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‘Gusanos’ buenos y ‘gusanos’ malos

Viernes, 12 de Marzo de 2010 Voces Cubanas Comments off

Fue Fidel Castro, con sus habituales arremetidas vitriólicas, quien en un discurso pronunciado el 2 de enero de 1961 en la entonces Plaza Cívica, hoy de la Revolución, le puso el mote de ‘gusanos’ a los cubanos que osaran criticar a su revolución de verde olivo o decidieran marcharse de su tierra. Ese día también por primera vez empleó la palabra ‘gusanera’ como sinónimo de contrarrevolución.

A partir de 1959, más de 2 millones de cubanos han emigrado de su país. Hablemos francamente. Cierto que en las primeras oleadas migratorias, a principios de la revolución, la inmensa mayoría de los que huyeron de la Isla eran individuos que abiertamente odiaban a Castro.

Muchos habían perdido sus propiedades, de un golpe nacionalizadas por los barbudos que bajaron de la Sierra Maestra. Otros, pertenecientes a la pequeña burguesía local, hicieron las maletas y volaron hacia Miami, pensando que la ola revolucionaria del comandante único era un delirio pasajero.

En los primeros años, más de tres mil profesionales, excelentes médicos, ingenieros, arquitectos, académicos, intelectuales, casi todos representantes de la inteligencia ilustrada cubana, pusieron pies en polvorosa. Para denigrar a los recién exiliados compatriotas, la propaganda oficial los tildaba de batistianos, burgueses, latifundistas, explotadores… Y para rematar la sarta de insultos, la acostumbrada muletilla de ‘gusanos’.

Después las cosas cambiaron. En 1980, cuando el éxodo del Mariel, buena parte de las 120 mil personas que abandonaron el país que los vio nacer, era gente simple y humilde que nunca había tenido un duro, ni regenteado una empresa. Personas que habían sido educadas en escuelas donde todas las mañanas, luego de una arenga patriotera, con la mano en la frente, había que gritar “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”.

Como los cubanos de a pie no pueden salir libremente de su país, quienes desertan son los que pueden viajar: médicos, políticos, generales, artistas, peloteros y deportistas en general. Ciudadanos que mientras viven en Cuba, se destacan como “revolucionarios” y todo el tiempo viven con las máscaras de la doble moral puestas. En silencio asisten a las aburridas reuniones de los CDR y bien temprano van a votar en esa parodia de democracia que son las elecciones cubanas. Con una botella de ron y a ritmo de conga, asisten a marchas combatientes y manifestaciones en la Plaza de la Revolución. De ese modo cumplen con lo ‘políticamente correcto’. Para no llamar la atención y que para que el Partido y el Ministerio del Interior sigan confiando en ellos.

En el fondo de su alma, se la pasan esperando la oportunidad. Y a la primera de cambio, dejar atrás el socialismo tropical, la retórica absurda y los agobios materiales. A todos esos cubanos que votan con los pies (o sea, largándose), el gobierno de los Castro, los justifica diciendo que emigran en busca de mejoras económicas. Intenta poner a sus desertores al mismo nivel de mexicanos o haitianos, que desesperadadamente escapan de sus países. De admitir el discurso oficial, entonces hay que reconocer que en el aspecto económico, la revolución cubana fracasó.

Aún así, cuando uno se marcha de Cuba para vivir mejor, y sabe leer y escribir, como todos los cubanos que se van al exilio, si esa persona no es cínica, ni embustera, debe señalar a sus gobernantes como los grandes culpables de tantas penurias, que impulsan a los suyos a tirarse al mar en una balsa o casarse sin amor con un anciano español o italiano que bien podría ser su abuelo.

No se puede tener memoria corta. Aún recuerdo -cómo olvidarlo- cuando era un adolescente de 15 años, observar impávido los actos de repudios y agresiones físicas a los que decidían marcharse de la Isla. Luego, el viento se llevó al garete varios proyectos socialistas. El Muro de Berlín se vino abajo, y de la noche a la mañana, ese Estado de obreros y campesinos que fue la URSS, desapareció a velocidad inusitada. El mapa europeo cambió de color.

Pero la revolución de Fidel Castro, que ciertamente no fue instaurada por Moscú, se aferró como un poseso a bandera de la resistencia, el nacionalismo y las amenazas de las perfidias yanquis. Fue entonces cuando ocurrió un “milagro”. Los eternos ‘gusanos’ se convirtieron en mariposas. Para desgracia de los Castro, la escoria y los indignos cubanos, que no supieron reconocer la grandeza de su revolución, prosperaban y con el billete verde de su odiado enemigo, comenzaron a mantener a cerca de un 60 por ciento de la población cubana, según cifras extraoficiales.

