Archivo por días: noviembre 16, 2011

Derechos humanos

Es la mañana del domingo veintitrés de octubre del año dos mil once. La mujer lleva una de sus gemelitas colgada a cada mano, y transita rumbo a la iglesia, el auto de la policía que la sigue se le acerca, se detiene, desciende una mujer con el uniforme verde olivo, el traje con que Fidel bajo de la sierra seguido de los barbudos, se le coloca delante, y le obstruye el paso.

No iras a la iglesia, sube al auto; le ordena con autoridad y desdén.

Las pequeñas niñas rompen a llorar, casi gritan presas del terror, las abundantes lagrimas le ruedan por las rosadas mejillas, nerviosas se aferran indefensas a la madre también indefensa, las palabras del chacal vestido de verde vuelven a herir la mañana, ahora están llenas de sarcasmo e ironía.

Tus niñas lloran, sube, no iras a la iglesia, hoy tu Dios esta dormido, tu plegaria no lo despertara, la mujer alega compasión mientras mira a su dos angelitos gemir desesperadamente, el dolor se le anuda en la garganta, luego lo traga, le baja hasta el pecho, penetra, parte en mil pedazos el corazón y se le entierra en el alma, entonces grita: Ese llanto será cobrado por justicia, no por venganza, una sonrisa burlona aflora a los labios del chacal verde olivo, que se regodea en su heroica y patriótica hazaña. En la calle, la vida parece transcurrir normal, la gente pasa y miran la escena discretamente, nadie se atreve a inmiscuirse, demasiados problemas tienen para buscar el sustento diario, a unos el miedo del medio siglo incrustado por la dictadura, en el genoma como carácter hereditario, los paraliza, otros están ausentes de la realidad de Cuba, el estricto control sobre los medios de comunicación y difusión, se encargan de falsear la realidad, y ocultar bien estos hechos, un señor se detiene por un instante, y hace un gesto desaprobatorio, pero no dice nada, de su boca solo sale un pichis y echa andar de nuevo, en una esquina un perro sarnoso, alza la pata trasera y sombrea la pared con un grafitis. La mujer no sube al auto, se resigna ante la fuerza del poder, desanda el trayecto a su casa.

La mujer es Katia Sonia esposa del sacerdote Ricardo, una de las damas de blanco yendo a la casa de DIOS, esta es Cuba, la Cuba que reclama en las naciones unidas derechos humanos, la Cuba que reclama al mundo cese del embargo, la Cuba que reclama libertad para los cinco inocentes espías, que fueron a luchar en contra del terrorismo del derecho, y se olvidaron de este terrorismo sin derechos, Cuba, de cientos de médicos, de miles de maestros, Cuba de círculos de la infancia y escuelas especiales, Cuba internacionalista, Cuba libre e independiente, pero que si esos médicos, maestros, infantes y aún los imperfectos, no le sirven al poder, están excluido de la categoría humana, seas, niño o niña, adolecente, joven o anciano, hombre o mujer, vivo o muerto. Mañana se cumplirá un aniversario mas de las naciones unidas, ¿que ironía? y el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, estará en su cómoda silla, reclamando derechos y representando a la Cuba de Katia Sonia y sus niñas que sollozan, pero ese llanto no llegara a escucharse, desgraciadamente, los aullidos de los chacales verde olivo lo impedirán y la humanidad absorta en su concupiscencia no prestara atención, hasta que estos niños y niñas que gimen no mueran o se pierdan junto a sus padres.

Nuevas puertas en el muro. / Miguel Iturria Savón.

A principios de noviembre los cubanos de la isla y el exilio comentan los pro y los contra del decreto 288 que modifica la Ley General de Vivienda de 1988, la cual impedía la compra venta de inmuebles, despojaba a los propietarios que emigraban del país y dificultaba la transmisión de  las casas mediante decenas de normas y prohibiciones que favorecieron la corrupción de millares de empleados a todos los niveles.

El decreto es como una puerta en el muro del entramado burocrático insular, pues para sobrevivir la dictadura necesita abolir las medidas más absurdas y flexibilizar la vida de las personas, a fin de concentrarse en los retos impuestos por la crisis, la dependencia externa, los avances tecnológicos y desmontar las gratuidades concedidas antes de 1990.

