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Archivo para Domingo, 25 de septiembre de 2011

¿LOS GOLPES ENSEÑAN?

Domingo, 25 de septiembre de 2011 Comments off

Jamás olvido de niña la frase que mi madre acostumbraba a usar cuando veía a algún padre golpear a su hijo para disciplinarlo: los golpes no enseñan, todo lo contrario. Aunque la Biblia expresa que a los hijos se les debe disciplinar con vara, esa vara no es expresión literal de violencia, sino de la medida moral con la cual los superiores deben enseñar a sus descendientes. Así llevando este análisis al plano social, podríamos afirmar que si la sociedad no educa y encamina a sus hijos por los caminos del bien y si los gobiernos no cumplen con sus más elementales obligaciones y deberes para con sus ciudadanos, entonces usar la vara, ya sea en el sentido de la violencia física o en el plano moral termina siendo una actitud hipócrita de parte de quienes están para velar por el desarrollo de naciones que protejan, sustenten, afirmen a los hombres y mujeres a quienes dirigen y no para lo contrario.

Las llamadas fuerzas del orden, las que deben velar por la tranquilidad de los ciudadanos, defenderlos y hacerles sentir confiados y seguros, como en aquel spot televisivo de hace algunos años: policía, policía, tú eres mi amigo, que más que una pregunta nos representaba la seguridad de una pequeña niña con respecto al cuidado policial y que veía a los uniformados como a sus amigos, seres protectores, héroes luchadores contra el mal y defensores eternos del bien y de los derechos humanos, incapaces de dañar a ciudadano alguno, serios, bien portados, cultos y educados, dispuestos a matar o a golpear solo en casos excepcionales y por motivos más que justificados, luchadores por lograr el cumplimiento de los deberes ciudadanos y proteger a las personas. Pero qué lejano a todo esto están esos “agentes del orden” _muy entre comillas_ que últimamente vemos en las noticias de algunas partes del mundo y qué difícil nos resulta entender que con la actitud que asumen están verdaderamente para velar por la tranquilidad ciudadana, por los intereses del pueblo y no representando y cuidando los bienes de los poderosos y de los gobernantes de turno.

Los principales medios de prensa en Cuba se hacen eco de todas estas desafortunadas noticias, la intención claramente es mostrar al pueblo cubano, uno de los más desinformados del mundo, la violencia policial en algunos países, el enfrentamiento contra las masas enardecidas y reclamantes, pero, es precisamente la desinformación la que no permite a una parte importante de los ciudadanos cubanos valorar el papel negativo de las autoridades y de la policía política nacionales ante los que levantan la voz en contra del sistema vigente. Las golpizas, la represión, la burla, la humillación, el total irrespeto a los derechos y a la libertad individual y de expresión. ¿Conoce el pueblo de Cuba de las golpizas que reciben con frecuencia las Damas de blanco, o de los denigrantes actos de repudio a opositores, como los propinados a Sara Marta Quevedo Fonseca y su familia, irrespetando totalmente los límites de su propiedad, sometiendo a estos seres humanos a momentos de fuerte tensión y peligro? porque soy de la opinión que en medio de la euforia y la locura que forman los grupos organizados por la policía política para reprimir a los disidentes pueden ocurrir hechos aun más lamentables de violencia y que la vida de los opositores realmente está en juego en cada uno de estos actos.

He visto en algunos materiales audiovisuales elaborados a partir de las filmaciones hechas en casa de Sara Marta, como las turbas represoras se introducen hasta la misma puerta de su casa, violentando sus ventanas, golpeando la puerta, proyectando objetos peligrosos, como piedras, preservativos llenos de pintura, sin respetar la propiedad individual y repito, poniendo en riesgo las vidas de los integrantes de esta familia, no se podría garantizar en medio de esa locura que crea “el pueblo enardecido” la seguridad para quienes son objeto de tanta violencia verbal y física.

Casualmente los agentes de la seguridad del estado están siempre presentes en medio de los actos de repudio, al parecer estos actos no ocurren de forma tan espontánea, se podría pensar que ya están planificados, sobre todo porque los hostigadores son traídos de otros lugares, en muchas ocasiones trasladados en guaguas o camiones, la misma Sara Marta ha expresado que sus vecinos nunca han participado en el repudio y más bien han sido víctimas de la algarabía de quienes han venido con la vileza y el escarnio.

