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CODA CUBANO

Jueves, 22 de Julio de 2010 Orlando Luis Pardo Lazo Comments off

DEL TELÓN ENTENDIDO COMO TRIUNFO

Orlando Luis Pardo Lazo

No hablar más de La Habana. No hablar más de Cuba. No hablar más de la Revolución. No hablar más.

Como intelectuales ingenuos, nos sobra todo un Diccionario de grandilocuentes palabras. Unas Obras Completas con parches de párrafos políticamente perfectos. Una Enciclopedia a tope con contenedores de papel pautado, puteado.

Es suficiente. Ya ha habido bastante significado sumiso. Conformémonos un poco a la idea de que no mediarán más ideas entre el lenguaje lírico y la rala realidad. Sintamos con satisfacción el silencio. La carencia de aliento gramático. Seamos menos. Estemos más. Este mismo punto y aparte, para ser consecuente conmigo, sintácticamente debería ser entonces un punto y final.

Pero La Habana persiste plúmbeamente en nuestras biografías de soldados de pluma. Pero Cuba nos esclerotiza a diario desde un contexto acéfalo. Pero la Revolución resiste a costa del pobre y enfebrecido imaginario de nuestra desmemoria senil, socialipsista al punto de lo suicida.

No podemos evitar esa formulita H-C-R, ni siquiera como omisión. Porque, en efecto, tenía razón, como casi siempre, la propaganda política más pedestre de la paleohistoria de esta nación. El experimento fue un éxito.

De suerte que, de tanto repetirlo sin darle crédito, ahora pagamos el precio de sobresaturarnos de tan ampuloso teatro. De tanto aspirar su humo mudo, La Habana nos convirtió en sus ventrílocuos aventajados. De tanto carajear o carcajearnos de Cuba, Cuba nos traqueotomizó. De tanto rumiar sus rimitas retrúecanas, la Revolución nos reclutó.

Por eso otra vez tecleamos, tímidos o temerarios, sin lograr extirparnos este tumor a trío de la garganta: histología no tan cansada como risible (segundas siglas H-C-R). Pero, en lugar del tic-tac sin tiempo de las teclas, lo que se oye de boca para afuera es un silbido de bronquios patrios podridos. El dislate discursivo de un paciente terminal. El lugar de nuestras obsesiones nacionasmáticas. La queja falsiforme y metastática de La Habana en Cuba en Revolución.

Esas fonías fósiles hablan hoy a nombre de nuestra parapléjica intelecnulidad. Es una jerga ubicua y omnisciente. Más que el fantasma estéril de un Estado absoluto, esas resonancias simulan ser el eco hueco de Dios. Cínica o sentimentalmente, lo son.

Hangar Habana donde recalar cancaneando.

Cuba sin cura clínica, un caso ya crónico.

Revolución en resurrección a la hora humillante de no hablar más de La Habana. De no hablar más de Cuba. De no hablar más de la Revolución. De no hablar más. Este punto y aparte, incluso siendo una inconsecuencia contigo, sintácticamente deviene entonces un punto y final.

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CARTELES DE MAYO 1951-2010

Viernes, 7 de Mayo de 2010 Orlando Luis Pardo Lazo Comments off

LA CARÁTULA MENOS CUBANA DEL MUNDO
Orlando Luis Pardo Lazo

Casi en el cincuentenario de la República.

Yo, peor que el poeta Eliseo Diego, ni siquiera supe escribirlo: La República…

De noche, a la luz del alma, con las estrellas como copos de nieve o pompas de jabón. Bolitas de navidad, de frialdad. Noche azul, de zafiros en el aire y destellos de serpentinas en Technicolor.

Éramos bebés políticos y nos creíamos muy sabios. Fuimos niñatos de la ilusión. Creíamos que la vida aún era posible. Confiábamos en que más temprano que tarde nos ganaría el reino de la verdad, la belleza, el amor. Padecíamos una locura pediátrica más que apátrida, y por eso los cuartelazos nos daban sólo ataques de carcajadas. Literalmente, nos moríamos de risa ante los peces de colores. Tropicales de remate, menospreciamos el precio del tiempo y, de pronto, ¿de qué estoy desvariando, por favor…?

Y, sin embargo, ahora daría la vida por perder la vida en aquellos años cincuenta (supongo que no en la clandestinidad).

