Archivo por meses: abril 2011

Dependencia judicial

Lic. Miguel Iturria

Uno de los presupuestos del estado de derecho es la existencia de tribunales fuertes e independientes, con poder, autoridad, recursos y el prestigio necesarios para exigir a los funcionarios de todos los niveles que rindan cuentas de sus actos, conforme a la ley.

Se supone que los jueces sean libres de presiones políticas, lo cual garantiza la imparcialidad ante los hechos y la transparencia del proceso judicial.

En Cuba sucede todo lo contrario, lo que es evidente en los artículos antinómicos que hallamos en la Constitución del país. Veamos, por ejemplo, el 75, inciso g, cuya lectura demuestra que el Tribunal Supremo le rinde cuentas a la Asamblea Nacional del Poder Popular, la cual sesiona oficialmente dos veces al año.

El artículo 90 expone, entre las atribuciones del Consejo de Estado, las de “impartir instrucciones de carácter general a los tribunales a través del Consejo de gobierno del Tribunal Supremo Popular…”, convirtiéndolo así en un instrumento directo de su política, lo cual se materializa en el tercer párrafo del artículo 121, donde indica que “el Tribunal Supremo toma decisiones, dicta normas… e imparte instrucciones de carácter obligatorio al sistema judicial…”

El 121 obliga a los tribunales a aplicar las órdenes recibidas, pues expone que “el sistema de tribunales se subordina jerárquicamente a la Asamblea Nacional y al Consejo de Estado”, restándole libertad e independencia.

Finalmente, en franca ironía con tales preceptos, el artículo 122 de la Constitución precisa: “los jueces son independientes y no deben obediencia más que a la ley”.

En Cuba, lamentablemente, los tribunales no exigen cuentas, sino que las rinden a la Asamblea Nacional y son utilizados como instrumento del Consejo de Estado, a través de las instrucciones obligatorias del Tribunal Supremo.

Se deduce pues, el limitado papel de los jueces, fiscales y abogados. Si los jueces que deciden no son libres, ¿qué queda para el resto de los operadores del derecho?

Para ilustrar lo expresado bastan dos instrumentos legislativos, la Instrucción 175 del 2004 y la 188 del 2008, ambas emitidas por el Tribunal Supremo. La primera sugiere la imposición de multas, la prisión en última instancia, la consideración hacia los delitos cometidos por los jóvenes, atenuar las sanciones siempre que sea posible y no apreciar los antecedentes penales que debieron ser cancelados y no lo fueron. La segunda sugiere agravar el marco sancionador ante determinadas circunstancias, como la del artículo 53 e.

La Instrucción 188 del 2008 surgió como consecuencia del paso de los huracanes “Gustav” e “Ike”, en septiembre del año 2008, después de un pronunciamiento televisivo que exigió mano dura contra infractores de la ley vinculados con delitos menores como la receptación, Especulación y Acaparamiento, etc. A partir de ese momento las autoridades desencadenaron la llamada “Operación Victoria”, oleada represiva que le arruinó el vestido a la justicia al vincular a sus órganos, variar y alterar el arbitrio judicial en función de una orden política.

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La casona, el país

vitral

Tiene una casona de cinco cuartos que se le está cayendo a pedazos. La obtuvo en los años sesenta cuando la familia para la que trabajaba como doméstica se exilió. Al principio, recorría cada día las habitaciones, el patio interior; acariciaba el pasamanos de mármol de la escalera que llevaba a la segunda planta; jugueteaba a llenar las tinas de los tres baños sólo para recordarse que aquella mansión neoclásica era ahora suya. La alegría duró un tiempo, hasta que los primeros bombillos se fundieron, la pintura comenzó a cuartearse y la maleza creció en el jardín. Consiguió un trabajo limpiando en una escuela, pero ni con seis salarios similares hubiera podido mantener el antiguo esplendor de aquel caserón que cada vez le parecía más grande, más inhóspito.