Soy de la opinión que cualquier forma de violencia es insana, la verbal, la psicológica, son muchas veces más angustiadoras que la física propiamente hablando. Se ha dicho mucho, pero es necesario volver a hacerlo, que quienes disienten solo reclaman su derecho de participación en esta sociedad que no debe ser, ni es solo de los revolucionarios. Cuba es la patria de todos, nacimos en ella y somos en gran manera sus hijos e hijas, querer conquistar las calles que un gobierno nos ha arrebatado, de manera pacífica y coherente, no es delito y quienes lo hacen merecen todo el respeto del mundo. Ojalá que nuestros conciudadanos se percaten de ello y de manera especial las fuerzas del orden, porque todos deben ser protegidos y salvaguardados por ellas.

Retomando el antiguo dicho de mi madre, concluimos con certeza que los golpes no enseñan. La violencia verbal, el repudio solo dejarán en claro la prepotencia de quienes, teniendo el poder en sus manos, se ensañan contra los que tienen el valor de enfrentárseles. Pensemos que ya es tiempo de dar lugar a la libre expresión, a la libre autodeterminación, no solo la del pueblo en su conjunto, sino a la de cada individuo, que cada cual tiene el derecho de pensar políticamente como se le antoje, siempre que su conducta no perjudique el bienestar de los demás. Digamos no a los actos de repudio, digamos no a cualquier método de violencia, física, verbal, psicológica, digamos no a las detenciones arbitrarias, es necesario para ello decir no a una Cuba solo para los revolucionarios y sí a una Cuba de todos los cubanos.

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¿Sólo Basta la Intención?

Domingo, 25 de septiembre de 2011 Comments off

Lic. Veizant Boloy González

Poca información se ha brindado al pueblo de Cuba sobre los pactos internacionales firmados por el Gobierno en su nombre, especialmente los Pactos Internacionales de Derechos Humanos, también conocidos como Pactos de Nueva York, que son dos tratados internacionales sobre derechos humanos adoptados en el seno de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 16 de diciembre de 1996: el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC).

Cuba es signataria de los pactos mencionados desde febrero del 2008, debido a una estrategia manejada por el Gobierno, según mi criterio, con el objetivo de desviar las insistentes miradas acusatorias de la comunidad internacional, respecto a las denuncias de violación de derechos humanos en la isla,ubicándola en la lista negra.

Muchos creyeron que con este primer paso de firmar los pactos, cambiaría la situación; sólo que los optimistas obviaron un detalle: el segundo paso; pues si estos pactos no se ratifican, no tienen carácter vinculante, que es lo que compele a los Estados parte a cumplirlos. Ya han transcurrido más de 3 años y continuamos estancados en el primer paso.

Ratificar estos pactos implicaría por necesidad un cambio drástico de nuestra legislación, lo cual no parece estar en los planes del gobierno.

Por otro lado, conocí, tras la investigación personal que antecede a todos mis escritos, que Cuba también es miembro de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, otro de los tratados sobre Derechos Humanos, pero también se ha quedado a medias, pues no ha reconocido la competencia del Comité de Derechos Humanos a escuchar quejas individuales en nuestro territorio.

Algo similar sucede con la Corte Penal Internacional, primer organismo judicial internacional de carácter permanente encargado de perseguir y condenar los más graves crímenes en contra del Derecho Internacional, crímenes que se preceptúan en el Estatuto de Roma, y son: el genocidio, los crímenes de lesa humanidad; los crímenes de guerra y el delito de agresión.

El Estatuto de la Corte… no ha sido firmado ni ratificado por Cuba, lo que denota la política de evitar someter a organismos supranacionales este tipo de supuestos.

¿Acaso es una práctica el firmar estos tratados internacionales para brindar esperanza al mundo, incluso al pueblo, de que algún día habrá cambio?

¿Piensan que con esos pasos inconclusos avanzamos a algún lado?

Definitivamente, no basta con la intención.

 

 

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Un Registro Civil cualquiera.

Domingo, 25 de septiembre de 2011 Comments off

esperándo el receso.