Y ya en el siglo 21, sin los dólares estadounidenses ni los euros, entre otras divisas enviadas como remesas familiares, nadie en la isla puede hacer planes para arreglar su deteriorada vivienda, adquirir un un televisor, comprarle zapatos a los hijos o comer caliente dos veces al día.

Para el régimen, hay ‘gusanos’ buenos y ‘gusanos’ malos. Los buenos son los que viajaron a La Habana el 27 y 28 de enero de 2010, a reunirse con funcionarios del gobierno “en defensa de la soberanía nacional, la lucha contra el bloqueo y la liberación de los cinco héroes presos injustamente en cárceles del imperio”.

La reunión se celebró en el Palacio de Convenciones, al oeste de la ciudad, bajo un largo título: “Encuentro de Cubanos Residentes en el Exterior, Contra el Bloqueo y en Defensa de la Soberanía Nacional”. Según el periódico Granma, asistieron 300 delegados procedentes de 44 naciones, de ellos 144 de los Estados Unidos.

No importan que poco o nada hayan logrado estos ‘gusanos’ buenos. Todavía es necesario pedir permiso al Estado para poder viajar al exterior o visitar tu propio país. Si te marchas de forma definitiva, pierdes tu casa y otras propiedades. Y los cubanos que piensan diferente al discurso oficial, es decir los ‘gusanos’ malos, lo apartan de cualquier diálogo como si tuvieran la peste bubónica.

Estoy a favor de cualquier diálogo. Pero abierto a todos. No sólo para aquellas personas que desde la distancia aplauden, hasta enrojecerse las manos, la manera que los hermanos Castro rigen los destinos de Cuba.

Quisiera ver caminar por los pasillos del Palacio de Convenciones, al político liberal Carlos Alberto Montaner, residente en Madrid, charlando ensimismado con Haroldo Dilla, economista marxista que decidió vivir en Santo Domingo.

Cuánto me gustaría distinguir la recia humanidad del poeta Raúl Rivero, picando canapés de jamón y queso en el restaurante Bucán, junto al escritor Miguel Barnet, mientras otro bardo, Roberto Fernández Retamar se le acerca y le dice que esa noche lo espera en su casa para hablar de poesía.

O que mi madre, Tania Quintero, a la que una vez fue su amiga y compañera en faenas periodísticas, Rosa Miriam Elizarde, pueda preguntarle por su familia y su trabajo. Tampoco estaría mal que el prestigioso periodista Max Lesnik, con quien en el periódico El Mundo/América comparto un blog a dos manos titulado 90 Millas, me llamara y quedáramos para tomarnos un café en el hotel Parque Central, y allí civilizadamente disentir.

Por ahora nada de eso es posible. Los ‘gusanos’ buenos debieran empujar al gobierno a emprender el camino de la tolerancia y el respeto a las discrepancias. Entonces, esos encuentros de emigrados tendrían razón de ser.

En todo caso Max, si visita La Habana, pase usted a verme.

Iván García

Foto: Max Lesnik con Fidel Castro, del documental The Man of Two Havanas, realizado en 2007 por Vivien Lesnik Weisman.

Hay muertos que salen muy caros

Miércoles, 24 de Febrero de 2010 Voces Cubanas Comments off

Hay muertes que se pueden evitar. La de Orlando Zapata Tamayo es una de ellas. Deja un mal sabor de boca al gobierno cubano. Que en pleno siglo 21, un hombre muera producto de una extensa huelga de hambre para reivindicar un puñado de derechos, siempre va a resultar una bofetada a los más elementales principios de la condición humana.

No es problema de soberbia o de dejar claro quién lleva la razón. El implacable poder de un Estado, no debe, no puede, aplastar sin miramientos la vida de un ser humano. Sobre todo cuando esa persona estaba purgando una sanción injusta de 36 años tras las rejas.

La fuerza del que tiene el poder radica en saber hacer buen uso del mismo. El gobierno de los hermanos Castro, no se va anotar ningún mérito con sucesos como los de Orlando Tamayo Zapata. Todo lo contrario. De muchas maneras, pudieron y debieron, impedir su muerte.

Ahora este cadáver tiene un simbolismo demasiado grande. Hay muertos que salen muy caros. No se puede hablar con políticos de otras latitudes y sostenerle la mirada, cuando usted sabe que tiene en la cárcel a más de 200 presos de conciencia.

No se puede charlar de ética y humanidad cuando en una cárcel de la Cuba profunda, por una huelga de hambre, fallece un hombre de 42 años, negro y de origen humilde, como Orlando Zapata Tamayo. El punto no es discutir de ideología o desbarrar sobre los grupos y personas que piensan distinto.

Lo que el gobierno de mi país debiera grabarse con tinta imperecedera, es que la necedad y el capricho no son armas útiles a la hora de regir los destinos de una nación.

Ya no está Zapata Tamayo. Dejó de existir el 23 de febrero a la 3 y 15 en el hospital Hermanos Ameijeiras, a donde fue conducido por las autoridades del penal, cuando su defunción era inminente.