Daría la vida por enamorarme de una mujer de cartón así: una cuquita lánguida y esbelta, maquillada en tricromía patria como sacada de un burdel barato (de barrio); armienne tristísima y seguramente brillante; criollita con caderas de wilson y cutis de durazno y dedos de odalisca dadá y un abrigo de armiño que alguna abuela europea le regaló al morir (Aura espía con las pestañas y labios modernísticamente burgueses y kitsch); una Helena de la Habanada, una modigliani universitaria cubanesca (acaso tuvo que dejar la carrera de Leyes para ayudar en casa a su viuda mamá); una modelo de Carteles que no se acostara con Guillermo Cabrera Infante a cambio de una primera plana, por ejemplo, ni quisiera acostarse con ningún matón latino o yanqui tampoco, sino que fuera virgen para conversar conmigo hasta la madrugada sobre cómo sería morirnos juntos de viejo en la Cuba futurista del año 2000… (Nos prometeríamos, por supuesto, contemplar al cometa Halley que después nadie en Cuba vería a lo largo y estrecho de 1986.)

Daría la muerte por tantear su sexo mínimo, la cicatriz de acceso a sus entrañas art-decó, que seguro olerían a polietileno estéril de muñequita Lilí: la fábrica era de un polaco que vino a Cuba huyendo del comunismo después de los campos capitalistas de concentración (Cuba como kaputt, como cabús de una tranvía enfermo llamado esperanza…). Y también daría la muerte por desnudarnos en una azotea de los rascacielos enanos de El Vedado, pero no hacer esa misma noche el amor (ni ninguna).

Releo y ya en este punto otra vez tengo ganas de llorar. Nunca voy a ser suficiente escritor.

He perdido mi vida en unos años noventa de nadie. He pisoteado la marca mierdera del año cero o dos mil. He sobrevivido, para colmo, a otra década decadente y dejé para siempre muy sola, allá en nuestros caricaturescos cincuenta, a mi querido primer amor de papel maché (machacado).

¿Qué he hecho? ¿Cómo y para qué? ¿A cambio de quién? ¿Qué ídolos destronaron el resplandor de luna que claroscureaba el perfil escéptico de mi muchacha? ¿Cuándo ocurrió la metamorfosis? ¿Por qué no me maté, antes de envejecer para siempre tan solo, bajo el insolente sol de una isla insulsa al punto de lo insultante? ¿Es posible cerrar hoy los ojos y dar vuelta atrás a la historieta asesina y romántica de un pueblo preso en su propio país?

Casi en el cincuentenario de la Revolución.

Yo que tampoco sabré escribirlo: Revolución…

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La historia del permiso de entrada y salida (II)

Sábado, 10 de Abril de 2010 jurisconsultocuba Comments off

La Resolución No 454 de 29 de septiembre de 1961 del Ministerio del Interior (MININT), provocó la reacción de los sectores más progresistas de la época. Principalmente porque, el Ministerio del Interior, no era una autoridad competente para disponer la privación, a una persona, de su propiedad. La disposición, tampoco regulaba bajo que fundamento el Estado se adjudicaba, las propiedades de las personas que decidieran residir permanentemente en el extranjero.

No obstante, las críticas no detuvieron al recién instaurado Gobierno revolucionario. El 5 diciembre de 1961, el Consejo de Ministro, presidido en aquel entonces por el convaleciente Comandante Fidel Castro, promulgó la Ley Núm. 989, que disponía las “Medidas a tomar sobre los muebles o inmuebles, o de cualquier otra clase de valor, etc. a quienes abandonan con imperdonable desdén el territorio nacional”.

La Ley faculta al Ministerio del Interior a otorgar los permisos de salida a las personas que decidieran viajar al extranjero. Ratifica la imposición del abandono definitivo, que regulo la Resolución No 454. Faculta además a este órgano estatal, para dictar las disposiciones pertinentes en cuanto a los permisos de salida y regreso al país. Es a partir de esta ley, que se ordena regular, el permiso de entrada al territorio nacional.

Según la redacción semántica del artículo 1, el abandono se asimila desde la salida y se concreta con el no regreso. Es decir, el abandono del país se consideraba definitivo, si el regreso no se producía, dentro del término por el cual había sido autorizada la salida.