Los Registros Civiles en mi planeta se han convertido en concentraciones humanas ó saunas populares. Allí las grandes colas se extienden extra-inmueble, terminando casi todas en la calle, aceras y bordillos, donde los aspirantes a ser atendidos merodean, esperando el ansiado momento. A la hora del almuerzo cierran el local, y todos deben salir y esperar fuera. Es de notar que hasta el momento, ninguno de estos centros cuenta con una base de datos digitalizados.

En ninguno hay suficientes asientos para acomodarse, la escasa ventilación está asegurada. Desde luego, existe una excepción que confirma esta regla: el Registro de Centro Habana. Quizá el único que funciona bien, según experiencia personal.

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He aquí donde hubo un aire acondicionado, hubo asientos y hubo iluminación.

Creo que los he visitado casi todos en la Capital, incluyendo el de Santiago de las Vegas, que como todos los de su especie se sitúan en casas y apartamentos, abandonados desde hace varias décadas por sus antiguos propietarios y después por el Estado, que se apoderó de los mismos, sin darles mantenimiento en todos estos años (esto incluye limpieza).

Las personas que aquí trabajan, no disfrutan de condiciones laborales apropiadas, y generalmente gozan de muy mal carácter. Realizan el trabajo como si le hicieran un gran favor al solicitante, incluso se esfuerzan para que ello no pase inadvertido. Esto obliga a muchos usuarios a llegar al lugar portando algún regalito. De lo contrario ¡siéntate a esperar! Total trabajen bien o mal, van a percibir el mismo magro salario.

Después de esperar más de tres horas para ser atendida, pude percatarme de una de las posibles causas de la demora: las largas uñas de silicona, verdes y con pequeñas flores al relieve, de la empleada que atendía las solicitudes. Era de esperar que se demorara más de veinte minutos con cada modelito de cuatro líneas a llenar, amén de las innumerables veces que se ausentaba de su puesto de trabajo un momentito, para ir a ventilar algún asuntito en otro departamento, sin contar las amistades que hacen pasar primero, violentando la cola (fila).

Finalmente me entregaron la copia de mi solicitud, en un papel reciclado, escrito justamente por la parte anteriormente impresa, casi ilegible, pero aún así, abandoné el local aliviada, y hasta feliz por haber podido encaminar mi solicitud.

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Los llevados y traídos “Peter Pan”.

Domingo, 25 de septiembre de 2011 Comments off

Foto Archivo

Como el modelo lleva tantos años de instaurado, con el paso de los años ha ido perdiendo lo que hubiera podido tener de original, y cada cierto tiempo se repite. Con sus campañas de propaganda política sucede igual: son un constante remake de alguna anterior.

Ahora ha regresado a la primera plana el caso de los Peter Pan (niños enviados a vivir al exterior, principalmente a los EUA, al triunfo de la insurrección), y se anuncia a bombo y platillo, la presentación por la Televisión Nacional de un documental de la cineasta cercana al modelo Estela Bravo, realizado sobre el tema.

Sin lugar a dudas, el hecho produjo un gran desarraigo en la familia cubana cuando se realizó, desarraigos que, por unas u otras razones, continuaron y aún se suceden en nuestros días. En primer lugar hay que destacar que, en el caso de los Peter Pan, nadie se llevó a nadie por la fuerza: los padres de estos niños, todos menores de edad, opuestos a que sus hijos fueran manipulados por el modelo que se veía venir, decidieron sacarlos de Cuba, y darles una vida y una educación fuera de ella. No era nada nuevo: lo habían hecho años atrás los padres españoles con sus hijos, enviándolos a América, para evitar que fueran a prestar servicio militar a Ceuta y Melilla. También lo hicieron, en años más cercanos, los padres europeos, salvando a sus hijos del fascismo. Se hablaba entonces de la pérdida de la patria potestad y, aunque realmente no se promulgó una ley específica retirándola, las medidas prácticas tomadas estaban dirigidas en ese sentido: el Estado monopolizó la educación, prohibiéndose los colegios privados y cualquier otra enseñanza fuera de la oficial, haciéndola laica e instaurando sólo su ideología materialista; el centro escolar al cual asistir, lo determinaba el Ministerio de Educación, a través de sus delegaciones; se crearon las escuelas en el campo, donde los estudiantes, alejados de sus familiares por tiempo prolongado, estaban sometidos a un régimen interno y de trabajos agrícolas, combinado con la docencia; se prohibió la salida del país de los menores de edad, aún junto con sus padres, haciéndose el Estado prácticamente dueño de ellos; se estableció el Servicio Militar Obligatorio, etcétera. En realidad, se quitó a los padres la patria potestad, aunque se negara oficialmente.

