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Porque impera la ley

Domingo, 14 de Marzo de 2010 jurisconsultocuba Sin comentarios

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Según Enrique Ubieta, “Es difícil morirse en Cuba… porque impera la ley y el honor”. En su artículo publicado, en el sitio web Cubadebate el 24 de febrero, un día después de la muerte del disidente Orlando Zapata Tamayo (luego de 85 días de huelga de hambre); y tres días en el diario Granma pregunta:

¿Por qué que hay gobiernos que se unen a las campañas difamatorias si saben -porque lo saben- que en Cuba no se ejecuta, ni tortura…?

¡Qué gracioso! ¿Será ingenuidad o es ironía? Se le olvidó el fusilamiento, que en tres días decidió un tribunal cubano, a tres jóvenes negros, que intentaron abandonar el país secuestrando una embarcación, en el año 2003.

Como bien dice, Ubieta “las Damas de blanco y Yoanis” pueden ser detenidas según las leyes vigentes. Por poner un ejemplo, la Ley 88, “De Protección de la Independencia Nacional y la Economía”, que restringe y sanciona penalmente, la libre expresión. Prerrogativa que incluye, la de no ser molestado a causa de una opinión, la de investigar y recibir informaciones, de difundirlas sin limitación de fronteras, por cualquier medio.

¿La habrá leído? ¿Considera justa, una ley que sanciona a todo aquel que suministre información, al que acumule, reproduzca y difunda materiales que critican al “intocable sistema socialista”, al que perturbe con sus ideas el orden público, al que colabore con sus opiniones, por cualquier vía, con emisoras de radio y televisión, periódicos, revistas u otros medios de difusión extranjeros?

También podemos mencionar la Constitución de la República, que en su artículo 62 establece que,… “ninguna de las libertades reconocidas a los ciudadanos puede ser ejercida contra lo establecido en la constitución y las leyes, ni contra los fines del estado socialista…, la infracción de este principio es punible”

¿Sabía usted que los derechos humanos son irrestringibles? No existe justificación para que un Estado, socialista o no, limite indefinidamente la vigencia de los derechos ciudadanos. Para su conocimiento, los derechos del hombre, admiten limitaciones mínimas sólo en función del orden público.

Perdone, pero insisto en explicarle: Los Estados de Excepción o Emergencia, se imponen en la sociedad cuando surgen situaciones anormales. Ejemplo, las catástrofes naturales, como el paso de los huracanes por la isla en septiembre de 2008, o la propagación de epidemias, como la A (H1N1)

La solución de estos problemas requiere la adopción de medidas especiales que menoscaba el ejercicio de ciertos derechos individuales. De esta forma se imponen temporalmente y por estricta necesidad una dictadura, afectándose la democracia. Todo en función de preservar el orden interno de un país.

Un estado verdaderamente democrático prevé en su legislación interna la ocurrencia de estos acontecimientos. Principalmente para asegurar, que durante la vigencia de los mismos, se respete la esencia de la dignidad humana y la seguridad personal de sus ciudadanos.

La constitución cubana, después de la reforma de 1992 reconoce en su artículo 67, el estado de emergencia. Sin embargo, su regulación desde el punto de vista jurídico lógico es innecesaria, si partimos de la existencia del artículo 62. No hay necesidad de regular las restricciones temporales y excepcionales de los derechos ciudadanos, si constitucionalmente se prohíbe el ejercicio de los mismos frente al poder del Estado de forma indefinida.

Le pongo un ejemplo real, para que entienda mi lenguaje. En menos de 10 días, los huracanes “Gustav” e “Ike” arrasaron la isla de Cuba. Los fenómenos destruyeron decenas de miles de viviendas, tendidos eléctricos y telefónicos, miles de hectáreas de cultivos y obras de infraestructura. Se unió el aumento de los precios de los combustibles, como efecto inmediato de la crisis financiera internacional.

El desabastecimiento de los mercados internos, principalmente del agrícola, generó un aumento en los precios de los alimentos y productos de primera necesidad. De inmediato el gobierno desató una voraz persecución contra vendedores de cualquier “cosa”. El Tribunal Supremo Popular, el 22 de septiembre de 2008 emitió la instrucción 188. Esta disposición facultó a los tribunales a aumentar hasta la mitad el límite máximo de la sanción de los delitos que juzgaran, según la edición del 21 de octubre de 2008 del diario Granma.

Esta fue la única disposición, de un órgano del gobierno, que declaró las circunstancias que vive la isla, después del paso de tres huracanes como una “situación especial”. Aquí esta la primera violación de la legalidad por un órgano estatal. La Ley No 75 de Defensa Nacional prevé que en caso de desastres naturales, que por su naturaleza, proporción o entidad afecten el orden interior, la seguridad del país o la estabilidad del Estado se declare un Estado de Emergencia.

Respecto a este hecho legal, el Presidente del Consejo de Estado no pronunció ni una palabra. Más cuando la referida ley le exigía declararlo por medio de resolución, en la que se expresara las causas que lo originan, la delimitación del territorio donde se establece y el plazo de vigencia que tendrá.

No obstante, sus efectos se aplicaron. Los sancionados por venta ilícita, se les aplicó una circunstancia agravante de la responsabilidad, por cometer el hecho, aprovechando la circunstancia de una calamidad pública o de peligro eminente de ella u otra situación especial. (Artículo 53 inciso e, del Código Penal)

Juicios sumarísimos sin ninguna garantía para una defensa justa, tribunales de facto para enjuiciar los hechos en las estaciones policiales, el clima de inseguridad aumentó. Nada garantizó en esa circunstancia especial, la esencia de la dignidad humana y la seguridad personal de los cubanos.

Hubo una segunda violación. La referida instrucción judicial, no se publicó en la Gaceta Oficial de la República. Acción previa e ineludible, a la entrada en vigor de una disposición normativa emanada de cualquier órgano del Estado, es que se dé a conocer a través de los órganos de publicación oficial. Ahora yo le pregunto: ¿Seguro que impera la ley?

En Cuba la Gaceta Oficial de la República es la que cumple esa función, no el periódico Granma, que dio a conocer la disposición, cuando hacía más de un mes que se estaba aplicando. ¿A quién le interesó, la afectación a la seguridad jurídica de la ciudadanía? Usted guardó silencio. Nadie protestó porque se limitó el conocimiento de los derechos y deberes de la población. Yo le vuelvo a preguntar: ¿De qué honor usted habla? Mejor cállese, si no sabe que decir.