La ley igualmente dispone, que a las personas, que según sus preceptos, abandonaban el país definitivamente, se les nacionalizara, por medio de la confiscación a favor del Estado Cubano, todos sus bienes muebles, inmuebles o de cualquier otra clase, derechos, acciones y valores de cualquier tipo.

Igualmente daba facultad, al extinguido Consejo Superior de la Reforma Urbana, hoy Instituto Nacional de la Vivienda, para adoptar los acuerdos necesarios para la aplicación de la Ley respecto a los bienes confiscados.

Supuestamente los bienes serian confiscados para ser puestos a disposición del pueblo, lo que justificaba la regulación de la salida y regreso al territorio nacional. Sin embargo, la vigencia de esta ley, ha favorecido el engrosamiento del patrimonio estatal.

Al igual que sucedió con la resolución 454 del MININT, la Ley núm. 989, no especifica qué funcionario del gobierno revolucionario la dictó y tampoco hace alusión a la norma que otorga tales atribuciones.

Según los fundamentos de hechos de la referida ley núm. 989, su adopción se justificaba principalmente por cuestiones políticas, aunque hay un triste intento de mostrarlo como interés social. En esa época hubo un cambio en el poder político, y los que no estaban de acuerdo emigraron. El hecho, a pesar de ser una decisión personal e individual, se consideró como una afrenta a la patria y para la dirigencia histórica en ese momento, la patria era y aun sigue siendo, la Revolución.

La ley fue una respuesta a todas esas personas opinaban y bajo ningún concepto aceptaban, las imposiciones revolucionarias. Se mantiene vigente en la actualidad, aunque el carácter de la emigración varió. No obstante, el fundamento jurídico, continúa siendo el mismo: la nacionalización, por medio de la confiscación, de los bienes de las personas que deciden emigrar definitivamente de Cuba.

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LA BLOGDITA CIRCUNSTANCIA DE YOANI POR TODAS PARTES

Sábado, 10 de Abril de 2010 Orlando Luis Pardo Lazo Comments off

LAS ANTENAS DEL DESTINO
Jorge Edwards

“Las antenas del destino” era el título de uno de los libros de Violeta Quevedo, seudónimo que ocultaba a dos hermanas escribidoras, ingenuas, en cierto modo ajenas a este mundo, pero buenas observadoras de la realidad chilena de los años cincuenta y sesenta. Me parece recordarlas, delgadas, huesudas, de boinas y calcetines de lana gruesa, llenando modestas papeletas de depósito en las oficinas de un banco del centro de Santiago. “Violeta por lo humilde, declaró una de ellas a la prensa de la época, Quevedo por lo que veo…”
Recordé a las hermanas inefables después de leer “Cuba Libre”, la recopilación de los últimos tres años de la cubana Yoani Sánchez, quien, desde luego, no tiene nada de ingenua, y quizás tampoco sea humilde, pero es una formidable, aguda observadora de la Cuba de estos días. Yoani Sánchez, que empieza a ser conocida en el mundo como “la bloguera cubana”, nació en La Habana hace treinta y cinco años, hija de un empleado de los ferrocarriles que eran entonces de propiedad soviética.

No hay nada más literario que los trenes. Se podría escribir un ensayo interesante sobre los trenes en la literatura del siglo XIX y en la del siglo pasado, sin olvidar al padre ferrocarrilero de Neruda y la historia del “tren lastrero”. Pero Yoani Sánchez, tan escritora como nadie, no escribe, como el autor de “Machu Picchu”, con excesos retóricos, letanías gongorinas, torrentes verbales. Su experiencia de la Cuba contemporánea, precisamente, la lleva a refugiarse en la miniatura, en la viñeta, en el humor leve, soterrado, en las anécdotas cotidianas, de barrio, desprovistas de todo énfasis, pero siempre sugerentes, instructivas, reveladoras.

En su país, el verbo torrencial es el verbo oficial, la manipulación abusiva del lenguaje practicada desde el poder durante décadas interminables, con monotonía abrumadora. Algunos, incluso en Chile, siguen creyendo en la fórmula, en su magia gastada, ramplona, y la respuesta de Yoani Sánchez no puede ser más convincente: una escritura concisa, que recoge la sabiduría de la calle, las voces discretas, los gestos expresivos, una poderosa contracorriente soterrada. Uno de sus posts, por ejemplo, se refiere a las viejas recetas del pan, a la “milenaria combinación”, como dice ella, “de harina, agua, levadura y fuego”.