Pasados los años, cada Peter Pan vivió su vida: la mayoría exitosamente y algunos fracasados, como corresponde a cualquier conglomerado humano. Unos entendieron, después de adultos, que sus padres habían actuado correctamente y se los agradecieron, otros no, tal vez influenciados por sus posiciones políticas e ideológicas posteriores, y los criticaron. Es lo normal y establece las tan necesarias diferencias. Forma parte de nuestro largo rosario de desarraigos. Cada persona es ella y sus circunstancias. En aquella época, los padres respondían por sus hijos hasta que éstos hubieran alcanzado la mayoría de edad. Por lo tanto, actuaron en correspondencia con sus deberes.

Volver hoy sobre el hecho, simplemente como propaganda política manipulada, para engatusar a las nuevas generaciones, no es algo muy honesto. Tampoco lo es la actitud de los creadores que prestan su talento a ello.

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RASTROS DE ROSTROS

Domingo, 25 de septiembre de 2011 Comments off
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UN DÍA ANTES DE LA GUERRA CON LOS ESQUIMALES

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PATRIA DÉSPOTA, PATRIA PERFECTA, PATRIA PERDIDA PARA SIEMPRE: SOY YO, ORLANDO LUIS

Orlando Luis Pardo Lazo

Necesidad de una guerra civil. Necesidad de salir a la calle. De barbotear de barbarie a barbarie. De manotear entre animales, entre criminales, cuerpos en libertad súbita, sin moral y sin culpa y también, por supuesto, sin Dios (como los animales, he dicho). Necesidad de dejar atrás la demagogia cincuentenaria de una paz perpetua y perpetuamente precaria. Constituciones en piras de humo histórico. Insignes mamotretos de Derecho usados como algodón para desinfectar las heridas de la violencia desatada. Necesidad de gritar palabrotas en público, cojones, qué resingueta nos pasa, y correr sobre el asfalto a agredir o a buscar refugio. Me matan, nos matan. Perdón, perdónennos. Desconfiando de todo el vecindario y de pronto confiados como infantes en el guiño de una reja abierta por donde atravesar hasta la otra cuadra, garrochando muros y pasillos y escaleras y solares, y quién sabe si descubrir de paso a nuestro amor enfermo de muerte sobre su paupérrimo camastro. Una virgen triste. La vida está en la otra calle. Basta de letras. Basta de entendimientos. No hay más diálogo que el topetazo. Noción de la no-nación. Necesidad de una guerra incivil. Argh.

Sería tan fácil. Una División de Tanques llegaría tarde por la Avenida de Rancho Boyeros. Los túneles con dinamita que permean los intestinos de La Habana desde los años 90´s serían tan inútiles como su misión original: amedrentar de muerte a la población, no matarla del todo. Con la muerte en vida fue suficiente para comprar dos décadas decadentes más del tiempo intangible de la Revolución Cubana (tiempo inagotable y agotador). Sabes de sobra de lo que estoy hablando. Menos mal. Yo no.

Oí a los vecinos de la calle Neptuno. Entre desconcertados e incrédulos. Ni uno solo de ellos sabía del acto de repudio complotado días atrás en el blog de Manuel H Lagarde a nombre de la Seguridad del Estado. Debo apuntar ante todo que este me parece un momento maravilloso de nuestra Historia Contemporánea. Si un blog es capaz de apuntalar las vigas del falso techo de nuestra política, entonces ni siquiera hay que tener mucha imaginación para concebir el escenario concomitante: un blog también será capaz de aserrar de un solo post esas vigas de caguairán, con o sin comején. Cuidado, conmigo, compañeros.