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El fin no justifica los medios

Sábado, 13 de Marzo de 2010 jurisconsultocuba Sin comentarios

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Alberto Núñez Betancourt y Enrique Ubieta son periodistas oficiales del sistema informativo nacional. Ellos disfrutan de la libertad de expresión que les reconoce la Constitución cubana. Tienen accesos a la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva de propiedad estatal; porque ejercitan sus derechos conforme a los fines de la sociedad socialista.

La defensa de ese fin, justifica que atenten contra el honor de las personas, derecho que no tiene reconocimiento constitucional, pero si legal. En los diarios nacionales y sitios digitales gubernamentales donde publican sus trabajos periodísticos, utilizan el término mercenario como un calificativo, para desacreditar a los que disienten públicamente de las políticas del gobierno cubano.

Por ejemplo, Núñez Betancourt, en un trabajo publicado en el diario Granma (órgano del Partido Comunista) el 8 de marzo del presente año, bajo el título “Cuba no acepta presiones ni chantajes”, alega respecto al disidente Guillermo Fariñas, si hoy está vivo, hay que decirlo, es gracia a la atención médica calificada que ha recibido sin importar su condición de mercenario.

Por su parte Ubieta, en un artículo de opinión publicado en el mismo periódico, pero con fecha 27 de febrero, afirma refiriéndose a los 75 disidentes encarcelados en el 2003, Ya Cuba lo dijo una vez: podemos enviarles a todos los mercenarios y sus familias, pero que nos devuelvan a nuestros cinco héroes. La frase fue pronunciada por el General de Ejército Raúl Castro, en la VII Cumbre Presidencial de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), celebrada en abril 2009.

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Según el discurso oficial, los prisioneros de conciencia, son combatientes pagados por los Estados Unidos. El gobierno de Cuba se comprometió a luchar contra el mercenarismo, por medio de la ratificación de la Convención Internacional contra el reclutamiento, la utilización, la financiación y entrenamiento de mercenarios. Por su parte, el artículo 119 del vigente Código Penal, lo regula como una figura delictiva. Ninguna de las sanciones que recibieron estas personas, fue por la comisión de ese delito.

Un periodista que se respete, no lanza una acusación sin antes tener pruebas con que respaldarla. En ello le va su reputación y también su libertad. Imputar hechos, a sabiendas de que son falsos, es atentar contra el honor de las personas. Si los disidentes son mercenarios; Núñez Betancourt, Ubieta y el Presidente del Consejo de Estado, deberían denunciarlos ante las autoridades. ¿No dicen que en Cuba impera la ley y el honor? Pues, para mantener esa afirmación, tienen que ser los primeros en cumplirla.

Si tienen pruebas, están obligados a presentarlas ante un órgano de justicia. ¿No saben que la legislación penal, sanciona al que, a sabiendas deje de denunciar a las autoridades la comisión de un delito o de la participación de una persona en el mismo? La ignorancia de las leyes no exime de su cumplimiento. Si no las tienen, también cometen una violación. Incurren en la comisión del delito de calumnia. Figura delictiva, regulada en el código penal.

Toda persona es inocente hasta que, un tribunal, demuestre lo contrario. Hasta hoy no se ha presentado ningún argumento que demuestre que los disidentes cubanos cometen un delito de mercenarismo. Prueba de que en Cuba, ni el gobierno ni sus medios de comunicación, tiene el menor respeto por los derechos humanos.

Donde impera la ley, no hay arbitrariedad. Solo aquellos que gozan del privilegio de la impunidad pueden darse el lujo, de denigrar y calumniar públicamente, sin medir las consecuencias de sus actos.

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Esmelina, la Constitución y la basura

Sábado, 13 de Marzo de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Esmelina Carreño, 49 años, es una negra gruesa de carnes flojas y andar cansino. Desde hace seis años vive en la Ciudad de  La Habana. Nació en Santiago de Cuba, en medio del macizo montañoso de la Sierra Maestra. Es la octava de doce hermanos que viene a probar suerte en la capital de todos los cubanos.

Uno de ellos, que emigró hace 25 años, le resolvió el cambio de dirección. El trámite ante las autoridades demoró, pero gracias a la Virgen de la Caridad, consiguió trabajo. La situación está difícil en cualquier parte de la Isla, pero en La Habana, el dinero se gana más fácil.

Su meta es mejorar la vida de sus tres hijas y nietos. Aún no los puede traer consigo, pero cada tres meses con una vecina, trabajadora de un policlínico, resuelve un certificado médico por quince días. Así puede justificar dos semanas de ausencia en su centro laboral. No importa que el certificado le cueste 20 pesos cubanos (menos de un dólar). No es nada comparado con la posibilidad de matar la nostalgia y volver a ver a su familia.

A Esmelina no le preocupa que pronto cumplirá 50 años. Su preocupación es una sola: necesita una casa donde vivir sin sobresaltos en La Habana. Para lograr sabe que tiene que reunir suficiente dinero. Por eso, aprovecha sus viajes a las provincias orientales para traer café, cocoa y queso, que después revende a los habaneros.

Sabe que se arriesga. La policía le ha revisado hasta cuatro veces el equipaje en el trayecto desde Santiago de Cuba a La Habana, unos 800 kilómetros. Ya tuvo que pagar hasta mil 500 pesos de multa (alrededor de 45 dólares), por trasladar ‘mercancías prohibidas’, que casi siempre se las decomisan. Pero aprendió a camuflagearlas y logrado llegar con ellas a la capital.

Sus sueños han comenzado a materializarse. En seis años, ha reunido lo suficiente para comprar un terreno en la periferia de la ciudad, en una zona apartada del municipio Cotorro. El inmueble no tiene título de propiedad, es del Estado. El poseedor anterior lo tenía en usufructo desde hace más de 40 años y se lo vendió. Eso tampoco importa, después que haga su casa lo legaliza.

Con esfuerzo propio,  yalevantó un cuarto y un baño. Como no tiene licencia, consiguió los materiales de construcción en el mercado negro. Para Esmelina es vital poder independizarse. Vive agregada en casa de su hermano mayor.

Ya dio otro paso que la llevará cerca de alcanzar su meta. Tiene un techo donde vivir. Ha tenido suerte, los inspectores del Departamento de Enfrentamiento a las Ilegalidades, de la Dirección Municipal de la Vivienda, no han detectado la construcción ilegal. Si llegaran a descubrirla, el órgano estatal de oficio, iniciaría un procedimiento administrativo, regulado en el decreto Ley 227, y perdería lo construído.

