Archivo del Autor: Fernando Damaso Fernandez

De tranco en tranco

Desde su instalación en el poder, el gobierno cubano siempre se ha movido de tranco en tranco, con su correspondiente gruesa cobertura ideológica. A cada año se le daba un nombre, que debía servir de acicate para el trabajo durante sus doce meses. Así, 1959 fue el Año de la Liberación, aunque realmente significó, por las medidas tomadas, más que la liberación, la conculcación de todas las libertades y derechos existentes. Después vinieron otros muchos que, ante todo, no fueron más que simples nombres sin resultados concretos, hasta perder interés la práctica y convertirse en algo rutinario, pasando entonces a primer plano las consignas, por periodos de tiempo más amplios.

Una de las más interesantes fue la denominada batalla de ideas, donde todo lo que se hacía o deshacía formaba parte de ella, desde arreglar un bache, reparar una bodega, colocar un bombillo en una calle, roturar la tierra, realizar un mitin, recoger la cosecha, etcétera. Tan importante fue que hasta tuvo su ministerio y ministro, que parecían extraídos de las páginas de 1984, la novela de George Orwell. Llegó a constituir un pequeño gobierno paralelo particular dentro del existente, complicándolo todo aún más de lo que ya estaba. Con el relevo del presidente por motivos de salud, el ministerio, el ministro y la batalla duraron muy poco, aunque la fórmula no se abandonó y reapareció con los lineamientos del partido y la revolución. Desde entonces, todo lo que se proyecta, se hace o se deshace forma parte de ellos, ahora con la adición de su numerito correspondiente: todos trabajan en el cumplimiento de algún lineamiento, sea el 10, el 83, el 104 o cualquier otro hasta llegar al 313 y, obligatoriamente, hay que dejar constancia explícita de ello.

Sueño con el momento en que en mi país las cosas se hagan porque deben hacerse, y el gobierno las ejecute porque esa es su obligación y su razón de ser, sin necesidad de ninguna cobertura ideológica, y menos aún de trancos que, por lo regular, siempre han caído en el vacío.

Dualidades

Foto Peter Deel

En la Cuba republicana cada provincia tenía un gobernador y cada municipio un alcalde, quienes gobernaban, en el caso de la provincia con un Consejo formado por los alcaldes municipales, y en el de los municipios, con un Ayuntamiento con concejales. El municipio era la sociedad local, organizada políticamente en una extensión territorial determinada por necesarias relaciones de vecindad, sobre una base de capacidad económica para satisfacer los gastos del propio gobierno. Tenía autonomía, con poderes para satisfacer las necesidades colectivas peculiares de la sociedad local. La provincia se componía de los municipios dentro de su territorio. Así lo establecía la Constitución de 1940.

A partir del año 1959, en lugar de perfeccionar lo ya existente, estas estructuras se modificaron y, en el caso del municipio, que es el que me interesa, el alcalde fue sustituido por un triunvirato de tres comisionados, algo previsto también en la referida Constitución, pero con la cantidad de comisionados en correspondencia con el número de habitantes de cada municipio, y no con una cantidad fija para todos. Como el experimento fracasó, debido a la multiplicidad de dirigentes, se dejó uno solo, aunque con limitado poder ejecutivo y financiero, ya que las medidas a aplicar debían ser aprobadas u ordenadas por el gobierno central. En la práctica, la vieja alcaldía, de gobierno municipal se transformó en una simple administración. Después se experimentó, con iguales pésimos resultados, con las denominadas JUCEI (órganos de gobierno municipales y provinciales). Con la aparición del Poder Popular se pensó que el problema se resolvería, acudiendo a las experiencias acumuladas dentro de la República y posteriores, pero éstas fueron desechadas, manteniéndose la ineficiencia, ahora incrementada con el aumento de la burocracia..

El gran problema real es que, a horcajadas sobre los órganos actuales de gobierno, tanto a nivel nacional como provincial y municipal, se encuentra el partido. No es por casualidad que cada vez que se produce una reunión de alguno de ellos, sea la Asamblea Nacional o las provinciales o municipales, previamente se realiza el Pleno del partido correspondiente, donde se establece el alcance y los límites de lo que se discutirá y aprobará en ellas. En este esquema, en realidad el poder lo tiene el partido y, por lo tanto, es quien gobierna, y los gobiernos (el Poder Popular) simplemente administran. Aquí radica su ineficacia para resolver los problemas, tanto nacionales como provinciales y municipales. Es una dualidad parecida a la de las dos monedas existentes donde una, aunque no lo haga concientemente, conspira contra la otra, porque ocupan y actúan en un mismo reducido espacio.

