Archivo por días: noviembre 12, 2012

La número 54033 (1ra parte)

Yaremis Flores

La tarde del 7 de noviembre no imaginaba que cambiaría mi nombre por un número. Salí aproximadamente a las dos de tarde a llevarle una sopa a mi padre ingresado en un policlínico. Mientras bajaba la calle de mi casa la patrulla 950 rondaba la zona lentamente. Cuando casi cruzo la calzada, sentí un frenazo brusco. Un agente de la seguridad del Estado me nombró por mi nombre y dijo la usual frase: Tiene que acompañarnos y apaga el móvil.

Antes hice la llamada telefónica a la que tengo derecho natural y nadie puede negarme. Así al menos avisé sobre mi arresto. Sin merecer la corpulencia de los policías 29128 y 29130, por mi baja estatura, ser mujer y no estar armada, fui conducida al asiento trasero de la patrulla. Sin saber los motivos ni mi lugar de destino. Cuando pregunté, el agente se limitó a decir: Ya verás a donde te llevamos, tenía ganas de conocerte pero hoy tú vas a saber quién soy yo.

No fue mucha mi sorpresa al ver que mi destino era 100 y Aldabó. Aunque confieso pensé inicialmente solo serían unas horas de detención. Bajo el pretexto de difusión de noticia falsa contra la paz internacional, me tomaron muestras de sangre y ocuparon todas mis pertenencias. Una oficial me dijo que leyera un cartel en el que se muestran los derechos y deberes de los detenidos, como si de mucho valieran. Luego me trasladó hacia un pequeño cuarto donde me dieron un uniforme gris y me indicó siempre llevar mis manos detrás del cuerpo: ¡Para que no seas reprimida!

Me entregó dos sábanas, una colcha, una enguatada y una toalla. No recuerdo quién, pero alguien dijo: Ella va a pasar aquí unos días. Durante más de 3 horas de interrogatorio, el instructor del caso trataba de descifrar mi pensamiento y mi colaboración con Cubanet. Buscaba una explicación a lo que sus superiores calificaban como un proceso de metamorfosis: “de jueza a contrarrevolucionaria”. Dejando claro que esa no sería nuestra única plática, una oficial me trasladó a una celda junto a otras dos detenidas, que llevaban allí más de 30 días.

Muchas preocupaciones venían a mi mente, la salud de mi papá, mi niña de 3 añitos y la reacción de mi esposo, amigos y familiares. Me mostré calmada. Esa noche no comí nada. Traté de dormir. Cuando casi lo consigo, unos golpes en los hierros de la celda y los gritos de la carcelera me sobresaltaron. “¡54033, 54033!” No respondí. Cuando abrió la celda, la amargada mujer me miró y me dijo: “Chica, tu no oyes que te estoy llamando o te dieron el papelito por gusto”.

Entonces recordé que tenía en un bolsillo pequeño de la blusa, un cartoncito donde se leía: 54033/201. Significaba número de detenida y celda. Una de las chicas me dijo, “ahora ese es tu carné de identidad”. Mientras, la carcelera me dijo que recogiera todas mis cosas. Un poco aturdida empecé a abrocharme los zapatos y me advirtió con malas pulgas: No te arregles tanto que no vas tan lejos, vas para otra celda. “Pues voy para otra celda”, respondí. Esa fue mi primera noche en Aldabó.

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Trato discriminatorio

Lic. Amado Calixto Gammalame

Las palabras de la ministra de Trabajo y Seguridad Social Margarita González en el VII Taller del Tribunal Supremo Popular sobre Control de Sancionados en libertad,  cuando afirmaba que los sancionados a penas alternativas de la privación de libertad tendrían las mismas oportunidades de trabajo que el resto de los trabajadores en el sector no estatal, fueron esclarecedoras de disimiles interrogantes al respecto, sin embargo, al culminar enfatizó  que solo seria en el trabajo agrícola, no en lugares administrados por particulares.

