
Hoy puede ser un día especial, de hecho lo es. Además del pabellón matrimonial mi inigualable pareja me entregó una emotiva misiva del presentador de televisión en Holanda, Sebastián Lebriel, la cual responderé pronto a través del blog Voz tras las rejas.
Demasiado bueno para ser verdad, pensé. Treinta minutos después de regresar del pabellón, el funcionario del orden interior del destacamento 3 me informó que debía acompañarlo a la planta ubicada en la entrada del penal. Algo anda mal, pensé. Olvidé por completo el diálogo de la iglesia católica cubana y el gobierno a favor de los presos políticos cubanos. Quizás estos más de 7 años de encierro sufriendo y padeciendo el lado más oscuro del ser humano activaron mi intuición. El olfato a bol de moda en estos días de la Copa Mundial de Futbol no me falló. Fui conducido al cuarto de los abogados y quedé a merced nada más y nada menos que del Mayor de la Seguridad del Estado, Agustín, encargado de cárceles y prisiones en esta provincia de Ciego de Ávila. Además del tristemente célebre Tte. Coronel, José Mariño, Jefe de Operaciones de la Policía Política y máximo responsable de los aparatosos operativos y registros en los domicilios de Pedro Argüelles Morales y mío los días 18 y 19 de marzo de 2003.
Si digo que no me asusté soy un reverendo mentiroso. Así mismo, si digo que no presagié algo maligno me engañaría a mí mismo. El resultado de mi imaginación fue positivo. Los oficiales de la Seguridad del Estado me comunicaron que gracias a diversas fuentes de información conocían de la tenencia por mi parte de una memoria y estos equipos son prohibidos en las prisiones cubanas. Por tanto debía entregarlo y ellos se responsabilizaban en devolverlo a Oleidis. Accedí sin reproche, aunque la torpeza colocó en mí una risa irónica que sorprendió a mis principales verdugos.
Es increíble para la comunidad internacional creer que en los centros penitenciarios de esta isla se prohíban además de las cámaras de video o fotográficas, radios, DVD, grabadoras, ventiladores, móviles o celulares y los teléfonos que funcionan para los reclusos están restringidos y monitoreados constantemente. A esto se agrega las memorias, IPod, MP3 y MP4.
Lo curioso de esta historia radica es que mi MP4 de 4 GB solo sirve para escuchar música, jugar juegos de habilidad mental y archivar el álbum de fotos de mi querida familia. Tendré que prescindir, a partir de hoy, de lo más anhelado por mí en este tétrico lugar. Hasta esta insignificancia preocupa a los informantes desde el Departamento Técnico de Investigaciones, Orden Interior, Control Interno, Seguridad del Estado, en este destacamento B de la prisión provincial de Canaletas en Ciego de Ávila, principalmente en la galera 43.
Es posible que el responsable de tanta delación necesite día tras día de mí, incluso para denunciar a sus fans cuando violan arbitrariamente sus derechos. Quizás mientras grabo esta crónica el artífice de tan valiosa información la escuche y aplauda. Su falta de valor humano deja mucho que desear. Aún así estoy dispuesto a ayudarlo en todo lo que pueda, pero por favor, no acepto que nadie pueda engañar mi inteligencia. Soy por naturaleza solidario y si algo he aprendido en estos 87 meses de cautiverio es a perdonar a mis semejantes. De lo contrario pierde su sentido a tanta miseria humana. Máxime si tenemos en cuenta que esta especie de hombre no pasan de ser simples peones en el juego político del actual gobierno, muy común en las cárceles cubanas.
Tiene mucha razón Sebastián Larie cuando me dice en su carta que es terrible que tenga que apuntar en esta vida una lucha tan injusta. Pero, mi querido amigo, si no soy yo, serán otros mientras exista maldad en este mundo habrá hombres y mujeres dispuestos a combatirla. De eso no tengo la menor duda.
Ahora estoy además de privado de libertad, privado de jugar, privado de escuchar música y privado de ver diariamente las fotos de mi Odeilis y de mi único hijo, Jimmy. Pero no importa, tendré más tiempo para continuar realizando lo que me llevó a prisión: escribir lo que dicta mi conciencia y denunciar las constantes violaciones de los derechos humanos en Cuba.
Pablo Pacheco, Prisionero de conciencia

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