Hasta ahora los cambios no son esenciales, mas la necesidad de liberar algunos sectores de la economía y limitar la corrupción permite hablar de movimiento. Cuba se mueve al compás del semáforo. El poder alterna la luz roja con la verde y el amarillo como bujía de esperanza.

Veamos esos verdes que sacuden la telaraña estatal y abren senderos de libertad:

  • Del 2008 al presente entregaron en usufructo personal un millón 300 mil hectáreas de tierra de los 6 millones 600 mil dispuestas para la agricultura.
  • Ampliación del trabajo por cuenta propia al autorizar casi 200 oficios privados. Existen 333 000 cuentapropistas, de ellos mil 438 dueños de mini restaurantes.
  • Inicio del despido de un millón y medio de empleos estatales, lo cual afecta a los obreros pero los libera de su habitual dependencia y sanea la economía.
  • En septiembre fue aprobada la compraventa de automóviles viejos para los cubanos, y de nuevos vehículos para extranjeros residentes y empleados autorizados por el gobierno.
  • Se autorizó la compra de celulares, computadoras y otros equipos electrodomésticos, además de la construcción de viviendas por “esfuerzo propio”.

“Del lobo un pelo”. Las reformas son lentas e insuficientes. Todavía la luz roja garantiza la gobernabilidad. Veamos:

  • El Partido Comunista conserva el monopolio político-estatal mediante el control de los medios de comunicación, la enseñanza, la economía, el sector de la salud, la administración pública, las fuerzas armadas y la policía.
  • Las leyes penalizan a la oposición y cercenan las libertades de expresión, prensa, asociación, reunión, elecciones y otros derechos.
  • Pese al flujo migratorio legal de 38 mil personas al año, los cubanos que viajan dependen del costoso Permiso de salida estatal, mientras los exiliados necesitan el Permiso de entrada.
  • El gobierno liberó a más de cien presos políticos, pero incrementó la represión contra la oposición pacífica.
  • La eliminación de subsidios, el aumento de los impuestos y el cese paulatino de la canasta familiar acrecienta la pobreza colectiva.

Parece que no, pero tanto control puede ser el “Talón de Aquiles” de las autoridades, incapaces de resolver la inoperancia del sistema, la corrupción endémica, el robo como medio de vida y la dependencia económica de Venezuela, China y otros aliados. El gobierno compra el ochenta por ciento de los alimentos que consume el país.

El dilema no radica en la voluntad de cambios de los de arriba ni en la creación de oportunidades para sacar a los ciudadanos de la pobreza, sino en abrir las puertas del muro, poco a poco o abruptamente, según el empuje o la impaciencia de los de abajo.

Nota: Publicado inicialmente en Cubanet.

Share

Ambulantes o caminantes

arrendadores_por_cuenta_propia

“Quiero una rosquita con merengue”, decía el niño de uniforme rojiblanco a un vendedor que no paraba de caminar de aquí para allá. Una banda de tela ancha le baja a éste desde los hombros y sostiene la caja de madera y acrílico repleta de panetelas, bizcochos y pasteles. Tony es el dulcero más conocido del barrio. Abrió su primer kiosco de confituras hace más de una década y ha pasado por todas las etapas del emergente sector privado en Cuba: el entusiasmo, el fastidio, los números que no cuadran y hasta la devolución de la licencia. Ahora vive un nuevo renacer junto a los 346 mil trabajadores por cuenta propia que –especialmente en el último año– se hacen notar por las calles de todo el país.

Esta vez, Tony no quiso mantener la caseta diminuta donde vendió tantos turrones de maní en las afueras de la terminal de trenes de Tulipán. Los altos precios de arrendar un área estatal le hicieron desistir de su viejo puesto entre el bullicio de la avenida y el pitido de las locomotoras. Hábilmente, se percató de que la licencia de “vendedor ambulante” tenía gravámenes más bajos y decidió lanzarse a caminar las esquinas y las afueras de las escuelas. Calculaba que así no debía gastar en electricidad ni salvaguardar su kiosco con media docena de candados para que no le robaran en la noche, mucho menos tendría que aceptar a los policías comiendo sin pagar en el pequeño mostrador. Renunciar a un espacio fijo para tener la movilidad de sus dos piernas parecía ofrecerle sólo ventajas.

