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De Internet y la Seguridad del Estado

Domingo, 24 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Escribir en la red con tu nombre verdadero y criticar al gobierno es un verdadero reto si vives en Cuba. Cuando publiqué mi primer artículo, estaba consciente de que estaría en el punto de mira del Departamento de Seguridad del Estado. Habían  comenzado los retos.

El primero, soportar que la policía política se entrometiera en mi vida íntima. El segundo, ignorar el control que pudieran tener sobre mis actos. El tercero, exponer a mi familia. Para mí, estos tres retos son los más importantes.

Publicar trabajos con mi nombre y apellidos en internet me convirtió en una disidente pública para el régimen cubano. A partir de ese momento, pasé a ser una CR, las dos letras con las cuales la Seguridad del Estado identifica a los disidentes y periodistas independientes, y que significan contrarrevolucionario.

Cuando tomé la decisión de escribir, estaba consciente de que hurgarían en mi pasado, en particular sobre los “secretos personales” que pudiera tener. Realmente no hay una forma de saber cómo y cuándo, buscan y obtienen información sobre ti. Me imagino que utilizan la que tienen archivada desde que eres un niño y asistes a la escuela; después, cuando continúas estudiando, empiezas a trabajar y también, por supuesto, la que obtienen en tu cuadra, a través de los Comités de Defensa de la Revolución, entre otras organizaciones de masas.

Me imagino que, además, contactan con amistades de la infancia, excompañeros de aula, amigos del barrio, y hasta con familiares cercanos y lejanos. Es difícil saber quién puede delatarte. Cualquier persona que se relacione contigo podría darles, directa o indirectamente, informaciones sobre ti, sin tu saberlo. Eso genera una especie de paranoia que te obliga a desconfiar de todas las personas que te rodean. Y donde quiera ves un delator o chivato.

Lo cierto es que todo lo indagan, porque les interesa todo sobre tu vida. Eso te lo hacen saber en cada una de las “entrevistas” a las cuales te citan y estás obligado a asistir. Citaciones que al principio son para disuadirte: “Estás en un mundo que no conoces, y nuestro deber es alertarte”. La disidencia, dicen, es algo inmundo. Y ellos, una y otra vez lo repiten, “los salvadores de la patria”.

Sin embargo, el objetivo de la Seguridad no es que se dejes de disentir, en este caso de escribir y publicar en internet. Ni siquiera que dejes de criticar al gobierno. No, ellos lo que buscan es que empieces a “colaborar”. Y poco a poco te vayas convirtiendo en agente o informante, como otros que periódicamente preparan e infiltran en la disidencia, el periodismo independiente y la naciente blogosfera.

Para lograrlo, buscan lo que ellos consideran ”tu lado oscuro”. Y por eso escudriñan en tus relaciones amorosas, familiares, preferencias sexuales… Cualquier detalle que les sirva para chantajearte. Cuando descubren algo, no tienen escrúpulos en utilizarlo. Y si eres flojo de piernas, te obligan a hacer lo que ellos quieren: captarte para que integres su cuerpo de soplones.

Hasta te asignan un oficial de la Seguridad, quien será el encargado de “conversar” contigo, de decirte “estamos al tanto de tus visitas a…”. Que ellos saben con quién te reúnes, a dónde vas… Para que sepas que te tienen controlado, y siguen cada uno de tus pasos. No importa lo que hagas ni donde estés: ellos son como dios, omnipresentes.

Para sobreponerme a todo ese diabólico modus operandi del Departamento de Seguridad del Estado, el mismo empleado con la mayoría de los disidentes y periodistas independientes cubanos, una y mil veces me repetía “mi vida es mía, la he hecho pública, no tengo nada que esconder, y nada de lo que encuentren me va a afectar”.

Así fue como superé los dos primeros retos. Sin embargo, el tercero es el más difícil: que lo que hago, no afecte a mi familia.  La primera vez que la Seguridad contactó conmigo, lo hizo a través de mi papá. Le dijeron que me estaba reuniendo con “gusanos” (desafectos a la revolución), que escribía para un sitio en internet de “contrarrevolucionarios” y que si no paraba, podría ir a prisión. Mi padre fue excombatiente del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra, oficial retirado de las Fuerzas Armadas y actualmente es miembro de la Asociación de Combatientes. En pocas palabras, es fiel a esta revolución.

Pueden imaginarse lo ocurrido. Sin embargo, me amparé en mis derechos y les exigí a los “segurosos” que no inmiscuyeran a mi familia.  Les hice saber de que era mayor de edad, responsable de mis actos y que sólo yo debía asumir las consecuencias. No obstante, citaron a mi esposo a través del jefe de sector o policía a cargo de una barriada.

