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Esmelina, la Constitución y la basura

Sábado, 13 de Marzo de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Esmelina Carreño, 49 años, es una negra gruesa de carnes flojas y andar cansino. Desde hace seis años vive en la Ciudad de  La Habana. Nació en Santiago de Cuba, en medio del macizo montañoso de la Sierra Maestra. Es la octava de doce hermanos que viene a probar suerte en la capital de todos los cubanos.

Uno de ellos, que emigró hace 25 años, le resolvió el cambio de dirección. El trámite ante las autoridades demoró, pero gracias a la Virgen de la Caridad, consiguió trabajo. La situación está difícil en cualquier parte de la Isla, pero en La Habana, el dinero se gana más fácil.

Su meta es mejorar la vida de sus tres hijas y nietos. Aún no los puede traer consigo, pero cada tres meses con una vecina, trabajadora de un policlínico, resuelve un certificado médico por quince días. Así puede justificar dos semanas de ausencia en su centro laboral. No importa que el certificado le cueste 20 pesos cubanos (menos de un dólar). No es nada comparado con la posibilidad de matar la nostalgia y volver a ver a su familia.

A Esmelina no le preocupa que pronto cumplirá 50 años. Su preocupación es una sola: necesita una casa donde vivir sin sobresaltos en La Habana. Para lograr sabe que tiene que reunir suficiente dinero. Por eso, aprovecha sus viajes a las provincias orientales para traer café, cocoa y queso, que después revende a los habaneros.

Sabe que se arriesga. La policía le ha revisado hasta cuatro veces el equipaje en el trayecto desde Santiago de Cuba a La Habana, unos 800 kilómetros. Ya tuvo que pagar hasta mil 500 pesos de multa (alrededor de 45 dólares), por trasladar ‘mercancías prohibidas’, que casi siempre se las decomisan. Pero aprendió a camuflagearlas y logrado llegar con ellas a la capital.

Sus sueños han comenzado a materializarse. En seis años, ha reunido lo suficiente para comprar un terreno en la periferia de la ciudad, en una zona apartada del municipio Cotorro. El inmueble no tiene título de propiedad, es del Estado. El poseedor anterior lo tenía en usufructo desde hace más de 40 años y se lo vendió. Eso tampoco importa, después que haga su casa lo legaliza.

Con esfuerzo propio,  yalevantó un cuarto y un baño. Como no tiene licencia, consiguió los materiales de construcción en el mercado negro. Para Esmelina es vital poder independizarse. Vive agregada en casa de su hermano mayor.

Ya dio otro paso que la llevará cerca de alcanzar su meta. Tiene un techo donde vivir. Ha tenido suerte, los inspectores del Departamento de Enfrentamiento a las Ilegalidades, de la Dirección Municipal de la Vivienda, no han detectado la construcción ilegal. Si llegaran a descubrirla, el órgano estatal de oficio, iniciaría un procedimiento administrativo, regulado en el decreto Ley 227, y perdería lo construído.

Esmelina está consciente de que para llegar a ser propietaria, no sólo necesita dinero para los materiales, si no también para pagarle a un abogado especialista en problemas de vivienda, quien por ’la izquierda’ le arregle los papeles. De lo contrario, corre el riesgo de perderlo todo, o quedarse como arrendataria de lo que edificó, con el sudor de su trabajo.

Le pide a sus santos que demore la visita de los inspectores, hasta que termine su construcción y reúna lo suficiente para realizar el plan concebido. Mientras, ya dio el siguiente paso: trajo a la menor de sus tres hijas y a una nieta desde Santiago de Cuba.

Es aquí donde comienzan los obstáculos en la carrera por alcanzar sus sueños. Intenta matricular a la pequeña en la escuela, pero el centro le exige el cambio de dirección. Esmelina construye con esfuerzo propio una casa, pero todavía es ilegal. Y como no es propietaria, no puede solicitar a la Dirección Municipal de la Vivienda su consentimiento para que su nieta, nacida en otra provincia, pueda vivir y estudiar en la capital.

Es el primer requisito que exige el Decreto-Ley 217 de 22 de abril de 1997, que establece las “Regulaciones Migratorias Internas para la Ciudad de La Habana”. Dicha disposición prohíbe a los cubanos, proveniente de otros territorios del país, residir, domiciliarse o convivir con carácter permanente en la capital, sin autorización.

La señora Carreño debe, además, pedir permiso al Presidente del Consejo de Administración del territorio, para que su hija y nieta convivan junto con ella. Y también presentar un documento expedido por la Dirección Municipal de Arquitectura y Urbanismo, que certifique que la vivienda cumple las condiciones mínimas de habitabilidad y que cada conviviente tiene 10 metros cuadrados de superficie techada.

Esmelina sabe bien cómo es el procedimiento, su hermano tuvo que realizarlo para que ella pudiera residir sin problemas en la capital. Sabe que es engorroso y agotador. Al verse entre la espada y la pared, decidió ofrecerle 500 pesos (25 dólares) a su hermano, para que le hiciera el favor de tramitárselo. Mientras, ha resuelto un ‘tránsito’ (permiso) por tres meses, para que la niña comience a recibir las clases.

Su nieta tiene 8 años y es una alumna aplicada. Acaba de llegar de la escuela y le pide a su abuela que le ayude a hacer la tarea de Educación Cívica que le puso la maestra. Para realizarla, es necesario consultar la Constitución de la República. Esmelina Carreño nunca antes había visto ese folleto ni leído esa ley. Empieza a leer y se va deteniendo en párrafos que le provocan dudas.

… “El Estado como poder del pueblo, en servicio del propio pueblo garantiza; que no haya hombre o mujer, en condiciones de trabajar, que no tenga oportunidad de obtener un empleo con el cual pueda contribuir a los fines de la sociedad y a la satisfacción de sus propias necesidades…. que no haya joven que no tenga oportunidad de estudiar…”

Olvida que tiene que ayudar a su nieta. Y se pregunta  a sí misma ¿por qué, por no tener reconocida la residencia en la capital, a mi hija, ningún centro laboral o educacional la acepta?
Continúa leyendo: “…que no haya enfermo que no tenga atención médica; que no haya niño que no tenga escuela, alimentación y vestido…”
Vuelve a meditar: mi nieta padece una alergia severa en la piel y recibe atención médica, pero los medicamentos recetados para tratarla, no se lo expiden en la farmacia porque no puede acreditar su residencia en el territorio. La escuela tampoco aceptaba su ingreso por el mismo motivo ¿entonces de qué derechos me hablan?