Sin embargo, en las letras pequeñas del contrato de “vendedor ambulante” no queda claro cuánto tiempo puede permanecer Tony parado en un mismo lugar. Cada inspector interpreta a su manera la estadía permitida a estos “dulceros nómadas” en un sitio . Así que, en lo que va de mes, nuestro emprendedor de barrio ha gastado tanto en pagar multas y en regalar magdalenas a esos implacables supervisores que los altos números de su licencia anterior se le han quedado chicos. Ahora, Tony tiene una fila de niños detrás pidiéndole una rosquita aquí, una empanada de hojaldre allá, sin poder detenerse. Camina desde la calle Boyeros a la presumida avenida 26 y se pregunta por qué este sector emergente tiene que quedar atrapado entre tantos absurdos, entre tantas limitaciones. Una decisión está tomando forma en su cabeza: la de pasar a formar parte de ese 25 % de cuentapropistas que ha cancelado definitivamente su licencia.

“Vinci”: Leonardo y Mick Jagger contra el Guajirismo Intelectual

Cuando leo el nuevo episodio que vive Eduardo del Llano con su película “Vinci” no admitida en el venidero Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, no puedo evitar la memoria de un simpático pasaje en mi corta historia como guionista de televisión.

A los productores de un espacio televisivo dedicado al cine en mi ciudad oriental, cierta vez se nos ocurrió proyectar un adefesio tremendista como aquel “300” basado en el cómic de Frank Miller. La idea era desmenuzarlo en una introducción con análisis históricos que el filme ni de lejos superaba.

Jamás, a pesar de televisar filmes cuestionadores del basamento totalitario nacional, recibimos censura alguna. Comprendimos después: eran propuestas demasiado elevadas para el coeficiente de nuestros censores.

Sin embargo, justo la noche dominical en que “300” iba a tener su proyección televisiva en Bayamo, Cuba, un teléfono de la televisora recibió la orden del Partido Provincial: no podía salir aquella película al aire.

¿La razón?, un diligente censor cultural leyó esa noche en el diario Granma una crítica donde se acusaba a “300” de ser una manipulación de Hollywood contra los persas, tatarabuelos de los actuales súbditos de Mahmud Ahmadineyad. No, definitivamente no: prohibido hacerle el juego al imperio contra los hermanos iraníes.

Pienso en esto, inevitablemente, luego de leer el argumento por el cual “Vinci”, la ópera prima cinematográfica del ingenioso Eduardo del Llano, ha sido rechazada por la “Comisión de Selección” (cacofónica donde las haya) del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

Resumamos la cartita en una oración: su película no fue aceptada porque no abordaba un tema latinoamericano.

Sí, Eduardo es tan latinoamericano como que vive entre calurosas paredes habaneras, su película es tan latinoamericana como que es una producción del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), pero su obra, ¡horror!, se atrevió a mirar la universalidad desde un pasaje imaginario en la vida del genio Leonardo da Vinci, y eso, la “Comisión de Selección”, mapamundi en mano, sabe que “no queda en Latinoamérica”.

Ah… qué delicioso pasaje. Qué juego de ironías: el director de la serie de cortometrajes protagonizados por Nicanor O´Donnell (Luis Alberto García), de repente se descubre protagonista de uno de esos alucinantes absurdos que pueblan sus cortos.

Porque el hilo conductor que enlaza la censura de aquella efectista y mediocre película que queríamos mostrar y diseccionar para el público de mi ciudad, y esta censura con guante de seda que se le aplica ahora a Del Llano con su cinta, podríamos definirlo con un término deliciosamente criollista: guajirismo intelectual.

Tiene matices políticos en unos casos, matices nacionalistas en otros, pero tiene un mismo basamento a nivel de cerebro: el guajirismo del intelecto.  

El guajirismo no es una condición humana ni un accidente geográfico. Es, ante todo, una proyección del pensamiento. Aunque aplicada a los campesinos cubanos, y por extensión (desde ese “habanocentrismo” que, puestos a hablar desde lo universal, tan bien rima con “guajirismo”) a todo cubano que no es nacido en La Habana, creo que la definición de guajiros intelectuales retrata esa suerte de cerrazón mental, de chovinismo ridículo, que padecen ciertos círculos pretendidamente intelectuales de Latinoamérica y que en Cuba –¿dónde si no?- alcanza una soberana consumación.

