Archivo por días: enero 4, 2012

Juzgado ex policía que disparó contra adolecente negro


Laritza Diversent

En la tarde del pasado 13 de diciembre la Sala Séptima del Tribunal de la Habana, celebró el juicio contra Amado Interian, el ex oficial de la Policía que disparo al adolecente de 14 años, Ángel Izquierdo, después que el día 9 suspendiera por incomparecencia del acusado.

Amado Interian tenía la vestimenta que normalmente usan los reclusos, aunque no se pudo conocer en que prisión esperó el juicio. El ex policía ejerció su derecho a declarar, pero no acepto que le hicieran preguntas.

El ex policía, frente al estrado dijo llorando que no quiso matar a nadie y pidió disculpa a los familiares de la víctima. También mostró al tribunal todas las lesiones que recibió mientras prestó servicio de en el cuerpo de policía.

La audiencia comenzó a la 1 de la tarde cuando se presento el abogado defensor. Duro aproximadamente una hora y 15 minutos, con desorden y alboroto en la sala. La familia del adolecente demostró su inconformidad en el juicio con la sanción solicitada al tribunal por la fiscalía y por la forma en que se trato de aminorar su responsabilidad.

La fiscalía en su informe reconoció que Amado no tenía ninguna justificación para disparar su arma contra estos jóvenes, que estaban en una situación de indefensión y privar de la vida a uno de ellos. No obstante solicito para el acusado 17 años de privación de libertad por asesinato, en deleito que prevé una sanción entre 15 y 30 años de privación de libertad o muerte

Interian de 54 años de edad, fue sometido a peritaje siquiátrico en el que se determinó que no tenía ninguna patología mental y que en el momento de los hechos poseía la capacidad para comprender y medir el alcance de sus actos. Sin embargo, no se explicó en la comparecencia porque tenía licencia para portar armas, a pasar de haberse jubilado hace 5 años.

El oficial vive y trabaja en la finca nombrada el Montecito, en las Lajas poblado de la barriada de Mantilla en el capitalino municipio de Arroyo Naranjo, donde ocurrieron los hechos. En el juicio se dijo que la finca le pertenecía, pero no se hizo referencia sobre la existencia de un titulo que acreditara su derecho de propiedad.

No obstante, quedo claro que el árbol de mamoncillo estaba lejos de la vivienda del acusado y que la víctima estaba encima del árbol cuando recibió el balazo. Marzo, así dijo nombrarse uno de los testigos, dueño de la finca vecina del ex militar y que presenció los hechos, aunque no vio cuando Interian disparó su coltd, el arma homicida.

El testigo contó al tribunal que en la tarde del 15 de julio del presente año, por la casa de Amado con la intención de buscar su ganado. Sintieron unas voces. El salió corriendo con un machete en la mano y el ex policía se puso los zapatos, la camisa y tomó el arma.

El vecino de Interian llegó primero al arbusto donde estaban trepados Ismael de 17 años, Ángel y Yandi de 14, todos de la raza negra. Los conminaba a bajar cuando sintió el primer disparo.

Los muchachos mientras descendían escucharon al ex policía proferir palabras obscena y pedirle a su vecinos “mata a un negro e pin…! de esos”. Marzo sitio el segundo disparó y uno de los adolecentes quejarse. Ángel se enredo con un gajo y al impacto de la bala cayó.

El perito de medicina legal testifico en el juicio y reafirmo como causa de la muerte anemia aguda por impacto de proyectil. La bala entró en el cuerpo de la victima por la región lumbar, atravesó el riñón izquierdo, la arteria aorta, el pulmón derecho y salió por el hombro.

El abogado defensor insistió en que era un homicidio simple, que prevé una sanción de 7 a 15 años y solicito al tribunal que tuviera en cuenta la buena conducta del ex policía anterior de los hechos. También presento como evidencia todas las condecoraciones recibidas durante sus 30 años de servicio en el cuerpo de la Policía Nacional Revolucionaria. Maria Caridad Jiménez Medina, prima hermana de la víctima, explotó de ira mientras la defensa daba su informe final.

