Archivo del Autor: Rebeca Monzo

19 de mayo

Hoy se cumplen 118 años de la caída en combate, del más grande y atemporal de todos los cubanos: José Martí, “el Apóstol de la Independencia”

El sistema imperante en nuestro país desde hace 54 años, lo ha rebautizado como el Héroe Nacional, pero a mí como a muchos, nunca nos ha gustado ese calificativo, por considerarlo inadecuado para tan universal figura, por lo que le seguimos llamando como nos enseñaron nuestros padres y maestros, cuando Cuba era una República.

El uso y abuso de los pensamientos y expresiones martianas, sacadas de contexto y aplicadas “convenientemente” para reafirmar conceptos, que nada tienen que ver con el ideario del mismo, lo único que ha provocado es un rechazo casi involuntario por parte de muchos de los ciudadanos en nuestro país, sobre todo en los sectores más jóvenes de la población hacia la figura del Apóstol, llegando incluso en ocasiones, hasta bromear irrespetuosamente con él.

Un hombre de letras, de paz y amor, que se involucró con las armas, posiblemente presionado por sus propios compañeros, cayendo mortalmente herido, en su primer día de salida al campo de batalla, apenas sin llegar a tener la oportunidad de combatir, cuando este hombre que fue capaz de unir a todos los cubanos en un mismo ideario, hacía mucha más falta vivo.

A tantos años de ese triste acontecimiento para la mayoría de los cubanos, su ideario sigue siendo la brújula que rige nuestros anhelos políticos. Manteniendo viva nuestra quimera de lograr más temprano que tarde, ver a nuestra patria libre y soberana “con todos y para el bien de todos”, como la soñó Martí.

El largo camino de la recuperación

 

Armándome de paciencia logré mantenerme un buen rato mirando el Noticiero Nacional de Televisión (NTV). Tuve que hacer acopio de ecuanimidad para no infartarme viendo las imágenes y oyendo las tonterías del libreto, repetidas por nuestros locutores, como si se tratara de un programa diseñado `para subnormales.

Resulta que, como gran acontecimiento, anuncian que se va recuperando “paulatinamente” el alumbrado en las zonas afectadas por el huracán Sandy, que hace casi ocho meses azotó la provincia de Santiago de Cuba, dejándoles en condiciones deplorables. Además, lo que más me insultó es que dijeran que se hacía “en honor” al sesenta aniversario del asalto al cuartel Moncada y no de los cientos de infelices damnificados, que aún hoy no logran recuperarse de las pérdidas ocasionadas por el huracán, debido fundamentalmente a la miseria acumulada durante décadas, que les imposibilitó darle mantenimiento adecuado a sus viviendas.

Es una vergüenza que al cabo de tantos meses digan que, poco a poco, “paulatinamente”, se está dando servicio de iluminación a las calles y avenidas, sabiendo que el delito y el peligro justamente se amparan en la obscuridad. Además, parecen obviar las deficiencias alimentarias que están confrontando las familias santiagueras, cuyos magros salarios no les han permitido alimentarse debidamente, así como poderse recuperar aún de los destrozos ocasionado por el fenómeno atmosférico. Todo esto, sin contar que muchas de las donaciones enviadas por diferentes países no les fueron distribuidas gratuitamente, como era de esperar por quienes las enviaron, sino que les fueron vendidas a altos precios.

Todo esto me insulta más aún, cuando recientemente el representante de la FAO en nuestro país tuvo la osadía y la falta de seriedad de expresar públicamente, que éramos uno de los pueblos mejor alimentados, no sólo de América sino del Mundo. Parece que este señor olvidó que aquí a los niños cuando cumplen tres años le quitan las compotas, y a los siete la leche, sin contar con todos los grandes sacrificios que tienen que hacer sus padres desde que se anuncia su llegada al mundo, precisamente debido a las carencias materiales.

Ahora, por otra parte, una doctora psicóloga, que yo consideraba hasta hoy una persona sensata, se ha prestado a rubricar en el diario Granma un artículo donde hace toda una apología a la miseria en nuestro país, llamándola “Modelo Cubano de Bienestar”. Además, plantea como un gran ejemplo a seguir, que en Cuba todos conocen a la perfección a sus vecinos y lo que hacen, cuando esto en realidad no es más que una intromisión en la vida ajena, y no “socializar”, cosa ésta que de alguna forma todos hemos padecido.