En otro párrafo dicen: “…El Estado trabaja por lograr que no haya familia que no tenga una vivienda con­fortable…”.

Ahora comenta en voz alta.

-Entonces, por qué, si edifiqué mi casa con mi esfuerzo, sin ayuda del Estado, corro el riesgo de que me la quiten?

Por último, lee “que…todos todos los ciudadanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes…, que…la discriminación por motivo de raza origen y cualquier otra lesiva a la digni­dad humana está proscrita y es sancionada por la ley…que el Estado consagra el derecho conquistado por la Revolución de que los ciudadanos, se domicilian en cualquier sector, zona o barrio de las ciudades y se alojan en cualquier hotel…”.

Cerró el folleto que por fuera dice Constitución de la República de Cuba. Ya no deseaba leer más. No obstante, se hizo la última pregunta ¿qué culpa tengo yo, y mi familia, de no haber nacido en Ciudad de la Habana? Acababa de descubrir una triste verdad. Nada de lo que decía aquella ley, se correspondía con lo que estaba viviendo.

Una gran mentira. Un papel le decía, que la Revolución le garantizaba derechos, pero por otra parte, le ponía trabas que le impedían vivir como persona. Antes no pensaba en eso, veía a su existencia desde una óptica diferente. Y se da cuenta de que por muchas dificultades que tenga que sortear para materializar sus sueños, puede tropezar con grandes obstáculos legales. Y sortearlos, demoraría una eternidad o en la práctica se volverían irrealizables.

Esa tarde, Esmelina comprendió que la Constitución de su país es letra muerta. Y si no la hacen cumplir, puede parar en la basura.

Laritza Diversent
Foto: zimlichproductions, Flickr

Declaración del Grupo de los 75

Jueves, 11 de Marzo de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Al cumplirse 7 años de nuestro injusto encarcelamiento en inhumanas condiciones de prisión, los miembros del Grupo de los 75 abajo firmantes, arrestados los días 18, 19 y 20 de marzo de 2003, declaramos nuestra firma decisión de continuar nuestra lucha pacífica por alcanzar una Cuba democrática, con justicia social y respeto a los derechos humanos en un marco de reconciliación y solidaridad entre todos los cubanos.

Arribamos a este aniversario cuando la crisis nacional se agudiza a niveles insoportables y se profundiza el proceso de destrucción material y moral en la sociedad cubana.  Esto prueba la razón de nuestros planteamientos sobre la necesidad de cambios económicos, sociales y políticos fundamentales.  Si los  juicios realizados sin ningunas garantías jurídicas y nuestras condenas de hasta 28 años fueron absolutamente arbitrarios e injustos, ahora que el presidente Raúl Castro ha reconocido la necesidad de cambios estructurales y de conceptos, así como  ha expuesto reiteradamente problemas que nosotros habíamos denunciado, resulta mucho más absurda y monstruosa nuestra permanencia en prisión.  No cometimos ningún delito, sino que alertamos  sobre las consecuencias de un sistema disfuncional que ha llevado a Cuba al caos.

Por consiguiente, reclamamos la liberación inmediata e incondicional de los 53 que permanecemos aún en las cárceles y que a los 9 con licencia extrapenal que residen en nuestro país se nos haga efectiva la libertad sin condiciones. Igualmente los demás prisioneros de conciencia y políticos pacíficos deben ser excarcelados.

Condenamos la cruel muerte del mártir Orlando Zapata Tamayo, nuestro compañero de lucha pacífica. Humilde joven negro, quien por reclamar sus derechos y la de los demás reos sufrió despiadadas represalias de los carceleros. Nos unimos al dolor de su sufrida madre, Reina Luisa Tamayo Danger.

Apoyamos la Jornada “El Tiempo de Cambio es Ahora”, convocada por nuestros hermanos encarcelados en la prisión Combinado del Este para conmemorar la Primavera Negra del 12 al 31 de marzo de 2010. Aspiramos a que todos los compatriotas, estén donde estén, participen con sus iniciativas en esta Jornada.

Nos conmueve profundamente el sacrificio de Guillermo (Coco) Fariñas al mantenerse en huelga de hambre en demanda de la liberación de quienes estamos más enfermos. Le hemos expresado reiteradamente nuestra preocupación porque esté poniendo su vida en peligro.  Si el régimen lo dejara morir, estaría demostrando nuevamente su desprecio total por la justicia y el respeto de los derechos humanos.  Sería una evidencia más de la impiedad, obstinación e ilimitadas ansias de poder que han llevado la nación al desastre.

Alertamos a todos nuestros compatriotas residentes dentro y fuera de Cuba, así como a la opinión pública internacional sobre la necesidad de movilizarse para evitar otras posibles muertes. La salud de la mayoría de los prisioneros de conciencia y políticos es precaria y la asistencia médica deficiente. Existen casos extremadamente preocupantes, que podrían tener un desenlace fatal a corto plazo como Ariel Sigler Amaya, quien no mejora a pesar de estar ingresado desde hace meses en un hospital.

Por Cuba, “con todos y para el bien de todos”.

Prisioneros del Grupo de los 75 que han podido ser contactados telefónicamente en las cárceles, y con licencia extrapenal por serias enfermedades:

1- Luis Enrique Ferrer García, condenado a 28 años, Prisión Mar Verde, Santiago de Cuba.

2- Omar Rodríguez Saludes, condenado a 27 años, Prisión Toledo, Ciudad de La Habana.

3- Alfredo Felipe Fuente, condenado a 26 años, Prisión Guanajay, La Habana.

4- Miguel Galván Gutiérrez, condenado a 26 años, Prisión Guanajay, La Habana.

5- Iván Hernández Carrillo, condenado a 25 años, Prisión El Pre, Guamajal, Villa Clara.

6- Blas Giraldo Reyes Rodríguez, condenado a 25 años, Prisión Nieves Morejón, Sancti Spiritus.

7- Félix Navarro Rodríguez, condenado a 25 años, Prisión Canaleta, Ciego de Ávila.

8- Normando Hernández González, condenado a 25 años, Prisión Kilo 7, Camagüey.

9- José Daniel Ferrer García, condenado a 25 años, Prisión El Típico, Las Tunas.

10- Ariel  Sigler Amaya, condenado a 25 años, Hospital Julio Trigo, Ciudad de La Habana, muy enfermo.