Seguidamente, Locadio Izquierdo tío de ángel se paró para interceptar al ex militar, que se retiraba en ese momento custodiado por más de una docena oficiales uniformados del departamento de establecimientos penitenciarios del Ministerio del Interior, que en más de una ocasión impidieron a los familiares llegar al acusado.

El ex policía fue jefe de sector de la zona donde residía la víctima y es calificado como un hombre violento y abusador. “En este país por matar una vaca te echan 20 o 25 años y a este por matar un niño, 17”, dijo Nidia Medina tía del adolecente asesinado. “Aquí no vamos a resolver nada, aquí no hay justicia” decían otros intentaban que calmar a los mal alterado. La protesta paralizo al tribunal y continúo en la calle.

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Amigos

Estuve un tanto ocupada en fin de año, pero no me olvide de ustedes y quiero aprovechar el primer post del 2012 primero para desearles a todos lo mejor de este año, salud, prosperidad y felicidad y en especial para todos los cubanos que siguen mis post, deseo que podamos alcanzar la libertad que tanto ansiamos.
También quiero agradecerles por la fuerza y aliento que me dan en sus comentarios. Me han permitido ver la diferencia. Los quiero aunque no pueda intercambiar con ustedes, aunque nunca haya visto sus rostros o escuchado sus voces. Muchas Gracias.
Laritza Diversent

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El Trofeo de los Vencedores

Me lo dijo con un tono a medio camino entre la sorpresa y la decepción:

- No les importa nada, Ernesto. Qué equivocados estamos en el exilio.

Y yo asentí, porque sé demasiado bien de qué me hablaba. Para ella, una santiaguera que desde 1999 no pisaba su país natal, residente en Miami y vinculada a los medios de comunicación hispanos, se trataba de un descubrimiento sorprendente.

Para mí, con la memoria demasiado fresca, era apenas la descripción de un cadáver que conozco palmo a palmo: el cadáver de la libertad cubana, mirado desde la apatía nacional.

Mi interlocutora había regresado el día anterior de su Santiago hirviente y bullanguero. Allá se fue, más por urgencia familiar que por desafueros nostálgicos o turísticos: una madre con cáncer de pulmón.

Sus narraciones de un país derrotado por el ejército del hambre, de la ineptitud, de la improductividad, de la escasez y la insalubridad, pasaron a un segundo plano. Las resumió en dos oraciones apresuradas.

Su verdadero descubrimiento, el que –estoy seguro- habría de contarles a cien personas más después de mí, era otro:

- Ellos se acostumbraron a vivir sin libertad. Mientras acá sobredimensionamos el “apoyo popular” a los disidentes; mientras acá nos hacemos la idea de un pueblo en rebelión contra sus tiranos, gente al tanto de las protestas en las calles, de las Damas de Blanco, de opositores en Palma Soriano, nada de eso fue lo que encontré allá…

¿Qué encontró? Un panorama que me parecía estar reviviendo ante mí, imagen tras imagen: una muchedumbre sudorosa, con rostros despreocupados, que mueve las caderas al compás del reggaetón que suena en los altavoces. Cientos de jóvenes apiñándose en molotes apretados, no para defender a mujeres de las golpizas policiales, sino para comprar la cerveza maloliente que expende el Estado. Discusiones acaloradas, a voz en cuello, cientos de gritos, no pidiendo viajar libremente, no exigiendo libertad de expresión y asociación, sino debatiendo el último partido de béisbol entre Industriales y Santiago.

- Cuando les pregunté por los opositores de Palma Soriano que hemos visto decenas de veces en los medios de Miami, encontré casi siempre las mismas reacciones: indiferencia. Eso, en el mejor de los casos. En el caso intermedio: “Esos son cuatro comem… que viven recibiendo palos, total, no van a cambiar nada”. Y en el peor de los casos: “Esos lo único que están buscando es una Visa para irse del país”.

