Archivo del Autor: Ancla insular

Miradas a la isla. / Miguel Iturria Savón.

Tras recorrer casi toda Europa, once países de África, diez de Asia y viajar por América desde New York hasta Buenos Aires, las hermanas Ana y Arancha, naturales de Oviedo, Asturias, España, decidieron aterrizar en La Habana y conocer otros lugares de la isla más grande del Caribe, donde uno de sus abuelos llegó como inmigrante y prosperó lo suficiente para enviar “los cuatro pesos mensuales a la familia” y retornar a la Península a los 28 años como un hombre de éxito.

“Cuba era para nosotras una asignatura pendiente. Al abuelo le fue muy bien acá, obtuvo algunas propiedades inmobiliarias que rentaba en la Vieja Habana y contribuyó como afiliado a los fondos de la Sociedad Asturiana. En casa tenemos montones de cartas y fotos de su estancia insular, pero esto ha cambiado mucho y la realidad contradice los recuerdos que nos acompañaban”.

Como en apenas tres semanas es casi imposible “mirar la isla”, las hermanas –de 60 y 63 años- se armaron de mapas y, acompañadas por una amiga de Valencia que ha venido cinco veces, reajustaron su hoja de ruta a La Habana, el Valle de Viñales en Pinar del Río, el balneario de Varadero en la provincia de Matanzas y la pequeña ciudad colonial de Trinidad al centro sur. Santiago de Cuba quedó para otra vuelta invernal.

Luego de deambular por varias plazas, parques y museos del Casco Histórico, las turistas españolas recorrieron en “coches viejos” –almendrones de más de medio siglo- las calles Malecón, Línea, 23 y otras zonas del Vedado, “lo más moderno pero detenido en los años cincuenta”.

A Ana le impresionó, más que la arquitectura habanera, la exuberancia natural del Valle de Viñales y la transparencia de las aguas de Varadero, aunque cree que los servicios ofrecidos por los empleados del Hotel Allegro, ocupado por italianos, son una mezcla de la gracia de los cubanos y el espíritu farrullero de los italianos, cuya gritería suele caer bien a los guías de los bus, quienes opinan que solo los turistas españoles “se quejan”.

Arancha, por su parte, quedó impresionada por “la suciedad de las calles malolientes de La Habana, el estado ruinoso y contaminante de los coches, más apropiados para poblar un cementerio de autos que para transportar ciudadanos de un extremo a otro de la capital”, lo cual le sorprendió porque “contradice las declaraciones de las autoridades cubanas en torno al medio ambiente y el calentamiento global”.

A la amiga de ambas, cautivada por el azul del cielo, la suavidad del invierno tropical y la belleza de las palmeras y cocoteros de Cuba, una vez más le enervó “el bullicio de la ciudad y la indolencia de los sobrevivientes de esta ínsula, atrapados bajo una dictadura eterna y sinsentido, que aburre hasta el mismísimo Dios”.

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Marinero en tierra. / Miguel Iturria Savón.

A los 56 años Enrique Babastro Batista, natural de Guantánamo, reconoce haber sido uno de esos chiquillos que integró la oleada humana crecida bajo consignas, arropada por “el futuro luminoso” que enganchó a su generación desde las tribunas y carteles que rediseñaron el entorno urbano de Cuba en la década del sesenta del siglo pasado.

Aunque por su franqueza tropezó varias veces con las autoridades escolares y con funcionarios de la Flota de pesca, a la cual se integró en los años mozos para ganarse la vida y encauzar su pasión por el mar, no imaginó que terminaría siendo un “incorregible” por gritar algunas verdades y desatar “el sueño libertario” que le inocularon los maestros y los militares que influyeron en su formación.

Ahora, con medio siglo en las costillas y con más frustraciones que medios para vivir, Enrique integra la nómina de los hombres encanecidos que se toman tres tragos en los bares baratos de La Habana y hablan del pasado personal y colectivo, rodeado por un par de amigos que lo ven todo gris.

En días pasados, al verme hacer unos apuntes en una institución del Vedado, donde coincidimos en una cola, Enrique me preguntó la profesión e insistió en contarme su historia. Para evitar dudas sacó de su bolso una cartera en la que conserva, a modo de archivo, varios certificados y documentos oficiales que corroboran parte de su verdad.