Se trata de una deformación mental tan podrida de patrioterismos, provincianismos, de valores que en nombre de algún mandato supremo que desconozco “hay que defender”, que no puede menos que ser aborrecida por quienes tienen a bien el arte verdadero.

En 2008, un peruano que de guajiro intelectual no tiene ni la sombra, Francisco Lombardi (responsable de algunas de las más memorables películas latinoamericanas de los últimos años) fue el Presidente del Jurado de ese mismo festival habanero. Jamás olvidaré la amarga frase con que me definió en una entrevista gran parte de la producción cinematográfica que se hacía en la región: “un arte que se mira el ombligo, un arte para cuatro espectadores supuestamente sesudos que aplauden en una sala provincial”.

Desafortunadamente para Eduardo del Llano, su “Vinci” no quería recrear el drama de una familia minera de Bolivia, ni las masacres de los narcos en México, ni la emigración centroamericana, ni era una patriotera denuncia contra la presencia británica en Las Malvinas.

El director quiso recrear un fragmento del Renacimiento que enriqueció el genio nacido en Vinci, sazonando su historia con algo de cultura musical Rolling Stones (para conformar el amaneramiento bisexual del Leonardo), y eso, claro está, no forma parte de la oda al guajirismo cinematográfico que evidentemente marca la pauta en el festival en La Habana.

No dejo de pensar en cuál habría sido el destino de Luis Buñuel pretendiendo colar sus piezas surrealistas en la competencia de cine latinoamericano de Cuba; no dejo de pensar en el anonimato que habría padecido un Borges habanero, que por no tratar en sus relatos “la realidad latinoamericana” jamás habría sido promocionado en la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Y no dejo de pensar, tampoco en la inagotable producción de funcionarios, censores, burócratas ilustrados, comisiones de selecciones, patrocinadores del guajirismo intelectual más afianzado a la cultura nacional, que exhibe una Isla donde Severo Sarduy es menos conocido que Miguel Barnet, Tomás Sánchez menos que Kcho, y donde todavía se emplean medidores políticos y temáticos para definir lo que pertenece al arte de Latinoamérica y lo que no. 

Espero que esa rara avis del audiovisual cubano que es Eduardo del Llano haya aprendido la lección: mientras tanto guajiro intelectual sostenga las riendas de la política cultural de su país, que se conforme con la exhuberante difusión underground que tiene su obra dentro y fuera de la Isla, y que no pretenda “enrarecer” la atmósfera del folclórico Festival. 

(Publicado originalmente en Martí Noticias)

Lo mismo es 3,14


La situación que hoy se vive en la actualidad, me recuerda cuando estaba en 7mo grado en la asignatura de “Historia de Cuba” una pregunta en aquel entonces recordada por mi cuñado en una tarea que le mandaron hacer, la pregunta era la siguiente:

¿Cuales fueron las causas que hicieron que estallara la guerra de los 10 años (1868-1878)?

1-En esta unas de las causas eran la contradicción colonia-metrópolis.

2-La situación económica.

3-La opresión política y situación social.

4-Los derechos del ciudadano.

Se hablan de estas cosas con gran orgullo lo cual trajo consigo el comienzo de la guerra de independencia, por la gran situación asfixiante. Al parecer no se les conmueve la conciencia por lo que este sistema castrista nos esta haciendo pasar. Por lo menos no han de dormir bien ya que toda esta información que ellos han llevado a los libros para poner ejemplos de lo que antes era y lo que se es ahora.

Controlan a la juventud por ser el motor propulsor de cualquier meta pues ellos cuando jóvenes cambiaron el futuro de la isla caribeña cubana. Una historia de tanta sangre y tantas promesas no cumplidas que cada vez acumulan más y más decepciones con una fuente desbordada hace rato por líquido inflamable con gran octanaje y milagrosamente no se prende. Acaso estas situaciones de 1868 y del 2011 no tienen el mismo efecto para parar lo que hace rato debió ser evitado.

La manipulación por parte de la inteligencia en la época donde triunfo la revolución, cuando la población tenía grandes creencias religiosas se organizó un acto de magia donde una paloma blanca se poso en Fidel Castro Ruz dándole a demostrar al pueblo que era como un elegido para llevar adelante el país.