11- Jesús Mustafá  Felipe, condenado a 25 años, Prisión Provincial de Guantánamo.

12- Próspero Gaínza Agüero, condenado a 25 años, Prisión Cuba Sí, Holguín.

13- José Luís García Paneque, condenado a 24 años, Prisión Las Mangas, Granma.

14- Eduardo Díaz Fleitas, condenado a 21 años, Prisión Kilo 5 ½, Pinar del Río.

15- Ricardo González Alfonso, condenado a 20 años, Prisión Combinado del Este, Ciudad de La Habana.

16- Diosdado González Marrero,  condenado a 20 años, Prisión Kilo 5 ½, Pinar del Río.

17- Pedro Argüelles Morán, condenado a 20 años, Prisión de Canaleta, Ciego de Ávila.

18- Pablo Pacheco Ávila, condenado a 20 años, Prisión de Canaleta, Ciego de Ávila.

19- Librado Linares García, condenado a 20 años, Prisión La Pendiente, Villa Clara.

20- Arturo Pérez de Alejo, condenado a 20 años, Prisión  El Pre, Guamajal, Villa Clara.

21- Julio César Gálvez Rodríguez, condenado a 20 años, Prisión Combinado del Este, Ciudad de La  Habana.

22- Nelson Molinet Espino, condenado a 20 años, Prisión  Kilo 5 ½, Pinar del Río.

23- Fabio Prieto Llorente, condenado a 20 años, Prisión El Guayabo, Isla de la Juventud.

24- Lester González Pentón, condenado a 20 años, Prisión La Pendiente, Villa Clara.

25- Fidel Suárez Cruz, condenado a 20 años, Prisión Kilo 8, Camagüey.

26- Manuel Ubals González, condenado a 20 años, Prisión de Boniato, Santiago de Cuba.

27- Leonel Grave de Peralta, condenado a 20 años, Prisión de Boniato, Santiago de Cuba.

28- Ángel Acosta Moya, condenado a 20 años, Prisión Combinado del Este, Ciudad de La Habana.

29- Juan Carlos Herrera Acosta, condenado a 20 años, Prisión Cuba Sí, Holguín.

30- Marcelo Cano Rodríguez, condenado a 18 años, Prisión de Ariza, Cienfuegos.

31- Omar Ruiz Hernández, condenado a 18 años, Prisión Nieves Morejón, Sancti Spiritus.

32- Arnaldo Ramos Lauzurique, condenado a 18 años, Prisión Nieves Morejón, Sancti Spiritus.

33- José Ubaldo Izquierdo, condenado a 16 años, Prisión de Guanajay, La Habana.

34- Antonio Villarreal Acosta, condenado a 15 años, Prisión La Pendiente, Villa Clara.

35- Adolfo Fernández Sainz, condenado a 15 años, Prisión de Canaleta, Ciego de Ávila.

36- Alexis Rodríguez Fernández, condenado a 15 años, Prisión Aguadores, Santiago de Cuba.

37- Claro Sánchez Altarriba, condenado a 15 años, Prisión Provincial de Guantánamo.

38- Alfredo Pulido López, condenado a 14 años, Prisión Cerámica Roja, Camagüey.

39- Alfredo Domínguez Batista, condenado a 14 años, Prisión Típico Viejo, Las Tunas.

40- José Miguel Martínez Hernández, 14 años, Prisión de Quivicán, La Habana.

41- Efrén Fernández Fernández, condenado a 12 años, Prisión de Guanajay, La Habana.

42- Héctor Raúl Valle Fernández, condenado a 12 años, Prisión de Guanajay, La Habana.

43- Ricardo Silva Gual, condenado a 10 años, Prisión Aguadores, Santiago de Cuba.

44.- Oscar Elías Biscet González, condenado a 25 años, Prisión Combinado del Este, Ciudad de La Habana.

Con licencia extrapenal por serias enfermedades y en cualquier momento pueden ser retornados a prisión:

45- Margarito Broche Espinosa, condenado a 25 años.

46- Héctor Palacios Ruiz, condenado a 25 años.

47- Martha Beatriz Roque Cabello, condenada a 20 años.

48- Roberto de Miranda Hernández, condenado a 20.

49- Oscar Espinosa Chepe, condenado a 20 años.

50- Jorge Olivera Castillo, condenado a 18 años.

51- Marcelo López Bañobre, condenado a 15 años.

52- Carmelo Díaz Fernández, condenado a 15 años.

53- Reinaldo Labrada Peña, en libertad por cumplir la condena de 6 años,

Divulgada en La Habana, el 8 de marzo de 2010.

Foto: AP. Damas de Blanco frente el Capitolio Nacional, el 10 de diciembre de 2008, Día Internacional de los Derechos Humanos.

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Armani, toma nota

Martes, 9 de Marzo de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

No se parece a futbolista inglés David Beckham, sino al actor español Antonio Banderas. Es cubano, se llama Carlos y nació hace 24 años en un caserío del central azucarero Venezuela, en la provincia de Ciego de Ávila, a casi 600 kilómetros de La Habana.

Le gusta vestir vaqueros Guess bien ajustados, con un cinturón ancho donde resalta una hebilla con un águila imperial, y un pulóver Dolce&Garbana, ceñido, para resaltar sus bíceps modelados con paciencia en un gimnasio. Más que de su cuerpo, de lo que le gusta presumir es de su pene.

Para completar su pinta de chulo de barrio, un dentadura de oro, dos cadenas y una manilla de un dedo de grueso. Todo de 18 quilates. El pelo negro y brillante con demasiado gel. Y si nunca perder la sonrisa de éxito.

Y vaya si tiene éxito el chico de oro. Hace cinco años vive en La Habana. En sus primeros tiempos, junto a un amigo rentaba una habitación por 40 c.u.c mensuales en una sórdida y mugrosa cuartería del marginal barrio de San Leopoldo. Ahora no.

-Tengo una novia cubana que es modelo en Italia y está casada con un hombre que además de abdomen, le sobran los euros. Ella vive para mí. Todos los meses me gira entre 800 y 1000 euros y cuando viene de vacaciones la pasamos en grande en hoteles de lujo y discos de moda. Le compró una casa a mis padres en Ciego de Ávila y hace poco una a mí en el Nuevo Vedado. Además de un coche y un ordenador de última generación. No me puedo quejar de ella.

