Archivo por días: noviembre 2, 2012

La soledad del desierto

El lunes pasado, finalmente, decidieron efectuar la vista pública de mi caso después de tres años de continuas torturas, falsas investigaciones, luego que la Fiscalía retirara más de cinco cargos que llegaban a la exorbitante suma de 54 años de cárcel –los que aún con varias acusaciones añadían otros treinta años más, por lo que la suma total se acercaría a los noventa años de reclusión para mi persona–, pero alguna mano poderosa decidió desestimarlos, porque comprendieron que no lograban su propósito de atemorizarme y detener el blog: loshijosquenadiequiso.blogspot.com, y, también, porque ante la opinión internacional hacían el ridículo.
El juicio lo hicieron en la sala especial del Tribunal de la barriada de la Víbora(no es casualidad el nombre del reptil), dispuesta para “connotados contrarrevolucionarios”; allí le hicieron las vistas a Sebastián, el español que cumplió varios años injustamente, a los setenta y cinco, inocentes también, y, hace poco, al contratista norteamericano Alan Gross que cumple injusta prisión en Cuba.
Desde que llegamos al tribunal ya los miembros de la “Seguridad del Estado” habían montado por los alrededores, en mi honor, un despliegue peliculero al estilo de los regímenes totalitarios. Habían estacionado autos oficiales de la policía y algunos encubiertos en todas las intercepciones que rodeaban la zona. También tenían listas las famosas turbas paramilitares, el supuesto “pueblo enardecido”, que lanzan encima de las Damas de Blanco y el resto de los opositores, los que, según la versión oficialista, “acuden espontáneamente a los actos de repudio”, y que nos mantenían la mirada fría, rebosante de odio, como los perros de presa de los rancheadores,  dispuestos a saltar sobre el Cimarrón a una orden del amo.
Como se esperaba, la Fiscalía no presentó ninguna prueba contundente o verosímil, se limitó a exponer una palabrería hueca, carente las más mínima credibilidad. La parte risible fue cuando la perito, Teniente Coronel, aseguró que, por las pruebas caligráficas, yo era culpable, por el estúpido detalle del tamaño y la inclinación de mi escritura. Mi abogado le preguntó que si la pericial era una hipótesis, un diagnóstico; a lo que la oficial respondió que era seguro 100 % que yo era culpable y que no había margen de error. Esa fue la “prueba” que presentó la Fiscalía, y, por ese motivo, mantuvo la petición de seis años de cárcel. Es decir que: ¿voy a ser culpable sólo por algo tan vago e impreciso como el tamaño y la inclinación de mi caligrafía? Creo que seré el primer escritor acusado en la historia de la humanidad por escribir con “cierta” inclinación, y dibujar mis letras de un tamaño muy sospechoso.
Sin embargo, por parte de la Defensa se presentaron una variedad de testigos que aseguraban mi inocencia en cuanto a los falsos cargos que se presentaron en mi contra. Se demostró, además de la falta de literatura de la perito, errores de estructura, de forma y de hecho en las acusaciones, y se desnudó las falsas estrategias de la Fiscalía, y su búsqueda fallida al intentar atrapar a un inocente que había demostrado con creces su inocencia en cuanto a las acusaciones en su contra. También se mencionó una serie de autores que científicamente demuestran que las pruebas caligráficas no son una ciencia segura, y que sus resultados no pueden usarse como pruebas “inequívocas”, por el amplio margen de error que existe en cada diagnosticado.
Según los amigos que presenciaron la vista, algunos de ellos abogados, ex jueces, y ex fiscales, me dijeron que era una vergüenza que la Fiscalía presentara aquella farsa tan evidente, y que, con seguridad, era indiscutible que se había demostrado que los cargos presentados contra mí, no tenían ninguna seriedad. Pero, algunos me aseguraron que, antes de comenzar el juicio ya estaba tomada la decisión, que el veredicto no lo toman los jueces cuando existe, como en mi caso, un criterio político que es el que decide mi inocencia o no.
También asistió una representación de la “Unión de Escritores y Artista de Cuba” (UNEAC), y la jurídica que representa esa institución, quien permaneció en el juicio, y aseguró que, desde su punto de vista, debían, sin lugar a dudas, dictaminar mi absolución.
Finalmente la vista terminó conclusa para sentencia, que dictaminará la Juezaen los próximos días, no sin antes advertirme que si no quedaba conforme con su dictamen, que tendría diez días para la apelación.
Insisto, como inocente, que no aceptaré ni cinco pesos de multa, que el tiempo de condena en prisión que se disponga, lo cumpliré, desde el primer día, en huelga de hambre.
Al salir del tribunal, uno de los agentes de la “Seguridad del Estado”, informaba por celular que no hacía falta que enviaran a más nadie, ya que no sucedió lo esperado, que todo estaba en orden y en plena tranquilidad, que no se habían cometido “indisciplinas”.
No quise darles el gusto de maltratar a los que deseaban ir a reclamar justicia por mí, y demostrar su inconformidad por los abusos gubernamentales a los opositores al régimen. Se quedaron esperando alguna “indisciplina” para golpearnos. De todas formas nos vieron marchar y sus miradas herían nuestras espaldas.
Ahora suceden las horas de espera por una sentencia, que será dictada en contra de la honesta decisión de un cubano de informar al mundo, a través de su blog, los atropellos que comete el régimen cubano.
Ángel Santiesteban-Prats