Y me resulta inevitable no recordar a los opositores honestos, consecuentes, dignos, que conocí en mi país. Gente que había pagado un precio descomunal por atreverse a no tener dos caras. Pero no pude dejar de pensar, también, en cierto dirigentito de un partido opositor juvenil de mi ciudad, que tras mi expulsión de los mass media quiso “contratarme” para que les impartiera clases de periodismo a los diez miembros de su grupo. ¿Cuál fue el atractivo que aquel “luchador por la libertad” encontró para tentarme ante su oferta?

- Nos das unas clasecitas, las que tú puedas, y yo te firmo enseguida la constancia de que eres un perseguido político y que has colaborado con la disidencia. Con eso y con tu propia historia, estás en la Yuma enseguida…

Todavía reviso en mi conciencia si fui demasiado hiriente en mi respuesta.

Pero de lo que no dudo es de una verdad como un templo: el entusiasmo romántico que se respira en ciertos círculos fuera de Cuba, ese feeling de epopeya constante, de un pueblo en pie de lucha contra sus opresores; esa perspectiva de sociedad que ha cerrado filas de una vez en busca de sus derechos, es una perspectiva hermosa, pero falsa.

Cuba tiene once millones de almas. Ivonne Malleza es una. José Daniel Ferrer es uno. La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional es Elizardo Sánchez. Los blogueros con verdadera actividad de enfrentamiento no pasan de diez. Yoani es una. Dagoberto es uno. Biscet es uno. Las valientes protagonistas de cacerolazos en Cuatro Caminos y protestas en el Parque de la Fraternidad nunca llegan a cinco, siempre rodeadas de cincuenta, cien observadores impasibles que no mueven un dedo para quitarles los esbirros de encima. Yo quisiera que fueran más. Que no fueran noventa Damas de Blanco diseminadas por todo el país, sino que fueran al menos noventa mil bien juntas. Yo quisiera que los nueve millones de cubanos que estamparon sus firmas en 2002 (firmas infectadas de miedo y apatía) para garantizarle el Socialismo a la Constitución de la República, se hubieran sumado más bien al Proyecto Varela que ese mismo año recogió once mil rúbricas verdaderas. Yo quisiera que algún día la multitud fuera a la inversa, y que los del círculo del medio, el puñado de acorralados, no fueran Laura Pollán y sus mujeres, sino los testaferros del sistema rodeados de cubanos valientes. Pero con mis deseos no basta.

Los cubanos nos volvimos larvas bajo las botas militares, y Kant lo advertía: “Quien voluntariamente se vuelve gusano, no debe protestar si deciden pisotearle”. Dos millones escapamos. Once millones permanecen dentro. La mitad de esos once quiere escapar también. De la otra mitad, la mayoría mira los toros desde la barrera, y aguarda por tiempos mejores. Subsiste. Una minoría demasiado minoría ni quiere escapar, ni se resigna a vivir sin libertad. Son casi tan pocos como la familia que se ha adueñado de toda la Isla, y que la dejará a la deriva solo cuando todos sus miembros hayan muerto ya.

Así de breve es la historia reciente de mi país. En un párrafo cruel se pueden meter toneladas de palabras, libros, frustraciones, anhelos, nostalgias.

Creo que va siendo hora de quitarnos las máscaras y mirarnos las arrugas al espejo: los Castro ganaron. Se van a morir en el poder. Lo cederán cuando les dé la gana, o cuando le dé la gana a la biología. Y los millones de cubanos (desmotivados pero presentes) en las plazas públicas cada Primero de Mayo; los cientos de centrohabaneros congregados ante un hogar desafecto para derrochar repudios, ofensas, golpes; y los que miraban con extrañeza a mi amiga, una santiaguera que pretendía encontrar a sus coterráneos en pie de guerra y los encontraba en pie de fiesta, son su innegable trofeo de vencedores.

