Archivo del Autor: Miriam Celaya

Y lo dice Telesur

A los lectores: Como ya se ha hecho habitual, nuestra página desdecuba.com ha estado nuevamente hackeada durante varios días, en consecuencia, no me ha sido posible actualizar el blog. Sorpresivamente encuentro hoy que ya se puede acceder, pero como no tenía ningún post alistado para subir al blog me permito reproducir el artículo de mi autoría que publicó el pasado 7 de mayo el Diario de Cuba. Un abrazo a todos,
Eva-Miriam

Y lo dice Telesur

A primera vista, diríase que el canal Telesur —ahora en directo en Cuba— es igual a cualquier otro programa informativo de la televisión nacional. En Telesur, como en los canales habituales de la Isla, el gobierno de Estados Unidos es el gran villano enemigo de la paz y de la prosperidad de los pueblos, así como villanos son sus aliados, el gobierno de Israel y las siempre malévolas “potencias occidentales”.

También en Telesur los reportajes que se transmiten indican que los buenazos y justicieros guerrilleros de las FARC tienen contra las cuerdas al gobierno de Juan Manuel Santos, que se ha visto obligado a sentarse en la mesa de negociaciones; en tanto Bashar Al Assad es el paradigma de las bondades para el pueblo sirio y esperanza de los países árabes frente a la dominación de Occidente.

Telesur muestra cómo detrás de todos los conflictos del mundo se esconde la oreja peluda del imperialismo injerencista norteamericano, con sus provocaciones a Corea del Norte —que por esa razón se ve obligada a utilizar la amenaza de una conflagración nuclear— o con su manía de reclutar mercenarios para derrocar a gobiernos democráticamente electos en todo el mundo, fundamentalmente en Latinoamérica.

Así, por ejemplo, casi podría afirmarse que en Venezuela no existe una oposición que en las recientes elecciones se alzó con casi la mitad de los votos de los electores, sino una camarilla de fascistas azuzados desde Washington, algunos de ellos representantes en el Congreso venezolano, que tuvieron la osadía de “incitar a la violencia” cuando fueron privados de su derecho a la palabra y protestaron contra ello, razón por la cual se armó una trifulca en la cual —curiosamente— esos mismos “traidores” fueron los que resultaron seriamente lesionados por la violencia de la bancada oficialista.

Todo muy simple, como en las malas películas del antiguo Oeste, el mundo se divide en buenos porque sí y malos a ultranza.

Este fin de semana último Telesur pasó un reportaje desde China, donde su corresponsal en ese país presentaba como un verdadero avance de género que ya las mujeres chinas con mayores ingresos monetarios pueden tener dos hijos en lugar del hijo único que estipula el estricto control de la natalidad. Es decir, que las parejas con ingresos menores a una tasa establecida oficialmente no se beneficiarán con la “apertura”. Sin dudas, establecer diferencias sociales según las entradas monetarias es algo que ya se ha tornado común en los sistemas llamados “socialistas”.

Sin embargo, Telesur no es exactamente como la TV cubana, como afirman algunos, porque como en definitiva se trata de un canal que transmite para toda una región donde la prensa no es del monopolio exclusivo de los gobiernos, está obligada a transmitir imágenes y acontecimientos que se producen a diario en el mundo; y ya se sabe que las imágenes valen más que las palabras.

No importa si se manipulan cifras e informaciones, lo cierto es que en Telesur los cubanos hemos visto y escuchado por primera vez el discurso íntegro de asunción de un presidente de Estados Unidos, en este caso Barack Obama, y también hemos asistido desde la pantalla de nuestros televisores a las elecciones libres y directas que se celebran legítimamente en “países hermanos” como Ecuador, Paraguay y hasta en la propia Venezuela, con campañas electorales, oposición, observadores internacionales, escrutinios, reclamaciones y todos los ingredientes de una receta democrática que se nos ha negado en nuestro país a varias generaciones.

De alguna retorcida manera, Telesur es una pequeña hendija en la tapiada ventana del totalitarismo castrista. Alguna luz se cuela cuando se producen los contrastes.  Por eso tantos cubanos asisten atónitos e incrédulos a algunos espacios de Telesur, como por ejemplo ese programa llamado “Atomun” que, al detallar los últimos avances tecnológicos que se producen en el mundo, tiene la rara virtud de colocarnos a los nativos de esta isla de cara a nuestra descomunal orfandad en materia de tecnología informática y a nuestra espantosa incomunicación en comparación con otras sociedades del siglo XXI que, paradójicamente, no han contado con las ventajas de medio siglo de “revolución”.

Mal que les pese, Telesur nos informa desde la desinformación. Y conste que nadie puede decir que intente engañarnos. Sus intenciones de confundir están abiertamente declaradas incluso desde su propio eslogan de presentación: “Telesur, nuestro Norte es el Sur”. Y digo yo que se confunda el que quiera.

Solidaridad con los activistas de UNPACU y con todos los huelguistas de hambre en Cuba

Imagen tomada de Gabito Grupos

Mientras Telesur y los medios oficiales cubanos nos distraen por estos días con los pugilatos políticos de Venezuela y los conflictos de otras partes del mundo, he recibido en mi móvil informaciones vía twitter acerca de la huelga de hambre que están protagonizando 46 cubanos de la Unión Nacional Patriótica de Cuba (UNPACU), una coalición de opositores que agrupa miembros en varias provincias de la Isla, en especial de la región oriental. Ayer me informaron que activistas del Movimiento Nacional Pedro Luis Boytel, del Rosa Parck y del FN Orlando Zapata Tamayo, se han sumado al plantón en la provincia de Camagüey. Ciertamente, desde esta propia bitácora he expresado más de una vez que no apruebo las huelgas de hambre como método de lucha, pero hoy no puedo menos que solidarizarme con estos compañeros de ruta, así como respetar y apoyar su sacrificio.

El inicial reclamo de libertad para Luis E. Lozada Igarza, encarcelado y en huelga desde 13 días atrás, ya se ha extendido incluso hasta algunos lugares de la provincia de Matanzas. Carteles, octavillas, grafitis y toque de calderos han estado apoyando a los huelguistas en varias ciudades y pueblos del oriente cubano, en medio de la represión que se manifiesta en detenciones, golpizas, amenazas y móviles sacados de servicio para impedir que el mundo conozca sobre lo que acontece en Cuba.