Su muerte es un mensaje de ida y vuelta, de lo que no se debe hacer en política de estado. Antes tenían un opositor, sin un arma, que reclamaba cosas que se podían negociar, ahora tienen un mártir.

No es primera vez que en cárceles cubanas, producto de una huelga de hambre, muere un opositor pacífico. Ya el 24 de mayo de 1972 el líder estudiantil Pedro Luis Boitel, excompañero de Fidel Castro, falleció por la misma causa.

Mientras tecleo esta nota en la mañana del 24 de febrero, me vienen a la mente otros muertos. Los 4 pilotos de las avionetas Hermanos al Rescate, derribado en aguas internacionales por aviones de combate de la fuerza aérea revolucionaria, en 1996. Con aquella acción, desde La Habana Fidel Castro  le dió el bolígrafo al entonces presidente Bill Clinton, para que firmara la injusta Ley Helms-Burton.

Siento indignación. Ni siquiera conocí a Orlando Zapato Tamayo. Charlando con  algunos de sus compañeros en el Movimiento Alternativo Republicano, percibo que estoy lejos de compartir su ideología. Pero a estas alturas de la revolución, se debiera detener la maquinaria de odio y violencia.

Nada resuelve. Sólo incrementa la escalada de resentimientos y polariza los razonamientos políticos. Por parte del gobierno de Raúl Castro -cuyo segundo aniversario de su nombramiento como presidente coincide con este deceso-  falta cordura, diálogo y deseos de destrabar la penosa situación económica y política de Cuba, y de la cual él y su hermano son los principales responsables.

Creo que fue el ícono de la lucha por los derechos civiles, Mahatma Gandhi quien dijo que las huelgas de hambre son un arma efectiva cuando logran ablandar el corazón de tu enemigo. A todas luces, la huelga de hambre de Orlando Zapata Tamayo, no pudo ablandar el corazón de los Castro.

Iván García

Orlando Zapata Tamayo cambia la vida por la libertad

Jueves, 18 de Febrero de 2010 Voces Cubanas Comments off

Si viviésemos en un mundo civilizado, donde el orden jurídico fuese respetado, las prácticas del régimen castrista serían motivo de enjuiciamiento público cuando se configura un nuevo escenario de tragedia, del cual los detentores del poder en Cuba son los primeros responsables, al evidenciar una crueldad alucinante en esta nueva demostración de total irrespeto por el ser humano.

Orlando Zapata Tamayo, prisionero político, opositor pacífico en el reino de los hermanos Castro, es una víctima más a añadir a la larga lista de crímenes del régimen dictatorial instalado desde hace cincuenta años en Cuba. Ni siquiera al borde la muerte, sus carceleros, con Fidel a la cabeza y Raúl de ejecutor, son capaces de hacer una introspección y tener un gesto de respeto por la vida humana.

Leer más en: Cuba Puntos de Vista

La fortaleza, los libros y la ciudad

Miércoles, 17 de Febrero de 2010 Voces Cubanas Comments off

La Habana desde La Cabaña

Del 11 al 22 de febrero, La Habana es centro de la 19 Feria Internacional del Libro. Luego, durante un mes, las principales ciudades cubanas, recibirán la muestra de manera itinerante.

La sede, la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Una edificación en forma de polígono, compuesta por numerosos baluartes, fosos, cuarteles y almacenes. Su construcción se inició en 1763 y finalizó once años después, en 1774. Es la más grande de las edificaciones militares construídas por España en América. Además de alojamiento para las mejores unidades del ejército español en Cuba, sirvió para resguardar a La Habana de los ataques de corsarios y piratas.

Por orden de Fidel Castro, el 3 de enero de 1959, Ernesto Che Guevara ocupó La Cabaña y estableció allí su comandancia. A partir de esa fecha, se transformaría en una unidad militar de los guerrilleros. Y también en una gigantesca prisión. En sus húmedas celdas -las mismas donde ahora alegremente se venden títulos literarios- se hacinaban cientos de presos políticos y comunes.

En los patios, donde hoy corren fascinados los niños y juegan a los escondidos detrás de robustos cañones del siglo 18, se fusiló en serie. Se cuenta que en los primeros días de la revolución, el Che habría supervisado personalmente fusilamientos de partidarios de Batista acusados de crímenes. En esos mismos fosos también fueron fusilados opositores de Castro. En 1991, tras varios años de remodelación, la antigua fortaleza fue convertida en el Parque Histórico Militar Morro-Cabaña.

La 19 edición de la Feria del Libro se dedicó a Rusia. En varios pabellones se venden a granel autores como Tolstoi, Chéjov, Gogol y Pushkin. No vi ningún libro de Solzhenitsin, Pasternak o Nabokov. De quien sí deben haber vendido ejemplares, es de Evgueni Evtushenko, símbolo del deshielo post-estalinista. Porque el polémico poeta es uno de los más de 200 intelectuales, escritores y artistas rusos, entre ellos el Ballet Bolshoi, que viajaron a la Isla como invitados especiales, a propósito de la Feria.

