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Haití, un mes después

Viernes, 12 de Febrero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios
Categories: El dossier de Haití, Haiti Tags:

Mis raíces haitianas

Martes, 26 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Mis ojos se humedecen cada vez que leo en la prensa y veo esas imágenes estremecedoras sobre la situación en Haití. Tal vez sea por sensibilidad. Quizás sea por mis raíces haitianas.

Mi padre fue el tercero de 12 hijos de un hombre, que a principios del siglo veinte emigró de Haití hacia Cuba. Vicente Diversent, mi abuelo, enseñó a sus hijos a hablar su lengua. Lástima que no tuvo tiempo de enseñársela a sus nietos.

No hablo creole y aunque los idiomas no son una barrera para trasmitir mensajes, en estos momentos desearía hablar la lengua materna de mi abuelo. Para poder decirle a los haitianos que también estoy sufriendo su dolor. El mismo dolor que mi abuelo sentiría si estuviera vivo.

Me siento como una espectadora ante una película de horror. Quisiera hacer más. Consolar a quienes han perdido a sus seres queridos. Ayudar a quienes buscan a los suyos bajo los escombros. Proteger a los miles de niños desamparados que perdieron a sus padres y por cuya suerte se ocupan ya la Unicef y numerosas organizaciones internacionales.

La realidad y el espacio físico no me lo permiten. Poco puedo hacer desde Cuba. A no ser cerrar los ojos, y pedir clemencia a Dios y a todos los santos. Y que le devuelva la esperanza a la tierra donde nació mi abuelo. No soy religiosa, pero la fe es lo único a  que podemos aferrarnos cuando sucede una catástrofe de esa magnitud.

A los hombres de buena voluntad, de cualquier país, pido tender sus manos a las haitianas y haitianos de todas las edades, que despavoridos tratan de huir del horror que han vivido y del desastre que hoy es su patria. Pido comprensión con los que pierden la calma ante el hambre y el desamparo.

Pero sobre todo pido que se callen aquéllos que por disputas personales e ideológicas, aprovechan esta terrible situación, para hablar de intervenciones militares en un país dominado por el caos y la desesperación. Y aprovechan la oportunidad para debatir acerca de los culpables históricos por la pobreza en Haití. Ayuden en lo que puedan, pero háganlo en silencio. Y si no pueden ayudar como quisieran, cállense.

Dudo que mi padre, a sus 71 años, pueda ya conocer a sus parientes en Puerto Príncipe. A mí, al menos, me queda el consuelo de escribir.  Y desde La Habana, desde este blog, en nombre de mi abuelo y de la familia cubana de apellido Diversent, descendientes de haitianos, envío un mensaje de amor y solidaridad hacia una tierra y una gente a la que nos une una misma raza y un tronco común.

Laritza Diversent

Foto: Mujer haitiana fotografiada por Swiatoslaw Wojkowiak, Flickr.

El resentimiento de Pedro Poul

Martes, 26 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Pedro Poul habla con dificultad el creole. Aún así, cierra los ojos y susurra una oración religiosa. Se la enseñó su padre cuando era pequeño. Pensó que lo había olvidado luego de haberse sumado en 1958 a las guerrillas en la Sierra Maestra y haber profesado los dogmas del Partido Comunista de Cuba.

Su cántico religioso estuvo dormido en su subconsciente durante más de 50 años. Le pide a Papa Legbá (el Eleguá del panteón Yoruba en el Vudú haitiano) por la tierra que vio nacer a su padre, arrasada por un terremoto, y “ocupada por los yanquis”. Pedro Poul repite lo que escucha. Los cubanos, dice, están afligidos por los sucesos en Haití y “molestos por la intervención de tropas americanas” en la pequeña  nación.

A pie juntillas cree lo que dicen los medios cubanos, que los estadounidenses se quieren apoderar de las minas de oro haitianas. Por Telesur, vio a Chávez hablando sobre la “invasión” y en la televisión cubana, al escritor de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, Heriberto Feraudy, acusar al ”monstruoso imperio, de no perdonarle a ese pueblo, haber sido la primera república negra en el continente”.

