Archivo por días: febrero 9, 2012

Estamos tocando el fondo

Hola amigos comenzamos el año con el triste asesinato de otro hermano nuestro y yo me pregunto,¿ como es que el pueblo de Cuba no se da cuenta que somos una vergüenza? el temor a perder lo que ni siquiera nos pertenece obliga a muchos a bajar la cabeza y seguir andando, los culpables no sienten tristeza, no sienten angustia ni arrepentimiento, como si las personas que queremos un país libre y con derechos respetados, no fuésemos humanos, hoy otra esposa llora la perdida de su compañero y unas pequeñas niñas la ausencia de su papi, pero hay de los culpables, pues de la justicia de los hombres pueden escapar, mas de la justicia divina les será imposible, ahora no puedo hacer mas que dedicar este pequeño escrito de condolencia por este hermano y vuelvo a decir hasta cuando Cuba, hasta cuando hermanos, basta ya, estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo, hasta pronto amigos y que Dios les bendiga.

Martí y la idea del partido único.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

Cuando se lee el discurso de Raúl Castro en la clausura de la Primera Conferencia Nacional del Partido algo llama poderosamente la atención, y es la reiteración de una idea que inquieta a todo aquel que conozca someramente la doctrina martiana, idea expuesta ya en otras ocasiones, sin fundamento posible: intenta atribuirse a José Martí, demócrata por naturaleza, la concepción de una República regida por un solo partido.
Sin pretenderme experto en la obra del apóstol – que sin embargo conozco suficientemente bien – sí me confieso heredero de algo más importante y esencial: la ética que rigió su vida. Es cierto que aquel hombre sencillo y altivo, de elevado espíritu, que murió de cara al sol “… blandiendo un arma que no llegó a disparar, contra un enemigo que no odiaba…” – parafraseo a Lezama – concibió la unión de todos los revolucionarios cubanos de su momento en la más trascendental creación de su vida, la que demandó más que ninguna otra de todo su titánico esfuerzo: la fundación del Partido Revolucionario Cubano, concebido para organizar la guerra necesaria. Pero dejarlo así sería tomar el rábano por las hojas.
Tratándose de la primera ocasión en la Historia universal en que se creara un partido específicamente para dirigir una gesta revolucionaria – antes que el Partido Bolchevique ruso, por ejemplo – y constituido para “… lograr con los esfuerzos reunidos de todos los hombres de buena voluntad, la independencia absoluta de la Isla de Cuba y fomentar y auxiliar la de Puerto Rico”, el partido fundado en 1892 por Martí entre la comunidad de exiliados cubanos de Estados Unidos, llevaba dentro de sí, desde su nacimiento, los inequívocos gérmenes de la democracia. La primera señal: el Delegado, el cargo de mayor jerarquía – que ocupara él mismo durante el resto de sus años de vida por su gran autoridad moral – debía ser sometido a elección todos los años, mediante voto secreto, y podría ser depuesto en cualquier momento si así lo consideraran procedente los Cuerpos de Consejo.
Más allá de la intención de los Estatutos Secretos del Partido, que regían el funcionamiento y las potestades internas de sus Asociaciones de base, de los Cuerpos de Consejo y del propio Delegado, la naturaleza raigalmente democrática de esta organización en su planteamiento estratégico – reflejo de esa ética que arriba menciono – se evidencia en su proyección hacia la sociedad, en su compromiso cívico para con la futura República, claramente expuesto desde la formulación misma de las Bases del Partido, que en sus Artículos del 2 al 5, ya establecen como su fin “… ordenar, de acuerdo a cuantos elementos vivos y honrados se le unan, una guerra generosa y breve…” y luego reiteran su objetivo “… de fundar en Cuba por una guerra de espíritu y métodos republicanos, una Nación capaz de asegurar la dicha durable de sus hijos…”, a la vez que definen nítidamente que el Partido “… no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o con alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legítimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia…”, así como que éste “… no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere a la Isla como su presa y dominio, sino preparar… la guerra que se ha de hacer para el decoro y bien de todos los cubanos…”
La idea era muy clara: en la preparación de la Revolución emancipadora y luego en la convulsión de la lucha armada en la manigua, un solo partido, un solo puño contra la España colonialista; pero una vez ganada la guerra, lograda la independencia, ya en la República triunfante concebida “…con todos y para el bien de todos…”, la pluralidad del espíritu humano. “A quien merme un derecho, córtesele la mano…” rezaba aquel hombre que murió sin odio; así de vertical era el Maestro en la defensa del derecho ajeno.
Pero no hablemos ya del Martí de 1992, sino del hombre ocho años más joven, casi desconocido aún para los generales del 68 y que encaró, con una dignidad que distanciaría por años a estos grandes caracteres, al Máximo Gómez imbuido en aquel plan ambicioso y fallido de 1884. Aquellas palabras lapidarias – “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento…” – que parecían escritas entre lágrimas a pesar de la firmeza que transpiran, dejaban muy claro que él ni aún en pensamientos podría, según sus propias palabras, “… contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta, y más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, establecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el triunfo.”
Por supuesto que no todo, pero algo sí me precio de haber leído a Martí, y al menos hasta dónde humildemente conozco, en ninguna obra se su ideario político – paradójicamente escasa en libros publicados, sino más bien recogida mediante su prolija labor como colaborador de publicaciones latinoamericanas, sus discursos y su epistolario – expone el Maestro que en una República, mucho menos en aquella por la que murió en Dos Ríos, debía regir un único partido.
Suponer que Martí siquiera pensó en instituir al Partido Revolucionario Cubano como la única alternativa legal en la República por la que se derramó sangre diversa, blanca y negra, pobre y pudiente, cubana y española, sería desconocer la esencia misma del pensamiento martiano. Apostaría mis dos manos y desafiaría a cualquiera que las corte de raíz si encontrara las palabras – no la cita descontextualizada o la frase de ocasión, sino el pensamiento inexcusable – de ese hombre en su contexto, en su grandeza, que inequívocamente diga que estaba dispuesto, ¡mucho menos en el nombre sagrado de la Patria!, a pasar por encima del derecho que tiene el hombre a disentir. De haberlo pensado Martí, maestro de la lengua que hacía encajar la frase en la idea como la espada en su vaina, lo habría dicho con una claridad meridiana, sin lugar para ambigüedades, sobre todo sabiéndose todos los días en peligro de dar su vida por su país y por su deber.
Adjudíquese a quien quiera adjudicársele la idea del partido único en la República ¡pero nunca a José Martí! No a aquel patriota de gigantesco espíritu, capaz de reducir toda la gloria del mundo a un pequeño, pero fecundo grano de maíz; no a aquel hombre iluminado, sincero y universal, que jamás pretendería aplastar el derecho ajeno para defender sus verdades. Esa es una triste faena, de pseudohombres y pigmeos, que tiene bien reservada la Historia para miserables y mezquinos de corazón pequeño, entre los que nunca se contó, para orgullo de los cubanos justos, este paradigma de la dignidad humana.