Carlos no se considera el típico “pinguero”, como se le conoce en Cuba a los muchachos que venden su pene a hombres o mujeres. Al principio, cuando era un guajirito de estreno en la capital, supo que atraía por igual a hombres y mujeres.

-Hice el amor con unas cuantas viejas asquerosas por 30 c.u.c y no fueron pocas las noches que algún vejete europeo me chupaba la verga por solo 10 dólares, en la escalinata de la Universidad de La Habana.

Pero aquellos años de sexo mal pagado pasaron a mejor vida. Varios homosexuales españoles y canadiense al llegar a su terruño, cuando salen de copa elogian tanto las cualidades de este gigoló caribeño, que sus amigos, en sus próximas vacaciones se dan un saltito por La Habana para conocer al tipazo. Agraciado como Antonio Banderas. Y bien dotado como un actor de películas porno.

Y por supuesto, también se dan una vuelta por el Nuevo Vedado, chicas de Alcobendas o Milán y ancianas rollizas de Londres o Ginebra. Una enamorada alemana le actualiza una página donde anuncia sus “cualidades”.

-Ya me considero un profesional. Ahora no cobro menos de 120 euros la noche, incluso tengo planes de cobrar por horas, como los buenos gigolós.

El sueño de Carlos es marcharse a Madrid o Berlín y abrir un club de nudismo masculino.

-Aquí en Cuba se corren muchos riesgos. Al ser una profesión ilegal, si me pillan puedo ir a las rejas 5 años. Y en la prisión, yo que no soy valiente, seré la ‘chica’ de cuantos bugarrones se le antoje.

Según dice, sus horas en la isla están contadas.

-Cierta vez leí que en los años 50 había un club en el barrio chino habanero, donde un negro era muy famoso por un espectáculo donde mostraba su verga de 30 cm. Yo me la medí y estoy cerca. Cuando recale en Europa haré un remedo de ese espectáculo.

Ya se imagina ganando euros y aplausos después de una actuación en centros nocturnos. Entrevistas en las revistas del corazón y una fila de fans haciéndole propuestas al chico del central Venezuela parecido a Antonio Banderas. “Pero mejor dotado que el actor de Málaga”, dice risueño.

Y probablemente también que David Beckham, a quien la reportera italiana Elena di Cioccio se atreviera a tocarle los genitales. La nueva imagen del Emporio Armani para ropa interior masculina es el portugués Cristiano Ronaldo. Más bonitillo y musculoso, pero no muy ”superdotado” según estas fotos:

Así que, Armani, toma nota. Este cubano no será tan famoso, pero con él no hay que perder tiempo haciendo photoshop.

Iván García

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Una historia de odio y amor

Lunes, 8 de Marzo de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Sandra lloraba sobre la almohada sin consuelo. A su mente venían recuerdos tristes que ahondaban su pena y le cortaban la respiración. Su padrastro la despertaba a las 6 de la mañana para que limpiara toda la casa, antes de irse para la escuela. De rodillas, pulía con la frazada el piso, hasta que quedara seco. De no ser así este le propinaba una golpiza feroz. No entendía porque la odiaba y maltrataba tanto. Entonces sólo tenía 16 años.

Cuando lloraba en silencio venían pensamientos nefastos a su cabeza. Deseaba que su padrastro muriera. ¿Cuántas veces no le pidió a Dios que falleciera en algún accidente o de un cáncer devastador? Era lo único que podía hacer ante su impotencia. El todopoderoso no la complació. Siempre regresaba y continuaba amargándole  la existencia.

Isabel, la madre sabía que su hija lloraba encerrada en el cuarto, sufría junto con ella pero no decía nada. No podía contradecir a Pedro. Llevaban 15 años de matrimonio y dos hijas en común. Sandra era fruto de su primera relación, y Pedro le había ayudado a criarla desde los cinco años. Estaba agradecida a este hombre despiadado y de pocas luces, que se casó con ella y la sacó de un paraje intrincado en las montañas de la Sierra Maestra.

Una noche, cuando todos dormían, despacio y sin hacer el menor ruido Sandra abrió la puerta, corrió hasta que sus pies se cansaron. Una carretera la hizo reaccionar. Estaba lejos de casa y la autopista solitaria le recordó historias de asaltos que habían ocurrido por esa zona. El miedo la hizo esconderse entre las altas yerbas. No podía creer lo que su ira la había empujado hacer. Sintió tanta pena de sí misma y nuevamente a llorar inconsolablemente.

Pensó tirarse ante uno de aquellos autos veloces. Pero quedaría destrozada y su madre no la reconocería. Con un pedazo de vidrio encontrado en la carretera, frotó sus muñecas. Quería entrar en un sueño letárgico del que no despertara jamás. Ni siquiera se hizo un rasguño. Comprendió que no tenía suficiente valor para acabar con su sufrida existencia.

Necesitaba que alguien la escuchara. Sintió música en casa de Laura y se atrevió a tocar la puerta, a pesar de lo avanzado de la madrugada. Laura se sorprendió al verla. Sandra se le tiró encima a llorar. Después de tomarse un vaso de agua y contar su triste historia, aceptó tomar un trago de ron. Uno, dos, tres…, ya estaba mareada, todo le daba vueltas. Sentía como Laura la desvestía, acariciaba sus senos y la besaba.

Todo en su mente se puso negro. Despertó con un terrible dolor de cabeza. Estaba completamente desnuda y sola en la casa. Tenía recuerdos vagos, no podía entender nada. Estaba decidida a no regresar, no podía soportar la cara de su padrastro. Laura llegó, la sorprendió con un beso en los labios. Sus ideas se iban ordenando en la cabeza, pero no estaba segura de lo que había sucedido horas ante entre ellas dos.

Laura era una mujer independiente, vivía sola desde hacía un año, cuando se divorció. Sandra la conocía desde el preuniversitario. Se daba cuenta del trato especial que le ofrecía, pero no al extremo de sospechar que estaba enamorada de ella. En esa circunstancia, debía escoger entre los maltratos despóticos de su padrastro o la estabilidad emocional y amorosa que le ofrecía su amiga.

Un mes más tarde estaba completamente cambiada. En su rostro se notaban las ganas de vivir. La libertad estaba en sus manos. Era dueña de su vida. Besaba a cuantos quería o la deseaban, no importaba el sexo. Era como realmente deseaba ser y ya no había nadie que se lo impidiera.