Miles de veces, la mujer de esta historia pensó en vender la vivienda heredada de sus antiguos empleadores, pero no quería hacer nada fuera de la ley. Durante décadas en Cuba estuvo prohibido –en la práctica– el mercado inmobiliario y sólo era posible intercambiar propiedades en un concepto que popularmente se conoció como “permuta”. Para regular y controlar también esa actividad, surgieron decenas de decretos, restricciones y limitaciones que volvían un calvario el acto de mudarse. Un todopoderoso Instituto de la Vivienda velaba porque se cumpliera un rosario de absurdas condiciones. Con tantos requisitos, los trámites se prolongaban hasta más de un año y para cuando las familias podían ir a vivir a su nuevo hogar estaban agotadas de rellenar formularios, contratar abogados y sobornar a los inspectores.

Tantas angustias alimentaron la esperanza de que el VI Congreso del Partido Comunista levantara el banderín inmobiliario. Cuando en el informe final se dijo que había sido aceptada la compra y venta de casas y sólo faltaba instrumentarla legalmente, cientos de miles de cubanos respiramos aliviados. La señora de la casona estaba, en el momento del anuncio, frente a la pantalla de su televisor evitando una gotera que cae del techo, justo en medio de la sala. Miró a su alrededor las columnas con capiteles decorados, las grandes puertas de caoba ya dañadas por la humedad y la escalera de mármol a la que le había arrancado el pasamanos para comerciarlo. Finalmente, podría colgar en la verja un cartel “Se vende casa de cinco habitaciones que necesita reparación urgente. Se compra apartamento de un cuarto en cualquier otro barrio”.

Cuba: acceso a Internet selectivo y controlado

Yordanka utiliza internet para buscar amigos y la oportunidad de escapar de la isla, sin embargo, ve remota la posibilidad de acceder libremente a la red, con la llegada del cable de fibra óptica.

Laritza Diversent

“No creo que la conexión al cable mejore el acceso de los cubanos a internet, ni tampoco que eso represente más libertad en Cuba”, afirmó Yordanka Rodríguez. La joven de 23 años, utiliza en las madrugadas la línea fija del teléfono de su hogar y una de las cuentas pertenecientes a una institución estatal, para hacer amistades.

“En internet busco una carta de invitación o un matrimonio, quiero vivir como persona, sin pensar cada cinco minutos que me puedo meter en problemas, para vivir así tengo que irme de aquí”, confiesa Rodríguez.

En 1996, Cuba se conectó oficialmente a la Internet y el gobierno declaró que el “…el acceso a los servicios de redes informáticas de alcance global” tendría carácter selectivo y estaría regulado. En el 2000 el gobierno estableció, un punto único de acceso a la red internacional, para controlar las interconexiones de los usuarios nacionales.

Según el Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC) los soportes internacionales encarecen “el servicio y reducen su fiabilidad”. “Tengo que utilizar proxis para acceder a determinadas páginas, ninguna de contenido político, porque ahí si me meto en problemas”, afirma Yordanka.

Una de las constantes preocupaciones del gobierno es que, la información difundida en internet “…sea fidedigna, y la que se obtenga esté en correspondencia con principios éticos, y no afecte los intereses ni la seguridad del país”.

En el 2000, el gobierno también reglamentó el acceso de las entidades a internet para evitar el comprometimiento de la información oficial. Desde sus inicios la política gubernamental estuvo encaminada en función de priorizar “en la conexión, las personas jurídicas y las instituciones de mayor relevancia para la vida y el desarrollo del país”.

Desde hace más de una década, los directores de las entidades de los Organismo de la Administración Central del Estado (OACE), solicitan mediante carta a su Ministerio, autorización para que, trabajadores seleccionados, accedan a los servicios de Internet desde su residencia.

“El acceso a la web es para los que estén políticamente comprometidos con el sistema y los que tengan dinero para pagar las necesidades de estos”, comenta la joven, que a cambio de 150 pesos convertibles (CUC) mensuales, el Administrador de redes en un centro laboral le facilitó acceso a internet.

“La cuenta que manejo es de una empresa, que es lo mismo que decir ilegal. El acceso es por dial up, por tanto tengo que tomar medidas para que no den con mi número telefónico”, explica Yordanka.

El gobierno también autorizó a la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A (ETECSA), a emplear todos los medios técnicos necesarios, para impedir el acceso al servicio de navegación, desde líneas telefónicas que operan en moneda nacional no convertible.

Las medidas pretendían evitar la sustracción de contraseñas, “las degradaciones intencionales y el uso fraudulento y no autorizado de este servicio”. De su aplicación se excluyó la relación de teléfonos autorizados por los Jefes OACE que acceden a Internet.