Aparentemente, el motivo de la citación era que mi esposo no trabajaba para el Estado. Pero quien en realidad lo citó y entrevistó fue el agente encargado de mi caso. Un joven que dice tener 27 años y se identifica como “Ricardo”. Le dijeron que yo salía sola, que me reunía con hombres, para tratar de provocarle celos, conocedores de que los cubanos son muy machistas. Tuvieron inclusive la desfachatez de pedirle “colaboración”. Querían que mi esposo me prohibiera salir a determinados lugares.

Especial cuidado tengo con mi hijo. Tiene 10 años y cursa el cuarto grado de la enseñanza primaria. Aunque uno no lo quiera, siempre se afecta a la familia. Está, además, el hecho de que como la Seguridad contínuamente está investigando sobre ti y tu entorno, puede descubrir cualquier problema o situación ilegal de algún miembro de tu familia.

En Cuba se vive al margen de la ley. El Estado supuestamente es el responsable de garantizarlo todo, nosotros sólo debemos estudiar o trabajar. Pero en la vida real, en el día a día, no es así. Los salarios no alcanzan y la gente se ve obligada a buscar alternativas para sobrevivir. Por tanto, un alto porcentaje de la población recurre a ilegalidades, que se han convertido en su medio principal de subsistencia.

Después de la oleada represiva de marzo de 2003, y el costo político-económico, pero sobre todo el aislamiento internacional que estos hechos representaron para el gobierno, disminuyeron los métodos de represión violentos contra los disidentes y periodistas independientes que escribían y firmaban con sus verdaderos nombres en internet.

Precisamente el hecho de que el mundo pueda conocer el nombre y el rostro de la disidencia, que pueda constatar que somos personas de carne y hueso con opiniones propias, nos da cierta protección. No obstante, los métodos sutiles de represión continúan y éstos suelen ser más efectivos porque actúan en la psiquis individual. Pese a esa protección internacional, son aún muchos los riesgos que en Cuba se corren por escribir en internet.

Laritza Diversent

Kenny G: Havana

Domingo, 17 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

El saxofonista estadounidense Kenneth Gorelick, uno de los mejores del mundo, es conocido por su nombre artístico: Kenny G. El instrumental Havana forma parte del album Ultimate Kenny G, de 2003. El video cuenta con la participación del actor, bailarín y coreógrafo Savion Glover.

Haiti:Relato en primera persona

Domingo, 17 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Estaba sentado en la cama navegando por internet cuando noté un silencio, seguido de un extraño ruido, como si fuera un gruñido. Pensé que era un camión de agua que pasaba. Pero me llamó la atención que sonaba más como si fuera un terremoto.

La casa comenzó a sacudirse. Luego… comenzó a sacudirse en serio. Salí del cuarto con la computadora en la mano y me arrodillé lentamente sobre el piso que ondulaba mientras las ventanas, mis cuadros haitianos y la foto de mi abuelo se estrellaban a mi alrededor.

No sufrí heridas. Además, la escalera estaba aún en su lugar, aunque no la pudiera ver por la nube de polvo y que me ahogaba. Llamé a gritos a Evens, el chofer, traductor y guardaespaldas de la AP en Puerto Príncipe.

“Vámonos”, me respondió, para mi sorpresa y alivio.

Salí a la calle en ropa interior, por encima de las piedras y por delante de una grieta del alto de la casa. Primero busqué un teléfono para avisar qué había pasado, luego tendría que superar el temor a las réplicas para volver a entrar en busca de pantalones y zapatos.

Desde entonces, ha sido casi imposible conseguir una conexión de teléfono o de internet. Así que me imagino, aunque no lo sé, que muchos artículos sobre esta noticia incluyen una frase que dice, más o menos: “Sufrir no es novedad en Haití”.

Es cierto, en parte. Haití conoce de tragedias, pero nunca sufrió una catástrofe de esta dimensión.

Hace menos de dos años, una tormenta que apenas hubiera interrumpido el tráfico en Miami inundó a Gonaives, la cuarta mayor ciudad haitiana, y dejó cadáveres flotando en las calles. Era la tercera de cuatro tempestades que azotaron a la nación caribeña en un mes.

Apenas dos meses después, una escuela se derrumbó en Petionville, un suburbio de mansiones y chozas, y unas 100 personas murieron. Lo primero que se escuchó parecían sirenas, pero eran las voces aullantes de los padres de los alumnos.

Encontrarse un cadáver en la calle aquí -tras una tormenta o una rebelión- apenas genera más que un comentario.

Ahora nos toca intentar comprender cómo semejante historia de tragedias puede quedar empequeñecida en unos 20 segundos de una tarde de enero.

En el barrio precario detrás de la partida casa de AP, el mismo de la escuela derrumbada, esta vez todas las débiles estructuras colapsaron. La nube blanca de polvo cubría el horizonte y los gritos se oían por todos lados.

La ciudad está en ruinas. El combustible, la comida y el agua escasean. Las madres han perdido a sus hijos, los chicos a sus familias. Barrios enteros duermen en las calles. La gente camina kilómetros por las montañas con sus pocas pertenencias, sin donde ir.