Las mejores armas con las que pueden contar ahora mismo estos activistas de la oposición en su justo reclamo son nuestro apoyo y solidaridad. Usemos los medios a nuestro alcance para que ellos no estén solos; no permitamos que los címbalos del Palacio de la Revolución, aupando a su pupilo venezolano, silencien la lucha pacífica de nuestros hermanos de causa. Multipliquemos sus voces difundiendo la verdad sobre lo que está ocurriendo, exigiendo también la libertad de todos los presos políticos. Todos nosotros podemos ser activistas contra la represión castrista, no olvidemos que el silencio, el temor y la indiferencia son los principales aliados de los represores. Hagamos la diferencia.

 

Hatuey y Guamá son los padres de la disidencia

 

El suplicio del opositor Hatuey

Nota a los lectores: Este artículo fue originalmente publicado en Cubanet el pasado lunes 15 de abril de 2013 y hoy quiero ponerlo a consideración de los foristas de nuestro blog. En esa fecha también fue completamente restablecido el servicio completo de la página desdecuba.com, en lo cual trabajaron arduamente Yoani Sánchez y amigos desde el exterior de Cuba. Esperemos se normalice el proceso de actualización, al menos hasta el próximo hackeo del sitio. Un abrazo.

El pasado lunes 8 de abril fue publicado en Cubanet un artículo del colega Jorge Olivera Castillo (Equilibrar la balanza), tan sorprendente como lamentable. Un compañero de ruta que ha probado su valor y entereza en la lucha contra la dictadura y que ha compartido espacios con numerosos miembros de la blogósfera independiente cubana debería ser más serio y cuidadoso al expresarse.

Quizás Olivera haya tenido un mal momento y alguna vez comprenda que los infundios y criterios velados no sustituyen las opiniones y los argumentos, pero tampoco creo sano callar ante lo que considero cuando menos injusto e inexacto, por así llamarlo. Soy bloguera y antes ya era periodista independiente, por eso me siento aludida en su artículo y hago pública mi inconformidad. 

El optimismo no debe ser confundido con “triunfalismo”, como denomina el colega Olivera a la expectativa desatada por la actividad bloguera desde hace más de cinco años, y también resulta desafortunada su pregunta acerca de “cuál podría ser la incidencia (de los blogs) dentro de las fronteras nacionales, si la gran mayoría de los cubanos no tiene computadora, ni posibilidades de conectarse a internet”.

Doblemente desafortunada dicha observación porque, en primer lugar, si bien la mayoría de los cubanos no tenemos libre acceso a Internet y eso obstaculiza una completa difusión de nuestros trabajos, tampoco veo que ningún otro sector disidente tenga mejores posibilidades de dar a conocer sus propuestas de manera rápida y efectiva. En segundo lugar, porque un significativo número de blogueros hemos sido la voz de muchos cubanos, lo que ha demostrado su utilidad a la hora de denunciar los atropellos y de movilizar la solidaridad para todos los reprimidos, incluidos los presos políticos, y muy especialmente los prisioneros de la Primavera Negra.

Olivera se pregunta “cuántos cubanos estarían en capacidad de convertirse en twitteros, si cada envío cuesta poco más de un dólar, en un país donde el salario promedio es de alrededor de 20 dólares al mes”, y yo le preguntaría a mi vez cuántos cree él que estarían dispuestos a marchar por las calles, siguiendo a los líderes opositores, en reclamo de derechos o contra los desmanes del gobierno. Le preguntaría también por qué no son tuiteros todos aquellos opositores cuyos móviles son regularmente recargados por amigos solidarios desde el exterior de Cuba, y qué impide que un periodista independiente abra su propia bitácora, una cuenta en twitter y acreciente su voz y la de otros en la medida en que esté dispuesto a hacerlo.

Posiblemente la ignorancia de las complejidades del fenómeno blogger sigue produciendo algunos temores ante la sensación de que se trata de una casta de privilegiados. Muchos desconocen que mantener un blog desde Cuba ha sido para nosotros una fuente de gasto y no de ingresos: no cobramos por publicar nuestras ideas en un blog, en cambio, hemos tenido que gastar dinero propio en tarjetas para conectarnos desde los espacios públicos de la ciudad y en lo posible mantener actualizados nuestros sitios personales. Nuestro esfuerzo despertó la simpatía y el apoyo de numerosos amigos que comenzaron a regalarnos tarjetas, ayudó a abrirnos muchas puertas y hasta aparecieron quienes se entrenaron para subir nuestros post cuando no podíamos hacerlo nosotros mismos. Curiosamente, antes de que la famosa bloguera Yoani Sánchez obtuviera su primer premio, el Ortega y Gasset, a nadie parecía molestarle que hubiese al menos cinco blogs independientes activos dentro de Cuba, ni preocuparle cómo nos las arreglábamos para publicar regularmente en nuestra plataforma web. De hecho, casi nadie acá dentro sabía qué era un blog y todavía hay quienes desconocen por completo el uso de esa herramienta y quizás por eso prefieren difamarla que aprender a utilizarla.

Otro error es considerar que la blogósfera independiente constituye “la culminación de un proceso que abarca más de tres décadas de esfuerzos sostenidos por parte de centenares de activistas pro derechos humanos, opositores políticos, bibliotecarios y periodistas independientes…”, no solo porque todo proceso social o político es heredero de la acumulación de múltiples experiencias anteriores y factores coyunturales, sino porque el fenómeno blogger no marca una culminación propiamente dicha, sino que porta un dinamismo propio, apenas una fase que necesariamente seguirá transformándose en la evolución de la lucha cívica contra el régimen.

De hecho, varios blogueros venían desarrollando desde antes una intensa actividad disidente, ya fuera como periodistas independientes (como son los casos de Yoani Sánchez, Reinaldo Escobar, Dimas Castellanos y la propia escribidora de este artículo, entre otros), o como editores de la primera revista digital escrita, editada y dirigida desde la Isla, la cual –por cierto– no pagaba por las colaboraciones porque carecía absolutamente de fondos o de financiamiento alguno, razón por la cual muchos periodistas independientes que hoy atacan a los blogueros se rehusaban a colaborar en ella.

No se trata, pues, de que “los blogueros llegaron a la disidencia”, sino exactamente al revés: muchos disidentes –algunos hasta entonces desconocidos– se hicieron blogueros.

Por supuesto, todo tiene antecedentes –aunque no necesariamente los que señala el colega Olivera–, pero el punto neurálgico estriba en entender quién se considera suficientemente calificado o autorizado para acotar los márgenes históricos y las inferencias e influencias de cada fenómeno. A ese tenor, habría que reconocer a los indios Hatuey y Guamá como los padres de la actual disidencia interna cubana, que a fin de cuentas fueron “los primeros” en insubordinarse… Hace falta un poco de contención, ¿no creen?