“Cuando vine de Guantánamo me establecí con mi madre y hermanos en Campo Florido, cerca de Guanabo, luego nos mudamos al centro de la capital. Todo fue bien hasta que en 1983 caí preso por primera vez al enfrentar el desalojo de mi madre en Aranguren y Final. Entonces supe que Cuba era una celda enorme delimitada por sus costas. Pasé por el Combinado del Este, por el Cinco y Medio en Pinar del Río, por dos cárceles de Camagüey, Guantánamo, Guanajay, otra vez Pinar del Río y la 1580 de San Miguel del Padrón. Conocí a Antúnez, a varios prisioneros de la Primavera Negra del 2003, a Néstor Rodríguez Lobaina y a otros que como yo fueron testigos de golpizas, huelgas de hambre y problemas inenarrables”.

“En Pinar del Río conocí al capitán Orlando Rodríguez Pedraza, quien le disparó a mansalva a un prisionero que intentó escapar. Conocí también a Cornelio el santiaguero, que mató a Chapman por quemar la bandera del 26 de julio. En el Combinado del Este, la más grande de todas, mejor ni contar. Recuerdo, por ejemplo, al mayor Darío, que apoyó al primer teniente que acabó con el difunto Rey, vecino de 31 entre 31 y 35, en Playa”.

“Sí, claro, esas cosas no pasaran si las autoridades adoptaran medidas ante las denuncias pero ellos no piensan en los reclusos como seres humanos. En Guantánamo, en marzo de 1997, el mayor Yoel Casamayor y Pablo Reyes, de Orden interior, junto a Vito Reyes, jefe de reeducación, por poco matan a Néstor el baracoeso, al cual apoyé en su protesta contra la mala comida, una especie de pienso animal”.

Enrique ya es libre, pero no tiene casa propia, ni hijos ni mujer, aunque dispone de una chequera mensual y sobrevive realizando trabajos por encargo que apenas le alcanzan pagar el alquiler y la comida. Tal vez por eso cuenta su historia y muestra los documentos para demostrar que fue, ante todo, un prisionero de conciencia “en la isla del doctor Castro”.

 

Publicado en Cubanet el 20/02/12

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Virgilio teatral. / Miguel Iturria Savón.

Más de dos décadas después de la reparación postmorten del legado literario de Virgilio Piñera (Cárdenas, 4.8.1912-La Habana, 18.10.1979), la mayoría de las personas que hablan del autor  apenas han leído sus cuentos, poemas, ensayos, dramas y tragedias. ¿De qué hablan entonces? Pues de su condición homosexual y aspectos de su personalidad como los duelos verbales con los críticos, sus respuestas sarcásticas y nimiedades acerca del traje que usaba, el paraguas, los cigarrillos y hasta del miedo o, mejor aún, de su honestidad intelectual frente a los comisarios de cultura del régimen militar cubano.

Salvo para actores, dramaturgos, narradores y conocedores de nuestra literatura, Piñera es un eco de ecos, un mito literario más que un creador proteico, experimental y difícil, que merece el reencuentro con su escritura y la representación de sus dramas, tragedias y comedias. El 2012 puede ser una ocasión propicia pues como arriba a su Centenario existe un programa de homenajes, ediciones completas y reposición de sus piezas teatrales; lo cual resulta justo ya que desde 1961 hasta su muerte Virgilio siguió escribiendo mientras sobrevivía como traductor de francés, pero sus dramas dejaron de ser representadas, sus cuentos, poemarios y ensayos no fueron editados y hasta su nombre despareció de las revistas y periódicos.

Virgilio Piñera representa las antípodas de José Lezama Lima, otro famoso excluido del panteón literario por razones políticas más que estéticas. Para los censores, ambos fueron conflictivos por su desdén ante la mítica de la violencia y el denominado realismo socialista. Paradójicamente, ambos serían reincorporados tras la muerte. Lezama como símbolo del “escritor-escritor”, es decir, “no comprometido” o solo comprometido con la creación artística. Virgilio, menos barroco y más coloquial, devino paradigma del teatro contemporáneo cubano.

