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Mis raíces haitianas

Martes, 26 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Mis ojos se humedecen cada vez que leo en la prensa y veo esas imágenes estremecedoras sobre la situación en Haití. Tal vez sea por sensibilidad. Quizás sea por mis raíces haitianas.

Mi padre fue el tercero de 12 hijos de un hombre, que a principios del siglo veinte emigró de Haití hacia Cuba. Vicente Diversent, mi abuelo, enseñó a sus hijos a hablar su lengua. Lástima que no tuvo tiempo de enseñársela a sus nietos.

No hablo creole y aunque los idiomas no son una barrera para trasmitir mensajes, en estos momentos desearía hablar la lengua materna de mi abuelo. Para poder decirle a los haitianos que también estoy sufriendo su dolor. El mismo dolor que mi abuelo sentiría si estuviera vivo.

Me siento como una espectadora ante una película de horror. Quisiera hacer más. Consolar a quienes han perdido a sus seres queridos. Ayudar a quienes buscan a los suyos bajo los escombros. Proteger a los miles de niños desamparados que perdieron a sus padres y por cuya suerte se ocupan ya la Unicef y numerosas organizaciones internacionales.

La realidad y el espacio físico no me lo permiten. Poco puedo hacer desde Cuba. A no ser cerrar los ojos, y pedir clemencia a Dios y a todos los santos. Y que le devuelva la esperanza a la tierra donde nació mi abuelo. No soy religiosa, pero la fe es lo único a  que podemos aferrarnos cuando sucede una catástrofe de esa magnitud.

A los hombres de buena voluntad, de cualquier país, pido tender sus manos a las haitianas y haitianos de todas las edades, que despavoridos tratan de huir del horror que han vivido y del desastre que hoy es su patria. Pido comprensión con los que pierden la calma ante el hambre y el desamparo.

Pero sobre todo pido que se callen aquéllos que por disputas personales e ideológicas, aprovechan esta terrible situación, para hablar de intervenciones militares en un país dominado por el caos y la desesperación. Y aprovechan la oportunidad para debatir acerca de los culpables históricos por la pobreza en Haití. Ayuden en lo que puedan, pero háganlo en silencio. Y si no pueden ayudar como quisieran, cállense.

Dudo que mi padre, a sus 71 años, pueda ya conocer a sus parientes en Puerto Príncipe. A mí, al menos, me queda el consuelo de escribir.  Y desde La Habana, desde este blog, en nombre de mi abuelo y de la familia cubana de apellido Diversent, descendientes de haitianos, envío un mensaje de amor y solidaridad hacia una tierra y una gente a la que nos une una misma raza y un tronco común.

Laritza Diversent

Foto: Mujer haitiana fotografiada por Swiatoslaw Wojkowiak, Flickr.

Sin libertad… tampoco para viajar!

Sábado, 23 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Una de las varias asignaturas suspensas del gobierno de los hermanos Castro es la falta de libertad para viajar que tienen sus ciudadanos. Si un amigo extranjero te invita a pasarte una temporada en su país, además de dilatados y engorrosos trámites burocráticos, al final, con los nervios de punta, tienes que esperar el permiso de salida que otorga el Departamento de Inmigración, una entidad adscrita al Ministerio del Interior.

Este departamento se abroga el derecho de autorizar o denegar si usted puede viajar o no. También si una persona es exiliada, dicho cuerpo militar es la que otorga el conducto para que un cubano pueda visitar su patria. Es denigrante. Estar casi implorando que te den el visto bueno para salir de Cuba y lo que es peor, que un compatriota tenga que pedir permiso para entrar en su terruño.

Para mí es la violación más flagrante de los derechos de las personas cometido por el gobierno de la isla. No importa que el individuo que quiera visitar a un amigo o unos parientes tenga un inmaculado historial y no posea antecedentes penales. Si Inmigración no te considera apto, pues usted no puede salir de la isla.

Es como un castigo. Algo así como pórtate bien si quieres conocer el mundo. Portarse mal, sobre todo, es disentir públicamente la forma que el Estado administra el país. Otra arbitrariedad mayúscula es cuando una persona se marcha definitivamente del país. No importa que sea propietario de su casa. Si vivía solo, no tiene la potestad de cedérsela o regalársela a quien desee.

