Archivo por días: enero 10, 2012

De tal palo tal astilla: la hija del Ché

Como si se pusieran de acuerdo, Mariela Castro por Holanda lisonjeando el sistema de prostitución en la zona rosa de Ámsterdam, y Aleida Guevara, (ambas sin más destaques que haber sido los espermatozoides más aventajados de sus padres que fecundaron los óvulos de sus madres), aconsejándole al Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, que nacionalizara toda la prensa. Realmente ambas son sus peores enemigas. Sus declaraciones las desacreditan por sí solas. En cada entrevista que conceden reciben tarjeta roja y castigo de penalti.
Aconsejar tamaña barbarie al Caudillo es subestimarlo olímpicamente, como si a él no se le hubiera ocurrido con anterioridad. ¿Acaso Aleidita no lee sobre el cierre, por parte de Chávez, de periódicos y canales de radio y televisión? ¿Ni siquiera puede imaginar que su tío Fidel ya le había aconsejado lo mismo?
Lo que sucede es que los tiempos ya no son los mismos si los comparamos con la década del sesenta, y nadie se lo ha hecho saber a esta niñata que ha vivido dentro de una burbuja (ha tenido el privilegio de creerse que el socialismo es efectivo porque sobre su mesa nunca faltó el filete miñón, el turrón, la manzana y el vino, todo como un gran concierto de importación), y desconoce que el mundo observa y se expresa en desacuerdo con tales atropellos y falta de democracia, y, precisamente por esos desatinos típicos de dictadores, en los últimos tiempos están ocurriendo los cambios políticos más importante de la historia contemporánea.
Quiero destacar que este post ha sido el más difícil de todos los escritos por mí hasta ahora. Aleida me resulta tan ajena, tan distante de los acontecimientos del mundo, que a veces me parece retrasada mental. Muchas veces pude observarla en la escuela primaria de sus hijos en 5ta y 62, con sus aires de prepotencia y de figura, mirando al resto de los padres por encima del hombro y con la distancia prudente para no mezclarse con el populacho. También pude apreciar el desprecio solapado con que los padres le respondían. Escuché a las maestras, luego de lisonjearla, maldecir de ella y catalogarla de ingrata y abusadora por su posición de “niña de papá”.
Además de su educación caudillista y talibán, hay que recordar su herencia genética, de ahí que la Aristócrata de la Corte, Aleida Guevara, saque las uñas que le son naturales. No habría que imaginar mucho de lo que sería ella capaz de hacer si le pusiera un poco de poder en sus manos.
Siempre recuerdo el testimonio impactante del Comandante Benigno, que pudo conocer bien al Ché, cuando fueron a ajusticiar al campesino que entregó al enemigo las coordenadas donde se encontraba el campamento guerrillero de Fidel Castro en la Sierra Maestra, y luego de un “juicio sumario”, el acusado iba conducido por el Ché, William Gálvez y Benigno, y mientras se alejaban del campamento, buscando el lugar que se prestara para la ejecución, escucharon un disparo sorpresa muy cerca de sus oídos. El susto los hizo tomar posición defensiva, cuando vieron el cuerpo del campesino caer con la cabeza explotada por un disparo que le hiciera el Ché, quien, con sangre fría, guardaba la pistola y aconsejaba regresar con prisa porque iba a llover. Huelgan los comentarios. Para terminar esta historia interminable, a su llegada a la prisión la Cabaña, donde puso su Puesto de Mando, provocó un río de sangre con los cientos de fusilamientos. Gastó más balas en la Cabaña que en toda su etapa de guerrillero.
En África, luego del combate en que un soldado africano tuvo que abandonar la ametralladora por su peso y lo difícil de trasladar, en aras de salvaguardar su vida, el Ché, delante de todos, lo llamó cobarde. Y el soldado africano le rebatió, que no tenía otra opción humana de trasladar la técnica y salvarse, según explicó. Y el Ché, con esa misma frialdad que destrozó con la bala el cráneo del campesino, le dijo lacónico “te acobardaste”. Y en el siguiente combate, el soldado prefirió perder la vida antes de abandonar nuevamente la técnica, y el mismo Ché, más tarde en su diario reconoció que había sido su culpa. Tenía ese don de asesinar directa e indirectamente a los que por ideología o por casualidad coincidían con él.
Y ahora su niña, sin esperar menos de sus entrañas, desconoce cuál es la realidad de los cubanos, que vive en una casa que no sabe cómo ni quién construyó, ni jamás ha tenido que pagar su costo, que maneja un auto sin habérselo ganado, que es a costa del sudor del pueblo que en ningún momento le fue consultado si aceptaba sacrificarse por su comodidad, y ahora en su Viaje a Perú le asegura a la prensa, haciendo creer que es una gran conocedora del mundo político y social, que había aconsejado al dictador Hugo Chávez que imite a su tío Fidel. Ridícula esta muchacha de la corte. No podré olvidar cuando, de adulta, fue por primera vez a la Argentina, y en menos de un mes regresó hablando con la entonación de su padre. Fue recibida en el aeropuerto, y delante del mundo que sufría vergüenza ajena, frente a su tío Fidel, que apocado la observaba con el acento mal pronunciado, una cadencia caprichosa y con prisa que desesperaba.
Y ahora nos viene con esos aires de sabelotodo, paseando el mundo con el dinero del pueblo y con la memoria de su padre. Jamás voy a entender cómo pueden existir personas que se sientan orgullosas de un hombre que ordenó fusilamientos y él mismo, con sus propias manos, cumplió la sentencia. Me parece que la figura del Ché ha sido la imagen más manipulada de los últimos tiempos.
Ahora tenemos que soportar a esta hija de su padre y sobrina de su tío, que nos venga con acciones extremistas que reafirman, además de su genética, los sentimientos de su familia biológica y el obrar de su pariente Fidel Castro.
Como diría mi tía: “Dios nos salve y nos tome confesados”.
Ángel Santiesteban-Prats