El socialismo real, que empezó a extenderse por el planeta a partir de 1917, terminó por convertirse en experto de los milagros al revés, de la desmultiplicación de los panes, los peces, los vinos. La bloguera, en pocas palabras, nos habla de los panes de su infancia, desaparecidos, transformados en sustancia de fábula, con cuya masa se podía formar muñequitos y hacer bolitas. En nombre de la teoría revolucionaria, se terminaron los panaderos privados, de barrio, que tenían su especialidad particular, su toque personal, y se produjo la más completa insipidez funcionarial y estatista: un pan blancuzco, que no pesa, que hace daño a las encías y se deshace en una arenilla que mancha la ropa.

Parece una exageración, pero es otra cosa: una verdad menuda y reveladora, que nadie se atreve a decir, con la excepción de Yoani Sánchez. La bloguera tiene la mirada del miniaturista, del escritor comprometido con las cosas pequeñas, que no rehúye su compromiso y que al proceder en esta forma fabrica, como quien no quiere la cosa, pequeñas bombas de tiempo.

Sería extraño que dictadores palabreros, vociferantes, borrachos de retórica, pudieran ser amagados, quizá destruidos, por una palabra menor, deliberadamente modesta, pero sería también una lección de notable higiene mental, un fenómeno que podría volvernos optimistas con respecto a los procesos lentos de la historia. Porque la lectura de los textos de la bloguera, entre otras cosas, nos comunica un aire de verdad y nos hace comprender una frase que parece haberse gastado con el uso: que sólo la verdad nos hará libres.

Supongo que podríamos analizar los textos de Yoani Sánchez utilizando el sistema que descubrieron los teóricos franceses y que bautizaron como “desconstrucción”, pero soy hombre que puede llegar a divertirse con las teorías, pero que se resiste, por temperamento, por lo que sea, a tomarlas en serio. En una de sus viñetas, que casi nunca tienen el menor desperdicio, la autora cita una frase de Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista de Cuba en 1925. “Todo tiempo futuro tiene que ser mejor”, anunció Mella, en un arrebato de optimismo revolucionario, y la bloguera se hace preguntas inevitables, inevitablemente corrosivas, que ya me tocó escuchar muchas veces en Cuba antes de que ella hubiera nacido, en los remotos finales del año 1970 y comienzos del 71. Porque la calle donde nació ella y donde alguna vez hubo asfalto es ahora “una accidentada superficie de baches, polvo y piedras” y en los garfios oxidados de la carnicería de la esquina ya no cuelga un pedazo de carne “hace mucho tiempo”.

Aquí me atrevo a esbozar no sé si una teoría, pero por lo menos un punto de vista que se amplía con la experiencia reiterada. Hay escritores y filósofos del pasado, incluso de la antigüedad clásica, que desarrollaron una visión del presente, del instante, de la belleza de la vida en su plenitud inevitablemente pasajera. ¿Fueron reaccionarios, indiferentes, egoístas?

El siglo XIX, en cambio, fue una época de constructores de grandes sistemas de anticipación. Carlos Marx es el más conocido e influyente, pero hubo muchos otros. Y el desmentido de la teoría, la gran contraprueba, vino con la implantación de los socialismos reales.

El embajador de la antigua Yugoslavia en La Habana, a fines del año setenta, me decía que ellos (los dirigentes cubanos), no sabían que no existe ninguna filosofía que dure más de cien años. Julio Antonio Mella, mucho antes del castrismo, tampoco lo sabía. Yoani Sánchez, por su parte, sin necesidad de filosofías, lo sabe por la piel, por la experiencia diaria, quizá por su sensibilidad femenina, por la necesidad de encontrar alimentos sanos para su hijo, necesidad que se le plantea al despertar todas las mañanas.

El libro me lleva a una conclusión interesante: el paso cansino, pesado, ahora militarizado, de la Revolución castrista, se queda cada vez más atrás en el camino de la tecnología. Una de las viñetas más logradas tiene un título que resulta algo enigmático para la gente de mi tiempo: “Parabólicas”. Parece que en La Habana de hoy, a nivel de familias, existe un apasionado interés por hacerse de antenas clandestinas que puedan conectar con la televisión de México o de Miami. En vez de los programas oficiales, grises, llenos de interminables discursos políticos, hay películas norteamericanas y de todos lados, espectáculos de baile y de música popular, teleseries.