Esmelina está consciente de que para llegar a ser propietaria, no sólo necesita dinero para los materiales, si no también para pagarle a un abogado especialista en problemas de vivienda, quien por ’la izquierda’ le arregle los papeles. De lo contrario, corre el riesgo de perderlo todo, o quedarse como arrendataria de lo que edificó, con el sudor de su trabajo.

Le pide a sus santos que demore la visita de los inspectores, hasta que termine su construcción y reúna lo suficiente para realizar el plan concebido. Mientras, ya dio el siguiente paso: trajo a la menor de sus tres hijas y a una nieta desde Santiago de Cuba.

Es aquí donde comienzan los obstáculos en la carrera por alcanzar sus sueños. Intenta matricular a la pequeña en la escuela, pero el centro le exige el cambio de dirección. Esmelina construye con esfuerzo propio una casa, pero todavía es ilegal. Y como no es propietaria, no puede solicitar a la Dirección Municipal de la Vivienda su consentimiento para que su nieta, nacida en otra provincia, pueda vivir y estudiar en la capital.

Es el primer requisito que exige el Decreto-Ley 217 de 22 de abril de 1997, que establece las “Regulaciones Migratorias Internas para la Ciudad de La Habana”. Dicha disposición prohíbe a los cubanos, proveniente de otros territorios del país, residir, domiciliarse o convivir con carácter permanente en la capital, sin autorización.

La señora Carreño debe, además, pedir permiso al Presidente del Consejo de Administración del territorio, para que su hija y nieta convivan junto con ella. Y también presentar un documento expedido por la Dirección Municipal de Arquitectura y Urbanismo, que certifique que la vivienda cumple las condiciones mínimas de habitabilidad y que cada conviviente tiene 10 metros cuadrados de superficie techada.

Esmelina sabe bien cómo es el procedimiento, su hermano tuvo que realizarlo para que ella pudiera residir sin problemas en la capital. Sabe que es engorroso y agotador. Al verse entre la espada y la pared, decidió ofrecerle 500 pesos (25 dólares) a su hermano, para que le hiciera el favor de tramitárselo. Mientras, ha resuelto un ‘tránsito’ (permiso) por tres meses, para que la niña comience a recibir las clases.

Su nieta tiene 8 años y es una alumna aplicada. Acaba de llegar de la escuela y le pide a su abuela que le ayude a hacer la tarea de Educación Cívica que le puso la maestra. Para realizarla, es necesario consultar la Constitución de la República. Esmelina Carreño nunca antes había visto ese folleto ni leído esa ley. Empieza a leer y se va deteniendo en párrafos que le provocan dudas.

… “El Estado como poder del pueblo, en servicio del propio pueblo garantiza; que no haya hombre o mujer, en condiciones de trabajar, que no tenga oportunidad de obtener un empleo con el cual pueda contribuir a los fines de la sociedad y a la satisfacción de sus propias necesidades…. que no haya joven que no tenga oportunidad de estudiar…”

Olvida que tiene que ayudar a su nieta. Y se pregunta  a sí misma ¿por qué, por no tener reconocida la residencia en la capital, a mi hija, ningún centro laboral o educacional la acepta?
Continúa leyendo: “…que no haya enfermo que no tenga atención médica; que no haya niño que no tenga escuela, alimentación y vestido…”
Vuelve a meditar: mi nieta padece una alergia severa en la piel y recibe atención médica, pero los medicamentos recetados para tratarla, no se lo expiden en la farmacia porque no puede acreditar su residencia en el territorio. La escuela tampoco aceptaba su ingreso por el mismo motivo ¿entonces de qué derechos me hablan?

En otro párrafo dicen: “…El Estado trabaja por lograr que no haya familia que no tenga una vivienda con­fortable…”.

Ahora comenta en voz alta.

-Entonces, por qué, si edifiqué mi casa con mi esfuerzo, sin ayuda del Estado, corro el riesgo de que me la quiten?

Por último, lee “que…todos todos los ciudadanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes…, que…la discriminación por motivo de raza origen y cualquier otra lesiva a la digni­dad humana está proscrita y es sancionada por la ley…que el Estado consagra el derecho conquistado por la Revolución de que los ciudadanos, se domicilian en cualquier sector, zona o barrio de las ciudades y se alojan en cualquier hotel…”.

Cerró el folleto que por fuera dice Constitución de la República de Cuba. Ya no deseaba leer más. No obstante, se hizo la última pregunta ¿qué culpa tengo yo, y mi familia, de no haber nacido en Ciudad de la Habana? Acababa de descubrir una triste verdad. Nada de lo que decía aquella ley, se correspondía con lo que estaba viviendo.

Una gran mentira. Un papel le decía, que la Revolución le garantizaba derechos, pero por otra parte, le ponía trabas que le impedían vivir como persona. Antes no pensaba en eso, veía a su existencia desde una óptica diferente. Y se da cuenta de que por muchas dificultades que tenga que sortear para materializar sus sueños, puede tropezar con grandes obstáculos legales. Y sortearlos, demoraría una eternidad o en la práctica se volverían irrealizables.

Esa tarde, Esmelina comprendió que la Constitución de su país es letra muerta. Y si no la hacen cumplir, puede parar en la basura.

Laritza Diversent
Foto: zimlichproductions, Flickr

¿Cómo volver a confiar en el sistema de salud socialista?

Viernes, 12 de Marzo de 2010 jurisconsultocuba Sin comentarios

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No encuentro las palabras adecuadas para describir, el horror que muestran las imágenes de los decesos en masas del hospital psiquiátrico de la Habana “Mazorra”. ¡Impactantes! ¿Cómo se puede someter a un humano, a tal sufrimiento?

No puedo evitar que mis ojos se humedezcan, cuando observo las fotos. Cuerpos rígidos, consumidos por la depauperación. Órganos ennegrecidos y pieles laceradas, marcadas por contusiones viejas y recientes. En unos casos, dentaduras desechas, muestra de la falta de atención estomatológica. En otros, ni un molar en las encías, consecuencia de las soluciones fáciles: extracción.

Disiento de las políticas comunistas, pero lo que muestran las fotos, va más allá del fracaso de la gloriosa Revolución Cubana. ¿Cómo volver a confiar en el sistema de salud socialista? ¡Dios, esas personas estaban enajenadas, no podían ocuparse de sí mismas!