Trova ¿vigencia o evocación?

Imagen tomada de jazzconexion.com

Imagen tomada de jazzconexion.com

El cantante entona una de sus viejas canciones sobre el escenario. El público se apretuja, repite el estribillo, se mueve en un delirio. Esta semana hemos disfrutado de uno de tantos festivales de música trovadoresca que ha comenzado por esta vez en la provincia de Santa Clara. Con temas que recorren desde lo romántico hasta las cuestiones sociales más peliagudas, el evento nos permitió escuchar algunos felices estrenos y ciertas archiconocidas composiciones. Creaciones musicales que tuvieron su edad dorada en los años setenta, pero que ahora pierden terreno ante formas melódicas más comerciales y trepidantes. La mayoría de la gente joven no quiere escuchar hablar de letras de denuncia ni de crónica diaria, más bien desea relajarse y disfrutar, abandonar por una madrugada la realidad. Se va a la discotecas para escapar del afuera, no para recordarlo. Por eso, aquellas tonadas de marcado corte ideológico –donde  se aludía al hombre nuevo y a la sociedad que éste habitaría– han sido lanzadas al baúl de la desmemoria.

A pesar de la pérdida de popularidad, todavía existen decenas de cultivadores de la canción trovadoresca en Cuba. Cantan para gente que prefiere repensar la cotidianidad y sus absurdos en lugar de salir huyendo hacia otra dimensión. Quedamos también muchos que aún nos estremecemos ante las letras de Silvio Rodríguez, aunque nos separe de él un abismo de opiniones políticas, un barranco de posiciones filosóficas. Pues a la hora de organizar nuestra biblioteca musical –o literaria– hemos aprendido que resulta más recomendable no hacerlo por preferencias partidistas… si no sufriríamos la triste pérdida de numerosos autores.

Más allá de la calidad de sus acordes o de sus versos, buena parte del público de la trova busca en ella su capacidad de evocarnos momentos pasados: el primer amor, el baile apretadísimo, los años difíciles, aquel día del beso iniciático o el concierto donde conocimos a alguien muy especial. Se usa como detonante de los recuerdos, a la manera de una magdalena proustiana que nos entra por los oídos en lugar de llegarnos a través del paladar. Cuando el cantautor aparece con su guitarra en la mano, en realidad efectuará sobre nosotros un acto de rememoración: nos trasladará a aquellos tiempos en que éramos tan  jóvenes, cuando a la Nueva Trova no la había despintado todavía el ácido de la realidad.

