mis prisiones”.6 Si bien la casa común —aunque no la mayor de las que habitamos— que es la historia, la patria, un lenguaje de nuestro ser actualizado y compartido, se muestra inhabitable para las personas ampliamente derrotadas que deben dejar afuera sus excesos de agonía, incluso caídos, el imponderable de ser puede hacernos perdurar delante de la puerta.
Notas:
1 El programa se transmitió por el canal Cubavisión el 21 de marzo de 2011, al día siguiente lo retransmitirían otros canales.
2 «Las razones de Cuba. Ciberguerra: mercenarios en la red», Deisy Francis Mexidor, en: Granma, 22 de marzo, 2011, p. 5.
3 Manuel Díaz Martínez: «Intrahistoria abreviada del caso Padilla».
4 Desiderio Navarro: «In medias res publicas», en: revista La Gaceta de Cuba, no. 3, mayo-junio, 2001, p. 43.
5 Ídem.
6 Verso de Manuel Altolaguirre.

Aclaración al lector

“Hombre en las nubes” es mi bitácora personal. Mis expectativas se basan en cumplir aquí el mandato natural de Dios para vivir y expresarme cual ser racional, socialmente, como toda criatura con libre arbitrio. Considero que mi derecho a pensar y emitir también mis reflexiones es un derecho universal inalienable. Estoy abierto a compartir en ese sentido obras literarias, informativas y de diversa índole, inclusive de otros autores, cuando lo estime pertinente.

No tengo la más mínima posibilidad de acceso regular a internet, ni siquiera a un correo electrónico. No puedo atender y mucho menos controlar, por tanto, los comentarios que los lectores dejan en mis páginas: lo segundo tampoco me interesa. Aunque desease publicar más seguido, resulta imposible, por la misma causa.

Abrir esta bitácora, visibilizar mis pensamientos, ha tenido y tiene un costo muy alto para mí, en la vida “real”, en Cuba, tierra adentro y en una provincia donde no había tradición de este tipo de acto independiente. Por ahora evito tomar nota de semejantes consecuencias. Baste decir que ciertos comentarios difamatorios, ciertos ataques personales, significan sólo la punta de un gran iceberg que pesa sobre mí y mi familia.

La dignidad humana promovida por Cristo creo que puede resumir una base ética en que aspiro a mantenerme firme, a ser coherente. Y, tal como lo espero yo mismo, lo que en este blog se puede esperar o censurar de mis obras, debe de ajustarse a eso.

Nunca he pertenecido a agrupación ni fila política alguna.

Pertenezco a mi familia y punto.

Como intelectual, la nube en que estoy es igual de sencilla: la literatura, la libertad y la agonía de vivir inclinado al bien y a la verdad.

Aunque mañana mismo pueda sentirme destruido, rebajado a menos que polvo, ocurra lo que ocurra, diga lo que diga o muerda lo que me muerda, creo que las nubes o bellezas en que he puesto mi pensamiento no me dejarán contradecirme.

 

17 de marzo de 2011


Aclaración al lector

“Hombre en las nubes” es mi bitácora personal. Mis expectativas se basan en cumplir aquí el mandato natural de Dios para vivir y expresarme cual ser racional, socialmente, como toda criatura con libre arbitrio. Considero que mi derecho a pensar y emitir también mis reflexiones es un derecho universal inalienable. Estoy abierto a compartir en ese sentido obras literarias, informativas y de diversa índole, inclusive de otros autores, cuando lo estime pertinente.

No tengo la más mínima posibilidad de acceso regular a internet, ni siquiera a un correo electrónico. No puedo atender y mucho menos controlar, por tanto, los comentarios que los lectores dejan en mis páginas: lo segundo tampoco me interesa. Aunque desease publicar más seguido, resulta imposible, por la misma causa.

Abrir esta bitácora, visibilizar mis pensamientos, ha tenido y tiene un costo muy alto para mí, en la vida “real”, en Cuba, tierra adentro y en una provincia donde no había tradición de este tipo de acto independiente. Por ahora evito tomar nota de semejantes consecuencias. Baste decir que ciertos comentarios difamatorios, ciertos ataques personales, significan sólo la punta de un gran iceberg que pesa sobre mí y mi familia.

La dignidad humana promovida por Cristo creo que puede resumir una base ética en que aspiro a mantenerme firme, a ser coherente. Y, tal como lo espero yo mismo, lo que en este blog se puede esperar o censurar de mis obras, debe de ajustarse a eso.

Nunca he pertenecido a agrupación ni fila política alguna.

Pertenezco a mi familia y punto.

Como intelectual, la nube en que estoy es igual de sencilla: la literatura, la libertad y la agonía de vivir inclinado al bien y a la verdad.

Aunque mañana mismo pueda sentirme destruido, rebajado a menos que polvo, ocurra lo que ocurra, diga lo que diga o muerda lo que me muerda, creo que las nubes o bellezas en que he puesto mi pensamiento no me dejarán contradecirme.

 

17 de marzo de 2011


La palabra Abedul

Foto: Francis Sánchez.
 Yo le dibujé un día la palabra Abedul

al poeta Heberto Padilla,

la palabra que él nunca pudo trepar en su vida tan corta

a donde habíamos salido a correr con los ojos

qué poco nos cortamos con el cristal de los muertos

Yo le di un día como ladrón envuelto en la tristeza

palabras nuevas pero sin domesticar

como rodillas de hierro

abrazos transparentes

que se arquean al roce con la espiga

boca dura de lejanas almendras

Yo le dije un día la palabra Descansa

deja de caminar sobre la tierra

porque este es el mayor prodigio, el de los árboles

no salgas solo al sueño,

no desesperes vivo ante la muchedumbre

Y la palabra Quédate

no tienes que probar más dónde hemos pasado la noche

no tienes que decir nada más

hasta que hablen las estrellas.

  

[Apunte para un caligrama. La grafía debe formar un árbol]

La palabra Abedul

Foto: Francis Sánchez.
 Yo le dibujé un día la palabra Abedul

al poeta Heberto Padilla,

la palabra que él nunca pudo trepar en su vida tan corta

a donde habíamos salido a correr con los ojos

qué poco nos cortamos con el cristal de los muertos

Yo le di un día como ladrón envuelto en la tristeza

palabras nuevas pero sin domesticar

como rodillas de hierro

abrazos transparentes

que se arquean al roce con la espiga

boca dura de lejanas almendras

Yo le dije un día la palabra Descansa

deja de caminar sobre la tierra

porque este es el mayor prodigio, el de los árboles

no salgas solo al sueño,

no desesperes vivo ante la muchedumbre

Y la palabra Quédate

no tienes que probar más dónde hemos pasado la noche

no tienes que decir nada más

hasta que hablen las estrellas.

  

[Apunte para un caligrama. La grafía debe formar un árbol]