Segundo domingo de mayo

Trabajo en patchwork de Rebeca

Festejar el Día de las Madres, una costumbre que durante varias generaciones se practicó en nuestro país, y aún con diferencias y limitaciones se sigue realizando, a pesar de la disgregación familiar hoy existente. El objetivo principal de esta celebración consistía en acudir a la casa materna, para compartir con la familia. Nunca importó cuán lejos vivieran unos de otros.

Recuerdo que, muy temprano en la mañana, comenzaban los trajines en toda la casa. Hasta los más jóvenes teníamos asignadas tareas. Las muchachas solteras, que aún convivíamos bajo el mismo techo, estábamos designadas para la limpieza. Los varones se encargaban de recoger las hojas secas del jardín y depositarlas dentro de un tanque de metal en el patio, para que se convirtieran en humus, que sería utilizado después como abono, o quemarlas para deshacerse más fácilmente de ellas. La mujeres establecían su puesto de mando en la cocina; ese era el día libre de la empleada, el que la tuviera, pues ésta también tendría en su casa su propia celebración familiar.

Mi mamá, experta culinaria, era la que se encargaba los domingos, y en especial este día, de confeccionar el menú con la ayuda de mi abuela. Al tío Pedro había que mantenerlo alejado de la cocina, porque le encantaba “meter la cuchareta”, por tanto se le asignaba la tarea de armar la gran mesa, con la ayuda de su hijo. Para este y otros fines, se guardaban en el “cuartico de atrás” un par de “burros” de madera y un inmenso tablón.

Cerca de las doce del mediodía comenzaban a llegar los miembros del “familión”. Los primeros eran unos tíos, cuya casa estaba en la acera de enfrente, y después hacían acto de presencia los que vivían más alejados. Todos, mayores y niños, lucían en sus pechos una flor roja o blanca. La primera significaba que la madre estaba viva, la otra que ya había muerto. Esta era una costumbre muy arraigada que servía para no “meter la pata”, felicitando a alguien cuya madre había fallecido. En nuestro caso, en esa época, afortunadamente casi todos llevábamos una flor roja. Después, en la tarde, se incorporaban otros familiares, que por vivir un poco más alejados no participaban del almuerzo, pero pasaban no obstante a saludar a las madres, que ese día eran las reinas de la fiesta. Llegada la tarde, entre familiares y amigos allegados, ¡éramos un montón!

El almuerzo, exquisito, casi siempre tenía como protagonista el pollo, quien entonces constituía el manjar de los domingos, ya que durante toda la semana se consumía carne de res, en cualesquiera de sus más variadas presentaciones, porque sencillamente era el plato más común, por lo económica y buena que resultaba, excepto los viernes, en que generalmente se preparaba pescado. El cerdo, el guineo y el pavo se dejaban preferentemente para la Nochebuena, Navidad y fin de año.

Una de las tantas especialidades culinarias de mi mamá era el arroz con pollo, que le quedaba exquisito y que este día servía en grandes fuentes, decorándolas con pimientos morrones, puntas de espárragos, petit pois y huevos duros, según una famosa receta. Las ensaladas se confeccionaban con los vegetales de estación, y por supuesto, no podía faltar un buen cake de nata y, además, el famoso cake helado revestido con chocolate, que venía en una caja con trozos de hielo seco, para su conservación hasta el momento de ser consumido. Como colofón de este almuerzo, el invariable y delicioso café, que según solía decir mi abuela era “el broche de oro” de cualquier comida.

Luego, en la tarde (para no cocinar), cuando ya se habían marchado casi todos, el tío Pedro preparaba exquisitos sandwichs con pan de flauta, untando una tapa de éste con mantequilla y la otra con mostaza, y agregándole lascas de jamón, pierna, chorizo, queso y rodajas de pepinos encurtidos. También preparaba, en dos batidoras que había en la cocina, similares a las de las cafeterías (éramos muchos), deliciosos batidos de mamey o mango, según la temporada. Estas frutas se recogían de los árboles que teníamos sembrados en el patio trasero de la casa.

