Archivo por días: diciembre 7, 2012

Espera sentado

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espeLic. Esperanza Rodríguez Bernal

La Asociación Jurídica Cubana (AJC) tiene entre sus objetivos brindar asesoría jurídica a la población por lo que a ella acuden personas con diferentes problemas de índole penal, laboral, vivienda, civil, administrativo, etc.

El caso que expondré a continuación es real, solo el nombre de la persona involucrada fue cambiado por razones obvias.

Juan José nos mostró la sentencia dictada por el Tribunal Municipal de Arroyo Naranjo y donde -después de realizadas las investigaciones pertinentes- fue encontrado culpable el conductor de un camión perteneciente al Ministerio de la Agricultura que impactó su vehículo provocando lesiones a Juan José y daños considerables a su automóvil.

Alberto, el conductor de dicho camión, fue sancionado por lesiones y daños a una indemnización de treinta y nueve mil setenta y seis pesos con ochenta y ocho centavos moneda nacional.

Aquí comenzó para Juan José la odisea para cobrar la indemnización que había sido declarada en sentencia firme por el mencionado Tribunal Municipal.

Según Juan José, después de haber recibido la notificación sobre su indemnización, se presentó en las oficinas de la Caja de Resarcimiento en el Vedado donde una funcionaria le informó sobre el proceso del cobro de ese dinero y que, además, el 20% del total de dicha indemnización correspondía al Estado.

Después de presentarse en dichas oficinas dos veces la funcionaria le dijo que esperara hasta enero del 2012 ya que la Caja no tenía dinero para pagar en ese momento.

Para ayudar a Juan José, AJC le confeccionó un escrito dirigido al Ministerio de Justicia relativo a las violaciones de la Ley de Procedimiento Civil, Administrativo, Laboral y Económico y de la Ley 82 de los Tribunales Populares en su inciso f) , con una pretensión concreta: ordenar a la Caja de Resarcimiento realizar el pago correspondiente.

La anhelada respuesta a Juan José llegó del Departamento Independiente de Inspección y Atención a la Población, la cual cito, en parte:

“… como parte del reordenamiento jurídico que se lleva a cabo la Caja de Resarcimiento a partir del 1ro de septiembre del 2006 se han venido tomando serias medidas con el funcionamiento de la Caja de Resarcimiento entre las que se encuentra que a tenor de lo que establece la Ley 1258 del 28 de Enero de 1954 vigente en nuestro país, pues la Caja de Resarcimiento pagará a los perjudicados en correspondencia a que los sancionados amorticen su deuda con la Caja de Resarcimiento ya que ésta debe pagar sólo con sus ingresos.

Por lo tanto cuando este hecho se materialice, la Caja de Resarcimiento le enviará por conducto su cheque u otro documento que ampare su indemnización…”

Si el “reordenamiento jurídico” comenzó en septiembre de 2006 y estamos en esa misma fecha pero de 2012, y Juan José aun no cobra su dinero, todo parece indicar que su espera será larga…, ¿o no será?

AJC, Cuba, Caja de Resarcimiento, derechos, violaciones

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Falta de sintonía

Foto Peter Deel

Al menos una vez a la semana (los viernes) adquiero el diario Granma, para darle seguimiento a su sección Cartas a la Redacción, el único espacio donde se pueden plantear algunos problemas y dar algunas opiniones distintas a las oficiales, las cuales ocupan sus páginas diarias y también las restantes de este día, acumulando monotonía sobre monotonía. Lo que al principio de su aparición creó algunas expectativas, aunque mínimas por cierto, en una abertura en el impenetrable muro de la información y de la opinión controlada en Cuba, con el paso del tiempo se ha convertido en una rotunda decepción.

En ella, en lugar de un espacio para el encuentro civilizado de opiniones diferentes, en busca de las mejores soluciones para los problemas que nos agobian, han sentado plaza, habitualmente, las denuncias intrascendentes sobre nimiedades particulares de la vida ciudadana, y las respuestas, cada vez más justificativas y burocráticas, de los organismos e instituciones implicados. Además, abundan las extensas opiniones de algunos representantes del pensamiento más retrógrado y cavernícola, quienes, por principio, se oponen a cualquier cambio por mínimo que sea.