                                                                        

  

Mediocridad

Lic. Dayami Pestano Lazos

En fecha  27  de mayo del año 2011 me fue notificada  una resolución disciplinaria dictada por quien en ese momento se desempeñaba como Directora Provincial de Justicia de Holguín, a través de la cual se me impuso la Democión  Definitiva a un cargo de inferior categoría, conforme a lo dispuesto en el artículo 20 inciso g) del Decreto Ley 197/99; medida que se sustentó  en los resultados de la visita realizada por parte del Ministerio de Justicia, a la actividad de Registro de la Propiedad de Holguín en el período comprendido entre los días 14 al 18 de marzo del año 2011.

Esto originó un proceso disciplinario secreto hasta que me fue notificado; violando con ello el principio procesal de la “igualdad de las partes”, con las mismas oportunidades para formular cargos y descargos y ejercer derechos tendientes a demostrarlos.

Valorando los aspectos violatorios en el orden técnico y de procedimiento de la resolución se observa:

En el precepto legal autorizante, la administración se sustenta en el artículo 21 del  Decreto Ley 197/99, pero sin embargo, utiliza de forma incorrecta como fundamento de derecho el artículo 11 el Decreto Ley 176/97,  precepto legal donde se preveen las violaciones de la disciplina laboral de los trabajadores, obviando por parte de la administración que en ese momento yo tenía la condición de funcionaria.

En la calificación de las conductas infractoras conforme a derecho, la administración vuelve a cometer  el error de apreciar la aplicación del decreto Ley 176/97, en su artículo 11.

Se justifica la valoración de los hechos con un informe  que fuera presentado por la Jefa del Departamento de Registro de la Propiedad Mercantil y del Patrimonio, prueba que debió ser desestimada en todo momento, ya que no estuvo laborando en el período de diciembre del año 2010 hasta el 3 de mayo 2011, no se alega qué tipo de informe fue el presentado, el mismo no fue discutido ni analizado conmigo, que era la persona sujeta al proceso disciplinario.

El escrito de apelación que presenté ante la Presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular y recibido en esa instancia, fue declarado mediante resolución como no admitido porque no acompañé a ese escrito la Resolución sancionadora y su cédula de notificación; considerando decisión contraria a derecho,  la Presidenta de la Asamblea Provincial del Poder Popular no está autorizada a rechazar un Recurso por la causa que alegó, es increíble y violatorio del derecho que me asiste de conformidad con el artículo 27 del aludido Decreto Ley lo que provocó que se me negara la posibilidad de impugnar.

Luego en la Resolución declarando sin lugar el recurso de reforma, se observa la interrelación entre la administración y los juristas que debieron asesorar el proceso en la instancia gubernamental; estos están subordinados y forman parte de la administración sancionadora.

Quisiera referirme a la incorrecta calificación de los hechos, al agregársele por parte de la jurista que evaluó el Recurso de Reforma un inciso más del artículo 19 del  Decreto Ley 197/99, que no fue tenido  en cuenta en la medida disciplinaria: “la falta de honradez y honestidad”, debiéndose limitar su participación a conocer y resolver las cuestiones del debate puestas a su consideración, pasando a convertirse en otra autoridad sancionadora.

