Inicio > General > DE VACACIONES POST-CONCERT…

DE VACACIONES POST-CONCERT…

Martes, 22 de Septiembre de 2009

21sept009

21sept009

21sept009

21sept009

21sept009

21sept009

tomado de www.orlandoluispardolazo.blogspot.com
“LUNES DE POST-JUANEVOLUCIÓN”

Fui con un pantalón negro, que se me rajó en la entrepierna al brincar una barrera metálica, y con una chaqueta de fotógrafo de nylon negro, que me tuve que quitar enseguida para no desmayarme por el calor. Quería restarme al color uniforme del conciertazo, pero al final me quedé con un pulóver blanco para poder mínimamente respirar, y medio desnudo de la cintura para abajo. Entre millones de caballeros y damas de blanco, yo quería marcar el spot de la diferencia. Pero todo es paradoja cuando de la Plaza se trata.

Avancé frontalmente hacia el escenario. A la una de la tarde tal vez ya era muy tarde para una estrategia suicida así. No pude llegar. Demasiada gente. Rostros chorreando agua. Vaho de la respiración: H1N1 al por mayor. Gente linda por zonas (desde bebés hasta fisiculturistas emos y top-models pop), y en otras áreas una tralla plebe de lo peor (alcohol de reverbero en la saliva de sus alaridos y alardes).

Sentí más de un vahído. El aire caliente se hizo sólido en mis pulmones. Sentí ganas de vomitar: ¿un reflejo vago? El sol rebotaba en mi cráneo y en el concreto. Cuba calcina. Me quise ir. Sólo el update de mis dos blogs me mantuvo en pie de guerra allí (rodilla en tierra realmente). Mientras más me acercaba a la tribuna, menos veía la escena: las sombrillas y tarimas bloqueaban cualquier conato de visibilidad.

Fue desesperante al inicio. “Menuda mierda de música”: con gusto hubiera pensado. Parado allí, sobre los ladrillos refractarios de la caldera del diablo (sin connotaciones políticas por el momento), con una sensación térmica de más de 60 grados (lo sé porque casi no podía tocar el plástico Canon de mi cámara sin quemarme) me era técnicamente impensable pensar.

Para colmo, en una de las calles de acceso me pareció ver un arresto con todas las de la ley. Fue a una pareja de jovencitos o tal vez no tanto, porque en Cuba no nos hacemos adultos hasta cumplidos más de cuarenta. Él llevaba un T-shirt de NO HAY PAZ SIN LIBERTAD y terminó montado a la fuerza en un camión policial. De verdad, sólo pude considerar que tal vez a la sombra de un interrogatorio de estación, él la pasaría mucho mejor que nosotros al descampado radiactivo del sol. Después seguro lo soltarían toda vez terminado el Juanes´ Jolgorio y, como gesto de buena voluntad, ni siquiera le impondrían un acta de advertencia pre-delincuencial.

(Igual el T-shirt pudo decir NO HAY LIBERTAD SIN PAZ o NO SIN LIBERTAD PAZ HAY: en este punto debo aclarar que todo slogan me parece un bodrio, sólo que nadie se merece una lectura tan atenta por parte del poder, mucho menos unos minutos antes de las pacíficas predicaciones de Juanes.)

“Hasta aquí he llegado”, recordé la fábula fácil del Noble Saramago. Me agaché. Una muchacha con la sonrisa más hermosa en 50 años de desfiles y concentraciones me dio un caramelo de chocolate. Sabía a rayo. Igual lo mastiqué al tiempo que le cogí una mano y supongo le dije “gracias”. Su mano resbalaba ríos de sudor. Los cuerpos olían a acetona, aceite catabólico de los que van a morir en la habanarena del circo.

Los desmayados pasaban de dos en dos por mi lado. Me sostuve por pura inercia imaginaria de fotorreportero profesional: asumí la fantasía erótica de que la National Geographics me pagaría mil euros por cada instantánea. Así reviví. Y ahora acepto los cargos de metalizado, lo advierto: pero no de mercenario (como tanto le gusta predicar a nuestra pobre prensa).