Hoy, a tantos años de esa magnífica etapa de nuestras vidas, me invade la nostalgia recordando esos Días de las Madres con sus almuerzos dominicales, que después del año cincuenta y nueve se fueron extinguiendo poco a poco, al irse fragmentando nuestra familia, como la de casi todos los cubanos, cuando la mayoría partieron al exilio. También muchos de los productos para confeccionar esos manjares fueron desapareciendo, a consecuencia de la intervención estatal de los negocios privados, y los salarios devengados dejaron ya de ser suficientes para solventar estos gastos. Asimismo la cada vez más creciente falta de transporte, hizo que los que vivían en otras provincias no pudieran acudir a esta cita. La tristeza fue cubriendo, como un manto gris, aquellos días familiares de mi infancia y adolescencia. Las casas se fueron quedando prácticamente vacías. Tampoco ya se llevaba con alegría o tristeza una flor en el pecho.

Esta es otra de las lindas tradiciones cubanas, que se fueron perdiendo junto con nuestra juventud e ilusiones. Afortunadamente éstas marcharon al exilio con nuestros compatriotas, donde las han seguido practicando, por lo que tengo la esperanza y la certeza que algún día retornarán, quizá un poco modificadas, pero enriquecidas, a engrosar nuestro imaginario cultural y magro recetario culinario actual.

Venuto al mondo

Foto A.Betancourt

Venuto al Mondo, un film de Sergio Castellitto, con las magníficas actuaciones de Penélope Cruz y Emile Hirsch, basado en la novela de la escritora Margaret Mazzantini, donde la guerra fratricida desatada en Sarajevo, sirve como telón de fondo para un drama personal, cuyo tema central es una maternidad frustrada.

Una joven italiana visitando a unos amigos en la antigua Yugoslavia conoce a un fotógrafo norteamericano, y entre ambos surge una fuerte pasión. Ellos se reencuentran en Italia, cuando él va en su búsqueda incitado por el padre de ésta, uniéndose ambos formalmente como pareja. El deseo de tener un hijo se convierte en una especie de obsesión, hasta que después de varios intentos, los médicos detectan la infertilidad de la mujer. Entonces deciden adoptar un niño.

De nuevo la frustración se apodera de la pareja, ante la negativa de adopción por parte de las autoridades italianas, debido a los antecedentes delictivos del joven fotógrafo, por lo que deciden regresar a Sarajevo, para someterse a una inseminación artificial, que también se ve interrumpida por el ataque con armas al hospital donde estaban a punto de realizarla, decidiendo quedarse en ese país a pesar de la guerra, en busca de un vientre de alquiler.

Lo interesante de la película, además de sus diálogos y actuaciones, es que en la misma se demuestra cómo la manipulación ideológica de un “líder carismático” enfermo de poder, es capaz de sacar lo peor del ser humano a la superficie y llevarlo a una guerra entre familias y vecinos, sólo por divergencias ideológicas, étnicas ó religiosas.

Todo esto me hizo pensar en aquellos primeros años de revolución, cuando se crearon los comités de defensa en los barrios, estando entre sus principales objetivos la vigilancia, asedio y enfrentamiento entre vecinos y familias, y luego posteriormente, cuando estos barrios fueron cambiando su fisonomía, debido a que sus vecinos originales partieron al exilio, siendo sustituidos por otros recién llegados, que nada tenían que ver con el nuevo entorno, teniendo repercusiones en algunos casos muy lamentables, donde la envidia y las bajas pasiones afloraron.

Después, en los años ochenta, cuando la crisis del Mariel esos sentimientos se reavivaron y cobraron fuerza, impulsados por la imprudencia de quienes los incitaron. Esto tuvo consecuencias extremas donde abusos, golpizas, y humillaciones de todo tipo fueron perpetradas por unas masas manipuladas, a las que tuvieron la osadía de llamar “pueblo enardecido”. Esto, no devino en una mayor desgracia, porque afortunadamente nuestra idiosincrasia occidental nada tiene que ver con países como los que sirvieron de locación al film en cuestión. Pero ha sido y es una mácula que figurará por siempre en nuestra historia más reciente.