A todas luces este planteamiento resulta discriminatorio, y en modo alguno entona con las nuevas directrices del gobierno potenciando el trabajo por cuenta propia, como una nueva oportunidad para la sociedad con un rol importante en el desarrollo de la economía.

Los beneficios de la pena sustitutiva de la privación de libertad, son considerados para ciertos tipos de delitos y delincuentes, evitan la prisionización, fomentan la reinserción en la comunidad para ulterior rehabilitación del penado, y son generalmente más humanas y menos costosas que la prisión.

En el Sexto Congreso de la ONU Caracas 1980, Séptimo Congreso Milán 1985 se hacen referencias al tema y finalmente en el 8vo Congreso de Naciones Unidas, celebrado en La Habana del 27 de agosto al 7 de setiembre de 1990, sobre prevención del Delito y Tratamiento al delincuente, se aprobaron las Reglas Mínimas sobre las medidas no privativas de libertad.

Otros instrumentos de Naciones Unidas sí exigen este requisito. Y se ha  tenido en cuenta por el legislador cubano a partir del 30 de abril de 1988, en que entro en vigor la Ley No. 62 de 1987 

Véase  el pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos adoptado por la Asamblea General de la ONU, en vigor desde l976.  En el contenido que se ocupa de Instrumentos internacionales de protección de Derechos Humanos articulo 8  inciso 3, se obliga a los estados parte a tenerlo en cuenta en sus textos constitucionales, códigos  penales y leyes penitenciarias. Aunque Cuba no ha ratificado este pacto, sí fueron firmados el 28 de febrero del año 2008 en la ciudad de Nueva York.

A nuestro juicio, se desconoce que las personas que reciben este tratamiento, no son delincuentes contumaces, y por otro lado, el Código Penal cubano está lleno de figuras delictivas que en realidad constituyen faltas administrativas, y es en estos casos donde con mayor frecuencia se aplican.

Este planteamiento fue realizado en tal evento, ante los operadores del derecho, trasmitido en el noticiero de la televisión, lo que lo hace trascendente.

 

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En la actualidad, La Habana, sufre igual que el mismo pueblo santiaguero.

A pesar de la ayuda brindada internacionalmente, La Habana sufre por los daños en la provincia de Santiago de Cuba, ocasionado por el huracán “Sandy”. Los alimentos son en si, la mayor preocupación del habanero.

El gobierno se ha olvidado que es el encargado de mantener el equilibrio económico en las calles. Ya no circula el chícharo, los frijoles en general, tampoco hay en los mercados estatales.

Sin embargo los particulares son los que tienen los frijoles; negros, colorados, judías o blancos, garbanzos y lentejas. Pero los precios no son asequibles han aumentado, como ejemplo: El frijol negro, el que más se consume, cuesta 18 pesos la libra de 12 pesos que costaba y el precio por el estado es de 8 pesos la libra.

Los habaneros estamos a disposición del pueblo santiaguero, que no que de la menor duda, pero la falta de conocimiento que tiene nuestro gobierno económicamente hace que todos los rincones del país sientan la crisis como si fuera el mismo lugar de la tragedia.

Entonces ¿Quién controla la situación, los cuentapropistas o el gobierno?

 

Por la libertad de Antonio Rodiles

Desde la noche del miércoles 7 de noviembre permanece detenido en la estación policial de la avenida de Acosta, en el municipio capitalino de Diez de Octubre, el activista de la sociedad civil independiente Antonio Rodiles. Ha trascendido que fue golpeado en el rostro y en otras partes del cuerpo y se encuentra desde entonces sin ingerir alimentos ni agua en reclamo de su libertad. Uno de los esbirros lo amenazó rastrillando su arma contra la cabeza de Rodiles… nada que envidiar a la rica tradición dictatorial latinoamericana de impecables uniformes militares.  De la treintena de detenciones temporales que se produjeros la semana pasada, solo Rodiles sigue encerrado. Se dice que las autoridades lo acusan de desacato, de resistencia al arresto, y más recientemente se presume que pretenden enjuiciarlo por un delito más grave: atentado. La intención es clara: hay que encarcelar al líder de la propuesta que está quitando el sueño al generalato.