A pesar de las restricciones y el exceso de control, los isleños ven en la red de redes, un medio para ampliar sus horizontes. Desde una salida del país hasta la promoción de servicios y mercancía. “Internet ofrece a los cubanos una nueva vida, y por eso su acceso continuara siendo selectivo y controlado”, concluye Yordanka.

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El nevero celoso

Cerca de casa existe una tienda en CUC donde luego del cierre parece que apagan los congeladores y los encienden por la mañana, por lo que al abrir, los congelados están des, con una vista poco agradable y un olor fatal. Por si acaso, nunca compro en esa tienda, pero el otro día fui por una botella de aceite y escuché este diálogo surreal:

–¡Compañera!, ¿Por qué siempre están blanditos los perros calientes?— (Señor mayor con gorra de pelotero que ha dejado en la puerta jaba con productos agrícolas)

–Compañero, es que la nevera está defectuosa.

–¡Cómo defectuosa!

–Defectuosa, que no enfría bien

– ¿Está segura…?

–¿Cómo que si estoy segura Compañero?

– Sí, jovencita, porque parece que la nevera es neurótica, o el nevero la hace sufrir, porque si vengo por la mañana los productos están descongelados, pero por la tarde ya han resuelto sus problemas y todo aquí está de una dureza inmarcesible.

–¡Ay compañero, usté habla más raro…

¿Apoyar a quién en realidad?

  1. No resulta extraño que, en la cruzada contra el imperio que desde su instauración lleva a cabo el régimen cubano, haya involucionado desde apoyar a las fuerzas progresistas de entonces, hasta cerrar filas junto a los regímenes retrógrados de hoy. Parece ser que en el largo camino recorrido se extraviaron algunos ideales, principalmente los que tenían que ver con la plena libertad, el humanismo, los derechos ciudadanos, etcétera.
  2. En las declaraciones oficiales y en los medios de comunicación, de forma abierta y sin el menor pudor, se defiende a los gobernantes derrocados, por la voluntad ciudadana, en Túnez y Egipto. También a los que, enfrentados a manifestaciones y revueltas populares, intentan mantenerse en Yemen, Libia y Siria. Igualmente se apoyó al -al fin desbancado- gobernante de Costa de Marfil quien, a pesar de haber sido derrotado en un proceso electoral legal, se negaba a entregar el poder. Todo esto sin hablar del absurdo de Corea del Norte donde el poder, como en una dinastía, se transmite de padres a hijos (precisamente por estos días se conmemoró el 99 aniversario del nacimiento del gran líder, fundador de Corea y eterno presidente), ni de los deseos de eternizarse en el poder del gobernante venezolano.
  3. Es comprensible que esto suceda: el régimen cubano lleva 52 años en el poder y, en la práctica, ha funcionado también como una dinastía donde, los cargos políticos principales corresponden a los denominados históricos. Por lo tanto, el asunto le es bastante cercano y, defender a sus similares es como defenderse a si mismo.
  4. Es una realidad que los fenómenos sociales no tienen por qué repetirse de forma igual, pero también es una realidad que, cuando las causas son las mismas, todo puede suceder. El efecto dominó es muy viejo y forma parte de la historia de la humanidad y no debe dejarse de tener en cuenta, a pesar del espacio geográfico que separa los distintos acontecimientos.
  5. Una valoración inteligente de lo que está sucediendo, debe llevar a analizar objetivamente nuestra situación y, a tomar a tiempo las decisiones pertinentes para evitar males mayores. Este proceso incluye la participación activa de todos los interesados, sin exclusiones políticas, y el ejercicio de los derechos ciudadanos. Solo un clima de tolerancia, sin obsoletos atrincheramientos dogmáticos, puede asegurar la tranquilidad necesaria a toda la nación, condición indispensable para la solución de los múltiples problemas existentes.