En la capital este es el gran problema, agravado por la presencia en ella del gobierno central y sus organismos e instituciones, quienes influyen y presionan sobre su administración, la cual se convierte en una ejecutora de tareas ajenas, dejando de cumplir las suyas propias. El resultado está a la vista de todos: calles y aceras rotas y sin mantenimientos, áreas verdes abandonadas, recogida de basura caótica, pésimos servicios de todo tipo, edificaciones deterioradas y derrumbes diarios, insalubridad y otros males que afectan a los ciudadanos.

Hasta tanto nuestras provincias y municipios no posean gobiernos reales, fuertes y con recursos, que ejerzan sus funciones como tales, todo esto será insoluble.

¿Existe un modelo cubano de bienestar?

Foto Peter Deel

Leyendo detenidamente el extenso artículo Una mirada al modelo cubano de bienestar, publicado en el diario Granma el pasado 10.5.13, me surgieron algunas dudas y desacuerdos.

Los casos, con que comienza el artículo, de personas de diferentes edades que, por uno u otro motivo personal, han decidido regresar a vivir en Cuba, sólo representan un insignificante por ciento de los cientos de miles que no lo han hecho, y prefieren continuar desarrollando sus proyectos de vida en correspondencia con otros modelos de bienestar, allende el mar, a pesar de la crisis económica, la violencia, el desempleo, la incomunicación social, el desarraigo, la lejanía de los seres queridos, la exclusión, la discriminación, la falta de solidaridad, etcétera. Sobre la base de estos casos atípicos, se estructura toda la argumentación posterior, haciendo énfasis en el no sentimiento de exclusión, los espacios de socialización, la solidaridad social y la creatividad e inteligencia colectivas.

Plantear que no existe sentimiento de exclusión porque todos en los barrios conocen a todos, es un argumento demasiado baladí, además de que defiende la mala costumbre de meterse en las vidas ajenas, lo cual es resultado de la extendida vigilancia entre vecinos, la envidia, el chisme y la existencia de actividades colectivas obligatorias que, más que evitar la exclusión, atentan directamente contra la individualidad de los ciudadanos, algo que debiera ser respetado. En realidad, ver las mismas caras todos los días resulta bastante aburrido. El que muchos cubanos se reúnan en un parque o coloquen una mesa para jugar al dominó en un parterre o hasta en una acera, no constituye ningún logro, sino todo lo contrario: la falta de espacios sociales donde compartir de forma amena y civilizada, al no existir sociedades de recreación, clubes, fraternidades, liceos, etcétera. Tal vez a estos cubanos, si tuvieran los recursos económicos necesarios, les gustaría más hacer turismo nacional o internacional, ir a pescar en sus botes, compartir con los amigos en un cafetería o restaurante, etcétera.

Considerar que la elevación del nivel de vida provoca aislamiento es desconocer el desarrollo y que, precisamente, las nuevas tecnologías de la información permiten interconectarse con el mundo entero (no es el caso de Cuba con la Internet prohibida) y ampliar las relaciones más allá de la familia, los vecinos, el barrio, el municipio, la provincia y hasta el país. Más que conocer al vecino de al lado y saber quién es, lo cual constituye una invasión a su privacidad y tiene bastante tufo político, ahora se pueden conocer muchas personas diferentes con distintos modelos de bienestar e intercambiar opiniones y experiencias, y hasta comparar.