Como todo creador célebre Virgilio tuvo su leyenda negra: fama de majadero, intolerante e hipercrítico con la tradición, no con sus discípulos, quienes ofrecieron su perfil humano y las claves para adentrarnos en su legado narrativo y teatral. Los dramaturgos que percibieron su maestría y significación se sintieron atraídos por los ecos de “su desdén al mundo oficial, su humor corrosivo, su posición de francotirador, su iconoclasta rebeldía y hasta su oscura leyenda de incontables duelos literarios”.

Virgilio, esencialmente teatral, usó la escena como ejercicio mental, válido para descargar la pobreza que marcó a su familia y el entorno provinciano insular. “Soy ese que hace más seria la seriedad a través del humor, del absurdo y de lo grotesco”. Para justificarse adoptó el socorrido papel de víctima propiciatoria y dividió el género humano en elegidos y postergados, instalándose entre los últimos.

Vivió casi una década en Buenos Aires, pero sus dramas son esencialmente cubanos, una cubanía que no viene del bufo ni del teatro didáctico y moralizante, sino del manejo de temas y circunstancias criollas y de diálogos y frases acuñadas por el populacho. Antes de 1959 publicó tres piezas y estrenó cuatro: Electra Garrigó (1948), Jesús (1950), Falsa alarma (1957) y La boda (1958). Después representó cinco títulos, editó nueve en libros y dos en publicaciones periódicas. En 1960 vio la luz su Teatro completo, ampliado y reeditado después por Rine Leal. Fuera de la isla llevó a escena Electra Garrigó, Dos viejos pánicos, premiada en 1968 por la Casa de las Américas; Aire frío y Una caja de zapatos vacía.

Quien desee conocer la obra de este autor debiera conseguir las antologías Virgilio Piñera Cuentos completos, de Antón Arrufat, editada en La Habana en 2002 y 2004, y Teatro Completo, ordenado y prologado por Rine Leal –Biblioteca Literatura Cubana, 2002 y 2006-; volúmenes que resurgirán en la Feria del Libro de La Habana del 2012, junto a recopilaciones de sus poemas, ensayos y artículos, así como testimonios escritos por amigos y seguidores de Piñera, calificado como intelectual beligerante, conversador agudo y creador del teatro del absurdo – su Electra Garrigó es anterior a La soprano calvo del acreditado Ionesco-.

En ocasión del Centenario de su nacimiento resulta agradable volver a sus dramas, tragedias y comedias, en los que palpitan incesantes búsquedas y experimentación expresiva; así como su aparente sencillez, lograda a base de diálogos tan cubanos como agudos, llenos de situaciones tragicómicas y absurdas, a veces de  realismo descarnado, como Aire frío –inspirada en su familia-.

Rine Leal calificó a Piñera como un dramaturgo de transición que influyó en los teatristas posteriores y elevó la escena cubana al nivel alcanzado antes en la música, la poesía, la narrativa y las artes plásticas. El crítico sitúa al gran dramaturgo en la estética de la negación y valora como se adentra en las paradojas absurdas, el juego de los espejos y el ritual de las máscaras, en tanto acudió a la evasión como medio de resistencia ante las tensiones de su época.

Recordemos, por ejemplo, que Electra Garrigó, fue considerada por María Zambrano en 1948 como “la obra más hermosa, valiente y capaz de autor cubano estrenada en La Habana… realizada con coherencia y justicia, y con esa terrible honestidad suicida”. En Jesús, Piñera hilvana una parodia conmovedora de valor alegórico, donde el personaje principal –el barbero de 33 años Jesús García, vecino de La Habana- se niega a hacer milagros ante los rumores de vecinos y autoridades, lo cual lo representa un desafío ante expectativas absurdas.

Pudiéramos seguir con anotaciones acerca de El filántropo, Falsa alarma, Dos viejos pánicos y otras obras memorables de Virgilio Piñera, pero preferimos que lo intente el lector tras leer o asistir a las representaciones de su legado teatral en ocasión de su   Centenario de vida.

 

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País de Píxeles. / Miguel Iturria Savón.

Al anochecer del sábado 4 de febrero fue inaugurada en la sede del proyecto audiovisual Estado de Sats (calle 1ra número 4606 entre 46 y 60, Miramar, La Habana), la Exposición País de Pixeles, promovida a través de Internet desde principios del 2011 por la plataforma blogger Voces Cubanas.

