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Cuba a mano alzada

Enrique  García Mieres

Los recientes movimientos sociales conocidos bajo la etiqueta de “indignados” han puesto de actualidad noticiosa al sistema asambleario y el voto a mano alzada como métodos para el debate colectivo y la toma de decisiones, hay algo lúdico y enriquecedor en estas reuniones donde los participantes perciben que su voz y voto cuenta para la comunidad. También se pueden leer noticias sobre colectivos que reniegan del voto a mano alzada como los estudiantes de un instituto de enseñanza secundaria español que dicen sentirse coaccionados y solicitan hacerlo en secreto para votar los acuerdos del claustro de profesores; o los que fueron aún más lejos y acudieron directamente a la justicia para abolir esta práctica, que es el caso de unos mineros mexicanos que llegaron hasta la corte suprema con sentencia a su favor: A partir de ahora podrán decidir mediante voto secreto y, en particular, los mineros de dicha cooperativa esperan que los tribunales federales y del trabajo conviertan pronto esta jurisprudencia en sana costumbre laboral para desterrar de una vez por todas el voto a mano alzada, que fue un mecanismo de sometimiento en contra de los trabajadores. En Cuba no existe tal debate sobre la conveniencia o no del voto secreto, incluso en el proceso electoral a las asambleas (parlamentos) municipales y provinciales está regulado en la ley que especifica cómo el voto a los candidatos propuestos  ha de realizarse a mano alzada. Cabe preguntarse si este ejercicio electoral asambleario además de  inconvenientes como coartar la libertad de elegir en privado, ofrece alguna ventaja sobre la transparencia del proceso haciendo más difícil su manipulación.  Juzguen ustedes después de leer.                                         En una entrevista a Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento nacional) cuando le preguntaron si los opositores tenían algún obstáculo para presentarse a las elecciones municipales respondió: en este mes de Septiembre en que la gente se reúne en todas partes, en todos los barrios del país y propone a quien le dé la gana, aunque se llame Oswaldo Payá o Martha Beatriz Roque… el que sea. Si tiene los votos va a ser candidato. Mira Edmundo, cómo puede ser candidato un individuo que no tiene ni a una sola persona dispuesta a decir que quiere que sea elegido, hay que suponer que cualquiera tiene, por lo menos, un sobrino, un amigo- para continuar en otra respuesta-  que se deje de tanta bobería y que se busque a un amigo, a un vecino y que lo propongan allí… Ahora, los votos no se los vamos a buscar nosotros, que se los busquen ellos a ver si los consiguen. Parece un mecanismo bastante sencillo donde basta con ser postulado y conocido en la vecindad para ser elegido candidato, no se puede hacer campaña porque está prohibido en la ley electoral. Es lo que hicieron los vecinos habaneros de la barriada de Cambute en el año 2007, propusieron como candidato al activista por los derechos humanos José Luís Rodríguez Chávez.                                                                                                                       Cambute es un barrio del municipio de San Miguel del Padrón, una especie de “villa miseria” construida por el Estado para albergar a familias que perdieron su hogar, y que oficialmente se denominan  “viviendas en tránsito”. Allí venía funcionando un grupo de activistas de la Fundación Cubana de Derechos Humanos, que en un principio decidieron solidarizarse con los vecinos para no participar de las asambleas populares y la farsa electoral, ya que hasta la fecha no habían servido para solucionar las graves carencias de servicios que padecen. Después de varios intentos fallidos de celebrar una asamblea, haciendo una campaña intimidatoria, los funcionarios gubernamentales consiguieron organizar una reunión a medida, dirigida por el secretario general del Partido Comunista Cubano (PCC) del municipio, una veintena de vecinos y otro tanto de funcionarios y agentes traídos en autobús para la ocasión, también traían como candidato a un policía de la vecindad. Así funciona el sistema asambleario revolucionario, cuando vienen mal dadas, no pasa nada, para cumplir con el trámite se organiza una asamblea de postizo con vecinos aparentes, y el voto a mano alzada no es ningún impedimento para hacer una demostración de fuerza. Sin embargo esa vez el plan no salió según lo previsto  porque los activistas tomaron la iniciativa, y sorprendieron presentando un candidato que contó con el suficiente apoyo popular. El acto culminó entre insultos y amenazas   para los vecinos. Unos días después se celebraron las elecciones y la historia se repitió, trajeron a medio centenar de funcionarios como” vecinos aparentes” que introdujeron su voto en la urna, quedando finalmente el candidato oficialista como delegado a la asamblea municipal (una especie de concejal sin concejalía). Uno pensaría que este comportamiento alevoso y sin pudor se lo pueden permitir  porque no hay nadie observando, en realidad sí, sucede a la vista de todos, como se vio en Cambute daba igual el voto a mano alzada que en urna electoral.                                                          ¿Para qué  hacía falta un uso tan enérgico de la fuerza? Sí, porque antes, durante y después del proceso electoral hubo un despliegue policial descomunal, y el final de la historia acaba unos días después con los principales activistas del bario encarcelados – incluido el candidato, que hoy está desterrado en España – bajo diferentes acusaciones que van desde la peligrosidad predelictiva hasta el desacato. Hubiese bastado con fingir las buenas maneras y que la propia naturaleza del puesto  de delegado municipal – sin ninguna capacidad para influir en la política ni dotación económica que gestionar para su comunidad – consumiera los ánimos del candidato opositor, arrojándolo  a la frustración vecinal; más aún cuando los activistas, conocedores de las limitaciones del cargo electo, consiguieron salirse con la suya: “retratar” la farsa electoral.  Pero el régimen cubano se basa precisamente en su poder omnímodo y no puede consentir una derrota por insignificante que parezca, paradojas de la fragilidad del fuerte.                                        Fuera de los episodios electorales el sistema asambleario en Cuba- practicado a todos los niveles en la enseñanza y el mundo laboral entre otros -  funciona de un modo similar, haciendo pequeñas variaciones sobre la opinión “autorizada” fuera de la cual es una conducta temeraria, tampoco  hace falta esmerarse mucho en parecer atrevido que el sistema sabe cómo interpretar los pequeños matices y obrar en consecuencia.