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¿Qué pasó? ¿Merecían la muerte por ser enfermos mentales o eran una molesta carga para el Estado? Me niego a calificar de negligencia, dejar que casi una treintena de personas, muera en condiciones de desnutrición y abandono. No obstante, existen varias definiciones para este hecho: exterminio en masa, crimen de lesa humanidad, genocidio.

¿Dónde están los responsables? Silencio. El gobierno y sus medios de comunicación, callan para ocultar una verdad que conmueve las calles de la isla. Al contrario, con un cinismo increíble, afirman que, en Cuba, nadie muere de hambre porque impera la ley y el honor.

Hechos como esos no deben volver ocurrir. Estos son los caso que ameritan sanciones ejemplarizantes. El gobierno cubano, es un experto en el tema. En el 2003, para frenar la ola de secuestros de aeronaves y embarcaciones, condenaron a muerte a tres jóvenes. En esa ocasión, al tribunal juzgador no le tembló la mano. Esperemos que la cansada y ciega justicia cubana, levante su espada y equilibre la balanza.

Aclaro, estoy contra la aplicación de la pena de muerte. No me refiero al desvió de recursos y alimentos al mercado negro, aunque hayan provocado la enflaquecimiento de los enfermos. La realidad es una, en Cuba, el robo al Estado constituye un medio de subsistencia. La causa de esos males, es otra y jamás se eliminará con sanciones y mano dura.

Hablo del maltrato físico que evidencian los cuerpos famélicos de los fallecidos. Alguien les provocó esas lesiones. Tal vez entre ellos mismos; pero no olvidemos que eran enfermos mentales, bajo la guarda y cuidado de la institución hospitalaria y del sistema de salud. Todos los involucrados, tengan el nivel jerárquico que tengan, debe responder ante la justicia.

En el hecho hay responsabilidad individual y colectiva. La última es del gobierno, que está obligado constitucionalmente a garantizar la integridad corporal de todos los que residen en el territorio nacional. ¿Qué pasará ahora? ¿Tendrán moral para criticar, en escenarios internacionales, las torturas en la base naval de Guantánamo, Abu Ghraib y Bagram? No lo duden, el cinismo no tiene límites

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La inacción médica constituye un delito contra la vida y la integridad corporal

Jueves, 11 de Marzo de 2010 jurisconsultocuba Sin comentarios

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En un nuevo intento por salvar responsabilidades, Granma declaró, por medio del periodista oficial Alberto Núñez Betancourt, que no aceptará presiones ni chantajes, con respecto a la huelga de hambre, que desde hace 14 días, mantiene el disidente Guillermo Fariñas, tras la muerte por esa misma causa, del preso político Orlando Zapata Tamayo.

Insisto, no es hora de declinar responsabilidades; sino de asumir las consecuencias. El gobierno cubano está obligado, constitucionalmente, a garantizar la integridad corporal de todos los que residen en el territorio nacional. La muerte de Zapata Tamayo fue su responsabilidad, al igual que lo será, si Fariñas fallece.

Digo el diario Granma, porque en ninguna parte del mismo, se aclara que las opiniones de sus periodistas, son independientes a la que él, como órgano oficial del Partido Comunista, asume. Quiere decir que lo que allí se publica, es la posición de la dirigencia histórica, élite del único partido político legal en Cuba.

Según Núñez Betancourt, la medicina solo puede actuar cuando el paciente ha entrado en shock, fase en que como regla resulta tarde, pues el ser humano está en los límites de la supervivencia, lo que se llama punto de no retorno.

Leamos entre líneas: la medicina cubana actuará cuando el organismo de Fariñas, que reconocen está en un proceso de deterioro notable, llegue a un punto tal, que no pueda salvarse su vida. ¿Están anunciando que lo dejarán morir? Todo puede suceder, en un país donde reina la impunidad y las decisiones políticas están por encima de la ley.

Suena muy bonito, eso de la existencia de principios bioéticos que obligan al médico a respetar la decisión de una persona que ha decidido iniciar una huelga de hambre. ¿Serán más fuertes que la obligación de hacer, impuesta por la legislación penal vigente? ¿Sabrán que la inacción médica, puede ser interpretada como la comisión de un delito contra la vida y la integridad corporal?

Dice el artículo 266 del Código Penal: el que preste auxilio para que otro se suicide incurre en privación de libertad de dos a cinco años (delito de auxilio al suicidio). ¿No brindar asistencia médica a una persona, que se ha colocado voluntariamente en una situación suicida, como lo es una huelga de hambre, no es ayudarlo a lograr su fin? No podrán obligarlo a ingerir alimentos por vía oral, pero si por la parenteral.

Pero aun no termina la responsabilidad exigida por la legislación penal, a los que decidieron consagrarse a la medicina y a la dirección del país. Por su parte, el artículo 277 del mismo cuerpo legal, sanciona al que no socorra o preste el auxilio debido a una persona… expuesta a un peligro que amenace su vida, su integridad corporal o su salud, sin que ello implique un riesgo para su persona (delito de abandono a desvalidos).

La sanción se agrava, si el hecho se comete por quien tiene el deber de socorrer a la victima por razón de su cargo o profesión. Los médicos cubanos tienen la obligación legal de hacer todo lo que esté a su alcance, por salvar una vida. Los dirigentes históricos, la de garantizar la integridad corporal de sus gobernados.

Estamos acostumbrados a que el gobierno cubano no ceda ni un ápice en sus políticas. No obstante, los médicos cubanos, y todos los que actúan, siguiendo las órdenes de sus superiores, deben recibir un mensaje de advertencia. La obediencia debida no exime de responsabilidad penal, cuando la orden es ilegal.

De ahora en adelante, cualquier cosa puede suceder. Guillermo fariñas podrá lograr sus objetivos o morir en el intento. Esperemos que las autoridades cubanas, a pesar de su declaración, sepan evitar las consecuencias. En sus manos está la posibilidad de salvar su responsabilidad o de agravarla.

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Indolentes y desvergonzados

Miércoles, 10 de Marzo de 2010 jurisconsultocuba Sin comentarios

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Estuve buscando en el diccionario de la Real Lengua Española el significado exacto de “falta de escrúpulos”. La Frase la utilizó, Enrique Ubieta , en un trabajo que publicó en Cubadebate, el 24 de febrero, un día después que Orlando Zapata Tamayo, perdiera la vida, tras 82 días de huelga de hambre. Tres días después, con algunas reformas, el diario Granma lo divulgo.

Busqué referencias para entender, en toda su plenitud, el alcance de las palabras de aquel, que intentó ridiculizar a un hombre, que en busca de libertad, encontró la muerte. El término se refiere aquellos que actúan sin preocuparse por la honradez y la justicia.