“Gracias por todo, por no quedarnos impasibles ante los pixeles de un país imposible poco a poco hecho posible”, expresó a los asistentes el escritor y fotógrafo Orlando Luis Pardo Lazo, organizador de la muestra, cuyo sitio virtual recibió cientos de comentarios sobre las fotos exhibidas.

A País de pixeles llegaron cientos de fotos de aficionados y profesionales de La Habana y otras ciudades de la isla, a razón de diez por autor. Participaron también en calidad de invitados cubanos que residen en los Estados Unidos, México, España, etc.

De 700 imágenes escogidas previamente, el Jurado eligió 40 que fueron montadas y exhibidas al público, el cual votó por el Premio de la Popularidad, que recayó en la obra número 18 (Bodega), de Jorge Luis Pérez, quien expresó su gratitud.

El jurado, presidido por Sailí Borrero, entregó los premios y menciones, cedidos por donantes anónimos de la comunidad emergente, contactados mediante Internet. Las menciones correspondieron a:

  1. William Caset Díaz, autor de La esperanza del mundo.
  2. Alejandro Menéndez Vega, serie Hechos de gentes.
  3. Claudio Fuentes, Montaje con rostros.
  4. Alina Guzmán Tamayo.

Los Premios correspondieron a:

  1. Alexander Sánchez Riva, fotógrafo de Holguín.
  2. Martha Mayra Rodríguez, de Cienfuegos.
  3. Ernesto Blanco, de Holguín.

El acto de premiación fue una fiesta en torno a las fotografías exhibidas, casi todas urbanas y de valor artístico y sentido antropológico. Entre los asistentes estaban Antonio Rodiles, anfitrión y vocero de Estado de Sats; los blogger Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar, Dimas Castellanos y Eugenio Leal; Wilfredo Vallín, líder de la Asociación Jurídica Cubana; los músicos Gorki Águila y Ciro Díaz, de la banda de rock Porno para Ricardo; la actriz Ana Luisa Rubio, el grafitero El Sexto, algunos periodistas independientes, escritores, pintores, fotógrafos y decenas de representantes de la sociedad civil alternativa.

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Los ausentes a la Feria del Libro. / Miguel Iturria Savón.

Ni un enorme tapiz persa alcanzaría para traer a la Feria del Libro de La Habana, concebida del 9 al 19 de febrero en La Cabaña, una muestra de la extensa obra narrativa, poética, ensayística e historiográfica de los autores cubanos exiliados y de los excluidos dentro de la isla por razones extra literarias.

La Feria Internacional del Libro de La Habana, extendida después a las librerías de las capitales de provincias, sigue siendo monopolio de estado, aunque incluye a editoriales de otras naciones que declaran previamente sus títulos y promueve a los clásicos de la literatura universal, cuyas obras no contengan que contradigan los tabúes oficiales.

Tan empobrecedora percepción margina a muchos autores que pierden contacto con sus lectores naturales; mientras potencia a “los apacibles” o sobresatura de panfletos los stands con títulos históricos y políticos que tendrán como destinatarios a las polillas.

En esta 21 edición de la Feria, “dedicada a las culturas y pueblos del Caribe” y a los escritores e investigadores cubanos Zoila Lapique y Ambrosio Fornet, los asistentes dispondrán de cinco o seis volúmenes del reivindicado Virgilio Piñera (Cárdenas, 1912- La Habana, 1979), quien arriba a su primer cumplesiglos, y un manojo de textos acerca de temas afrocubanos, religiosos, sexuales y violencia de géneros, pero nadie expondrá en blanco y negro los problemas nacionales velados por la censura.

Entre los ausentes estarán los escritores exiliados y los inxiliados que no comulgan con el discurso del poder. No disfrutaremos, por ejemplo, de las novelas y cuentos de Lino Novás Calvo, Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas o Guillermo Rosales; los poetas Gastón Baquero, Heberto Padilla y Raúl Rivero; los dramas de José Triana; los ensayistas Jorge Mañach, Carlos A. Montaner y Rafael Rojas; las biografías de Carlos Márquez Sterling ni del legado historiográfico de Levi Marrero y Manuel Moreno Fraginals.