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Problemas pendientes

Publicado en "monografias.com"

Encendí la tele temprano este 26 de marzo para “distraer” a mi paladar por el mal sabor de una humeante taza de café de bodega —cuando está frío no hay quien se lo tome— y me sorprendió la información en la revista matutina Buenos días, de un evento sobre la discriminación racial en Cuba. El mismo se celebró en la provincia de Ciego de Ávila y fue auspiciado por la UNEAC.

Este es uno de los tantos problemas que la Revolución prometió resolver y no lo hizo. Por el contrario, se ha caracterizado por discriminar a los cubanos y les ha violado sistemáticamente sus derechos elementales básicos.

A pesar del alto nivel de instrucción alcanzado en Cuba, aún subsisten en la sociedad actitudes marginatorias en diversos aspectos de la vida nacional. Evidentemente, el hecho —ya sea dirigido o no— viene a confirmar los espacios de debate que se están creando entre diferentes sectores sociales y que deben abrirse y diversificarse cada vez más, para coadyuvar a fomentar escenarios de convivencia más justos y equitativos entre los cubanos.

Ese suceso aislado quizás está encaminado a promover el incremento “ordenado” y gradual de un diálogo “democrático” sobre temas que no les resulten a las autoridades demasiado incómodos, ni pongan en peligro sus parcelas de permanencia en el poder. Mientras no se traten asuntos políticos medulares como la pluralidad de partidos y las libertades fundamentales en general, será un intercambio mediatizado. No obstante, me esperanzan esas muestras de preocupación por debatir —ojalá que sea con ánimos de resolver— esos asuntos preteridos y lacerantes de nuestra nación. Espero más, pero ‘no se le pueden pedir peras al olmo’. Y aunque no sea definitoria —por ahora— me entusiasmó la noticia, porque como dice otro refrán, más vale tarde que nunca.

Entrevista concedida a Praxis

Entrevista concedida por el Dr. Jeovany Jimenez Vega aPraxis, informativo local de la Iglesia católica de Guanajay,publicada en su última edición.