Hace 18 años, Rusia dijo adiós a la ideología comunista, pero en Cuba, un aliado tan fiel de Mosú que en 1976 incluyó un acápite en la Constitución resaltando las “relaciones indestructibles entre ambas naciones”, todavía consideran disidente cierta literatura, música y cine rusos.

Al haber sido dedicada a Rusia, esta Feria ha traído un chorro de nostalgia a partidarios de los hermanos Castro. Comenzando por el presidente, quien nunca ha ocultado su veneración por la epopeya soviética durante la Segunda Guerra Mundial. Según el profesor Jaime Suchlicki, de la Universidad de Miami, “el ejército soviético parece haber fascinado siempre a Raúl, quien exhibe fotografías y estatuas de generales soviéticos en su oficina de La Habana”.

Junto con el canciller ruso Serguéi Lavrov, el general Raúl Castro presidió la inauguración, el jueves 11. En jornadas posteriores, la gente se volcó en masa a los diferentes recintos de La Cabaña.

La Habana – Feria del Libro 2010

Entre una vista impresionante y única de La Habana, y una multitud de libros y quioscos con una amplia oferta gastronómica en las dos monedas que circulan en la Isla (el peso cubano y el peso cubano convertible), miles de personas se apiñaban en los pabellones en busca de novedades literarias.

En pesos, la moneda nacional, se vendieron pocos libros de pegada. Más de lo mismo. A la entrada, regalaban el título Niños del Milagro (Editora Abril, 2004), sobre operaciones de los ojos a niños venezolanos, escrito por los periodistas cubanos Katiuska Blanco, Alina Perera y Alberto Ñúñez. En medio de una muralla humana y con un poco de suerte, podías adquirir novelas de plumas universales o policíacos del español Juan Madrid.

Por moneda dura la oferta era amplia. Sobre todo para los niños. Ricardo Rojas, 43 años, sentado con su hija de espaldas al mar, con un sol brillante y un viento molesto, comenta: “Gasté 54 pesos cubanos convertibles (unos 50 dólares) en libros para mi hija. Cuando llegue a la casa tendré que aguantar la discusión de mi mujer, por la plata dilapidada sólo en libros. Pero son obras didácticas que le servirán en su formación”.

Al menos Rojas pudo darse ese lujo. La mayoría se lo piensan dos veces a la hora de abrir el monedero. Los libros son caros, tanto los vendidos en pesos, como los de moneda convertible. Nora Díaz, estuvo cinco horas con sus tres hijos dando vueltas como un trompo por todos los pabellones. En su bolso tenía 120 pesos (4 dólares) y 6 pesos cubanos convertibles (5 dólares) para gastar entre libros y algo de comer.

Al final compró un par de cuentos infantiles de un autor ruso, un libro de cocina y cuatro manzanas, que ella y sus hijos se comieron sentados desde lo alto de la Fortaleza de la Cabaña, mirando las quietas aguas de azul intenso del Oceáno Atlántico y los escasos barcos fondeados, esperando para entrar en el puerto habanero. Nora no cree que fue una jornada perdida. “Es un remanso de tranquilidad ver desde aquí la ciudad. Regresamos con pocos libros, pero ilusionados”, dice hechizada con el espléndido paisaje.

A pesar de su pasado tenebroso, la visión que ofrece el recinto de La Cabaña es fabulosa. Sólo para contemplar La Habana desde el otro lado de la bahía, vale la pena desafiar las colas, las carteras vacías, los disgustos cotidianos y el deficiente transporte público. Haya o no haya Feria del Libro.

Iván García

Fotos: CaIQBN, Flickr e Iván García

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Impuesto (tax) revolucionario

Jueves, 11 de Febrero de 2010 Voces Cubanas Comments off

Es un como un casino. Pura especulación. Los economistas del gobierno cubano  nada tienen que envidiar al mago financiero George Soros. Desde el 25 de octubre de  2004, cuando Fidel Castro decretó el impuesto de un 18 por ciento al dólar estadounidense y un 8 por ciento al resto de las divisas, sólo por ese concepto Cuba ingresa más de 600 millones de moneda dura al año.

Les explico. No hay truco alguno. De los mil millones de dólares por concepto de remesas anualmente enviados por los cubanos exiliados en la Florida, el gobierno se embolsa 200 millones. Sin invertir un duro.

Si damos como válida la entrada a la Isla de dos millones de visitantes al año, nórdicos ingenuos, excitados españoles en busca de mulatas, canadienses relajados huyendo del frio y miles de cubanos-americanos que vienen a visitar a sus familiar, a todos sin excepción,  cuando hacen el cambio de moneda, el gobierno les aplica el impuesto revolucionario.