Vi una especie de ecuatoriano pintado como un demonio rojo (me disculpo por mi incultura étnica, pero no logré distinguir mucho más). Vi adolescentes histéricas y no es nada agradable la pataleta: casi llegan a la epiléptica espuma por la boca. Vi un niñito llorando alzado en alto por sus padres en retirada. Todavía no eran ni las dos. Dios. El “espectáculo del siglo” (según oí después por los micrófonos) a esa hora ya nunca iba a empezar. Me rendí y yo también decidí dar marcha atrás.

Al carajo, queridos lectores. Vengan ustedes a narrar esta paz programada en un horario inhumano para inaugurar el amable otoño de la televisión europea (o para que la autoridad caribeña viera bien las caras de quienes nos desgastamos allí).

En resumen, esta no es la crónica de ningún concierto.

Buscando noticias sobre Juanes y Compañía, me decepciona lo repetitivo que pueden ser los sitios oficiales de internet en el mundo entero. No les pagan por redactar y mucho menos por sentir o al menos inferir. Les pagan por estar en el sitio y a la hora correctos, con sus credenciales listas para plagiar, y lo digo sin sentido peyorativo (el plagio entendido como una de las bellas artes).

Todo el mundo cita los mismos bocadillos de este o aquel actor. Todo el mundo acuña la misma única cifra de participantes (el tercer récord de no sé qué). Todo es un palimpsesto digital que bien podría prescindir del show físico como tal: no sería descabellado creer que las noticias ya estaban a medio redactar desde la jornada anterior.

Uno se queda con cierto amargo sabor a escrituranada. El periodismo del siglo XXI apunta a ser el arte de simular que algo pasó, aunque el discurso sea siempre con la misma quisquillosa corrección de escolar. Esto sí lo digo con todo el tono peyorativo, incluso ofensivo. Me disculpan, por favor, pero entiendan mi desesperación al no poder leer en ninguna parte un estilo como el que escribiría yo (ni siquiera un plagio parecido).

Cerca de las 6 PM (con nubes y hasta con una lloviznita indetectable que bautizó o circuncidó al monolito de la Plaza de la Revolución), vi un corretaje de miedo al costado derecho del MINFAR. Pensé paranoicamente lo peor. Busqué con el lente telescópico y vi a muchos empinándose hacia la acera con las cámaras en alto, intentando guardar una imagen de lo ocurrido.

Desde mi posición en la explanada a los pies de Martí (nos colamos ahí después de un descanso y de resistir todo un rodeo de kilómetros sin alejarnos del lugar), me fue imposible acercarme rápido al raro evento. Así que nunca supe lo que pasó. Tampoco hay noticias virtuales al respecto, por supuesto. Tal vez fue sólo que abrieron una pipa de agua para refrescar el molote. Lo cierto es que la avalancha se fue dispersando y muchos ya no regresaron para ver el final del concierto con el toque o teque de los Van Van, sino que seguían hacia Ayestarán para irse antes de que se soltaran las masas.

Me sentí libre en la molotera, lo confieso sin complejos. Estuve mirado por muchos, es cierto: por presuntos delincuenticos de barrio y por tipos que me pedían una foto sin importarles que nunca me volverían a ver. Todo el tiempo intuí que me iban a carterear, pero igual fui libre en plena Plaza de la Revolución, sin hacerle caso a los camiones de Tropas Especiales al acecho.

Tal vez fue por mi pinta foránea (barba escandinava incluida), no lo podría asegurar. Tal vez fue porque no solté un solo comentario en cubano candente en las horas que merodeé y a ratos me mareé por allí. Lo cierto es que en otros sitios menos conflictivos yo me he sentido mucho más atrapado que ayer allí.

Apenas reconocí a nadie entre el público, excepto a Alpidio Alonso o a alguien muy parecido con una gorrita (lo semisaludé en una de mis fatigas de inauguración). Apenas me interesó nada de lo que dijo nadie por los micrófonos, aunque sí pude leer en entrelíneas a qué se refería cada cual con cada pullita, quién tanteaba sus límites y quién no llegó. Era como si las estrellas musicales hablaran en un código Morse únicamente para mí (asomado en la explanada de la Plaza, espero que nadie me acuse ahora de megalomanía por una simple oración).

Me alegró que no hubiera ningún presentador de los medios locales, eso sí, pues en Cuba siempre han sido súper-patéticos para mi gusto (antes de la época de los Goar y Pumarejo), y ninguno logra desmarcarse de sus sonsonetes rimbombantes que lo menos que dan es risa.