Los que conocemos a Antonio Rodiles y estamos comprometidos en su misma causa cívica sabemos que tanto cinismo oficial solo responde al temor que le inspiran al gobierno cubano los reclamos de los opositores pacíficos. La campaña Por Otra Cuba, que recaba las firmas de centenares de cubanos exigiendo la ratificación de los Pactos de Derechos firmados por las autoridades en febrero de 2008, constituye una amenaza a la inmunidad de un totalitarismo que se ha enseñoreado de Cuba por más de cinco décadas. La fuerza moral de la disidencia y las experiencias de centenares de cubanos dignos a lo largo de los años, parece acrisolarse en el espíritu de resistencia que ha venido eclosionando entre amplios sectores de la sociedad y está tomando forma en la consolidación de proyectos ciudadanos como Estado de SATS, la Asociación Jurídica de Cuba, la plataforma blogger Voces Cubanas, el proyecto Razones Ciudadanas, OMNI Zona Franca y otros muchos de disímiles tendencias pero con un anhelo común: una Cuba en democracia.

El temor de los represores es tan grande que la estación de policía donde mantienen recluido a Rodiles está protegida por un fuerte operativo para impedir que se formen grupos en demanda de la liberación del prisionero. Saben que él no está solo, que decenas de sus compañeros de ruta estamos pendientes de él y mantendremos una demanda permanente por su libertad. Deberían saber también que no es preciso que plantemos ante una madriguera de esbirros para continuar nuestra lucha pacífica. La Demanda está siendo firmada, a su pesar, por otros cubanos que van ganando conciencia, no se puede encerrar el ansia de libertad de la gente, por eso la represión está logrando el efecto contrario cuando cree sofocar la rebeldía por medio del terror.

Debemos oponernos con fuerza a la conjura. Libertad para Antonio Rodiles. Los Pactos de Derecho deben ser ratificados.

 

