Archivo por meses: septiembre 2011

Patrimonio: Derecho de réplica

Wilfredo Vallín Almeida

El penúltimo punto en esta Réplica a la citación de abogados de la Asociación Jurídica Cubana ante la Seguridad del Estado, se refiere a los recursos (teléfonos digitales, computadoras, efectivo, etc.) con que algunos opositores dentro de la sociedad civil cubana pueden contar.

Desde luego, si es posible “demostrar” que tales medios provienen del gobierno de una potencia “enemiga”, entonces también es posible endilgar el título de mercenarios a los receptores e incluso aplicarles el rigor de algunas leyes cubanas para tipos penales de esa naturaleza.

Así las cosas, empecemos por donde no les gusta para nada a los citadores: LA LEY.

El Reglamento de la Ley de Asociaciones del Ministerio de Justicia en su capítulo III Personalidad y Patrimonio de las Asociaciones, establece textualmente:

Artículo 20: El patrimonio social se integrará con los recursos siguientes:

  1. La cuota de contribución de los asociados,
  2. Los donativos o aportaciones que se hicieran a la asociación,
  3. Los bienes muebles e inmuebles que posea o adquiera, y
  4. Otros ingresos económicos autorizados por el órgano de relaciones.

Este ÓRGANO DE RELACIONES del que se dice en el mismo Reglamento que: “cuidará que las asociaciones utilicen los recursos de éstas en cumplimiento de los fines y objetivos que determinaron su constitución” es al que nosotros reconocemos competencia y ante el cual daremos las explicaciones detalladas y pertinentes.

No obstante, y para que no se piense que estamos rehuyendo el tema, expongamos algunas ideas sobre este asunto.

Durante muchísimo tiempo hubo en Cuba un único empleador: el Estado. Eso dio la posibilidad de mantener a raya a los disconformes, so pena de condenarlos a ellos y a sus familiares a pasar hambre. El trabajo por cuenta propia (medida obligada por la situación económica) es un problema serio por cuanto se sale del esquema anterior.

La tenencia independiente de medios de subsistencia y otros recursos siempre ha sido contemplada con ojeriza en Cuba después de 1959.

Para la AJC, eso no constituye un problema. En apenas tres años de trabajo nos hemos ganado el respeto y agradecimiento de muchos compatriotas dentro y fuera de Cuba. El número de hits en nuestro blog está muy cerca de los 40 mil y crece por día.

Un breve ejercicio matemático para los citadores. Si solicitáramos una donación voluntaria de un dólar mensual entre nuestros lectores (con todos los requerimientos legales al efecto, por supuesto) ¿qué sucedería?

Imaginemos el peor de los escenarios: sólo la quinta parte está dispuesta a hacernos semejante donación. ¿Cuánto sería esto al mes?, ¿y al año?

Por supuesto, la “CIA” habría reclutado a esas 8 mil personas para hacerlo.

Si mañana apareciera un srilanqués adinerado con una donación para la AJC, este señor será un emisario imperialista. Si esa misma persona donara a la Unión de Juristas de Cuba, se trataría de un altruista solidario con la causa de la revolución cubana.

Esto ya lo vimos en el problema con el Festival Rotilla: la independencia económica de esos jóvenes es demasiado inquietante y hay que evitarla a toda costa.

Lo que preocupa, seamos sinceros, a los policías que nos investigan constantemente es:

  1. Que vaya desapareciendo el desconocimiento ciudadano en cuanto a sus derechos y esto impida la arbitrariedad y falta de profesionalismo que ha venido imperando por su parte.

 

  1. La existencia de una organización de abogados independiente en el país, a la cual los ciudadanos puedan acudir con la certeza de que serán defendidos en justicia.

 

En resumen, la legalización de la AJC nos permitiría, amén de los cursos de derecho para los ciudadanos, la posibilidad de representar en juicio a los que lo solicitasen, y esto resulta, demasiado transgresor para los que hacen de su posición una fuente paralela de ingresos ilícitos en detrimento de los que tienen menos recursos económicos.

Y esto, claro está, también hay que evitarlo como sea.

 

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El extraño “extrañamiento” de la prensa extranjera en Cuba

Un artículo de una agencia de prensa extranjera  recientemente divulgado en Internet –“La disidencia cubana en una encrucijada”, Paul Haven y Andrea Rodríguez, The Associated Press–, incurre en al menos dos de las más graves y comunes limitaciones del periodismo acreditado en Cuba: el menosprecio por los nativos de esta ínsula y un desconocimiento casi absoluto por la historia e idiosincrasia del país sobre el que pretenden “informar”.

