Archivo por meses: diciembre 2011

No es la misma agua

voces12lunes

Mi pequeño homenaje de fin de año para los comentaristas

Cae agua desde los balcones. Son las doce de la noche y cataratas sonoras se precipitan desde las ventanas, desde las puertas que dan a la calle y los patinejos. Es el líquido sobrante de un lento fregado, el residuo de un baño nacional hecho a golpe de jarrito y sin jabón. El cuerpo del país mal lavado, con churre aquí, frustraciones allá, oliendo a sudor pero aún así con la coquetería de echarse talco en las axilas, perfume por encima del hedor, con el pañuelo de guapo secándose la frente. Si ese torrente de medianoche hablara, si en lugar de terminar sobre el asfalto y salpicar a los curiosos, dijera algo. Sería un grito, un estertor. El agua ha sido el ingrediente permanente de cada 31 de diciembre, el más constante. Cuando faltaba el cerdo, los tomates, cuando incluso una libra de arroz costaba la mitad de un salario mensual, teníamos todavía tan elemental y complejo líquido para descargar con él la ira, la frustración, el miedo. Los padres esparcían la comida sobre el plato, la regaban para que pareciera más, pero a la hora de tomar el cubo y lanzar su contenido hacia la oscuridad no escatimaban. Iba repleto, rebosado, como nuestro hastío.

Hace unos días un científico de blanquísima bata explicaba en la televisión que el agua tiene memoria, guarda las impresiones y las huellas de lo que tuvo cerca. Así, los chorros que discurren cada noche de San Silvestre por nuestras fachadas, nos delatan. Si se les pusiera bajo el ojo escrutador de un microscopio revelarían partículas en forma de remo, balsa, moléculas que han adoptado el perfil de una máscara, de un carnet rojo que algunos prefieren esconder en el fondo de una gaveta. Tiene nuestro rictus de por la mañana, el sonido de los nudillos en el lavadero, el borboteo del hervor donde se prepara la tisana. Cada gota de esa sustancia es el informe más completo que se puede escribir hoy sobre todos nosotros. El viaje por las cañerías, las oxidadas y agujeradas de algunos; las nuevas de plástico y teflón de otros. El grifo que se abre de un solo toque o aquel otro remendado con alambre para que no lagrimee por la madrugada. Y, después, cayendo sobre los platos de metal combado que tienen muchos o atomizada por la presión encima de la impoluta vajilla de alguna casa en Atabey.

El niño que se baña dentro de una palangana porque la enjabonadura que suelta tendrá que usarse para limpiar el suelo, y el jubilado de espalda doblada que arrastra la carretilla con tanques desde el hidrante hasta el cuartucho donde vive. Los chorros del jacuzzi de algún hotel, la quietud de las ondas azuladas en una de esas piscinas que sólo se pueden ver desde Google Earth, de tan escondidas tras el seto de marpacífico y el perro guardián de ciertas residencias. No es la misma agua. Secándose en un charco donde la beberá un perro callejero, haciendo una mancha de humedad en aquel techo que no aguantará un año más antes de desplomarse. Aquella que dentro de un vaso hace círculos concéntricos provocados por la voz del interrogador en alguna celda de Villa Marista. ¿Quiere tomar algo? ¿Tiene sed? Pregunta, y el reo sabe que un sorbo de “aquello” quizás lo ponga a cantar como un ruiseñor o le dé una apretazón dolorosa en el pecho. Pero está también la otra, fría y con hielo que nos brindan nada más entrar a la casa de un amigo. El recién llegado quiere averiguar si es hervida, por aquello de las amebas que no se le quitan desde hace años, pero prefiere el riesgo antes que mostrar su desconfianza. El agua con miel y clara de huevo que nos moja los pies en cualquier portal de la calle Reina, porque lo “malo” hay que tirarlo afuera, ponerlo de patitas en la calle o de gotitas en la calle, da igual.