Cinco años después, Laura y Sandra, dos profesionales lesbianas, son una pareja feliz y estable. Esperan la respuesta de la Embajada de España, para viajar con un contrato de trabajo. Las dos saben que sólo necesitan el pasaje de ida.

Laritza Diversent

Foto: Dos mujeres desnudas, de Pablo Picasso. Pintado en París en noviembre de 1945.

En Cuba se vive a orillas de la muerte

Sábado, 6 de Marzo de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Es el 14 de febrero de 1969. Estoy preso desde hace casi diez años por haber denunciado los designios antidemocráticos de Fidel Castro. Ahora me tienen en la prisión de La Cabaña en La Habana. Es de madrugada y me acabo de llevar una impresión muy desagradable: mientras me lavaba la boca vi una sombra colgando. Me acerco: es el cuerpo del compañero Rafael Domínguez Socorro. Se ha suicidado, su cadáver todavía está caliente. Llamo a los compañeros, pero ya no se puede hacer nada. Domínguez había perdido la razón en prisión y dos compañeros lo cuidaban.

He comenzado mi segunda huelga de hambre. Nerín Sánchez, Tony Lamas y yo decidimos apoyar la protesta de nuestros compañeros. Hace solo veinte días los tres acabábamos de terminar otra huelga de hambre. En la decisión de entrar a una huelga de hambre, de la cual no se sabe si se saldrá vivo, pueden entrar en juego muchos factores, pero el fundamental es la necesidad de reafirmar el respeto a sí mismo como ser humano.

En circunstancias abrumadoramente humillantes, física y moralmente inaceptables, es el espíritu de supervivencia de la dignidad el que toma la decisión de ir a la huelga de hambre.

En las mazmorras y los calabozos donde por medio siglo los Castro han encerrado a quienes nos hemos atrevido a desafiarlos, los vínculos con la vida son tenues. Se reducen a una mísera alimentación, un poco de luz ocasional, a veces contactos esporádicos y vigilados con la familia. Lo demás es odio, desprecio y maltrato. Uno vive arrinconado en el refugio que le ofrecen sus valores morales y su espíritu. Lo único que la garra del régimen no puede alcanzar.

Pero la vida del preso político, en Cuba, es solamente una versión intensificada de la que viven los demás cubanos. Cuba es hoy una inmensa cárcel, controlada a base de miedo y opresión. De lo contrario, no se explicaría que miles de compatriotas decidan jugarse la vida en balsas precarias e improvisadas para tratar de salir. Salir hacia lo que sea, aun sabiendo que hay muchas posibilidades de no llegar vivos a ninguna parte. El hambre de libertad de los seres humanos es tan fuerte y temeraria como la dignidad.

Más que una protesta. Pero en la huelga de hambre del preso político hay mucho más que una protesta. Hay un doble desafío: a uno mismo y a los opresores. El desafío a uno mismo es evidente: ¿podré aguantar? ¿Cuánto? ¿Estoy verdaderamente decidido a morir de hambre si es necesario?

El opresor tiene varias opciones, desde ceder pronto a las exigencias del preso para tratar de tapar el asunto, hasta convertir su acción en una larga tortura, ejemplarizante para los demás, o bien, en última instancia, simplemente dejar morir al prisionero.

A mí no me dejaron morir esa vez porque mi compañero de huelga, Tony Lamas, decidió renunciar a ella para ir a gritar por los pasillos de prisión: “Están asesinando a Huber”.

Al régimen le preocuparon las posibles repercusiones de hacerse responsable de la muerte de un comandante de la revolución. Orlando Zapata, un albañil negro, poco conocido dentro o fuera de Cuba, les pareció sin importancia.

Que el sacrificio de Zapata se agigante, que afecte decisivamente al moribundo régimen, depende de todos nosotros, los que quedamos vivos. El mundo se ha acostumbrado a tolerar esa llaga en el costado de la dignidad humana que es el régimen dictatorial y totalitario de los Castro.

Tal vez esta muerte actúe como un revulsivo, como una sacudida sobre la conciencia moral de las naciones.

Si los Gobiernos no reaccionan como deben, entonces que lo hagan los pueblos, levantando su dedo acusador contra gobernantes que prefieren ignorar los principios que dicen defender, con tal de seguir haciendo negocios con un régimen manchado de sangre e ignominia.

Hubert Matos

La Nación de Costa Rica

Foto: Enero de 1959, entrada del Ejército Rebelde a La Habana. A la izquierda de Fidel Castro, Camilo Cienfuegos, quien en octubre de ese año ‘misteriosamente’ desaparecería en el mar. A la derecha, Huber Matos, quien por los mismos días sería arrestado y condenado a 20 años de privación de libertad.

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De lo macabro y lo indigno

Viernes, 5 de Marzo de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

No sé de quién fue la idea, pero no sólo me parece macabra, también indigna. Abrir una web dedicada a las huelgas de hambre en Cuba. Coger ‘para el trajín’ un recurso que en estos 51 años han usado los presos políticos cubanos para exigir que sus derechos sean respetados dentro de las infernales prisiones de la Isla. No comparto esa forma de protestar, pero la respeto, como ya hace unos días escribí.

Por exigir esos derechos, hace una semana murió Orlando Zapata Tamayo, a los 42 años. A consecuencia de la última huelga de hambre y por las anteriores, realizadas durante los siete años que fue maltratado, humillado y reiteradamente golpeado en todas las prisiones por donde pasó.

En estos días, por cierto, hemos dicho que Zapata Tamayo es el segundo prisionero político que moría por una huelga de hambre. Que el primero había sido Pedro Luis Boitel Abraham, en 1972.

Y no es cierto, por lo menos nueve cubanos más, murieron en las cárceles cubanas, en distintos años: Roberto López Chávez, Presidio Modelo, Isla de Pinos (1967); Francisco Aguirre Vidaurreta y Luis Alvarez Ríos, prisión El Príncipe, La Habana (1967); Carmelo Cuadra Hernández, prisión de La Cabaña (1969); Olegario Charlot Espileta, prisión de Boniato, Santiago de Cuba (1973); Enrique García Cuevas, prisión provincial de Las Villas (1973); Reinaldo Cordero Izquierdo, prisión Cinco y Medio, Pinar del Río (1973); Santiago Roche Valle, prisión Kilo 7, Camagüey (a mediados de los 70) y José Barrios Pedré, prisión Nieves Morejón, Sancti Spiritus (1977).