Entre los ausentes figuran además Guillermo Rosales, Reinaldo Bragado, Carlos Victoria, Roberto Valero y Eliseo Alberto Diego, todos difuntos e inéditos en la isla.  Nombres como Zoe Valdés, Wendy Guerra, Uva de Aragón, José A. Conte, Jorge A. Aguilera, Emilio Ichikawa, Néstor Díaz de Villegas, Amir Valle y un largo etcétera que incluye a escritores que permanecen en Cuba y a cronistas y blogger que asumen la libertad de expresión en otros formatos.

Los libros trascienden al momento de su adquisición, pero entre las ofertas dela FeriadeLa Habanahay ausencias irremediables, signadas por el lastre de la censura, la abundancia de volúmenes tan inútiles como legitimadores y la demonización de creadores sospechosos e infieles.

Veamos, por ejemplo, varios títulos de autores cubanos publicados fuera de la isla recientemente y que pudieran ser comercializados en los anaqueles de la fortaleza de La Cabaña y en otras librerías de Cuba. Es el caso de:

  • Vicente García, el incomprendido Mayor general cubano, del historiador Enrique Ross, por Ediciones Universales, de La Florida, Estados Unidos.
  • Inside Havana, del arquitecto y urbanista Julio César Pérez, sobre historia y arquitectura, localizable en Cuban Art News.
  • Anécdotas del Mayor, de Israel Vera, con reseñas y estampas de Cuba.
  • Cubanos: rostros en el olvido, colección de fotografías de Yamila Lomba.
  • Un hombre toca a la puerta bajo la lluvia, de Rodolfo Pérez Valero.
  • El espionaje cubano en los Estados Unidos. La red Avispa, de Pedro Corzo.
  • Iglesia y revolución en Cuba, del obispo Enrique Pérez Serantes (1883-1968).
  • Gatuperio, cuentos de Guillermo Arango.

 

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La Medea de Nelson Dorr. / Miguel Iturria Savón.

Desde el jueves 14 y hasta el domingo 29 de enero los amantes de las artes escénicas disfrutaron en el Teatro Mella, ubicado en Línea y A, Vedado, La Habana, la versión de  Medea, tragedia del autor clásico francés Cornielle; llevada al tablado por Nelson Dorr, cuyo montaje respetó el dramatismo pasional del dramaturgo galo.
Dada a conocer en 1635 e inspirada en la tragedia griega, Medea retoma la leyenda escalofriante de una mujer que arrasada por los celos, la arrogancia y las bajas pasiones, impuso un desenlace de miseria atroz e inhumana, que asoló con su marido, sus hijos y otras personas de su entorno social y familiar.
Según Nelson Dorr, la obra de Cornielle se nutre de “la antigüedad clásica, de la Medea del más moderno de los clásicos griegos, Eurípides. Cornielle hace gala de una continuidad y fluidez asombrosa en sus alusiones a todos los aspectos de los clásicos presentes en la concepción misma de la obra y en cada uno de los detalles. Pero sigue más de cerca a Séneca que a Eurípides, insistiendo en los golpes teatrales de lo sobrenatural (conjuros a las furias del mal, a los dioses del averno, encantamientos y brujerías) y en lo terrorífico del relato de la venganza donde la compasión y el perdón no tienen lugar”
La actriz María Teresa Pina convence en el rol de Medea, tanto en el monólogo inicial como en los cuadros siguientes, en los que ofrece la sensación de impotencia y venganza que condiciona la trama, marcada por pasiones incontrolables que desatan la extrema crueldad. Miguel Fonseca encarnó a Jasón, Carlos Padrón al Rey Creón, Gladys Casanova a la criada Nerina y Sindy González a la Princesa Creusa, el personaje más suave y tierno. Los bailarines, cantantes y músicos del grupo Oricha Oko revivieron a los demonios que ejecutaron los encantamientos y brujerías ordenados por Medea.
La Medea de Cornielle escenificada en el Mella por Nelson Dorr y su compañía alterna en La Habana con otros clásicos del teatro universal, como Noche de reyes, de William Shakespeare, montada por Carlos Díaz, director de El Público, y exhibida en el Trianón desde el verano del 2011. El avaro, de Moliere, comenzará en Hubert de Blanck a partir del viernes 27 de enero, con versión, dirección artística y puesta en escena de Luis Brunet.
De estos clásicos del teatro que revisitan la capital cubana, William Shakespeare es el autor más representado en la isla. Moliere simboliza la gracia, la ironía y la crítica alegre; en tanto Cornielle personifica lo más comedido, fue más dramático y clásico. Faltaría Racine, otro dramaturgo francés del siglo XVII, quien simbolizó el huracán de pasiones desatadas y arrasadoras.
La popularidad del Shakespeare de Carlos Díaz radica en un excelente montaje que descontextualiza al clásico e infiere lo cubano mediante alegorías, canciones, metáforas y frases que demuestran que todo cabe en la magia teatral, siempre que confluyan la dirección de actores con el texto literario, el vestuario, las luces y el dinamismo de las interpretaciones.