La prensa oficial no explica que Haití que el terremoto casi acabó con el gobierno y todas sus instituciones. Y que sus insuficientes infraestructuras estatales y sociales se acabaron de desmoronar con el sismo. Tampoco mencionan que fue su presidente, René Préval, quien solicitó a Obama ayuda urgente de los Estados Unidos. Ni dicen que la devastación y el caos, impiden que la ayuda internacional pueda ser con urgencia. Y que la desesperanción y el hambre han provocado escenas de violencia.

Los cubanos no saben que la principal cárcel de Puerto Príncipe quedó destruída ni que por las calles andan sueltos ladrones, violadores y asesinos, que con pistolas, machetes o palos, tratan de saquear lo poco que quedó en pie en casas y comercios e intentan cogerla por la fuerza en los locales donde se ha ido almacenando la ayuda humanitaria.

Ni siquiera por una vez, los gobernantes cubanos  dejan de lado las diferencias políticas. Y son incapaces de sumarse a los esfuerzos de otras naciones, Estados Unidos incluido, por ayudar a  cientos de miles de haitianos, quienes aguardan espera los beneficios de una operación global, que puede duplicar la cifra aportada cuando en 2004 un tsunami devastó varios países asiáticos.

Es más fácil hacer campañas de descrédito, que con modestia sumarse a un empeño humanitario, junto a naciones con diferentes ideologías y sistemas sociales. Ante una urgencia como la de Haití, no importa cuál sea el color de la bandera ni cómo se llame la persona o la ong con la cual vas a tratar de salvar vidas y reconstruir un país devastado. Tampoco importa quién o quiénes dirijan todas esas labores urgentes ni quién aporta más o menos.

Actitudes y sentimientos que no necesitan ahora los haitianos. Lo que ellos necesitan es que se unan esfuerzos y lo antes posible se envíen brigadas y materiales que en tiempo récord edifiquen viviendas antes de que lleguen las lluvias y la temporada ciclónica, el próximo mes de junio. Fenómenos naturales que acabarían de devastar la destrozada tierra y su gente.

Pedro Poul hizo hizo suyo el mensaje de los medios oficiales y a otros trasmite el odio durante 51 años inculcado hacia Estados Unidos, el enemigo número uno de la Revolución Cubana. Sin embargo, no se cuestiona que una vez el Partido Comunista le exigiera dejar atrás sus raíces y su religión. Ni que sus nietos no conozcan la vida y tradiciones de su abuelo haitiano.

Tampoco se detiene a meditar, si es la hora de buscar culpables. Y si los miles de desamparados, heridos y enterrados bajos los escombros, en estos momentos necesitan que salgan a la luz disputas ideológicas. Todo lo contrario.

La opinión pública cubana sólo conoce un punto de vista de la tragedia haitiana. El punto de vista difundido por los medios de comunicación, que en el caso de Cuba equivale a decir el mismo de los gobernantes. ¿Qué más puede esperarse de un gobierno que por orgullo y discrepancias políticas, cuando varias regiones de la Isla fueron arrasadas por dos potentes huracanes, en septiembre de 2008, rechazó la ayuda humanitaria?

Actualmente, la posibilidad de cooperación entre Cuba y Estados Unidos es nula. Y no sucederá mientras el gobierno cubano siga echándole la culpa de todos los males de la humanidad a su eterno enemigo. Aunque para lograrlo, tergiverse y manipule los hechos, según sus intereses.

Gracias a la sistemática desinformación, en el alma de algunos cubanos anida el resentimiento. Es el caso de Pedro Poul. No por aquéllos que una vez le exigieron renunciar a la herencia cultural de su padre haitiano. Si no por aquéllos que hacen todo lo posible por levantar a un pueblo en desgracia.

Laritza Diversent

Foto: American Red Cross, Flickr

Habla la Autoridad Suprema del vudú en Haití

Sábado, 23 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

En las mejores guías de viajes suele aparecer un viejo dicho sobre Haití: “El 80 por ciento de la población es cristiana, el 20 por ciento es protestante y el 100 por ciento profesa el vudú”. También se hace constar que pocas religiones han sufrido una operación de desprestigio tan abrumadora como ésta que nació en África y viajó al Caribe con los primeros esclavos.

