Archive for Junio, 2009

Monos sabios

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Hay un espacio de análisis político en la televisión cubana llamado Mesa Redonda que parece dirigido a los habitantes de los países nórdicos.

Sus panelistas e invitados son como los monos sabios. Teorizan, razonan, reflexionan y dan opiniones sobre cualquier tema candente que acontezca en el planeta.

Claro, es interesante conocer sobre la crisis económica mundial, y sobre las medidas que está aplicando el presidente Barack Obama. También es bueno estar informado acerca de lo que sucede en los países de la Unión Europea, África, Medio Oriente, Venezuela y Bolivia, temas recurrentes en estos programas.

Pero más interesante sería si hubiera opiniones divergentes. Y los monos sabios no dieran la apariencia de dioses rígidos que nunca se equivocan.

La Mesa Redonda tendría una audiencia alta -y no la actual, donde sólo los vagabundos, locos y disidentes la ven- si los panelistas, tan versados en temas foráneos, en sus debates tocaran la peliaguda vida cotidiana de los cubanos.

Ni una vez se ha hablado de esa penuria económica local, conocida como “período especial”, y que ya dura veinte años. Tampoco a fondo se ha analizado por qué cambiaron a tantos ministros en los primeros días del mes de marzo de 2009.

No se le toma el pulso al cubano de a pie para conocer sus expectativas y esperanzas. La gente simple en Cuba quiere saber qué será de su futuro; hasta cuándo van a desayunar café nada más; hacer una sola comida caliente al día; soportar apagones y tener un transporte público deficitario, entre otros males.

Mientras los expertos, invitados y panelistas no hablen de ello, el espacio televisivo de 6:30 de la tarde a 8:00 de la noche, de lunes a viernes, será la hora y media en que la inmensa mayoría de los cubanos cambian de canal o apagan la caja tonta.

Nadie discute su sabiduría. Pero en Cuba casi todos piensan que son cipayos. Y muy dóciles, además.

Iván García

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Testimonios de un corresponsal

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Sábado 6 de junio de 2009. Numerosas personas se arremolinan ante uno de los pabellones de la Feria del Libro de Madrid. Para las 8 de la noche está señalado el lanzamiento de Los funerales de Castro. Asisten su autor, Vicente Botín, excorresponsal de TVE en Cuba, y los periodistas Vicente Verdú y Lluis Bassets, prologuista del libro. En declaraciones a la agencia EFE, Botín había expresado que en Cuba, en cualquier momento, puede producirse un estallido social. Y en La Razón publicaba Cuba tiene hambre: el legado de Fidel.

Unas semanas antes, en El País con sorpresa había descubierto el artículo Fidel Castro: tres entierros y un funeral.
La sorpresa no había sido por el título, sino por la persona que lo había escrito y quien apenas seis meses antes veía por el Canal Internacional de TVE reportando desde la Isla. Gracias a una amiga común, pude entrevistarlo vía digital.

Primeramente, Vicente, me gustaría que se presentara a los lectores.

-Nací en Burgos, Castilla y León, pero estudié Periodismo, Ciencias Políticas y Sociología en Madrid. En 1967 y hasta 1972 trabajé en la Revista SP, semanario de información general. Fui corresponsal volante en Latinoamérica, con sede en Chile donde, entre otros trabajos, realicé varias entrevistas al presidente Salvador Allende. En 1972 comencé a trabajar en Televisión Española, donde me he desempeñado en diversos programas y viajado por todo el mundo, especialmente por Latinoamérica, donde he realizado más de un centenar de reportajes para programas como Informe Semanal y En Portada. En 1999 fui nombrado corresponsal de TVE en el Cono Sur, con sede en Buenos Aires, hasta diciembre de 2004. Después sería enviado a La Habana.

¿Permaneció mucho tiempo en Cuba como corresponsal de TVE?

-Casi tres años. Desde enero de 2005 hasta octubre de 2008.

¿Cuándo nació la idea de aprovechar la estancia periodística para escribir un libro?

-Cuando llegué a Cuba me di cuenta de que sabía muy poco sobre el país y la revolución, a pesar de todo lo que había leído y de mis dos estancias anteriores en la isla, en 1982 y 1984. En ese último año, 25 aniversario de la revolución, realicé una larga entrevista a Fidel Castro. Pero puedo decir sin rubor que no conocía a cabalidad la verdadera naturaleza del régimen ni las penosas condiciones de vida del pueblo cubano. Por eso comencé a escribir el libro, a los pocos meses de llegar, en julio de 2005.

-La mayoría de los libros que había leído sobre Cuba no reflejaban lo que yo veía a diario: la lucha por la vida, la doble moral para sobrevivir, la “resolvedera”, las infraviviendas, los derrumbes, los apagones, el problema del transporte, la mentira de la educación y de la sanidad, las fantasías de los periódicos y la televisión, los problemas de los disidentes y de los periodistas independientes, el enorme control de la Seguridad del Estado, el miedo, la parálisis de la gente, etc, etc. Por eso comencé a escribir el libro. Cuba era una “aldea Potemkim” una gran mentira oculta detrás de los discursos de Fidel Castro, y tenía que reflejarlo en un libro.

¿Tuvo muchas dificultades para hacer investigaciones y entrevistas?

-Nunca le dije a nadie que estaba escribiendo un libro. Tomé muchas precauciones para que la Seguridad del Estado no interfiriera mi trabajo. Encripté mi ordenador, del que nunca me separaba, hice muchas copias en USB y periódicamente, a través de amigos o familiares, enviaba a Madrid lo que tenía escrito. Mis investigaciones, entrevistas, búsqueda de documentación y lecturas, los realizaba en el marco de mi tarea diaria como corresponsal de televisión, sin insinuar siquiera que realizaba un trabajo en secreto.