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Un acontecimiento inédito por la responsabilidad social que ha asumido gran parte del pueblo guanajayense y en especial un sector importante de la Iglesia católica merece unas líneas de su protagonista.

Praxis.- ¿Por qué otra vez una huelga de hambre?

J.J.V.- No comparto la huelga de hambre como método de lucha o denuncia social; lo considero incivilizado pues atenta contra la vida, pero a su vez hay que reconocer que es usado solo cuando es igual de incivilizado el poder que se nos opone. Si en nuestro país imperara un Estado de derecho semejante conducta no fuera necesaria, pero a ella se acude cuando el ciudadano se ve aplastado por un poder que lo sobrepasa, sabiéndose víctima de una injusticia ante la cual agotó completamente cualquier recurso posible para su reparación.

Praxis.- No sabemos si eres cristiano, pero ¿que sientes por este acompañamiento especial de la Iglesia, sacerdote, Obispo, religiosas, laicos, prensa católica? ¿Están mediando en tu reclamación?

J.J.V.- La relación Estado-Iglesia Católica en Cuba hoy es muy compleja y polariza fuertemente las opiniones. Aquí solo me gustaría agradecer las profundas muestras de apoyo que me han mostrado la comunidad católica de Guanajay, el Padre Carreró, las hermanas Escolapias y el Obispo Serpa, preocupados y ocupados en ayudarme, comprometidos en acciones concretas. Igual agradezco al resto de las congregaciones religiosas, también atentos y orando con fe para que todo se resuelva.

Praxis.- ¿Por qué reclamar un trabajo cuyo salario no alcanza para vivir?

J.J.V.- No hay que confundir para nada el poco respeto mostrado por nuestros gobernantes o las autoridades del MINSAP hacia los profesionales del sector, con el amor que sentimos por la profesión a la cual le consagramos nuestra vida. Si este gobierno encuentra recursos para pagarle miles de pesos a otros sectores pero no los encuentra para retribuir a un médico que salva vidas será vergüenza para él. Yo vivo orgulloso de mi profesión.

Praxis.- ¿Has notado rechazo o quizás mucho más apoyo por parte del pueblo a tu reclamación? ¿Te persuade o te reafirma en tu opción?

J.J.V.- Algunas personas pueden opinar sin conocer las interioridades del caso, pero cuando se asoman y descubren la verdad quedan estupefactos. Por lo general, el pueblo de Guanajay sabe bien que está ante una gran injusticia y generalmente me ha mostrado un apoyo palpable y sincero. Me siento hijo de este pueblo. Todo este apoyo me ratifica en mi justo propósito.

Praxis.- Algún mensaje final.

J.J.V.- Sueño con el día en que ningún cubano acepte algo o haga concesión alguna si ésta le cuesta un grano de dignidad. Se trata de poner la dignidad humana por encima de todo.

Las aguas, lo primero.