Un llamado a la vergüenza

Por: Amir Valle
 
Ángel Santiesteban es escritor.
Es una verdad tan absoluta que puede hacer pensar a quien lea este escrito: “Amir Valle ya no sabe qué va a escribir”. Y tendría razón. Porque yo podría haber empezado diciendo directamente lo que quiero:
“Ángel Santiesteban es escritor, pero lo quieren disfrazar de delincuente”.
Y ya eso es bien distinto. Todavía más si nos vemos obligados a recordar que Ángel Santiesteban vive en un país que se pasa todo el tiempo “cacareando” por todos lados que los cubanos “viven en el mejor de los mundos que hoy existen”, es decir, casi en el paraíso terrenal, y que son falsas las acusaciones de los enemigos (llamados en todos los casos “mercenarios del imperio”) de que en Cuba no se respetan los derechos humanos.
Ángel Santiesteban es escritor y ha contado de una Cuba que el gobierno no quiere mostrar; de una Cuba que se niegan a aceptar muchos seres honestos de este mundo que alguna vez cifraron sus esperanzas en lo que significó la Revolución Cubana en aquellos hermosos y, repito, esperanzadores, años sesenta. Pero lo más triste es que Ángel Santiesteban ha escrito, persiste en escribir y hablar de una Cuba que ciertos intelectuales de izquierda se empeñan en ocultar.
He conversado con algunos de esos colegas, y me ha llamado la atención descubrir que, empeñados en su guerra personal contra “los males del imperio”, contra “el genocidio que el capitalismo está provocando en el mundo actual”, contra las “peligrosas y crecientes pérdidas de libertades y derechos humanos que Estados Unidos y los países ricos del Primer Mundo están llevando allí donde ponen la planta de sus botas”, no quieren entender (y hasta buscan miles de justificaciones, entre ellas, ¡ah, el bloqueo norteamericano!) que a escala más reducida, pero también criminal, el gobierno cubano ha convertido a “Cuba, el faro de las Américas y el mundo” en un absurdo marabuzal de males económicos, sociales y morales; no quieren reconocer (y hasta intentan buscan explicaciones forzadas) que por culpa de los fracasados experimentos económicos e “internacionalismos guerreristas” de Fidel Castro y sus adláteres, el pueblo cubano ha sufrido un verdadero genocidio que suma ya más muertos que todas las muertes ocurridas en la isla desde inicios del siglo XX hasta hoy (sólo intentando escapar de Cuba hacia Estados Unidos sobre rústicas balsas para alcanzar “el infierno capitalista” han perecido cerca de 30 mil cubanos); y sobre todo, esos colegas intelectuales de izquierda se pierden en laberínticos consignismos de la época de la Guerra Fría cuando se trata de defender a un gobierno que muestra su verdadera cara dictatorial eliminando libertades y derechos humanos a todos sus ciudadanos, ensañándose especialmente con aquellos que se atreven a pensar con cabeza propia, a decir y escribir lo que piensan.
Es una postura vergonzosa, sin dudas. Pero más vergonzoso es el silencio por respuesta. Y es que ante la evidencia del desastre total que es hoy el “sistema” político y gubernamental impuesto a los cubanos (y lo entrecomillo porque aquello, más que de “sistema” tiene de “experimentación desesperada para ganar tiempo en el poder y preparar el camino para que asuman ese poder los “hijitos del Clan Castro y sus acólitos”); ante la imposibilidad de defender con argumentos sólidos tal debacle, ahora apuestan por echar la vista a un lado y, cuando se ven obligados “en cumplimiento de sus honorables carreras profesionales” a enfrentarse con la tozuda verdad de los hechos, responden con un teatral “no lo sabía” (al menos así sucede con la mayoría de los que conozco).
Pero aún hay algo más bochornoso: buena parte de esos intelectuales conocieron personalmente a Ángel Santiesteban cuando todavía no se había decidido a decir en voz alta y a escribir periodísticamente a los cubanos y al mundo lo que pensaba de la dura realidad de su país. En esos momentos se limitaba sólo a escribir sus cuentos, duros, críticos, nada complacientes. Pero aún así se le consideraba en esos momentos una voz prestigiosa en el concierto de la narrativa cubana. Los críticos oficialistas, muchos de ellos funcionarios culturales en importantes puestos políticos, lo catalogaban como “el mejor cuentista de su generación”. Pero ninguno de esos críticos, ninguno de esos funcionarios, pudo explicar nunca porqué mientras la Agencia Literaria Latinoamericana (que representa y gestiona internacionalmente las obras literarias de los escritores residentes en la isla) colocaba en buenas, medianas y hasta desconocidas editoriales del extranjero obras “no conflictivas” (muchas de ellas de menos calidad que los libros de Ángel), esa Agencia jamás logró colocar ni uno sólo de los multielogiados libros de Ángel Santiesteban.
