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“Papá” cuida de nosotros

Jueves, 2 de Septiembre de 2010 Regina Coyula Sin comentarios

Según se dice, el pan nuestro de cada día, ya no será más por la libreta ni valdrá los cinco centavos actuales; como responsable de hipertensión y sobrepeso el que quiera –y pueda-, tendrá que comprarlo a razón de ochenta centavos. Donde antes se gastaba un peso y cincuenta centavos mensuales por persona en comprar pan, ahora se gastarían 24 pesos para el mismo fin. Los cigarros, sobrevivientes de la época en que fumar era un placer, pues sólo los asignaban a los nacidos antes de 1958, como dan cáncer, también se van del racionamiento. Y hasta el café, donde nos cambiaron el café mezclado de 10 centavos el paquete de cuatro onzas, a un café diz que puro a cinco pesos el mismo paquete, ahora también se rumora que causa baja en la veterana libreta de abastecimientos por sus efectos en el insomnio y la gastritis.

Hay una manifiesta preocupación de papá Estado por la salud de nosotros, y si lo duda, revise además estos datos:

A los tres años le quitan a los bebés las compotas, cuya azúcar predispone a la diabetes. A los siete, les sustituyen la leche, causante de calcificación, por yogur de soya. A los trece, la cuota mensual de picadillo de carne de res, instituida hace unos dos años luego de un estudio de talla y peso en niños, pero que conduce por el camino de la gota; junto al yogur de soya, lo quitan también.

Ahora han disminuido las asignaciones de azúcar y sal, venenos, como se sabe. No dan carne de res por la libreta; sólo picadillo de soya, muslo y encuentro de pollo y alguna vez jurel (pescado).

Todo eso y más puede encontrarse en las tiendas en divisas, pero al gobierno le interesa la salud del pueblo, no la de potentados solventes en CUC. Moriremos sanos.

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Nosotros, las viandas

Miércoles, 1 de Septiembre de 2010 Regina Coyula Comments off

Hay un par de periodistas del Noticiero de la tv que parecen ser las únicas autorizadas para hacer reportajes críticos, pueden verse lo mismo en una construcción que en un hospital.

En el noticiero de ayer martes por la noche, el objeto de la indagación de una de ellas era la distribución de productos agrícolas por parte de la entidad designada (Acopio). Un paneo sobre una impresionante cantidad de viandas deterioradas o podridas. Pero lo mejor fueron las entrevistas. Los campesinos protestando pues Acopio les dijo que no podían seguir cosechando; los ejecutivos aducen que hay problemas con el transporte, y lo mejor viene ahora, añadieron que existía una saturación en el mercado.

Como el mercado estatal no se regula naturalmente, la saturación de productos se da por los altos precios.

Miraba el reportaje. Las viandas… nosotros… y siempre un jefe con las justificaciones.

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Tomando nota

Martes, 31 de Agosto de 2010 Regina Coyula Comments off

Hace unos días Fidel se reunió con los integrantes del programa televisivo Mesa Redonda y los animó a hacer las preguntas más difíciles, como un alumno bien preparado para un examen. Terminó la semana, y en el periódico Granma se dio una versión del encuentro, pero me quedé esperando la transmisión en el espacio de la Mesa Redonda. Las conjeturas son variadas; ha llamado la atención de los que se interesan por esas cosas que no hayan televisado el encuentro, hasta hay quien piensa que se ejerce la censura sobre él.

En sus últimos escritos, titulados Reflexiones por la costumbre, Fidel comparte las opiniones de un libro sobre el gobierno mundial, y con su ya habitual procedimiento de copiar y pegar nos entrega unas larguísimas citas del libro de marras de un autor llamado Daniel Estulin, por lo que me pregunto si no sería más sencillo publicar el libro para que nadie tenga que contárnoslo. Podría arreglarse si Fidel, que hasta ha invitado a Cuba al escritor, desviara una parte de los quinientos mil ejemplares de La victoria estratégica, el primero de sus libros dedicado a la lucha contra Batista, para hacer una tirada modesta de ese otro libro que tanto entusiasmo le ha despertado.