Nadie nos paga por reclamar nuestra libertad, ese desorden en la percepción del fenómeno ha sido vilmente propagado en Cuba y fuera de Cuba por la cochina Seguridad del Estado. No ocurre así, porque es absurdo. Si protestamos es porque somos los que padecemos la falta de derecho y libertad, y si alguien nos auxilia nos libera del descalabro físico por el hambre y las incontables necesidades. Pero aparece el comodín del bloqueo, porque no somos los cimarrones los únicos afectados por la necesidad. Sin querer resolver ahora la cuestión acerca del bloqueo, yo creo personalmente que nada me garantiza que teniendo el Estado más solvencia económica yo y los demás dejemos de ser pobres, porque ya vemos lo que hacen con Internet, se reservan el derecho de otorgar ese derecho a la información, considerado un privilegio, a la clase de sus adeptos. Las personas en Cuba que defienden sus derechos lo hacen por ser las únicas afectadas por la falta de derecho. Además, se quedan sin trabajo. Si consiguen quebrarlas habrán de aspirar a limpiar los pisos donde escupen los tiranos y los esclavos.
Ayer solicité ayuda de la encargada del edificio donde vivo, para darle solución a un pequeño goteo de agua, en la rosca de la tubería del reloj contador, que me obligó a poner cubitos que debía cambiar a cada hora, y alguna vez secar el charco en el pasillo común a tres apartamentos. Como no tengo dinero para resolverlo yo sola y una vecina violenta quiso fajarse conmigo, pedí casi desesperada ayuda de los vecinos. Cuando la señora encargada me negó ayuda al menos para apaciguar el odio de mi vecina, me dijo que tenía que resolverlo todo yo sola. Le dije que existe en Cuba un fenómeno como el Apartheid pero ideológico, ya que mi vecina podía entrarle a piñazos a mi puerta, gritarme: “¡pendeja!” por no querer responder a su lenguaje de golpes, y cerrar la llave de paso del agua a mi apartamento y la única opción que me quedaba mientras buscaba un plomero que me hiciera el trabajo por buena voluntad era responder con los puños a la violencia, pero la iracunda vecina era protegida por la comunidad porque es activista del CDR y va a las marchas -le dije- y los revolucionarios limpian sus pecados en la Plaza el primero de mayo. Además, me niego a robar para poder solucionar mis problemas. Me gritó la señora encargada que me fuera a “ese país que yo quiero tanto”, y yo me fui pensando que yo no quiero ningún país, el tema no es querer a los países sino quererse como persona. Yo no creo en los países, creo en mí como persona, y aquí antes de ser persona está la lealtad no a una tradición nacional sino a una ideología que promueve una especie de Apartheid. Me quedaba la opción de denunciar el ataque de mi vecina con la policía, pero sé que además de confundirme con el poder que yo acuso, enviarían a un guajiro bruto fanatizado que no mediaría para traer la paz. Finalmente Dios me ayudó, porque apareció un amigo de la adolescencia que buscó una herramienta y apretó la rosca y el agua dejó de botarse. Del tiro me he peleado para siempre con Alfredo porque nunca está cuando lo necesito.
Ya no tengo trabajo ni quiero buscarlo pero si mañana encuentro mi sustento siempre fuera del sistema seré igualmente acusada, y ahora pasando hambre también lo soy. Y ¿saben qué? Sufro cuando todas las provisiones se acaban y la ropa interior está llena de huecos, y los zapatos me los regaló mi amigo Agustín por bueno que es, pero aunque le pido a mi Padre en el cielo que nunca me falte comida y abrigo para mi hija, quiero seguir pobre para que nunca se me olvide, hasta que consiga remediarlo, lo que significa ser cubano hoy. No es para que alguien me enviara ayuda que escribo, escribo justamente para que cambie también esa situación. Es raro ser ayudado, a veces hay que aprender a aceptar la generosidad ajena. Pero eso es preferible a trabajar para el Estado aunque hagan las campañitas ideológicas y nos acusen de “mercenarios”, eso es un cuento, una calumnia que hay que desarmar. Porque lo que si es cierto es que en Cuba las personas no tienen libertad política porque tampoco tienen libertad económica. Dependen del trabajo del Estado para empezar el mes y después roban y trafican con todo tipo de mercancía para llegar al próximo mes. Quizá ni se aborrecen a sí mismos por estar robando o revendiendo o estafando, pero estoy segura que aborrecen en algún lugar secreto al Estado y si no lo dejan es porque no han logrado evadirse del sistema. Si no van a marchar- incluso ahora las personas han sido movilizadas para ir a ver al Papa- no conservan algún privilegio ni pueden aspirar a tenerlos algún día. Forma parte de la política laboral en Cuba manejar a los seres humanos al antojo del poder político. En el que casi nadie cree ya, pero los cubanos, así lo creo, no somos como los checos, gente especial, de linaje y estirpe celestial. Los cubanos han sido convertidos en toscos, chambones que se venden al único postor que tienen a su alcance: el Estado. Y así los que no viven de prebendas, o están hasta el cuello en un grado de corrupción mucho menor que la de sus amos, asisten a las marchas para “limpiar sus pecados” en la religión revolucionaria, que hasta eso ha pretendido suplantar.