La Re- evolución silenciosa

Foto: Reuters

MUCHOS AMIGOS ME HAN Escrito preguntándome por qué demoran mis post cuando la realidad cubana siempre convulsa, para desgracia nuestra, requiere de una atención directa y constante. Los amigos más cercanos me exigen el compromiso para con los lectores. Otros, la mayoría desconocidos, me han abordado en la calle para decirme que están al tanto de mi blog y que extrañan nuevos escritos.
Al leer los correos o escuchar las palabras no he podido dejar de sentir cierta irresponsabilidad y, a la vez, un infinito placer, pues que me exijan mi criterio es síntoma de que se recupera la salud social que tanto ha adolecido nuestra sociedad, en cuanto a la necesidad de información y su búsqueda a como de lugar.
Algo está cambiando en la mentes de los cubanos, quizá porque hemos comenzado a perder el miedo, otros porque se les ha caído la venda que los cegaba. Saben que los engañaron. En estos momentos no queda nada de lo que tanto prometieron a cambio del sacrificio de varias generaciones. Sus vidas han sido timadas, y lo único que les queda es buscar la verdad, luego decirla a los cercanos, porque necesitan, les urge compartirla y sentir el alivio que brinda hacerlo. Saber la verdad es como un virus que después de un período de incubación recorre nuestro cuerpo y, al instante de coparlo, contagia.
Le debo explicación a los lectores: mi labor como escritor, por estos tiempos, me mantiene a tiempo completo y no creo poder escribir toda la literatura que, por salir de mi interior, patea con rabia porque es su momento de nacer. He terminado dos libros de cuentos, comencé una novela y, a medio camino, di paso a otra que casi termino. Preparo una antología de mis cuentos para ser publicada en Europa. Una editora me pide una novela de género negro que por divertimento escribí hace varios años y no había vuelto a mirar, y que he retomado por estos días.
También he asistido a las citaciones periódicas que me hacen las autoridades policiales del país. Ya no he recibido nuevas denuncias después de aquellas donde me acusan de “violador”, “asaltante”, “ladrón”, “presunto homicida”, “amenazar a un desconocido”, “atropellar en mi auto a un menor”, etc, sin que aparezcan víctimas ni testigos; en resumen, que los años de petición de la Fiscalía por estos supuestos delitos sobrepasan los cincuenta.
Como ya escribí en un post pasado, después que presenté un video oculto de una entrevista donde un supuesto “testigo”, que nunca llegó a declarar en mi contra, confiesa las presiones y ofrecimientos que le hicieron para que aceptara desacreditarme, no han continuado con esa línea de chantaje gubernamental.
Ahora hay una nueva variante. Me han citado al Hospital Psiquiátrico de La Habana (Mazorra), donde me hacen escribir, trazar dibujitos, responder preguntas de los médicos que en secreto me aseguran que les gustan mis libros. De cierta manera, no queda más remedio que disfrutar, sé que de alguna manera debo acopiar esa experiencia, y es un post que debo escribir, pues busqué el pabellón donde el año pasado asesinaron a los ancianos al dejarlos desprotegidos.
A este tiempo súmenle mis obligaciones a una institución fraternal a la que pertenezco desde hace veintitrés años y que amo con pasión, donde ocupo cargos de importancia. Agregar que, debido a un accidente, he perdido la falange de un dedo. Pero todo ya está bien, lo que resta del dedo escribe. De todas formas, he perdido otros pedazos espirituales que me eran más importantes.
Pero nada resulta agobiante cuando pienso que “algo está cambiando”, estoy seguro que esa es la salvación de nuestro país. Se trata de una “re-evolución” silenciosa, una insubordinación en la mente de las personas que los lleva a determinaciones impostergables.
Por estos días escribo los post que les debo, es mi deber, porque “algo está cambiando” en la población cubana, y es para bien.

El triunfo del eufemismo

foto/Luis Felipe Rojas

A medio camino entre la parodia y el absurdo, la vida cubana se resuelve con parábolas también.
Esta ruinosa construcción lleva por nombre “El impulso” y en sus momentos de mayor esplendor, si acaso los tuvo prestó algún servicio gastronómico. Una vez comí unos espaguetis con salsa de ají y picadillo de… ¿cerdo?, ¿res?, ¿pollo? en una “pizzería” llamada La fontana de Trevi. El agua estaba al tiempo, y un poco más, casi tibia. Los cubiertos y cuchillos estaban amarrados por una soguita y una señora venía, los lavaba en una vasija y los volvía a poner sobre la mesa.
He visto tiendas llamadas Modas Praga, Restaurante Moscú, Hotel Pernik (una flor Búlgara) y Cine Leningrado. La participación foránea en cualquier evento de la vida cubana le da rango de mundial, no ya internacional y los estrenos de cuanta obra danzaría, teatral o espectáculo musical siempre será un estreno m-u-n-d-i-a-l.
Aún sin derechos, seguimos siendo llamados ciudadanos y nuestra sociedad es civil, civilizada. Grupos paramilitares que accionan a golpe de silbato, prestos a caerles a garrotazos a todo el que se exprese diferente, integran la llamada sociedad civil. Una federación de mujeres con muy pocos derechos, comités de ciudadanos que se vigilan y delatan unos a otros y campesinos asociados más para decir consignas que hacer parir la tierra, son el expediente de un país enfermo.