Atraco económico y ciudadanía

Por Manuel Aguirre Lavarrere
(Mackandal)
De la esclavitud brotan los héroes; pero de la infructífera libertad brotan solamente los inútiles.
José Martí.

La economía siempre ha sido el punto vulnerable de los gobiernos cubanos. Sin embargo, antes de 1959 Cuba figuraba entre los países de mayor solvencia económica del continente americano, sólo superada
por algunos pocos países como Estados Unidos y Canadá. Había un despegue económico que prosperaba a pasos largos y que iba a repercutir, sin duda alguna, en el mejoramiento de la ciudadanía.
A través de las huelgas obreras, muestras de un derecho ciudadano, el proletariado cubano alcanzó varias importantes conquistas.
A pesar de que los tiburones de turno se bañaban a su antojo, la ciudadanía se iba abriendo paso.
Pero no se sopesó el problema de los afrocubanos como grupo con problemas muy específicos, necesitado de una política que hiciera hincapié en las individualidades raciales, como debió ser en su momento y como sigue sin sopesarse en la Cuba de hoy.
El crecimiento que en ocasiones ha tenido el sector financiero, según datos oficiales, no ha garantizado el mejoramiento del sector poblacional más desposeído de la nación, donde también se encuentran numerosas familias censadas como de raza blanca pero que en realidad no lo son.
Hoy, el atraco económico cuyo único responsable es el gobierno, sumado a los cientos de miles de trabajadores que han quedado sin trabajo por los despidos que no tienen en cuenta los años de servicio ni la necesidad del ciudadano, en un país donde se pretende hacerle creer al mundo las ventajas del socialismo, crean los mecanismos de exclusión para que se expanda la vagancia y el delito, ahora bajo la égida del totalitarismo. Es digno de un estudio comparativo con los años críticos de la colonia, cuando negros y mestizos llevaban, como ahora, la peor parte.
Un buen manejo de escamoteo político, con la implementación de leyes encaminadas fundamentalmente a la permanencia y fortalecimiento del régimen, frente a una ciudadanía que carente de todo lo indispensable para una subsistencia decorosa, no alcanzará mejoría alguna.
La gran mayoría de los afrocubanos saben que ganar tiempo es una maniobra que le va muy bien al régimen; pero se queda corto para resolver problemas de tal magnitud como terminar con la exclusión y el racismo, en una sociedad donde la mayoría, esa que no se tiene en cuenta, aun apuesta por cambios radicales y una digna solvencia ciudadana.