Granma vs. Grammy

Previo a la entrega de los Grammy latinos se divulgaban los nominados entre los músicos de nuestra isla… que viven dentro de nuestra isla: Omara, la diva del Buenavista Social Club con un disco de música infantil, Adalberto Álvarez con su habitual presencia en el apartado de música tropical, el Septeto santiaguero.

Luego de la noche de premiación: titulares para Calle13, los grandes de esta edición de los Grammy, ¿y quién más? Misterio.

El tratamiento en la prensa de este evento de carácter cultural, ilustra cómo la mentalidad de los periodistas cubanos dentro de las instituciones oficiales no va a cambiar. No pueden.

Independencia: panacea o tragedia?

FotoPeter Deel

Escribiendo sobre temas históricos, desempolvé el Siglo XIX cubano, y con él lo relacionado con las corrientes anexionista, reformista, autonomista e independentista. Profundizando en cada una de ellas, llegué a algunas conclusiones polémicas y, regresando en el tiempo, me trasladé hasta nuestros días, donde algunas vuelven a tener actualidad, aunque, en algún caso, cambiando de nombre pero no tanto de contenido.

Ante la crisis generalizada en que se encuentra inmersa la nación cubana, una gran mayoría plantea, cada vez con mayor fuerza, la necesidad de introducir profundas reformas de carácter económico, sin soslayar algunas, aún tibias, de carácter social y político. Estos nuevos reformistas, como es habitual, han sido combatidos por las autoridades estigmatizándolos, el cual constituye su método preferido. No satisfechas con ello, han ido aún más allá, y hasta han aprobado artículos constitucionales negando cualquier posibilidad de cambio y eternizando el inmovilismo. Pensar que con leyes y decretos se puede frenar el desarrollo social es totalmente absurdo, además de una negación de la dialéctica, pero forma parte de nuestra enajenación cotidiana,
de nuestro socialismo tropical.

Desde la tribuna oficial, la defensa de sus posiciones se ha centrado en enarbolar, una vez más, el independentismo como condición indispensable para la supervivencia nacional. Aunque es una palabra que suena bien, y ha sido utilizada con demasiada frecuencia, a mi me ofrece grandes dudas. Después de obtener la independencia en 1902, nuestro país ha disfrutado de muy pocos años de verdadera tranquilidad política, destacándose negativamente las luchas fratricidas del primer cuarto de siglo, la dictadura de Machado, la de Batista y el modelo actual. Lo construido, a pesar de todos los contratiempos, en los primeros cincuenta y seis años independientes, ha sido destruido en estos últimos cincuenta y tres años, también denominados, casualmente, independientes, y donde la palabrita de marras, ha estado presente desde que uno se despierta hasta que se duerme, incluyendo los días festivos.

Además, si hacemos caso a la propaganda oficial, en los primeros cincuenta y seis años no fuimos independientes, pues estábamos sometidos al gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica. De ahí los calificativos despectivos de seudo-república, república mediatizada, neo-colonia, etcétera. En la gran mayoría de los otros, si hacemos caso a la realidad, tampoco fuimos independientes, pues estábamos sometidos a los soviéticos.

Tal vez, perdónenme los patriotas, hubiéramos sido más desarrollados y felices unidos a los Estados Unidos. Al menos, no habríamos tenido baches históricos ni tantos dictadores, ni habríamos perdido tantos años casi un siglo-, ni caído en el proceso involutivo actual, que ha retrotraído al país hasta los comienzos del Siglo XX.

Hablar de anexión hoy es un absurdo, no porque sea algo terrible, sino porque no se corresponde con la época: actualmente los términos utilizados son integración y globalización, que representan la unión libre de países independientes, en cuanto a su economía, política, proyectos sociales, etcétera. O sea que, pasados los años, la sacrosanta independencia de los Siglos XIX y XX, ya no lo es tanto en el Siglo XXI, y ha perdido su vigencia, dando paso al reformismo, utilícese la denominación que se utilice para nombrarlo. Todo cambia, y esto es una muestra de ello. Aferrarse al pasado, reciclar palabras desechadas por el tiempo, es sólo un entretenimiento inútil. Se impone lo nuevo y, para ello, son necesarios los cambios: sin cambios, sin renovación, no existen ni soluciones ni desarrollo. El criticado capitalismo ha demostrado su capacidad de transformarse, abandonando lo caduco y aceptando lo nuevo. El alabado socialismo no fue capaz de hacerlo y desapareció. Tratar de revivirlo retocándolo es perder aún más tiempo. Retomar las viejas banderas del independentismo, la soberanía a toda costa y el patriotismo estrecho, es carecer de perspectiva histórica además de, si se hace de buena fe, un error.

