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El resentimiento de Pedro Poul

Martes, 26 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

Pedro Poul habla con dificultad el creole. Aún así, cierra los ojos y susurra una oración religiosa. Se la enseñó su padre cuando era pequeño. Pensó que lo había olvidado luego de haberse sumado en 1958 a las guerrillas en la Sierra Maestra y haber profesado los dogmas del Partido Comunista de Cuba.

Su cántico religioso estuvo dormido en su subconsciente durante más de 50 años. Le pide a Papa Legbá (el Eleguá del panteón Yoruba en el Vudú haitiano) por la tierra que vio nacer a su padre, arrasada por un terremoto, y “ocupada por los yanquis”. Pedro Poul repite lo que escucha. Los cubanos, dice, están afligidos por los sucesos en Haití y “molestos por la intervención de tropas americanas” en la pequeña  nación.

A pie juntillas cree lo que dicen los medios cubanos, que los estadounidenses se quieren apoderar de las minas de oro haitianas. Por Telesur, vio a Chávez hablando sobre la “invasión” y en la televisión cubana, al escritor de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, Heriberto Feraudy, acusar al ”monstruoso imperio, de no perdonarle a ese pueblo, haber sido la primera república negra en el continente”.

La prensa oficial no explica que Haití que el terremoto casi acabó con el gobierno y todas sus instituciones. Y que sus insuficientes infraestructuras estatales y sociales se acabaron de desmoronar con el sismo. Tampoco mencionan que fue su presidente, René Préval, quien solicitó a Obama ayuda urgente de los Estados Unidos. Ni dicen que la devastación y el caos, impiden que la ayuda internacional pueda ser con urgencia. Y que la desesperanción y el hambre han provocado escenas de violencia.

Los cubanos no saben que la principal cárcel de Puerto Príncipe quedó destruída ni que por las calles andan sueltos ladrones, violadores y asesinos, que con pistolas, machetes o palos, tratan de saquear lo poco que quedó en pie en casas y comercios e intentan cogerla por la fuerza en los locales donde se ha ido almacenando la ayuda humanitaria.

Ni siquiera por una vez, los gobernantes cubanos  dejan de lado las diferencias políticas. Y son incapaces de sumarse a los esfuerzos de otras naciones, Estados Unidos incluido, por ayudar a  cientos de miles de haitianos, quienes aguardan espera los beneficios de una operación global, que puede duplicar la cifra aportada cuando en 2004 un tsunami devastó varios países asiáticos.

Es más fácil hacer campañas de descrédito, que con modestia sumarse a un empeño humanitario, junto a naciones con diferentes ideologías y sistemas sociales. Ante una urgencia como la de Haití, no importa cuál sea el color de la bandera ni cómo se llame la persona o la ong con la cual vas a tratar de salvar vidas y reconstruir un país devastado. Tampoco importa quién o quiénes dirijan todas esas labores urgentes ni quién aporta más o menos.

Actitudes y sentimientos que no necesitan ahora los haitianos. Lo que ellos necesitan es que se unan esfuerzos y lo antes posible se envíen brigadas y materiales que en tiempo récord edifiquen viviendas antes de que lleguen las lluvias y la temporada ciclónica, el próximo mes de junio. Fenómenos naturales que acabarían de devastar la destrozada tierra y su gente.

Pedro Poul hizo hizo suyo el mensaje de los medios oficiales y a otros trasmite el odio durante 51 años inculcado hacia Estados Unidos, el enemigo número uno de la Revolución Cubana. Sin embargo, no se cuestiona que una vez el Partido Comunista le exigiera dejar atrás sus raíces y su religión. Ni que sus nietos no conozcan la vida y tradiciones de su abuelo haitiano.

Tampoco se detiene a meditar, si es la hora de buscar culpables. Y si los miles de desamparados, heridos y enterrados bajos los escombros, en estos momentos necesitan que salgan a la luz disputas ideológicas. Todo lo contrario.

La opinión pública cubana sólo conoce un punto de vista de la tragedia haitiana. El punto de vista difundido por los medios de comunicación, que en el caso de Cuba equivale a decir el mismo de los gobernantes. ¿Qué más puede esperarse de un gobierno que por orgullo y discrepancias políticas, cuando varias regiones de la Isla fueron arrasadas por dos potentes huracanes, en septiembre de 2008, rechazó la ayuda humanitaria?

Actualmente, la posibilidad de cooperación entre Cuba y Estados Unidos es nula. Y no sucederá mientras el gobierno cubano siga echándole la culpa de todos los males de la humanidad a su eterno enemigo. Aunque para lograrlo, tergiverse y manipule los hechos, según sus intereses.

Gracias a la sistemática desinformación, en el alma de algunos cubanos anida el resentimiento. Es el caso de Pedro Poul. No por aquéllos que una vez le exigieron renunciar a la herencia cultural de su padre haitiano. Si no por aquéllos que hacen todo lo posible por levantar a un pueblo en desgracia.