No. Las leyes del gobierno se abrogan el derecho de apropiarse de la vivienda. Esto trae aparejado una cantidad de trampas y mentiras para burlar las injustas medidas que aplica el Estado. Toda persona cuando piensa marcharse de forma definitiva, ya con antelación inscribe a un amigo o familiar para no perder la morada.

Días antes de abandonar su patria, una inspección  del Instituto de Vivienda revisa tu morada y comprueba los muebles y artefactos electrodomésticos que posee. Si en el momento de viajar se comprueba que usted regaló alguno de esos objetos, su salida pudiera ser congelada.

Lo que hace la gente, es que regala o vende los muebles, nevera o televisores, antes que los inspectores de vivienda lo visiten. Es arbitrario. Les contaré una historia personal.

Mi madre Tania Quintero, periodista independiente, junto con mi hermana y mi sobrina se marcharon de Cuba, rumbo a Suiza, el 25 de noviembre del 2003, a raíz de la primavera negra.

Cuando se fue, no conocía a mi hija Melany que por esa fecha tenía 9 meses de nacida. Por ser refugiada política y persona non grata para los que dirigen mi país, la abuela materna de Melany tiene que contentarse con verla en fotos y charlar por teléfono cuando sus escasos recursos de jubilada le permiten llamar.

Probablemente muera en la pacata ciudad de Lucerna sin conocer a su otra nieta. El gobierno no ha dado la menor intención de abolir las absurdas medidas migratorias. Es cierto que en los Estados Unidos, por otra estúpida ley, no se permite que ciudadanos norteamericanos puedan viajar a la isla. A 90 millas de distancia, los dos países aún viven en el período de guerra fría.

Ambas comunidades, tan cerca geográficamente, y a la vez, tan distantes, por las políticas de sus administraciones, debemos insistir en hacer valer nuestros derechos.

Mi madre no tiene por qué morir a 9 mil kilómetros de distancia sin conocer a su nieta. No es razonable que alguien se lo impida. Pero los Castro se guardan en el bolsillo las papeletas para las personas entrar y salir. Y la abuela de Melany no es de su agrado.

Iván García

Sin el encanto de Hemingway

Domingo, 17 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

El Floridita, uno de los templos de Ernest Hemingway en La Habana (en la foto, con Errol Flynn, cuando el actor estadounidense visitó Cuba en 1959), pese a la estatua y los cuadros…

…y a los cientos de turistas que anualmente lo visitan, se toman un daiquirí y le tiran fotos al bar-restaurante, ubicado en Obispo esquina a Monserrate, en la Habana Vieja…

…hace rato perdió el encanto que tenía cuando el famoso escritor norteamericano era asiduo cliente. No porque el 2 de julio se cumplieron 48 años de su suicidio, si no porque en La Habana es muy difícil ocultar calles, viviendas y edificaciones en ruinas.

Texto y fotos de Laritza Diversent y

de Google-Imágenes.

Manifiesto para la aduana general de la República*

Domingo, 3 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

No vayan a prohibirme la nostalgia.

No decreten que ese dolor interno es subversivo.

Déjenme allá soñar que no me he ido

Como ahora sueño aquí que ya me fui.

Permitan el libre flujo del delirio

La entrada y la salida del espíritu.

No se dejen seducir por los papeles:

Nadie va a traficar con ilusiones.

Los fantasmas sinceros no usan joyas.

Los perros no perciben las imágenes.

El sufrimiento no sale en las pantallas

Planas y grises de los Rayos X.

Vuestros agentes especiales

¿deducen las metáforas?

No ilegalicen la tristeza.

Es solamente amparo, no hay peligro.

No le impongan impuestos

Al cariño, al vacío, la asfixia, la amargura.

Las ruinas de la patria están seguras.

Tranquilos compañeros. Ya nos vamos.

Raúl Rivero

* Último poema escrito en Cuba, antes de salir para el exilio en España, el 1 de abril de 2005.

Foto: Celso R. Rodríguez, Flickr