
La prensa oficial cubana insiste en justificar el monopartidismo. Entre los argumentos se afirma que los fracasos revolucionarios estuvieron en la falta de unidad, que Martí creo un solo partido, que la existencia de la nación depende de la conservación de esa unidad y que el multipartidismo sería aprovechado por el imperialismo. La última manifestación de estos reiterados criterios apareció en el periódico Tribuna de La Habana, el domingo 15 de agosto, bajo el título ¿Qué lugar ocupa el PCC en el mantenimiento de la unidad revolucionaria?
Para demostrar esa combinación de medias verdades y absurdos, cito seis párrafos que contienen las ideas esenciales expuestas por José Martí acerca de las razones y funciones que lo llevaron a la fundación del Partido Revolucionario Cubano (PRC).
1- En enero de 1880, en Nueva York, Martí presentó un estudio crítico de los errores de la Guerra de los Diez Años que culminó en el Pacto del Zanjón. En ese análisis dijo: “Los que intentan resolver un problema, -no pueden prescindir de ninguno de sus datos…”1, y en consecuencia señaló múltiples causas, entre ellas el efecto negativo de la falta de unidad.
2- En julio de 1882, en Carta a Máximo Gómez acerca las guerras pasadas, esbozó los objetivos del Partido así: “…sólo aspiro a que formando un cuerpo visible y apretado aparezcan unidas por un mismo deseo grave y juicioso de dar a Cuba libertad verdadera y durable todos aquellos hombres abnegados y fuertes, capaces de reprimir su impaciencia en tanto que no tenga modo de remediar en Cuba con una victoria probable los males de una guerra rápida, unánime y grandiosa…” 2.
3- En las Resoluciones de noviembre de 1891, consideradas como el prólogo a las Bases del PRC, planteó: “La organización revolucionaria no ha de desconocer las necesidades prácticas derivadas de la constitución e historia del país, ni ha de trabajar directamente por el predominio actual o venidero de clase alguna; sino por la agrupación, conforme a métodos democráticos, de todas las fuerzas vivas de la patria; por la hermandad y acción común de los cubanos residentes en el extranjero; por el respeto y auxilio de las repúblicas del mundo, y por la creación de una república justa y abierta… levantada con todos y para el bien de todos.”3
4- En abril de 1893 expresó: “La grandeza es esa del Partido Revolucionario: que para fundar una república, ha empezado con la república. Su fuerza es esa: que en la obra de todos, da derecho a todos. Es una idea lo que hay que llevar a Cuba: no una persona”4
5- En abril de 1894, en el aniversario de la fundación del PRC, dijo: “Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea… Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia”5.
6- En el Manifiesto de Montecristi, firmado conjuntamente con Máximo Gómez el 25 de marzo de 1895 antes de incorporarse a la lucha armada, plantea que la guerra no es “el insano triunfo de un partido cubano sobre otro, o la humillación siquiera de un grupo equivocado de cubanos; sino la demostración solemne de la voluntad de un país harto probado en la guerra anterior para lanzarse a la ligera en un conflicto sólo terminable por la victoria o el sepulcro”6.
El contenido de los seis párrafos citados demuestra que: los fracasos revolucionarios tuvieron múltiples causas y no sólo la división entre ellos; que la función del Partido consiste en dirigir la guerra de la que ha de nacer una República con libertad verdadera y durable; que el Partido no ha de trabajar por el predominio actual o venidero de clase alguna; que su fuerza radica en que en la obra de todos, da derecho a todos; que un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, sino composición de muchas voluntades; y que el fin de la guerra no consiste en el triunfo de un partido cubano sobre otro.
Como eslabón intermedio para gestar la Patria y conformar la República se fundó el PRC, no para dominar y prohibir la existencia de partidos diferentes después del triunfo, no para anular la participación popular, no para declarar que la calle y la universidad es de los revolucionarios, no para encarcelar a los que piensan diferente; todo lo cual demuestra que las ideas democráticas y humanistas de Martí han sido ignoradas o tergiversadas para atribuirle una túnica que no le sirve: la génesis del monopartidismo cubano.
A lo anterior habría que añadir que el fundamento de la política está en el hecho de que los hombres son seres sociales y diversos. En ese sentido los partidos, como indica la etimología de la palabra, son parte de un todo que por su naturaleza diversa y plural consta de otras partes, donde cada una representa intereses o tendencias de un sector de la sociedad. Esa razón explica que cuando las ideas de la independencia no estaban representadas en los partidos existentes, José Martí fundara el PRC; Diego Vicente Tejera creara en 1899 el Partido Socialista Cubano, porque los interese de los obreros no estaban recogidos en los partidos liberales y conservadores. Por similares razones surgió la Agrupación Comunista de La Habana en 1923, el Partido Comunista en 1925, o el Partido Ortodoxo en 1947, porque el Autentico no satisfacía a una parte de sus integrantes.
El monopartidismo es antinatural, la mejor prueba de ello es que los regímenes totalitarios para implantar el monopartidismo tienen que destruir los demás partidos políticos o subordinarlos a sus intereses, dando lugar al modelo más perfecto y terminado de régimen totalitario, y con él, al estancamiento y al fracaso. En Cuba, la existencia de un solo partido fue resultado de un proceso inverso que se inició desde la época de la lucha insurrecta en la Sierra Maestra que culminó en 1965 con la fundación del Partido Comunista como única fuerza política, refrendada posteriormente en la Constitución; proceso ajeno a las ideas y la obra de José Martí.
De lo anterior se deduce la necesaria restitución del derecho de asociación y de la despenalización de la diferencia política para que los cubanos puedan desempeñar el papel activo y determinante que les corresponde en los destinos nacionales. Por todo ello, la irreducible diversidad y el agotamiento del modelo vigente han colocado la necesidad del pluripartidismo a la orden del día.
1 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TI, p.216
2 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TI, p.325
3 MARTÍ, JOSÉ. Resoluciones tomadas por la emigración cubana de Tampa y Cayo Hueso en noviembre de 1891. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.23
4 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.192
5 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.359
6 MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p.511
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