Almuerzo para una amiga

Nada más agradable, que poder compartir con una amiga u amigo y congratularle con una sencilla y sana comida.

Finalmente pude conseguir pechugas de pollo, que hacía tiempo no llegaban a las tiendas recaudadoras de divisas de mi barrio. Entonces se me ocurrió el siguiente menú.

Pechugas de pollo al romero:

Descongele con tiempo las pechugas. Córtelas en lascas y salpimiéntelas. Déjelas reposar aproximadamente una hora.

Dórelas a fuego vivo, por ambos lados. Añádale abundantes ruedas de cebolla y déjelas a fuego bajito, para que se cocinen bien. Agrégueles unas ramitas de romero fresco (tengo sembrado en mi jardín), y dos cucharadas de vino seco. Tape el sartén y déjelas cocinar aproximadamente unos 45 minutos.

Papas (patatas ) en su jugo:

Pele las patatas y córtelas en rodajas finas, pero no tanto como para freír. Añádales sal y un poco de mostaza. Colóquelas en una sartén teflón, tápelas y baje bien el fuego, para que ellas se cocinen en sus propios jugos, hasta que se doren un poquito.

Una vez que estén listas las pechugas, las sirve en un mismo plato, colocándole las papas como guarnición. También puede servirlas con un poco de arroz moldeado. Adorne el plato de con una ramita de romero.

Añada a este agradable almuerzo, una fresca y bien decorada ensalada de estación, un postre y por supuesto como broche de oro un buen café, si es de los que traen algunas personas de Miami, mejor, porque los de aquí no están muy buenos que digamos, ni tan siquiera los comprados en CUC.

Bon apetit!

El cliente ya no tiene la razón

Trabajo de Rebeca

Otrora, en mi planeta, donde abundaban las bellas tiendas por departamentos, las pequeñas boutiques, los grandes almacenes, cafeterías, restaurantes y todo tipo de exitosos comercios, grandes y pequeños, donde era un verdadero placer salir de compras, el lema era: “El cliente siempre tiene la razón”.

Así se manifestaba y funcionaba muy bien. El cliente estaba satisfecho y el dueño también, pues incrementaba las ganancias de su negocio y se regocijaba al sentir el aprecio y respeto de su clientela. Pero claro, todos los negocios tenían propietario y nada mejor que “el ojo del amo para engordar al caballo”.

Con la llegada del año mil novecientos cincuenta y nueve, el nuevo “gobierno” justamente una de las primeras cosas que hizo, fue nacionalizar todos los grandes negocios y empresas. Después, la “ofensiva revolucionaria”, acabó de darle el puntillazo final a la ya “abanderillada” y desangrada economía. Ahora el cliente, había pasado a ser “usuario”, no tenía derecho a escoger ni exigir, solamente a aceptar lo que le tocaba por la libreta sin protestar. No podía comprar lo que deseaba o necesitaba, solo y malamente adquirir lo que “le tocaba”.

Estos vicios se fueron arraigando y arrastrando hasta el día de hoy, y aunque se supone que con la “despenalización del dólar” y la llegada de la doble moneda, al menos lo que saliera a la venta en moneda dura (de muy difícil adquisición) daría el derecho a escoger, no resultó ser así, pues las personas que trabajan para el Estado, que son prácticamente todas, y reciben a cambio míseros salarios también tienen un lema: “Yo me hago el que trabajo y el Estado se hace el que me paga”. Por tanto tampoco tienen interés en vender y desgraciadamente la única motivación es ver que le pueden “tumbar” al cliente, utilizando este eufemismo para no emplear la fea palabra robar. No todos los empleados son así, pero lamentablemente un considerable número de ellos se han dejado arrastrar por este vicio y hasta dejan de considerarlo un delito. Demostrando de esta manera, que carecen de sana motivación para ejercer su función de vendedor.