Sin dudas, las botellas y los botelleros tienen un terreno bien abonado en ciertas agencias de prensa, lo que explica que Cuba ha devenido paraíso para algunos que, sin mucho esfuerzo y sin más riesgo que recibir algún leve tirón de orejas cuando se acercan demasiado a los límites de tolerancia establecidos por las autoridades, se lanzan a “analizar” un escenario que apenas vislumbran.  Pareciera que para ser reportero de “la realidad cubana”, un periodista foráneo apenas necesita una buena cámara fotográfica, un bolso con su correspondiente botella de agua, algunos shores y camisetas de algodón para soportar mejor la canícula, un par de sandalias sucias para tiznarse los calcañales caminando por las malolientes y polvorientas calles de la maltratada Habana –porque, además, tampoco suelen aventurarse a explorar la Cuba profunda y provinciana, esa que sufre incluso más que esta capital del olvido– y finalmente, para reportar a sus agencias, la conexión a Internet. Imagino que para tales profesionales de la prensa obtener un destino periodístico a Cuba sea comparable con sacarse la lotería. A fin de cuentas, siempre tendrán la oportunidad de publicar más adelante una realidad cubana bien diferente de la que cubrieron durante su estancia por acá, sacar así beneficios económicos adicionales y, de paso, limpiar la honrilla periodística con este ejercicio de ética retroactiva.

Solo así se podría explicar un enunciado como el que sigue: “Cuando se formaron las ‘Damas de Blanco’ en protesta por el encarcelamiento de activistas y periodistas cubanos en el 2003, la misión de este grupo de mujeres era simple: lograr la libertad de sus seres queridos”. Y es que la sutileza está en los detalles y en la forma de colocar las ideas, porque efectivamente,  la misión de las Damas en un principio era la liberación de sus familiares, pero tratándose de una lucha librada casi en solitario y en condiciones de dictadura, semejante cometido no podía resultar tan “simple”. De hecho, la evolución de siete años de experiencia condujo a una profundización de la conciencia de ese movimiento cívico y amplió sus horizontes, elevando sus cotas de exigencia.

Otra sugerencia tendenciosa apunta a que la marcha de Las Damas de Blanco es una suerte de distracción dominical, ya que se desplazan “en un tranquilo barrio de La Habana”, como si ellas levitaran sobre la ciudad sin atravesar barrios como Centro Habana y otros, de la capital e incluso de las provincias, que quizás no sean tan apacibles  como el aristocrático Miramar. En tales marchas no son agredidas por la gente común, en cambio resulta rara la ocasión en que no sufren el acoso de la jauría reclutada por la policía política (grupos “pro-oficialistas” dicen los periodistas de referencia en lugar de definirlos como lo que son: empleados del gobierno). De hecho, cada vez son más frecuentes los ataques contra las Damas y mayor la violencia con que las acosan los servidores del régimen.

Otro elemento que fundamenta la razón de ser de las Damas de Blanco y de su causa es que persiste la conocida como “Ley Mordaza” que puso tras las rejas a 75 periodistas independientes y a otros muchos disidentes. La mera existencia de esta disposición en el cuerpo legal del país legitima la represión, anula la libertad de expresión y hace posibles futuros encarcelamientos por idéntica o similares causas: expresar ideas no afines o contrarias a las disposiciones del régimen. La coherencia de las Damas estriba justamente en entender que no basta solucionar el efecto, sino que es preciso eliminar las causas que lo provocan para evitar que se repita el hecho.

Algunas otras inexactitudes, por así llamarlas, afloran en el oblicuo análisis de referencia, como la que se infiere de una frase tan ingenua como dañina, al considerar las liberaciones de los presos  un hecho que “deja sin causa” a las Damas de Blanco y coloca a “la comunidad disidente” en “una encrucijada, con el reto de redefinirse y de lograr el apoyo de una sociedad que nunca ha parecido particularmente receptiva o siquiera enterada de su mensaje”. Diríase que los periodistas de marras ignoran que esta sociedad no tiene más información sobre los disidentes y las propuestas opositoras que la que ofrecen los medios de difusión, de absoluto monopolio estatal, dedicados a demonizar y calumniar sistemáticamente cualquier propuesta alternativa; que el gobierno emplea todos los recursos a su disposición – en particular los cuerpos represivos– para mantener un cerco que impida la comunicación entre los disidentes y la sociedad; que la sociedad civil que comenzaba apenas a cobrar fuerzas en la República fue demolida desde los primeros años de la revolución de 1959 y que cinco décadas de terror silencioso han sembrado en los cubanos comunes el silencio o la mentira  de la falsa adhesión al gobierno como estrategias elementales de supervivencia. De hecho, podría considerarse un logro que en el “sondeo informal” realizado por AP a 30 cubanos  “consultados al azar”, cinco (el 16,6 %) podían identificar a Laura Pollán,  nueve (el 30%) a Guillermo Fariñas y tres (el 10%) a la bloguera Yoani Sánchez. En realidad tal resultado es bastante halagüeño para la disidencia, teniendo en cuenta las condiciones de Cuba.  Apenas dos años atrás los corolarios de semejante sondeo hubiesen arrojado cifras muy inferiores, prácticamente nulas.