Es un error confundir socialización con hacinamiento. En nuestros barrios, debido a la escasez de viviendas y al mal estado de la mayoría de las existentes, varias generaciones de una misma familia, y a veces de varias, ocupan el mismo espacio que antes ocupaba una sola, atentando contra la forma personal de vida de sus diferentes miembros, situación que se repite con los vecinos de al lado y así ininterrumpidamente. Las conocidas camas calientes (una misma cama utilizada por turnos por diferentes personas) de Centro Habana no constituyen ejemplos de socialización, sino de miseria extrema. Igual sucede con las aglomeraciones en las paradas de ómnibus, esperando el transporte que nunca llega, y en las colas del pan y de otros productos. A esta socialización aportan sus granitos de arena los bajos salarios, las raquíticas jubilaciones y la ineficiencia generalizada. Buscar esta socialización en sociedades organizadas, donde los ciudadanos poseen independencia económica resulta algo difícil, porque éstos no dependen unos de otros y, menos aún, de los vecinos. En ellas cada cual vive su vida y estas vidas particulares conforman la vida de la comunidad. Más difícil aún resulta pretender encontrarla en aeropuertos, metros y moles. Estoy casi convencido que muchos de los habitantes obligados de las ciudadelas y albergues de La Habana, desearían no tener que estar a toda hora cara a cara con sus familiares y vecinos, y agradecerían algunos momentos de soledad y tranquilidad.

El nosotros que se propone recuperar no es una propuesta inteligente, ya que se ha utilizado demasiado en este país como un comodín, para tener compañeros de viaje ante los errores y deficiencias, soslayando el valiente yo, tanto para lo bueno como para lo malo. Ni la botella en el transporte, ni la utilización de un teléfono particular como colectivo, ni pasarse los uniformes escolares unos a otros, ni repartirse las meriendas o las medicinas demuestran solidaridad, sino sólo insuficiencias y carencias, no resueltas durante más de cincuenta años de experimentos sociales fallidos.

Plantear, genéricamente, que en Cuba se puede conversar y tener múltiples intercambios sociales y que puedes darte el lujo de una buena charla con muchas personas, debido a nuestra elevada cultura e instrucción, parece más un chiste que un argumento serio. Aquí, a la hora de conversar o charlar, los ciudadanos se cuidan mucho de quienes son sus interlocutores y miden sus palabras, por temor a que lo dicho les pueda causar problemas personales. Ejerciendo la doble moral (pienso una cosa y digo otra, la oficial) son difíciles las conversaciones y las charlas honestas.

Para potenciar el modelo cubano de bienestar, se propone no tener cada vez más, sino ser más, no atesorar más riqueza, sino más humanidad y vivir bien en vez de mejor. Además de negar el justo deseo natural de todo ser humano de prosperar, y de ser planteamientos un poco etéreos y confusos para el cubano de a pie, pues no le dicen absolutamente nada, más bien parecen consignas de ésas que tampoco dicen nada. También se propone fomentar la solidaridad social y fortalecer el espacio comunitario. Otra vez, más consignas. Si en realidad se quiere alcanzar el bienestar que no poseemos, no perdamos más tiempo tratando de presentar nuestras dificultades, insuficiencias, desgracias y carencias como componentes originales del mismo. Ellas en realidad son componentes del modelo cubano de malestar. El bienestar sólo se alcanza trabajando y creando riquezas, para lo cual, en nuestro caso, son imprescindibles profundos cambios económicos, políticos y sociales. No existe un modelo cubano de bienestar, sencillamente porque el otro modelo, el político, económico y social, el denominado socialista, es un fracaso y ha sido incapaz de lograrlo.

Palabra camaleónica

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Existe una palabra en el idioma español, que es utilizada de diferentes formas por las autoridades cubanas, según convenga a sus intereses: esta es diversidad.

En las relaciones internacionales se utiliza ampliamente por los principales dirigentes y por sus representantes, exigiendo su respecto. Es lógico. Cuando la mayoría de los países tienen gobiernos democráticos, la diversidad está representada por los que no los tienen. En esta situación, la presencia de éstos, Cuba entre ellos, sólo es posible si ésta se acepta y respeta. Así sucede en la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Asociación de Estados del Caribe (AEC), etcétera.

En el caso de países en particular, la diversidad funciona de dos formas diferentes. Si en estos países existen gobiernos democráticos, que no comulgan con el espectro político-ideológico cubano, la defensa de la diversidad se hace para apoyar a los partidos, movimientos y organizaciones opositoras. Si los gobiernos son autoritarios y populistas, y responden a los intereses de las autoridades cubanas, entonces se ataca la diversidad, acusando a quienes la representan de burgueses, apátridas, fascistas, mercenarios, lacayos, aliados del imperio, etcétera.