Hace un par de días, un conocido mío, entró en la tienda “la Mariposa” del Nuevo Vedado, para comprarle un ventilador a su esposa como regalo de cumpleaños, ya que era éste el único establecimiento donde quedaba el modelo que le convenía y se ajustaba a su presupuesto. Al llegar a dicha tienda, después de haber recorrido casi todas las de este tipo, en busca de este artículo, se encontró que la empleada de ese departamento no estaba. Al preguntar por la misma, le dijeron que hacía tres días que no podía venir por tener al hijo enfermo. Entonces el insistió en que alguien, en lugar de ésta, lo atendiera. Le contestaron que nadie podía hacerlo, solamente la que estaba designada a ese departamento. ¿Por qué será?

Perdiendo la paciencia, pidió ver a la administradora, quien lo atendió un poco molesta y le repitió lo dicho anteriormente por el empleado. Entonces este señor, perdiendo la paciencia se identificó y le dijo que él también era trabajador de tiendas recaudadoras de divisas, y aunque de otra cadena, todas eran del Estado y que no se iría de ahí sin el ventilador, porque elevaría el incidente hasta sus últimas consecuencias. Fue así como finalmente logró, que de “mala gana” le vendieran el dichoso artefacto. Como ven, hace mucho que en mi planeta el cliente dejó de tener razón, pero soy de las que creo firmemente que los derechos hay que exigirlos como hizo este cliente.

El valor de un NO

La noche del jueves estuve viendo un programa de cine latino que tiene la televisión en mi planeta. Nunca lo pongo, por la mala calidad de casi todas las películas y temas escogidos, pero este me interesó. Me asombré de que exhibieran, por un medio masivo tan importante como este , la película chilena NO. Dicho filme fue visto en la pantalla grande, en uno de los recientes festivales, pero sin darle apenas difusión.En él se manifiesta de manera, pragmática como un dictador del calibre de Pinochet, aceptó someterse a un plebiscito para continuar o no en el poder, y más asombroso aún que acatara sin objetar la decisión del voto popular.

Muy interesante fue poder observar cómo se llevó a cabo la campaña publicitaria del NO a pesar de los ataques de la derecha. La inteligencia mostrada al confeccionar los “spots” publicitarios que abogaban por un Chile de futuro y optimista, sin regodearse en los tristes hechos que sucedieron al golpe militar, aún en contra de criterios de algunos de los participantes de esta campaña. Con inteligencia y frescura se presentó el No, que finalmente logró convencer a la mayoría.

Otro detalle que llamó mi atención fue poder enterarme a través de la filmación, que a ambas propuestas, al SI y al NO, les concedieron la misma cantidad de minutos en espacio televisivo. Hecho este que resalta, cuando acabamos de observar la manipulación y centralización mediática del chavismo en Venezuela, en las recientes campañas electorales y posterior votación. Más aún con la negativa a la solicitud hecha por la oposición del reconteo del 100% de los votos.

Creo que a pesar de tener en cuenta, y no olvidar nunca quien fue Pinochet y los daños ocasionados a sus opositores, es de reconocer que al final, el dictador acató la voluntad expresada en el NO del pueblo chileno. Me parece que este es un hecho para tener en cuenta.

A veces en la televisión de nuestro país, que se caracteriza por la monopolización ideológica de la misma, o “se le van detalles”, o sencillamente alguien desea que se escapen éstos. Mucho me gustaría que siguieran exhibiendo filmes como el de marras, donde se manifiesten las dos caras de una misma moneda. A mi modesto juicio se necesita la misma valentía para decir un No como para acatarlo.

“Círculos del amor” ó víctimas de la desidia

Jardín infantil Mariposas de colores.

“Los círculos infantiles celebran hoy su cumpleaños 52. Esas instituciones siguen cumpliendo su misión y se perfeccionan para que su labor educativa sea más profunda y eficiente…

Así se encabeza el artículo publicado por Juventud Rebelde el miércoles 10 de abril del presente. En él se hace una breve historia de cómo surgieron las primeras instituciones de este tipo en nuestro país, a inicios de los años 60. Eso me hizo recordar de la manera en que yo me vinculé a estas tareas, por petición expresa de una amiga.

Durante un año seguido estuve haciendo “trabajo voluntario” sola en un gran salón, donde me habían proporcionado abundantes y variados materiales, confeccionando muñecas de tela así como diversos artículos para el hogar, que después serían subastados en una tómbola que se efectuaría en los predios del Ministerio de Comercio Exterior, a fin de recaudar fondos para hacer un círculo infantil, en el piso 9 por la calle 23, de este gran centro de trabajo donde laboran muchas mujeres.