De entre los blogueros que ahora son motivos de tantos quebrantos, –y por lo visto no solo para las autoridades–, se encuentran algunos que incluso habían pertenecido desde antes a partidos de oposición. No se trata tan solo de “nuevas generaciones” de disidentes. Aprovecho aquí para hacer una acotación oportuna: no existe un pedigrí disidente que otorgue méritos especiales a quienes hayan estado presos o hayan “llegado antes”, tal como se aplica por el gobierno en dependencia de si alguien vino o no en el Granma, estuvo o no en la Sierra Maestra, etc.

Hasta donde conozco, ningún opositor ha sido encarcelado por voluntad propia sino por la arbitrariedad y el signo represivo de un gobierno al que combatimos todos y que se atribuye la prerrogativa de seleccionar a quiénes, cómo y cuándo aplicarlo, sin que nadie –antes, ahora o después– pueda considerarse una suerte de elegido o magister supremo por ello. Por mi parte, no aspiro a un “mérito” que ni siquiera depende de mi desempeño político, sino de las jugarretas siniestras de los Castro. La meta es alcanzar la democracia, no los calabozos.

El alarmismo que rezuma el referido artículo de Olivera parece derivarse más  de una mezcla de animosidad y frustración que de alguna preocupación sincera, cuando se refiere a un supuesto “sobredimensionamiento” en cuanto al uso de Internet como herramienta anti-dictatorial, o cuando –cayendo en el extremo opuesto, la subvaloración de este tipo de activismo– desliza la frase “que la cuestión principal radica en influir en intramuros y esa probabilidad está lejos de concretarse mediante el uso de la red de redes”.

Con todo respeto, resulta más hilarante que ofensivo, pero es preciso ser realistas: la existencia de los blogs no niega la trayectoria opositora de nadie ni los blogueros hemos considerado que el simple uso de la Internet constituya una especia de arma secreta suficiente para influir por sí misma en la conciencia colectiva al interior de Cuba. Sin embargo, sí me atrevería a afirmar que, al ser capaz de crear redes de solidaridad, corrientes de información underground y establecer puentes entre las diferentes formas y “entidades políticas y civilistas”, como las llama el colega Olivera, la blogósfera ha demostrado amplia capacidad y eficacia. No por gusto han surgido incluso programas especiales dedicados a la actividad bloguera y tuitera en la radio cubana en el exterior, que encuentran un gran número de radioescuchas al interior de Cuba. Quizás el periodista debió informarse previamente con las decenas de tuiteros de toda nuestra geografía cuya mejor arma de denuncia y de defensa personal ha sido justamente un teléfono celular con una cuenta en Twitter.

Creo firmemente que si Olivera ha escuchado “rumores que podrían ser el germen de lamentables rupturas en un futuro mediato”, debió detenerlos. Los rumores solo prosperan cuando hay oídos receptivos y personas dispuestas a reproducirlos. Seguramente por eso nadie viene a “rumorear” nada conmigo. Yo no permitiría que alguien hablara mal del esfuerzo de mis compañeros de ruta, ya sea de periodistas, figuras de los partidos de oposición, bibliotecarios, blogueros o tuiteros. De cualquier forma, las “razones” para un chanchullo nunca son tan “obvias”, como pretende el colega; simplemente los enredos no son racionales, sino emocionales, y en todos los casos, contraproducentes.

Podríamos extendernos en un debate que, lejos de dañino, resultaría útil para acabar de desterrar tanto resabio, pero quizás lo mejor sea convocar a los “preocupados” a una discusión de frente, sin “rumores”. Baste recordar al colega y a quienes no se hayan enterado todavía, que desde su surgimiento hasta la fecha la blogósfera no solo se ha consolidado, sino que hay dentro de ella personas lo suficientemente generosas como para compartir gratuitamente sus conocimientos y multiplicarlos en una comunidad que hace crecer la voz de numerosos sectores de cubanos de todos los pensamientos y tendencias, formando así a muchos que son ahora capaces de difundir todo un espectro de opinión e informaciones que de otra manera no se podría lograr en tan corto tiempo.

En lo personal, jamás se me ocurriría poner en una “balanza” el trabajo de ningún grupo disidente ni de ningún hermano contestatario: todo esfuerzo de los cubanos de cualquier orilla y posición por alcanzar la democracia para Cuba me parece invaluable. Sería en verdad más productivo que no nos preocupásemos tanto por la visibilidad o los premios que reciban nuestros colegas; alegrémonos juntos por los éxitos, que sin dudas han merecido, y encarguémonos, eso sí, de equilibrar las bajas pasiones.

Libertinaje de prensa

Nota preliminar a los lectores: Por motivos muy ajenos a mi voluntad no tuve la posibilidad de actualizar el blog por muchos días. La página desdecuba.com estuvo nuevamente hackeada por dos veces y debió ser reparada por Yoani Sánchez y otros amigos, que todavía hoy trabajan en ello. Aquí les dejo un nuevo post y espero se restablezca pronto el servicio completo, gracias a los amigos y un abrazo.

Libertinaje de prensa

Ya nadie escucha sus historias. Obra del pintor cubano Abel Quintero

 

Cierto que en Cuba no existe libertad de prensa. En cambio, en su lugar se ha desarrollado, fecundo como el marabú y tan espinoso como éste, el libertinaje de prensa. Se trata de una peculiar manera de “informar” que, por disparatada que resulte (o precisamente por ello), es muy coherente con el sistema.

La prensa es uno de los indicadores que con mayor acento evidencia el signo de las transformaciones, una constante que incide incluso en las sociedades como la nuestra, donde rige el secretismo. Los más memoriosos lectores recordarán que durante el período de Castro I asistimos a un periodismo absolutamente triunfalista: todos los hitos económicos de las tres primeras décadas de revolución eran positivos, la producción agrícola y pecuaria crecía cada año; los indicadores de salud, educación, deporte y cultura marcaban una línea ascendente indetenible; las zafras eran mayúsculas; y así ocurría con todos los renglones que anunciaban un esplendor económico siempre tocando a las puertas de cada uno de nosotros, sin que acabara de entrar a nuestras vidas.