Primero, vamos a los hechos, y después al derecho. Es tremenda hipocresía afirmar, que en Cuba, “nadie muere de hambre, pese a la carencia de recursos, ni de enfermedades curables”. ¿Amnesia o descaro? ¿Dónde estaban los ilimitados esfuerzos, de los médicos cubanos, cuando en el Hospital Psiquiátrico de la Habana, murieron de inanición e hipotermia, más de veinte enfermos mentales?

Tal vez, en misión solidaria, por Venezuela, Bolivia, Ecuador… ¿Seguro que “impera la ley y el honor”? ¿Dónde están los responsables de esas muertes? Silencio, solo silencio. Así es la justicia cubana: ciega y sordomuda.

Para los que no lo saben, la que escribe, es una de las calificadas como “hipócritas dolientes” de Orlando Zapata. La defensa es permitida, y como yo, ejerzo mis derechos por mi condición humana, voy a defenderme. Aprovecho también que soy abogada y defenderé a todos los que están “contra la Revolución socio-lista de los Castros” y por encima de todo, el dolor de una madre y la memoria de Zapata.

Ahora vamos al derecho. Tienen razón al afirmar que, Orlando, según la ley penal, fue un preso común. En el 2003, fue apresado en medio de la ola represiva que llevó a la cárcel, a 75 pacíficos disidentes. Lo sancionaron a 3 años de privación de libertad, por criticar a las autoridades. La máxima pena del delito de desacato. Uno de los tanto que atentan contra la libertad de expresión y que prevé la legislación cubana. También una de las primeras libertades que conquistó el género humano, a golpe de guerra y sangre.

Un derecho de carácter público y político. Imprescindible para el desenvolvimiento de las personas en la vida social. Como en Cuba, se conoce poco sobre derechos humanos, me detengo a explicar, a ese insensible: La libertad de expresión enmarca espacios de desenvolvimiento del individuo, que el Estado no tiene que crear. Sólo tiene que respetarlos y protegerlos.

Explico esto, porque la propia Carta Magna de la República de Cuba, desvirtúa el significado y trascendencia de los derechos. Los concibe como conquistas alcanzadas por la “Revolución Socialista”, resultados de la toma del poder por la “clase trabajadora”, y no como facultades consustanciales de los seres humanos.

Para información general, comete un delito de desacato quien “amenace, calumnie, difame, insulte, injurie o de cualquier modo ultraje u ofenda, de palabra o por escrito, en su dignidad o decoro a una autoridad, funcionario público, o a sus agentes o auxiliares, en ejercicio de sus funciones o en ocasión o con motivo de ellas”. Así lo establece el vigente Código Penal. La sanción puede llegar hasta un año de privación de libertad.

A Zapata Tamayo, le tocaron tres. Se le triplicó, porque el delito lo cometió, respecto al Presidente o los miembros del Consejo de Estado, de Ministros y de la Asamblea Nacional. ¿Acaso no es eso, un delito vinculado con la política? ¡Por favor, que a nadie se le ocurra pensar en el derecho al honor! En una sociedad democrática, las figuras públicas, deben someterse y tolerar, la crítica de la población.

Sin embargo, la televisión cubana difundió caricaturas del ex presidente norteamericano, George Bush, con cuerpo de gusano. ¡Que quede claro! Defiendo el ejercicio de la crítica en todas sus manifestaciones, pero no soporto la hipocresía. ¿Cómo puede un gobierno castigar a sus gobernados por criticar a la dirigencia histérica, perdón, histórica, a la par que utiliza sus medios de comunicación, para ridiculizar y denigrar a sus contrarios?

Orlando Zapata Tamayo fue desobediente. No quiso vestir la ropa del penal, ni comer su comida. Pagó caro por ello. En siete años, la condena de 3, le aumento a 32. Sólo aquellos que deben su existencia, a la gloriosa e invencible Revolución Cubana, le puede parecer absurda, la huelga de hambre de un hombre, que decidió apelar a al supremo recurso de la muerte por defender sus derechos, los que le son propio, por el simple hecho de ser humano. Sólo los indolentes y desvergonzados tienen la desfachatez de expresarse así.

Usted tiene todo el derecho a defender su revolución, como yo tengo el derecho a criticarla. Hágalo, pero consciente de que en cuba, se mueren personas, porque la ley es injusta y amoral. En otras palabras, la ley cubana es inescrupulosa

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Una historia de odio y amor

Lunes, 8 de Marzo de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Sandra lloraba sobre la almohada sin consuelo. A su mente venían recuerdos tristes que ahondaban su pena y le cortaban la respiración. Su padrastro la despertaba a las 6 de la mañana para que limpiara toda la casa, antes de irse para la escuela. De rodillas, pulía con la frazada el piso, hasta que quedara seco. De no ser así este le propinaba una golpiza feroz. No entendía porque la odiaba y maltrataba tanto. Entonces sólo tenía 16 años.

Cuando lloraba en silencio venían pensamientos nefastos a su cabeza. Deseaba que su padrastro muriera. ¿Cuántas veces no le pidió a Dios que falleciera en algún accidente o de un cáncer devastador? Era lo único que podía hacer ante su impotencia. El todopoderoso no la complació. Siempre regresaba y continuaba amargándole  la existencia.

Isabel, la madre sabía que su hija lloraba encerrada en el cuarto, sufría junto con ella pero no decía nada. No podía contradecir a Pedro. Llevaban 15 años de matrimonio y dos hijas en común. Sandra era fruto de su primera relación, y Pedro le había ayudado a criarla desde los cinco años. Estaba agradecida a este hombre despiadado y de pocas luces, que se casó con ella y la sacó de un paraje intrincado en las montañas de la Sierra Maestra.

Una noche, cuando todos dormían, despacio y sin hacer el menor ruido Sandra abrió la puerta, corrió hasta que sus pies se cansaron. Una carretera la hizo reaccionar. Estaba lejos de casa y la autopista solitaria le recordó historias de asaltos que habían ocurrido por esa zona. El miedo la hizo esconderse entre las altas yerbas. No podía creer lo que su ira la había empujado hacer. Sintió tanta pena de sí misma y nuevamente a llorar inconsolablemente.

Pensó tirarse ante uno de aquellos autos veloces. Pero quedaría destrozada y su madre no la reconocería. Con un pedazo de vidrio encontrado en la carretera, frotó sus muñecas. Quería entrar en un sueño letárgico del que no despertara jamás. Ni siquiera se hizo un rasguño. Comprendió que no tenía suficiente valor para acabar con su sufrida existencia.