En un país en que no se sabe cuándo será la próxima comida o si habrá una nueva elección, esta vez la diferencia es que todas las instituciones se derrumbaron, literalmente: el Palacio Nacional, la catedral de Nuestra Señora de Haití, el Parlamento. Y lo hicieron al mismo tiempo que la mayoría de la gente perdía a uno o muchos seres queridos.

Mientras toda la ciudad clama por ayuda, logro conectarme a internet lo suficiente para saber que hay algo de asistencia en camino.

Pero, ¿qué sucederá cuando esa ayuda, como suele pasar aquí, se termine? ¿Habrá un día después?

Jonathan M. Katz

AP/Puerto Príncipe

Foto: Marco Domino/The United Nations

Saludos a todos los ‘tuiteros’…

Sábado, 9 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Saludos a todos los ‘tuiteros’ y gracias a quienes siguen el blog Desde La Habana. Iván

El Facebook cubano

Miércoles, 6 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios


A falta de internet y televisión por cable, la gente en Cuba se las arregla como puede. En los estanquillos no se vende prensa extranjera. Y la única vía, si quieres estar decentemente informado, es escuchar la BBC de Londres, Radio Exterior de España o La Voz de América, Estados Unidos. Y para de contar.

Desde hace medio siglo, los hermanos Castro le pusieron un grueso cerrojo a la información. Cero deporte de los yankees. Ninguna noticia exterior que, aunque sea levemente, los critique a ellos o a lo que pasa en la isla. En las tiendas por divisas “misteriosamente” han desaparecido los radios de onda corta.

Pero el cubano de a pie quiere enterarse de lo que no conoce a como dé lugar. Incluso, sacrificando los frijoles. El negocio de alquilar por 10 cuc al mes (250 pesos) un grupo de canales extranjeros, es uno de los más rentables. En Cuba le llaman “alquilar la antena”. O simplemente “la antena”.

Si le preguntan a Roberto, con una media sonrisa les dirá que “en los 5 años que llevo alquilando la antena, he buscado suficiente plata para comprarme una moto, remozar el apartamento y comer carne todas las semanas”. Y eso en la Cuba de eterno período especial es bastante.

Y, además, se enorgullece de estar bien informado. Generalmente, las programaciones de las personas que se dedican a alquilar el cable criollo, están saturadas de filmes tipo B, mediocres culebrones mexicanos, programas humorísticos españoles y partidos de béisbol de las Grandes Ligas.

Pero hay ofertas que incluyen noticieros de Univisión. “Hay gente que sólo desea alquilar CNN en español, ABC, NBC y ESPN. Ese tipo de personas paga el doble, 20 cuc al mes”, aclara Roberto.

El negocio de la antena es una especie de Facebook local, y en su origen está el deseo -y la necesidad- de contrastar las manipuladas noticias a diario vendidas por el régimen. Salirse de una televisión estatal por lo general aburrida y llena de refritos.

-Todo comienza cuando algún amigo o pariente al otro lado del estrecho de la Florida, paga una tarjeta de paquetes de programas por cables, preferentemente en español. Luego, de forma clandestina, se introducen los equipos receptores de la señal. Ya en Cuba, existen personas que se dedican a fabricar de forma artesanal antenas parabólicas, explica Roberto.

Cuando se tiene todo el tinglado, es decir el aparato receptor y la parábola, se comienza a ofertar por el barrio, entre los vecinos, el servicio de cable privado. La demanda es grande, pues aunque se lleve una vida llena de estrecheces, muchas personas se sacrifican para ver una manera diferente de vivir la vida.

-El propietario de la antena conecta las distintas casas con un cable coaxial. En La Habana, te encuentras dueños del negocio de alquilar antenas que tienen más de 100 hogares conectados.

Sume usted. No menos de 1,000 cuc (25 mil  pesos) mensuales. Por eso, a pesar de las ofensivas conjuntas de la inteligencia cubana y la policía, para frenar el auge de las antenas privadas, poco han logrado. Si te pillan, te pueden poner hasta 30 mil pesos (1250 cuc) de multa. Y si eres reincidente, puedes ir a la cárcel por dos años.

Pero el negocio es rentable, y gente como Roberto se rifa el pellejo. Anécdotas hay muchas. Como la de un cuartel de bomberos, que a cambio de silencio, de forma gratuita ven televisión por cable.

El cubano común quiere informarse y entretenerse. No le importa que falte la carne de cerdo o los vegetales en la mesa. Vale la pena ese sacrificio para ver, sin que nadie se los cuente, lo que acontece en la otra orilla.

Y no pocas veces se enteran de lo que pasa en su país por noticieros foráneos. A falta de internet y prensa extranjera, el negocio de alquilar antenas es una especie de red social. El Facebook cubano.

Iván García

Foto: orhvy, Flickr