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El Parque de Calzada y K. / Miguel Iturria Savón.


Siete almendros, quince bancos de concreto, una cámara de video en uno de los tres postes de electricidad y cuatro policías en cada esquina, aguardan a las decenas de posibles inmigrantes que acuden de lunes a viernes al parquecito triangular de las calles Calzada y K, del Vedado, La Habana.
El actual Parque de las Palomas, antiguo Parque de los Lamentos, sigue siendo la antesala de la imponente funeraria capitalina, pero más que llantos de despedida, en los rostros de quienes esperan para  entrar en la cercana Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, se aprecia una mezcla de tensión y esperanza que suele trocarse en euforia o tristeza, según el resultado de la entrevista consular.
Mientras esperan por el empleado cubano que organiza la cola y los acompaña hasta la entrada de la embajada más popular y rodeada de policías en la isla, los posibles viajeros conversan a media voz, llaman por celular o interrogan al de al lado sobre las hipotéticas preguntas que responderán a los agentes consulares, los cuales conceden o niegan la visa de entrada a los Estados Unidos.
Es difícil precisar la procedencia provincial de los allí reunidos, pero muchos delatan su origen por el acento oriental, o por la chapa de los almendrones que los transporta desde Camagüey, Santa Clara, Matanzas, Güines o Pinar del Río.
Las muchachas más bellas dan paseítos por las calles colindantes, como si dijeran adiós a los transeúntes habaneros; en tanto los hombres aprovechan para tomarse una cerveza en los paragüitas del frente o merendar en la cafetería de los bajos de la funeraria, deprimente en comparación con la pequeña pero competitiva Rumba K.
En el parquecito triangular de Calzada y K no se habla de política, sino de las expectativas que generan el deseo de partir y las oportunidades que brindan los americanos a los inmigrantes legales. Solo los opositores y periodistas independientes que esperan para entrar a Internet en las salas Lincoln y Roosevelt, comentan entre sí la situación nacional o los problemas internacionales.
En cierta medida, las personas que esperan en el parquecito capitalino simbolizan una sangría constante para Cuba, fundamentalmente de jóvenes, pues las 20 mil visas concedidas al año por los Estados Unidos desde 1995, más los trámites de reunificación familiar, las invitaciones de parientes, el programa de refugiados políticos y los éxodos por el mar o a través de México, asciende a más de medio millón en apenas tres lustros.
Según estadísticas norteamericanas, 168 mil cubanos se naturalizaron y 315 mil lograron establecer residencia legal en los Estados Unidos; mientras 35 mil intentaron realizar el viaje marítimo hacia la Florida y 38,969 fueron admitidos como refugiados en esa nación por concepto de represalias políticas.
Ni quienes esperan por la visa permanente o transitoria en el parque de Calzada y K, ni los transeúntes que pasan por el lugar piensan en la tragedia humana escondida tras esos rostros de tensión y esperanza.

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Orden real. Por Miguel Iturria Savón.

 

Días atrás, durante un brindis amistoso por el nuevo año, un abogado de La Habana se refería a los juicios más absurdos del 2011 en los que estuvo implicado como defensor. Según el jurista, casi nadie calcula las implicaciones del entorno y los hechos previos a ciertos delitos, no solo para las víctimas y los infractores, si no para los propios operadores del derecho, quienes a veces tienen que lidiar con ordenanzas inescrutables que influyen en las decisiones.