Leo estas líneas y me reconcilio con las teleseries, culebrones, rockeros de toda especie. Viva la farándula, me digo, y me sonrío. Las familias pagan hasta un salario completo mensual para que los técnicos del mercado informal instalen estas misteriosas parabólicas en lugares ocultos de los techos, de las cañerías subterráneas, bajo amenaza de serias multas y confiscaciones. Es la historia cotidiana, menuda, la intrahistoria, que se burla de las teorías políticas, una vez más. Y la palabra precisa de la bloguera lo pone en la más perfecta evidencia. Da en el centro mismo del blanco.

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La historia del permiso de salida (I)

Viernes, 9 de Abril de 2010 jurisconsultocuba Comments off

Los primeros cubanos en irse

La regulación del permiso de salida en Cuba, desde sus inicios, tuvo carácter eminentemente político. La primera disposición jurídica del Gobierno Revolucionario sobre el asunto, se puso en vigor 29 de de septiembre de 1961, mediante la Resolución No 454 del Ministerio del Interior, que se promulgó bajo el fundamento, de que las personas que salían del territorio nacional, abandonan sus propiedades con el “deliberado propósito de burlar las disposiciones de la Revolución”.

La norma considera el hecho como constitutivo de delito, pues asumía que quien así actuaba, era elementos contrarios a “los principios y orientaciones populares de la Revolución Socialista”. Razón por la que dispuso que los ciudadanos que salieran del territorio nacional se les concedería un permiso de salida por:

  • 29 días, para los que tenían destino hacia los Estados Unidos de Norte América;
  • de 60 días, para los viajeros que se dirigieran al resto de los países del Continente Americano;
  • y de 90 días, a los que embarcaran hacia el Continente Europeo.

Aunque reconoce que esas personas dejaban sus bienes en poder de “familiares, amigos o testaferros”, si no regresaban después de vencido el termino para el cual se les había dado el permiso de salida, se considera que abandonaban definitivamente el territorio nacional, y en su consecuencia, el Estado procedería a adjudicarse los bienes muebles, inmuebles y demás valores que les pertenecía.

Los primeros cubanos en llegar a la Florida

La disposición se publicó en la Gaceta Oficial No. 196 del 9 de octubre de 1961, fecha en la que entró en vigor. No obstante, la resolución no fue firmada, por ningún funcionario del referido Ministerio. Tampoco hacía alusión, a la disposición jurídica que le otorgó las facultades para legislar. Sin contar que la norma, desde su nacimiento, contradecía los principios constitucionales refrendados en la Ley Fundamental de 1959.

Según la Carta Magna vigente en ese momento, el Ministerio del Interior, no era una autoridad competente para disponer la privación, a una persona, de su propiedad. La disposición tampoco regulaba bajo que fundamento el estado se adjudicaba las propiedades de las personas que decidieran residir permanentemente en el extranjero. Ni otros requisitos indispensables para que esta figurar jurídica (expropiación forzosa), operara en derecho. En otras palabras, no hacía alusión a la indemnización efectiva, las causas de utilidad pública o interés social y el derecho de los afectados de impugnar, ante un tribunal competente, la decisión gubernamental.

Laritza Diversent

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El río suena ¿traerá piedras? (II)

Domingo, 21 de Marzo de 2010 jurisconsultocuba Comments off

Los medios de comunicación oficiales no se han referido a los comentarios, ni para afirmarlos ni para desmentirlos. Desde el fusilamiento, en 1989, del General de Divisiones Arnaldo Ochoa, en la prensa cubana no se ha expuesto ningún caso de corrupción de gran magnitud, en las altas esferas del poder.
La práctica desde entonces, es divulgar, [...]

El río suena ¿traerá piedras? (I)

Sábado, 20 de Marzo de 2010 jurisconsultocuba Comments off

¡Cuánto nos hace falta una prensa libre! Ahora mismo circula por las calles, un siniestro escándalo de corrupción que involucra a altas figuras del gobierno. Lo cierto [...]

La punta del iceberg

Sábado, 23 de Enero de 2010 Voces Cubanas Comments off

Leí hace poco un artículo en el que se comparaba el caso de los pacientes muertos de frío en el hospital psiquiátrico de La Habana y los 200 fallecidos en Europa por la misma razón. Lo entiendo, pero pienso que el “mal de muchos es el consuelo de los tontos”.