Finalmente un año después con el resultado de muchas donaciones importantes, recibidas de las firmas que comenzaban a negociar con este ministerio y mi modesta contribución, se pudo llevar a vías de hecho el proyecto. Recuerdo que también participé activamente en la decoración del local infantil destinado a este círculo.

Ahora bien, llama mi atención ver cómo se obvian en dicho artículo, algunas de las verdaderas razones del deterioro y posterior clausura, de muchos de estos locales o centros construidos para este hermoso fin.

Hace un par de años, conversando con la que era directora del jardín Infantil, “Mariposas de colores” que está al lado de mi casa (lugar donde acudieron mis dos hijos), al preguntarle sobre el evidente abandono del mismo, ésta me comentó que se debía a la baja matricula. Al leer este artículo de JR, me doy cuenta que esa era quizás una de las muchas causas. Siendo posiblemente la principal, la falta de recursos asignados a estas instituciones, así como el abandono y falta de mantenimiento a las mismas.

“El país tiene en estos momentos 45000 solicitudes pendientes y 46 instituciones cerradas, 40 de estas en la capital, todas por problemas constructivos”

Así expresa en uno de sus siguientes párrafos el artículo en cuestión. Entonces, a qué gobierno debemos responsabilizar con el estado actual de estos inmuebles, que por demás se edificaron a toda prisa, y en cantidades exageradas, por personas que carecían de experiencia en este oficio: como siempre, para cumplir metas. Además sin tener en cuenta la asignación de un presupuesto estable, para el posterior mantenimiento de las mismas.

Todo ello, más la falta cada vez más evidente de un personal capacitado para trabajar con estos niños, los padres de familia optaron por llevar a sus hijos a casas particulares, que funcionaban, hasta hace muy poco, en una especie de “limbo” clandestino. Cada vez son más las personas que por cuenta propia, se dedican a este tipo de labor, ya que ahora poseen la licencia que les respalda.

Ante la importancia y magnitud del problema, ya que la mayoría de las familias no cuentan con recursos suficientes para dejar a sus hijos en guarderías particulares, debido a sus magros salarios y no poseer ningún otro tipo de entrada económica estable, el gobierno ha implementado un nuevo tipo de plan: “Educa a tu hijo”, que se desarrolla en algunas comunidades, brindando orientaciones a la familia para estimular y atender adecuadamente al pequeño, con vistas a lograr su desarrollo integral y preparación para el inicio de su vida escolar. Esperemos que este plan, como muchos otros anteriores, no s “languidezcan” por el camino. ¡Señores al amor también hay que darle mantenimiento!

Girón o Bahía de Cochinos: un mismo dolor

Hace un par de años escribí sobre este evento al enterarme, por una persona muy allegada y vinculada emocionalmente al mismo, de cómo dos cubanos que habían combatido en lados opuestos, en ese triste enfrentamiento bélico entre hermanos, con el devenir del tiempo, se habían reencontrado fuera de nuestro territorio, uno como miembro de la Brigada 2506 y el otro como ex piloto de Playa Girón, entonces ambos exiliados. Estos dos cubanos se fundieron en un abrazo de perdón, en Miami y uno de ellos, años después murió en brazos del otro. Este es el motivo por lo que me decido a publicar nuevamente fragmentos de esta historia por encontrarla tan conmovedora. Parte de la descendencia de ambos protagonistas conviven ahora en La Florida.

“Una noche, en una de las ya acostumbradas cenas, en las que solían reunirse amigos, estando todos sentados a la mesa y compartiendo una rica comida criolla, al ex piloto de Girón allí invitado, se le presentó un malestar y solicitó ir al baño. Momentos después se escuchó un fuerte estruendo provenir de ese lugar y, el anfitrión corrió hacia donde provenía aquel extraño ruido, observando a su invitado tirado en el suelo, solícitamente lo sostuvo en sus brazos, justo para verlo morir”.