La disidencia cubana es, ciertamente, pequeña y fragmentada, tal como corresponde a un país en que –de manera inversa– la dictadura es inmensa y monolítica. Pero una vez más se incurre en el error de hacer cotejos infelices, porque la resistencia cívica de acá no es comparable en ningún sentido con las sublevaciones ocurridas en el mundo árabe, ni tampoco tiene la intención de “emular” con aquella. Comparar la realidad social cubana, no solo con el mundo árabe, sino –por disparatada añadidura– con las de países como Gran Bretaña, España o Grecia, solo puede clasificar como una fantasía pueril o como una perversión. La aberración se afianza más cuando los avezados periodistas untan con crema de rosas a la autocracia verdeolivo: “Y aunque quizás falta libertad política en un país que fue gobernado por uno y otro de los hermanos Castro por más de 50 años, el gobierno dejó parcialmente sin argumento al movimiento (disidente) al permitir también en los últimos meses mayores oportunidades económicas, y al prometer que habrían pronto más reformas”. (El subrayado es de esta autora). Visto de esta manera, la creciente inconformidad y las múltiples expresiones de protesta y de reclamos de derechos que están sucediendo en toda la Isla en marea creciente, pese a las golpizas, mítines y detenciones que sufren los inconformes, parecerían  puras majaderías de algunos revoltosos de ocasión y que a este pueblo le bastan un puñado de reformitas de timbiriche. Lo que no explican estos reporteros foráneos es cómo se justifica entonces que la resistencia haya venido cobrando fuerzas precisamente en los últimos meses, cuando los cubanos tenemos “mayores oportunidades económicas” gracias a las socorridas y mal llamadas “reformas” del General R. Castro que, más que transformar la dramática situación socioeconómica del país, han devenido el último parapeto de defensa gubernamental frente a la opinión pública y una especie de válvula  de escape –pese a sus insuficiencias– ante el incremento de la presión dentro de Cuba y la irreversibilidad de la crisis general; apenas una rienda precaria para frenar el final inevitable del “modelo”.

Y aquí se evidencia otra trampa del subconsciente de los que, sin conocernos, suelen mirarnos por sobre el hombro y calificarnos desdeñosamente, porque si bien a los protestones de Europa se les conoce como “indignados” y pueden darse el lujo de marchar por miles, si a despecho de todas las imperfecciones de la democracia, ellos tienen los derechos que en Cuba hasta los periodistas extranjeros nos cuestionan y la oportunidad de elegir quiénes habrán de ser sus dirigentes; no es mucho lo que podemos hacer los indignados de Cuba. Pero, puesto en perspectiva y adecuando cada realidad, el movimiento disidente cubano sería comparable y hasta superior a las protestas que se están sucediendo en el mundo libre, toda vez que aquel es un universo que cuenta con el acceso a la información y a las redes sociales, que tiene sindicatos, organizaciones cívicas, derechos y libertades, opciones todas que a nosotros nos están vedadas.

Es cierto que a la oposición “tradicional” cubana le ha faltado coherencia, estrategias acertadas y conexión con la sociedad en su conjunto. La raíz del mal estriba, entre otras múltiples causas, en la orfandad cívica de un pueblo que nunca se distinguió por ser responsable y para el cual la política siempre es asunto “de otros” que la han hecho por él. Pero tampoco las transiciones europeas se caracterizaron por haber enarbolado en sus inicios grandes planes políticos que arrastraran multitudes, ni por la abundancia de líderes de relevancia o de gran impacto a escala social, y definitivamente eso no impidió que los cambios se produjeran.

Obviamente, algunos observadores aspiran en vano a que en Cuba suceda un milagro imposible; mientras ciertos reporteros acreditados parecen esperar que en realidad nunca ocurra nada que ponga en peligro el affaire tropical de un periodismo inocuo, irresponsable y sin compromisos éticos.

Bury my heart at wounded Becerra

SI MUERO, ENTIERREN MI CORAZÓN EN EL BECERRA

Orlando Luis Pardo Lazo

70 y 19, esquina caliente cubana. Con esa arquitecturita chata de la clase media sin pretensiones (hoy clase cadáver): abajo, un cafetín; arriba, apartamentos para alquilar. Todo rectangular, hasta las escaleras, al estilo de un cuartel (y los años cincuenta fueron pródigos en cuartelazos no lejos de aquí). Todo con esa línea institucional que divide en dos colores planos la pared, para que quede claro desde la distancia que estamos en un nicho público y no en nuestro hogar.

Se llama El Becerra. No me pregunten por qué. Un apellido articulizado, seguramente. Antes, cada casa tenía ínfulas de Villa Algo, cada bar parecía único en el planeta, cada cine era un cosmos y cada gasolinera anunciaba a su dueño el señor Coyula, por ejemplo. Diplomacias decrépitas de la democracia.