Sin embargo, la deformación extrema se produce en la situación nacional, donde la palabra diversidad se convierte en un verdadero camaleón, cambiando de color constantemente, según las conveniencias. En las cuestiones políticas está totalmente excluida, refrendada esta exclusión por la concepción de una ideología única durante más de cincuenta años, acusando a quienes no la comparten de todos los improperios conocidos y de hasta algunos creados al efecto (gusanos, anexionistas, vendepatrias, etcétera), mientras se emplea en las cuestiones de género, raza y sexo, con el objetivo de atraer estos conglomerados sociales al redil gubernamental, mediante organizaciones e instituciones oficialistas creadas y financiadas al efecto.

Esta no es la única palabra camaleónica utilizada por las autoridades cubanas. Existen muchas otras. Sirva la tratada como simple ejemplo.

Hasta tanto las palabras no se despojen de la gruesa capa de barniz ideológico, con que han sido cubiertas para su utilización coyuntural, y retomen su único y real significado , los discursos y las declaraciones oficiales donde se empleen, continuarán gozando de poca credibilidad.

Felicitación cuestionable

Foto Peter Deel

Aunque la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hace muchos años que dejó de ser una institución muy creíble, a veces se aparece con declaraciones que nos dejan anonadados. Así sucede con la carta del Director General de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), publicada ayer por la prensa oficial, donde felicita al ex presidente de Cuba y a todo el pueblo por haber, anticipadamente, cumplido la meta propuesta, de reducir a la mitad el número de personas desnutridas en cada país antes del año 2015.

En primer lugar la carta, por un principio diplomático, debió haber sido dirigida al presidente actual y no al ex presidente, por muchas simpatías personales que le profese el importante funcionario, ya que, se supone, es una comunicación de carácter oficial de un organismo de ONU. En segundo lugar, y lo más importante. ¿De dónde obtiene la FAO los datos para sus informes? ¿Serán, por casualidad, los que les entrega cada gobierno a su representante en el país?

No se entiende cómo, en un país con una agricultura ineficiente, incapaz de producir los alimentos mínimos indispensables para su población y, además, los que aparecen en los mercados, con precios inaccesibles para la mayoría de los ciudadanos, se pueda plantear responsablemente que se ha reducido a la mitad el número de personas desnutridas. ¿Se referirá esta mitad, por casualidad, a los funcionarios de todo tipo y a los que integran el amplio aparato burocrático gubernamental? ¿Serán los ciudadanos de a pie la otra mitad que falta?

Los cubanos sabemos muy bien, porque tenemos que luchar la alimentación día a día, hasta dónde llega nuestra desnutrición, y los malabarismos que debemos hacer para subsistir. ¿Habrá investigado alguna vez, el representante de la FAO en Cuba, cuál es la situación real? Por lo visto, parece que él se mueve en las alturas cercanas al poder, confundiéndose a veces con un funcionario del mismo, si tenemos en cuenta sus declaraciones públicas, aparecidas a menudo en la prensa oficial. Tal vez aquí radique el despiste del Director General, radicado en Roma.

Confiemos que, con los restantes países cumplidores, los datos se hayan obtenido de forma más seria y, por lo tanto, sean confiables. Así, al menos, no se producirá la macabra ironía de decirle a un desnutrido de alguno de ellos que ya no lo es, porque la FAO lo declaró oficialmente. Una última pregunta al margen: ¿De todos los países del mundo, son sólo los dieciséis señalados en la carta (Armenia, Azerbaiyán, Chile, Cuba, Fiji, Georgia, Ghana, Guyana, Nicaragua, Perú, Samoa, Santo Tomé y Príncipe, Tailandia, Uruguay, Venezuela y Vietnam), quienes han reducido a la mitad la desnutrición?

Reforma impostergable

Foto Rebeca

En la década de los años cincuenta, uno de los objetivos principales de la lucha contra la dictadura, era el restablecimiento pleno de la Constitución de 1940, algunos de cuyos artículos no se cumplían. Instaurado el nuevo régimen, ésta se ignoró, y el país comenzó a regirse por una denominada Ley Fundamental, que legalizaba a priori todos los actos de las autoridades, bajo el principio de que la revolución era fuente de poder.