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La novela que Leonardo Padura escribió por mí

Lunes, 30 de Agosto de 2010 Regina Coyula Comments off

Intro

Hace muchísimos años -hablo de la década del setenta- yo trabajaba en el Minint, pero la fachada de mi unidad militar era del Minfar y por tanto a todos los efectos externos  trabajaba en el ejército.  Una guagüita me recogía por la mañana y me dejaba por la tarde en la Playa de Marianao, y al costado de la pizzería Mare Aperto hacía la cola de la  79 y la  179 para regresar a casa.  Como desde que tengo memoria el transporte ha sido crítico, me armaba de paciencia y de un libro para esperar.  Una tarde en esa cola leía una biografía de Trotski y se me acercó un oficial; todavía no habían cambiado los grados para el equivalente de los de nuestra extinta hermana, así que les hablo de un capitán de los de antes, y con tono entre autoritario y condescendiente, me preguntó que cómo leía aquel libro.  Yo sabía por mis círculos de estudio del revisionista y traidor y quería saber más.  Esa razón le di al capitán que esperaba mi respuesta con mirada penetrante.  Por él supe que Trotski era lectura prohibida para los miembros de las Fuerzas Armadas; hasta donde yo sabía, esa medida no era aplicada en el Minint.  Un tiempo después me asusté en serio leyendo China, el otro comunismo, otro oficial, o el mismo, no sé, me preguntó hasta el número de mi unidad militar, preocupado sin duda por la pureza ideológica de los combatientes, allí donde tan mal se informaba del Index a los subalternos.  A  partir de aquel segundo incidente comencé a forrar los libros.

Hay más.  Por aquella época y hasta 1979 las guaguas transitaban por la 5ta. Avenida, y muchas veces desde la guagua me extasié con el porte regio de dos galgos rusos paseando el tramo entre la calle 42 y la calle70 por el amplio paseo central de 5ta, unas veces con una mujer, que indudablemente paseaba los perros como una obligación; otras con un hombre alto, que pudiera haberme pasado inadvertido de no ser por los borzhoi.  No fue hasta ahora que vine a saber que aquellos perros eran Ix y Dax, los mismos de mi novela, de la novela que Leonardo Padura escribió por mí.

Amor a los perros

El hombre que amaba los perros, a semejanza de su anterior La novela de mi vida, está narrada en tiempos diferentes y con personajes dispares que el narrador confabula con un denominador común: el amor a los perros.  La elección de los personajes históricos no pudo ser más fuerte: Trotski,  un nombre pronunciado entre susurros para hablar de sus escritos y en voz alta para denostarlo, visto en la novela como un hombre derrotado pero no vencido que algo me recordó al pescador Santiago de Hemingway. 

Mercader, el asesino, un hombre puesto incondicionalmente al servicio de una causa, juguete de una fuerza incapaz de comprender, pero a la que se entrega posponiendo (o anulando) las dudas.  Un engendro incómodo del que deben quedar registros secretos, no como el súper agente,  sino como el objetivo  de trabajo de los que vinieron después.  Moscú confía, pero verifica…  Sin embargo, terminé por sentir pena de ese hombre solitario e indeseado, potentísimo personaje,  y más potente, por menor, la madre, de esa raza que como no entiendo le tengo miedo: esas madres que lejos de proteger a sus hijos los exponen con peculiar sentido del deber.  Agradezco a la mano que escribió por mí los espléndidos retratos.

La vida de estos dos hombres me recuerda, como sólo el arte lo logra, cómo desde fecha muy prematura la revolución rusa y el movimiento comunista en general, se contaminaron con las miserias humanas, y el concepto revolucionario llega hasta nosotros adulterado y envilecido, maridado con el inmovilismo, la complacencia y el culto a la personalidad.  Ya sabemos lo que puede engendrar el sueño de la razón.

Y si mi desazón no fuera suficiente, se arroja luz sobre un capítulo desconocido para mí sobre las relaciones de los servicios especiales de la Unión Soviética y la República Española, una página infamante más sobre la que en Cuba prefiere guardarse silencio bajo la cómoda filosofía de evitar la destrucción de la historia.

El tercero de los personajes, Iván, el ahistórico, el antihéroe, el miedoso, el pusilánime.  Quizás demasiados reveses para un solo hombre, pero Iván es una época, una generación, un país.  Su historia personal es la historia de un fracaso colectivo.  Y podrá parecer desmesurado en su desgracia, pero, ¡tan real!  Y con economía de personajes, las pinceladas necesarias para que un lector desprevenido, o un lector del porvenir, entrevea las sombras de la Revolución Cubana.  Iván se fue haciendo entrañable, familiar,  hasta volverse uno conmigo.  Llevo a Iván en mi ADN. En una simbiosis intensa puso en palabras todo mi desencanto, el sentimiento de estafa, la sensación de pérdida de pureza, ese vacío que deja la confirmación de que los Reyes no existen.