Los regímenes van y vienen, con sus mártires a priori y luego sus despotismos desde el poder. La ciudad se moderniza o se torna un antro rural. La gente muere o migra o está muy triste mientras más solidariamente sonríe. Étnicamente ennegrecemos. Etariamente envejecemos. Ideológicamente nos idiotizamos. Todo cambia a una velocidad atroz, inamovible. Pero El Becerra será El Becerra acaso hasta verificar el segundo tránsito terrenal del mesías Hijo de Dios (apuesto a que el post-Jesús sube en un ruta P-10 desde los arrecifes por la calle 70 y respeta la larga luz roja digital del semáforo bullente de 19, y quién sabe si una de sus penúltimas tentaciones no sea paladear un sorbito satánico de café, ya pueden imaginar ustedes dónde).

El Becerra, fuente de luz y calor. De mugre y caché. De kitsch popular de baja estofa y nobilísimos sentimientos, de economía solvente antes de que la policía política les detecte un defalco. De borracheras de suiciditas de Buenavista y de carcajadas con caries como ningún latinoamericanito sabría reír (nuestra raza de trapiche y manigua nunca ha sido humillada, mucho menos bajo la homilía miliciana de la Revolución).

Cuando parecía que El Becerra iba a morir, en el año de su medio centenario, una empresa estatal espontáneamente lo engulle, atestándolo de mesitas y bafles, con un surtido oprobiosamente barato y opíparamente inagotable (varias tablas del mural apenas alcanzan), desde condones vencidos Made in China hasta es probable que un equipo de DVD ligeramente contrabandeado.

Han colgado de todo en la atmósfera bicolora de este local. Banderas y pulóveres del equipo Industriales, estandartes de la ciudad, frescos ochentosos de artistas aficionados del área, un pez león muerto que pendula desde una lámpara de neón, un televisor de último modelo, bandejas con tocinillo del cielo o panes perennes de jamón mutante, nylons y cubos (hay que ver cómo es la factura socialista del Frozen Nuevo).

Los dependientes se cuentan de pronto por decenas, con uniformes, para mayor asombro del vecindario. Jóvenes con entusiasmo (sé que es inverosímil, como toda verdad), incluidas muchachas alocadas que, como era predecible, desde el primer contacto visual me centrifugaron con su pinta de Cenicientas las hormonas y mi pésima poesía de melodramón.

La humareda de El Becerra es 24 horas al día, algo que ni los cuentapropistas negocios en CUC se atreven del todo a cumplir. Puedes encontrarte a tu mesero roncando sobre un taburete, pero rodeado de un pandemónium de productos (hay un galón de mermelada que vale como 240 pesos cubanos) y presto a saltarte encima con un bostezo y un ¿qué bolá…?

Se despacha a mano, a sudor, a pelo enconado, a ajustador, a acné, a moco, a rascadera de partes privadas: da igual. La fraternidad que ni masones ni marxistas lograron con sus leyes de pelar al moñito la libertad, en este templo ecuménico de El Becerra es pura emanación proletaria natural. No estoy siendo irónico, sólo incisivo. He sido tratado en El Becerra mejor que un Rey (aunque la oferta apeste). Me han mirado a los ojos seres casi analfabetos y me han abierto su alma, con o sin la propina con que me compadezco de tanta brutal bondad.

Una vez tapiaron la vista a 70 y 19 con unos ladrillos prefabricados. Se metieron casi un mes para lograr su mierdera murallita de siforé. Al día siguiente contrataron otra brigada vanguardia demoledora. Si no se apuran la Revolución hubiera hecho aguas por ahí. Para los arqueólogos del futuro no quedó ni media huella sobre el granito percudido desde la Prehistoria. Y es que El Becerra es exterioridad o no es nada. Intemperie. Calle bajo un techito para paliar el sol y la lluvia. Un poco como la cárcel o como un panteón.

Si vienes a Cuba ni se te ocurra pasar por mi descripción. Te daría asco. Repugnancia de primermundista. Tampoco entenderías ni una sola de sus coordenadas, de su energía movilizativa al punto de dar conciertos de noche en plena acera (los camiones de policías prestos para hacer la zafra que las Fuerzas Armadas no lograron resucitar). No tendrías misericordia en tanto exiliado. Te faltaría tacto, a exceso de moneda dura y derechos ciudadanos.

Yo, virgencita espía que todo lo sabe ver (por eso soy ubicuo), en mis lúgubres noches de recostarme a la barra para cambiar un peso, oliendo el meadito de cloaca de los personajes que pernoctan aquí, yo he soñado despierto con El Becerra como metáfora mefítica del saco sin fondo de mi país, donde la abundancia inminente no será sinónimo de salir para nada de la barbarie, y donde la miseria municipal tampoco será sinónimo de mezquindad.