Es verdad que eso ocurrió en aquel continente rico pero incapaz de proteger a sus ciudadanos de los azotes climatológicos. Resulta terrible que se gasten miles de millones en rescatar banqueros en quiebra, mientras los albergues para los pobres no dan a basto.

Todo es cierto, pero lo que ocurre en Europa no puede servir para justificar que en Cuba estén muriendo de frío los enfermos mentales, los que no pueden defenderse solos y muchísimas veces ni siquiera cuentan con el apoyo familiar.

Durante años el gobierno cubano mostró las imágenes dantescas del Psiquiátrico de Mazorra, que documentaban lo que habían encontrado al triunfo de la Revolución. Las contrastaban después con el modélico hospital creado por el Comandante Bernabé Ordaz.

No hace mucho, el periódico Granma aseguraba que allí se brinda una “atención esmerada a personas con trastornos mentales, bajo estricto seguimiento de patrones humanistas y de un alto rigor científico”. Esta vez la realidad los desmintió de forma brutal.

No solo la prensa oficial sintió el golpe, la sociedad entera fue conmovida por los hechos. Es que nadie esperaba que esto pudiera ocurrir en Cuba, todos conocían las dificultades de los servicios de salud pero pocos sospechaban el grado real de deterioro.

En los hospitales cubanos conviven los más sofisticados equipos médicos con la mayor escasez material. Como si fueran a un campismo, los enfermos se ingresan llevándolo todo: ventilador, toallas, sabanas, almohada, jabón, pijama y comida.

Pero los pacientes “normales” tienen la ventaja de poder defenderse y cuentan además con sus familiares para “armar jaleo”. Mientras que las quejas de los enfermos del psiquiátrico caen en el vacío porque, al fin y al cabo, no son más que “locos”.

Tal vez alguno de ellos se quejó a sus familiares por recibir poca comida pero nadie les hizo caso. Sin embargo, según coinciden 3 testigos, solo desayunaban un té, almorzaban una pequeña merienda y a las cinco de la tarde recibían una comida liviana, la última del día.

Lo que los vecinos me cuentan parece demasiado cruel. Dicen que algunos trabajadores les quitaban la comida a los enfermos para alimentar a sus cerdos y que la leche que se vendía en el mercado negro en toda esa zona también provenía del hospital.

La falta de colchas podría no ser culpa del Ministerio de Salud porque quien tenía que repartirlas asegura que las entregó al personal del hospital y que tiene constancia de ello. ¿Cómo desaparecieron entonces y a dónde fueron a parar?

Pero el Ministerio de Salud sí es responsable por las ventanas que faltaban desde hace años y también por el caos interno que reinaba allí. No hay excusa, porque tan grave es que no supieran lo que ocurría como que estuvieran al tanto.

Los homicidas directos, los que les robaban los alimentos, los que hacían desaparecer las colchas, los que los castigaban bañándolos con mangueras de agua fría, no tienen atenuantes, como tampoco las tienen quienes lo veían y callaron.

Además, en un hecho de tal magnitud el resultado de la investigación y las sanciones tendrían que ser públicos. Los desalmados deben saber que estos enfermos van a ser protegidos por la sociedad y que quien atente contra ellos terminará en los tribunales.

Si no se llega a la raíz del problema el hecho se repetirá tarde o temprano, en otro centro de salud mental, en algún asilo de ancianos o en una clínica de discapacitados. Porque no se trata de un hecho aislado sino de la punta de un iceberg mucho mayor.

Hay anécdotas que lo dicen todo. En un curso esotérico que pasó mi esposa meses atrás, el almuerzo, las 2 meriendas y el café para los 30 participantes fueron “generosamente donados” por una de las alumnas, directora de un asilo de ancianos.

PD: En la prensa cubana no se han visto imágenes del psiquiátrico, ni entrevistas con los médicos o con familiares de las víctimas. En su lugar, la TV emite reportajes sobre el trabajo de los cooperantes cubanos atendiendo enfermos mentales… en Nicaragua, Ecuador y Bolivia.

Fernando Ravsberg

Corresponsal de la BBC en Cuba

Publicado en su blog Cartas desde Cuba