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Similitudes

Martes, 31 de Agosto de 2010 Rebeca Monzo Comments off

Dicen que las comparaciones nunca son buenas. Esto puede ser muy cierto, pues al comparar, casi siempre se pierde la noción de tiempo y espacio. Cada fenómeno debe ser visto, según el contexto en que se manifiesta el mismo. Pero existen las similitudes, esto tampoco se puede negar.

De nuevo conectada a la onda corta me entero de la triste noticia: muere, en un hospital militar de Caracas, tras meses de huelga de hambre, defendiendo sus tierras y sus derechos, el agricultor de 49 años de edad Franklin Brito.

Inmediatamente, sin proponérmelo, me viene a la mente Orlando Zapata Tamayo, muerto en circunstancias muy similares.

¿Cómo es posible que el gobierno de un país que se considera democrático, próspero y justo se encandile tanto con la política de mi planeta, y que trate de imitarlo en todo, a pesar de los visibles resultados? Ahora, para parecerse aún más, deja morir de hambre a un padre de familia que simplemente pedía se hiciera justicia.

Si estas no son similitudes, por favor, dígamelo usted.

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Cuando un amigo se va

Lunes, 30 de Agosto de 2010 Rebeca Monzo Comments off

Pintura en seda, por Rebeca

¡Es muy triste, si señor! Te dejan un vació tremendo y sientes como que algo se te rompió por dentro.

En todas partes del mundo los amigos van y vienen, porque viajan. Se pierden por un tiempo y reaparecen, te llaman por el celular, le mandas mensajes, te responden. Pero, aquí en mi planeta, cuando un amigo se va, es como si se muriera algo dentro de ti. Sabes que en muchos años, quizá nunca lo vuelvas a ver. Tampoco dispones de celular para comunicarte con el ó ella. Ni qué decir de Internet, facebook, y todos esos maravillosos inventos que no están al alcance de la inmensa mayoría de nosotros.

A mí en particular, se me han ido casi todos los amigos, pero como soy muy obstinada, vuelvo a hacer nuevas amistades. No es cosa fácil, ante todo tienen que hablar tu mismo idioma (ya sabes), de lo contrario es muy difícil el diálogo.

Hace algunos años se me fue una de las amigas más queridas. Nos estuvimos escribiendo correos un tiempo, soñábamos con volvernos a tomar juntas un cafecito charlando aquí en casa, o en el Versalles, nos daba igual . Mi amiga murió y nunca pudimos cumplir ese sueño.

Ahora se nos acaba de ir un gran amigo. Estamos felices por él, pero ha dejado un vacío tremendo.

Esta situación se nos viene dando continuamente desde hace medio siglo. ¡Demasiado tiempo! Es hora ya que los familiares y amigos, al despedirse, porque van a viajar, no nos tengan que dejar con ese sabor amargo en la boca y esa terrible sensación de dolor en el estómago.

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Divina providencia

Viernes, 27 de Agosto de 2010 Rebeca Monzo Comments off

JJ,comunicandole la noticia a Consuelito

Juan Juan Almeida sorprendió a sus amigos, cuando comunicó que iba a iniciar una huelga de hambre, como último recurso para que atendieran su solicitud de salida. Nos impactó a todos, pues nada más ajeno al carácter de JJ: alegre, jovial, optimista y hasta goloso como un niño.

Los más allegados a él tratamos de persuadirle en todo momento, pero no lo logramos. Era su último recurso. Ya había perdido todo, lo único que le quedaba era su cuerpo, sobre la soberanía del mismo, nadie podía interferir.

Las primeras semanas de huelga, cuando aún tenía fuerzas, Juan Juan salió con carteles a demandar sus derechos civiles, siempre fue solo, en silencio. Estuvo preso, retenido varias veces; pero nunca desistió. Solamente dejó de salir a hacer sus demandas, cuando ya estaba demasiado débil para sostenerse en pie.

Entonces, la iglesia católica intervino, y todo comenzó a redefinirse, surgieron nuevas esperanzas. Juan Juan nunca perdió la fe.

Finalmente, hace apenas una semana, el Arzobispado contactó a Juan Juan y, a partir de entonces todo comenzó a fluir y a moverse, a ritmo de tornado

El miércoles 24 lo llevamos a hacer varias gestiones: Arzobispado, Inmigración, Embajada de México. Todo fue muy rápido. Lo dejamos en su casa muy fatigado, pero esperanzado. Esa noche recibió la gran noticia, lo llamaron comunicándole que viajaría al día siguiente, rumbo a México. Otro amigo lo llevó a hacer los trámites de últimos minutos, y finalmente al aeropuerto.