Cuenta el letrado que entre las “joyas jurídicas” del pasado reciente hubo un juicio sensacionalista en el Tribunal provincial de La Habana, motivado en principio por una visita realizada por el Jefe de Estado al Jardín Botánico Nacional, ubicado en la periferia de la capital, donde colinda con otros “pulmones verdes” como el Parque Lenin y el Zoológico Nacional.

Al recorrer las áreas del Jardín Botánico en compañía de la Directora, el mandatario preguntó por la procedencia de varias especies, el trabajo de conservación y los proyectos científicos en desarrollo. Al final le informaron que el mayor problema de la institución se debía a la tala indiscriminada de árboles maderables de origen africano por leñadores furtivos, ante lo cual ordenó adoptar medidas ejemplarizantes que pusieran fin al hecho.

Como siempre, se activó el andamiaje policial para capturar y procesar a los leñadores que cogieran infraganti, quienes tendrían que pagar como si fueran los autores de los árboles devastados durante años en el lugar y zonas colindantes, cual presuntos responsables del agujero en la capa de ozono y del calentamiento global.

En consecuencia, los hombres sorprendidos con el hacha en la mano fueron procesados por “robo con fuerza continuado de árboles”, ante  cámaras de televisión que filmaron la vista, lo que supone que se la pasaron al gobernante.

Durante la vista se trajo a colación hechos y afirmaciones exagerados, como que la tala tuvo consecuencias hidrográficas en la región, deterioró la calidad del oxígeno en la capital de Cuba y afectó los pulmones de la ciudad.

En resumen: un fenómeno universal y general como la tala de árboles en un jardín botánico que apenas tiene límites perimetrales, recayó sobre los hombros de un grupo de infractores, cuyas sanciones oscilaron en diez años de prisión.

Tal vez por eso uno de los abogados defensores, al iniciar su informe oral conclusorio, expuso que escuchando la retórica empleada por la representación fiscal, sintió que le faltaba el aire y se le resecaba la garganta. ¿Sería para tanto?

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Voces 12. Por Miguel Iturria Savón.

A las nueve de la noche del 31 de diciembre, coincidiendo con los cañonazos del Morro de La Habana y tras la escenificación de poemas por representantes de OMNI ZONA FRANCA, fue presentada Voces 12, revista digital de la blogósfera alternativa cubana. 12 números despiden al 2011 y congratulan al duodécimo año del siglo XXI.
Los 19 autores que hilvanan las 62 páginas de diseño minimalista a base de siluetas, juegos de letras e imágenes urbanas, comienzan y terminan con poesía pues Voces 12 dijo adiós al Festival Poesía Sin Fin 2011 e insertó como entrante poemas de los omnizoneros Amaury Pacheco, Luis Eligio y Nilo Julián. Les siguen Luis Felipe Rojas con su personalísima Postal navideña, Yoani Sánchez con el mini monólogo alegórico No es la misma agua, y al final Orlando Luis Pardo, quien asusta con El primer día de nunca, especie de delirio poético que derrocha erudición y neurosis.
El medio está poblado de voces que transitan del post a la evocación, a la crítica literaria, artística, deportiva, sociológica y cinematográfica, sin desdeñar la ficción, la música o la historia. Todos amarraditos en las coordenadas de la época y el espacio insular, incluidos, por supuesto, libros y personajes que trascienden el entorno geográfico.
Quienes hagan clip en vocesvocesvoces@gmail.com podrán leer los 2 posts del narrador y cineasta Eduardo del Llano, seguido por El derecho de ser yo y escribir en La Habana, de la impresionante y censurada Wendy Guerra; el lúcido retrato Anaïs Nin: Sexo o muerte, del periodista exiliado Armando de Armas; o continuar con el habanero Ramón Díaz Marzo, autor del relato El otro, antes de pasar a reseñas y reflexiones que diversifican y condimentan el primer ejemplar del 2012.
Con su Evocación de Vaclav Havel, Miguel Iturria Savón puntualiza aspectos de la vida y la obra literaria del desaparecido político y dramaturgo checo; mientras que Vicente Echerri nos regala el itinerario de nuestro Héroe Nacional en su excelente Amor de ciudad grande: Tras las huellas de José Martí en Nueva York; en tanto el politólogo Manuel Cuesta Morúa, autor de Los que pensaron la mitad de Cuba, sugiere incluir a los ideólogos negros en el discurso nacional.
Desvelan otras aristas del país Iris del Castillo (El fútbol cubano fuera de revoluciones), Armando Chaguaceda (Cuba: miradas a un arte crítico) y Camilo E. Olivera (¿Reggaetón versus política cultural?). La crítica literaria es representada por dos textos breves y sugestivos: Fraggle Rock Ediciones, de Jorge E. Lage acerca del comentario de Osdany Morales publicado en la revista española Quimera, y Hablar en Plata, de Regina Coyula sobre el libro de José Ponte Villa Marista en Plata, editado por Colibrí en 2010.
Casi a modo de Colofón se inserta la larga reseña cinematográfica de título indecible, del escritor y fisiculturista que firma con seudónimo (Yoss), quien alterna sus numerosas digresiones con simpáticas y agudas acotaciones críticas sobre el largometraje cubano Juan de los muertos, del talentoso y audaz realizador Alejandro Brugués.
Publicada en Cubanet el 16.01.2012.

