Archivo por días: febrero 1, 2012

Reflexiones de Hades.

 Alguna que otra opinión de los sucesos ocurridos en el mundo, nada más, no he visto una reflexión rotunda hacia la situación del país Cuba. Las palabras se desvanecen entre sus motivaciones exteriores, sus creaciones salidas del inframundo rechazadas por los humanos tales son los casos de los presidentes Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales este último salido del subdesarrollo ideológico y alfabetizado hace pocos años.

 En la reflexión llamada: La genialidad de Chávez, se lee su gran satisfacción de haber logrado que un país rico caiga en un sistema totalitario, elogiando al presidente con su forma de enfrentarse a la verdad con mentiras. No podía dejar de nombrar la intervención de los EE.UU en los problemas latinoamericanos, lo veo como si estuviera cayendo en una enfermedad psíquica obsesiva tal vez nos hemos dejado guiar por un esquizofrenico-paranoico quien sabe, este gobierno siempre nos ha sorprendido.

 Las actitudes de estos presidentes no son mas que una copia del infrahumano, llamado ahora compañero de las ilegalidades y la corrupción. Lo que si puedo reafirmar es que los EE.UU ha logrado enfermar psicológicamente a Fidel y Rául Castro Ruz.


Otra bitácora

Estimados visitantes y colaboradores:

Los invito a visitar un nuevo blog que se escribe desde Cuba. Se llama “El candil de Rafa” y el autor es mi esposo. Así que los que deseen documentarse sobre diferentes aspectos y visiones de la realidad cubana, tienen en él una nueva alternativa. De antemano les doy las gracias por la solidaridad.

El Otro Versailles de Reina Luisa

Si en el momento de pisar suelo estadounidense aquel 9 de junio del 2011 alguien le hubiera susurrado al oído a Reina Luisa Tamayo que apenas siete meses después, este 31 de enero del 2012, estaría en el restaurante Versailles no como la madre heroica que es, sino como una mujer necesitada de sostén y comprensión; protagonizando no ya una campaña para defender los derechos universales por los que su hijo murió, sino más bien una campaña por su propio auxilio económico, habría pensado que se trataba de otra manipulación castrista.

Demasiadas mentiras habían hecho blanco en esta humilde mujer que en medio del dolor debió verse a sí misma en la televisión cubana, espiada por una cámara oculta en la oficina del doctor de su hijo, calumniada incluso en su integridad como madre. 

Hace siete meses Reina Luisa apareció ante otras cámaras, en el Miami Internacional Airport, con las cenizas de su pobre hijo en brazos, rodeada por una comitiva de activistas y líderes del exilio -incluido un congresista federal- recibiendo tratamiento de heroína: admiración, promesas de ayuda, invitaciones familiares, un sitio de reposo eterno para su hijo. Los medios de comunicación se la disputaban. Todos querían hablarle, felicitarla, homenajearla. Reina Luisa era noticia.

Bajo el telón de fondo, los únicos en ignorar lo que poco después acontecería en sus vidas, eran los doce familiares que encontraron asilo político de su mano, y la misma Reina Luisa.

Las recientes declaraciones de la Dama de Blanco, ofrecidas al periodista Pedro Sevcec en el programa “Sevcec a Fondo” de América TeVé, donde afirma explícitamente que su llegada a los Estados Unidos fue manipulada, que tanto ella como sus doce familiares se sienten engañados, y donde debió evadir con voz quebrada su respuesta real cuando el presentador le preguntó si estaba arrepentida de venir a este país, eran la triste bomba de tiempo que todos sabíamos en algún momento habría de explotar.

Las primeras señales aparecieron meses antes. Un hombre que lleva los mismos apellidos Zapata Tamayo, Rogelio, hermano mayor de Orlando, dijo a un reportero de la cadena GenTv palabras que escandalizaron a no pocos oídos del “exilio histórico” cubano:

“Todo esto ha sido un engaño, desde que llegamos, primero nos dijeron una cosa, y luego nos dijeron otra, y al fin y al cabo, la verdad no se sabe donde está. Todo se vuelve política. Yo no como política, yo no siembro política…ya yo lo que viví en Cuba, yo lo hice en Cuba. Mi objetivo principal aquí es trabajar, y no encuentro cómo hacerlo”.

Por esos días Reina Luisa prefería no conceder entrevistas. Era fácil intuir por qué.