Como buenos descendientes de gallegos, los Castro son reacios a dar cifras, sobre todo cuando se habla de plata. Entonces uno tiene que sacar cuentas sobre el papel. A esos 600 millones, agreguemos 200 millones por el impuesto aplicado a los turistas, suponiendo que cada uno de ellos, como promedio, canjee 3 mil dólares o euros.

Y para finalizar la operación Robín Hood que se viene aplicando en Cuba, sumemos otros 200 millones de dólares proveniente de los altos precios en los establecimientos que venden u ofrecen servicios en divisas. Desde el 2004, productos básicos como aceite, jabones,  detergentes y ropas de vestir se venden exclusivamente en cuc o pesos cubanos convertibles, la moneda de paja que encubre al dólar gringo.

100 dólares en 2002 significan 60 en el recién estrenado 2010. Es simple la aritmética. 20 dólares que pierdes cuando cambias en los bancos estatales y otros veinte que sin compasión te chupan impuestos que en ocasiones superan el 240 por ciento cuando vamos de compras a las tiendas recaudadoras de divisas.

En su momento, el comandante único justificó ese tipo de impuesto abusivo  porque el Departamento del Tesoro de Estados Unidos,  con sus regulaciones producto del embargo, hacía imposible comerciar con el dinero yanqui. Fue a raíz de que los americanos en el banco suizo UBS descubrieran 4 mil millones dólares procedentes de operaciones con Cuba y que el gobierno de La Habana alegó procedían de las ventas en tiendas recaudadoras de divisas.

Siempre me he preguntado por qué guardalo tan lejos. Después vino la operación desplume. Incluso el “bueno” de Castro, una mañana soleada del 2005, dijo a la prensa extranjera, que con esa plata se estaba sufragando la cacareada “revolución energética”, como él le llamó a la sustitución de millones de artefactos electrodomésticos de la era prehistórica en casi todos los hogares cubanos.

Neveras americanas de los años 40, ventiladores caseros con motores industriales, que hacían tanto ruido como un avión al despegar, y televisores rusos con pantallas en blanco y negro. Repartió ollas arroceras, televisores y neveras chinas de baja calidad. Además de pagar los nuevos equipos, las personas tenían que entregar los viejos.  Y lo mejor del caso fue, que la operación de ahorrar combustible y sustituir arcaicos equipos electrodomésticos, lo pagaron los exiliados cubanos, también los turistas y visitantes foráneos con el impuesto del gobierno a las divisas. Negocio redondo.

Alan Greenspan hubiera palidecido de envidia. Con un gobierno que no le quita el dinero a los ricos, como hacía el héroe de los bosques de Sherwood. No. Castiga a los emigrados cubanos que tienen hasta dos trabajos en Miami y viven en un piso barato y a golpe de sacrificios, para poder enviar dinero a su familia en Cuba.

El gobierno siempre comete un error de cálculo garrafal, cuando supone, que por tener un coche de segunda mano, ordenador Apple, móvil Motorola, aire acondicionado y una antena satelital, un cubano es un tipo rico. A lo mejor se miran en su espejo. Como ellos suelen tener toda esa parafernalia y el resto del pueblo no, presumen que a los “gusanos” de Miami les sobra el billete verde.

Lo de colocar un impuesto revolucionario sin que las personas lo deseen no es nuevo. El grupo terrorista vasco ETA, puso de moda el pago de grandes sumas de dinero a empresarios y banqueros, como una de las maneras de poder mantener sus acciones de terror contra el gobierno español.  También grupos de izquierda han atracado bancos o secuestrado a personas adineradas, para luego exigir una buena cantidad de plata. Todo vale en pos de conquistar la Dictadura del Proletariado.

De las tantas omisiones que los hermanos Castro callan, el impuesto revolucionario a las divisas es una de ellas. Como también obvian que desde hace 16 años son los exiliados y sus parientes en Cuba, los que en un alto grado mantienen la raquítica economía insular.

Se conoce que la economía cubana está en bancarrota. Y es con esas prácticas reprobables que se mantienen a flote. Lo menos que debieran hacer los Castro, tan dados a museos y estatuas, es erigir un gran monumento, en el corazón de La Habana, a los cubanos de la diáspora que le dan oxígeno a su economía.

Iván García

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El día después

Martes, 26 de Enero de 2010 Voces Cubanas Comments off

Donato, 67 años, un viejo de ropas raídas que suele vender periódicos por los alrededores de la Plaza Roja de La Víbora, está convencido de que Fidel Castro es cadáver hace rato. Piensa igual Abelardo, 54, ingeniero civil. Según él, “no se le ha informado al pueblo de su muerte, para que no sucedan disturbios”. En Cuba, cada persona tiene su propia versión de la enfermedad del comandante único.