Necesitaba que alguien la escuchara. Sintió música en casa de Laura y se atrevió a tocar la puerta, a pesar de lo avanzado de la madrugada. Laura se sorprendió al verla. Sandra se le tiró encima a llorar. Después de tomarse un vaso de agua y contar su triste historia, aceptó tomar un trago de ron. Uno, dos, tres…, ya estaba mareada, todo le daba vueltas. Sentía como Laura la desvestía, acariciaba sus senos y la besaba.

Todo en su mente se puso negro. Despertó con un terrible dolor de cabeza. Estaba completamente desnuda y sola en la casa. Tenía recuerdos vagos, no podía entender nada. Estaba decidida a no regresar, no podía soportar la cara de su padrastro. Laura llegó, la sorprendió con un beso en los labios. Sus ideas se iban ordenando en la cabeza, pero no estaba segura de lo que había sucedido horas ante entre ellas dos.

Laura era una mujer independiente, vivía sola desde hacía un año, cuando se divorció. Sandra la conocía desde el preuniversitario. Se daba cuenta del trato especial que le ofrecía, pero no al extremo de sospechar que estaba enamorada de ella. En esa circunstancia, debía escoger entre los maltratos despóticos de su padrastro o la estabilidad emocional y amorosa que le ofrecía su amiga.

Un mes más tarde estaba completamente cambiada. En su rostro se notaban las ganas de vivir. La libertad estaba en sus manos. Era dueña de su vida. Besaba a cuantos quería o la deseaban, no importaba el sexo. Era como realmente deseaba ser y ya no había nadie que se lo impidiera.

Cinco años después, Laura y Sandra, dos profesionales lesbianas, son una pareja feliz y estable. Esperan la respuesta de la Embajada de España, para viajar con un contrato de trabajo. Las dos saben que sólo necesitan el pasaje de ida.

Laritza Diversent

Foto: Dos mujeres desnudas, de Pablo Picasso. Pintado en París en noviembre de 1945.

TARDE PARA JUSTIFICACIONES, ES HORA DE APLICAR JUSTICIA

Miércoles, 3 de Marzo de 2010 jurisconsultocuba Sin comentarios

En un intento por declinar responsabilidad, por la muerte en prisión de Orlando Zapata Tamayo, los medios oficiales sacan un reportaje, por la televisión nacional, mostrando evidencias de la atención médica, que recibió en sus momentos finales.

Sin embargo, la responsabilidad de gobierno cubano, respecto a la muerte del activista cívico y preso político, no fue por negligencia médica. Su culpa esta en permitir, que sus centros penitenciarios, violenten los derechos humanos los reclusos.

La responsabilidad gubernamental, deriva del el artículo 59 de la Constitución de la República, que establece que “La libertad e inviolabilidad de su persona están garanti­zadas a todos los que residen en el territorio nacional. Nadie puede ser detenido sino en los casos, en la forma y con las garantías que prescriben las leyes. El detenido o preso es inviolable en su integridad personal”.

Apartando los fines, por los que se colocó, en huelga de hambre, Zapata Tamayo; su actitud fue suicida. En el 2003 fue juzgado por un delito de desacato. En mayo de 2009, el tribunal calcula su última sanción conjunta. El resultado final fueron 32 años de privación de libertad.

No obstante, su integridad personal, estaba bajo la custodia y responsabilidad de las autoridades del penal de máxima seguridad de Kilo 8, en la provincia de Camagüey. Solo ellos podían y debían procurarle la atención médica necesaria.

Inicia la huelga de hambre, el 3 de diciembre de 2009. Fallece a causa de la misma, el 23 de febrero de 2010. ¿Por qué, en 85 días, la alimentación por vía parenteral fue inútil? su organismo estaba demasiado deteriorado por la depauperación.

El hombre había recurrido a esta drástica, medida en varias ocasiones. Protestaba insistentemente por las infrahumanas condiciones carcelarias, el no reconocimiento de su condición de prisionero político y los abusos que cometen las autoridades penitenciarias con todos los reclusos. A nivel internacional, el gobierno cubano ha sido denunciado, en varias ocasiones, por esos mismos motivos.

Sus carceleros, a sabiendas de su mal actuar, decidieron darle una lección. Lo aislaron en una celda de castigo, donde solo ellos podían auxiliarlo. Él se negó a comer, pero ellos le negaron ingerir agua por 18 días. Hubo una acción y el resultado fue irreversible: sus órganos vitales estaban demasiado dañados.

El gobierno estaba consciente que su muerte era inminente. Disimuló, guardó silencio como solo lo hace un culpable. Formó un teatro para después evadir responsabilidad. Los hechos no mienten, es muy tarde para justificaciones.

Dejarlo sin tomar agua, es obrar por impulsos sádicos y brutal perversidad. El único objetivo posible, era aumentar deliberadamente su sufrimiento. Zapata Tamayo estaba enteramente a su merced, no tenia forma de defenderse. Solo caben dos palabras, alevosía y ensañamiento. cualidades que tipifican el delito de asesinato, que en su regulacion prevé sanciones de 15 a 30 años de privacion de libertad y la pena de muerte.

No hay que ser un erudito en medicina para saber, que la vida de una persona, corre grave peligro, cuando permanece, más de una semana, sin ingerir alimentos ni agua. ¡Dieciocho días, es premeditación!

Los carceleros pudieron actuar por voluntad propia, en cuyo caso sería un acto de aberración humana, pero también pudieron haber seguido una orden, por demás ilegal, que no los eximirá de responsabilidad penal, ni a ellos ni a sus jefes.

En Cuba todo pude suceder, los violadores campean por su respeto gracias a la impunidad que les brida el sistema. ¿Respondió el ministro de salud pública por las muerte de 26 enfermos mentales del hospital psiquiátrico de la habana, según cifras oficiales?

El gobierno cubano y su Ministerio del Interior son responsables directos de la muerte de la Muerte de Zapata, por el simple hecho de no proteger su vida. Sin embargo, la responsabilidad aun no termina. Hubo un delito grave que tiene que ser juzgado. A los tribunales cubanos no debe temblarle la mano, la justicia exige que sancionen a los asesinos de Zapata Tamayo.

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Fariñas, dispuesto a morir, como Zapata

Martes, 2 de Marzo de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

En el barrio pobre y marginal de La Chirusa, en la ciudad de Santa Clara, provincia Villa Clara, a 300 kilómetros al este de La Habana, Guillermo Fariñas Hernández, 48 años, es todo un personaje.

