Archivo por días: noviembre 27, 2012

Una proposición indecente.

Por: Jeovany Jimenez Vega.

A propósito del artículo publicado por Jean-Guy Allard en Granma el pasado 12 de noviembre en que se acusa a Yoanis Sánchez, por enésima vez, de “mercenaria al servicio de los Estados Unidos”.

Es evidente que el tema “Generación Y” se le ha ido de las manos a los responsables de serenar al ganado, y presumo que esto ha trastornado el sueño de un sinnúmero de oficiales operativos, reales y virtuales, a todos los niveles de la contrainteligencia cubana. Como en mi rol de médico estoy obligado a velar por la salud física, pero también mental, de cada cubano, hoy intento hacerle llegar al autor de este artículo y a la Seguridad del Estado –incluida la Sección 21, que mantiene con esta joven habanera una relación sentimental muy intensa– una duda que me asalta: si el Gobierno norteamericano y/o la CIA tienen contratada a esta “mercenaria” y está ella movida, asalariada al fin, sólo por mezquinos intereses, entonces la solución contra su insomnio es extremadamente simple: ¿por qué no sobornarla? ¿Por qué no pagarle más y punto?

Hay algo que la historia ha demostrado con creces, y es que los mercenarios, sin honor ni bandera, sirven al mejor postor; entonces la solución está expedita: si los del norte le han pagado unos miserables 500000 euros, páguesele digamos, un millón, o cinco, tal vez diez y seguramente se le saltarían los ojos de las órbitas ante tan irresistible oferta; después de todo en ese pecho vacío de principios no hay lugar más que para la codicia, así que ya sería hora de subirle la parada a esta desmadrada y verían cómo en el acto cambia de bando y se hunde en el mutismo absoluto que exigiría semejante contrato.

Aunque he estado muchas veces en su casa, de la vida de Yoanis sólo conozco lo públicamente visible. A pesar de la cordialidad con que trata a todos allí junto a su esposo –ese otro irremediable, Reynaldo Escobar– hay barreras que el respeto y la prudencia presuponen. Por eso no aspiro a que este post se erija en apología, pues además de no ser en lo personal mi estilo, sucede algo mucho más elemental: alguien que ha sabido alimentar una bitácora que recibe, según Wikipedia, 14 millones de visitas mensuales –convirtiéndola en la página más visitada de habla hispana en la red– no lo necesita. En cuanto a mí, tampoco lo necesito pues de Yoanis no busco nada en lo personal, y además, si nunca adulé ni me plegué ante un poder omnímodo y abrumador dueño de todo cuanto me rodea, capaz de arruinar mi vida con un chasquido de sus dedos, entonces ya no lo haré ante nadie. Pero terminó sulfatando mis circuitos que en la prensa oficial cubana, la que calla escandalosamente ante la alta corrupción instituida en mi país, se reduzca todo a la misma cantaleta del money catch money –lo demuestra el hecho de que absolutamente todo opositor político cubano, desde el más antiguo y recalcitrante hasta el último advenedizo, sin excepción, estén acusados como tal.

Pero bien, para no disgregar: pagarle más a esta “depravada” ¿no sería una solución? En caso de que, por azares del bloqueo, haya estrechez de presupuesto para actividades represivas, algo poco probable, 500001 euros bastarían; después de todo a estos desmadrados, según la acusación oficial, la diferencia de un solo dólar bastaría para derrumbarlos, babeantes, a los pies del nuevo amo. En un país donde millones callan y simulan por un puesto de dirección, por la asignación de un auto estatal o por una misioncita de trabajo en el extranjero, qué no haría esta “perdularia” ante semejante oferta. Creo, supongo, digo yo, a lo mejor con esta minucia –que valdría la pena extraer, con la debida prudencia, de la cuenta secreta de algún magnate que haya expoliado millones de este paisito– baste para librar a la plana mayor de semejante dolor testicular.

Quiero hacer constar, eso sí, que obré aquí únicamente desde el punto de vista profesional, por vocación analgésica, para aliviar las molestias causadas por esta chiquilla a testículos semejantes –sin dudas, los más grandes y congestivos de toda la isla, nadie lo cuestiona– y todo sería mantenido en el más hermético y riguroso secreto profesional. Después de todo, los médicos en Cuba trabajamos gratis, a mí nada se me debe, pero es increíble, me sigue inquietando, que a los genitales… digo, geniales estrategas de la SE no se les haya ocurrido nunca seguir una táctica tan elemental.

Ver: Cubanos y punto.

Estrepitosos fenómenos

Hallado en “Wikipedia Kiwix”

¿Cuánto cuesta un radio portátil en Cuba?

Es conocido que en los primeros días de noviembre sufrimos el paso del huracán Sandy por las provincias orientales cubanas, y que a pesar de su lindo nombre, fue un meteoro muy destructor que dejó el saldo triste de más de una decena de fallecidos y multimillonarios daños materiales.