Los esclavos no tienen epifanía

6 enero dos mil doce

Para mañana es tarde, pero el hoy ya pasa consagrado a silencios dejados de nombrar por tanto y tontos miedos, dejándonos arrebatar a mordiscos de ratas nuestra propia alma. Hoy es día de reyes magos, pero ya no tan magos como para traer felicidad y fantasía a la pureza infantil. Como entonces no dedicar dos palabras a la defensa de los sueños infantiles convertidos en pesadillas dantescas después de la toma del poder por el Ególatra Fidel Castro. El pasado queda atrás pero cuando nos prestan un presente y nos entregan un futuro desesperado enlodado en la miseria espiritual, vale la pena remolcar la inmundicia que hemos sido, viviendo arrastrados como las serpientes, para que la vergüenza nos queme el rostro y nos constriña el corazón. Todos fuimos alguna vez niños, sentimos como niños, amamos como niños, sufrimos, lloramos y cantamos como niños, tuvimos algún juguete de pobre o de rico en nuestras manos y atravesamos ese canto de felicidad de un día para jugar. Pero hubo un día maldito que parecía vendito, en que el juguete se transformo en martirio y el día en inquisición, a los reyes magos les comieron el camello en un aquelarre, convirtiéndolos en diablitos y la carta del deseo en un decreto comunista con una mezquina ideología, la muñeca de trapos se volvió una bruja con pistola y traje de verde olivo, y la espada de palos un SKS o una AK, colocaron un cepo en el cuello en forma de pañoleta y debajo de la cama dejaron una gran caja de odios y rencores frustrantes. La ingenuidad infantil acusada de herejía la asaron en una hoguera alimentando el fuego con las egolatrías del poder, se acabo la diversión, llego el comandante y mando a parar, como dijo en una canción Carlos Puebla, pero lo mas irónico de todo es que quienes ordenaban estas barbaries nunca fueron victimas de ellas.

Aramusa28 2012-01-10 14:58:00

Interrogantes
Qué largo se hace el camino cuando nadie está a la vuelta,
 y por mucho que  escudriñes, no se ve ninguna huella.
Qué seco se ha vuelto el polvo por donde pasa la ausencia,
formando grumos pesados, que te cierran las veredas.
Cuánto desandará la noche que me trae a mis amigos,
ha de estar desamparada y por eso se ha perdido.
Cuánto esperaré la caricia que salió despavorida,
 cuando se mecieron juntas, la ternura y el desamor.
Dónde encontrar la inocencia que arrebató la perfidia,
seguro que anda escondida, debajo de un buen rubor.
Dónde se fue el horizonte que debería alcanzar,
las llagas de mis pies descalzos,  ya no me dejan llegar.
A dónde irá la pobreza que se roba mi esperanza,
que me devuelva la risa, que no le sirve de nada.
A dónde conduce el tiempo que no se quiere vivir,
va caminando a dos pasos, sostenido por la inercia.
Por qué se oye el murmullo como de cantos llorados,
acaso es la brisa ronca, de una mañana de miedo.
Por qué nadie aguarda en mi andén, el abrir de primaveras,
sólo un cuervo negro está, todo cubierto de nieve.
Quién tocará mi puerta cuando  yo me despida al fin,
será el amor retrasado, que no se quiso apurar.
Quién recortará mis alas cuando mi cuerpo se aquiete,
para que abrace una rosa, en mi guarida final.
Cómo sabré que es de noche si no recuerdo los días,
 cuando se apagan los sueños, que me logran despertar.
Cómo volveré cuando vuelva, montada en mi carrusel,
seré tórtola o torcaza,  mas prometo que volaré.
                                @na
              Ana luisa Rubio
        1 de Noviembre de 2011

¡Qué frivolidad!

El país cayéndose a pedazos y yo hablando de frituras. ¿Acaso creyeron que no me afectaba? ¡Pues claro que si y mucho. Aunque existían sucesos sobre los cuales comentar, no me sentía con ánimos para hacerlo. El nuevo año no me ha parecido más que una interminable prolongación del viejo. Como un chiclet muy masticado que se nos vuelve un pedazo de plástico en la boca.

Terminamos el 2011 con la seguidilla en los mediosdel cincuenta y tres aniversario, hablando mal de Estados Unidos y pidiendo a gritos el regreso de los cinco héroes. Como si se tratara de un mantra. Ni que uno no tuviera diccionario para saber la diferencia entre héroe y espía. En fin ha comenzado el 2012 y seguimos con la misma cantinela.