Con posterioridad la misma jurista realiza una reflexión sobre los elementos aportados en el escrito de apelación y agrega “que la autoridad tuvo conocimiento de hechos hasta entonces ignorados”, pero no especifica si lo eran para una de las partes o para ambas partes y como consecuencia de ser nuevos, debió darse traslado para que fueran escuchados los argumentos de dichas partes, a partir del propio concepto y por el simple hecho de ser nuevas.

En esta Resolución tampoco se aprecia  señalamiento alguno sobre el uso del Decreto Ley 176/97 “Sistema de Justicia Laboral de Base” que reiteradamente y de forma incorrecta la administración me aplica.. Esto  a mi modo de ver constituye un quebrantamiento de ley, una violación del procedimiento.  Los juristas de la Asamblea Provincial han legalizado estas violaciones al no pronunciarse contra ellas.

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Doble traición con impunidad.

En las Cuban News del 1 de noviembre de 2012 , escrito por Juan Carlos Chávez y Juan Tamayo, he leído el caso de Crescencio Marino Rivero, coronel retirado del Ministerio del Interior y su esposa teniente coronel también de dicha organización represiva. Este matrimonio según la información habita cómodamente en territorio de la Florida. Han decidido después de disfrutar las mieles del poder y las prebendas del castrismo  retirarse al descanso de la vejez a la ciudad que prácticamente forjaron  los cubanos  expulsados  sin misericordia de Cuba por el mismo régimen que ellos cuidaron y defendieron incondicionalmente. No creo que sea tan necesario recordar Camarioca,  las hileras de cubanos desposeídos de todos sus bienes subiendo al avión con una pequeña maletica con lo imprescindible  para  no viajar desnudos, las brigadas de hombres honrados obligados a trabajar en la agricultura como castigo al deseo de emigrar. Era yo un adolecente cuando los vi por primera vez en el campo, le llamaban los Johnson. Más  tarde los éxodos suicidas: cubanos que bajo injurias,  humillaciones y  agresiones de todo tipo, donde les lanzaban desde un huevo hasta un cartucho con excrementos gracias a Dios salieron y llegaron a Miami para seguirla prosperando.

No me asombra, pero es lamentable que en esa ciudad habiten hoy otros cubanos que no se la merezcan. Claro está: el derecho, la libertad y la democracia de la Constitución Norteamericana lo permiten. ¿Pero quién responde por los presidios injustos, por los asesinatos, por las exclusiones, por los tratos crueles y degradantes y demás atrocidades llevadas a cabo por la política de gobierno? ¿Solo Fidel, Raúl y su séquito?

Desde hace muchos años escapan de Cuba delincuentes gubernamentales. Unos quedan cargados de dólares que pertenecen al pueblo, pero que erróneamente  se cree que tienen perdón porque le roban al ladrón Estado. Otros quedan haciendo fortuna con las publicidades de los secretos de Estado. Desde deportistas que se cubren con una conducta aberrante y traicionera al pueblo, capaces de hacer el más horrendo de los actos de repudio para poder salir al exterior y exiliarse, pasando por artistas, periodistas oficialistas, escritores, oficiales de la marina, todos involucrados directamente en el ostracismo al pueblo. Cuando quedan en el exterior tienen la oportunidad de vivir como estos dos traidores, disfrutando desvergonzadamente del fruto de lo que crearon los sufridos,  aquellos a los que ellos contribuyeron a proporcionarle  amargura. Es indigno y muy bochornoso que aun hoy esto ocurra y el brazo de la justicia sea tan corto que no los alcance.

No estoy en contra del arrepentimiento y el perdón, ni  imbuido de venganza o sentimientos de  rencor.  Por ninguna razón: el arrepentimiento y el perdón, la venganza o el rencor están por encima de la justicia, menos cuando los humildes han sido víctimas de su ausencia y claman por ella.

Tumbando al hierro

En su tiempo escribió Martí las armas son de hierro. Es el hierro lo que yo percibía frente a los agentes de la Sección 21, apostados en el portal del edificio de Lilia y José Alberto en J y Calzada, este jueves 1 de noviembre.

Hace mucho tiempo que el hierro en Cuba, el hierro para matar y el hierro de los barrotes, el hierro de los Tribunales y el hierro de la represión, pertenece a los mismos que pretenden ostentar la autoridad; la sola autoridad del hierro.

No es el hierro del que hablaba Martí.