Todos estos acontecimientos, con el paso de los años y las frustraciones sufridas por unos y otros, nos han hecho reflexionar en cuanto, hasta qué punto fuimos manipulados y cuanto se nos tergiversó la historia. Durante décadas, trataron de “sembrar” en nosotros, un falso sentimiento de odio y rencor, que si ciertamente en algún momento existió, éste se fue disipando con el acontecer diario, con el desencanto y sobre todo, con la triste experiencia de haber luchado por un “futuro” que nunca llegó, viéndonos forzados a separarnos de nuestras familias y amigos, cuestión ésta que en definitiva, ha sido el saldo más doloroso de todo este acontecer.

“Tuvieron que pasar muchos años, de enfrentamientos, desencuentros, malos entendidos y campañas difamatorias, para que finalmente dos cubanos a los que nunca nadie debió convertir en enemigos, se unieran para siempre en un abrazo: Dos jirones de una misma bandera”

El Cocinero

Esa gran chimenea de ladrillos rojos siempre llamó mi atención. Cuando niña, la veía inmensa y me imaginaba vivían en ella duendes. Provocaba en mí una fascinación muy especial. Más aún porque era el camino por donde necesariamente teníamos que pasar, antes del llegar al “temido” puente de hierro sobre el río Almendares, que en ocasiones se abría como una gran boca de lobo para dar paso a los yates, cuando nos dirigíamos a visitar a la tía Cuca en Miramar: uno de mis paseos favoritos.

Con el paso del tiempo y los avatares que se apoderaron precipitadamente del país, aquellas fantasías y sueños de la niñez, fueron abruptamente arrancados de raíz, para dar paso a una “nueva realidad”. Aquella torre de mis sueños se mantenía ahí, pero ya no enviaba señales de humo. Poco a poco se fue quedando sin vida. Mis personajes de fantasía desaparecieron junto con aquellas bocanadas grises que nunca más salieron de su garganta. El puente dejó de abrirse: ya no pasaban yates. Poco a poco el óxido fue cubriendo estructura. Tampoco ya podíamos visitar a mi tía, se había ido a vivir muy lejos.

Muchos años han transcurrido antes que yo volviera a sentir motivación, para superar el miedo de cruzar el viejo puente. Mi antigua amiga de ladrillos rojos seguía ahí, muda e inerte, señoreando en un entorno cada vez más, decadente.

Hace unos días, al enterarme que la habían convertido en un bar restaurante, acudí motivada a su reencuentro, acompañada de mi Nikon, para tratar de obtener fotos y una posible historia al respecto, con alguno de los vecinos. Tuve suerte que uno, que se encontraba limpiando la calle, al verme cámara en mano vino hacia mí creyéndome turista. Cuando me identifiqué, me contó la historia del lugar, pues él nacido y criado en el mismo, conocía todos los pormenores.

“Resulta que, cuando la fábrica quedó abandonada a inicios de los años sesenta, un hombre, se metió en la base de la chimenea para vivir. Después se casó y al cabo de unos años, el matrimonio se separó y como no disponían de otras posibilidades, dividieron el espacio, quedándose ella con una parte y el con la otra. Así estuvieron “compartiendo” el lugar muchos años, hasta que hace poco vino un joven y les ofreció dos apartamenticos a cambio de la gran chimenea”.

Indagando con amistades, por las que tuve noticias de esta curiosa inversión, me enteré de que con las nuevas posibilidades de sacar licencia para abrir negocios, tres jóvenes amigos que conocían del lugar y su historia, decidieron unir sus recursos, para “conversar con la ex pareja”, ofreciéndoles a cambio lo que tanto necesitaban.

Lo primero que hicieron fue restaurar la chimenea, devolviéndole todo su antiguo esplendor, conservando el gran letrero original que dio nombre a la “vieja” fábrica de aceite: EL COCINERO. La entrada a la misma muestra un jardín bien cuidado, donde se exhiben antiguas piezas restauradas de la propia industria, a modo de esculturas. Una campana en la puerta para anunciarse, te espera. Dentro, subiendo dos pisos por una escalera de caracol, accedes a la azotea, donde un agradable bar de ambiente bohemio, con gran variedad de tapas y bebidas te asegura una encantadora y “diferente” noche. Todo por supuesto en moneda convertible CUC. El restaurante aún no ha sido inaugurado.