Es en el páramo de El Becerra donde deberían fundarse los partidos políticos de oposición, no en una sede diplomática con cobertura online de la prensa profesional. Es aquí donde las Damas de Blanco deberían rendirle procesión a su pueblo y no a Dios o a un presidente foráneo (por el momento, ellas sólo contratan sus meriendas de domingo con la administración). El funeral de Fidel Castro, como en una pesadilla de Boarding Home o de Training Days, habría de ocurrir masivísimamente aquí, a ras de cucarachas, pero también en la última reserva no hipócrita del corazón indígena más que indigentemente popular.

Notas de un pasaje libertario

Foto/Luis Felipe Rojas

El sol ardía como nunca sobre el Oriente de Cuba, era septiembre 10 cuando nos internamos en las lomas de Baracoa, debimos escondernos dos días para no hacernos notar. La Marcha Nacional por la Libertad de Cuba “Boitel-Zapata” el día 13 de este mes contó con la presencia de 36 activistas de derechos humanos de la Alianza Democrática Oriental, la representación del frente Nacional de resistencia cívica OZT me invitó para cubrir las incidencias.
Desde Playa Duaba, donde Maceo y Flor Crombet desembarcaron en 1895 salió la comitiva oriental para dar inicio a la marcha. Las palabras iniciales de Rolando Rodríguez Lovaina fueron para esclarecer el procedimiento de esta acción cívica. No deberíamos responder a las ofensas de los civiles ni los paramilitares, ni a los golpes de siempre; no nos resistiríamos al arresto ni mostraríamos consignas escritas u orales, vestiríamos de blanco (los que pudieran). Nos mostraríamos lo más pacíficos posibles, como hicimos al fin.
Cuando nos faltaban apenas veinte metros para llegar al cordón policial entonamos las notas del Himno nacional y nos entregamos a nuestros captores. Eso fue todo, un saldo de treinta y seis detenidos, entre los trece que participamos y los que fueron apresados antes de llegar al lugar acordado.

La detención
A Eliécer Palma, José Triguero Mulet y a mí nos llevaron en un jeep de la Guardia Operativa hacia Moa. En esa unidad policial estuvimos nueve horas sentados en un muro de cemento a la espera de una supuesta decisión del G2 en Holguín sobre nuestro destino para finalmente enviarnos a las celdas inmundas de ese centro de horror.
Cuando esperábamos ser recluidos allí se presentaron los activistas Annie Carrión Romero, Milagros Leyva Ramírez y Lewis Fajardo a interesarse por nosotros y fueron detenidos también, al pasar una hora los enviaron hacia Mayarí, las mujeres y él a Cueto.
La comida fue más de lo mismo: un picadillo ácido y maloliente, un agua transparente con algunos fideos flotando, arroz con piedras y basurillas y un trozo de vianda.
Entre los detenidos que me acompañaron en la celda había dos jóvenes acusados de matar y vender una res, los de la celda contigua a la mía penaban por haber sido sorprendidos en el juego ilegal de la lotería criolla, llamada ‘La bolita’ y supe de otros que habían sido revocados de su libertad condicional ¡por no trabajar!, debían multas que no han podido pagar o compraron algún articulo de dudosa procedencia.
El jefe de unidad, el Mayor Claudio Zaldívar Matos, un matón reconocido en Moa por su agresividad, tanto con los detenidos como con la propia guarnición, hizo un alarde de guapería para que me bajara de la litera y me incorporara a la fila de presos que se alistaron para la inspección matutina del día 13, la intervención de otro policía impidió que me golpearan como había prometido, aún así intercambiamos varias impugnaciones, él por no importarle que yo fuera un opositor pacífico, yo por saber asegurarle que son unos violadores y no cumplo órdenes de nadie, menos de militares.
Del tal Mayor Claudio Zaldívar supe que tiene a un hombre paralítico por un supuesto accidente en las inmediaciones del municipio Sagua de Tánamo.
Al filo de las 2:00pm nos liberaron sin cargos, lo que borró la farsa que nos montaron el día anterior, cuando intentaron que firmáramos unas actas acusatorias por un supuesto Desorden Público. No nos confiscarnos absolutamente nada, a esa hora otros que nos acompañaron en la marcha saboreaban un café y el calor de casa. Atrás quedó la sordidez de aquel lugar, aún siento en piel la pestilencia de aquellos calabozos, un instrumento que usa frecuentemente el régimen para retrasar lo que a todas luces parece inevitable, aunque muchos lo duden debido a la distancia, la ceguera o el miedo que paraliza.

De la incertidumbre al discernimiento de los caminos para Cuba, hoy y mañana.

Ponencia para una sesión de estudios sobre Cuba. Miami, 17 de septiembre de 2011

Por Dagoberto Valdés

Introducción.

Cuba se acerca a una encrucijada. Toda encrucijada es causa de incertidumbre, discernimiento, decisión y andadura.

No hay cruce de caminos sin dudas, sobre todo cuando no se encuentran las señales. Todo entronque de caminos exige discernir cuáles de ellos tendrían más posibilidades de conducirnos al destino que deseamos, destaco que no será nunca la opción entre un solo camino o regreso. Siempre serán varios caminos con diferentes potencialidades.

