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La tierra de los mangos bajitos

Sábado, 17 de Abril de 2010 jurisconsultocuba Comments off

Cuba, la isla del clima tropical y como dicen en su canción, el grupo de rap los Aldeanos, “la tierra de los mangos bajitos”. Lo que sucede aquí no ocurre en otras partes del mundo. ¿Se imaginan a Obama diciéndole al pueblo norteamericano, que ignora cuánto se gasta el país en importaciones? Aquí eso es normal y no ocurre nada.

El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro, en su más reciente discurso, reconoció públicamente a través de la televisión nacional, que se caería para atrás, cuando el titular de economía, informara los millones y millones de dólares gastados en importaciones de frijoles de todo tipo, que se pueden producir en este país. ¡Ojo! Puso solo un ejemplo.

Al parecer, existen determinados asuntillos, que no están en la agenda del máximo representante del gobierno cubano. En otro lugar del planeta, tal comentario le hubiese costado el puesto, en las próximas elecciones.

Si la dirigencia histórica, que de antaño concentra en su mano todo el poder estatal, no sabe esos detalles, entonces ¿Quién dirige y controla la náufraga economía nacional? ¿Qué función tienen los que hace cincuenta años se sacrificaron y disfrutan de la miel del poder? Sabemos que tienen muchos cargos y que por su edad no pueden asumirlos todos. ¡Bueno, que se jubilen!

Un líder que se respete a sí mismo, jamás cometería la imprudencia de reconocer a voces, que no sabe determinados detalles de la gestión gubernamental. Pero el clima del trópico es demasiado relajante. Lo importante a menudo se convierte en una broma y lo insignificante en un asunto de Estado. El país se cae a pedazos mientras el gobierno vuelca todo su potencial en maltratar a un grupo de mujeres que marchan en silencio por las calles.

No obstante, el señor presidente y todos los títulos que le siguen, puede darse el lujo de hablar así, porque tiene todo los problemas resueltos en su casa. A él que le importa, si la mayoría de sus gobernados no tienen arroz que comer. Mucho menos si el salario no les alcanza para cubrir los primeros cinco días del mes.

Laritza Diversent

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LOS VERDADEROS PICHONES

Jueves, 25 de Febrero de 2010 jurisconsultocuba Comments off

Laritza Diversent

 

Muchos calificativos pudieran caracterizar a los cubanos, pero el de inventores, no los hemos ganado por derecho propio. La necesidad y escasez  nos lleva a inventar a diario para sobrevivir.

 

Apelo a la memoria y viene a mi mente los ventiladores con los motores de las secadoras de lavadoras rusas. Producción manufacturada, desde la base hasta la paleta giratoria.  No fueron perfectos, hacían un ruido espantoso, pero refrescaron el intenso calor de las noches en esta isla.

 

Recuerdo los asfixiantes fogones nono, que ardían con el aserrín de la madera, las hornillas eléctricas y  ollas arroceras artesanales, todos muy rudimentarios, pero garantizaron la coacción de los alimentos en el periodo especial, cuando no había combustible. Después llegó el comandante con su revolución energética y se mofo de todo aquellos que ingeniamos para sobrevivir en los años de miseria extrema.

 

Con toda esta historia, ahora somos, para ‘papá Estado’, unos polluelos que esperan con la boca abierta los alimentos. Pena y vergüenza debían sentir, los que osan poner esta frase en su boca. Esos que tiene de todo, gracias a la revolución que inventaron y a las promesas que nunca cumplieron.

 

¿Con qué derecho, el dueño de todos los medios de producción, que no ha tenido la capacidad de satisfacer las necesidades sociales de sus gobernados después de más de cincuenta años en el poder, nos llama pichones?

 

A esos que, con tal descaro llaman crío a un pueblo, que le exigió sacrificios y también renunciar a la vida, los invito a buscar en la historia. Recuerden que estaban dispuestos a desaparecernos del mapa, y al mundo al borde de una guerra termonuclear, por una disputa ideológica con el capitalismo.

 

 Acuérdense cuando pusieron a todo un país, a cortar caña, para lograr el sueño de un egocéntrico gobernante, que apostó que haría una zafra de los diez millones de arroba. ¿Cuántas  veces se paralizaron el país y se gastaron millones de pesos, en movilizar al pueblo para marchas, teniendo una situación económica precaria?