Mientras, los precios de los productos siguen subiendo al igual que las estafas, los robos y los asaltos.

El pomo de cien gramos de Nescafé Dolca que hasta hace apenas quince días costaba 2.15 CUC, ahora, de golpe y porrazo lo han subido a 3.80 CUC. Nadie protesta en público, todo el mundo lo hace muy quedo, como musitando, y cuando un valiente lo expresa a viva voz, los demás se escurren y se hacen los que no han oído nada. Mucho se comenta en la prensa y la televisión, del alza de precios en Europa, de los indignados en los países capitalistas, pero de la indignación nuestra no dan por enterados. Debe ser porque ya se ha hecho crónica y aparentemente incurable, es parte cotidiana de nuestra carga moral y material que llevamos todos con aparente resignación.

El diario Juventud Rebelde sin embargo, se hizo eco de una estafa a una ciudadana del Reparto Mónaco, que el 20 de diciembre compró un turrón español a 3.30 CUC, aparentemente sellado de origen. Sin embargo, cuando el 24 lo abrió para la cena navideña, cual no sería su sorpresa, al constatar que el contenido era un pedazo de tabla pintada de marrón. No hubo a quien reclamar, ya que habían transcurrido muchos días de la compra en cuestión. Así mismo está sucediendo con los paquetes de café Turquino de 3.45 CUC, cuyos embases en apariencia originales, al abrirlos resultan estar rellenos del café malo de la bodega, al cual muchos ciudadanos llaman cafué.

Comprenderán que con tantas buenas noticias, mi ánimo en estos días, para lo único que estaba presto era para apaciguarlo haciendo frituras de panetela.

Una historia ordinaria

Imagen descargada de: porunacubaendemocracia.blogspot.com

Creció en la llamada revolución cubana. Su padre simpatizaba con el régimen y su madre padecía abulia política, pero ambos la educaron en el amor a la figura del “máximo líder”, en quién se resumía, por designio oficial, los conceptos de patria, estado y nación. Quizás por ser hija única, de pequeña la exoneraron de las labores domésticas; sin embargo, le infundieron la savia del apoyo incondicional al sistema que “nos hizo libres” y la animaron a participar activamente en las tareas “revolucionarias” escolares. Durante la secundaria y el preuniversitario no faltó a una “escuela al campo”, ni se dejó amedrentar por la lejanía del hogar, el frío o el lácteo en el desayuno sin café, que sabía a humo. A su madre se le torció la columna llevándole pesadas jabas (bolsas) con comida a los campamentos agrícolas para que no pasara hambre, mientras que el padre acumulaba horas voluntarias y diplomas de vanguardia, con la ilusión de ganarse un viaje a los países socialistas para vacacionar con su familia. Siempre “se partieron el lomo” excesivamente, porque vivían en la casa de los abuelos maternos, en el Nuevo Vedado, rodeados de funcionarios de la privilegiada nomenclatura estatal, cuyos hijos, que vestían y calzaban prendas extranjeras, se relacionaban con “la niña” en el vecindario y la escuela.

“Tendrás un futuro mejor”, le decía su madre, que arrastraba el trauma de haber sido llevada con once años a Camarioca por un tío, para ver partir a sus padres, que murieron unos años después en los Estados Unidos, por un accidente. Estando en el pre la hicieron renunciar a su primer amor, porque el joven tenía “problemas ideológicos”, estudiaba inglés y se la pasaba soñando con viajar. Ellos aún recordaban la época de la música subversiva de Los Beatles, la del pelo largo —que paramilitares cortaban en la calle— y los perseguidos signos pacifistas. El periodo en que el diablo gritaba y Dios susurraba clandestino, que nos dañó de intolerancia al estilo soviet. También fue la de los artistas cubanos prohibidos por querer emigrar y los censurados extranjeros que había que escuchar bajito en casa de alguien que tuviera tocadiscos y algún LP. Así, le condicionaron un proceder temeroso y dubitativo en su libertad individual, pues pensaba y actuaba en base a lo que aprobaban las autoridades y su sistema totalizador.