Toca a los caminantes escoger, ponerse de acuerdo, decidir, y luego, hacer la andadura: es decir, ponerse en marcha. Hacer lo que requiera la ruta. Cada cual lo que sepa o le corresponda hacer caminando. Y como toda ruta será gradual: paso a paso. Sin inmovilismos, sin retrocesos y sobre todo sin violencia. Peleando entre sí, un pueblo en marcha se destruye a sí mismo, pierde partes de su cuerpo, muchos no llegarían al destino deseado. Esto pasa desde siempre: solo recordemos en el Libro del Éxodo lo que sucedió a Moisés y a parte de su pueblo.

Siempre habrá quienes echen en cara a sus dirigentes, y dirigentes que se desaniman y dudan; gente que quiere regresar a las ollas de Egipto y gente que se queda por el camino incluso, como Moisés a las puertas de la Tierra prometida. El Éxodo es, quizás, el libro del Antiguo Testamento que más deberíamos releer los cubanos de aquí y de allá. Es la historia de la liberación de un pueblo que se reúne para ponerse en marcha en su regreso de la Diáspora.

  1. Incertidumbres y señales.

No se puede avanzar sin superar las incertidumbres. Y por otra parte, todo camino está flanqueado de dudas y alternativas a cada paso. ¿Qué hacer? Opino que hay un umbral de incertidumbres que traspasar y, desde ese umbral, ir ejerciendo el discernimiento en el camino. Lo otro sería el “nunca arrancar”. Este tipo de encuentros y estudios como el que ustedes están haciendo hoy es deber moral y necesidad imperiosa para traspasar el umbral de la incertidumbre. O lo que es lo mismo: buscar entre todos “los que hacen señales en la noche”, como decía Medardo Vitier, el filósofo de la primera mitad del siglo XX cubano.

Quisiera sugerir un solo pensamiento que pudiera sintetizar mi propuesta para este primer empeño adelantador. No es mío, por supuesto, sino rescatado del acervo de pensamiento de uno de nuestros padres fundadores, José Martí, que quizá sea aceptado por todos, o casi todos:

Aquí velamos; aquí aguardamos; aquí anticipamos; aquí ordenamos nuestras fuerzas; aquí nos ganamos los corazones; aquí recogíamos y fundíamos y subli­mábamos, y atraíamos para el bien de todos, el alma que se desmigajaba en el país… Con el dolor de toda la Patria padecemos, y para el bien de toda la Patria edificamos, y no queremos revolución de exclusiones ni de banderías… ni nos ofuscamos ni nos acobarda­mos. Ni compelemos ni excluimos. ¿Qué es la mayor libertad, sino para emplearla en bien de los que tienen menos libertad que nosotros? ¿Para qué es la fe, sino para enardecer a los que no la tienen?… Es cierto que las primeras señales de los pueblos nacientes, no las saben discernir, ni las saben obedecer, sino las almas republicanas… Y esto hacemos aquí, y labramos aquí sin alarde, un porvenir en que quepamos todos…” (10 de Octubre de 1881, veinte años antes del nacimiento de la primera República)

De este cimiento, que debería ser inconmovible, podríamos sacar dos preguntas para el debate:

  1. El camino de Martí es el de la inclusión y el de ir más allá de los partidos, no sin ellos, pero poniendo todos a la Patria primero. ¿Qué hacer para preparar un cambio en Cuba “sin exclusiones ni banderías”, de modo que podamos escoger una República nueva en la que “quepamos todos”? ¿qué hacer concretamente desde donde estemos?

  2. ¿Cómo usar bien la libertad que ustedes tienen para que sea responsable y para ayudar a la libertad de los que tenemos menos que ustedes?

  1. El discernimiento de todos los caminos posibles.

¡Partidos afuera!”, fue la forma espontánea y abrupta, pero genial y muy oportuna, con que el eminente constituyentista Márquez Sterling exhortó a los diversos partidos de la Convención de 1940 a dejar sus diferencias y programas específicos para despuésy a poner en práctica el anterior pensamiento del Apóstol para lograr la más grande y mejor Constitución que Cuba haya tenido. Recalco que no estoy proponiendo dejar el pluripartidismo, una de las bases indispensables de la sociedad plural y democrática, se trata de prioridades. Yo me atrevo a modular aquella genial y urgente exhortación con una mejor comprensible, tengo la ventaja de no estar bajo aquella presión y de ser un ciudadano común que expresa una opinión: ¡Cuba primero, los partidos después! Fíjense que digo después, no fuera. A lo mejor cuando alguno de ustedes esté en la nueva Convención tenga que recurrir a la frase de Sterling.

Pues bien, siendo el primer paso la voluntad y los esfuerzos por no excluir y por no poner los intereses partidistas o de grupos por encima de los de la Patria, podríamos pasar al segundo paso de este proceso complejo: hacer entre todos el discernimiento de los caminos posibles.