Mi plan de este jueves era pasar por la casa de Lilia y José Alberto con la intención de recoger la historia del saqueo que han sufrido, muy similar al de Silva que relaté en el post pasado.

Contaba con un tazón de caldosa que sería mi almuerzo, porque hace poco más de una semana que Lilia y José Alberto han abierto su casa (que normalmente es una sombra deseable para conversar, en lo que se espera por cualquier trámite o servicio en la Sección Norteamericana) para regalar a los que llegan con un tazón de caldosa, en una ciudad donde por diversas razones -desde las higiénicas hasta las económicas- merendar o almorzar en la calle no es recomendable para el cubano de a pie.

Le hemos puesto el nombre de “Caldosa Disidente” y la manera como se ha resuelto el costo de producción de la caldosa es aunando los esfuerzos y la buena voluntad de muchos amigos.

Mientras me acercaba me extrañé de ver las figuras opacas en el portal: tres hombres y dos mujeres personificaron el hierro del que hablaba, apostados allí bloqueaban la entrada y la salida los agentes del DSE.

Tengo la impresión de que es imprescindible no caer en la trampa de la “familiaridad” entre secuestrados y secuestradores, por mucho que ya se conozcan las caras y los nombres de nuestros perseguidores.  Hay que trasmitirles a esos agentes de la Seguridad, por todos los canales de comunicación posibles, desde la actitud hasta el verbo, que no somos iguales, ni funcionamos al mismo nivel, no existe lazo ni familiaridad, porque ellos son incapaces de dialogar de manera orgánica con los opositores al poder que ellos representan.

A los pocos minutos llegaron al portal Noralis (la Dama de Blanco de 23 años) y su  esposo. No conseguimos pasar pero pudimos decirles algunas verdades a la cara, entre ellas la de no entender qué es lo que les motiva a violar los derechos de los ciudadanos y en nombre de qué, ¿de un partido político? ¿De un grupo de gobernantes que nunca más levantarán su crédito porque ya nunca podrán engañar a nadie más?

Pero los agentes no están programados para responder. Ni siquiera pudimos precisar que registraban e interpretaban lo que les decíamos.

Como a las 3 horas los que habíamos sido impedidos de entrar a la casa de Lilia, y que no la vimos aparecer por el curso de periodismo, debíamos pasar otra vez enfrente de la casa sitiada. No era posible pasar de largo sin volver a preguntar por nuestros amigos, porque hacer tal cosa significaba acatar sus órdenes, obedecer, o actuar como si les tuviéramos miedo. Dios no me deja sentir miedo más que de mí y de mis pecados, no sé si alguien pueda comprenderme pero creer que tengo a Cristo en mi corazón, en el centro de mi alma escondido y manifiesto en situaciones como ésta, no me deja sentir miedo. Así que me uní a los que decidimos regresar.

(Una vez más constato cuan lentamente reacciona en nosotros la capacidad de protestar por la injusticia y cómo los cubanos sabemos que no existe, fuera de la Sociedad Civil perseguida, ninguna institución para protegernos de los abusos y arbitrariedades del Estado. No nos queda otra opción que desconocerlos y comenzar a sustituirlos de manera ciudadana, por la protesta, a riesgo de sacar de ellos reacciones de represalia vil -de las que solo Dios puede protegernos- y que denuncian el carácter criminal de estos revolucionarios defensores de algo que llaman socialismo y todos sus etcéteras indescifrables para un cerebro vivo. Y así, con la emergencia de una Plataforma social, institucional, política, empresarial, sustituir a los actuales bandidos que nos rodean. Derrotarlos sin hierro con la resistencia de la fe en lo más sagrado que llevamos dentro: la vocación a hacer el bien y practicar la justicia, no de “Las grandes ideas” sino de las pequeñas verdades de nuestra existencia que son las que nos sirven.)

Ya tenían la calle llena de agentes y de algunos policías uniformados. Esta vez les dejamos claro que sabíamos que por la fuerza no nos dejarían pasar pero que estábamos allí para saber de nuestros amigos. Conocíamos la respuesta  que nos darían pero lo importante era estar allí y no la retórica.

Esta vez volvió a impresionarme el fenómeno de que si yo no recordara que hay una sola Declaración de Derechos Humanos porque la humanidad es una, pensaría que ellos pertenecen a otra humanidad, acaso la especie de la que habla su jefe de legión. Pero no, mal que me pese, aunque entrenados para reprimir y odiar a los opositores a los Castro, sean capaces de repetir el gesto de una máquina, no son otra cosa que humanos y tienen más derechos que los que ellos mismos reconocen.