A Juan Juan no le dio tiempo a despedirse de sus amigos, sabemos que esto lo sintió mucho, pero eso no nos importó, estábamos radiantes de felicidad por él. Finalmente se iría a atender su enfermedad, recuperaría su salud y su vida, junto a su esposa e hija, a la que hacía siete años no veía. Esta vez el milagro se debió a la Divina providencia.

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La nueva ruta de la seda

Martes, 24 de Agosto de 2010 Rebeca Monzo Comments off

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Nada que ver con Marco Polo. Esta vez se trata de una gran mujer nonagenaria. Vive en Nueva Zelanda, es una gran artista, y una maravillosa persona. Gusta de brindar su arte y compartirlo, por lo que recorre grandes distancias, para exponer sus creaciones y ofrecer clases gratuitas.

Hace tres años tuve el honor de conocerla y el gran privilegio de ser su alumna.

Según me cuenta la amiga que nos presentó, conoció a Betty cuando ésta vino en un viaje turístico a mi planeta. De inmediato surgió empatía entre ellas y entablaron una linda amistad. De ahí nació la idea de regresar, pero esta vez no como turista sino como profesora, para lo cual dejó, a criterio de mi amiga, escoger un grupo pequeño de personas que tuvieran interés en aprender esta técnica. Yo fui una de las afortunadas.

Cuando la profesora vino, cargada de materiales y sedas blancas, lo único que ella solicitaba era un local. Entonces empezó nuestro vía crucis. Hablamos con las autoridades en nuestro municipio, para pedir se nos facilitara un lugar donde poder realizar nuestro taller. Cuando explicamos de qué se trataba, y que era completamente gratis, de inmediato nos aceptaron.

Llegó el ansiado día, y fuimos hacia la Casa de Cultura, cargando con entusiasmo los materiales y los enormes bastidores. Cual no sería nuestra desagradable sorpresa al llegar al lugar, y sentir el rechazo en pleno rostro, cuando detectaron que la profesora era extranjera. Inmediatamente nos negaron la entrada. A esa hora, llenos de vergüenza, tratamos de localizar telefónicamente a algún amigo que nos ayudara. Finalmente apareció un local sucio y casi en estado de abandono que nos facilitaron. Tuvimos que improvisar mesas que no existían, cajones donde sentarnos, en fin. Esa señora, que entonces tenía 87 años (los cumplió aquí dándonos clases), se adaptó a ello sin protestar y nos introdujo, con todo el amor que solo sabe hacerlo un verdadero profesor, en su maravilloso mundo de la seda.

Ahora, después de tres años, ha vuelto, recorriendo todas esas enormes distancias, para enseñarnos nuevos vericuetos de la pintura en seda. Esta vez improvisamos el taller en el garaje del edificio donde vivo. Ella ha marcado con su amor y su entrega la Nueva Ruta de la Seda.

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Mi amigo, mi hermano

Domingo, 15 de Agosto de 2010 Rebeca Monzo Comments off

A veces la gente irresponsablemente, utiliza mucho este término de amigo-hermano, sin interiorizar la connotación y el compromiso que el mismo conlleva

Juan Juan lleva más de cincuenta días en huelga de hambre. Ese joven jovial, alegre y amante de la vida, ha llegado a esta última opción, en vista de que no han escuchado su justa petición: salir del país para atender su extraña enfermedad y reunirse con su esposa e hija, de quienes lleva separado más de dos años. El ha enviado cartas acompañadas de su historia clínica, a todas las instancias del país: la callada ha sido la respuesta. Ha desfilado solo, portando carteles donde pedía se respeten sus derechos. No ha querido involucrar a nadie, ni involucrarse el mismo con otra cosa que no sea su problema personal. Ha estado preso, en diferentes oportunidades, por este motivo. Todos parecen entender su justa petición, pero nadie, excepto una sola persona, puede darle la autorización de salida del país.

Señores, yo soy madre y adoro, como toda madre normal, a mis hijos. Si a alguien se le ocurriera decir que soy su amiga, su hermana, y a pesar de ello, maltratara a alguno de mis hijos, sería más que una burla, una traición a nuestra amistad.