Ni siquiera la crisis de los años 90’ pudo destruir el espíritu vibrante de un optimismo completamente enajenado; así que la prensa repitió cada frase inspirada y encendida del Magno Orate, y no tuvimos alimentos, ni ropa, ni calzado, ni combustible…, pero sí “dignidad”. También tuvimos la celebérrima batalla por Elián, una de las más resonantes victorias pírricas que registra la Historia de Cuba en la que se emplearon cuantiosísimos recursos mientras la gente se moría del hambre, y poco después tuvimos “Cinco Héroes”… que algún día “volverán”, surgieron las tribunas abiertas de cada sábado por distintos municipios de toda Cuba, dilapidando lo que no teníamos, y se instauraron las aberrantes Mesas Redondas. La prensa tenía la misión de inflar los globos que fundamentaran el indestructible éxito y la indiscutible superioridad del sistema socialista tropical, pese al desplome de la URSS y la brusca desaparición de los subsidios.

Pero ha sido bajo el período de Castro II que el libertinaje de prensa ha alcanzado su clímax, sobre todo al calor de la “apertura” marcada por las llamadas reformas del gobierno, donde los parámetros económicos signan el pleno apogeo de una novedosa manera de “informar” en virtud de la cual las cosas no son lo que parecen, sino algo completamente diferente.

Eso explica que, por ejemplo, las cifras oficiales reportaban a finales del año 2012 un discreto crecimiento del PIB, y paradójicamente, apenas finalizado el primer trimestre de 2013, sesionó una Reunión Ampliada del Consejo de Ministros en la que se reconocieron males antes inconfesables en la economía cubana: improductividad, ineficiencia, impagos, falta de organización, indisciplina, entre otros, que impidieron el cumplimiento de los planes. Nadie se encargó de explicar esta rara forma de “crecer” siendo improductivos.

Recientemente fueron publicados los indicadores de la marcha de la zafra y la producción azucarera, con resultados paupérrimos, e igualmente se ha reportado un decrecimiento en la llegada de turistas extranjeros en el mes de febrero de 2013 (plena temporada pico del alza turística), en comparación con igual período del año anterior. No obstante, la prensa asegura que se mantiene el plan de inversiones en ese “sector priorizado” y que se espera un aumento de los ingresos por ese importante renglón económico.

La planta niquelífera de Moa cesó su producción, sin embargo, el General-Presidente insiste en “la necesidad de trabajar para garantizar los ingresos externos seguros”, entre ellos los que se derivan de la exportación de níquel y de azúcar, a pesar de que hace años el país se ve obligado a importar azúcar incluso para cubrir la demanda interna. Según sus propias palabras, “avanzamos a buen ritmo a pesar de los obstáculos”. Con tales noticias parece estar claro hacia dónde es el avance, pero no hay dudas de que ese aquelarre informativo dando bandazos entre el caos y el optimismo es el reflejo exacto de la realidad nacional.

En resumen, que la prensa resulta más libertina cuanto más representativa de la “transparencia” al estilo Castro II. Pero no hay de qué extrañarse, según el diccionario de la lengua española algunos sinónimos del vocablo “libertinaje” son: impudicia, obscenidad, indecencia, deshonestidad, desvergüenza, entre otros. Supongo que, conocidos los términos, nadie negará que en Cuba el libertinaje de prensa goza de perfecta salud.

 

Para desterrar los resabios

 

Fotografía tomada de Penúltimos Días

Muchos amigos lectores me han escrito para pedirme un comentario sobre la larga gira de Yoani Sánchez por varios países, la salida al extranjero de otras figuras de la disidencia interna como Eliecer Avila, Rosa María Payá, Bertha Soler y Orlando Luis Pardo, por solo mencionar algunos de los más conocidos,  y la significación que esto podría tener para la oposición de la Isla.

El tema requeriría quizás de un largo recuento, pero basta seguir las declaraciones de los mencionados disidentes, publicadas en diferentes medios, la atestada agenda que está cubriendo Yoani en su periplo y los vínculos que se han fortalecido entre cubanos críticos al gobierno de los Castro en todas las orillas para comprender que hay un antes y un después de estos viajes.Los temas tocados por todos ellos abarcan todos los problemas de la sociedad cubana actual y la crisis del modelo castrista.

 

Rosa María Payá. Otra joven promesa de la oposición cubana

Lo más significativo en este caso pudiera ser la variedad de opiniones vertidas por ellos y el hecho de que, pese a las diferencias de matices, hay un consenso en la necesidad de hacer los cambios democráticos en Cuba y que éstos han de lograrse por la vía pacífica y concertada. Me atrevería a asegurar que, salvo algunos puntuales resabios de algunos opositores que se sienten preteridos o se resisten a dar paso a las nuevas ideas y figuras que han surgido en el espectro político de la resistencia, son muchos más los que se sienten identificados o representados en las declaraciones de todos estos jóvenes cubanos que viajan por el mundo.

Hace muy poco tiempo recibí una amarga crítica de parte de un opositor de vieja data, quien se sintió menoscabado en su importancia porque no lo mencioné en la entrevista que me hiciera el colega Pablo Pascual Mendez y que publicara Cubanet el pasado mes de enero, sin comprender que las preguntas que me hizo el periodista no tenían relación alguna con su actividad ni mucho menos mis respuestas encerraban desprecio por ninguno de mis compañeros de ruta de antes o de ahora. No existe pedigrí ni privilegios en la oposición cubana, sino solo luchadores por la democracia; no importa quién llegó antes o después, importamos todos. Al menos así lo entiendo. Por ese motivo no tengo ningún problema para promover debates, que considero imprescindibles, porque la falta de transparencia no hace sino repetir los patrones del gobierno que condenamos.

Creo, en fin, que la palabra de nuestros compatriotas en el exterior no solo deberá fortalecernos al ofrecer una imagen más digna y veraz de lo que es la oposición cubana a la luz de estos tiempos, sino que también servirá para entendernos y apoyarnos más al interior de Cuba, ese sería quizás uno de los aportes más importantes. Yoani, Rosa María, Eliecer y Orlando Luis están ofreciendo un magnífico ejemplo de lo que es la variedad de conciencia ciudadana en la Isla. Desterrar resabios entre nosotros sería una posibilidad de sentir que en ellos, de alguna manera estamos representados todos.

Miénteme más, que me hace tu maldad feliz…

Imagen tomada de GoogleLa visión de las manifestaciones de duelo de los venezolanos que apenas cinco meses atrás votaron por la presidencia de quien ahora mismo protagoniza el final de su propia y absurdamente dilatada muerte, despierta a la vez respeto y compasión. Respeto, porque toda expresión de pesar auténtico lo merece, más allá de nuestras particulares ideologías. Compasión, porque las multitudes luctuosas que en Caracas desfilan ante nuestros ojos se comportan como la amante engañada, que aún ante la evidencia de infidelidad insiste en negarla.