Normativas sobre vivienda mantienen restricciones para los cubanos

Laritza Diversent

Las regulaciones en materia de vivienda, promulgadas recientemente por el gobierno de Cuba y que entraron en vigor el pasado 10 de noviembre, dejan intactas regulaciones que impiden el pleno ejercicio del derecho de propiedad.

Como parte del cumplimiento de los Lineamientos aprobados en el Sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba en abril pasado, el Consejo de Estado publicó el Decreto-Ley 288 que modifica la “Ley General de la Vivienda”.

La nueva normativa permite a los propietarios, cubanos y extranjeros residentes permanentes en el país, disponer libremente de sus viviendas, por medio de permutas, donaciones y compraventa.

La disposición del Consejo de Estado eliminó la autorización de la Dirección Municipal de la Vivienda exigida a los propietarios que decidieran permutar o donar sus inmuebles. Sin embargo, dejo intactas las normas migratorias para la capital y para las zonas sometidas a régimen especial de administración, que impiden el pleno ejerció del derecho de propiedad.

En el sistema legal cubano, está vigente el Decreto 217, que establece las “Regulaciones migratorias para la ciudad de La Habana”, a la par que limita la libertad circulación dentro de la Isla y el derecho a escoger en él, el lugar de residencia.

Este decreto obliga a las personas que se adjudiquen por herencia, legado, donación, compraventa de una vivienda ubicada en la capital, solicitar respecto a su núcleo familiar, un permiso de residencia y circulación, a los Presidentes de los gobiernos municipales.

Las instituciones estatales exigen a los ciudadanos que no estén domiciliados en la capital, para realizar cualquier trámite de cambio de domicilio en la capital, un dictamen emitido por la Dirección Municipal de la Vivienda, que acredite el cumplimento de los preceptos de esta norma. Igual tramiten deben realizar los que arrenden o permuten los inmuebles de su propiedad.

En la isla también existen zonas declaradas especiales o de alta significación para el turismo, sometidas a régimen especial de administración, por mandato gubernamental, en las que se exige un permiso para residir.

El Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros declaró en 1995, zona de alta significación para el turismo al municipio La Habana vieja, en la capital, y en el 1997 a Varadero, en Matanza. Los residentes, o los que pretendan domiciliarse en estas localidades, necesitan autorización para permutar, arrendar u obtener la propiedad de una vivienda, antes de recurrir al Notario Público.

La libertad para disponer del patrimonio personal, representa un paso de avance en el respecto de los derechos de los cubanos, pero nunca será completa mientras el gobierno siga ignorando otros de igual valor e importancia, como lo es, la libertad de circular dentro del territorio nacional y escoger en él, el lugar de residencia.

Filed under: Mi Isla

Pequeña memoria de la estafa gubernamental

Lo último que ha podido subsistir del patrimonio de los cubanos es la vivienda, debido a la voluntad totalitaria Fidel Castro, que dispuso por más de cincuenta años que todo era de su propiedad y solo él decidía qué era de quién y cuándo dejaba de serlo. Por suerte o por desgracia, el hogar es lo único que no se permitió sacrificar para sobrevivir la debacle por más de cincuenta años. Pronto aquella prohibición de venta de los bienes y raíces, quedará en el recuerdo.
A la población cubana, en la década del ochenta, se les despojó de las joyas heredadas de sus ancestros; ancianas que, por satisfacer a sus hijos y nietos y aliviarles la extrema pobreza, entregaron sus alhajas a cambio de unos billetes “chavitos”, que sólo tenían valor en una tienda dispuesta para la ocasión, donde los precios de los artículos eran irrisorios. Y todo funcionaba como un robo porque no existían otras tiendas donde pudieran obtenerse esos productos que no tenían nada de especial, que no fuera la ocasión de adquirirlos.
En aquellos tiempos poseer dólares era penalizado con sanciones de años de cárcel. La población enfrentaba el engranaje perfecto de un chantaje gubernamental que dejaba muy mal situada, ante los familiares, a aquellos dueños de las heredades que se negaban a perder el sacrificio y la memoria de sus antepasados. Al final, las ancianas que entregaron hasta sus anillos de compromiso, reliquia que exhibían en sus manos como vitrina de profundos sentimientos, lo hicieron con una mezcla de dolor y satisfacción por complacer a sus familias, pero les quedó la percepción que fueron timadas al igual que los indios a la llegada de los españoles, cuando intercambiaron las pepitas de oro por vidrios de colores.
El Estado también les compró sus jarrones de porcelana, plata y oro, los cuadros de pintores que sus antepasados colgaron para admirar en sus paredes, muebles de estilo. Riquezas que fueron a las arcas de los políticos o de sus familias y duermen en cajas de seguridad en bancos extranjeros. Quito lo del holocausto a los judíos porque se me hace un exceso, aquello fue por la fuerza y les sacaban hasta los dientes de oro.