No fue hasta el año 1976 que se elaboró una nueva Constitución, ahora de contenido socialista, inspirada fundamentalmente en la soviética de la era estalinista, por cierto, para entonces, ya reformada en ese país. Su elaboración se realizó por una comisión creada al efecto, sin la convocatoria a ninguna Constituyente, donde estuvieran representadas todas las tendencias políticas existentes en el país, la cual, después de confeccionada, fue sometida al escrutinio nacional (con una participación más formal que real) y, con pocos cambios importantes, aprobada en referendo, como se aprueban las cosas en Cuba.

Esta Constitución, reformada y ratificada en 1992 y 2002, es la que se encuentra vigente, aunque es desconocida por la mayoría de la población y hasta por las autoridades, que sólo sacan a relucir algunos de sus artículos cuando les conviene políticamente, ignorando algunos y hasta violando otros. En realidad, para la ciudadanía, la Constitución es simplemente un documento más, sin aplicación práctica en sus problemas cotidianos y, por lo tanto, carente de uso.

Esta Constitución, además de otros absurdos, artículos arcaicos e incongruencias, plantea la hegemonía del partido único, la delimitación de las organizaciones del Estado como únicos espacios legales y la irrevocabilidad del socialismo. Además, consagra que ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos en su texto, pueden ser ejercidas contra lo establecido en ella misma y en las leyes, ni contra la existencia y fines del Estado socialista, ni contra la decisión del pueblo cubano de construir el socialismo y el comunismo. Una vez más, todo se generaliza ideológicamente, obviando que el denominado pueblo cubano no está constituido sólo por los simpatizantes del régimen, sino también por muchos miles que no lo son, y que poseen y defienden, como cubanos en igualdad de derechos, otras opciones políticas, económicas y sociales.

Si aspiramos al diálogo y a las vías pacíficas para resolver nuestros problemas, es necesaria una reforma constitucional y política, que permita la despenalización de la oposición y la ampliación de las libertades públicas. Esta no debe verse como algo en contraposición a la reforma económica o como un objetivo a lograr después de ella, sino como algo impostergable, ya que es una necesidad dictada por la aparición de nuevos sujetos sociales, que no se encuentran legítimamente representados en las actuales instituciones del Estado.

Apropiación ilícita

Foto de prensa

Hace unos días, convocado por el gobierno, se efectuó un Foro Debate Online de una genérica sociedad civil cubana, sobre los derechos humanos en el país, teniendo en cuenta la próxima presentación del informe de Cuba ante el Examen Periódico Universal (EPU) del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Como era de esperar, en el mismo sólo participaron representantes de las mujeres, los intelectuales, los religiosos y los artistas cubanos adictos al régimen, pertenecientes a organizaciones e instituciones gubernamentales o progubernamentales como la Unión Nacional de Juristas de Cuba, la Federación de Mujeres Cubanas, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el Consejo de Iglesias, el Centro Martin Luther King Jr., el Movimiento Cubano por la Paz, la Sociedad Cultural José Martí, el Consejo de Sociedades Científicas de la Salud, la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina, entre otras.

Todos, a una sola voz (síndrome coral), como si lo hubieran ensayado repetidas veces, repitieron los mismos argumentos ya gastados sobre el maravilloso sistema político cubano, la democracia de nuestro socialismo, el enfoque de género, la igualdad racial y el respeto a la diversidad sexual, el bloqueo, el terrorismo, etcétera. No vale la pena dedicar ni una sola línea a los planteamientos hechos, por archiconocidos, carecer de originalidad y no aportar nada nuevo.

Voy a referirme a otro aspecto que llama la atención: la apropiación de algunos términos, por las autoridades, que antes eran considerados tabúes, y que habían sido desechados del vocabulario oficial, como democracia, derechos humanos, diversidad, sociedad civil, etcétera, y en su lugar se utilizaban democracia socialista o nuestra democracia, derechos socialistas, unidad, dictadura del proletariado, etcétera.

Parece que, con el paso del tiempo y la acumulación de fracasos, tanto nacionales como internacionales, estos últimos perdieron credibilidad y vigencia, y han debido echar mano de los antes considerados tabúes, eso sí, debidamente reciclados ideológicamente. Así vemos que, al utilizar el término democracia, las autoridades aseguran que es la más perfecta y mejor existente en todo el planeta, los únicos derechos humanos defendibles son los aceptados oficialmente, la diversidad sólo se refiere a género, raza y sexo, excluyendo la política y, de la sociedad civil, sólo forman parte quienes comparten la ideología del sistema.