Sin embargo, los embargos…

Imagen de: http://www.logitravel.com/bloglogi/el-aeropuerto-de-la-gomera-el-primero-en-operar-sin-controladores-a233reos-9806.html

No apoyo embargos o bloqueos ni política extraterritorial o injerencista de país alguno. Parto de las normas elementales de convivencia humana y principios básicos del derecho internacional. Gracias a la modernidad y a la instrumentación y universalización de los derechos humanos, cada vez somos más los que nos oponemos a las políticas de fuerza y preferimos las relaciones amistosas y de respeto mutuo entre los pueblos y gobiernos. También repudio a las dictaduras de izquierda o derecha, justificadas a veces por el reconocimiento de unos pocos derechos elementales que les son convenientes y que inflaman sus medios de propaganda —mientras que omiten y violan otros también básicos—, o por estándares económicos más o menos prósperos. Ambas son represoras y embargadoras de los derechos inalienables de las personas y la dignidad humana.

Los diferendos entre países a menudo son objeto de decisiones gubernamentales que involucran la soberanía de los pueblos y la libertad individual de sus pobladores. Impedirles u obstaculizarles a los ciudadanos de un país que viajen a otro, constituye una infracción atentatoria de las libertades fundamentales. Sin embargo (y con embargo), no uso un catalejo —como suele hacer el gobierno cubano— para mirar la paja en el ojo ajeno, sino que empiezo por casa, para no ser candil de la calle y oscuridad de mis compatriotas. Estoy a favor de que se les permita a los estadounidenses venir a Cuba, pero no me parece ético reclamar para ellos el respeto de ese derecho, cuando a los cubanos —incluso a muchos de los que residen en el exterior— la dictadura nos embarga, bloquea y viola consuetudinariamente los nuestros.

No coincido con quienes imitan las prácticas disociativas del gobierno dictatorial cubano, los cuales señalan o se ocupan de los asuntos de la humanidad y hacen campañas injerencistas a favor de los derechos de los extranjeros, para dar la falsa idea de que somos un modelo con casi todos los problemas resueltos. Si verdaderamente queremos contribuir a la equidad y justicia sociales en el mundo, comencemos por casa.

LML en LJC (30)

Para Osmani a propósito de Los Brutos

Pocas veces me ha parecido tan desacertado un artículo de la autoría de uno de los titulares del blog como este.

A partir del reciente ingreso en una iglesia –y de la “invitación a abandonar el templo”, acoto yo– de un grupo de disidentes, te haces eco del rechazo de un amigo ante el hecho. Eso no está mal, expresar opiniones es lo que hace falta, y ese grupo de personas debe haber estado consciente de que su acción atraería aprobación y desaprobación. Pero ahí mismo te lanzas en un plural indefinido a hacer la afirmación de que no tienen credibilidad dentro del pueblo. A lo mejor me he perdido de algo, ¿Acaso la prensa además de publicar la nota de la Iglesia, publicó las demandas del grupo?, ¿En algún momento tuvo algún individuo o grupo opositor la oportunidad de divulgar sus propósitos hacia el interior de Cuba? La inmensa mayoría de los cubanos conoce a estos y a todos los opositores por la traducción “libre” que de ellos han hecho los medios de difusión… en manos del gobierno.

No puedo afirmar que la disidencia sea sincera, como tampoco tú puedes afirmarlo de los que apoyan al gobierno. Es como cualquier conglomerado social. Eres joven y estás graduado en la universidad, ¿Sólo crees en lo que dice la prensa nacional y si esta prensa no lo menciona, no existe?, ¿No te resulta curioso que según esa misma fuente, no hay ni un solo opositor honorable?

Tu lectura me confirma el daño antropológico que más de cincuenta años de totalitarismo nos ha hecho como ciudadanos. En cualquier parte hay gobierno y oposición, los ciudadanos simpatizan a uno u otro lado, o miran hacia otra parte, pero sólo en sociedades totalitarias se observa la polarización de hacerlos enemigos.