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Caravana de enero. / Miguel Iturria Savón.

Mientras los almanaques de China proclaman el 2012 como Año Lunar, cuyo centro festivo es el dragón, los noticieros de Cuba reportaron el domingo 8 de enero imágenes de la Caravana de la libertad del lejano 1959.

Como si no hubiera pasado medio siglo, locutores y camarógrafos se esforzaron por sincronizar la euforia del pasado con los ancianos y mujeres que en algunos puntos de la carretera central se nuclearon en torno a las pipas de maltas y refrescos para evocar el suceso.

El lamentable espectáculo habla de la moral en fuga de aquellos protagonistas envilecidos tras el poder. La racional lucidez de traficar con la miseria para atraer a cientos de personas a los lugares por donde pasó en Comandante en Jefe, ya es un ritual que apenas engaña.

Esto sucede porque en Cuba los medios masivos de comunicación siguen aferrados al pasado, el pasado como fuente de legitimidad y espejo premonitorio del poder. Si algo queda de esa entelequia revolucionaria son los protagonistas del núcleo duro de aquel proceso que torció su rumbo en los brazos de la fenecida Unión Soviética.

Media centuria después Cuba es el laboratorio crepuscular de América Latina. Tal vez por eso los jóvenes sueñan con emigrar hacia el norte, mientras la prensa oficial sigue echándole mano a los símbolos del pasado y los ancianos del Consejo de Estado hacen negocios con millonarios extranjeros y preparan a sus vástagos para que asuman el relevo, como los Kim en Corea del Norte.

Si uno de esos turistas que retratan las ruinas de La Habana preguntara por los logros de aquella revolución, habría que decirle unos chistes alegóricos al infierno o manejar estadísticas lamentables. Veamos algunas.

  • En enero de 1959 existían en Cuba 14 prisiones y tres mil prisioneros. Medio siglo después la cifra asciende a más de 200 reclusorios y ochenta mil presos.
  • El ganado vacuno descendió de seis millones de cabeza a solo un millón.
  • Éramos el primer país de América Latina en medios de comunicación; ahora estamos por debajo de Haití y El Salvador en acceso a Internet.
  • Cuba era un país abierto al mundo, pero los cubanos eran dueños del 70 por ciento de los medios de producción, nacionalizados y convertidos en propiedad del estado a partir de entonces.
  • La isla exportaba diversos rublos alimenticios; ahora compra el 70 % de lo que consume.
  • En la década del 50 sólo setenta mil cubanos emigraron a los Estados Unidos. Del 2001 al 2010, 168 mil nativos se naturalizaron y 315 mil establecieron su residencia legal en esa nación, mientras que 35 mil intentaron cruzar el estrecho de La Florida.

Como nadie huye de la libertad se induce que las expectativas generadas por aquella Caravana libertaria acabaron en frustración. ¿Por qué celebran entonces el suceso nuestros mandarines? ¿Será una forma de premiar a los viejitos desdentados que hacen colas para comprar malta y refresco el 8 de enero de cada año?

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