Y entonces, al unísono, sin haber sido orientado ni ordenado por nadie, tomamos una vasija, un cubo y esperamos que el reloj marque las doce. El rito más cronometrado y libre que hacemos cada año, el bautizo con el que tratamos de que esta Isla quede lista para los doce nuevos meses que la aguardan. Pero el agua no alcanza, no basta para limpiar y expulsar los residuos acumulados. La purificación dista mucho de ser completa. Tenemos que repetirla cada 31 de diciembre, afanarnos por lograr vaciar el contenido de nuestros recipientes justo en el segundo en que empieza el nuevo día. Los charcos allá abajo nos siguen denunciando, el torrente habla y en esos diminutos átomos de hidrógeno y oxígeno queda la huella de lo que deseamos. La relación más completa de nuestras aspiraciones desaparecerá en la mañana, se secará nada más salga el sol

Dos años y. de todo un poco

En estos días cumpliré dos años de haber abierto mi blog. No fue fácil para mí tomar esa decisión. Primeramente, tenía que decidir si lo abriría con un seudónimo o con mi verdadera identidad. El miedo es un sentimiento innato al ser humano. Opté como siempre, por dar la cara.

Por supuesto, al principio no me trajo ningún problema, pero a medida que fue pasando el tiempo y fueron ocurriendo nuevos acontecimientos, sobre los cuales comentar, me trajo consecuencias. Algunos amigos muy cercanos me cogieron miedo, se alejaron. Sobretodo aquellos que aún temen poner un arbolito de Navidad ó luces en su jardín, o si las ponen, lo hacen el día último del año, para saludar el triunfo y se apresuran a retirarlas antes de Reyes, para evitar malos entendidos. Otros, sin embargo, me alentaron a seguir, se acercaron a mostrarme su apoyo. Pesó más esto último.

Recuerdo que mi primer post lo tuve que colgar en el blog de una amiga, pues ya tenía material para comenzar a escribir, pero aún no había abierto el mío. Se llamó Wild wild Centro Habana, y relataba las peripecias a que nos vimos sometidos un grupo de amigos que celebrábamos ese fin de año.

Inmediatamente surgieron las críticas, las malas interpretaciones y también las felicitaciones. Me di cuenta que a partir de ese momento, todo lo que yo escribiera iba a estar sometido a un riguroso rasero. Esto no me desalentó, todo lo contrario, me dio más impulso a seguir.

Así, con el transcurrir del tiempo, Por el ojo de la aguja ha ido ganando seguidores, admiradores y detractores. Para referirme a mi país, empecé a emplear la palabra planeta, pues pienso que nuestro terruño no se parece ni se rige por leyes similares a las de ningún otro. Lo que puede ser catalogado de normal en cualquier otro lugar del mundo, aquí es todo un acontecimiento. También los que como yo escriben sin ocultar su verdadera identidad, estamos sometidos a duras críticas y falsas acusaciones por parte del sistema.

En fin, una vez realizado el balance, siento que he recibido más placeres que disgustos continuando con mi bitácora, la cual trato de llevar con relativa frecuencia, a pesar de todas nuestras limitaciones tecnológicas, así como las prohibiciones impuestas, que debemos sortear en nuestro día a día.

Espero seguir contando con el apoyo de ustedes, mis lectores, tomando en cuenta vuestros comentarios, favorables o no, para superarme cada día y continuar llevándoles esas estampas cotidianas que me atañen, y de las que en alguna medida soy también partícipe.

EMILIANA

Patch Work de Rebeca

La casa de la señora Emiliana se había ido deteriorando con el paso de los años sin pintura ni reparaciones pero, aún así, rodeada de edificios idénticos mal construidos y llenos de colorines, erguía su nobleza en el centro de un terreno de cien metros cuadrados, sembrado de árboles frutales y de flores que, como un islote solitario, se negaba a desaparecer.