Pero una cosa es informar, recopilar datos, documentarse, investigar, y otra es el facilismo, el sensacionalismo, de aprovecharse de un tema que a casi todas las personas interesa, como es el de la muerte, sobre todo si uno expira tras un largo sufrimiento, mientras más agonía, mejor.

Esto no es cosa de juego. Esto es no película de los sábados, crónica roja o prensa rosa ni amarilla.

Detrás de la muerte de Zapata, Boitel y esos nueve o más cubanos que hayan fallecido por huelgas de hambre en estos 51 años, hay una cuestión fundamental, que es el respeto a los derechos humanos, de los encarcelados, por motivos comunes o políticos, y de los cubanos todos, al margen de ideologías.

Esto no es un asunto light, cool, para estar en la “onda” de lo que en estos momentos ha sido noticia, la muerte de un hombre tras 86 días de huelga de hambre. O de que hay otro cubano, Guillermo Fariñas, dejando de ingerir agua y alimentos. Y según él, quien más huelgas de hambre ha hecho en Cuba, a lo mejor logra un Guinness.

Fariñas es dueño de su cuerpo y de su mente y puede hacer lo que estime conveniente. Pero si tiene tantos deseos de morir, con una soga basta. Y le ahorra a su familia tantos días de incertidumbre. Por cierto, no entiendo cómo un padre con una hija de 8 años, quiera dejarla huérfana.

Los periodistas independientes Iván García y Laritza Diversent estuvieron el domingo 28 de febrero en Santa Clara y hablaron con Fariñas. Ok, bien. Se publicó en este blog. Pero de ahí a hacer un culebrón mediático con su debilitado organismo…

La muerte debería ser algo íntimo y sagrado. Pero desgraciadamente, vivimos en tiempos de Reality Show, de Facebook y Twitter, donde en cualquier momento se dedican a describir el color de sus heces fecales. A tanta gente comecatibía que existe hoy en el mundo no podemos seguirle la rima. Ni perder tiempo leyéndolos, y menos repercutiéndolos.

You Tube es otro sitio lleno de intrascendencias. Que más o menos se pueden aceptar siempre y cuando sean boberías. Lo malo es que va en aumento la tendencia a subir imágenes violentas y degradantes, sin contar las perversidades de pedófilos y pederastas.

Tampoco sé quién hizo esas fotos de los enfermos del Hospital Psiquiátrico fallecidos el pasado mes de enero en La Habana, ni quién fue el primero que las divulgó en la red. Porque es una falta de ética y de respeto, hacia esos infelices y hacia sus familias.

Y una verdadera desvergüenza para quienes a través de sus celulares y sus medios las están difundiendo, creyendo que están dando un ‘palo’ periodístico. Cuando es algo muy triste y doloroso. Y demuestra la falta de sensibilidad y compasión de quienes las divulgan y de quienes las miran.

Los cubanos, pensemos como pensemos y vivamos donde vivamos, no deberíamos contribuir a ese lado oscuro, macabro, indigno y perverso de internet. Ni a propagar mensajes sin importancia a través de los teléfonos móviles.

Tania Quintero

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El asilo de ancianos de la calle San Miguel

Viernes, 5 de Marzo de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Da grima. El asilo de ancianos “Hogar del Veterano”, en Agustina y San Miguel, a una cuadra de la Calzada de 10 de Octubre, es una edificación de dos plantas, descuidada y sucia, pintada de un color que hace muchos años fue azul cielo.

Por estos días de frío húmedo, usted observa en las mañanas sin sol, a varios grupos de ancianos apiñados y aburridos, con sus abrigos sucios y gastados del siglo pasado, los ojos lagañosos y extrañando un café con leche caliente que les cambie el cuerpo ante esta ola gélida de enero de 2010.

Fue el poeta Raúl Rivero, ahora exiliado en Madrid, quien en uno de sus poemas dice “cuando hace frío, el hambre tiene navaja”. Pregúntele a Urbano Fernández, un anciano de 75 años, siete de los cuales residiendo en el asilo, cargado de achaques y una artrosis cruel, qué es lo que más extraña de la existencia cotidiana. Y mirándole quieto con sus ojos claros, la única parte de su cuerpo que aún se mantienen con vida, “siento nostalgia por una cama limpia, unos hijos que me cuiden los pocos años que me quedan y una comida decente y caliente”, dice Fernández, mientras a las personas que pasan por las calles aledañas al asilo, le pide cigarrillos y dinero.

La gente suele mirar hacia otro lado cuando camina por este mal cuidado centro geriátrico. No es para menos. El espectáculo es poco edificante. Viejos tullidos, con hambre, algunos con avanzada demencia senil, jugando dominó o convertidos en pedigüeños.

“Alguna vez fuimos jóvenes y fuertes, expresa Jesús Garzón. Yo jugué béisbol, era campo corto”. Y sus manos que tiemblan como un flan de vainilla, intentan demostrar cómo atrapaba la pelota. Ahora, deteriorado por un avanzado Alzheimer, casi siempre está en cama. Su familia hace años que no lo visita.

“Soy una carga, un estorbo, lo único que pido para este 2010 es morirme cuanto antes”. Y de pronto me pregunta si algún día yo pudiera llevarlo al Latinoamericano, al antiguo Estadio del Cerro, a ver un partido de béisbol.

Otro grupo de ancianos tapados con colchas desteñidas y zurcidas juegan una partida de dominó, y comentan cuánto desearían comerse una posta de pollo frito. Desde una cafetería aledaña se siente el olor de los pollos que fríen. “Pero vale 25 pesos, y yo de jubilación sólo cobro 197 pesos” (menos de 8 dólares), aclara Reinaldo Peña, 69 años.

Según Peña, pasaron una Navidad y fin de año sin probar el cerdo asado. “Ese día nos dieron una sopa sin sustancia, arroz blanco y un pescado repleto de espinas. Las asistentes nos acostaron temprano, para poder escuchar música y tomar ron con sus amiguetes. Muchacho, te sugiero que le reces mucho a Dios, para cuando llegues a viejo tengas una familia que vele por ti”, dice el anciano, mientras se le humedecen sus ojos opacos y míopes.

Pedro Carballo, 84 años, es de los ancianos que más tiempo lleva viviendo en asilo. “Voy para 12 años, he visto morir a muchos, algunos buenos amigos mío. Estar en un asilo es como estar preso. Qué no he visto yo. Los asistentes que nos atienden son unos pobres diablos, que recalan aquí porque no tienen una mejor opción para ganarse la vida, el gobierno no les paga un salario digno, entonces lo que les interesa es robarse cuanta comida, aceite y detergente puedan”, comenta Carballo con voz pausada.