La respuesta, extraoficial, la escuchamos de boca de un editor cubano, director entonces de una de las más prestigiosas casas editoriales de la isla, en una fiesta en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Y quizás en aquella explosión de sinceridad tuvo que ver los varios vasitos plásticos de ron con cola que había tomado aquel editor. Ya se sabe, porque la vida lo ha demostrado: los niños y los borrachos suelen ser implacablemente sinceros. Luego supe que a aquel pobre hombre lo acosaba el cargo de conciencia, la culpa de no haber podido superar el miedo que lo obligó a dejar a un lado sus principios éticos para convertirse en la peor de las marionetas intelectuales: un censor.
– Algún día se sabrá cuántas cosas he hecho desde la sombra… cuantas caretas me he tenido que poner… para evitar que ustedes pasen por el infierno que me hicieron pasar a mí… por defender el derecho de escribir con libertad, créanme, he hecho mucho… mucho… — decía, con voz gangosa
– A ti te salvé el culo cuando escribiste el verdadero Manuscritos1… y ahora te digo que aquel era un gran libro… — me dijo, apuntándome con un dedo tembloroso.
– A ti, por tu librito de cuentos del Pinos Nuevos2 – le soltó a Alejandro Aguilar, que no supe si escuchaba bien porque también hablaba con un Alberto Guerra que ya, también, tenía los ojos rojos como Mandinga, por el alcohol.
– Y ahora mismo acabo de venir de una reunión donde un cabrón de la Agencia, cuyo nombre me reservo, ha dicho clarito clarito que él no promociona fuera de Cuba “libros gusanos” como los que escribe Ángel Santiesteban.
Eso recuerdo. Claro, con todas las repeticiones, todas las muletillas y todas esas cómicas baboserías con la que suelen hablar los borrachos. Incluso lágrimas, sobre todo en esos momentos en que se quejaba de que le dolía ser visto como un censor por colegas como nosotros.
El tiempo, y sobre todo los secretos que nos contaban en voz baja algunos amigos escritores que, también, eran funcionarios “de confianza” nos permitiría comprobar que aquel modo de proceder no era una aberración particular de un censor. Aquello era una política clara: los libros que mostraban a una isla “no conveniente” para la imagen que de Cuba oficialmente se proyectaba eran engavetados y a los autores se les decía siempre que “no sabemos qué pasa, pero no logramos colocar tus libros… es difícil, el mercado internacional está muy duro”. Y cuando colocaban a alguno de esos libros era por motivos netamente propagandísticos, bien calculados: había que callar a un escritor que protestaba demasiado (y solía publicársele entonces en una editorial pequeñísima, de distribución casi fantasma, para que el libro no circulara pero garantizando unos ejemplares para el autor que se jactaba de estar publicado en el extranjero) o había que demostrar que era mentira que Cuba censuraba (para lo cual acudían a libros falsa o blandamente “conflictivos” de escritores de clara adhesión al régimen, siendo el caso más notable la novela “¿crítica?” El vuelo del gato, de Abel Prieto).
Nada de esto, por supuesto, lo aceptan esos intelectuales extranjeros que entonces llegaban a Cuba y se asombraban de la “fabulosa capacidad narrativa de Ángel Santiesteban”, como me dijeron personalmente algunos en aquellos años. Incluso me atrevo a asegurar que algunos, si han preguntado, al recibir la versión oficial (en la que, también estoy seguro, no creen) han decidido hacer como los avestruces: esconder la cabeza.
Ninguno de ellos, hasta donde se sabe en los medios intelectuales de la isla y el exilio, ha intercedido por ese escritor al que tanto elogiaban cuando era un desconocido de “la prensa enemiga, mercenaria del imperio”; ninguno de ellos, en sus numerosos viajes a La Habana, ha exigido que se respete el derecho de Ángel Santiesteban a decir lo que piensa, a publicar lo que piensa en Cuba y fuera de Cuba, ni siquiera con un 0,5 porciento de la rabia con la que defienden a un farsante como Julian Assange (que se postula como paradigma de la libertad de expresión y prensa pero corre a refugiarse bajo las alas de un gobierno que es paradigma en el mundo de la represión contra la libertad de prensa); ninguno de esos que comprobaron con sus propios ojos que Ángel Santiesteban es, sobre todas las cosas, un escritor sincero, con una carrera literaria que ha perseverado desde los mismos inicios en ofrecer una mirada crítica sobre la realidad cubana…, ninguno de esos, repito, se ha pronunciado públicamente, como debiera ser, para defender simplemente el derecho de Ángel Santiesteban a ser considerado eso, un escritor.
Berlín, 9 de noviembre de 2012