Max Beauvoir es la Autoridad Suprema de los seguidores del vudú haitianos. Para los suyos es una especie de Papa. De 74 años, casado y con una hija de 45, vive rodeado de árboles gigantescos sagrados, a una hora de Puerto Príncipe en mototaxi. Viste de blanco, habla criollo (creole), francés, inglés y español, tiene una casa en forma circular, varios templos en su jardín y una especie de museo con esculturas de vudú. Se lamenta de que hayan enterrado a tantos miles de personas sin ningún respeto, ni dignidad.

“El presidente René Préval me mandó llamar hace cuatro días para celebrar una reunión junto al resto del Gobierno. Ahí se habló de la ayuda internacional, de la distribución, del caos… pero no tratamos el tema de los entierros. Y me parece gravísimo. Se ha tratado a la gente como basura, sin la dignidad y el respeto que merece cualquier ser vivo. Sé que la situación es compleja y yo no tengo la solución. Pero seguro que si nos hubiéramos sentado, habríamos encontrado alguna vía en media hora. Y aún estamos a tiempo, porque todavía quedan muchos muertos por enterrar”.

Los creyentes del vudú acostumbran, según el Ati o Autoridad Suprema, a celebrar la ceremonia del entierro durante nueve días. “Ahí reunimos a la familia, a los amigos y enemigos del muerto. Durante ese tiempo comemos y convivimos juntos. Todo el que tenga algo que decir sobre el muerto lo dice, ya sea bueno o malo. Después enterramos el cuerpo, pero el alma se va debajo del mar, un año y un día o siete años y un día, depende. Durante ese tiempo, se purifica. Es importante saber que nosotros creemos en la reencarnación y que la persona vive ocho veces como mujer y ocho veces como hombre. Esto es así porque el objetivo de la vida es ganar conocimiento. Después de ese proceso, todo el mundo sin excepción se integra en Dios y comienza una existencia en la que cuida de todas las cosas vivas del Universo”.

Beauvoir aclara que la imagen que se tiene en gran parte del mundo del vudú como una creencia cuyos brujos [él reniega de esta palabra] o sacerdotes pueden infligir daño a los demás valiéndose, entre otras herramientas, de un muñeco al que se pinchan alfileres es totalmente falsa. “No he visto ni un solo muñeco de esos en todo Haití. En cualquier grupo social hay gente buena o mala, pero el vudú no promueve que se haga daño a nadie. Hay una vertiente religiosa del vudú. Y otra vertiente filosófica. Tenemos normas muy definidas sobre cómo hay que vivir, sentarse, comer, caminar. Eso es lo que permite a un haitiano reconocer a otro en cualquier parte del mundo con verlo simplemente andando a lo lejos”.

Beauvoir achaca esa mala imagen de su religión al cristianismo y a las potencias extranjeras como Francia, Estados Unidos y España. “El vudú ha hecho a Haití como país. Nuestra independencia se alcanzó gracias a una ceremonia celebrada el 14 de agosto de 1791 conocida como la de Bwa Kayiman. Haití es vudú”. Cuando se le dice: “Pues vaya país más desgraciado que generó el vudú, ¿no?”, el Ati responde: “Pero los españoles, los franceses y Estados Unidos nunca nos perdonaron nuestra independencia e hicieron todo lo posible para hacernos la vida más difícil. Y lo peor fue cuando los cristianos llegaron al poder en 1816. Todavía se mantienen ahí, con la ayuda económica de Estados Unidos y Francia”.

Desde 2003 los sacerdotes del vudú disfrutan del primer reconocimiento oficial como religión. Aquel fue el año en que el ex presidente Aristide les concedió autoridad para unir en matrimonio a la gente. Simplemente Ati significa gran árbol que se abre como un paraguas para proteger a los más pequeños. En este caso, él considera que tiene que alzar la voz para defender a su gente, ya que Préval no los defiende. “Yo agradezco que el presidente haya querido consultarme, pero él sigue favoreciendo a la Iglesia de Roma, a los europeos y americanos que consideran sus religiones europeas o centroasiáticas superiores a la africana”.