 

¡Pobre papá  Estado que no puede aguantar más subvenciones y gratuidades, pero nos impone prohibiciones y restringe nuestras libertades! ¿Dónde está el bienestar común que prometieron y nunca llegó?

 

A esos que para hacer una revolución “con los humildes y para los humildes”, confiscó  propiedades para devolverlas pueblo, y ahora dueño absoluto de todo, nos impide ejercer el comercio e invertir en nuestra economía, privilegio solo para extranjeros.

 

¡Qué Infortunio el de ‘papá  Estado’, que convertido en el único empleador legal y nosotros en masa proletaria, nos obliga a trabajar para él por un salario mensual, que a ningún obrero le alcanza para satisfacer sus necesidades individuales, menos las familiares!

 

¡Basta ya de humillaciones, de acusarnos de robar los bienes que en un principio son nuestro, de obligarnos a  recurrir a la ilegalidad para sobrevivir; de pagar por los errores de sus fracasadas política, de reprimirnos para obligarnos a callar!

 

A esos que insinúan que somos  incapaces, mantenidos y chulo, les pregunto: ¿quiénes son los que esperan que las cosas les caigan del cielo?  Ustedes que disfrutan de todo tipo de privilegio a costa del sudor del pueblo, o los que a diario tienen que inventar para subsistir.

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La intifada de OLP

Miércoles, 20 de Enero de 2010 Voces Cubanas Comments off

El escritor Orlando Luis Pardo (OLP), 34 años, es como una caja con botones. Usted aprieta una tecla y salen a chorros las ideas. OLP está sobrado de talento. Ha publicado varios libros de cuentos. Tiene un par de blogs, de los mejores que se hacen en esta Cuba del siglo 21. Es fotógrafo de alto vuelo y hace unas semanas, asistí asombrado a un performance que OLP montó con uno de sus formidables poemas.

Es un tipo callado y en exceso paranoico. Como suele serlo cualquier persona que allá nacido en un régimen anormal, donde cualquier cosa es sospechosa y delictiva. Orlando Luis no recuerda el momento justo en que comenzó su intifada personal con la maquinaria siniestra del poder castrista.

Es probable que hubiera ocurrido cuando desaparecieron las croquetas de ‘averigua’ , que uno nunca sabía de que estaban confeccionadas. Tal vez aquella masa gris viscosa con unas  minúsculas bolitas de color rojo dentro, a finales de los años 80, haya sido el punto inicial de partida de su particular rebelión.

Porque Orlando Luis públicamente ha confesado que comía montones de las populares croquetas. Y al éstas desaparecer, junto al yogurt saborizado y las compotas rusas, en los años duros del período especial, pueden haber empezado las contradicciones serias de OLP con un régimen cerrado a cal y canto a criterios dispares.

En 1993, entre apagones de 16 horas diarias, masa cárnica y l picadillo de soya, Orlando escapó de la locura leyendo como un poseso y derramando su talento innegable en la  poesía y la prosa sobre un viejo modelo de factura de alguna empresa y en el que sólo se podía escribir por una cara.

Además del hambre real, OLP estaba más allá de los cojones de Papá Estado. Aún recuerda, cómo no, su primer blue jeans, y el día que probó la Coca Cola. Como quien trae un tesoro valioso, un marinero amigo de la familia se apareció con la lata de refresco envuelta en papel de regalo.

Toda la familia se sentó a celebrar el acontecimiento en torno a una vieja mesa, larga y rectangular, de caoba oscura. El padre, se dio el trago inicial. Después, fueron pasándosela y tomando un sorbo. Uno solo. Como algo sagrado, guardaron la lata con la Coca Cola dentro del  viejo refrigerador Philco. OLP recuerda que duró casi una semana: después de la comida, cada uno tomaba un sorbito.

Tanta miseria espiritual y material lo convirtió en un tipo descreído del socialismo real de Fidel Castro. Hoy es una de las mejores plumas entre los escritores jóvenes. cubanos. Con sus temores y sus dudas a cuestas, con el farolillo rojo de la paranoia siempre prendido, con desbordada imaginación OLP dispara sus misiles desde la barriada de su Lawton natal.

Él no sabe cómo cambiar el estado de cosas. Sólo quiere ser un hombre libre. Quedar bien consigo mismo. Ser feliz en las madrugadas cerradas y sin estrellas junto a su novia, mientras esperan el P-2 que los llevará a casa. Y créanme, lo está consiguiendo.

Iván García