Éramos tan jóvenes…

Manos amigas me hicieron llegar estas palabras que me hicieron reflexionar. ¿Acaso mantiene su vigencia este discurso? ¿Se podrá acusar de contrarrevolucionario a su autor? Pues por haber exigido exactamente estos derechos, miles de cubanos fuimos tratados como tal, castigados y estigmatizados, durante los 50 años que le siguieron. Veamos:

* Fragmentos del discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, en la Plaza de la Ciudad de Camagüey, el 4 de enero de 1959.

“… Libertad de prensa hay ahora, porque sabe todo el mundo que mientras quede un revolucionario en pie habrá libertad de prensa en Cuba (APLAUSOS).  Quien dice libertad de prensa, dice libertad de reunión; quien dice libertad de reunión, dice libertad de elegir sus propios gobernantes libremente (APLAUSOS).  Cuando se habla del derecho de elegir libremente, no se refiere solo al presidente o a los demás funcionarios, sino también a los dirigentes; el derecho de los trabajadores a elegir sus propios dirigentes (APLAUSOS).  Cuando se habla de un derecho después de la Revolución triunfante, se habla de todos los derechos; derechos que son derechos porque no se pueden arrebatar, porque el pueblo los tiene asegurados de antemano.

Cuando un gobernante actúa honradamente, cuando un gobernante está inspirado en buenas intenciones, no tiene por qué temer a ninguna libertad…”(APLAUSOS)

“… Yo estoy seguro de que los cubanos no se conforman simplemente con ser libres en su patria.  Yo estoy seguro de que los cubanos quieren además disfrutar de su patria.  Yo estoy seguro de que quieren también participar del pan y la riqueza que se producen en su patria.

¿Cómo vamos a decir: “esta es nuestra patria”, si de la patria no tenemos nada?, “mi patria”, pero mi patria no me da nada, mi patria no me sostiene, en mi patria me muero de hambre.  ¡Eso no es patria!  Será patria para unos cuantos, pero no será patria para el pueblo (APLAUSOS).  Patria no solo quiere decir un lugar donde uno pueda gritar, hablar y caminar sin que lo maten; patria es un lugar donde se puede vivir, patria es un lugar donde se puede trabajar y ganar el sustento honradamente y, además, ganar lo que es justo que se gane por su trabajo (APLAUSOS).  Patria es el lugar donde no se explota al ciudadano, porque si explotan al ciudadano, si le quitan lo que le pertenece, si le roban lo que tiene, no es patria.

Precisamente la tragedia de nuestro pueblo ha sido no tener patria.  Y la mejor prueba, la mejor prueba de que no tenemos patria es que decenas de miles y miles de hijos de esta tierra se van de Cuba para otro país, para poder vivir, pero no tienen patria.  Y no se van todos los que quieren, sino los pocos que pueden.  Y eso es verdad y ustedes lo saben. (EXCLAMACIONES)

Luego, hay que arreglar la República.  Aquí algo anda mal o todo anda mal (EXCLAMACIONES DE “¡Todo!”) pero tenemos que arreglar la República ustedes y nosotros (EXCLAMACIONES), y por algo hay que empezar…”

Fin de la cita.

¿Se habrá equivocado el Comandante al pronunciar este discurso? ¿Hasta qué punto el tiempo desmintió aquella arenga pronunciada durante el avance del Ejército Rebelde hacia la capital? ¿Cuándo y por qué se abandonó el camino? Entonces todo parecía posible. Estas palabras iban dirigidas a un pueblo que sólo aspiraba a tener garantizado un trabajo honrado que alimentara a sus hijos, que le permitiera vivir decorosamente para dejar atrás la pobreza material y espiritual con el fruto de sus manos; que deseaba verse representado por dirigentes políticos y sindicales que no traicionaran sus auténticos intereses de clase trabajadora; contar con una vivienda que, aunque humilde, garantizara un mínimo de confort y seguridad a su familia; gozar de las riquezas generadas por él sin prohibiciones mezquinas que lo humillaran a la puerta hoteles prohibidos; contar con una prensa ética, incensurable, que no callara ante ninguna ignominia por decreto divino de ningún partido; dejar de vivir bajo el miedo y la mentira; conquistar un Estado de Derecho como garantía de que ningún poderoso por encima de la Ley pueda atropellar impunemente al ciudadano común, y poder vivir con dignidad en su patria para no verse obligado a mendigar su prosperidad en otras tierras del mundo.