El jefe que dijo llamarse Erick y ser el segundo jefe de la Sección 21 (en una de las fotos tiene el índice levantado), utilizó una jerga amenazante cuando insistí en saber de mis amigos y se alejó a hacer una llamada; entonces repetí la pregunta a una de las mujeres: “Quiero saber en qué situación se encuentran Lilia y José Alberto” y le mire a los ojos buscando un indicio de humanidad, pero ella solo mantuvo la mirada fija en los míos de una manera que revelaba ser parte de su entrenamiento de represora. Yo solo pude contar 15 segundos y llegue a la conclusión de que lo importante no era mantener el desafío, que simplemente unos ojos humanos toleran una cantidad de tiempo mirando un mismo objeto, salvo por alguna excusa del misticismo hindú o del cristianismo primigenio, y no era humano mantener indefinidamente la fijeza en la mirada  porque cualquier cosa llamada sobrehumana, desde Nietzsche (Zaratustra) hasta Castro, era inútilmente maquinal.

Hace mucho que los verde olivo dejaron de ser los buenos de esta película. Dejaron de serlo desde el 1 de enero de 1959, pero lograron confundir a mucha gente. El bien, acorde a la naturaleza humana, semejante a ella,  la felicidad, la sabiduría, lo bueno, lo bello, Dios, están en otra parte, adonde único no pueden acceder ni impedir acceder a nadie: en el interior de cada uno de nosotros y si logramos vocearlo seremos libres tumbando al hierro.

 

 

Diálogo

La causa que me ha mantenido alejada del blog estos últimos días ha sido que estoy de cuidadora de mi “hijastra”, (más joven que yo, pero no por mucho) y hace la convalecencia de una intervención quirúrgica en mi casa.

Pero ayer que tuve que salir al mediodía, me monté en una ruta 27 y fue inevitable escuchar el diálogo de un hombre y una mujer,  sentados frente a mí,  que viajaba de pie.  La famosa reforma migratoria aparece por donde quiera, mantiene entretenida hasta a la gente que nunca viajará, pero ahora tiene la ilusión de que podría hacerlo.  No fueron esos esperanzados comentarios los que me impelieron a intervenir en un diálogo que no era conmigo.  Se bajaba ya la mujer, cuando el hombre le dice algo así como: –Es que estamos muy mal acostumbrados a que nos lo den todo.

Luego de disculparme por la intromisión, en voz no muy alta pero sí muy clara, de esas que yo ponía en el aula para captar la atención de los alumnos, le expresé al hombre mi desacuerdo con su frase.  Dicho así, pareciera que los cubanos habíamos gozado de la capacidad de decidir sobre nuestra vida, cuando en la realidad, el gobierno se quedó con la iniciativa, interviniendo el ámbito público e interfiriendo en el privado.

Fue simpático, porque el hombre trató de enmendar la plana con el argumento de que los jóvenes creían merecerlo todo, y lo dijo haciendo un gesto hacia un adolescente de pelado emo con uniforme de tecnológico.  El joven al sentirse aludido, le dijo: –No, Puro, no, la Veterana tiene toda la razón.  Luego me miró serio, genuinamente interesado.  – ¡Esa trova está en talla!

Sonreí para él, y como llegaba a mi parada, me despedí del señor; intercambiamos nombres y un apretón de manos, y le dije al muchacho, como quien revela una clave, algo que olvidaría al instante o recordará toda la vida: –Eres un ciudadano. Ejerce ese poder, que ya dejamos en manos de otros nuestro destino por demasiado tiempo.

 

Sentimiento de culpa

 

César y sus condiscípulos en su primer día de clases

Por estos días me corroe un profundo sentimiento de culpa. Mi nieto mayor, César, me dijo con un fuerte tono de reproche que le he mentido. Así, con todas sus letras: “Abuela, me mentiste, la escuela no es como tú decías”. Y lo peor de todo es que tiene razón: involuntariamente lo estafé cuando me dediqué a prepararlo para su iniciación en el mundo escolar. Permítanme compartir esto con ustedes.