Francisco Peregil

Enviado especial de El País a Puerto Príncipe

Cuba: uso de Haití

Sábado, 23 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Entre las imágenes enviadas desde Puerto Príncipe para el noticiero de la televisión cubana, emisión de la 1 de la tarde, correspondiente al pasado 20 de enero, aparece un hombre (sin duda una de las cientos de miles de víctimas del terremoto) afirmando que Cuba es el único país que en verdad le brinda ayuda a los haitianos en este momento de tragedia y sobrecogedores sufrimientos.

Se impone no poner en duda la sinceridad de este hombre. Después de todo, ya sabemos que aquello que uno cree puede ser tan cierto como la verdad, al menos para uno. Lo que sí resulta muy difícil de asimilar como expresión espontánea y bien intencionada, es la actitud de quienes intentaron otorgarle a la verdad íntima de este hombre categoría de verdad pública, amplificándola a través de un medio y en unas circunstancias que son propicios para la manipulación.

Téngase en cuenta que la gran mayoría de la gente en Cuba dispone únicamente de los medios estatales de información para enterarse (o creer que se entera) de lo que ocurre tanto en Haití como en cualquier otro sitio del planeta. Aquello que les digan mediante el noticiero nacional de la televisión puede no ser tan verdad como lo que ellos piensan, pero no hay modo de constatarlo.

Desde luego que no se trata de negar, o ningunear, el valioso aporte que brindan nuestros médicos y personal de salud inmersos hoy en la debacle de Haití.

Al margen, y aún por encima de la trama política que ha regido todas las variantes del llamado internacionalismo cubano, vale reconocer algunos de sus resultados, y muy en especial en este caso. Es una de esas coyunturas en las que si bien el fin no justifica los medios, tampoco hay por qué desaprovecharlos, dado el imperativo de la necesidad y la falta de otros recursos.

Asunto aparte, por su cariz manipulador y vergonzante, representa la tónica, mañosa a ojos vista, con que la televisión nacional está abordando las desgracias que hoy vive el pueblo haitiano. La ocasión la pintan calva, podría ser su divisa.

Por un lado, insiste en dejarnos abierta una brecha para que creamos que, en efecto, ningún otro gobierno del mundo ayuda a los haitianos más ni mejor ni menos interesadamente que el nuestro. Por otro lado, se dedica a desmenuzar hasta el mínimo pormenor los agravantes con los que, según ellos, el sistema capitalista está recargando este desastre, por demás de origen natural y potenciado por una historia tan larga y compleja como ignorada por nuestra gente.

Para mal de males esta situación le sirve en bandeja al régimen la oportunidad de intentar sacudirse  -a su manera pícara, escurridiza- los cuestionamientos lanzados recientemente por algunos defensores internacionales de los derechos humanos y por organizaciones de descendientes de esclavos africanos.

La causa de lo cuestionado sigue intacta en nuestros predios, toda vez que sus expositores reprueban la desatención oficial ante las necesidades de los negros cubanos, cuya problemática, lejos de ser enfrentada con la profundidad y el método que exigen las condicionantes históricas, ha sido silenciada a golpe de remedios engañosos, demagogia patriotera, e incluso con el fuete de la represión.

Pero indudablemente el régimen aprendió que en circunstancias como las que hoy vive Haití, o como las que viviera años atrás la Sudáfrica del apartheid, la inversión política es un rubro de muy segura, y hasta más, de trascendente rentabilidad.

No obstante, ahora pifia en un detalle, el referido al presidente de Estados Unidos.

Empeñado con dientes y uñas en desacreditar a Obama (otro callejón sin salida, uno más, al que lo empuja Fidel Castro) el régimen demuestra estar utilizando la desgracia de Haití para ofrecerle a nuestros paisanos, digamos, nuevas pruebas de los desmanes de siempre y de las actuales inconsecuencias, frías ambiciones y prepotencia de la administración estadounidense.

De espaldas a toda realidad que no sea la que se inventan para darse gusto a sí mismos, nuestros caciques pasan por alto el dato de que organizar cruzadas contra Obama, negando su relevancia contra viento y marea (desaciertos aparte), equivale hoy a hacerle el juego a los racistas de este mundo, que son muchos, y a contrariar a los antirracistas, que, por suerte, pueden ser muchos más.