Señalas cosas con las que puedo estar de acuerdo, pero el trabajo en general, va en dirección contraria a mí, que no quiero azuzar el odio ni el desprecio, sólo porque alguien piense diferente. Incumples con la ética del blog al agredir verbalmente, ¿O es que acaso con escribir que no utilizas el término Bruto despectivamente, la impresión de todo lo contrario desaparece?

(Nota : ¿Eso de que en la mayoría de las casas cubanas hay un dvd era un chiste?)

 

 

¿Habemus cambios?

Teniendo en cuenta el tiempo transcurrido entre la primera y la segunda visitas papales (catorce años y dos meses), para la mayoría de los de mi generación, esta fue la última posibilidad de ver a un Papa en casa. El Papa vino, saludó, rezó, ofició dos misas, habló, se entrevistó y pidió a Dios por todos los cubanos. En los medios se resaltó constantemente la presencia de creyentes y no creyentes, aunque lo correcto habría sido católicos y no católicos, porque aquí todo el mundo es creyente, incluyendo los que dicen públicamente no serlo, sólo que unos creen en Dios o en sus dioses y otros hasta en el Diablo.

Aunque esperar resultados de la visita en tan poco tiempo (tres días) es un absurdo (recordar que Dios necesitó al menos siete), debe señalarse que en Santiago de Cuba, ninguna de las partes dijo nada nuevo, que no haya sido repetido hasta el aburrimiento durante decenas de años. Las palabras de recibimiento: propagandísticas, reiterativas y grises, parecían más bien un resumen de algunas conocidas reflexiones. Las de agradecimiento por el visitante: poéticas, genéricas y sólo de buenos deseos. Es más, la intervención del Arzobispo de la Diócesis, quedó muy por debajo de la de su antecesor, Pedro Meurice Estiú, en el año 1998 ante el Papa Juan Pablo II. En la misa hubo mucho evangelio y poca conexión con la realidad, a pesar de las banderitas en alto y los cánticos religiosos. Es posible que la intención papal, aquí haya sido sólo la de honrar a la Virgen de la Caridad del Cobre, celebrar el cuatrocientos aniversario de su aparición a los cubanos en las aguas de la bahía de Nipe, y entregarle la Rosa de Oro. De ser este el motivo, es válido. En La Habana, donde se esperaba algo más importante y sólido, aparte del oportuno versículo del evangelio leído (aquí si estaba en conexión con la realidad), todo se centró en un llamado a la búsqueda de la verdad, que nos hará libres, algo que muchos hacemos desde hace tiempo. En la recepción oficial se dijeron algunas verdades, y medias verdades y mentiras en demasía, para consumo general y de los medios, más bien protocolares y sin mayor importancia.

Un amigo bastante profano, fanático del boxeo, me comentó que el encuentro entre la Iglesia y el Estado había sido más de fintas y de movimientos calculados dentro del cuadrilátero, que de pelea, desilusionando bastante a los asistentes, quienes esperaban un poco más de acción. Daba la impresión que el combate estaba pactado de antemano a tablas, ya que ninguno marcó ningún golpe. A veces, concluyó, en los resultados por tablas nadie gana pero los dos pierden.

Quiero pensar que mi amigo está equivocado y que, además de lo publicado, hubo acuerdos y compromisos bajo el tapete, como ha sucedido a lo largo de la historia, entre los distintos representantes del poder divino y del poder terrenal. Espero que la Iglesia no haya planteado sólo sus intereses como institución, y se haya preocupado también de los intereses de los cubanos como nación. De ser así, lo cual se sabrá con el tiempo y los hechos, toca al Gobierno, a la Iglesia y, principalmente a los cubanos, evitar que todo se quede en palabras y en buenas intenciones, de lo cual ya estamos un poco cansados. En definitiva, lo más importante es que la ciudadanía, dejando atrás el fanatismo de tantos años, introduzca en sus proyectos de vida el ausente y tan necesario civismo. Actuar como ciudadanos responsables es lo que se impone, aunque la tarea no sea nada fácil, ya que necesita de convicción y de práctica. La doble moral (que no es más que falta de moral), la falsa unanimidad, el aceptar lo que debe repudiarse, la intolerancia, la corrupción material y moral, la falta de principios éticos y otros males, ampliamente desarrollados e instalados en nuestra sociedad, deben ser combatidos y erradicados. También debe materializarse la voluntad ciudadana de cambios reales económicos, políticos y sociales. Sólo así, estos tres días tendrán alguna razón para ser recordados.