Foto/Luis Felipe Rojas

Mirar TV extranjera: una década de deuda

Jesús aun no se cree que deba pagar una deuda durante 10 años, por disfrutar de la televisión extranjera.

Laritza Diversent

Inquieto Jesús Martínez se acerca y pregunta si pueden ayudarlo. Miraba para todas partes con sus espejuelos fondo de botella, mientras susurraba que su abuela estaba a punto de una crisis depresiva. Tenían que pagar una multa por posesión de antena satelital.

Jesusito, como le dicen en el barrio, se sentía culpable. Le suplicó a la abuela que pidiera dinero a su tío, residente en los Estados Unidos, para comprar los equipo. El pariente también contrató los servicios de la Compañía Direc TV, para recibir programas televisivos a través de tarjetas magnéticas de señal satelital y una extensión, para que ellos los disfrutaran en la Habana.

La programación de televisión extranjera es considerada en Cuba un servicio de carácter limitado, destinado principalmente al turismo, el cuerpo diplomático y algunas personas expresamente autorizadas por el Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC).

Inquisidor dijo “fue el chivatón del CDR”, refiriéndose al presidente del Comité de Defensa de la Revolución. “Los otros días se me fue la lengua y le dije que había visto la pelea de Yuriorkis Gamboa por el cable”, dijo Jesusito. Martínez confesor ser fanático del boxeador cubano que triunfa en los Estados Unidos.

La Prensa Oficial considera que estos programas son “una avalancha de propaganda comercial que muestra la apariencia del capitalismo” y los vinculan con asuntos políticos. “En el caso de Cuba, parte de la programación que se recibe por esa vía, es de contenido desestabilizador, injerencista, subversivo, y convoca, cada vez más, a la realización de actividades terroristas”, afirmó una reportera en el Diario Granma.

Ahora ni él ni su abuela tenían cara para pedir a su pariente 400 dólares para pagar la multa de 10 mil pesos que le impusieron. “Trabajo como bibliotecario con 375 pesos mensuales y mi abuela recibe una pensión de 215 pesos, bastante que mi tío nos manda una remesa mensual”, explicó el hombre de 39 años. “¿De dónde sacamos dinero para pagar esa cifra?”, pregunta con tono lastimoso.

En Cuba el salario medio de un trabajador es de 412 pesos. Sin embargo, tanto la instalación de antenas satelitales, como la recepción y distribución de la señal televisiva sin licencia, es considerando una contravención, que se pena, según disposiciones del MIC, con multa de 1000 pesos para los ciudadanos, y de 10 mil a 20 mil peso,s para organizaciones y entidades.

“Sé que es una ilegalidad, por eso guardo los recortes de periódicos que tratan el tema y en todos dicen que la multa puede llegar hasta 30 mil pesos, incluso se pueden cometer varios delitos”, afirma Jesús, mientras muestra un artículo de la periodista Lurdes Pérez Navarro publicado en el diario Granma el 8 de agosto de 2006.

Tanto los inspectores del MIC, encargados de hacer cumplir las disposiciones administrativas, como la prensa oficial, en reiteradas ocasiones han reafirmado que la cuantía de la multa es de 10 mil a 20 mil pesos para los infractores, sean ciudadanos, organizaciones o entidades.

Jesús de la caridad, tenía derecho a reclamar la medida, pero ya habían pasado los 5 días laborables que le daba la ley, para presentar el recurso de apelación. Ahora solo le resta solicitar a las autoridades que le cobren la multa por mensualidades. Tal vez los próximos 10 años de su vida, tengan que pagar una deuda solo por mirar televisión extranjera. “es una absurdo, si lo cuento nadie me lo cree”, concluye.

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