José Hugo Fernández

Tomado de Diario de Cuba

Foto: Juvenal Balán, periódico Granma. Más datos y fotos sobre los médicos cubanos en Haití en Cuba Debate y El Nuevo Herald.

Inmunes al dolor y la tragedia

Sábado, 23 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Cuando la madre vio a sus dos hijos, no les comió a besos ni les abrazó llorando. Se limitó a mirarlos y apenas rozó la mano de uno de ellos. El equipo médico del hospital de campaña instalado en el campo de fútbol de la zona industrial de Puerto Príncipe, conformado por colombianos e israelíes, quedó sorprendido por la frialdad de una mujer que acababa de recuperar a dos pequeños que ya creía fallecidos.

Les habían rescatado los bomberos de los escombros una semana después del terremoto, un milagro en el que pocos creían ya, una suerte que no corrieron sus otros tres hermanos, que perecieron sepultados en su casa.

Hay algo que sorprende en este país azotado por un sinfín de tragedias. Los haitianos son chillones, explosivos, discuten por cualquier nimiedad a gritos, parece que fueran a matarse entre ellos, pero frente a la muerte y al dolor físico son fríos, parecen suecos. Será porque tienen un umbral de dolor elevadísimo y no expresan en esos casos el menor sentimiento.

En los hospitales, amputados, heridos, enfermos, apenas emiten quejidos, no derraman lágrimas, ni siquiera los niños, soportan el sufrimiento con un estoicismo envidiable. Si te acercas a sus camas, te miran con esos ojazos negros penetrantes, sonríen cuando les dices algo amable, pero no dan la impresión de que les preocupara su desgraciado destino.

Ante los edificios derrumbados, cuando aún existían posibilidades de encontrar vivos, una esperaría que los familiares permanecieran anclados en sus alrededores hasta que las esperanzas se hubieran extinguido. O que las madres de los cientos de niños fallecidos en sus colegios se hubieran instalado junto a las ruinas velando sus almas o aguardando un milagro.

No he visto a nadie hacerlo, con escasísimas excepciones. Es como si aceptaran que algo fatídico les espera siempre a la vuelta de la esquina y no mereciera la pena sufrir demasiado por ello.

“En el tsunami todo el mundo acudía a reclamar a sus muertos, aquí nadie lo hace”, comentaba a El Mundo, el alcalde de Sri Lanka, Ramith Prasanna. Estima que no quieren gastar en funerales un dinero que siempre les falta.

La incansable hermana María Romero, natural de Teruel, de la congregación de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, que no para un instante en el hospital de La Paz, donde están concentrados los médicos y enfermeros españoles, piensa que “han sufrido tanto, que el sufrimiento es parte de su vida” y quizá por eso se revisten de una coraza que les insensibiliza.

A ella, lo que le impresiona, es la valentía de los haitianos, reflejada en una anécdota que le relató un policía que llegó herido. “En el terremoto le quedó un brazo atrapado por un muro. Cuando se dio cuenta de que no podría salir sin amputarlo, sacó su cuchillo y comenzó a cortarlo. Pero comprendió que no lo lograría y alguien le consiguió una sierra. Él solo, sin ayuda, terminó segándolo. Me dijo que no tenía brazo, pero había conservado la vida”.

Tampoco he visto ningún cortejo fúnebre, pero sí se oyen cantos alegres, que no tristes, por las noches, en algunos de los improvisados campamentos de desplazados

Quizá tenga razón una simpática norteamericana voluntaria en el Hospital de la Cruz de Leogane, Suzi Parker. “La gente es muy fuerte y está acostumbrada a vivir en situaciones difíciles. Tienen un sentido trágico, pesimista de la vida. Piensan que después de un problema, siempre llega otro y por eso no sufren tanto como nosotros”.

Salud Hernández-Mora

Enviada especial de El Mundo a Haití

Los buenos de Haití

Sábado, 23 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Haití nos dice muchas cosas, y algunas tienen que ver con países demonizados que, sin embargo, brillan tanto por presencia, como brillan otros por ausencia. Nuevamente, pues, como pasó con el tsunami, en 2004, o con las tragedias africanas, también en Haití, los dos países más solidarios han sido Estados Unidos e Israel.