A falta de información veraz, la gente inventa rumores. Carlos, 21, estudiante universitario, ante un grupo de jóvenes escépticos, jura por su madre que leyó una noticia por internet, donde decían que Fidel Castro había entrado en coma profundo. Así sucede en cualquier rincón o esquina de la isla.

Nunca la muerte de un hombre ha despertado tantas expectativas. Cuando en la otra orilla, es decir en la Florida, se desata un rumor, a prisa éste llega a las costas cubanas. Muchas personas tienen familiares en el estado del sol o de forma ilegal ven televisión por cable, y no pocas veces, incluso en plena madrugada, como le ocurrió a Jesús, un obrero de 34 años. Un amigo lo despertó a las 3 de la mañana para decirle, con emoción contenida, “se jodió Fidel, lo vi por el canal 41”.

Son tantas las veces que en Miami han matado a Castro, que en la isla se lo toman con calma. “El día que se muera de verdad no lo voy a creer”, dice Deborah, 29, maestra de primaria. Ya han pasado 3 años y casi 5 meses del 31 de julio de 2006, cuando el ex secretario personal de Castro, Carlos Valenciaga, con voz grave, por la televisión nacional anunció que el Comandante renunciaba al poder por enfermedad.

Desde entonces, los cubanos viven al filo de la navaja. No porque les interese particularmente la salud de su antiguo presidente. No. El punto clave para la mayoría es qué va a pasar cuando muera Castro. Algunos en Cuba dan por sentado que su hermano, el general  Raúl, no emprende reformas esperando la desaparición del patriarca.

No lo creo. Pienso que Raúl Castro no será el Gorbachov caribeño. Los hombres del cambio en Cuba están quizás en el poder, con las máscaras puestas, obedeciendo órdenes con la cabeza baja. Esperando su momento. O caminan de forma anónima por las calles del país. Soy escéptico y no considero que de la oposición cubana salga un líder de valía para el futuro. Casi todos hablan de democracia y aparentan ser demócratas, pero actúan como pequeños caudillos.

Y eso es lo que les preocupa a los cubanos de a pie. El día después de Fidel. Dan por descontado que Raúl es un presidente de transición. Por tanto, la salud y cercana muerte de Fidel Castro, no es un problema de odio personal. Es simplemente descubrir como será el futuro sin el anciano comandante.

Y hasta hay personas que hacen apuestas, como Amador, 43 años, desempleado. Dos años atrás,  junto a doce amigos hizo una porra: el que se acerque o acierte en la fecha de la muerte de Castro, se gana 1,200 pesos cubanos convertibles (unos mil dólares). Amador había predicho que Dios se  iba a llevar a Castro I el 31 de diciembre del 2009. Siente que falta poco. Muy serio, dice que no es nada personal contra Fidel. Es sólo una apuesta. Y él quiere ganar.

Iván García

La intifada de OLP

Miércoles, 20 de Enero de 2010 Voces Cubanas Comments off

El escritor Orlando Luis Pardo (OLP), 34 años, es como una caja con botones. Usted aprieta una tecla y salen a chorros las ideas. OLP está sobrado de talento. Ha publicado varios libros de cuentos. Tiene un par de blogs, de los mejores que se hacen en esta Cuba del siglo 21. Es fotógrafo de alto vuelo y hace unas semanas, asistí asombrado a un performance que OLP montó con uno de sus formidables poemas.

Es un tipo callado y en exceso paranoico. Como suele serlo cualquier persona que allá nacido en un régimen anormal, donde cualquier cosa es sospechosa y delictiva. Orlando Luis no recuerda el momento justo en que comenzó su intifada personal con la maquinaria siniestra del poder castrista.

Es probable que hubiera ocurrido cuando desaparecieron las croquetas de ‘averigua’ , que uno nunca sabía de que estaban confeccionadas. Tal vez aquella masa gris viscosa con unas  minúsculas bolitas de color rojo dentro, a finales de los años 80, haya sido el punto inicial de partida de su particular rebelión.

Porque Orlando Luis públicamente ha confesado que comía montones de las populares croquetas. Y al éstas desaparecer, junto al yogurt saborizado y las compotas rusas, en los años duros del período especial, pueden haber empezado las contradicciones serias de OLP con un régimen cerrado a cal y canto a criterios dispares.

En 1993, entre apagones de 16 horas diarias, masa cárnica y l picadillo de soya, Orlando escapó de la locura leyendo como un poseso y derramando su talento innegable en la  poesía y la prosa sobre un viejo modelo de factura de alguna empresa y en el que sólo se podía escribir por una cara.

Además del hambre real, OLP estaba más allá de los cojones de Papá Estado. Aún recuerda, cómo no, su primer blue jeans, y el día que probó la Coca Cola. Como quien trae un tesoro valioso, un marinero amigo de la familia se apareció con la lata de refresco envuelta en papel de regalo.