Reían, negros sanísimos de la salud pública estatal en ruinas, sus espaldas brillosas en el septiembre de la patria, cicatrices y tatuajes, halitosis y dominó, bíceps de basket y calzoncillos por los riñones, los pingones a punto de portañuela, sus colmillos refulgentes de chealdad obturada con noble metal, los molares 100% ausentes. Nuestra estomatología amateur es una asignatura estrictamente estética.

No reían, murmuraban, los blanquitos siempre algo más entecos, mezquinos incluso (toda ilustración es inquina), taimados y acosadores de turistas con cámaras Canon, como yo. My friend, amici, mon ami… Wanna tabaco, wanna food, wanna singar…?

Y yo que quería de todo y sin embargo no me detenía en nada. Yo babeante de política, pus de los desposeídos. Yo, orgasmos de Orlando, amén. Excitación de tweets en vivo para miles y miles en el mundo ancho y añejo. Yo, Fidel de tribuna virtual. Testigo, espía, traidor. Invadiendo el laberinto descentrado de Centro Habana, ese alef maléfico que nunca fue Londres y nunca será Buenos Aires y que, al menos esta tarde inmisericorde de sábado 24, tampoco recordaba a La Habana. Color deslocalizado.

La comentariada era pragmática. No hay meriendas para los niños y viejos, pero aquí las regalan por miles a los zangandongos. No hay audio para meter fetecún en las ferias del agro ni en las disco-mierdas, pero aquí lo ponen a todo meter con la cancioncita de En Silencio Ha Tenido Que Ser y la tuerca tuerta de Sara González (esta aliteración es un milagro de cita textual). Sube pa´l balcón, white, pa´ que vendas las mejores fotos de la internet… Cuidado con esos gordos de allí, que son fulas sin uniforme… Si se forma la desagradable, yuma, no te metas en el barullo que te carterea aquel enano… Y un etnográfico etcétera que los Premios Nacionales de Literatura nunca sabrán leer.

Intenté ser revolucionario radical por un fin de semana. La histeria colectiva me crispó contra las Damas de Blanco. Brujas de Blanco, les gritaban. Tenemos un Comandante que le roncan los cojones. Eso. Catarsis. Carnaval. Las ventajas del poder. Válvula de escape. Me tiré de cabeza contra la esquina de Neptuno y Soledad. Iba a pasar. Viejucas de Blanco, denme de comer. Iba a sumarme al repudio. A mí también me roncaban comandantescamente los cojones. Ser un miserable sin conmiseración de ninguna clase (social). Ser vil, pero ser verosímil. Y en la esquina me saltaron arriba unos chiquillos lampiños, confundidos con mi barba ripiosa que ya pespunta canas: Sorry, míster, la calle está cerrada (y sobregesticulaban con lenguaje de mudos, para hacerme entender que el circo ya estaba cerrado, que no hacía falta más revolucionarios indignados bajo la carpa, que bastaba con los contratados quién sabe por cuál empresita en quiebra estatal).

De nada valió sobregesticular que me interesaba ingenuamente hacer fotos zoonóticas. Out. Off. La caja estaba cerrada (el ataúd). Los gritones se reemplazaban como en una coreografía de pizarra inhumana (no sería de extrañar la prima mano absoluta del Ballet Nacional de Cuba detrás de este acto). Salían en tándem y en tandas regresaban al spotlight de sombra definido por dos horribles banderas: el buitre heroico de la cubana y los hematíes anarcoterroristas del M-26-7, movimiento inexistente desde medio siglo atrás (archipiélago Cubag acaso no menos inexistente desde medio milenio atrás).

Cuando las repudiadas sacaron sus cabezas de blanco (o de cheques en blanco), los de la compañía coral las apolismaron en un pas-de-diez millones. Tiraron una guagua metropolitana contra la puerta de Laura Pollán, como si de una sede diplomática se tratara. Juro que el público aplaudió, como en un estudio en vivo de televisión (de esos donde Cuba ya no se arriesga a filmar), mientras desembarcaba un pelotoncito élite de uniformadas de verde aguacate. Eros de medias negras y sayitas apresando sus nalgas en un jalón de artes marciales. Nunca he hecho el amor con una militar. La psico-rigidez estas capitanas marianas grajales debe ser hormonalmente muy estimulante de someter.