Tal como anunciara el pasado viernes 1ro de marzo en su cuenta de twitter el líder de la oposición venezolana, Henrique Capriles, ha quedado al descubierto que Nicolás Maduro y demás miembros del gabinete de gobierno mentían sobre el estado de salud del mandatario. El estado irreversible de la gravedad del presidente y su inminente muerte se mantuvieron ocultos en los informes y partes médicos amañados, turbios y llenos de incongruencias, destinados a mantener a toda costa el control político pese a la ya inevitable extinción del caudillo.

Por otra parte la prolongada ausencia y la invisibilidad del presidente resultaban tan escandalosas que numerosos sectores de la oposición exigían una fe de vida, factor este que debió influir decisivamente en la declaración pública de su muerte. Resulta curioso que a partir de las crecientes manifestaciones de la oposición y ante lo justo de su reclamo se precipitaron los partes. Apenas en un par de días ajustaron al programa previsto la gravedad extrema por “el surgimiento de una nueva infección respiratoria” y casi de inmediato la defunción de Chávez. Probablemente, tal como ha ocurrido en la historia con la muerte de otros caudillos, nunca sepamos con exactitud en qué fecha murió el presidente venezolano. De hecho, la serenidad de sus hijas durante el velatorio sugiere un conocimiento muy anticipado del suceso, más allá de que lo esperasen como un desenlace lógico.

Pero hay otras grandes mentiras en esta saga. También en su momento Chávez mintió con alevosía cuando se declaró curado como por milagro, tras dos operaciones del mismo mal, para poder aspirar a la reelección y asumir la campaña electoral que lo colocaría nuevamente en la presidencia de Venezuela. Mintió con todas sus energías y a costa de su propia vida, por mantenerse en el poder, dando pruebas de una irresponsabilidad mayúscula, porque a fin de cuentas los electores, sin saberlo, votaron mayoritariamente por un prospecto de cadáver. Si, como sostienen algunos, el finado caudillo seguía orientaciones de La Habana, la aceptación de tal injerencia solo demostraría un engaño mayor a su pueblo.

De la noche a la mañana el rey ha quedado desnudo y resulta obvio que “la derecha, la oligarquía, el imperio y los enemigos de Chávez” decían la verdad. Sin embargo, decenas de miles de venezolanos lloran su muerte. Muchas veces antes en la historia otros pueblos han llorado a sus dictadores para después olvidarlos rápidamente. Los pueblos son veleidosos, porque necesitan perdurar por sobre todos los conflictos coyunturales. A fin de cuentas, también una buena parte del pueblo venezolano miente –quizás de buena fe– cuando asegura que defenderán con sus vidas el socialismo estilo chavista, paradigma de justicia del siglo XXI.

Así también el cadáver embalsamado de Hugo Chávez, que tendrá un lugar permanente en el nuevo Palacio de la Revolución será, además de una retorcida y enfermiza percepción de culto, una manera de mantenerlo entre los vivos, aunque sea de mentiritas.

Por mi parte, cuando por estos días he visto pasar por la pantalla de mi televisor tantos rostros llorosos, tantas consignas y tantos testimonios de fidelidad al chavismo, no he podido menos que recordar aquel viejo bolero que muchos años atrás tocaban las victrolas en los bares de mi Habana Vieja: “Y qué más da, la vida es una mentira… Miénteme más, que me hace tu maldad feliz”.

 

Walesa: los consejos y las realidades (Artículo originalmente publicado en Cubanet el 22 de febrero de 2013)

El pasado 6 de febrero se publicó una nota en este propio espacio digital (Cubanet) a propósito de una entrevista que concediera a Tv Martí el conocido sindicalista polaco y líder indiscutible de la transición democrática en su país, Lesh Walesa, durante su reciente visita a la ciudad de Miami. Dicha nota sintetiza algunos criterios vertidos por Walesa a propósito del tema de las libertades en Cuba y del papel de la oposición interna en la isla, que han provocado reacciones diversas entre algunos miembros de la disidencia cubana.

En un sentido general, se puede estar o no de acuerdo con las opiniones de Walesa, pero no creo que su interés estuviera particularmente dirigido a escarnecer en alguna forma a los opositores. Tampoco se trata de un hecho excepcional: en lo tocante a la opinión sobre la situación en Cuba sabemos que de vez en vez aparece alguien que “sabe” mejor que nosotros lo que hay que hacer para acabar con la dictadura. Curiosamente, pocas veces ese alguien es cubano.

Sin embargo el asunto se torna recurrente y en este caso trae consigo otras lecturas, toda vez que el opinante es un líder reconocido a nivel internacional, lo que implica que goza de la gracia de autoridad, en virtud de la cual sus opiniones pueden ser asumidas por otros como verdades absolutas o, al menos, como sentencias aceptadas a priori.

Es por esto que, asumiendo el riesgo de disgustar a quienes rinden culto a las vacas sagradas de la política y, a la vez, anteponiendo mi admiración y respeto a los extraordinarios méritos y al liderazgo de Walesa en la transición democrática de su país, quiero volver sobre sus palabras y discutir a título personal. Soy apenas una más entre los miles de cubanos que nutren las organizaciones cívicas independientes de Cuba, pero todo ciudadano es un sujeto político –incluso aquellos que no son conscientes de ello– y la opinión de cada uno de los individuos vale, cuando menos, tanto como la de los más destacados líderes.

No creo, sin embargo, que el protagonismo de Walesa en la historia reciente de Polonia lo conviertan de facto en una “opinión autorizada” para evaluar el caso cubano. De hecho, sus criterios evidencian una gran ignorancia sobre la realidad de la Isla, sobre la naturaleza del poder totalitario y sobre la historia e idiosincrasia de este pueblo.

Creo percibir alguna dosis de altanería, o quizás un pelín de vanidad personal en la frase “he intentado darle consejos a la oposición cubana pero por alguna razón no me hacen caso”. Sin ánimo de descalificar el valor que tiene la experiencia política de Walesa, no conozco que alguien, en nombre de la oposición de acá, le haya pedido consejos. Su postura es, por así decirlo, la reconvención del padre autoritario al hijo díscolo que no sigue la ruta que se le orienta, y yo tengo que confesar que –lejos de molestarme como miembro que soy de la oposición cubana–, en una primera instancia me resultó incluso divertido: ¡amigos demócratas de Cuba, no nos esforcemos más en nuestra larga resistencia contra el régimen, solo tenemos que seguir los consejos de Walesa!