Toda la familia se sentó a celebrar el acontecimiento en torno a una vieja mesa, larga y rectangular, de caoba oscura. El padre, se dio el trago inicial. Después, fueron pasándosela y tomando un sorbo. Uno solo. Como algo sagrado, guardaron la lata con la Coca Cola dentro del  viejo refrigerador Philco. OLP recuerda que duró casi una semana: después de la comida, cada uno tomaba un sorbito.

Tanta miseria espiritual y material lo convirtió en un tipo descreído del socialismo real de Fidel Castro. Hoy es una de las mejores plumas entre los escritores jóvenes. cubanos. Con sus temores y sus dudas a cuestas, con el farolillo rojo de la paranoia siempre prendido, con desbordada imaginación OLP dispara sus misiles desde la barriada de su Lawton natal.

Él no sabe cómo cambiar el estado de cosas. Sólo quiere ser un hombre libre. Quedar bien consigo mismo. Ser feliz en las madrugadas cerradas y sin estrellas junto a su novia, mientras esperan el P-2 que los llevará a casa. Y créanme, lo está consiguiendo.

Iván García

Disidencia cubana: más ego que talento

Domingo, 10 de Enero de 2010 Voces Cubanas Comments off

Hasta el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, intuyó que la oposición de la isla derrocha su talento y energía en luchas sórdidas y estériles. En respuesta al cuestionario que le realizó la bloguera Yoani Sánchez, el mandatario estadounidense, entre otros aspectos, destacó que la oposición cubana no suele ponerse de acuerdo entre sí.

Es cierto. Riñen demasiado, por temas baladíes. Parecen niños grandes y malcriados. Repletos de bajas pasiones. Y con un ego sobrado. Son dados a la difamación, y a la primera de cambio se comportan como animales en celo cuando notan que pierden protagonismo.

Es una oposición inmadura y poco diplomática. Una disidencia de república bananera. Si estos disidentes con más ego que talento, van a ser los que rijan los destinos de los cubanos, seré el primero que el día después que desaparezca el régimen de los hermanos Castros, tomaré rumbo al exilio.

El trasfondo de las incomprensiones entre los numerosos grupos de la oposición, casi nunca es por un determinado proyecto político. La fajatiña es o por dinero o por tener mayor influencia de liderazgo dentro de la oposición en la Isla. Luchan con saña por aparecer como interlocutores válidos con el gobierno de Estados Unidos o con la Unión Europea.

Es lícito y sano que se difiera. Y que cada partido, organización o movimiento demuestre que su estrategia de futuro es más viable. Bien. Lo que no se entiende es por qué, cuando alguien no coincide con sus propuestas, cae sobre esa persona o grupo, un volcán de lodo y una catarata de insultos.

La disidencia interna tiene un valor que nadie puede negar. Oponerse a un gobierno como el de los Castro es digno de aplausos. Además de estar hostigados y penetrados por la Seguridad del Estado, están amenazados por leyes, como la 88 o ley mordaza, que te envían tras las rejas por 20 años o más, sólo por discrepar y pedir un espacio político.

Pero, al menos para mí, la disidencia ha perdido el camino. También sus perspectivas. Ocupados como están, peleándose e insultándose, no se han percatado de la ausencia de un proyecto viable y sólido para ese futuro que se nos viene encima.

Son como cotos cerrados de caza. Enfocados a la prensa extranjera y a los mandatarios occidentales, poco o nada hacen para ampliar sus bases partidistas. A falta de espacio en los medios locales -por razones obvias- no intentan convencer, hablándole a los ojos, al cubano de a pie, hastiado y disgustado tras 50 años de un sistema ineficiente y que no satisface las expectativas personales de casi nadie.

En vez de propuestas irrealizables y descabelladas, bien podrían remangarse la manga al codo y aprovechando el poco resquicio legal que les da la Constitución de la República, involucrarse más en los asuntos de su comunidad. Y en los variados y múltiples problemas de escasez material y ausencia de valores que afecta a todos.

Literalmente a todos. Seas partidario o no de los Castro; liberal, socialista, marxista o cristiano; de izquierda o de derecha. Desde la violencia en ascenso, la falta de agua potable, el mal estado de las calles y las viviendas, la caída en picada de la calidad en la enseñanza y el lastimoso deterioro de la salud pública, en una época orgullo de Fidel Castro y una de las vitrinas del socialismo nacional.

Los disidentes debieran darse a conocer entre sus conciudadanos y asumir un papel de liderazgo, abierto al debate democrático. Cambiar el discurso y respetar las diferencias entre ellos, sería un primer paso. De continuar el actual estado de cosas, seguirán sumidos en la mediocridad y el descrédito.

Obama, quizás por diplomacia, no profundizó en el tema. Hay numerosas personas dentro del periodismo independiente y en grupos subterráneos de jóvenes intelectuales, que están tan cansados del añejo gobierno de los Castro, como de las peripatéticas posturas de la oposición criolla.