Un pueblo como la caña: exprimido
La sociedad cubana ha sido saqueada espiritual y materialmente como la caña, que en múltiples ocasiones es pasada por el trapiche y pierde la consistencia, se deshace en bagazo y polvo. Lo doloroso es que todo ocurre bajo el silencio total, égida y complicidad de los funcionarios e intelectuales cubanos que se ahorraron los comentarios por el miedo que siempre les acompaña en su alma artística. Callaron ante el gran robo que significó aquel cambio de joyas por panes. Una vez no cumplieron aquel papel tan cacareado de que el intelectual es la voz de la sociedad, su abogado defensor, la memoria viva. Pero prefirieron darle la espalda al pueblo y a la historia que los recogerá en su justa medida.
Pero las circunstancias han cambiado tanto para la cúpula gobernante, que no le ha quedado más opción que revisar sus medidas extremistas y abrir el banderín, siempre en aras de su beneficio, olvidando los repetidos y extensos discursos que aseguraban que “la propiedad privada jamás regresaría a Cuba”. ¿Se han preguntado cuánto dolor debe causarle a Fidel Castro ver como se le desvanece en vida todo el castillo de naipe que nos obligó a visualizar, a creerlo como si fuera cierto y lo hubiéramos palpado? ¿Qué debe estar sucediendo y qué planes tienen que han comenzado a devolver algunas pequeñas libertades que antes quitaron y que les hace sentir que pierden su apreciado “poder”? Con seguridad es la misma sensación de impotencia de los amos cuando obligados vieron partir a sus esclavos libertos. Porque no debemos engañarnos, ninguna medida de este Gobierno jamás será para mejorar al pueblo, ni siquiera para devolver las libertades y derechos que le corresponden al ser humano.

El derecho de nacer… ¿en el lugar equivocado?

Por estos días se ha aprobado la venta de casas, algo que ya se venía pregonando. Pero hace más de un año también, como por “casualidad”, comenzaron en Cuba, después de cincuenta años de inmovilismo, a actualizar los Registros de la Propiedad. Todo se ha hecho con la mayor urgencia. Ha sido un llamado obligatorio a las empresas estatales, y de ineludible gestión de los ciudadanos para cualquier trámite con su vivienda. En cada municipio se han abierto las oficinas para asentar en los libros al propietario actual. Un movimiento con la mayor premura y presión. Saben que el tiempo se les acaba. Para ello se han entregado los locales para dichas oficinas, impartidos pequeños cursos de adiestramiento, impreso modelos que en la marcha han corregido, entrega de computadoras, archivos y material de oficina. Las visitas del Director Provincial de Justicia, y de los funcionarios políticos, es constante. Ellos también son presionados a otras instancias. Tienen que responder a cuánto asciende lo registrado a partir que se recibió la orden. El primero que comenzó la tarea, desde sus funciones como Presidente del Gobierno (Alcalde de La Habana), Juan Contino Aslan (que en paz descanse su pequeño poder), fue relevado del cargo, hasta ahora en “plan piyama” (dicen que por hacer lo mismo que sus antecesores y modelos políticos, entregar casas a sus amantes).
El Gobierno de Cuba no hace ningún movimiento que no le resulte una compensación. Pero en este caso, toda la parafernalia nos lleva a que la verdadera intención es la de recoger las antiguas propiedades pertenecientes a los viejos propietarios que abandonaron el país o fallecieron en Cuba.
El objetivo es borrar el pasado. Cuando el Estado obtenga en su poder todas las viejas propiedades, las harán desaparecer y, ante el Registro, solo quedarán las propiedades actualizadas. Ningún propietario “nacionalizado” a partir del 1959, ni sus herederos, podrán reclamar algo que no existe ni pueden probar documentalmente.
Quizá algunos se hayan llevado las propiedades al exilio, pero fueron los menos. Y podría creerse que es un gesto loable de los Castro para asegurarles a los cubanos que no serán echados a la calle cuando el inevitable cambio político asome; pero eso sería una ingenuidad. La razón real es que el grupo de poder intenta esconder sus propiedades familiares, que fueron confiscadas o inventariadas después de la partida de sus propietarios originales. Dentro de la gran montaña de movimiento de papeles que conllevan dichas inscripciones se perderán las personales. De paso, asegurarles a sus generales y acólitos que tampoco perderán sus intervenidas posesiones que les entregaron cuando llegaron al poder.