En el verano de 1994, acudió a la playa para ver partir a su prima y amiga más querida, y tras muchos besos y abrazos mojados, alzó su mano de despedida hacia aquel oscuro trasto flotador que como un Titanic de distancia desmembraba a su familia y se llevaba a su coprotagonista con la historia común que ya no vivirían. Mantuvo su mano levantada hasta que el armatoste se convirtió en un punto negro de lejanía. Le cambiaron a su álter ego por cartas, un “hello!”, alguna que otra foto brillante y un “bye” que terminó, como puntos suspensivos, espaciándose cada vez más en su universo sonoro. Fue el primer cuestionamiento que la hizo trastocar sin ayuda uno de los conceptos deformados que aprendió de chica, y descubrió confundida —con arena en los ojos— que la libertad no se gana con sometimiento, sino rebasando el horizonte.

Dejó la universidad en primer año porque le dieron una carrera que no le gustaba. Se dedicó a estudiar inglés y a buscar trabajo con ahínco, pero solo le ofrecían ocupaciones en la construcción y la agricultura. Se hizo novia de un talabartero que confeccionaba zapatos y aprendió a “hacer dinero” sin reuniones sindicales ni politización excesiva. Pero al cabo de casi dos años, por una contraorden oficial, fueron detenidos y multados por la policía, que les decomisó las herramientas y toda la materia prima que tenían en el taller. Su pareja, que ya había sufrido el mismo atropello dos veces antes de conocerla, ideó con ella el plan de irse a un país en el que respeten la iniciativa privada y los ciudadanos tengan derechos e instituciones que los salvaguarden. Unieron sus efectivos, vendieron la moto y pagaron el pasaje marítimo ilegal hacia un futuro mejor.

La prima se cansó de buscarla y esperarla desde hace mucho; pero todavía la madre sale a mecerse al portal en el horario que sabe que pasa el cartero.

Año nuevo y problema viejo

Descargada de: portalcomarcal.es

Ya partió el 2011. Es un hecho que durante 365 días, seguimos el féretro del año hasta el entierro oficial el último segundo del 31 de diciembre. En nuestra evaluación privada, generalmente hacemos un balance de nuestro tránsito por ese lapso de doce meses y sopesamos los resultados personales, familiares y profesionales. También los nacionales, porque para los que estamos involucrados en los destinos patrios, la práctica reiterada de pensar en Cuba y para ella, nos creó el hábito no solo de monitorear y denunciar los problemas que nos atañen, sino también la práctica responsable de ofrecer las posibles soluciones a los mismos.

Con relación a nuestro archipiélago, el año que finalizó nos deja el sabor de cierto éxito para la oposición cubana. Aunque leve y sin un reconocimiento tácito o directo de nadie —más bien todo lo contrario—, las propias autoridades cubanas, cada vez que introducen una reforma —por tímida y enmascarada que sea— avalan y ratifican lo que los opositores señalan y proponen desde hace años. Es la evidencia de la efectividad de los que protestan y proponen frente a la intolerancia oficial que detesta e indispone. Es cierto que el gobierno desvirtúa este evento con la cortina de humo de la potenciación pública de otros asuntos, en el interés marcado de borrar inteligentemente a la clase opositora alternativa en Cuba. Los viejos pulpos dirigentes del estado y sus profesionales de los subterfugios y la intriga, extienden sus tentáculos por el mundo para lograr su fin de dividir y extinguir a la pacífica oposición cubana y permanecer en el poder. Pero si bien parece que han ignorado nuestras protestas con propuestas durante años, son precisamente estas, en parte, las que hoy les sirven de referencia —ajustándolas a sus intereses, claro está— para enrumbar el incipiente proyecto de actualización de su fracasado modelo. Vale destacar aquí, que para aplicar determinadas reformas, están incurriendo en la violación de su propia constitución. ¿Tendrán pendiente otra revisión y adecuación de la Carta Magna?