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El cliente siempre tiene la razón

Jueves, 12 de Agosto de 2010 Rebeca Monzo Comments off

Eso era antes, me contestó la muchacha, que iba delante de mí, cuando yo le comenté el viejo slogan. Ahora es sálvese quien pueda. Ella muy joven aún, hablaba como si nos conociéramos de toda la vida. Y mirando a través de los cristales de la tienda, aguardando a que el portero nos autorizara pasar, con la consabida frasecita que pasen tres nos entretuvimos en observar los trabajos que pasaba la cajera para marcar los códigos y los precios, debido al exagerado largo de sus uñas postizas. Me llamó mucho la atención la sortija que exhibía en su dedo anular: era redonda, plana y enorme, como una plaza de toros. Unido esto al ruido que causaban sus uñas plásticas, al chocar con la calculadora, pensé que ella también estaba haciendo el papeleo para convertirse en cubañola y, simplemente estaba tratando desde ya, de entrar en ambiente, pues aquello sonaba casi como castañuelas.

Ya nos queda menos, me comentó la chica, que por cierto, estaba nerviosa o apurada, y no paraba de hablar. Estoy aquí, me comentó, porque vengo desde el Vedado recorriendo todas las tiendas, más las de todo este barrio y en esta tiendecita es donde único lo hay. Cálmate le dije, ahorita nos toca entrar.

En ese momento, un camión se aparca frente a la tienda y el portero asoma las narices. Ahora nosotros, verdad, le pregunté en cuanto asomó la cabeza. No señora, lo siento mucho, la venta se va a detener porque llegó mercancía y figúrese, tenemos que descargar y contarla. A la muchacha conversadora, parecía que le iba a dar un ataque. Traté de calmarla, pero me fue imposible, daba gritos y decía ¡ahora con qué me límpio el! si este es el único comercio donde lo hay. Cállate le dije, antes de marcharme, recuerda que el cliente es la última carta de esta baraja.

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La gata conciliadora

Sábado, 7 de Agosto de 2010 Rebeca Monzo Comments off

A mis nietas ausentes

Una fría noche de noviembre, me despertó el llanto de un gato bebé. Traté de decirme a mi misma, cálmate, mañana averiguarás dónde está. Imposible, no podía conciliar el sueño.

Me cubrí con un suéter, cogí una linterna y, venciendo mis miedos, bajé desde mi tercer piso, para registrar los alrededores del edificio. No encontré nada, pero el llanto seguía, cada vez más fuerte.

Subí y desperté a mi esposo, para que me ayudara a registrar el intricado garaje. Rebuscamos entre toda la tarequera allí acumulada por nuestro vecino de los bajos, hasta que finalmente vimos un par de destellos que asomaban detrás de una llanta de auto y, al momento, volvían a desaparecer. Subí corriendo las escaleras y calenté un poquito de leche, que bajé en un pozuelo. Lo acercamos al lugar donde procedían las dos lucecitas y nos alejamos. Pronto apareció un diminuto gatico negro con las puntas de las patitas blancas y un pequeño lucero en la frente, como solo saben ostentar con orgullo los caballos. Devoró la leche e inmediatamente cesaron los aullidos. Regresamos a nuestro apartamento, para temprano en la mañana repetir la acción, y tratar que se acostumbrara a nuestra presencia.

Pronto corroboramos una vez más que, el amor entra por la cocina. Los días subsiguientes repetimos la operación, hasta que fuimos ganando la confianza del pequeñuelo. Descubrimos que era una gatica. Tanto más necesitaba protección. Así, como en El Principito, fuimos domesticados por una gata negra a la que pusimos por nombre Wampy. La desparasitamos. A los seis meses la hicimos operar para esterilizarla y así protegerla más. Pronto este animalito se fue ganando el afecto de nuestros vecinos de los bajos, quienes se han convertido en sus padrinos. Nuestras relaciones, con ellos, que estuvieron un tanto dañadas, fueron mejorando a partir de entonces. Aunque la gata es nuestra, pues somos los responsables de su alimentación y cuidados veterinarios, ella se pasa horas de visita en casa de nuestros vecinos, que nos cuentan sus gatadas, como el que relata las gracias de un joven miembro de la familia.

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¿Café ó cafú?

Jueves, 5 de Agosto de 2010 Rebeca Monzo Comments off

El famoso néctar negro que antaño nos identificara como uno de los países de más producción y consumo, se ha convertido poco a poco en una cantidad de variantes inventadas que nada tienen que ver con aquellos maravillosos tipos de café que históricamente se producían en mi planeta.

De insostenible calificaron los participantes en la Comisión Agroalimentaria el descenso de la producción de café.

La presente cosecha solo alcanzó la cifra de 6 000 toneladas, bien lejos de las 60 000alcanzadas años atrás. . (Diario Granma,, jueves 29 de julio , 2010.

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La bolsita (una por persona mensual y cuesta 5.00 pesos), dice café 100%. La población de mi planeta aún no ha logrado adivinar de qué se trata, pues no tiene aroma y sabe a corteza de árbol o medicina.