Me alejé, macho de mierda. Busqué como un tonto la colina de la universidad para tener perspectiva con el teleobjetivo. Tiré fotos más o menos movidas, más o menos desenfocadas. Cada vez lo hago peor. Sé que pronto abandonaré del todo el oficio. Una párrafo vale más que mil píxeles.

Dentro del círculo de fuego, descubrí a mis colegas los foto-corresponsales de agencias. Pensé que no tenía caso seguir allí. No correría la sangre con esas camarotas profesionales autorizadas a reportar el repudio de las masas contra las mercenarias (Laura, sin embargo, sí sangraba). Ok, correría, pero no llegaría al río (debo destacar que en toda Centro Habana no hay más ríos que las cloacas explotadas de heces). En cualquier caso, cómplicemente me fui. Las abandoné a su suerte de dólares y radioemisoras de Miami (en las cárceles, los presos ya no esperan nada de nadie).

Busqué a cada rato a mis espaldas y nunca entendí por qué no aparecía una contracandela contestataria, una suerte de Segundo Frente Occidental. ¿Cuesta tanto trabajo no hacer las demostraciones lineales, de una en una, sino simplemente planear en un mismo día en un mismo sitio dos marchas? ¿En qué pánico no caerían los energúmenos si vieran bajar otra tropa de blanco Neptuno abajo? Especulaciones de estratega sin experiencia. En fin.

La adrenalina se respiraba incluso dentro de los taxis particulares desviados. Curiosidad, morbo, necesidad de cazar. Todo había sido tan fácil. El poder no debe arriesgarse a estas demostraciones de debilidad. Yo mismo pude haber corrido contra el cordón de cerdos dormidos y perforarlo como un proyectil. Pude haberme dado candela como una mujer despechada (los policías orientales hubieran entendido bien de cerca este código). Pude gritar locuras. Hacerme enjaular con una camisa de fuerza en las ambulancias. Saltar dentro de una pipa de agua o morder los bafles justo cuando Silvio Rodríguez rasgara las cuerdas de su poesía peor (difícil de distinguir). Pude haber incluso infartado y sería ahora el muerto número no sé cuántos del MININT.cu en los últimos meses (lo soy, entérate de una buena vez).

Patria, no me dejes tan solo, coño de tu madre. Patria padrastro, patria impuesta, patria déspota, patria impoluta como las guayaberas de los presidentes y los verdugos (y los disidentes en sus recepciones embajatoriales), patria perfecta, patria paisaje imperdonable, patria perdida para siempre: soy yo, Orlando Luis. Te veo toda, estoy ciego. Te leo toda, soy ubicuo. La carne de tus fachadas será mi mejor mortaja entre dos fechas. Habana, ábrete y trágame, lapidaria.

Necesidad de una guerra civil. Los bárbaros ya están bautizando caballos de raza en el Senado enemigo. Animalia de la democracia crasa, cuerpos en libido súbita, eyaculación sin ayes ni ataduras (sólo dolor de los músculos macerados, emasculados, histerectomizados). Necesidad de delimitar el delirio de nuestros discursos (¿cómo me atrevo a teclear esto precisamente yo?). Vaciar las bibliotecas de todo sistema posible. Deshabitar en el desagüe de lo micro, como la mueca de esas viejas que abrían azoradas la quijá y se sentaban en la peste de su contén a ver el cadáver de los segurosos pasar. La Ley es Guerra (parece un tatuaje de Los Aldeanos). Necesidad de protagonizar, Padre, porque no sabemos lo que haremos. Trancados o a trancazos dentro del templo claustrofóbico en que hemos convertido nuestra desmemoria del no-futuro (eso es ya harina de otro pentecostal). Cruzando guiños seropositivos hasta con las jineteras de bares baratos, buscando desconsolado un latigazo mínimo de lucidez. Me muero, me matan. El niño aquel, senil. Inclinando moribundo de tedio y horror mi cabeza sobre el cuello amado y olvidado, en un almendrón yanqui amordazado a andar sólo con luz brillante. Yo tampoco pude tener un Buick. La vida está en otro taxi. Basta de sílabas. Basta de simulaciones. El diablo son los diálogos. Nación sin noción de no serlo. Necesidad de una guerra incivil. Argh.

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