Cuando un forastero perdido, pregunta dónde vive Guillermo Fariñas, los vecinos abren los ojos y no saben de quién estás hablando. Pero si indagas por el ‘Coco’ -apodo por el cual se le conoce-  entonces las personas sonríen y le dicen “en el número 615 vive el ‘Coco’, el de los derechos humanos, ese tipo es un cojonudo, dale saludos míos”,  con el lenguaje llano de la gente humilde dice uno de sus vecinos.

Para llegar a la reducida y estrecha casa de Fariñas,  usted tiene que caminar por un dédalo de pasillos donde su antojo corren las aguas albañales. En una vivienda de principio del siglo 20 reside Guillermo Fariñas, con su esposa, su hija de 8 años y una sobrina. En una sala de tres metros por tres, sentado en un sillón pegado a la pared y de frente a la puerta de entrada está sentado Fariñas, envuelto en una colcha floreada.

Cerca de quince personas, allegados y opositores charlan con él de disimiles asuntos. Algunos se emocionan y rompen en un llanto silencioso. “Eso me afecta más a mí, por favor, hay que ser fuerte”, dice el ‘Coco’ sin solemnidad.

Fariñas debe tener algún récord mundial no registrado sobre huelgas de hambre. La que comenzó el viernes 26 de febrero es la número 23. Y su organismo le está pasando factura. Mide casi 6 pies, pero pesa menos de 65 kilos, sus brazos demasiados delgados y sus limitaciones al caminar son secuelas evidentes de las reiteradas huelgas de hambre.

Como muchos opositores, ‘Coco’ Fariñas creyó algún día en la revolución de Fidel Castro. Se rifó el pellejo en los apartados caseríos de Angola, durante la guerra civil en los años 80 en ese país africano. Fue miembro de las tropas élites de Castro, pero en 1989 cuando el general Arnaldo Ochoa fue fusilado, acusado de tráfico de droga, comenzaron las dudas y preguntas sin respuestas de Fariñas.

Es licenciado en psicología y como nadie en Cuba, conoce los métodos de la policía política para quebrantar a los que disienten. Este mestizo de ojos grandes, y desde 1997 es uno de los pesos pesado de la disidencia en la isla.

Escribe como periodista libre y en su casa radica una biblioteca independiente. Durante su huelga, muchos vecinos entran y conversan jovialmente con Fariñas, le dan ánimos o le ruegan que desista. A todos le suelta un discurso sin consignas y con su hablar popular, da sus razones para mantener la huelga de hambre. La principal razón de esta última y tal vez definitiva huelga de hambre: el fallecimiento del disidente Orlando Zapata Tamayo, el 23 de febrero.

-Yo lo conocí en 1991, cuando Zapata era trabajador de la construcción en un contingente, incluso era miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas, algo que han callado los periodistas del gobierno que hoy lo critican. Zapata formaba parte de las brigadas de acción rápida con las que cuenta el gobierno para reprimir a la oposición, pero largas charlas con el disidentes le hicieron ver que estaba equivocado. De eso, los medios oficiales nada quieren hablar, además estoy convencido que la muerte de Zapata, fue un crimen de Estado, un asesinato.

El opositor del barrio La Chirusa, en la ciudad de Santa Clara, agrega otros argumentos para mantener hasta las últimas consecuencias su huelga de hambre.

En una carta enviada el 26 de febrero a Raúl Castro, lo insta al mismo a que demuestre al mundo y a su pueblo que sus lamentos ante los medios de prensa extranjero, fueron sinceros y le pide que liberen a los 200 presos políticos que existen en diversas cárceles cubanas.

-Soy un firme convencido de que cuando el gobierno vea que producto de las huelgas de hambre mueren como moscaa los opositores, se sentaran a negociar. Estas huelgas son nuestra armas de presión, no tenemos otra.

También ruega al gobernante español José Luis Rodríguez Zapatero que presione con firmeza al régimen de La Habana, para que introduzcan cambios políticos, incluso cree que Su Majestad el Rey de España Juan Carlos I, debiera manifestarse sobre la fatídica muerte de Zapata Tamayo.

Fariñas recibe atención médica cada cuatro horas. Y cree que entre el lunes y el martes lo ingresen en el hospital provincial de Villa Clara Arnaldo Milian, para inducirle alimentos por vía intravenosa. Ya se le notan los labios resecos por no tomar agua. Su imagen asusta a muchos. Juan Juan Almeida, hijo del comandante amigo de los Castro, que peleó junto a ellos en la Sierra Maestra, salió conmocionado de la casa de ’Coco’ el pasado sábado.

En un mensaje por SMS que envió a sus amigos, Juan Juan dijo: “Estoy triste de no haberlo convencido. Si no sucede un milagro, Fariñas no llega al lunes”. Opositores como Héctor Palacios han intentado convencerlo que desista de su huelga de hambre. Pero ni a trancas. Fariñas, sigue en sus trece.

El disidente del barrio La Chirusa, admirador confeso de Gandhi y Nelson Mandela, personajes que están por encima del bien y el mal, cree que ése es el camino para revertir el estado de cosa y soñar con la democracia. “Si para lograr cambios políticos tuviese que sacrificar mi vida, cuenten entonces con ella”, señala sin dramatismo el campeón cubano de las huelgas de hambre. Ésta es la número 23. Vecinos y amigos sospechan que será la última.

Martha Beatriz Roque recuerda a Orlando

Domingo, 28 de Febrero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

La tarde del sábado 27 febrero, La Habana lucía desaliñada. Una lluvia persistente enlodaba las deterioradas calles del barrio de Santo Suárez, en el municipio 10 de octubre. El cielo color ratón le daba un toque de tristeza a la ciudad.

Cerca de las tres de la tarde, Laritza y yo llegamos a casa de la opositora Martha Beatriz Roque Cabello, economista de 64 años, una mujer de cara regordeta y ojeras profundas. Roque Cabello vive en un estrecho pasillo interior. Justo frente a su puerta, agentes de la policía política han colocado un dibujo de Fidel Castro, de gran tamaño, empotrado en una pared grisácea y descarada por el tiempo.

En su mínima sala nos recibió la veterana disidente. Una de las más activas voces del cambio en Cuba. Ha tenido que pagar un alto precio por oponerse al gobierno de Castro. Innumerables detenciones y maltratos. En dos ocasiones sancionada a pasar largos años en prisión.