Laritza Diversent

Foto: American Red Cross, Flickr

Habla la Autoridad Suprema del vudú en Haití

Sábado, 23 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios

En las mejores guías de viajes suele aparecer un viejo dicho sobre Haití: “El 80 por ciento de la población es cristiana, el 20 por ciento es protestante y el 100 por ciento profesa el vudú”. También se hace constar que pocas religiones han sufrido una operación de desprestigio tan abrumadora como ésta que nació en África y viajó al Caribe con los primeros esclavos.

Max Beauvoir es la Autoridad Suprema de los seguidores del vudú haitianos. Para los suyos es una especie de Papa. De 74 años, casado y con una hija de 45, vive rodeado de árboles gigantescos sagrados, a una hora de Puerto Príncipe en mototaxi. Viste de blanco, habla criollo (creole), francés, inglés y español, tiene una casa en forma circular, varios templos en su jardín y una especie de museo con esculturas de vudú. Se lamenta de que hayan enterrado a tantos miles de personas sin ningún respeto, ni dignidad.

“El presidente René Préval me mandó llamar hace cuatro días para celebrar una reunión junto al resto del Gobierno. Ahí se habló de la ayuda internacional, de la distribución, del caos… pero no tratamos el tema de los entierros. Y me parece gravísimo. Se ha tratado a la gente como basura, sin la dignidad y el respeto que merece cualquier ser vivo. Sé que la situación es compleja y yo no tengo la solución. Pero seguro que si nos hubiéramos sentado, habríamos encontrado alguna vía en media hora. Y aún estamos a tiempo, porque todavía quedan muchos muertos por enterrar”.

Los creyentes del vudú acostumbran, según el Ati o Autoridad Suprema, a celebrar la ceremonia del entierro durante nueve días. “Ahí reunimos a la familia, a los amigos y enemigos del muerto. Durante ese tiempo comemos y convivimos juntos. Todo el que tenga algo que decir sobre el muerto lo dice, ya sea bueno o malo. Después enterramos el cuerpo, pero el alma se va debajo del mar, un año y un día o siete años y un día, depende. Durante ese tiempo, se purifica. Es importante saber que nosotros creemos en la reencarnación y que la persona vive ocho veces como mujer y ocho veces como hombre. Esto es así porque el objetivo de la vida es ganar conocimiento. Después de ese proceso, todo el mundo sin excepción se integra en Dios y comienza una existencia en la que cuida de todas las cosas vivas del Universo”.

Beauvoir aclara que la imagen que se tiene en gran parte del mundo del vudú como una creencia cuyos brujos [él reniega de esta palabra] o sacerdotes pueden infligir daño a los demás valiéndose, entre otras herramientas, de un muñeco al que se pinchan alfileres es totalmente falsa. “No he visto ni un solo muñeco de esos en todo Haití. En cualquier grupo social hay gente buena o mala, pero el vudú no promueve que se haga daño a nadie. Hay una vertiente religiosa del vudú. Y otra vertiente filosófica. Tenemos normas muy definidas sobre cómo hay que vivir, sentarse, comer, caminar. Eso es lo que permite a un haitiano reconocer a otro en cualquier parte del mundo con verlo simplemente andando a lo lejos”.

Beauvoir achaca esa mala imagen de su religión al cristianismo y a las potencias extranjeras como Francia, Estados Unidos y España. “El vudú ha hecho a Haití como país. Nuestra independencia se alcanzó gracias a una ceremonia celebrada el 14 de agosto de 1791 conocida como la de Bwa Kayiman. Haití es vudú”. Cuando se le dice: “Pues vaya país más desgraciado que generó el vudú, ¿no?”, el Ati responde: “Pero los españoles, los franceses y Estados Unidos nunca nos perdonaron nuestra independencia e hicieron todo lo posible para hacernos la vida más difícil. Y lo peor fue cuando los cristianos llegaron al poder en 1816. Todavía se mantienen ahí, con la ayuda económica de Estados Unidos y Francia”.

Desde 2003 los sacerdotes del vudú disfrutan del primer reconocimiento oficial como religión. Aquel fue el año en que el ex presidente Aristide les concedió autoridad para unir en matrimonio a la gente. Simplemente Ati significa gran árbol que se abre como un paraguas para proteger a los más pequeños. En este caso, él considera que tiene que alzar la voz para defender a su gente, ya que Préval no los defiende. “Yo agradezco que el presidente haya querido consultarme, pero él sigue favoreciendo a la Iglesia de Roma, a los europeos y americanos que consideran sus religiones europeas o centroasiáticas superiores a la africana”.

Francisco Peregil

Enviado especial de El País a Puerto Príncipe

El vudú en Haití

Jueves, 21 de Enero de 2010 Voces Cubanas Sin comentarios