No solamente debe cambiar el sistema en el cual hemos vivido durante medio siglo. También debe transformarse la disidencia local. De seguir con las disertaciones panfletarias, la letanía y el caudillismo personal a la hora de hacer política, la futura sociedad cubana nacerá lastrada.

Habrá, sí, un cambio de nombre y de personas en la dirección del país. Pero será como tener un Fidel Castro vestido de civil. Al menos yo, no deseo ese porvenir para mi patria.

Iván García

Foto: MRLG, Flickr

La gente quiere cambios

Sábado, 2 de Enero de 2010 Voces Cubanas Comments off

Rubén, 22 años, estudia el cuarto año de la carrera de filosofía y es un optimista en estado puro. Sentado en el muro del malecón, cierra los ojos y junto con el paisaje, visualiza el cambio que desea para Cuba.

-Yo quisiera que se respetaran las ideas diferentes y las discrepancias, que hubiera más de un partido político y a los cubanos de la isla y del exilio, se les permitiera invertir en pequeñas y medianas empresas. También que haya una nueva Constitución, y se pueda entrar y salir libremente del país, sin permiso gubernamental. Eso, sólo para empezar.

Cuando se le pregunta en cuál sistema social preferiría vivir, una vez efectuados los cambios deseados, Rubén medita unos segundos y muy serio responde:

-Pocos querrían este socialismo caudillista y de pobreza material que hemos vivido, aunque reconozco que nadie tampoco querría la peor versión del capitalismo salvaje, corrupto y repleto de nepotismo como el de Rusia, China y otros países asiáticos.

En el otro extremo de la ciudad, Alberto, 66 años, ex militar jubilado, es el único entre once encuestados que apuesta por pocos cambios.

-A noventa millas está el lobo esperando que nos debilitemos. Los mercenarios dentro de Cuba y la mafia de Miami nos pasarían la cuenta. Creo que hay que hacer algunos cambios, como vender autos y que haya internet, pero con la derecha miamense y los disidentes internos, no se puede negociar en lo más mínimo. Cuba debe hacer un socialismo del siglo 21, como el que está intentando Hugo Chávez en Venezuela o Rafael Correa en Ecuador.

Cuando se le señala que en esas dos naciones se permite la existencia de opositores, pone cara de perro y agrega:

-Sí, es cierto, pero mira los dolores de cabeza que le están dando. Nosotros debemos hacer cambios, pero a los opositores hay que tenerlos con la bota encima.

Fidel Castro jamás le ha quitado el pie a la oposición. La evidencia es que existen más de 200 presos políticos. Cuba es el único país de las Américas que encarcela a sus ciudadanos por organizarse políticamente o escribir lo que piensan.

Los otros diez encuestados desean un cambio más o menos radical. Quieren que cualquier transformación futura sirva para mejorar su economía personal. Es el caso de María, 43 años, obrera: aspira a que cosas simples, como desayunar pan con mantequilla o almorzar un buen bistec de res, no sea un lujo inaccesible. Aunque a ella no le interesa la política, también rechaza el socialismo de los hermanos Castro.

Arturo, 28 años, músico, a gritos pide cambios, sobre todo en la política cultural.

-Que vengan Juanes y Kool and the Gang, pero que también en su patria puedan actuar Isaac Delgado,  Pancho Céspedes y Paquito D’Rivera. Que se vendan cds de Celia Cruz y a Gloria Estefan la pasen por la radio. Que en las librerías podamos comprar libros de Guillermo Cabrera Infante, Daína Chaviano y Reinaldo Arenas. En pocas palabras, que Cuba sea de todos los cubanos sin distinción, los de adentro y los de afuera.

Los once encuestados son un botón de muestra de cómo piensa la gente en La Habana. Salvo uno, el resto quiere que las cosas cambien a fondo y haya libertades. Lo anhelan los personas comprendidas entre los 16 y 40 años y también las que  ya cumplieron los 50 y 60, quienes casi toda su vida la invirtieron en la revolución personal del comandante único.

Yunel, 37 años, ingeniero, se considera izquierdista y apuesta por un socialismo de rostro humano como el de Noruega, Suecia, Dinamarca o Finlandia. O una democracia como la suiza.

A propósito, en los años 40, durante un debate en el Capitolio Nacional, al responder a quienes pretendían que Cuba se convirtiera en la Suiza de América, el senador Orestes Ferrara, con fino humor, contestó que para lograr el standard de vida deseado por esos soñadores, se debía exportar suizos a la Isla.

Yunel conoce esa anécdota y dice que le hubiera gustado haber vivido en aquella etapa, cuando en Cuba había democracia y pluripartidismo. Confiesa que es un iluso. Pero nada le cuesta seguir pensando en grande.

Iván García