Ahora bien, puestos en plan de debate, me gustaría saber cómo el líder polaco hubiese podido dirigir un sindicato tan poderoso como Solidaridad en Cuba; un país en el que el propio gobierno se encargó de anular casi por completo el movimiento portuario y ha barrido con todo lo que alguna vez fue industria. El señor Walesa parece no tener idea que en la Isla no hay obreros, salvo los que sobreviven en los escasos centrales azucareros o en los poquísimos talleres o fábricas que han resistido al poder destructivo del régimen. Aquí no tenemos un gran comercio que anime la existencia de la actividad sindical portuaria, ni el modesto astillero de Casablanca, en la bahía de La Habana, se puede comparar con el gigantesco complejo de astilleros de Gdansk, con miles de trabajadores, escenario principal y decisivo de la transición polaca. Los cubanos ni siquiera contamos ya con una flota mercante o de pesca.

Tampoco quedan en Cuba sino vestigios menores de aquellas grandes fábricas de tabaco que entre finales del siglo XIX y principios del XX fueran cuna y fragua del sindicalismo cubano. ¿Acaso podría existir sindicalismo y un líder obrero en un país sin trabajadores y sin obreros y en el que el gobierno se puede permitir sin más el despido del 20% de la fuerza laboral activa? Y no se trata solo de sindicatos: aquí tenemos prohibido incluso el libre asociacionismo, porque si bien los cubanos no hemos sido históricamente portadores de fuertes tradiciones cívicas, la dictadura castrista se encargó de anular cualquier posibilidad de autonomía social desde los primeros años que siguieron a la toma del poder en 1959.

No parece razonable trasladar miméticamente las experiencias de un proceso de transición de una nación a otra. La realidad de Cuba no es mejor ni peor que la de Polonia en su momento, es sencillamente diferente. Baste recordar que en el plano político, la oposición polaca pudo contar con el sólido apoyo de una figura tan emblemática como Karol Jozef Wojtyla, el papa Juan Pablo II, y la fe católica constituyó un elemento unificador del espíritu del pueblo polaco en su camino a la democracia, lo que –sumado a una larga tradición de luchas por la independencia y una sólida cultura cívica– contribuyó de manera decisiva en el triunfo de los opositores. La lucha, por demás, se dirigía no solo contra un gobierno títere, sino en última instancia contra una potencia extranjera, la Unión Soviética, en un momento en que las tensiones de la Guerra Fría cedían ante el desmoronamiento de los modelos comunistas de Europa del Este. Así, a finales de la década de los años 80’ se conjugaron todos los factores que, en conjunto, propiciaron la transición a la democracia no solo en Polonia, sino en todos los países del antiguo campo socialista.

La realidad cubana, en cambio, muestra un escenario muy diferente, si bien hay elementos comunes entre nuestras circunstancias de transición, como la existencia de un régimen autodenominado “comunista” y un poder centralizado que controla la economía, la política, las fuerzas armadas, los cuerpos represivos y las estructuras sociales. La lucha es contra una dictadura nacional de más de medio siglo que ha transitado por varias fases, incluyendo la condición de satélite de aquella misma potencia soviética.

Por su parte, la Iglesia Católica cubana dista mucho de tener un estrecho vínculo con la mayoría de la sociedad, aunque es preciso reconocer la labor cívica comunitaria (local) de muchos sacerdotes en numerosas parroquias. Hay que entender que los cubanos en general no somos muy fervorosos en cuestiones de fe y que el más conocido paradigma de unión espiritual de la nación, José Martí, ha sido sobradamente manipulado y cuasi prostituido desde todas las ideologías e intereses. En cuanto a la cúpula de dicha institución religiosa, constituye una elite muy distanciada de la política de cambios que se propugnan desde la sociedad civil independiente y la oposición. Tenemos una Iglesia de formalidades espirituales que no se compromete verdaderamente con la lucha de la resistencia. De hecho, su tendencia ha sido plegarse al poder de la autocracia gobernante.

Tampoco me parece un problema que haya “demasiados líderes dentro de la oposición” en Cuba y que no haya entre ellos uno “suficientemente poderoso” como para nuclear a todos. En realidad creo que la variedad de ideas y proyectos que existe sugiere la posibilidad que algún día tendremos de elegir entre muchas propuestas. Variedad no significa necesariamente “desunión”, como lo demuestra la tendencia al apoyo mutuo que se ha estado produciendo en los últimos años entre diferentes proyectos y partidos. Quizás la diversidad –que no “desunión”– es precisamente la estrategia más práctica y posible en un país en el que el poder ha copado cada espacio de la sociedad, incluyendo las familias.

Así, funcionando como pequeñas células y confluyendo en los mayores empeños comunes, la disidencia está articulándose para enfrentar los cambios de la transición cubana. Hoy se aprecian muchos frentes abiertos en la resistencia cívica al interior de Cuba que incluyen tanto a los llamados partidos opositores tradicionales como a la prensa independiente en todas sus variantes y a múltiples proyectos de la sociedad civil, que se han mostrado capaces de colaborar entre sí y de promover propuestas en común, con independencia de sus respectivas ideologías. Si ese proceso llegará a consolidarse o si resultará exitoso, lo demostrará el futuro, pero en todo caso la variedad del espectro opositor cubano, lejos de preocuparme, me parece un reflejo de la democracia en su seno, idea ésta compartida por muchos representantes de la disidencia. De cualquier manera, magnificar las ventajas de lo que machaconamente se ha dado en llamar “unión” resulta tan nocivo para la oposición como oportuno para la dictadura.

Para alcanzar la democracia en Cuba tampoco se precisa de fundar una unión monolítica en torno a un “poderoso” líder único (ya de eso hemos tenido suficiente en los últimos 54 años). En todo caso, el poder de la dictadura cubana ha sido tan absoluto que toda acción o proyecto independiente que surja constituye un factor importante para socavar el sistema sin que necesariamente haya que subordinarse a un líder en particular. La experiencia demuestra que el poder de un líder no estriba solo en su capacidad de convocatoria sino en una conjunción de otros muchos factores entre los que resulta primordial su capacidad de acción. En la actualidad las acciones de varias organizaciones opositoras locales y regionales están mostrando tanto su capacidad de lucha como el poder de convocatoria de sus líderes

Otra declaración de Walesa que demuestra su ignorancia sobre la realidad cubana es aquella en la que expresó que “en las ciudades y pueblos ya debiera haber gentes ofreciéndose para ocupar nuevas posiciones, nuevos cargos dentro de la realidad transformada. En dos años habrá elecciones democráticas (en Cuba)…hay que estar preparados porque lo que habrá después de la caída de los Castro será un caos”.