De nuevo resurgen las palabras rescatar, recuperar, revertir. Sería muy provechoso tratar de ver el documental El Abandono, realizado por la televisión Serrana, que circula clandestino en mi planeta.

Señores, llevamos más de medio siglo con el mismo sistema, ¿a qué gobierno anterior se va a culpar ahora de este y otros tantos fracasos?

Mientras los sobrevivientes seguimos ingiriendo ese néctar negro que nada tiene que ver con el de otrora. Este ni se parece al café, todo el mundo lo llama cafú.

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El retorno a los orígenes

Lunes, 2 de Agosto de 2010 Rebeca Monzo Comments off

Hace algunos años, me llamó mi vecino de los bajos y me dijo que había recibido la sorpresiva visita, de la hija del antiguo dueño del inmueble donde vivimos. Ella mostró mucho interés en visitar solamente mi apartamento, por lo cual el le facilitó mi número de teléfono.

Al siguiente día recibí la llamada, y nos pusimos de acuerdo para vernos. Ella, una mujer joven aún, se mostró muy emocionada, cuando la recibí con todo agrado. Venía temerosa, por las historias que le contaban que, aquí todo el mundo temía que los de allá, volvieran a quitarnos lo que les había pertenecido. Se percató de inmediato que yo no tenía ese temor, e inmediatamente surgió la empatía. Le mostré, como es lógico todo el apartamento y el jardín que habíamos logrado construir en la azotea. Se emocionó muchísimo y me comentó que su papá había diseñado el edificio de tres apartamentos, uno en cada planta para disfrute de la familia. Lo terminaron de construir en mil novecientos cincuenta y ocho y dos años después ya estaban en el exilio, lo que fue muy duro para la familia. Este piso, era de su particular interés pues fue donde ella vivió desde su nacimiento. Sus abuelos vivían en la primera planta y sus tíos en la segunda.

Fui yo la que realmente se sintió emocionada y sentí vergüenza ajena, al ver como todo el sacrificio y el amor con que una familia había logrado reunir el dinero y edificar algo para siempre estar juntos, de pronto, por obra y gracia de un fenómeno social se vieran obligados a abandonarlo todo.

Hoy tuve noticias suyas y esta vez se lo debo a mi blog. Ella se ha convertido en mi lectora y espero que con el tiempo en mi amiga. En definitiva, tanto ella como yo hemos sido títeres del destino.

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Ley del embudo

Sábado, 31 de Julio de 2010 Rebeca Monzo Comments off

Mucho se habla últimamente del ahorro. Desde luego, ese verbo es para ser conjugado solamente por los súbditos de mi planeta, no para los nativos jerarcas.

Hace poco menos de año y medio, se terminó de construir una vivienda para dirigentes de Tecnoazúcar, aquí en el Nuevo Vedado, en 41 y Conill B. Como es lógico le hicieron un muro con una estrecha entradita (aquí las entradas son muy estrechas). Pues bien a dicho artefacto perimetral le pusieron tejitas coloniales (que nada tienen que ver con las líneas rectas del inmueble, pero están de moda).

Hoy temprano sentí fuertes golpes de mandarria. Miré hacia la dirección desde donde procedían, y me percaté que estaban derribando el muro de marras, pues al parecer, al que va a habitar la casa no le gustaba el anterior, y como seguramente a el no le cuesta, pues, qué más da.

Toda esta situación, que se repite constantemente a estos niveles, contrasta muy despiadadamente con la que confronta el ciudadano de a pie.

En la calle 2da. Entre Ayestarán y Ayuntamiento vive una mujer con su hijo, ambos con serios problemas de salud. Ellos tienen como hogar, un portalito de un antiguo comercio y un pequeño cuarto a modo de habitación. Con mucho sacrificio lograron comprar, como suele hacerse aquí, los materiales, y a duras penas construyeron en el techo del pequeño local otra habitación. A alguien un día le molestó y los denunciaron. Como es lógico no tenían papeles del cemento y demás áridos. Entonces decidieron demolérselo. Lo peor de todo, lo más doloroso es que parecía que había una fiesta del Comité, todas aquellas personas arremolinadas viendo lo que sucedía sin nadie hacer nada para impedirlo. Yo llego a casa de mi hermana, que vive cerca del lugar, en ese momento y me lo cuenta una amiga que quería salir corriendo a ver aquello.

Lo más triste de todo esto, es que en la misma cuadra, en la acera de enfrente, un dirigente al que le dieron una casa de alguien que se fue del país, estaba remodelándola, casi al mismo tiempo que esto sucedía, con el correspondiente uso y abuso de materiales de primera. Desde luego, a este señor nadie lo denunció.

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