Rescatando tesoros de la oscuridad

Por: Yoaxis Marcheco Suárez

Como techo el cielo despejado y un sol casi calcinante, como paredes los muros del Malecón habanero, los viejos edificios de la antigua Habana, el Morro y las turbias aguas de la Bahía, un paisaje que aunque desgastado, aun luce hermoso. Todo esto forma el templo de la iglesia Alcance Victoria, que más que un nombre, es una invitación a aceptar al Cristo que redime, que libera de toda carga de pecado y de angustia.
Organizada hace unos diez años atrás y con una membresía de más de un centenar de personas, Alcance Victoria dirige su trabajo evangelístico a la población joven habanera, sacando del desperdicio social a muchos tesoros que la corrupta sociedad cubana actual ha envuelto en lodo. Muchos transforman su vida gracias al empeño de estos hermanos que llevan la luz de la Palabra de Dios a los sitios más oscuros de la triste y lúgubre capital de los cubanos.
Hace algunos años las autoridades de la ciudad hicieron un llamado de urgencia a las iglesias, solicitando la colaboración de estas en la lucha contra la delincuencia, la corrupción y el vicio, males que golpean fuertemente sobre todo a la población de menos edad. Aunque esta iglesia responde por su enfoque a este llamado no ha recibido hasta el momento el apoyo del gobierno local, ni nacional. Incesantemente han solicitado a estas entidades un espacio para erigir el templo, la respuesta a sus solicitudes ha sido una constante negativa.
El empeño amoroso tanto del pastor Abel Pérez Hernández, miembro del Departamento Ministerial de la Convención Bautista de Cuba Occidental y de los ya alcanzados que forman el cuerpo de esta creciente iglesia, va a proseguir. Ellos están decididos a ocupar el espacio que los gobernantes humanos quieren negarles. Si no hay paredes, la ciudad y sus muros seguirán sirviendo de tales, el cielo seguirá siendo su techo, ya sea que esté despejado o lluvioso y el Morro será testigo de la hermosa alabanza de los hijos de Dios.
Yo sugiero a la Oficina de Atención a Asuntos Religiosos que no demore más esta simple gestión de designar un local para la edificación de este templo, hay muchos sitios en La Habana al borde del desplome, estos hermanos tienen los recursos tanto materiales como humanos para construir y así de paso mejorar la estética urbana tan deplorable en gran parte de la ciudad y que el gobierno no puede asumir. ¿Acaso no hay libertad de culto y creencia en Cuba?
Por último sugiero a la directiva de nuestra Convención participar y apoyar a esta iglesia que trabaja para ganar almas para el Reino de Dios, que solicite sin descanso a las autoridades lo que ellos están demandando, nada más justo, ni con más derecho. Me conmovió ver a tantos niños pequeños bajo el sol y el calor sofocantes. Como hermanos de ellos, creyentes en el mismo Dios debemos mostrar nuestra solidaridad. Alcance Victoria necesita y merece tener su templo, aunque esto no sea ni vaya a ser impedimento para que continúen rescatando tesoros de la oscuridad.

Cientocuatro horas entre las sombras.

Me detuvieron el sábado 24 de marzo a las 8.00 am. Había salido a buscar pan para mis hijos y como desobedecí las órdenes de un paramilitar de las Brigadas de Respuesta Rápida, de no salir de casa, un jeep de la guardia operativa junto a oficiales del G-2  (Seguridad del Estado) se  apareció para efectuar mi  arresto.

Me han impuesto un proceso judicial por desorden público, según ellos, incurrí en ese delito al salir de mi casa. En protesta  hice huelga de hambre y sed hasta que el martes amanecí sangrando de  la garganta  y decidí  tomar agua tres veces al día  desde ese momento hasta que me liberaron.
Dormí en el piso de la policía de San Germán por lo que no pude bañarme, ni hacer mis  necesidades fisiológicas.