La trama va en un crescendo a la manera de las tragedias, los personajes signados por el fatum, condenados al desastre y abocados y vocados para ese desastre.

Hace muchos años que no apuraba un libro con la avidez que en mi juventud motivaban (u obligaban) aquellos best sellers, los primeros que conocí: Papillón, Chacal.  El libro que ahora me mantuvo en vilo –y en vela- no sé si clasificaría para superventas, pero es un libro que todos los cubanos de entresiglos deberíamos leer.

Y no es un libro perfecto, la trama del personaje cubano, la que por cercana más me impresionó, aunque para mí es la menos lograda, me dejó una congoja incontrolable.  Pero cuando uno le dedica a un libro hasta sus horas de sueño por llegar al final, no importan las imperfecciones. Ya lo dije: leí mi libro.  Por eso mismo no puedo evitar mi disgusto con Padura cuando me engaña con una tirada sólo aceptable en un Félix B. Caignet: sentía que reventaría si no exprimía de una buena vez el pus que se me había enquistado en el grano del miedo.  Es una frase impostada en el personaje e insólita en el narrador que se ha caracterizado por una prosa limpia  que tanto debe a su oficio de periodista.

La edición, prestada y devuelta con gran pesar, es de Tusquets.  Creo que los libros españoles de Leonardo Padura siempre han visto su edición cubana.  Con esta novela, no sé, muchos lectores por acá van a mirar por encima de las páginas del libro y van a preguntarse si valió la pena, así como yo, que no puedo evitar, como en las tragedias clásicas, la catarsis mientras se me hace borroso esto que escribo. 

                                                                                     Nuevo Vedado-Mantilla verano de 2010

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¡Buen viaje!

Jueves, 26 de Agosto de 2010 Regina Coyula Comments off

¡Al fin! levantaron el castigo de mi vecino y amigo Juan Juan Almeida, y estará abrazado todavía con su mujer y su hija. No les voy a hacer el cuento que ya todos conocen, lo único que me pregunto, y no logro hallar la lógica, es de por qué el gobierno cerró las puertas de una salida natural y discreta a un caso humanitario como el de Juan Juan, para convertirlo en un caso político en el que la Iglesia tuvo que intervenir. Confieso que no me gustó la decisión de JJ de la huelga de hambre, no me parecía orgánico con el personaje público que representaba, más a tono con los carteles o las sentadas en la Plaza. Pero el lunes cuando fui a verlo al mediodía, estaba acostado, se veía pequeñito como si la cama fuera enorme, y apenas podía hablar por lo que le pregunté varias cosas a las que respondió por señas. Salí muy impresionada de su casa, tanto que mi marido, que no sale casi nunca, luego de mi comentario me dijo que lo iríamos a ver. Y fuimos el martes por la noche, él no estaba, pero esa visita que no se dio, fue como una despedida, sé que muy contento debe haberse puesto luego de las buenas nuevas que ya tenía con la visita del mejor poeta del mundo, como le gusta decir para halagar a mi marido. ¡Buen viaje!

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El pelo, el sexo

Miércoles, 25 de Agosto de 2010 Regina Coyula Comments off

Hasta ahora esconder las canas es cuestión de principios, pienso morir ridículamente rubia aunque tenga 100 años, en eso voy a ser como mi tía Tita, con sus 96 se pinta de caoba el pelo y de rojo la boca.  Pueden verla en las fotos de la página Diario del viaje que se ve en la pestaña del blog.  El otro día andaba buscando tinte, y mi experiencia fue desalentadora.  Visité varias tiendas, dos de ellas especializadas en “cosmética para el cabello”, y podría teñirme de rubio dorado, rubio cobrizo, castaño o rojo, pero los cenizos, ésos que matizan la proclividad de mi pelo al zanahoria, no estaban.  Infructuosa igualmente fue la búsqueda de maquinitas de afeitar para mi hijo, con esa tendencia actual de los jóvenes a afeitarse algo más que barbas y bigotes. 

Desalentada, de regreso pasé por casa de mi amiga Sandra; pensé que intercambiaríamos frustraciones, pero ella recién llegaba de la Embajada de España donde le habían hecho nuevos requerimientos para lo de la ciudadanía, y claro, lo del tinte y las maquinitas me pareció poco serio.  Pero  fue la propia Sandra quien se sacudió el pesimismo y sin explicarme de qué se trataba, me dio un estuche de CDs con una frase:  -Para que relajes.