El apego a lo políticamente arcaico, caduco y pasado de moda está tan enraizado, que dejarlo atrás parece una tarea imposible para las autoridades, a pesar de las actualizaciones, experimentos y otros ajustes, diseñados para su supervivencia. Mientras los cubanos, piensen como piensen, no formen parte de los términos al uso, y éstos pretendan ser monopolizados por el gobierno, sin comprender, aceptar y respetar la diversidad como componente imprescindible de la unidad, se mantendrá intransitable el camino para la solución de nuestra crisis nacional.

Lemas y consignas

Foto Rebeca

Hace un mes escribí sobre el lema que presidiría la celebración del 1 de Mayo en Cuba: Unidos por un socialismo próspero y sustentable. Pensé que alguien, con dos dedos de frente, se daría cuenta de lo absurdo del mismo y recomendaría cambiarlo por otro más potable. No sucedió así y hoy, a unos días de la fecha, se repite agotadoramente por la prensa, la radio y la televisión. Era como pedirle peras al olmo. El socialismo nunca ha sido ni será próspero y sustentable. Su fracaso global así lo demuestra. El lema parece más propio del capitalismo, a pesar de sus crisis y problemas.

El lema y la consigna, que para el caso es lo mismo, me trajo a la mente algunos utilizados en diferentes años, cuando se quería movilizar a las masas en pos de alguna tarea u objetivo. Recuerdo Humanismo sí, comunismo no (bola escondida), Fidel, ésta es tu casa (inocencia política), Fidel y Jruschov, estamos con los dos (sobrevivió hasta la Crisis de Octubre). También, La ORI (Organizaciones Revolucionarias Integradas) es la candela, cuidado que te quema (puro sectarismo), Los diez millones van (la zafra fracasada), Convertir el revés en victoria (como secuela de la misma), La lucha armada es el único camino (duró hasta el triunfo de la Unidad Popular en Chile) y, la más absurda de todas, Ahora sí vamos a construir el socialismo (después de más de veinte años de sacrificios por él). Esta última ocupó el primer lugar durante mucho tiempo, hasta ser desplazada por la actual.

En el mundo de la publicidad, cuando se elaboraba un slogan para una campaña, que es lo más parecido al lema y la consigna, se hacía primero un muestreo aleatorio entre una determinada cantidad de personas, para conocer si tenía cualidades para pegar. En dependencia de los resultados obtenidos, se utilizaba o no. Parece que ahora los lemas y las consignas son elaborados por alguna o algunas mentes calenturientas, sentadas tras un buró, quienes consideran que sus ideas las comparte todo el mundo. Olvidan que los tiempos han cambiado y, con ellos, también las personas. Aunque una mirada superficial parezca demostrar lo contrario, ya no es tan fácil engañar realmente a la mayor parte de la población.

De todas formas, como escribí entonces, los actos por la fecha serán todo un éxito, tanto en la capital como en las provincias y municipios. Los cubanos acudirán, no porque deseen hacerlo ni crean en lo que hacen, sino porque consideran que deben hacerlo, para evitar posibles afectaciones en sus empleos, estudios, viajes al exterior, ascensos y otras migajas que dependen del Estado. Esta situación se ha venido repitiendo año por año y, si algo demuestra, es lo mucho que aún le falta por andar a la sociedad civil, para ser una fuerza determinante en la nación. Por eso, los lemas y las consignas son los que menos importan, pudiendo ser absolutamente falsos y hasta virtuales. Ellos, en realidad, no movilizan a nadie: los instrumentos de movilización son otros.

Diferencias y pluralismo

Desde hace algún tiempo, nuestros principales dirigentes políticos comenzaron a hablar de la necesidad de aceptar y respetar las diferencias, tanto en la sociedad cubana como en el mundo. Si bien, en lo que se refiere al mundo, al menos en los discursos y comunicados se materializa, y hasta en algunas organizaciones de carácter regional e internacional, en el ámbito nacional no sucede igual, limitándose, hasta ahora, a cuestiones relacionadas con la cultura, la religión, la raza y la sexualidad. El tema de las diferencias en las concepciones políticas parece ser tabú, ya que no forma parte del lenguaje oficial.