Refugio de pájaros, el verdor perenne de la propiedad de Emiliana, levantaba la envidia en algunos vecinos del lugar, menos favorecidos por la suerte o con ancestros menos dados al trabajo creador de riquezas. Cada mañana, Emiliana recorría sus jardines y frutales. La acompañaba Howard, su perro pastor alemán, quien ante cualquier intruso comenzaba a ladrar y lo espantaba, mostrándole sus dientes. Hacia el mediodía, después del almuerzo, se le veía en el amplio portal, a los pies de su ama, que dormía la siesta sentada en una comadrita. Así sucedía cada día de cada semana.

Debido a ello, lo acontecido causó tanta extrañeza a todos. Comenzó una mañana cuando, en lugar del conocido paseo matutino de la dama y su perro, el jardín y los frutales se llenaron de niños, que corrían y gritaban como ríos desbordados. Emiliana, sentada en la comadrita, con Howard a sus pies, observaba los juegos. La escena, al repetirse cada mañana, se fue haciendo habitual. Nunca nadie supo de donde acudían los niños ni hacia donde regresaban al terminar sus juegos.

Hoy la casa de la señora Emiliana está vacía y abandonada. Cuentan los más viejos, que la vieron por última vez una mañana en que todo sucedía igual que cada día, sólo que, cuando los niños jugaban, una niña toda vestida de blanco con una cinta amarilla en el pelo, acompañada de un cachorro de perro pastor alemán, se unió a ellos.

Trenes hacia el desastre


En la vida del cubano cada promesa de gobierno parece destinada a convertirse en burla permanente.
Cuando veo las caras de los funcionarios de más alto rango por mucho esfuerzo que haga no me los imagino en los más comunes lugares. ¿Machado Ventura en una cola de tres días para comprar un boleto de tren para viajar a Ciego de Ávila? ¿Esteba Lazo viajando 36 horas entre Matanzas y Santiago de Cuba? Aunque tenga mucho de pieza tragicómica sería bueno aventurarlos a estas realidades que nos suceden a los más comunes de los mortales y no a ellos, los escogidos de siempre.
A veces con unos ejemplos basta. El tren que cubre la ruta Antilla-Holguín y continúa hacia las Tunas para regresar por la tarde al mismo sitio es una de las joyitas del bestiario cubano. Como el llamado puente de Oliver (a escasos kilómetros de su estación en Antilla) está roto los viajeros deben tomar un ómnibus hacia el barrio de Antillita, pero si nada mas ha llovido y hay huellas del roció matinal, el chofer deja a los pasajeros a kilometro y medio de los coches por lo que deben hacer ese trayecto angosto y dificil con todo el equipaje a cuestas, moviéndolos por sus propios medios. A veces un campesino enyuga su buey con una carreta y les ayuda a atravesar en medio del barro por el precio de tres pesos cubanos. ¿Y las autoridades? Bien. Allí he visto a médicos, militares, doctores en Ciencias y policías. Nunca a miembros del gobierno municipal.
Cuando los trenes de itinerario nacional llegan a Camaguey las ferromozas apuran el paso entre bultos y personas sentadas en los pasillos para advertir que han llegado, que abran los ojos y cuiden los paquetes. Aunque ocurre con menor frecuencia los cacos acostumbran a subir al tren, echar bolsos que encuentran en los vagones por las ventanillas, arrebatar prendas y ejercer las artes del raterismo. Hay una estación policial en la zona pero poco se ha resuelto.
En las estaciones intermedias en camino a la Habana sólo venden una decena de pasajes por reservación anticipada de una semana. Este trámite conlleva una cola de varios días y anotarse en no pocas listas. Aún así si usted pretende viajar a la capital del país sólo tiene que ofrecer cien o ciento cincuenta pesos y el día de abordar el tren tendrán el boleto en la mano. Igualmente lo puede hacer subiendo sin el ticket y comprándolo por igual precio entre los funcionarios. Si por el contrario no lleva suficiente dinero se verá en la penosa situación de tener que sentarse en los asientos vacíos que van siendo ocupados por sus dueños en las respectivas paradas. Y le aseguro que a pesar de esos malabares al llegar al destino final, verá cómo siempre hubo una veintena de asientos sin ocupar, propiedad de inspectores, ferromozas y superintendentes.
Les he puesto estos ejemplos sin aderezarles con la mugre, los insectos, y los servicio sanitarios pestilentes con los que premia el gobierno a los ciudadanos ‘de baja estofa’, casi el noventa por ciento de los cubanos que habitamos esta isla.