En su diseño global de “lavado de rostro”, parecen dirigir también una renovación social con una “reconciliación mutada” (mutatis mutandis) en la dirección de sus intereses continuistas. Me imagino que si siguen por ese camino, pronto veremos a las ONGs que usualmente apoyan a algunas organizaciones disidentes del archipiélago, desguarneciéndolas y apoyando a los inversionistas cubanos —aunque muchos sean los propios oficialistas responsables de la debacle nacional— para ayudar “a Cuba” a salir de la crisis sistémica que nos arruina. A fin de cuentas, hay que olvidar “los pecadillos” de ineptitud con los que nos quebraron económicamente y nos dividieron como nación, para ahora pretender pasarse más décadas “tratando de arreglar” lo que no están en capacidad de enmendar con el actual modelo, ni tienen interés real de resolver. Acepto que en el dominó del estado el discurso y actuar de los opositores independientes —incongruentes con el argumento con que suelen convencer a sus cuadros de que somos traidores a la patria—, estén en disonancia con lo que tienen programado para seducir a la comunidad internacional con su viciada reconciliación. Hasta el presente, han optado por potenciar veladamente a sus agentes desde el punto de vista mediático, y a los que parecen alineados o coinciden políticamente con los diseños de transición radicales, y cuyos protagonistas les aportan las premisas para mantenerse convenientemente “sitiados”. En ese estrado, sospecho que cuentan con lugares de relevancia que han ido acaparando (no solo en Cuba); y temo que suceda como en los 60s, en que al final la Seguridad del Estado dirigía casi todas las organizaciones armadas que luchaban contra el —por entonces— joven gobierno socialista.

Por el momento me mantengo de observadora proactiva, y apoyo cualquier “movida” destinada a eliminar los entuertos —por insignificantes que parezcan— que impiden que ejerzamos nuestros derechos y libertades fundamentales y seamos dueños de nuestros sueños y destino. Por la urgente necesidad de mejoras para nuestro sufrido pueblo, me adhiero insatisfecha, pero optimista, a los que apoyan los cautelosos pasos que está dando el gobierno. Esta es la forma visible que está a nuestro alcance por ahora, para comenzar a andar.

Superpatriotas

Uno.

En la distancia, un horizonte de nubes prometía aliviar la temperatura. Desde mi bicicleta sentí el consuelo por adelantado, aunque todavía el sudor me obligara a entrecerrar los ojos para atender a la carretera semi desierta. En mi espalda una mochila, en su interior un ramo de flores.

El pedaleo se hizo más fácil. Antes de llegar al cementerio, una breve pendiente deslizaba las ruedas casi hasta las puertas dobles, de hierro carcomido y despintado, que permitían la entrada al camposanto.

Camposanto: craso eufemismo. El cementerio de mi ciudad mataba de depresión a los muertos.

Y hasta allí llegaba yo. Era un jueves del 2010, casi a las tres de la tarde. No iba a visitar a mis muertos. Iba a por los de alguien más. Los de un desconocido que, desde Miami, me enviaba una suplicante y hermosa misión que debí leer apenas una vez para asumir como mía:

“He leído con mucho gusto tu blog, veo que vives en Bayamo, el mismo pueblo donde nací y de donde me fui con seis años de edad. Jamás he regresado. Me gustaría pedirte un enorme favor, no sé si perdonarás el atrevimiento. En algún lugar del cementerio provincial descansan los restos de mi tía Amanda. Murió en un trágico accidente con menos de veinte años, cuando yo no había nacido aún. Según mi anciana madre, su hermana fue la bayamesa más bella de su tiempo. Sus ojos adornan la portada de mi blog personal. ¿Sería mucho pedirte que buscaras su tumba, que le pusieras flores en mi nombre, y me enviaras una foto para conocer el sitio donde decansa alguien tan importante para nosotros?”

Dos.

Yo solo tenía un nombre que empezaba con la “A”, el año de la muerte, y un mes aproximado del sepelio. “Mamá no recuerda bien,  Ernesto, disculpa por dificultarte aún más la tarea”. Para mi búsqueda contaba con dos datos y medio y un cargamento de buena voluntad.

Tuve suerte: me tocó el empleado más solícito del lúgubre local. Los cementerios suelen contagiar a los vivos con sus efluvios. El empleado, con una camisa traslúcida que constantemente debía separarse del torso, bañada en sudor, y con gruesos espejuelos, puso ante mí un libro que parecía almacenar todas las verdades de este mundo y del otro, nunca antes mejor dicho.

- Hojéalo con delicadeza – me advirtió-. Recuerda que tiene casi cincuenta años. Prepárate para el polvo.

Y allí transcurrieron mis siguientes dos horas. Entre un volumen de casi cinco mil páginas, escrito a lápiz, descifrando los jeroglíficos de letras apresuradas y desinteresadas, intentando encontrar la fecha exacta del entierro de una dama a la que nunca había conocido, pero que era muy importante para otro desconocido. Una vez precisado el día de su entrada a la necrópolis, sabríamos en qué calle, fila y panteón reposaban sus restos.