El estuche era grande y estaba lleno.  Así que cuando pude, me senté a curiosear qué era aquello.  Y Sandra tenía razón, porque se trata de Sex and the city, ese monumento a la frivolidad que me ha sentado mejor que un pomo de prozac, y hasta me ha hecho más llevadera la incipiente pero inconfundible línea gris que se agranda entre mi pelo.  No siempre se puede ser tan profundo.

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SI PIENSA COMENTAR, VUELVA A LEER ESTE POSTEO

Viernes, 20 de Agosto de 2010 Regina Coyula Comments off

Estoy consternada luego de tantos días sin poder entrar en el blog y ver en lo que se ha convertido.  Cuando abrí este espacio, creí que sería para intercambiar ideas, opiniones, que alentaría el debate entre personas que sólo tenían que estar de acuerdo en una cosa: el bien de Cuba.  ¿Y qué me encuentro? Una escalada entre comentaristas, unos derrochando testosterona y otros buscándole las cosquillas a los que se toman en serio las bromas para hacer un suculento inventario de insultos.  Me pregunto cómo pude propiciar esto,  y la sensación de fracaso es inevitable.

Expresé que no quería usar la moderación,  con el concepto ingenuo y engañoso de que la democracia es  la libertad absoluta.  No es verdad.  Toda organización social  tiene reglas, tiene leyes.  Hasta en casa uno dispone cierto orden para las cosas.  Hice un intento desde el banner de atajar a los “acelerados” que me quedó mal hecho y no surtió ningún efecto.  Y algunos de ustedes vienen a mi espacio, se quitan la camisa, suben los pies en el asiento, y ni permiso piden para pasar al baño.  No sé, yo soy de antes, ¿Este relajo es acaso una condición normal en Internet, o será que muchos de los comentaristas no están  preparados para dialogar con un interlocutor que piensa diferente?  Habré fracasado también si no logro llevar a los que me leen,  la percepción de que el diálogo nacional,  tan necesario,  debe hacerse desde el respeto.  Tan poco serio me parece un personaje del gobierno hablando de la loba feroz como un opositor hablando del Coma-andante.  Por favor, piensen en eso.

Muchos de los lectores desconocen que no hace falta tener internet para publicar.  Basta con tener una amistad que disponga de correo electrónico que me envíe en formato de correo el texto a una dirección específica, y eso se convierte en una nueva entrada, con fotos si quisiera incluirlas; tan inteligentes son estos soportes de WordPress o Blogspot.

A los más suspicaces, los invito a que se pregunten por qué no escalé posiciones en el Minint u otra institución de mi conveniencia.  No me nieguen inteligencia y conocimientos para haber prosperado a la sombra de cualquier ministerio o firma extranjera.  Contrario a los que creen con firmeza o se limitan a fingir que creen, solicité mi licenciamiento en el mismo año de la caída del Muro de Berlín y de la Causa I, por mi cuenta, veinte años, y no de los de Gardel.

Mi vida es simple, y si lo dudan, pueden visitarme.  No tienen pérdida.  Vivo en la calle 24 #693 bajos entre 35 y 37, en el garajito debajo del flamboyán y casi al fondo del cine Acapulco.  Como no tengo teléfono, será una sorpresa, y taza de café por medio, podremos conversar.  El café lo pongo yo.

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Verano

Miércoles, 18 de Agosto de 2010 Regina Coyula Comments off

He estado menos por acá, pero he tenido la alegría de estar con nuevas amigas que trajeron el mensaje de viejos amigos y con amigas que no veía hace tiempo.

La primera fue la cordobesa Carmen Agredano que no vive en Córdoba sino en Las Palmas, y que me trajo carta a la antigua de mi amigo Manolo Díaz Martínez. Carmen vino a hacer presentaciones en varias ciudades de la isla y tuve el placer de disfrutar en dos oportunidades de su espectáculo.  Poetisas a las que Carmen prestó  su bella voz y emocionada interpretación flamenca, con arreglos y acompañamiento de ese lujo llamado Reynier Mariño, tan bueno con la guitarra flamenca que literalmente baila en casa del trompo.  Viéndolo tocar se tiene la engañosa impresión de que rasguear así es fácil.  Completaban el espectáculo un bailaor todo temperamento, el actor Carlos Padrón, Cecilia diciendo poemas y dos músicos más (cajón y bajo) Mas quien apareciera.  Era un grupo de amigos pasándola bien haciendo lo que les gusta hacer,  transmitiendo esa buena vibra al público que supo agradecerlo.