Escuché decir a un sabio jesuita, el Padre M. Miyares, en unos Ejercicios Espirituales al estilo de San Ignacio algo que marcó toda mi vida y quiero compartirlo con todos: “Para elegir bien, es necesario conocer y estudiar todas las opciones” Y agregaba de su cosecha: “Aún las que consideremos desde nuestra perspectiva como las más disparatadas”. Y me atrevo a agregar: Es la oportunidad de la inclusión, el beneficio de la duda, los puntos de referencia, para saber en qué coordenadas de la escogencia estamos y la ponderación de por qué elegimos nuestra ubicación y no otras. Sin escuchar, conocer, y ponderar (que viene de sopesar, de valorar) las otras, difícilmente podremos ser incluyentes, disminuirá el poder de convocatoria y Cuba perderá una de las columnas de la democracia, quizá la menos conocida y practicada: la escucha respetuosa del diferente.

  1. ¿Cómo abrir espacios para escuchar respetuosamente todas, todas, las propuestas, los caminos: las estrategias, las tácticas, los medios, los protagonistas?

  2. ¿Cómo educar cívicamente para que el respeto sea “la marca de calidad de nuestra democracia” y no el trasnochado ataque a las personas?

  1. Las opciones: de la diversidad a una ética de mínimos.

Después de la inclusión, la escucha y el respeto de las diferencias. Tocaría escoger algunos caminos. No digo UN camino. EL camino es CUBA. Serían los caminos, trillos o avenidas, no importa el tamaño sino el ser, por donde avanzaríamos con la mayor inclusión, escucha y respeto posibles.

Esta es quizá la piedra de choque. Es lo que ha impedido la mayoría de edad de nuestros esfuerzos aquí y allá. Fue la obra de Martí. No crear un partido, que lo hizo, sino crear una República a la que no llegó: Como Moisés, cayó a las puertas, siete años antes, pero la soñó, la diseñó, la propuso, y la edificó con su pensamiento, que es lo que sabía hacer mejor, y sobre todo con su vida y su muerte.

Creo que un día la nueva Constituyente debería considerar la posibilidad de honrar la obra de Martí colocando, como sugirió para la bandera, una orla bajo el escudo nacional, centrada a ambos lados del haz de varas de nuestra unidad, su ética de mínimos, lo que llamó “la fórmula del amor triunfante:Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.” (Discurso en el Liceo Cubano. Tampa. 1891, noviembre 26. Tomo 4. P. 270)

Por tanto, no se trata de caer en esa gran trampa que ha entorpecido nuestro camino como cubanos, la trampa es quizá sugerida por los que menos quieren a Cuba, o por los que la desconocen en su entraña plural. La trampa es esta: Querer cambiar todo, uniendo en un solo grupo a todos y todos al mismo tiempo. Esa es lo que la Prof. Adela Cortina llama una “ética maximalista” y la identifica como propia de los totalitarismos o fundamentalismos de izquierda o de derecha.

Sugiere, sin embargo, que para la reconstrucción de una sociedad civil plural, democrática y moderna, es preciso buscar consensos en una “ética de mínimos”. Por supuesto que no nos referimos a un mínimo de ética, como algunos creen, sino en un mínimo común denominador, éticamente aceptable, convocador de las mayorías, aceptable como un primer paso incluso por las minorías más exigentes, y que sea como el Norte que oriente los diversos caminos hacia el mismo destino: Cuba.

Sería, como dijimos en el segundo acápite, poner a “Cuba primero”. Pero esto no basta, es necesario escoger “hacia dónde queremos ir”. Casi todos queremos cambios. El problema es “hacia dónde queremos cambiar”. Algunos mayores recuerdan que cuando Cuba sufría de otra forma, en la segunda mitad del siglo XX, algunos cubanos expresaban su deseo de cambio de esta forma que después resultó fatal: No importa lo que venga después, el asunto es cambiar.”

De este desafío se pudieran deducir cuatro caminos hacia el mismo destino: el económico, el político, el social y el antropológico. Los he puesto en este orden para tratar de incluir la mayor cantidad de visiones. No son, por supuesto, prioridades. Esa es otra discusión. Creo que deberían ser las cuatro patas de la misma Mesa Cuba. Y todas las patas de una mesa deben ser construidas con igual empeño y dimensiones. Si no veremos de qué pata cojearemos.

  1. ¿Qué mínimos incluyentes, éticamente aceptables, escogeríamos para el futuro económico de Cuba?

  2. ¿Qué mínimos incluyentes, éticamente aceptables, escogeríamos para el futuro político de Cuba?

  3. ¿Qué mínimos incluyentes, éticamente aceptables, escogeríamos para el futuro de la sociedad civil de Cuba?

  4. ¿Qué mínimos incluyentes, éticamente aceptables, escogeríamos para el futuro antropológico de Cuba?