Como venganza espontánea contra Formell y sus estigmatizaciones contra el piquete punk Porno Para Ricardo, el audio sólo falló justo cuando ellos salieron a escena. La mitad de su popurrí salsero no lo oyeron ni ellos, pero después ya fue la apoteosis, para rematar con broche de lágrimas toda aquella matiné vespertina: el primer domingo entretenido de la patria en más de diez años (y este record sí es verosímil, pueden confiar en mí).

El llanto de los artistas extranjeros me resultó por interno un coda lindo y emocionante (no sé si alguien más lo tomó tan tontamente como yo). Es el llanto de los protagonistas, de los vivos que hacen que las cosas pasen en vivo para todo el planeta, por donde ellos se mueven vivazmente, sin quedarse a la espera (como nosotros) de que venga el próximo concierto de alguien a publicitar una paz de palabras con fronteras.

Es el llanto de quien viene a visitar a un enfermo entrañable o a una audiencia presa (paradójicamente libre de la “tiranía del mercado”) y, apenas saludan y nos desean salud, enseguida ya se tienen que despedir. Y ese adiós súbito, como el del papa Juan Pablo II otro domingo pero de 1998, desconsuela y duele.

Nadie lo dude: a mí me dolió.

El “duélale a quien le duela” del aguaje que formó Formell me lo cogí creo que muy personal.

  • Share/Save/Bookmark

boringhomeutopics General

  1. boringhomeutopics
    Jueves, 24 de Septiembre de 2009 a las 07:04 | #1

    Atenta y silenciosa Lulú: sería lindo si me mandaras a mi correo gmail algunas de tus fotos barcelonesas o barceleonesas, no sé. Maybe we´ll share them in BHU…!

    María: al igual que el norteamericano Spencer Tunick y sus multitudes naked, yo fotografío mis mucho más modestos desnudos vestido de completo uniforme de fotógrafo. Tal vez un día podamos hacer una multitud naked en el mismo sitio de Juanes…

  2. Lulú
    Miércoles, 23 de Septiembre de 2009 a las 23:54 | #2

    Cada día me emociono con tus fotos, yo hago algunas con miradas muy parecidas de mi entorno barcelonés. Fantastico tu poder de evocación, felicidades.
    El comentario del concierto es lo mejor que he leido al respecto y da exacta idéa de lo que debe haber sido…ufff que calor. Ánimo y aqui tienes una seguidora, silenciosa pero atenta.

  3. Miércoles, 23 de Septiembre de 2009 a las 16:12 | #3

    Orlando, mil gracias por tus fotos y tu comentario, me ha permitido mas que las fotos, vivir el momento, Me pregunto: como estarias,”? medio desnudo de la cintura para abojo??”
    Gracias de nuevo por todo tu esfuerzo en ejercer un periodismo arriesgado y honrado.

  4. Miércoles, 23 de Septiembre de 2009 a las 02:06 | #4

    Felicidades, Orlando.
    Tus temas y tus fotos son muy interesantes y valiosos.
    Gracias.

  5. Leidisu
    Martes, 22 de Septiembre de 2009 a las 09:05 | #5

    Gracias otra y una vez! Espectaculares fotos y post. Cierta componente mazoquista que llevamos dentro los que estamos lejos y no acabamos de aceptar la lejania tal cual; nos lleva a leerte esperando ese transporte in-situ-virtual que logras a la perfeccion. Es ahi cuando calor y desespero narrado a lo OLPL + decadencia en ruinas tomada por la canon de OLPL nos mete de un tirón en la isla grande para sacarnos actoseguido y quedar esperando a mañana tu otro post. Mis besos y mi cariño de siempre para ti.

  6. Martes, 22 de Septiembre de 2009 a las 05:33 | #6

    Gracias por este post y por las fotos espectaculares.

  7. El Niño Atómico
    Martes, 22 de Septiembre de 2009 a las 05:02 | #7

    Tal vez la conmoción que vistes fue que se vino abajo una parte de la tarima, cuenta la reportera del canal 41 que la cámara de TV que cubría la parte izquierda del escenario también se fue abajo con perodistas, camarógrafos y todo debido a que se subieron mucha gente. No sabe si hubieron percances, ella salió ilesa.

Comentarios cerrados.