La última vez que visitó la cárcel de mujeres Manto Negro, en el poblado del Guatao, fue justamente el 20 marzo del 2003, en la llamada primavera negra. Por una licencia extrapenal, debido a un rosario de achaques y a la presión del mundo civilizado, el régimen de los hermanos Castro tuvo que ceder y liberarla.

“Estoy molida, después del viaje extenuante de 24 horas sin dormir al poblado de Banes, donde asistí al entierro de Orlando Zapata Tamayo”, comenta Martha, quien viste un vestido de andar en casa color mamoncillo.

Según Roque, Cabello, el pueblo de Banes estaba tomado por fuerzas de la Seguridad del Estado. “Aquello parecía una plaza militar, había decenas de altos oficiales, temerosos y a la expectativa. Reina Tamayo, la madre del opositor que perdió la vida debido a una prolongada huelga de hambre, reside en una pobre choza de concreto. Caminar por las calles llenas de baches del mísero caserío fue casi una aventura”. Y nos sigue contando.

“Había un cordón de militares y miembros de la policía política. El clima era tenso, se podía cortar con un cuchillo. En la sala de la vivienda se encontraba el cadáver de Tamayo, un grupo de disidentes y Damas de Blanco. Le colocamos una bandera al féretro”, recuerda con voz serena.

Martha Beatriz Roque Cabello entorna los ojos y medita. “Fue allá por el año 2002, cuando conocí a Orlando Zapata Tamayo. Era un muchacho muy humilde, respetuoso y disciplinado. Había que sacarle las palabras a la fuerza. En diciembre del 2002, fue detenido por participar en un acto de protesta en la barriada de Lawton, organizado por el doctor Oscar Elías Biscet”.

Y añade: “En los primeros días de enero de 2003, casi en la víspera de la primavera negra, visitó mi casa y agradeció el apoyo personal que le había dado y también el de nuestro grupo, la Asamblea para Promover  la Sociedad Civil. Zapata no tenía deseo de protagonismo, no deseaba marcharse de su país, era un simple peón de albañil que sentía que su patria necesitaba cambios a gritos”, dice con vehemencia.

Martha atiende una llamada telefónica y luego retoma el diálogo. “En marzo del 2003 un grupo de opositores de nuestro grupo, inició un ayuno en la casa de Marieta,  esposa del extinto opositor Jesús Yanes Pelletier, en la calle Humboldt, Vedado. Orlando Zapata Tamayo participó con nosotros. Recuerdo que fue en ese ayuno donde charlé ampliamente con él, me contó su vida miserable, su niñez repleta de carencias materiales y sus ilusiones. Era una persona simple con una idea fija en su mente: que Cuba mudara hacia la democracia”, dice en voz baja.

Una de las principales líderes de la disidencia cubana, siguen contándonos:

“El 20 de marzo del 2003 a Orlando lo detienen junto a otros 86 opositores. En un principio, el gobierno de Fidel Castro detuvo esa cantidad de personas, luego, supongo que para redondear los números, y las cifras cuadraran, es decir 15 presos disidentes por cada uno de los 5 espías encarcelados en Estados Unidos, es que se rebajó a 75 la cantidad de arrestados. Zapata estuvo unos días en una celda. Un par de semanas después lo liberan. Y a los pocos días, en un acto de protesta que hizo en el Parque Central habanero, a favor de la libertad de los 75 disidentes arrestados, fue detenido y juzgado por desacato a 3 años en prisión. Ahí comenzó su calvario, el principio del fin para este humilde mestizo holguinero.”

“De  los tres años iníciales, por diferentes protestas y quejas, le celebran varios juicios donde lo acusan de desrdenes en la prisión y su sanción se estira hasta los 43 años´. Después el tribunal hace una sanción conjunta y se queda en 32 años de privación de libertad. En todas las cárceles donde estuvo Orlando Tamayo Zapata, fue torturado y golpeado brutalmente por las autoridades de la prisión. Recuerdo que en uno de los juicios que se le celebró, llegó con la boca amordazada, esposado y con grilletes en los pies. Durante su fatídica huelga de hambre los militares del penal lo tuvieron 18 días sin darle agua, no fue un accidente o un acto suicida, fue un crimen”, sentencia Marta Beatriz indignada.

Coge el diario Granma del 27 de febrero y con sus dedos finos señala el artículo del periodista Enrique Ubieta:

“Además de mentir sin sonrojo, en su escrito hay muchas incongruencias. Para intentar denigrar a Zapata Tamayo, intenta fabricarle un historial de delincuente peligroso. Sin embargo, es una contradicción evidente, pues según Ubieta fue juzgado 3 veces por supuesto delitos graves en el año 2000, pero ya a finales del 2001 estaba libre. Si no hay mala leche, entonces Ubieta miente y los delitos no debieron ser tan graves”, señala Marta.

Y agrega que para el gobierno de los Castro es inadmisible que una persona que haya tenido delitos comunes tenga derecho de reclamar cambios políticos.

“En sus reclamos, en la huelga de hambre que se extendió a 86 días, Orlando sólo pedía una comida decente cocinada por su madre, tener agua y la libertad de los presos políticos. Al parecer para el gobierno estas demandas eran exageradas. Entonces tendrán que aguantar el chaparrón de protestas en el planeta y el dedo acusador de los medios de todo el mundo. Aún es temprano para sacar lecciones de la muerte de Zapata Tamayo. De momento, otros 7 presos de conciencia han iniciado huelgas de hambre y el periodista Guillermo Fariñas, quien reside en la ciudad de Santa Clara, un hombre que su cuerpo se ha debilitado por anteriores huelgas de hambre, si él y los demás no desisten, podrían aumentar las malas noticia para el régimen”, finaliza Martha Beatriz Roque Cabello, quien promete que la disidencia interna no se quedará cruzada de brazo.

El gobierno de los hermanos Castro podrá creer que lleva razón, que nada debe ser cambiado en Cuba, que todo marcha bien y su pueblo es feliz. Pero no debe ser fácil dormir con la conciencia tranquila, cuando en su país un hombre perdió la vida por reclamar un manojo de derechos durante los siete años que estuvo encarcelado.

El asunto no es de ideología es de humanidad. Al menos, así lo creen muchos cubanos en la isla.

Iván García y Laritza Diversent

Fotos: Martha Beatriz, a la derecha, haciendo guardia de honor al lado del féretro de Orlando Zapata Tamayo, y junto a varias Damas de Blanco.