Cuando, un par de horas más tarde, el empleado regresó de un cuarto a mis espaldas con un cabo de cigarro en la boca, lo recibí de pie, con un papel en la mano y algo de satisfacción en mi voz:

- Calle 12, Fila 308, Tumba 44 L.

Tres.

Las fotos tomaron más tiempo de lo previsto. De pie ante el rectángulo de cemento que cubría -a modo de lápida- la tumba de una Amanda que jamás llegó a los veinte, me descubrí sin saber qué hacer.

¿Cómo enviar imágenes de semejante sitio espantoso, con hierbas malolientes recubriendo los bordes del sepulcro, una cruz de hojalata oxidada y doblada adornando la cabecera, y un polvo terroso que anunciaba el estado de abandono que sufría la sepultura de Amanda?

Lo limpié. Enderecé la cruz lo mejor que pude. Sin instrumento alguno, solo auxiliado por mis manos y voluntad, resté sitio a las hierbas silvestres. Extraje las flores de mi mochila, las coloqué en un relicario que llené de agua. El sudor me pegaba también el pullover al cuerpo. Sobre mi cabeza las nubes encapotaron el cielo y anunciaron el peligro: una lluvia desbordada y yo en una bicicleta.

Nada importaba.

La imagen de una familia distante, una anciana de ojos húmedos honrando con sus lágrimas el sitial de su linda hermana; la imagen de un desconocido abrazando a su madre, pensando en su tía, poniendo en contexto la abstracción de su Amanda mítica; la hermosa carga de mi empresa absorbía cada segundo de la tarde.

Cuando estuve seguro de que unas treinta fotos digitales me permitirían escoger cuáles mandar por vía electrónica, cuáles ofrecerían el mejor panorama, el más abarcador, el menos deprimente posible, agradecí al empleado con un estrechón de manos que era mío y del bayamés exiliado, y eché a pedalear otra vez.

Cuatro.

No, el infame aguacero no dañó la cámara digital. Me dañó los engranajes de la bicicleta, que sin grasa a la vista chirriarían como cigarras por varias semanas más. Pero las fotos estaban a salvo. Si lograba engancharme a Internet (con mi conexión clandestina) en pocos minutos un desconocido cambiaría su tarde por completo.

Cinco.

Querido Ernesto:

Me has hecho llorar. Has hecho llorar de felicidad y un poco de melancolía a varios miembros de mi familia. No sabré cómo agradecer jamás tu gesto. Ahora mismo estoy algo turbado, cuando pueda decirte más recibirás el correo que mereces. Solo quiero que sepas que en Miami tienes una familia más.

Epílogo.

El 20 de febrero de 2011, dos meses y veintitrés días después de pisar suelo estadounidense, apareció en este blog un artículo titulado “Libertades Incómodas”. Era mi posición sobre las restricciones de viajes y envíos de remesas a Cuba, que meses después abordaría en otros textos, y donde criticaba responsablemente las posturas de los senadores Marco Rubio y Bob Menéndez al respecto.

Al día siguiente de esta publicación, mi esposa recibió en su celular un breve mensaje. Intentaré reproducirlo textualmente:

“No puedo describir cuán decepcionado estoy de Ernesto. Su artículo me ha parecido lo más hipócrita y lamentable que he leído en mucho tiempo. Qué pena haberlo tenido alguna vez por un patriota de verdad”.

Sonreí sin muchas ganas. Acababa de ganarme algo parecido a un enemigo, que no dudaría en lo adelante en emplear ofensivos calificativos en mi contra desde su patriótico y conocido blog, y que instauró entre él y yo un muro infranqueable de posturas políticas.

Jamás lo llegué a conocer. El almuerzo pactado para algún fin de semana no aconteció jamás. Lamenté no poder besar a una anciana que mantenía intacto su amor por una hermana muerta, no poder contarle de mi viva voz los pormenores del día en que con humildad honré el recuerdo de su Amanda.

Conservo con esmero el recuerdo de un Ernesto sudoroso, empecinado en la limpieza de un sepulcro desconocido, excitado con la sola idea de causar felicidad en un hogar distante. Y desde entonces también conservo una certeza casi absoluta: no estoy dispuesto a creer en las ansias libertarias, en la búsqueda del bienestar para una Patria pisoteada, de quien no es capaz de depurar antes su propia condición humana.