Quedará en la memoria de los residentes del oriente el paso de un ciclón que pudo haber atravesado aquellas provincias orientales “como una simple rabieta meteorológica”, pero que debido a la pobreza generalizada del área, las avergonzantes y maleables tejas infinitas —hechas de cartón, asfaltil y arena— usadas como cubiertas permanentes, muchos tejados de planchas de cinc y otros amarradas «a la buena de Dios», oxidadas por la herrumbre estatal y el paso del tiempo, sumado a las intensas lluvias y la anegación de los suelos, crearon una combinación aniquiladora que cobró, cual Belcebú huracanado, el escuálido patrimonio material de muchas familias de esa región.

No sabemos si el mal mayor se originó porque cuando cortaron el servicio eléctrico por el incremento de los vientos, nadie poseía un receptor de radio para informarse sobre el paso del fenómeno tropical, y si los que tenían, contaban con las baterías para ponerlos en funcionamiento; o si fue la defensa civil de esos territorios, que no funcionó con la celeridad y el orden acostumbrados. Me llamó la atención que en las entrevistas realizadas por esos días a las autoridades locales y provinciales, aludían a que muchas familias se habían evacuado por sus medios (¿autoevacuados?) a las casas de familiares y amigos. No sé si ese recurso fue real, si lo orientaron desde la capital, o si fue una salida facilista a una táctica que siguieron los dirigentes de la zona oriental para economizar combustible. Si así fue ¿adónde fue a parar el carburante ahorrado?

Hace unos años, mi madre y yo descubrimos en una tienda del barrio, que vendían un pequeño radio portátil en 90 CUCs —moneda dura cubana, con la cual no les pagan a los trabajadores—, que no tenía más de diez centímetros de alto. Un tiempo después nos invadieron el mercado dolarizado con radiorreceptores chinos al precio de 10, y cuya alimentación de energía era por pilas, batería solar y una dinamo —que era la más usada—, pero duraban tan poco como la cuerda que se les daba.

Esperemos que el estado le cree a nuestra población las condiciones para que esté preparada individual y colectivamente dado el paso de otro fenómeno de este tipo, y se minimicen el impacto y los daños que ocasionan, para que no tengamos entre dolidos e irónicos que parafrasear aquella canción del dominicano Juan Luis Guerra y pedir que ojalá que lluevan radios en el campo cubano.

SWEET NOVEMBER



NOCHES NUEVAS DE NOVIEMBRE
Orlando Luis Pardo Lazo
Todos los noviembres escribo esta misma columna. Sin notarlo, sin fijarme, sin necesidad de parodiarme o plagiarme a mí mismo.
Noviembre asoma y asusta. Los días son breves, el sol amable como nunca en Cuba. El gris comienza a colorear bellamente los tonos chillones y chatos de nuestra realidad. La Isla luce un poquitín más nórdica, menos despótica y más democrática. Cubislandia, Habaneijavick.
Pienso, por supuesto, en la Eslinda Núñez de finales de 1971, el año en que yo nací. Su pelo negro tan negro, casi azul digital antes de la era digital: chorrazos de luz líquida que caen en cascada sobre sus ojos desconsolados en primer plano de la pantalla. Su talle, ínfimo. Su voluptuosidad híperlaxa de ballerina. Sus manos de pájaro abandonado en un parquecito habanero entre la muerte y el amor. Su seriedad al besar, su talante para hacer el amor sin caer en un solo lugar común. Su maravilla, su milagro.
Estoy hablando de una música filmada por Humberto Solás y compuesta por Leo Brouwer: Un día de noviembre, obra que muy pocos en Cuba han visto y menos aún recuerdan (una película traicionada hasta por las entrevistas en que la ninguneó su director). Estoy hablando, también, de todos los sucesivos noviembres que vinieron mientras se dilataba el tiempo anacrónico de la Revolución, hasta llegar, por supuesto, a este del 2012, cuando ya no queda nadie vivo en Cuba, pero el milagro y la maravilla vuelven a retoñar con una voracidad atroz, de vida que reverdece en invierno, aunque sea sólo se trate de una muchacha en escena por medio mes, o por medio año, antes de saltar al jardín vacío del más allá.
Trato y trato, pero yo tampoco consigo evitar vivir a tope en noviembre. Me torno amable, adorable, y veo las cosas con una transparencia total, aterradora. Como la mirada de un mesías, que le toma prestado los prismáticos a un ángel o al propio dios. Y espero no cometer una herejía con esto. La verdad del alma nunca debiera constituir herejía de cara al Ser Superior.
Estamos ya a 27 y para mí es como si fuera principios de mes. Se acerca mi cumpleaños, en diciembre 10. Se acerca el 2013 y tornará muy pronto el verano, acaso desde marzo o abril. Es ahora o ahora. Estoy decidido, quiero ser yo. Quiero devolverle la sonrisa mutilada a la Eslinda Núñez del 2012. Quiero que se atreva a romper las trampas de cualquier época y a caminar de mi mano por las avenidas de esta ciudad con H (letra muda, mortífera). Quiero que la libertad no sea un derecho a reivindicar, sino un estado eterno de ánimo.
Miente del pí al pá el Eclesiastés. O tal vez no, pero casi. No habrá nuevo bajo el sol, es cierto. Pero bajo la luna de noviembre, hasta las ruinas resplandecen de estreno. No hay nada viejo bajo el cielo de esta noche única. Es inútil ahora intentar no amarte. Ni siquiera recuerdo el nombre de mi ciudad y país. ¿Cubislandia, Habaneijavick?