MI PRIMERA MAESTRA DE ESCUELA DOMINICAL

Tal vez el nombre verdadero de María Pepa, era María Josefa, pero todos, quienes la querían y quienes no, jamás le decían su nombre verdadero. María Pepa era una mujer cristiana, metodista, nunca tuvo hijos y había enviudado pocos años después de haber contraído matrimonio con el único hombre al que amó. Era una cristiana muy activa y aun cuando la vejez y la enfermedad le impidieron seguir congregándose en el templo con los demás hermanos, esta mujer no paró de predicar y de incidir con su vida a otros para llevarlos a los pies de Cristo. Fue con ella que comencé a dar mis primeros pasos en la fe, era una niña y estudiaba en la escuela primaria que quedaba justo al lado de su casa, al fondo de su patio que colindaba con el de nuestra escuela, había una gran mata de tamarindos, los niños siempre queríamos comernos los tamarindos cuando todavía estaban verdes y María Pepa con la mayor paciencia de este mundo nos explicaba, que así la fruta no era sabrosa y que no nos preocupáramos porque ella había sembrado aquella mata para los niños de la escuela, que en cuanto maduraran todos comeríamos. Con este cariño infinito aprovechaba y nos hablaba de Jesús y nos invitaba a la iglesia, la mayoría no aceptaba la invitación porque en aquellos tiempos ir a la iglesia era como cometer algún delito, las personas no se acercaban a los templos evangélicos o católicos por temor a no marcarse y si lo hacían, iban casi que a escondidas para no ser perjudicados. Solo cristianos firmes y consagrados como María Pepa continuaban asistiendo y predicando, sin miedo, valientes y decididos en el amor de Cristo.

Fue en estos breves encuentros que comencé a conversar con María Pepa, un día le dije que no asistía a la iglesia porque podía perjudicar a mi familia ya que algunos de sus miembros eran militantes del Partido, pero que quería más que nada aprender de Jesús y de la Biblia. Entonces se le ocurrió la idea de que fuera a su casa los domingos en la tarde, ella me enseñaría las lecciones bíblicas que recibía durante la mañana en la Escuela Dominical de su iglesia, yo no tenía Biblia porque en los años en que los cristianos eran perseguidos y atosigados por el Gobierno la entrada de Biblias era prácticamente nula y solo algunos creyentes tenían, María Pepa poseía dos, la que ella usaba y otra muy viejita, versión Reina Varela revisada y acotada en 1909, con esta Biblia comencé mis primeras lecciones. Desde el lunes estaba añorando la llegada del domingo, en una pequeña libreta anotaba las lecciones. Cuánto amaba a aquella señora, mi primera maestra de escuela dominical, a aquella casa que fue mi primer templo y a aquella Biblia gastada por los años y el uso, jamás podré olvidarles.

Cuando en las tardes o en las noches pasaba por el templo Metodista y este estaba abierto, siempre miraba hacia adentro, solo dos o tres personas, la mayoría de avanzada edad como María Pepa, el Pastor al frente y como únicos niños, sus hijos. Las iglesias estaban vacías, el Gobierno definido como Socialista en el año 1961 había impuesto a los cubanos la doctrina comunista y quería arrancarles sus creencias, su espiritualidad. Muchos creyentes dejaron de asistir a los cultos o reuniones, estaban en riesgo sus trabajos, estudios o los de algún familiar, quienes no creían, ahora creían menos porque el Sistema estaba saturando a la sociedad cubana con su ateísmo y su materialismo. Muchas Biblias fueron destruidas y en las escuelas la lección más punzante era la de que “la Religión es el opio de los pueblos”, los maestros explicaban que solo los ignorantes podían creer en Dios y que la iglesia se aprovechaba de esta ignorancia para explotar a los hombres. Intentaron borrar a Dios de nuestras vidas, de nuestra historia, pero es imposible borrarle del corazón de quienes le amamos.