El caso israelí es tan flagrante que conozco ONG israelíes que trabajan en África y esconden su nacionalidad para poder continuar haciendo su labor, sin que los odios ancestrales lo impidan.

En Haití, por suerte, sus magníficos médicos, que han montado un sofisticado hospital, no han tenido que esconder la estrella de David. Pero demos tiempo a Chávez, o a cualquiera de sus voceros, allá o aquí, que siempre están prestos a lanzar barbaridades antisemitas.

Estados Unidos es el mismo caso, en escala mayúscula. Ha movilizado recursos, ha enviado a su ejército, ha coordinado la logística y, en definitiva, ha aterrizado en el devastado país para intentar sacarlo del caos.

Por supuesto, Haití necesita dos planos de actuación, el urgente, y el estructural, que tendrá que llegar cuando ya se hayan ido los periodistas. Será entonces cuando sabremos si estamos ante una solidaridad real, o si el mundo vuelve a darle la espalda.

Pero mientras ello ocurre, algo está claro: las dos democracias más demonizadas del mundo, y las que, por cierto, han sufrido de forma más sangrante la maldad del terrorismo, son las que siempre se movilizan más.

Mientras ello ocurre, ¿dónde está el resto de los países? Hagamos un repaso. La Unión Europea ha quedado desbordada por los acontecimientos, demostrando nuevamente que no acaba de encontrar su lugar al sol.

Europa, la vieja Europa que marcó la historia durante siglos, empieza a ser en muchos aspectos un bello fósil. Pero, a pesar de todo, y con déficits, ahí está. Latinoamérica, en cambio, ha fallado estrepitosamente. Por supuesto, las excepciones son de oro, pero en conjunto resulta decepcionante.

Decepcionante o… clamoroso, porque al demagogo Chávez no se le ha visto por ninguna parte, confirmando lo que ya sabíamos: que este tipo sólo sabe usar sus ingentes recursos para enriquecerse, destruir al país, fortalecer a Irán y promocionar una delirante revolución golpista.

Y si Chávez se retrata, lo hacen también las grandes dictaduras del petrodólar, siempre ausentes de estas tragedias. La ayuda que dieron para sus “hermanos” víctimas del tsunami fue de escándalo. Y es que estos sólo saben hacer dinero para cimentar dictaduras brutales, acumular fortunas pornográficas y crear una casta oligarca de influencia y dominio.

Pero nunca están en la mejora de la humanidad. Y así ha quedado el retrato de la ayuda a Haití: con los sospechosos habituales desaparecidos, y los de siempre arrimando el hombro. Hoy ayudan. Mañana, los demagogos de siempre volverán a sacarles la piel.

Pilar Rahola

La Vanguardia de Catalunya

Haití: la refundación, una solución definitiva

Jueves, 21 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Lo sucedido en Haití es el clímax de una gran tragedia. De una tragedia acumulada por años, que no encontró solución mediante las prácticas convencionales de ayuda; debido a la propia infraestructura de la causa que la origina. A partir de ahí, nace la posibilidad de una solución definitiva, la refundación de Haití.

La reconstrucción de Puerto Príncipe y otras ciudades sería sumamente costosa, por las condiciones en que se encuentran antes y después del terremoto. Hay que demolerlo prácticamente todo, incluso sacar del área, aquellas personas que permanecen en sus respectivas viviendas.

La experiencia ha demostrado que los países que reciben sistemáticamente ayuda humanitaria, desarrollan una cultura asistencialista. La ayuda humanitaria no necesita demostrar resultados tangibles, por lo que se presta para la corrupción. Haití ha recibido multimillonarias contribuciones y no logró indicadores aceptables, a pesar del esfuerzo internacional por reducir su estado de pobreza extrema.

La solución definitiva sería la relocalización de su población en asentamientos de 40 a 50 mil habitantes. Los lugares de asentamientos serían determinados por estudios socioeconómicos de factibilidad.

Los países y comunidades encargados del desarrollo internacional, bajo el auspicio de la Naciones Unidas, podrían definir quienes serían los garantes de cada asentamiento. Luego de la edificación, estos mismos países, quedarían encargados de monitorear y potenciar su desarrollo, tanto económico como social.