Yo me atrevería a asegurar que casi en cada ciudad y pueblo de Cuba sí existen actores sociales que jugarán un papel importante en la hora cero, es decir, en el momento de los cambios definitivos. Y cada vez habrá muchos más. La incapacidad gubernamental para remontar la crisis estructural del sistema es, paradójicamente, la fuente principal del anhelo general de cambios. Ciertamente la transición cubana ya empezó y el sistema entró hace años en un proceso de erosión que se ha venido acentuando de manera gradual, pero permanente. Sin embargo, aún la realidad no se ha transformado hasta el punto de que sea posible ocupar los puestos de los gobiernos locales y participar en la toma de decisiones desde las estructuras legales que existen, estratégicamente concebidas para que no ocurra tal cosa. Quizás ni siquiera nuestros cambios se produzcan de esa manera.

Nadie sabe si en solo dos años habrá elecciones democráticas en Cuba, ojalá así sea. Pero puedo asegurarle a Walesa que para entonces serán más numerosos los cubanos, opositores de hoy y ciudadanos de ese mañana cercano, quienes estarán preparados para enfrentar los desafíos de la democracia tras más de medio siglo de totalitarismo. Estamos esforzándonos para eso.

Personalmente agradezco los buenos deseos de libertad para nuestro país expresados por el líder sindicalista polaco, pero en verdad nos hace un flaco servicio cuando se presta a acuñar tanta frase manida. Rechazo, además, los nefastos augurios de catastrofismo social: no habrá tal caos en Cuba, porque en el momento decisivo, por sobre todas nuestras diferencias y reservas, habrá de imponerse entre nosotros el amor por nuestra nación, la voluntad de reconstruirnos sobre las ruinas y las experiencias acumuladas por varias generaciones en largos años de lucha, para finalmente fundar las instituciones que impidan el retorno de una dictadura. Créame el señor Walesa que será sobre esos pilares que nacerá la unión más imperecedera, no ya de la oposición, sino de todos los cubanos.

 

 

 

 

De carretillas y carretilleros

 

Fotografía tomada de Martinoticias

Un carretillero de mi barrio se quejaba por estos días de una nueva medida oficial que se va a comenzar a aplicar a su gremio: próximamente los vendedores ambulantes que expenden productos del agro y que ya proliferan por toda la ciudad estarán obligados a adquirir al Estado una carretilla reglamentaria, que medirá 1 metro cuadrado y constará de dos pisos para exponer la mercancía y un pequeño techo. La “carretilla de Raúl”, según ha sido bautizado el artefacto, tendrá un precio de 800 pesos, gravamen éste que se sumará al reciente aumento del impuesto que han sufrido estos “cuentapropistas”. Por supuesto, otro negocio que favorece al gobierno.

El pretexto esgrimido esta vez por las autoridades es que los vendedores utilizan cualquier armatoste rodante para destinarlo a la venta, con el consecuente afeamiento de la ciudad, y que, además, existen muchos vendedores ilegales, de manera que la carretilla de Raúl servirá también para controlar las violaciones de aquellos que evaden la solicitud de una licencia de venta y con ello el pago del impuesto. Será, pues, una carretilla que otorgará legalidad a su propietario, una especie de certificado de garantía que en cierta forma apoyaría el trabajo de los inspectores.

Tan fingida inocentada en un país donde todo es corruptible, pretende ignorar que siempre existe la posibilidad de traficar con las nuevas carretillas, para beneficio de los pícaros, de manera que el argumento del supuesto “control” no pasa de ser un subterfugio para acallar posibles inconformidades. Por otra parte, es cierto que la mayoría de las carretillas de ventas presentan un aspecto deplorable, pero si de atentado al ornato de la ciudad se tratase habría que comenzar por eliminar los numerosos manantiales de aguas albañales, eliminar los vertederos de basuras y escombros, demoler los locales y edificaciones en estado ruinoso, dar mantenimiento completo a los edificios, reparar las calles y aceras, destupir las alcantarillas y clausurar centros insalubres y destartalados, como los llamados “comedores sociales” en los que se cocina y se distribuye comida para personas sin recursos, así como las sucias cafeterías estatales en las que lo mismo se vende ron, cigarros y condones, que alimentos ligeros de discutible calidad e higiene. Eso por solo mencionar algunos ejemplos notorios.

Solidarizada ya con las tribulaciones del carretillero que me exponía su disgusto y el de sus colegas de otras carretillas, le pregunté qué pensaban hacer, para apoyar desde mi blog su reclamo. “¡Qué quieres que hagamos, periodista! ¿No ves que si protestamos nos retiran las licencias! Nosotros no podemos hacer nada. Yo se lo cuento para que usted lo denuncie en Internet”.

¡Vaya, qué bien!, he aquí que yo soy a la vez el diván para la terapia de vendedores enojados y el vehículo indirecto de su anónima protesta. No pude dejar de sonreír. “Está bien, mi amigo, yo voy a hacer dos denuncias: una al gobierno por extorsionarlos a ustedes
y otra a ustedes por pusilánimes y aguantones. De paso, voy a advertir a los cubanos que se mantengan atentos a los precios que ustedes pongan en un futuro cercano, que quizás seamos nosotros quienes en definitiva acabemos pagando sus nuevas carretillas de reglamento”.

Tengo la impresión de que desde entonces mi carretillero ahora está disgustado también conmigo.

“Internet tiene alma propia”. Eliecer Ávila en una entrevista reveladora

Fotografía tomada de la web Cabaiguán

El título de este post es una frase de Eliecer Ávila, quien en el año 2008, siendo todavía estudiante de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), puso en ridículo al Presidente del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón, quizás sin proponérselo. En aquella ocasión el joven cuestionó públicamente y sin ambages la política migratoria impuesta a los cubanos por el gobierno.

El breve video que entonces circuló en Cuba con la velocidad de la pólvora de un ordenador a otro, marcó la iniciación de quien para entonces no sospechaba que había traspasado una línea prohibida: solo con la pregunta que hizo al alto funcionario Eliecer se había convertido en un disidente.

Transcurrió muy poco tiempo antes de que aquel joven, ya graduado de ingeniero informático, tomara contacto con la blogósfera independiente y con otros grupos de la sociedad civil, y creara su propio espacio de debate. Desde entonces se ha mantenido muy activo en el sector de la opinión cívica y política en defensa de aperturas democráticas para todos los cubanos.  Sin dudas, Eliecer tiene cualidades propias de un líder nato.