El país que se desangra

Los cubanos, en este carnaval de pequeñas libertades desconocidas, en su desesperación de cambiar su realidad, en el anhelo de hacer cumplir algunos sueños, sobre todo el de emigrar, podrían vender sus hogares. Los que desean quedarse en la isla, piensan en lo inmediato, que el dinero resolverá todas sus necesidades de prioridad: comer, vestir y dormir sin la tortura de no saber qué comerán al día siguiente. El Gobierno ya se ha encargado de advertir que “no se responsabiliza por las malas decisiones de los propietarios y luego de gastar el dinero terminen en viviendas en mal estado y les ocurran derrumbes, o se vean errantes sin un techo donde cobijarse”.
Una vez más, nos preguntamos qué función tuvo esta supuesta revolución, qué se supone que se hizo para garantizarle al pueblo una vida segura con igualdad de derechos. ¿Qué ganamos por padecer una dictadura por más de cincuenta años si al término nos encontramos vendiendo lo único que poseemos, o mejor dicho, fue lo único que pudimos guardar? Y lo peor, que un Estado “socialista”, se desentiende de su pueblo, que fue su único estandarte y justificación en esta larga marcha de agonía.

El saco del Comandante
De niño pensábamos que el “coco” vendría por nosotros, por nuestro cuerpo, venía a recogernos por no comernos toda la papa (entiéndase boniato), o por no acostarnos temprano. Luego de crecer sabemos que el hombre del saco sí pasó por nuestras vidas, y se llevó en su fardo más que las riquezas y pertenencias familiares, las vidas y los sueños de mis abuelos, padres, hermanos, amigos, las mías a las que aún me aferro con las uñas y los dientes para que no sean arrebatadas, y ya manipula la de mis hijos y ahorita, si se lo permitimos, la de los nietos.
El Estado cubano, por más de medio siglo, se ha detenido frente al monstruo del “capitalismo” que describía en crítica constante, niños que asustaba conque “viene el coco”, y ha sido tanto su estudio minucioso del original, que por reflejo ahora se ha convertido en su imagen, “el hombre del saco que viene a llevarnos”, así nos asusta con el capitalismo la propaganda comunista.
Los cubanos hemos sido estafados. El Estado socialista lentamente va cediendo las ideas con que quiso eternizar la dictadura, un franco retroceso al capitalismo. Con las diferencias que ahora se estará más desprotegido porque no se tiene el conocimiento ni la infraestructura familiar ni social, para enfrentar y sostener una vida con dignidad.
La gran diferencia radica en quiénes son los únicos ganadores del cuantioso sacrificio de millones de cubanos en este más de medio siglo. La familia Castro vive en mansiones lujosas, poseen varios autos, yates, viajes constantes, negocios prósperos, fortunas y propiedades en otros países, en definitiva, disfrutan de una entrada económica que les permite vivir como millonarios.
El principio del siglo XXI ha comenzado a ser su final. Intuyen que se les acaba el tiempo. Lo único que no saben es cómo y qué idear para que su familia mantenga su estatus y riquezas, y asegurar, por supuesto, que luego no sean devueltas al pueblo cubano.
Mientras prolongan las estrategias de ventajas usureras de los gobernantes Castro, los sueños de los cubanos de libertad y próspera economía, se aplazan, continúan en plena postergación.

Ángel Santiesteban Prats