Recuento

Wilfredo Vallín Almeida

En el plano internacional, el año que concluye nos ha deparado importantes acontecimientos que han repercutido y repercutirán en la vida de los cubanos.

Los sucesos del mundo árabe representan una gran luz de esperanza para aquellos que aún viven bajo la égida del totalitarismo y ya algunos de estos comienzan a adoptar medidas para la democratización de sus situaciones.

Hace apenas algunos días, en una de las ciudades de la propia China, miles de ciudadanos salieron a la calle al morir uno de ellos en circunstancias no claras; derrocaron a las autoridades del partido y expulsaron a la policía declarándose enemigos de la corrupción oficialista.

Lo último que supe  al respecto era que el ejército chino rodeaba la ciudad sin decidirse a entrar en ella. Veremos que dicen sobre esto (si es que lo hacen) los medios noticiosos nacionales.

En el plano nacional las cosas han sido también turbulentas. El cansancio de la población que no quiere seguir viviendo en un país cuyas expectativas siguen siendo oscuras para sus habitantes sencillos.

El gobierno, por una parte, con la ayuda de la iglesia católica,   se mueve en el sentido de abrir muy pequeños espacios donde puedan expresarse algunas opiniones disconformes y por otra, reprime , a los que se atreven a ir más allá y salir a la calle.

Sin embargo, la labor de los periodistas independientes continua impertérrita y aparecen nuevos espacios (Razones Ciudadanas, Estado de SATS) posibilitando que la opinión discordante y argumentada llegue a sectores de la sociedad cubana que antes no tenían ningún acceso a ella.

La reaparición de Eliécer Ávila en estos medios apunta hacia donde se mueven los ciudadanos en la medida en que se dan cuenta de la absurda intransigencia de los que quieren mantener su posición a toda costa sin comprender ni admitir el cambio de los tiempos.

No podemos obviar aquí el martirologio de que se va nutriendo la oposición política cubana. La irreparable pérdida de esa grande de la defensa de los derechos de nuestros ciudadanos, Laura Pollán, me trae a la memoria aquella frase inolvidable del Maestro: “El árbol que da mejor fruto es aquel que tiene debajo un muerto”.

Para detener los acontecimientos que vendrán, quiéranlo o no los que hoy tratan de hacerlo, sería preciso parar el movimiento de rotación de la Tierra y eso no está al alcance de simples mortales, por muy grandes que se consideren a sí mismos.

Filed under: opiniones

Provocación para despedir 2011

Esto es a propósito de una hermosísima presentación que me mandara un lector desde Brasil. En ella se ve al virtuoso violinista Joshua Bell tocando un Stradivarius en el Subterráneo de Nueva York mientras el público presuroso lo ignora.  El hecho, que fue noticia, permite especular con las cosas importantes y hermosas que tenemos alrededor y a las que no apreciamos como es debido.  Cada cual, escoja de esta provocación lo que más le guste.  Les deseo a todos: amigos, conocidos, detractores, enemigos, desconocidos, una parcela de felicidad. (¡Ups!, sonó cursi, pero igual se lo deseo) Hasta el año que viene.

Razones suficientes,.

Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)

El problema racial ha sido la causa fundamental del fracaso de todo proyecto de nación en Cuba.
Quedó demostrado en el fracaso de la guerra independentista contra España. No hay un solo pueblo en América que haya peleado tanto y durante tantos años para no ganar. Fue el problema racial, más que la escasez de armamento y comida, lo que impidió el triunfo mambí.
Muchos de los altos oficiales del Ejército Libertador fueron los que más tarde se convirtieron en los grandes terratenientes del país. Entre ellos no hubo uno sólo negro o mestizo. Fueron más tarde los encargados de continuar la discriminación contra el negro y el mulato en Cuba. Algunos participaron en una triste parte de la historia patria: la masacre de negros y mestizos en 1912.
No es de asombrarse. Muertos Martí y Maceo, ya se les allanaba el camino para dar rienda suelta a sus ínfulas de poder y sus instintos racistas.
Hay una muy visible ingratitud implícita en el carácter psicosocial del pensamiento racista cubano.
No debemos sorprendernos cuando en un tiempo cada día más cercano, se desmorone, para el bien de todos, el engendro político que hoy tuberculiza a la nación en pleno, y veamos entonces a los nuevos ricos salidos de las mismas filas que hoy oprimen el derecho y la diversidad ciudadana, tratar de adueñarse del país.
Apresurados y nerviosos, arrojarán a la hoguera sus documentos del Partido y la Juventud Comunista, y tratarán de reconciliarse con los que hoy tanto hacen sufrir, por seguir, sin criterio propio ni autoestima, las órdenes de un grupúsculo de irresponsables, duchos en infundir el terror al estilo estalinista.
El afrocubano, como todo cubano digno y con sentido de pertenencia, sabrá reclamar sus
derechos. Sabe de antemano que los defenestrados del futuro inmediato, tratarán de continuar como hasta ahora y que por medio del chantaje y el dinero, presionarán para mantener este segmento de la población en el basurero del entramado social cubano.
No dejarlos llegar es lo correcto. Para enfrentarlos y desacreditarlos ante el pueblo y la memoria de la nación, hay razones más que suficientes

Publicado por APLP, 22 de diciembre de 2011.

Razones suficientes,.

Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)

El problema racial ha sido la causa fundamental del fracaso de todo proyecto de nación en Cuba.
Quedó demostrado en el fracaso de la guerra independentista contra España. No hay un solo pueblo en América que haya peleado tanto y durante tantos años para no ganar. Fue el problema racial, más que la escasez de armamento y comida, lo que impidió el triunfo mambí.
Muchos de los altos oficiales del Ejército Libertador fueron los que más tarde se convirtieron en los grandes terratenientes del país. Entre ellos no hubo uno sólo negro o mestizo. Fueron más tarde los encargados de continuar la discriminación contra el negro y el mulato en Cuba. Algunos participaron en una triste parte de la historia patria: la masacre de negros y mestizos en 1912.
No es de asombrarse. Muertos Martí y Maceo, ya se les allanaba el camino para dar rienda suelta a sus ínfulas de poder y sus instintos racistas.
Hay una muy visible ingratitud implícita en el carácter psicosocial del pensamiento racista cubano.
No debemos sorprendernos cuando en un tiempo cada día más cercano, se desmorone, para el bien de todos, el engendro político que hoy tuberculiza a la nación en pleno, y veamos entonces a los nuevos ricos salidos de las mismas filas que hoy oprimen el derecho y la diversidad ciudadana, tratar de adueñarse del país.
Apresurados y nerviosos, arrojarán a la hoguera sus documentos del Partido y la Juventud Comunista, y tratarán de reconciliarse con los que hoy tanto hacen sufrir, por seguir, sin criterio propio ni autoestima, las órdenes de un grupúsculo de irresponsables, duchos en infundir el terror al estilo estalinista.
El afrocubano, como todo cubano digno y con sentido de pertenencia, sabrá reclamar sus
derechos. Sabe de antemano que los defenestrados del futuro inmediato, tratarán de continuar como hasta ahora y que por medio del chantaje y el dinero, presionarán para mantener este segmento de la población en el basurero del entramado social cubano.
No dejarlos llegar es lo correcto. Para enfrentarlos y desacreditarlos ante el pueblo y la memoria de la nación, hay razones más que suficientes

Publicado por APLP, 22 de diciembre de 2011.