Por estos días Eliecer ha vuelto a ser noticia, no solo porque es el primer disidente cubano que viaja fuera de Cuba después de la aplicación de la reciente reforma migratoria del pasado 14 de enero, sino por las extraordinarias revelaciones que hizo en una entrevista grabada en video, realizada por la periodista y bloguera Yoani Sánchez, y que recientemente ha salido publicada en Internet.

Bajo el nombre de “Operación Verdad”, que es el tema central de la entrevista, en realidad se oculta toda una conjura de espionaje cibernético orquestada por el gobierno cubano desde la UCI, sirviéndose de sus estudiantes más talentosos y confiables. Eliecer expone con detalles la existencia de un operativo permanente, del cual él mismo fue parte importante, dedicado a combatir la actividad de la blogósfera independiente, a crear matrices de opinión en torno a asuntos de interés del gobierno, a monitorear todas las páginas y redes del ciberespacio que hicieran referencia a Cuba y a los líderes de la revolución, a hackear sitios oficialmente considerados hostiles e incluso a fundar la base de datos de Ecu-red, un ciber-engendro cargado de errores y disparates que se conoce informalmente como “la Wikipedia cubana”, fuente de dudosos conocimientos de la cual –como parte del adoctrinamiento del sistema– beben los escolares cubanos, en particular los de las enseñanzas primaria y media.

Paradójicamente, el contacto de estos jóvenes del ciber-comando castrista con nuestras bitácoras y con otros espacios de libre expresión de numerosas webs, así como su intensa relación con Internet, les abrió la perspectiva de una realidad diferente, contraria a los objetivos ideológicos que concibiera el gobierno en dicho programa, e inevitablemente los expuso a la atractiva contaminación de las ideas “enemigas”. Obviamente, la falsedad del sistema castrista resulta más evidente en tanto más posibilidades de información tienen los cubanos, lo cual explica por qué las autoridades impiden que se extienda el uso de Internet en Cuba. Eliecer es el vivo ejemplo de cómo los experimentos y las intrigas gubernamentales pueden terminar serruchando su propio piso.

“Internet tiene alma propia”, es la síntesis con que Eliecer interpreta su natural conversión: de ser un soldado de la ideología oficial, se trocó en un ciudadano que la combate. Cualquiera de nosotros, los blogueros libres de acá, otrora también cautivos del sistema, sabemos muy bien lo que significan sus palabras. En alguna medida todos somos conversos emergidos desde la oscuridad. Internet nos ha hecho más libres, nos ha permitido reencontrarnos y, sin duda alguna, nos seguirá ayudando a alcanzar la Cuba que queremos.

Pero, sobre todo, hay que agradecer la presentación al público de esta reveladora entrevista, la fluidez coloquial de las preguntas de la entrevistadora que nos mantienen interesados en la historia que se narra, y la valentía de un joven que conoce bien la índole peligrosa de los demonios que está convocando. No le dejemos solo en esta cruzada.

No quiero hermanos así

Con hermanos como estos no necesitamos enemigo común. Fotografía tomada de Internet

La reciente asunción del General-Presidente cubano al frente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la callada tolerancia o evidente complacencia de una treintena de naciones democráticas, incluso ante la arrogancia que permeó sus discursos, pone en evidencia el travestismo político de “nuestra América”.

Algunos detalles puntuales en las alocuciones de Castro II, como las lecciones que ofreció a sus ¿homólogos? en lo referente al tráfico y consumo de drogas basado en la experiencia cubana, sobre la utilidad estratégica de la pena de muerte, y el irrespeto mayúsculo que mostró a la voluntad de la mayoría del pueblo puertorriqueño –refrendada recientemente en su decisión soberana de mantenerse como estado libre asociado– cuando expresó su pesar por la ausencia de esa nación isleña al cónclave y su esperanza de que algún día forme parte del CELAC, son apenas una muestra de cuánto nos falta para avanzar en la región en materia de cultura democrática.

Los desatinos del General fueron acogidos por los impávidos representantes de las democracias latinoamericanas asistentes a la cita, quienes incluso aplaudieron las zoqueterías del anciano ex guerrillero, disfrazado de civil para la ocasión. Asistimos así, entre sonrisas, elogios y apretones de mano, a la alianza de los gobiernos democráticamente electos de esta región –en cuyos países existe pluripartidismo, libertad de movimiento, de expresión y de prensa, derecho de asociación, y otras ventajas ciudadanas que adornan a las democracias– con la longeva satrapía antillana, legitimando de esta manera a una dictadura. El nuevo principio latinoamericano es, según quedó explícito, pasar por encima de lo que han llamado “nuestras diferencias ideológicas y políticas” para consolidar “la unidad de nuestras naciones hermanas” y mantener “el respeto a la autodeterminación” de cada pueblo.

Obviamente, los más de treinta gobiernos de Latinoamérica  reunidos en Santiago de Chile decidieron que el totalitarismo impuesto en Cuba no solo es una “ideología”, sino que ha permanecido largamente en el poder gracias a la autodeterminación del pueblo cubano (aunque hay que reconocer que en esto último quizás tienen algo de razón). Acaso el petróleo de Chávez, el sutil detalle de que en La Habana radica la nueva capital de Venezuela, o las inversiones de algunas empresas  latinoamericanas en Cuba,  hayan tenido algo que ver con tanta empatía regional.

Tampoco me quedó claro qué compromisos contrae el gobierno cubano con la presidencia de la CELAC, qué ventajas deberían esperar de ello los cubanos y cuáles son las proyecciones a mediano y largo plazo en cuanto a progreso de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Al menos desde lo que transmitieron los medios de Cuba, los discursos estuvieron orientados más bien a las referencias históricas que justificaran nuestra supuesta identidad común, a la necesidad de superar la pobreza, y al imperativo de crear un frente común ante las poderosas economías de las naciones desarrolladas del Primer Mundo. Demasiados lugares comunes en las alocuciones. Como se ha hecho costumbre, hubo también muchos “qué” pero pocos “cómo”.

A este tenor, mientras hacia el interior de la Isla la dictadura no cede un ápice en materia de libertades ciudadanas, ostenta la presidencia de la organización que agrupa a las naciones democráticas de la región. El discurso agresivo del General, presentando la violencia de la experiencia cubana como carta legítima de gobierno, parece gozar de la complicidad de los asistentes a la cita regional y multiplicando la soledad e indefensión de los cubanos. Concluyó la Cumbre de la dictadura y, en lo que a mí respecta, si estos gobiernos son la representación de nuestros hermanos, prefiero ser hija única.