Publicado por APLP, 2 de febrero de 2012

Renacer del Registro de la propiedad, (¿para personas naturales?).

 

 

 

 

 

 

 

Lic. Rodrígo Chávez Rodríguez.

Hoy se pretende hacer resurgir la actividad registral en Cuba. Es como si de un plumazo o por imperio de la ley, dicha actividad hubiera sido proscrita. El cubano de hoy, apenas conoce de esta actividad, mucho menos de su trascendental importancia en la vida socio-administrativa. Es por así decirlo, una asignatura pendiente, de la cual no sabemos quién será el profesor que nos preparará para los tan anunciados cambios que según se dice, se están operando y se sucederán otros, no sabemos si radicales o reparadores. Una cosa hay cierta, se aprobó y se sancionó en un tiempo relativamente corto un instrumento identificado como decreto ley no 288, que vio la luz exactamente a los 12 días de 2012, ¿prematuro al nacer o prematuro al andar?

Lo cierto es, que se han despertado expectativas e incertidumbre en los más amplios sectores de la población y poco se ha hablado sobre el tema de los registros. Cubanamente, uno de los pocos registros a que estamos habitualmente a concurrir, es el registro del estado civil, ya sea por una certificación de nacimiento, de defunción u otra, no así con el registro de la propiedad, que por largos años vivió un letargo o un largo sueño reparador, y que llegado el momento, se le ha dado el conocido ¡de pie!, aunque más que un sueño reparador, pudiésemos decir el sueño del olvido. Ahora se nos presenta con nuevos matices, estamos en presencia de la típica carrera contra reloj, contra reloj, no para el sector estatal, sino para el sector poblacional, pues es obligatoria la inscripción de la propiedad inmobiliaria personal, cuando el titular pretenda consumar un acto traslativo de dominio , por su voluntad expresa, amén de los trámites que debe cumplimentar previos a este acto. En el sector estatal ocurre todo lo contrario, ya es praxis, como con la misma brevedad con la que nació y comenzó a andar el mentado decreto ley 288, un almacén destinado a materia prima se convierte en un almacén para alimentos o se adapta a vivienda, -que por cierto, atendiendo a lo estipulado en el cuerpo de este decreto ley, si hasta ahora nos lamentábamos por no existir fondo habitacional, para solucionar este problema; en las condiciones actuales, sería como buscar una aguja en un pajar la solución

No entiendo la relación entre “prisa” y “pausa” a que se convoca. Si se hiciera mención a la cantidad de inmuebles estatales inscriptos en los registros, la cifra sería ínfima y los responsables de cumplimentar esta tarea, permanecen impávidos, obviando y menospreciando la actividad registral.

Se pretende que la inscripción de los inmuebles en los registros por sus titulares, inscribir un inmueble en el registro de la propiedad por su titular, es sinónimo de adquirir justo título de dominio. Pero, ¿hasta dónde se respeta o podrá respetarse este concepto?

Ahora se maneja casi como un mandato de lo tomas y no lo dejas, pero ¿cómo marcha el proceso de inscripción de los inmuebles estatales en los registros de la propiedad?, proceso que no es el padre, sino el abuelo, del que se quiere acelerar hoy, ¿dónde está el registro de inmuebles urbanos, que coexistió con el período de la ley de Reforma Urbana y su consejo superior?, ¿dónde fue a parar la información que él atesoraba?

No se trata de ayuda, cooperación ni supervisión por parte de estado sobre los actos traslativos de dominio y los derechos reales; se trata de que como titular, pueda disponer de mis bienes libremente, sin mediaciones, ni condiciones y que como bienes patrimoniales, podamos enajenar a nuestro arbitrio.


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Arlequín Memorioso

Si algún idólatra genuino le queda al viejo, ese idólatra debe estar sufriendo una severa crisis existencial. Los lacayos con pedigrí, los de verdad, sufren lo indecible cuando sus ídolos se revelan como simples humanos, y en casos como este -Fidel Castro expuesto al público durante 6 horas-, un humano esperpéntico.