Y me cuenta que cuando llegan donaciones del extranjero, los trabajadores se las reparten entre sí. “A nosotros, viejos sarnosos y de mierda, que nos resistimos a morir, siempre nos toca lo peor”, dice el anciano enfadado.

Un grupo de cinco o seis octogenarios se acercan y dan más detalles. “Los que tenemos condición de seminternado, es decir, que solamente venimos a comer y a dormir, desde que amanece salimos al asfalto, a intentar ganarnos un puñado de pesos, para que la vida sea menos dura. Yo vendo periódicos, tengo varios clientes que me pagan 30 pesos semanales, para que cada día les lleva el periódico a sus casas. Gracias a ese dinero, puedo cenar algo mejor”, explica Norberto Arias, 78 años, un negro delgado que viste un viejo abrigo de lana y unos zapatos con la suela despegada, cocidos con alambre.

Para Norberto, “cenar algo mejor”, es comer arroz, frijoles, vianda y pescado hervido, en un tugurio estatal, lóbrego y sucio que vende comida a bajos precios, llamado El Encanto. La mayoría de los ancianos de este asilo estatal pasaron la Navidad viendo la tele o haciendo historias, alardeando cuando eran jóvenes y tenían un ejército de mujeres bellas, vestían con elegancia y tomaban cerveza.

En un rincón, Norberto Arias, comenta: “Esto es lo único que nos distrae, caernos a mentiras y vivir del pasado y la nostalgia. La realidad nuestra es dura, esperar que Dios nos lleve cuanto antes. Hace muchas Navidades que no comemos turrones, ni una comida caliente y exquisita, nuestras familias nos rechazan, no culpo a nadie, es lo que nos tocó”, acota Arias mientras baja su cabeza y llora en silencio.


Es lo que queda de uno de los Hogares de Veteranos que había en La Habana antes de 1959, donde antiguos mambises, como llamaban a quienes combatieron en las guerras de independencia, podían pasar dignamente su vejez. Puede verse en la foto, del 24 de febrero de 1952, cuando un grupo de alumnas de una escuela pública, (entre las cuales se encuentra mi madre), fueron con su maestra a llevarle tabacos y compartir un rato con estos viejos cargados de historia. Todos implecables, con sus guayaberas de lino.

Ahora es un asilo lúgubre y triste, en la calle San Miguel, en el municipio 10 de Octubre, el más poblado de La Habana.  Si usted no se conmueve al leer cómo viven estos ancianos, por favor, vaya al cardiólogo.

Iván García


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Yahima y su sueño-pesadilla

Lunes, 22 de Febrero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Yahima tiene 30 años. Es una mulata alta y hermosa. Lástima que no se ha dejado fotografiar. ”Confórmense con que les he contado mis sueños, o pesadillas, como prefieran llamarle”, nos dice. Y a continuación, comienza a hablar. Con la misma intensidad de sus ojos negros.

-Miren, desde pequeña he venido escuchando palabras que no entiendo. Fidelidad, lealtad, sacrificios… Nunca he comprendido a qué o a quién debo serle fiel. ¿A mi país o a mis principios? ¿Cómo hago para decir una cosa y actuar de otra?

Continúa sus confesiones, sin dejar de mover sus manos, con las uñas pintadas de rojo oscuro.

-¿Ustedes saben cuántas veces tuve que repetir el juramento de defender las conquistas de la Revolución? La primera vez, cuando era una niña, me hicieron pionera y me pusieron la pañoleta. Después, cuando ingresé en la FEEM (Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media) y de nuevo, cuando ingresé en la FEU (Federación Estudiantil Universitaria). A cada llamado de la Revolución, siempre dí el paso al frente.

Yahima se queda unos minutos callada.

-Todavía no sé por qué lo hice. Ah, si, ya sé. Porque quería entrar en el Instituto de Relaciones Internacionales. Pero al comité de base de la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas), al cual pertenecía, no le pareció suficiente mi aval revolucionario.

Y no pudiste entrar…

-No, no pude entrar. Le dieron la plaza y otro, a uno con quien ellos tenían “guara” (amistad). Era blanco, vivía en una buena casa y pertenecía a una familia ”integrada” (comunista). Mi familia también era revolucionaria, pero negros y pobres. No importa, me dije, que todo sea por la Revolución.

¿Y qué es la Revolución para ti, Yahima?

-Un cartel que una vez vi en la esquina de L y 23, en el Vedado. Y se me quedó grabada la primera frase: “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. Y eso precisamente es lo quiero yo en mi vida, un cambio. Quiero tener una casa amplia y cómoda, un auto y poder comprarle a mi hija, el día de los Reyes Magos, el juguete que ella quiera.

¿Ésas son todas tus ambiciones?, le preguntamos.

-Sí. No son muchas. Así y todo, hay quienes me dicen que ambiciono demasiado, cuando en el mundo hay millones de personas muriéndose de hambre, niños sin atención médica, sin poder ir a la escuela, trabajando para ayudar a sus padres, obligados a ser soldados o prostituirse. O que no olvide los conflictos bélicos y las desgracias naturales, como el terremoto que hace unos días devastó la capital de Haití.

-Cuando me dicen esas cosas, me quedo callada. Y para mis adentros digo: ¡Dios perdóname, déjame soñar! Pero, creánme, estoy cansada de tener que perder hasta 5 horas de las 24 que tiene el día, esperando un ómnibus para ir a mi trabajo. De vivir hacinada en 12 metros cuadrados, con los horcones podridos y el techo cayéndome encima…

Baja la voz y sus ojos se empañan. La invitamos a un refresco. Se anima y continúa hablando.

-Ya cumplí 30 años y vivo con un sabor amargo en la boca. No pude estudiar la carrera que me gustaba, pero me gradué de otra, en la universidad. Pensé que era el camino para realizar mis sueños y me equivoqué. Tal vez si me hubiera metido a puta me hubiese ido mejor…

Menos mal que tus desilusiones no te llevaron por malos caminos, le decimos a modo de consolación.

-Bueno, no sé que decirles. Muchas veces critiqué a una vecina, de mi misma edad, por vender su cuerpo por unos dólares. Pero les confieso que en el fondo sentía envidia, y deseaba tener aunque fuera uno solo de los vestidos que ella solía usar para salir a “jinetear” (prostituirse).