César tiene 5 años y este curso comenzó a asistir al preescolar en una escuela del reparto Sevillano, en el municipio Diez de Octubre de la capital. Sus mayores nos habíamos dedicado a estimularlo durante los meses de verano para predisponerlo favorablemente  de cara a esta nueva etapa de su vida en la que quedarían atrás los días de entrega total a los juegos y a los dibujos animados en casa, junto a su madre, para comenzar a pasar largas horas sentado en un aula, sometido a la disciplina que exige el proceso de aprendizaje y la socialización con un grupo de condiscípulos de los más diversos caracteres. También todos habíamos contribuido a un variado ajuar escolar en el que no faltaba nada.

La escuela sería –le dijimos– una experiencia maravillosa en la que aprendería nuevos juegos, haría más amigos, la maestra le enseñaría muchísimas cosas interesantes, aprendería también canciones que cantaría con los demás niños, modelaría figuritas de plastilina y armaría casas, barcos y cohetes con los juegos de construcción del aula. Queríamos, con nuestras mejores intenciones, que nuestro chiquillo discurriera sin tropiezos ni traumas por este necesario rito de paso que resulta trascendental en la vida de un niño. Yo, en particular, que tengo un gran ascendiente sobre él y le cuento muchas anécdotas de mi propia feliz niñez y de la de su padre, que él escucha siempre absorto, le pinté la escuela como el mundo de colores que sigue vivo en mi imaginación, inmune a los destrozos y perversiones del sistema.

No le mentí a mi nieto cuando le hablé del universo escolar que descubrí en septiembre de 1963, a mis cuatro años de edad. Para entonces mi padre trabajaba en la planta de sulfo-metales de Santa Lucía, Pinar del Río y allí asistí a la primera de las 11 escuelas primarias que tuve a lo largo de casi toda Cuba. Mi maestra de preescolar, Nela, es hasta hoy, en justicia, un personaje inolvidable. En mi aula de aquel pueblito pequeño había un piano de verdad que tocaba la propia maestra para acompañar las muchas canciones que todavía recuerdo con total precisión, había pelotas, juguetes, títeres, plastilina, lápices de colores. Aprendíamos casi sin darnos cuenta, cantando y jugando, bajo la guía de aquella señora dulce y afectuosa que todos queríamos y respetábamos.

Tampoco le mentí a César cuando le conté de la escuela de su padre, mi hijo mayor, al que llevé por primera vez a un aula en septiembre de 1984, yo más emocionada y nerviosa que él. Vivíamos en La Habana Vieja, mi patria chica, y aunque su aula de preescolar tenía también un viejo piano vertical, la maestra no sabía tocarlo (ya para entonces ninguna maestra sabía) y tampoco había tantos juguetes como en mi aula de 20 años antes, pero al menos quedaba la tradicional plastilina, juegos de armar, y los niños aprendían con canciones. Por otra parte, Hildita era una amorosa maestra que atesoraba en su pequeña figura ternura  y paciencia enormes y hasta cierto punto suplía con su gracia e imaginación algunas de las carencias materiales de la escuela. Sé que mi hijo recuerda a Hilda con tanta gratitud y cariño como yo a Nela.

No es, pues, de extrañar, que la noche antes de asistir por primera vez a su escuela César no pudo conciliar el sueño a la hora acostumbrada. Revisaba una y otra vez su mochila con los implementos escolares para comprobar que no le faltara nada, se ponía y quitaba el uniforme hasta que su madre se vio precisada a guardarlo para que no lo ensuciara, preguntaba cuántas horas faltaban para que se hiciera de día. A las 6:30 am ya estaba en pie, agitado y ansioso y mucho antes de las 8:00 am estaba en el patio de la escuela junto a otros muchos escolares primerizos, tan orgullosos y contentos como él.

 

En el aula, lleno de expectativas

Han transcurrido los dos primeros meses de clases y la maestra de César ha estado frente a su aula poco más de una semana en total. Se dice que “tiene problemas personales”, “una hermana diabética en Camagüey”, “una madre anciana”. Quizás todo esto sea cierto, pero no justifica que la dirección de la escuela no haya buscado una maestra suplente. En su lugar, una auxiliar pedagógica trata de cubrir las formas poniendo a los niños una tarea tras otra. Es la única manera de poder reportar oficialmente que el programa lectivo de la revolución se cumple y que en Cuba todos los niños reciben instrucción.