La edificación de nuevos pueblos, brinda la posibilidad de construirse viviendas de bajo costo, pero con las condiciones mínimas de habitabilidad, de acuerdo a los estándares internacionales. Además, cada pueblo llevaría las infraestructuras mínimas indispensables, en materia de salud, educación y las instituciones públicas. Así como todas las redes de acueducto, alcantarillado, electricidad y comunicaciones.

Otro aspecto positivo de la reubicación habitacional en Haití sería la desconcentración poblacional. Eso rompe el esquema logístico de la delincuencia, facilita el desarme de la población y del crimen organizado.

El esquema de desarrollo debe ser preconcebido y los asentamientos deben surgir con estructuras económicas definidas. No hay población alguna que no tenga capacidad para emplear su fuerza de trabajo de forma racional y productiva, si se evalúan y diseñan iniciativas y proyectos de acuerdo a sus potencialidades.

Aunque se trata de relacionar la catástrofe ocurrida en Haití, con la pobreza extrema que vive esa nación caribeña, la realidad es otra. La clase media, por las características constructivas de sus viviendas, fue la más afectada. El desplome de las sedes de las principales instituciones del país, así lo demuestran. Todavía no se ha hecho el recuento de la naturaleza y la composición social de las víctimas, cuando se haga, se comprobará el número de técnicos, profesionales, funcionarios, deportistas, artistas y miembros de la comunidad empresarial, que perecieron en el terremoto.

Haití necesita más que una reconstrucción material, Haití tiene que refundarse como nación, recuperar su identidad nacional, sus valores morales y espirituales. En todo esto debe enfocarse la comunidad internacional.

El presidente de Colombia, Alvaro Uribe ha recomendado implementar la misma estrategia que se llevó a cabo en la ciudad de Armenia, para su reconstrucción después del terremoto ocurrido allí, el 25 de enero de 1999.

El sistema tendría características similares al fondo Forec, creado en 1999 para la reconstrucción de Armenia, tras el terremoto que afectó al Eje Cafetero ese mismo año.

Según Uribe: “A cada país dispuesto a ayudar se le deben asignar responsabilidades para tareas específicas y Colombia tiene toda la disposición”. Sin embargo, la distribución de tareas pudiera llevarse a todos los niveles, incluso, a nivel de organizaciones no gubernamentales. En nuestro caso, The Civil Rural Development Project, Inc. (www.proyectorural.org) estaría en capacidad de implementar su iniciativa del desarrollo rural integral, a partir de las microempresas asociativas solidarias, cuando se entre en la etapa de la recuperación económica.

Si en Haití, no se toman las medidas necesarias, y de forma inteligente y responsable se asume esta situación, Haití corre el riesgo de desaparecer como nación.

Diosmel Rodríguez

http://esmilibertad.blogspot.com/

Esperanza por Haití

Jueves, 21 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

George Clooney as Danny Ocean in the movie Oceans Thirteen. Copyright © Warner Bros. Entertainment Inc

El actor George Clooney había anunciado que organizaría y presentaría un telemaratón con el fin de recaudar fondos para los damnificados del terremoto que azotó a Haití. Tras haber logrado un acuerdo con Judy McGrath, directora ejecutiva de MTV Networks, el telemaratón se realizará este viernes, 22 de enero, a las 20.00 hora local.

Clooney será el anfitrión desde Los Angeles, mientras que el rapero haitiano Wyclef Jean, desde Nueva York, y el periodista de CNN, Anderson Cooper, desde Haití, apoyarán la transmisión.

El telemaratón durará dos horas y tendrá actuaciones musicales en vivo, y contará con la presencia de celebridades como Bono y el grupo U2, que estrenará una canción dedicada a Haití, y los cantantes Alicia Keys, Justin Timberlake, Christina Aguilera, Sting, Jaz-Z, Coldplay y Bruce Springteen, entre otros.

Las donaciones serán repartidas equitativamente entre cinco organizaciones que actualmente trabajan en Haití: Cruz Roja de Estados Unidos, Oxfam America, Partners in Health,  UNICEF y Yéle Haití, fundación creada por Wyclef Jean que ya ha recaudado más de un millón de dólares.