Asociar al Fidel Castro iconográfico, aquel que obligó a Virgilio Piñera a esforzar su esfínter para no orinarse de miedo ante el mastodonte de pistola al cinto que se reunió en 1961 con él y otros intelectuales descarriados; asociarlo con este ancianito de pómulos huesudos, de mandíbulas y ojos emancipados que se movían a contrapelo del relato, podría entenderse en el terreno de la biología, pero los idólatras asumen la biología como cuestión de mortales. ¿Y cómo hacerse a la idea de que el Líder Supremo también se convertiría alguna vez en un viejito grácil como este, un viejito que solo sirve para reírse de él?

El nefasto simbolismo con que carga este hombre no nos impide disfrutar de la comicidad hilarante que ofreció en su más reciente alocución, durante el lanzamiento de su libro de memorias en el Palacio de las Convenciones en La Habana.

Guerrillero del Tiempo, ha titulado este libro Katiuska Blanco, la diligente escribana destinada a teclear estas casi mil páginas de ficción separadas en dos volúmenes. Guerrillero del Tiempo. Los sátrapas y sus manías exclusivas: unos se levantan pirámides, otros se construyen memorias con títulos faraónicos.

Puede que los dos tomos de este delirio cuasi póstumo de Fidel Castro no sirvan más que para decorar los salones oficiales y para regalo de vanguardia partidista, pero el pintoresco lanzamiento de este capricho del poder, lo que se dijo y no se dijo en esta salita del Palacio de las Convenciones, no tiene desperdicio alguno. Como ellos mismos se apresuran a decir: allí se hizo Historia.  

El viejito habló de lo humano y lo divino. Su auditorio, compuesto por una exótica argamasa de farsantes, idólatras y tontos útiles, rió a más no poder cuando el Comandante lo pidió, y calló las carcajadas auténticas cuando la prudencia lo aconsejó.

El viejito dejó perlas de valor incalculable. Digamos: calificó al precandidato republicano Mitt Romney como “el menos infumable de los infumables”, reveló un top secret al denunciar que los británicos pretenden extraer petróleo de Las Malvinas, y masculló su definición personal de qué es Internet: “un instrumento revolucionario que permite recibir y trasmitir ideas en las dos direcciones, algo que debemos saber usar”.

Entre vahídos e hipos, entre desvaríos y quebraderos de voz, ora susurrando ora pronunciando un galimatías indescifrable, como quien habla una lengua extinta, el Castro más de feria que jamás se haya visto nombró, por ejemplo, a un híbrido entre su fallecida cuñada y la presidenta del Brasil (“Vilma” Rousseff); confesó el errorcillo de poner a todo un pueblo a estudiar Ruso cuando el mundo entero aprendía Inglés; y cuando le pusieron al teléfono al espía liberado René González, lo confundió con otro agente de la Red Avispa tras las rejas, Antonio Guerrero.

Estaba mandado a correr.

Para no desentonar con la atmósfera de teatro bufo, los dos acólitos culturales que escoltaban al magro líder esta vez, pusieron de sus cosechas. Abel Prieto, Ministro de Cultura, aseguró sobre este libro de memorias que “mucha gente que enfrenta hoy en el mundo la barbarie irá corriendo a buscarlo” como manual de soluciones. Miguel Barnet, Presidente de la UNEAC, fue más lejos aún: “este libro recrea la vida del Comandante como una película en tercera dimensión”.  

Con toda probabilidad esta podría ser la última gran aparición pública del ayer hombre fuerte de la Isla, hoy armazón de huesos, canas mal peinadas y balbuceos coloridos. No creo que su cuerpo aguante otras seis horas de cantata, aunque con este espécimen arqueológico nunca se sabe, la verdad. 

Pero como final agridulce, como ese giro de tragicomedia que corta la sonrisa hasta convertirla en mueca dolorosa, la presentación de los dos primeros volúmenes de las memorias de Fidel Castro nos dejará una imagen como vergüenza histórica: intelectuales, artistas, científicos, profesores, convertidos en muñequitos de cuerda que aplauden, ríen o se emocionan en el instante en que un cerebro chamuscado por el tiempo así lo solicita, e incluso, llegado el caso, un auditorio que se tornaría ejército de enfermeras dispuestas a cambiarle el pañal maculado al líder incontinente.

(Publicado originalmente en Martí Noticias)