No estoy planteando que no se publiquen, sino que también aparezcan, en igualdad de condiciones y de espacio, las de quienes opinan diferente, para que los lectores, instruidos, capacitados y cultos, como dice la propaganda oficial, tengan la posibilidad de comparar y hacerse de un criterio propio, en un clima de tolerancia. Puede que alguien, defensor a ultranza del inmovilismo, plantee que este es el órgano del partido y por esto debe ser así. En definitiva, en Cuba, todos los diarios oficiales nacionales y provinciales son órganos del partido, porque existe un único partido que los controla a todos, y en ellos sólo se publica lo que éste decide o aprueba.

Sin embargo, está latente una contradicción. Cuando algunos dirigentes principales, en sus discursos y declaraciones, hablan de cambios necesarios, de cambio de mentalidad, de permitir las opiniones diferentes, etcétera, en la práctica periodística oficialista, sucede todo lo contrario: cada vez se aprieta más la camisa de fuerza. O sea: el discurso y la realidad no están en sintonía. Cartas a la Redacción es una magnífica muestra de ello.

El vicio de la cobardía periodística no es la culta prudencia de la educación

Bajo el título “Disidente Padura fustiga el mal periodismo que se hace en Cuba”, aparece un artículo de la AFP fechado  el 28 de noviembre.

Tardíamente puedo dar una opinión al respecto, pero siempre con menos retraso que las más de tres décadas empleadas por el talentoso escritor para percatarse de que ni el periodismo en Cuba es periodismo ni los periodistas son periodistas; pero no por las causas subjetivas que él alega sino por las causas objetivas que aún calla arriesgando tan poco que da vergüenza.

El servilismo incondicional al partido comunista y al poder, por encima de toda ética profesional y de respeto por la verdad, la falacia asumida como ideología para justificar el ostracismo y persuadir con repeticiones continuas hasta envilecer  el cerebro de las masas, la esencia de las razones de la comunicación  burocratizadas y censuradas al abierto campo del análisis del librepensamiento. El enaltecimiento de las obligaciones sociales del gobierno estigmatizadas en el altruismo y  bondad de la revolución cubriendo el amoral fraude económico, político y social. El camuflaje   de la corrupción gubernamental tras la declamación de la justicia social, la consagrada labor de confundir los conceptos de patria, nación, pueblo y país con un partido político infectado por el culto a la personalidad y al poder sin el menor aprecio por el ejercicio incondicional de los derechos humanos; esa ha sido la laboriosa tarea del periodismo y los periodistas oficialistas cubanos: han vendido el amor propio, la dignidad y el honor por sobras y excrementos del poder.

Los vicios entronizados al contrario de lo que dice el culto literato, sí son responsabilidad del periodista que ha aceptado mansa y  voluntariamente la condición de servidumbre, teniendo la obligación de combatirlos por ser el más elocuente de los orientadores sociales.

Las líneas editoriales están determinadas y presionadas por los periodistas, más aun cuando la noticia que elaboran no les conduce a un incremento de su economía sino a privilegios políticos y posiciones sociales antes que todo.

Si la vergüenza le hubiese tocado el pudor hubiese hecho referencia al periodismo ciudadano independiente. Ese periodismo que se ha desarrollado bajo las condiciones extremas de una censura radical, donde se ha usado la  discriminación, la persecución, la exclusión social y el presidio para silenciarlo, además de todo tipo de burdas maniobras para el  impedimento de recibir recursos y orientación profesional. Todo con la aprobación pérfida y odiosa  del vicioso periodismo oficialista y  parte de la prensa internacional acreditada en el país. Ese periodismo que él ha ignorado siguiendo la política del partido y del poder y que carece del vicio de la cobardía.

No son las dificultades económicas, como asegura el afamado novelista lo que ha conducido al estado calamitoso de la novelística en la isla, sino la decadencia de valores y el envilecimiento espiritual que devoran y absorben la genialidad y el talento para dejarlo sepultado en la abulia mediocre de la resignación. Grandes obras novelísticas se han escrito en condiciones extremas.

Padura no es un disidente, ni tan siquiera se asemeja, quizás sea un vidente y avizora el desastre gubernamental que se avecina.