Quizá estas preguntas pudieran servir para trabajar en equipos o para un futuro paso en este “Itinerario de pensamiento y acciones para el futuro de Cuba”. Su urgencia y necesidad son evidentes para muchos.

  1. Abriendo rutas concretas y posibles: las estrategias, las tácticas, los medios, los protagonistas.

Solo haciendo los anteriores pasos, sería sana y perdurable la apertura de rutas concretas y posibles, viables, éticamente aceptables, para la Cuba de hoy preparando el mañana. Los peldaños mencionados son, en mi opinión, estrictamente necesarios y anteriores a este. Ese quizá haya sido uno de nuestros fallos de método. Si no es posible llegar a este cuarto escalón pues bien sería servida la Patria con los tres anteriores.

Para mí, la frontera entre la ética de mínimos y las hojas de ruta se encuentra en este punto. No hay que temer a las fronteras para crecer y adelantar. El asunto es reconocerlas, aceptar que lo son, pasarlas lo más en regla posible, y ser honestos con el equipaje y el destino.

Creo que Cuba lo merece, y lo necesitamos urgentemente la Nación que somos los de la Isla y los de la Diáspora: exilio-emigración, juntos como lo que somos.

Solo dos precisiones que quizá sean insignificantes por su tamaño, pero creo en la “fuerza de lo pequeño”:

  • Ninguna estrategia, táctica, medio o protagonista debiera saltarse y mucho menos ir contra la propia esencia de los pasos anteriores: respeto, escucha, discernimiento y ética de mínimos.

  • Todas las iniciativas que se ajusten a esos cuatro pasos debe ser tenidas en cuenta, no importa el tamaño de su impacto, el color de su ideología, ni las diferencias que sustente. La ética, los métodos pacíficos y el amor a Cuba deberían ser los únicos raseros para validar propuestas.

Las últimas preguntas, pero no las menos importantes:

  1. ¿Cuáles serían las cuatro o cinco estrategias comunespara alcanzar la ética de mínimos que hemos propuesto?

  2. ¿Cuáles serían las cuatro o cinco tácticas comunespara alcanzar la ética de mínimos que hemos propuesto?

  3. ¿Cuáles serían algunos de los medios y recursospara alcanzar la ética de mínimos que hemos propuesto?

  4. ¿Cuáles serían los protagonistaspara alcanzar la ética de mínimos que hemos propuesto de forma que sea lo más incluyente posible?

Termino con otra frase de Martí: “Llegó la hora callada de juntar y de acometer; refrenemos nuestra impaciencia y unamos nuestros recursos; a un lado la impedimenta y al frente la vanguardia; la libertad nos ayude, -y adelante…” (Adelante, juntos. Patria. New York.1892, junio 11.Tomo 2.P.14)

Dagoberto Valdés

Tejado de vidrio

El miércoles 28 de septiembre, el diario Granma, en su portada publicó un editorial titulado: Nueva injusticia de los Estados Unidos contra los cinco héroes

René González, unos de los cinco espías cubanos preso en EEUU saldrá el próximo día siete de octubre tras haber cumplido y sufrido en su totalidad la brutal e injusta sentencia que le fue impuesta, dice el diario.

He ahí la primera manipulación. Lo que no señala el editorial es que la condena incluye los tres años de libertad supervisada, que lógicamente deberá cumplir en el territorio donde delinquió. Esa sería realmente la TOTALIDAD de la misma.

Lógico es que la Jueza Joan A. Lenard, del Distrito Sur de la Florida, denegara la moción presentada por René, donde éste solicitaba regresar a Cuba y unirse a su esposa e hijas.

Esta decisión de la Jueza, no constituye en absoluto una represalia adicional deliberada, como expresa el editorial.

No es moral en nuestro país hablar de tratos abusivos, confinamiento en solitario y extensos períodos de tortura psicológica, justamente aquí, donde han sido sancionados a condenas hasta de veinticinco años de prisión, personas cuyo único delito ha sido expresar públicamente sus ideas. Recordemos la llamada Primavera Negra, donde setenta y cinco periodistas independientes fueron encarcelados injustamente, incautándoseles como armas, en los allanamientos sorpresivos a sus viviendas, máquinas de escribir, bolígrafos, papeles y otros útiles personales. Tampoco debemos olvidar a los tres adolescentes que fueron fusilados en juicio sumarísimo, por tratar de llevarse una lancha en la bahía habanera, sin haber infligido maltratos o heridas a los ocupantes de la misma.

Hablar de tratos inhumanos aplicados a estos cinco héroes, cuando ellos han disfrutado de celdas higiénicas, ropas limpias, computadoras, visitas de sus familiares y de algún que otro actor famoso y hasta han jugado partidas de ajedrez por Internet con jóvenes aquí en la isla, parece una burla. Creo que deberíamos ya dejar de tirar piedras al vecino, sabiendo, como sabemos, que nuestro tejado es de vidrio.