- Qué injusta es la vida! Mi vecina, que ”jineteaba” desde los 14 años, terminó abandonando los estudios. Mientras yo, mal vestida y comida, todo el tiempo sacrificándome y estudiando, para graduarme y obtener un título.

-En aquel entonces, de cierto modo me sentía superior, poque tenía una preparación. Mi vecina, con mucho menos nivel escolar que yo, se casó con un italiano, vive en Italia. Cuando viene de visita a Cuba, alquila un auto y pasea por lugares que sólo conozco por revistas. Y yo, con un salario de mierda, por pesos cubanos, que no me alcanza ni para cubrir los gastos mensuales.

Al menos eres una mujer independiente, como siempre quisiste ser…

-Sí, y qué? Soy profesional, pero para comprarme un par de zapatos tengo que contar con mi esposo, quien labora en un puesto no calificado en una instalación turística, pero tiene acceso a los ”fulas” (divisas). Así que, ¡a tragarse el orgullo!

-Disculpen mi perorata. A veces me dan ganas de tirarme del puente del Río Almendares, otras de largarme en una balsa. Pero soy cobarde, no tengo valor para lo uno o lo otro. Lo que sí quisiera es que se acabara esta vida de perros que los cubanos durante tanto tiempo llevamos.

Tal vez si hicieras algo para que a Cuba acabe de llegar un cambio…

-¿Pero qué puedo hacer, meterme a disidente? No, tampoco quiero eso. No por mí, si no por mi hija. Y por mi familia, que sufriría mucho si me cojen presa. Entonces lo que hago es hablar conmigo misma y llorar en soledad mis penas.

-A veces sueño despierta. Que tengo todo lo que deseo en un lugar limpio y bonito, tranquilo, sin ruidos. Un sitio que con esas características no puede ser Cuba, pues aquí todo es sucio, feo, ruidoso…

Si eres creyente, podrías encomendarte a los santos. Quienes tienen fe, dicen que los santos en ocasiones dan señales, pistas, para que la gente haga realidad sus sueños y no tenga pesadillas como las tuyas.

-¿Ustedes creen? No sé cómo eso podría ocurrir, a no ser que “me empate con un yuma” (me haga novia de un extranjero). ¿Saben que extrañaría si algún día me fuera de Cuba?

-El calor insoportable, sentarme a conversar en el Malecón  y chismear con mi vecina en el portal de su casa. Hacer cola para comprar el pan, jugar dominó los domingos y contar chistes verdes en el trabajo. Leer la prensa entrelíneas, dormirme viendo el noticiero y hablar con lenguaje de signos, como el de los sordomudos, por si hay un chivato escuchando. También extrañaría la bulla, el pregonar de los “merolicos” (vendedores ambulantes) y, el dolor de cabeza de todos los meses tener que conseguir “íntimas” (almohadillas sanitarias) cuando me baja la menstruación.

-A cada rato, cuando por la mañana estoy desayunando, con un buchito de café y un pancito con aceite o mayonesa, me quedo en la luna de valencia. Vuelvo a la realidad cuando mi madre, que vive con nosotros, me dice: ¡Niña despierta, bájate de esa nube, aterriza, que estamos en Cuba, y apúrate, que vas a llegar tarde al trabajo!

Laritza Diversent

Foto: Alberto Pérez del Río, Flickr

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De una dama habanera y su familia

Sábado, 20 de Febrero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios


Revisando los archivos fotográficos de Life en internet, encontré una veintena de imágenes de Alina Johnson de Menocal, realizadas en 1945 por Nina Leen y clasificadas bajo el rótulo “Havana Glamour Girl”. Pero cuando uno las revisa, se percata de que la etiqueta no se corresponde con la realidad: además de una dama de la alta sociedad cubana de entonces, la señora Johnson, al menos en ese momento, era madre de dos hijos, como en las dos fotos a continuación se puede apreciar.



Pensé que se trataba de la esposa de Raúl García-Menocal, alcalde de La Habana en los años 40 e hijo del tercer presidente que tuvo Cuba en su etapa republicana, Mario García Menocal. Para cerciorarme, continué buscando en internet.


Y descubrí que fue esposa de Luis García-Menocal Nadal, quien debe haber estado emparentado con los García Menocal, una de las familias con un árbol genealógico de profundas raíces en la Isla.

Con él, Aline tuvo tres hijos: Teodoro, Alina y Luis, los tres apellidados García-Menocal Johnson. Éste último, Luis, se casó con Kathy Barnwell y tuvo dos hijos: Carlos García-Menocal Johnson y Emilia Elena García-Menocal Johnson, quien se casaría con Eduardo Beruff García-Beltrán y con él tuvo tres hijos: Jorge Alejandro, Luis Eduardo y Alina, con un mismo apellido los tres: Beruff García-Menocal.


El nombre completo de la “Havana Glamour Girl” era Alina Johnson Aguilera y sus padres fueron Teodoro Johnson Anglada y Emilia Aguilera Sánchez.

Son fotos y nombres de cuando La Habana era una de las ciudades más cosmopolitas del hemisferio americano, a la altura de Nueva York, París y Londres. La capital de una república que por su posición geográfica la llamaban La Llave del Golfo. Y por su esplendor, La Perla de las Antillas.

Texto: Tania Quintero
Fotos: Nina Leen, Life

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Diálogo generacional desprejuiciado?

Martes, 16 de Febrero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

“Una prestigiosa intelectual urgió este domingo a un diálogo generacional desprejuiciado en Cuba, para lo cual pidió ser más críticos a los medios estatales y evitar ‘cerrar fronteras’ a la información desde el exterior, si se quiere lograr una participación social conciente”.

Así comienza el primer párrafo de un despacho de la agencia AFP que este fin de semana ha circulado por internet.

Por considerarlo un tema que vale la pena debatir, en Cuba Puntos de Vista pueden leer íntegro el artículo para dialogar con los jóvenes, de la académica cubana Graziella Pogolotti.

De antemano, los realizadores del blog Desde La Habana y la web Cuba Puntos de Vista, agradecemos sus opiniones.

Foto: Peña del Parque Central, en La Habana. Uno de los pocos lugares donde cubanos de distintas edades pueden discutir libremente… sobre béisbol!

La instantánea es de trailofdead1, Flickr.

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