Pero ahora que rompió el silencio y regresó a las noticias, esta vez por considerar que las promesas con que los atrajeron a suelo americano se tornaron irreales, por presentir que tanto ella como sus familiares han sido simplemente utilizados por una maquinaria política de ideología opuesta a la que la hostigaba en Cuba, la verdadera historia ha salido a flote. Y de una muy dolorosa manera.

Primero una familia lacerada por la represión gubernamental cubana. Después, la sórdida realidad de un exilio distante, donde muchos terminan de morirse de nostalgias mal curadas, y donde el que no sabe valerse por sí solo tiene una única opción en el tablero de posibilidades: jamás venir.

¿Valdría la pena investigar el historial de promesas incumplidas con esta familia por parte de organizaciones y líderes exiliados? Desde luego. No para corroborar lo que ya sabemos, sino para demostrar cuánto les mintieron a estos cubanos humildísimos en el afán de aglutinar más víctimas en Miami, a como diera lugar.

Valdría la pena preguntar quiénes les dijeron a trece personas sin demasiado nivel escolar, a una mujer de 65 años con algunas enfermedades de atención, que serían mantenidos por tiempo indefinido en una ciudad donde cada quien debe esforzarse por no engrosar el 11.5% de desempleo vigente, y donde miles de nacidos acá, con doble idioma y conocimiento absoluto de la sociedad, no consiguen trabajo con qué sostenerse, o deben limpiar más que patios –como Reina Luisa afirma que ha debido hacer – en aras de conseguir con qué pagarse las cuentas.

Cuando Reina Luisa imploró desde Banes, Holguín, por gestiones que variaran el destino original de la familia –Arizona- para el Miami cálido y “conocido”, pensaba que sabía lo que hacía. Esto es: arribar al sitio donde sus compañeros de causa y dolor mejor podrían ayudarla a ella y a los suyos. Las gestiones de la Presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, congresista Ileana Ros-Lehtinen, hicieron de su pedido una orden de inmediato cumplimiento. 

Hoy la madre de Orlando Zapata Tamayo aprende una lección de la peor manera posible: en las sociedades libres no solo se disfrutan de derechos inviolables, también se contraen enormes deberes. El primero y principal: el deber de velar por la propia vida. Así se vive en la mayor parte del mundo civilizado. Así se vive en una sociedad estadounidense a la cual, ojalá me equivoque, Reina Luisa probablemente jamás se consiga adaptar.

A todas estas, el fuego cruzado. Desde Cuba el aparato propagandístico ríe a carcajadas, y muestra al pueblo cautivo las bondades de un exilio donde los iconos, como Reina Luisa, dicen sentirse traicionados a siete meses de arribar a la libertad. En Miami, demasiadas voces comienzan a emplear calificativos como “malagradecidos” e “injustos” para nombrar a los trece familiares del mártir.

¿Cómo explicarle a una mujer que no escogió su destino, sino que ha sido víctima de él; una mujer sin escolaridad, sin más planeta que su Santiago natal y su Banes adoptivo, sin más existencia que el dolor por la pérdida atroz de un hijo; cómo explicarle que ahora ella y los suyos deberán agenciárselas solos, sin las cámaras de televisión, sin los titulares, sin organizaciones o políticos demasiado absorbidos por un año electoral?

¿Cómo hacerle entender que el concepto de un Estado paternalista, donde las casas “se daban”, donde la medicina no debía pagarse, donde si faltaba el azúcar o el arroz la solución llegaba pidiendo prestada a la miseria del vecino, que todo eso quedó en el pasado, que en estas tierras no solo se conquista la libertad sino, sobre todo, la responsabilidad por el destino propio?

¿Cómo hacerle entender que ella hablaría ante el Congreso de los Estados Unidos, sería invitada a contar su historia en Boston y Puerto Rico, pero que una vez concluida la narración tendría que empezar a pagarse ella misma las cuentas de electricidad, cable, teléfono y transportación? 

No, eso no será posible. Como no será posible devolverle a su hijo y devolverle su vida humildemente feliz en Banes, algunos años atrás. Como no será posible, tampoco, ir puerta por puerta de todos los que en Miami le prometieron un apoyo irrenunciable, a exigirles el cumplimiento de sus palabras.

La imagen de Reina Luisa Tamayo este 31 de enero en el restaurante Versailles, apelando a su simbolismo para mover los sentimientos de quien pudiera ofrecer un trabajo de consolación para ella o alguno de los suyos, me parece de una tristeza descomunal. Y sospecho que los responsables directos de esta realidad ni siquiera saben por dónde estuvo hoy la madre de Orlando Zapata, ni en busca de qué.