Pero entre tanto, el preescolar de César está lejos de las expectativas que le sembré. Nada de juegos y cantos, nada de plastilinas ni juguetes. Nadie sabe decir con certeza cuándo regresará la maestra, ni cuánto tiempo estará en clases otra vez antes de volver a tener problemas personales más importantes que su trabajo. Los maestros son una especie en extinción en un país que ha visto destruirse una larga tradición pedagógica cuyo origen se remonta a los viejos tiempos coloniales. Se ha perdido la ética de una profesión hermosa por naturaleza.

Por eso César, mi nieto, ya no quiere ir a la escuela y me recrimina por lo que consideraba mis mentiras. Le expliqué que era cierto cuanto le había contado antes, así que él mismo ha propuesto una solución: “Mira, Abuela, mejor llévame a tu escuela y que me enseñe tu maestra”. Pensé en Nela, que a estas alturas pudiera haber muerto puesto que ya no era joven en 1963. Quizás su recuerdo alumbró entonces la respuesta que di a mi nieto: “Mejor te enseño yo misma aquí, en mi casa”. No es tan disparatado como parece: mi primera profesión fue la docencia. Así es como desde hace algún tiempo César va a su escuela a perder el tiempo y a aburrirse de lunes a viernes y los fines de semana yo le enseño las letras, los números, le repaso los colores, dibujamos, modelamos con plastilina, recortamos figuras geométricas, recitamos y cantamos mis viejas canciones de preescolar. También tenemos sesiones de lectura de cuentos, para que se interese pronto en aprender a leer, y destinamos también una tarde a pasear, para relajarnos. Así me aseguro que aprenda y, de paso, trato de superar mi terrible sentimiento de culpa.

Nota: Todos los nombres y situaciones que se refieren en el texto son rigurosamente reales.

La máquina está “jodida”.

El domingo pasado tuvimos que salir a realizar algunas gestiones, entre ellas, cobrar un dinerito que me habían enviado de un trabajo vendido. Otra de las motivaciones era ir a ver un gran poster anunciando una línea de productos cosméticos, cuya modelo es la hija de una amiga muy querida, que por demás es mi alumna.

Se nos hizo un poco tarde, y decidimos almorzar en un restaurante un tanto famoso, que precisamente está en el centro comercial, en los bajos del edificio Focsa, justamente donde se exhiben los posters que fuimos a ver. El “Café TV” es un amplio y acogedor lugar, cuya decoración tiene que ver con la televisión de mi planeta. Llenan sus paredes fotos de los artistas más famosos de nuestra farándula. Por cierto, llamó mi atención que hay a la entrada, pero dentro, un letrero donde se prohíbe hacer fotos en el local, cosa extraña ésta, ya que generalmente las personas que acuden a estos lugares, sobre todo los turistas, por lo general gustan de tener un recuerdo de su presencia en el mismo.

Acudió a atendernos un jovencito con cara de ángel. Con mucha corrección se dirigió a nosotros a entregarnos la Carta, y segundos después reapareció para saber si ya podía tomarnos la orden. Nuevamente se presentó con suma amabilidad y correctos modales, para traernos las cervezas que habíamos pedido. Observamos que casi todos los camareros eran muy jóvenes, posiblemente recién graduados de esta especialidad.

Así sucesivamente, el jovencito de marras, desaparecía y reaparecía preguntándonos si todo estaba bien, si deseábamos algo más… en fin, lo que se acostumbra en este oficio, siempre con su mano y brazo izquierdo detrás en su espalda (como les enseñan en las escuelas de gastronomía).

La comida estuvo excelente y económica por cierto. Bien confeccionada y bellamente decorada. Recuerden que ahora estos lugares estatales, en moneda convertible, tienen una fuerte competencia en el sector privado.

Finalmente, satisfechos, decidimos coronar tan agradable almuerzo, con el acostumbrado e imprescindible café. Le hicimos una seña al joven con cara de ángel, quien acudió inmediatamente a nuestro llamado. Le expresamos nuestra satisfacción, declinando el consabido postre, aunque si le pedimos nos trajera dos cafés express y la cuenta. Cual no sería nuestra sorpresa, al oír en su educada voz decirnos muy apenado: “Lo sentimos mucho, pero la máquina está jodida”

Salimos de allí aguantando la risa y comentando que, justamente esta es una de las diferencias que existen entre los restaurantes estatales y los particulares. Además, pensamos que en realidad el país está como la máquina del café.