Entre los famosos que han hecho donaciones millonarias se encuentran Angelina Jolie, Brad Pitt, Sandra Bullock y la modelo brasileña Gisele Bundchen, quien donó un millón y medio de dólares.

En un acto organizado por la Universidad de Kentucky, encabezado por la cantante Taylor Swift y la actriz Ashley Judd, en cuatro horas se logró reunir un millón de dólares.

Por su parte, el cantante puertorriqueño Ricky Martin viajó a Haití con Jonathan Reckford, presidente de Habitat for Humanity International, para visitar un barrio en Puerto Príncipe devastado por el terremoto. La Fundación Ricky Martín se asoció con Habitat for Humanity International para crear el Fondo de Recuperación de Haití RMF/HFH.

Haití, Obama y la esperanza

Lunes, 18 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Hace unos días, el 6 de enero, publiqué en Cuba Puntos de Vista una crónica titulada Las cosas de los americanos. Entonces no imaginaba que de nuevo Estados Unidos me motivaría a escribir.

Y por una razón bien distinta. Un terremoto que casi ha borrado a Puerto Príncipe del mapa y acabado con la vida de más de 70 mil haitianos, dejado miles de heridos y desaparecidos y convertido en un infierno la ya infernal vida que allí tenía la gente.

Es cierto. Haití vive en una tierra compartida con República Dominicana, que una vez fue una isla llamada La Española. Por su situación geográfica, en medio del Caribe, es blanco de tormentas tropicales y huracanes. Pero también -y es uno de sus pocos privilegios- está en el corazón de las Américas. Cerca de Norteamérica, Centroamérica y Suramérica. Rodeado de un collar de islas, entre ellas Cuba, la mayor de todas, Jamaica, Barbados, Bahamas, Martinica, Puerto Rico, Aruba, Trinidad-Tobago, Antigua, Guadalupe…

De las más de cincuenta intervenciones que Estados Unidos acumula en su expediente bélico, tres se produjeron en Haití, en 1915, 1994 y 2004.

Fueron otros tiempos, otros gobiernos y otros contextos. A punto de cumplir su primer año en la Casa Blanca, enfrascado en la reforma sanitaria y la lucha contra el terrorismo, Barack Obama, tuvo que aparcar esas prioridades y tomar una decisión. Y a velocidad de rayo la tomó. Y decidió que Haití, ese pedazo de tierra negra, pobre y compartida, se volviera prioridad para su gabinete.

Diciendo y haciendo. De inmediato, en un portaviones desembarcaron los primeros cientos de los cerca de 15 mil marines, reservistas y civiles con la misión de salvar vidas y poner orden en medio de situaciones desesperadas, caóticas y violentas. Y lo antes posible, comenzar la reconstrucción de la asolada capital y velar por la seguridad del pequeño territorio nacional.

A una semana del devastador terremoto, desde distintos países y continentes se escuchan voces. Unas solapadas, otras abiertas. Aumentan las críticas y también las especulaciones sobre los verdaderos objetivos de Obama y su administración, con ese abrumador despliegue logístico y militar. Que si es para evitar un éxodo masivo. Que si es para llevar a cabo un Plan Marshall. Que si quieren convertir a Haití en un nuevo Protectorado o un Estado Libre Asociado, como Puerto Rico.

“Cría fama y acuéstate a dormir”, dice el refrán. Pero ahora que con Obama el mundo había empezado a cambiar su valoración de Washington y alabado una nueva forma de gobernar, no creo que el primer presidente negro de Estados Unidos, y Premio Nobel de la Paz, tenga bajo la manga un plan secreto. Ni para Haití ni para ningún país de la región, Cuba y Venezuela incluídos.

Tampoco creo que vaya actuar como su antecesor. Pasándole por encima a las Naciones Unidas y mirando por encima del hombro a la Unión Europea. Porque esa misma opinión pública que hoy aplaude su audacia, podría comenzar a perder la esperanza. En Barack Obama y en los Estados Unidos de América.

Tania Quintero

Foto: Tomada el 15 de enero, por Pete Souza, fotógrafo oficial de la Casa Blanca. Desde su Despacho Oval, Barack Obama habla por teléfono con el presidente haitiano, René Prèval. De la galería de fotos de la Casa Blanca en Flickr.