Hombres y mujeres de valor como María Pepa fueron los puntales de las iglesias cubanas, ellos continuaron predicando la Palabra de Vida en medio de la adversidad y de las tinieblas, a ellos debemos en gran manera los cristianos de hoy nuestra sobrevivencia. El Dios de los Siglos prevaleció, como lo hará aun en el fin de los tiempos, él se encargará de hacer justicia perfecta y verdadera a su pueblo. María Pepa falleció a inicios de la década del noventa, nunca olvido el momento de nuestra despedida cuando yo marchaba para estudiar en la Universidad de La Habana, puso sus manos sobre mi cabeza y con los ojos cerrados oró al Padre: “Amado Dios da valor a esta tu hija para que por encima de todas las cosas de este mundo ella permanezca fiel a ti, en el nombre de nuestro Redentor, amén”, un abrazo y un adiós definitivo sellaron la última ocasión en que nos veríamos en esta vida. Pero la dulcísima voz de mi valiente maestra de escuela dominical suena como un manantial de agua viva en mi memoria.

2011, ese año tan remoto

Imagen tomada de www.msnbc.msn.com

Imagen tomada de www.msnbc.msn.com

En octubre se nos fue Laura Pollán, en un hospital oscuro un día de llovizna fina, en un año 2011 que había nacido maniatado. En los primeros meses, terminaron de excarcelar a los presos de la Primavera Negra y los titulares nacionales e internacionales le daban el mérito principal a la iglesia católica y al canciller español, restando importancia a la lucha de las Damas de Blanco, a la presión hecha desde la calle, la huelga de hambre de Guillermo Fariñas y la estela de indignación dejada por la muerte de Orlando Zapata Tamayo. Abril, el mes más cruel, nos trajo un congreso del Partido Comunista enfocado sólo en temas económicos, prefiriendo la palabra “ajustes” a “reformas” y consolidando en el poder al heredero sanguíneo del trono cubano.

Agosto, con su canícula y su escasez, no fue muy distinto. ¿Dónde están los cambios? se preguntaban muchos. Hubo que esperar hasta octubre para que estos comenzaran a caer a cuentagotas. Ya podíamos comprar un auto de segunda mano, pero nada de afiliarnos libremente a un partido ni expresarnos sin castigo. Llegó entonces la más osada de las medidas raulistas: fue posible adquirir o vender una vivienda, aunque hiciera falta abonar el salario íntegro de 45 años para obtener la más modesta de ellas. Algo se movía en una sociedad momificada por décadas, pero tan lentamente que desesperaba. A mediados de diciembre, supimos que más de 66 mil cubanos habían obtenido la nacionalidad de sus abuelos emigrados de Asturias, Canarias, Galicia… la gente seguía escapando. El desespero no se percibía tanto en las calles como en las largas colas de los consulados.

La superficie de tierra entregada en usufructo aumentaba, pero el precio de las viandas crecía también de forma casi proporcional. La prensa hablaba de avances, pero la realidad mostraba estancamiento. Los restaurantes privados invadieron cada barrio con sus cartas de platos condimentados y la zozobra de si los dejarían sobrevivir por un tiempo más. El coro mudo de la Asamblea Nacional confirmó que para 2012 el país necesitaría mucho más dinero para importar esos alimentos que bien podría producir nuestro suelo. Y la esperada reforma migratoria nos fue escamoteada otra vez, por enésima vez.

En la noche de San Silvestre pocas casas mostraban fiesta o música, al menos en La Habana. Pero yo sentí alivio de que ese año terminara. De que ese 2011, de avances sobredimensionados por la propaganda y de retrocesos silenciados, acabara de una vez.