Aceptar y respetar algunas diferencias, excluyendo a otras importantes, no es serio ni suficiente: la aceptación y el respeto deben abarcar a todas pero, más aún, es imprescindible crear el marco constitucional y jurídico que asegure su ejecución práctica, so pena de que todo quede en simples palabras que, por lo regular, se las lleva el viento.

El pluralismo, que es una palabra más abarcadora que las diferencias, constituye una asignatura pendiente de las autoridades, a la que hay que prestar especial atención, si se quiere realmente transitar el camino de la reforma económica, aunque se le quiera llamar actualización, ya que constituye su necesario fijador.

Sin cambios constitucionales y jurídicos, que eliminen o modifiquen los diferentes artículos que impiden y reprimen el pluralismo, nuestra sociedad no podrá avanzar y, menos aún, colocarse a tono con lo tiempos. Mantener la hegemonía de un solo partido, organizaciones políticas y sociales organizadas y controladas por él, una Asamblea Nacional que legisla y, ella misma, decide la constitucionalidad o no de lo legislado (juez y parte) y la elección del presidente y de los principales cargos, en base a las propuestas de una denominada comisión de candidaturas, sin participación directa de los electores y otros absurdos, niegan la proclamada aceptación y respeto de las diferencias o, lo que es igual, del pluralismo.

Es verdad que no constituye una tarea fácil, para quienes han detentado el poder absoluto por más de cincuenta años, pero, más temprano que tarde, tendrán que decidirse a tomar al toro por las astas, para el bien de la nación y de todos los cubanos.

Charla en la Plaza Vieja

Foto Rebeca

Unos turistas despistados, con los cuales coincidí en el Café El Escorial, en la Plaza Vieja, en el curso de una conversación amistosa me preguntaron, el porqué los cubanos no hacíamos como los libios o los sirios, para resolver nuestros problemas políticos.

Sin entrar en demasiados detalles, traté de explicarles que nuestra situación era algo diferente y que los cubanos, cansados de soluciones violentas fracasadas para dirimir nuestras contradicciones políticas, desde hacía algún tiempo habíamos optado por hacerlo de forma pacífica. Les relaté que, desde la instauración de la República en el año 1902, la violencia siempre había sido nuestra primera opción para resolverlas, tal vez influenciados por los muchos años de lucha armada para obtener la independencia, y que, lejos de lograrlo, las había agudizado. Así sucedió -les expliqué-, en la denominada Revolución del 33 contra Machado, con profusión de atentados, sabotajes, colocación de bombas y petardos y otros actos de carácter terrorista que, si bien derrocaron al dictador, echaron las bases del gangsterismo y violencia posteriores, situación sólo resuelta parcialmente a partir del año 1940, con elecciones democráticas que confirmaron la justeza de la vía pacífica hasta el año 1952. Nuevamente, en este año -les dije-, con el Golpe de Estado y con la lucha armada y clandestina posteriores, mediante ataques a cuarteles y a instituciones gubernamentales, atentados, sabotajes, petardos, bombas y enfrentamientos armados, unido a la represión con torturas y crímenes por parte de las autoridades, volvió a entronizarse la violencia como vía, la cual, al igual que en el año 33, derrocó al dictador, pero continuó presente, ahora entre las nuevas fuerzas enfrentadas: el gobierno y sus opositores, con diferentes grados de intensidad, llegando hasta a dividir a las familias dentro de si mismas Les resumí: más de cincuenta años de estériles enfrentamientos, donde nos hemos desangrado, nos han demostrado fehacientemente lo erróneo de la opción violenta. A modo de conclusión les aclaré que, las nuevas generaciones y quienes, a pesar de sus edades avanzadas, han aprendido la triste lección de nuestra historia en carne propia, hoy apuestan mayoritariamente por la lucha ciudadana, la cual no significa pasividad, sino actividad constante con la palabra y la acción.

A algunos -les dije-, puede parecerles lenta esta opción pero, en la práctica, es la que está conformando la necesaria sociedad civil y dando resultados concretos e influyendo, aun y cuando no se acepte oficialmente, en los cambios que se están produciendo, los cuales, aunque algunos ortodoxos en el gobierno no lo deseen, conducirán a la necesaria transición política, económica y social que el país necesita y que los ciudadanos reclaman.

No sé si convencí o no a mis despistados interlocutores pero, al retirarse, me agradecieron la explicación.