Y dos días después de despedir a mi amiga Carmen, me han llegado de Logroño Marival y María.  Como los Reyes Magos, vinieron cargadas de regalos y del amor de todos los amigos que tenemos por allá.  A mis logroñesas les di un paseo por una Habana semi-profunda y aquí en nuestro garajito, se fueron las horas conversando. 

Aunque ellas le llevan a los amigos todas las impresiones de haber estado con nosotros, aprovecho para agradecer a Alfonso y Ane, al doctor Germán, a Isabel y Colo, a Rafa Pérez Foncea, a los Mangolele por esa revistica que me encanta. A todos los que mandaron libros.

Muchas gracias a las amistades que me han dado algo parecido a unas vacaciones.

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Odres viejos

Miércoles, 11 de Agosto de 2010 Regina Coyula Comments off

La mayoría de las personas que conozco no se sentó frente al televisor para ver la sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional citada por Fidel para analizar los acontecimientos internacionales; parece no haberles interesado. Pero fue interesante. Me permitió ver a Fidel casi en vivo. Casi, porque la transmisión debe haberse diferido por minutos para arreglar posibles imprevistos. No obstante hubo deslices imposibles de editar; un riesgo de hacer presentaciones en vivo.

Sobre el tema para el que se citó esta reunión hemos escuchado con frecuencia, aún antes de la reaparición física del convocante, aunque siempre bajo su advocación. El tema fue esa guerra esquiva que Obama ha retrasado por hacer quedar mal a Fidel. Pero nuestro incombustible ex presidente no se desanima: Si la guerra no se produce, será gracias a la inmensa, intensa e internacional campaña iniciada por él con su histórica misiva de las semana pasada al presidente norteamericano.

Luego del mensaje leído por Fidel, algunos de los presentes hicieron espontáneas intervenciones que traían impresas, siempre precedidas de un bocadillo laudatorio al máximo líder. Luego, como en la escuela, a los diputados les dejaron de tarea tres preguntas. Preguntas que deberán responder con enfoques nuevos según la definición del ex presidente. No pude evitar la asociación de guardar vino joven en odres viejos.

Guerra y medio ambiente es lo que le ocupa. (En su cruzada ambientalista, siempre hace referencia al documental francés Home, bueno, pero bastante inferior al apabullante Una verdad incómoda presentado por Al Gore).

Después de ver lo que he visto desde su resurrección, no me cabe duda de que la aspiración de Fidel al Nobel de la Paz va en serio.

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Despliegue mediático

Viernes, 30 de Julio de 2010 Regina Coyula Comments off

Todos lo hemos visto.  Con algo de la vitalidad de antaño, con algunas libras más, aunque con una corpulencia exagerada bajo la camisa de cuadros, o con la camisa verde olivo de mil batallas.   El intenso despliegue mediático de las cámaras de la tv desde la semana pasada hace pensar que todavía decide; que nunca ha dejado de decidir. Ha vuelto a ser El Comandante y no El Compañero.

Sus temas: la guerra y el medio ambiente.  Ni una sola palabra de la situación económica interna de la que es enteramente responsable.  Ni siquiera en el tema ecológico del que se ha vuelto un paladín, ha reflexionado sobre disparates medioambientales como el de la Brigada Invasora Ché Guevara, derribando valiosas especies frutales a su paso por Camagüey y Oriente para sembrar caña y hoy pasto del marabú; los pedraplenes, el Salto de Hanabanilla convertido en hidroeléctrica de la que nadie se acuerda ya, pero que nos privó del salto de agua más hermoso de Cuba.  Y afortunadamente no hubo recursos para el mega proyecto de desecar la Ciénaga de Zapata, el humedal más importante del Caribe.

El almanaque y una sucesión de enfermedades y procederes médicos se han cebado con su imagen.  No logro reconocer a aquel hombre apuesto e imponente de antaño.  Lo miro y me impresionan sus ojos hundidos, me impresionan los tics, me impresiona la boca, donde parecen bailar  los dientes de abajo; me impresiona la voz tropelosa y apagada, me impresiona verlo divagar y equivocarse.

Pero lo que más me impresiona es que ni él se dé cuenta ni nadie se lo diga.

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