Como miembro de la pastoral de matrimonio, mi esposa Exilda Arjona y yo nos vimos impedidos de peregrinar a Santiago  de Cuba, a ella le rodearon la casa  con una veintena de efectivos durante esos días y le hablaron de detención inmediata si salía de allí.

Sobre la visita Papal y los discursos de ambas partes hablaré en unos días, digo, si es que por la televisión cubana los  repiten y alcanzo a escucharlos. Hoy solo tengo fuerzas mas para pensar en  los  centenares de católicos y de creyentes detenidos por la policía  cubana para  impedirles que recibieran la bendición papal.

También reflexiono sobre lo ocurrido a la familia de Delmides Fidalgo en Buenaventura, Holguín, donde  turbas alentadas por la policía política golpearon a sus hijas, rompieron objetos en su casa y mantuvieron detenido a un hombre que  profesa la fe cristiana en una denominación que no es de la iglesia católica y que intentaba dirigirse a La Habana a una gestión personal   y no a la misa del Papa.

Todavía hoy  están reportando por emisoras fuera de Cuba que alcanzo a escuchar aquí, de personas lesionadas y amenazadas por un aparato parapolicial que prepara el genocidio de mañana. Ojalá el silencio del pueblo y de la  Iglesia Católica Cubana se hayan roto para ese día.

Debería

Wilfredo Vallín Almeida

El primer grupo, de 8 jóvenes vino un martes en horas de la mañana. El segundo, de cuatro muchachos (creo que ninguno llega a treinta años) vino este viernes último. Ninguno de ambos grupos tiene conocimiento del otro ni se conocen sus integrantes.

Todos decían estar ante mí por la comisión de un mismo y único delito: salida ilegal del país.

La Capitanía del Puerto de La Habana, en dos resoluciones firmadas ambas por el teniente coronel Jorge Luis Aluija hablaba de otro delito distinto, la violación del Decreto-Ley No. 194 de 1999 referido a De las infracciones sobre la tenencia y operación de embarcaciones en el territorio nacional.

En las referidas resoluciones se les aplica a todos ellos el capítulo1inciso g que reza:

Entrar o salir del puerto o navegar por las aguas territoriales sin el correspondiente despacho de autorización de la Capitanía del Puerto violando lo acreditado para ello.

En las mencionadas Resoluciones de la Capitanía aparecen una serie de detalles que merecieron nuestra atención y entre los que pudiéramos señalar los siguientes:

  • El concepto de embarcación que parece tener la Capitanía del Puerto de La Habana.
  • El tiempo transcurrido entre la comisión del “delito” y la notificación de la sanción a los “infractores”.
  • La violación de los Acuerdos Migratorios entre Cuba y Estados Unidos que pudiera significar la aplicación de este Decreto-Ley en estos casos.
  • La intención manifiesta de castigar a quien arriesga su vida por abandonar la isla a como dé lugar.

No es mi intención en este instante detenerme en estos puntos que dejo a los especialistas de la rama pertinente del Derecho de la Asociación Jurídica Cubana.

El punto que quiero tocar es este otro: mientras conversaba con estos muchachos y constataba su determinación de abandonar el país de cualquier forma, me hice esta pregunta que ahora transmito a quienes debieran tener la responsabilidad de responderlas:

¿La forma de detener esta situación entre la juventud cubana es imponiéndoles multas gigantescas u otros castigos?

¿Es así como debemos responder al deseo de nuestra juventud de tener un futuro decoroso, de decidir sobre sus propios destinos?

En el programa de la televisión El Triángulo de la Confianza de esta semana, se trató el tema de la apatía entre la juventud.

Me gustó mucho lo que vi y oí en esa transmisión.

Allí se dijo que esa apatía se debe, entre otras cosas, a que la juventud no participa en la toma de decisiones, que siente que todo le es impuesto desde arriba, y no se le toma en cuenta para nada.

Y mientras contemplaba ese programa pensé en algo que me hizo sonreír:

El delito de lesa juventud no existe…pero debería.


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