¿En algún momento la Seguridad del Estado se percató de que estaba “metiéndose en camisa de once varas” y lo llamó a contar, como suelen hacer con todos los corresponsales extranjeros que “se van de rosca”?

-La Seguridad del Estado controla férreamente a los periodistas extranjeros, pero yo no les dí ningún motivo para que pensaran que estaba escribiendo un libro. Recibí muchas llamadas de atención por parte de “funcionarios” del Centro de Prensa Internacional, porque no les gustaron varias de mis crónicas televisivas, pero nunca sospecharon que estaba escribiendo un libro.

Como la corporación RTVE no acostumbra explicar por qué de pronto “desaparece” un presentador, locutor, periodista o corresponsal, no llamó demasiado la atención su relevo por Sagrario García-Mascaraque. Pero a mí, debo confesarle, me hizo sospechar de que algo pudiera haber ocurrido.

-Los corresponsales no desaparecen porque sí. Los contratos para cubrir una corresponsalía son anuales y se suelen renovar hasta un máximo de cinco años, a veces menos. Mi salida de Cuba y también la de mis colegas de Washington, Londres, París, Lisboa, Pekín, Bogotá, Jerusalén y Moscú, se debió al Expediente de Regulación de Empleo que realizó la empresa para prejubilar a los mayores de 52 años. No hay gato encerrado.

-De todas maneras, la mayoría de los corresponsales extranjeros en Cuba somos “conflictivos” para el Centro de Prensa Internacional, porque no nos sometemos a su chantaje permanente para pregonar los “logros” de la revolución, aunque procuramos no cruzar la invisible raya que traza la prudencia para evitar ser expulsados del país.

¿Podría mencionar algún ejemplo de las dificultades que enfrentan los periodistas, que como usted, se percatan de la realidad en que viven los cubanos?

-El control que ejercen las autoridades cubanas sobre los corresponsales en general, se agrava con los periodistas de televisión por una razón bien simple: las cadenas de televisión extranjeras no pueden utilizar medios propios de transmisión y tienen que enviar sus crónicas a través de la Televisión Cubana, que es la encargada de “subirlas” al satélite. Eso es ya de por sí una razón para mantener un cierto equilibrio y evitar que interrumpan la transmisión, que cuando quieren pueden hacer y que a mí me hicieron en algunas ocasiones.

-Es más eficaz una crónica posible que una crónica prohibida. Prefiero que se emitan imágenes de las Damas de Blanco jaleadas por las turbas, por ejemplo, con un texto más o menos “tolerable”, y no tener que “comerme” las imágenes sin que las vea nadie. El maximalismo es poco inteligente, más propio de quienes juzgan los hechos desde la distancia en lugar de batirse el cobre, como hacen muchos en la isla, a pesar de los zarpazos de la Seguridad del Estado.

-A los que desde fuera critican el trabajo que realizamos los periodistas extranjeros en Cuba y les exigen más compromiso, habría que decirles, con el mayor respeto, que quizás ellos deberían ser los primeros en comprometerse, al fin y al cabo es su país, y jugarse el tipo, vivir en Cuba y luchar por la democracia como hacen los disidentes.

Para quienes la mayor parte de nuestra vida transcurrió bajo aquel régimen totalitario, no nos fue difícil darnos cuenta de su perplejidad a la hora de reportar el cambio de mando el 24 de febrero de 2008. Me gustaría ahora conocer cómo vivió usted aquellos días y cómo ya en España recibió la noticia de las defenestraciones de Felipe Pérez Roque y Carlos Lage, entre otros dirigentes que usted debe haber conocido.

-En una de mis crónicas dije (y no me censuraron) que en Cuba no se podía decir esa frase tan socorrida de “El rey ha muerto. Viva el rey” porque Fidel Castro, desde la sombra, seguía manteniendo el cetro. Y eso lo he dicho en todas mis crónicas y lo repito en mi libro. Quien manda en Cuba es Fidel Castro y su pobre hermano no puede realizar las “profundas reformas”, económicas por supuesto, que anunció y que no serían ninguna novedad, porque ya las puso en práctica durante el período especial (“son más importantes los frijoles que los cañones”), y que Fidel, con paciencia franciscana, las ha ido desmontando una por una.

-Las defenestraciones de Lage y Pérez Roque son una constante en todos los regímenes estalinistas. La revolución siempre devora a sus propios hijos y les exige, además, el supremo sacrificio de declararse culpables. Esas dos “muertes” son necesarias para Raúl Castro, quien tiene que rodearse de centuriones de su máxima confianza para no perecer en esa batalla sorda que libra contra su hermano. Veremos qué ocurre en el Congreso del Partido Comunista de Cuba, en noviembre. No hay que olvidar que el comandante sigue siendo Primer Secretario.

Una anécdota humana.

-Los cubanos son gente entrañable, muy cariñosos y afables… y resignados también. “No es fácil” es la muletilla que repiten y que me decían cada vez que les preguntaba que por qué no se rebelaban, por qué no salían a la calle a protestar, como en la España de Franco que había incluso cárceles para los curas contrarios a la dictadura. Aún así me siento muy orgulloso de haber conocido tanta gente buena y como anécdota, quiero decir que me siento muy feliz de haber facilitado la salida de Cuba hacia Miami de un buen amigo a quien poco después se le unió su mujer y su hijo, quienes pudieron escapar también gracias a un matrimonio de conveniencia.

Su estancia en Cuba coincidió con la de un embajador español de izquierda, bastante amigo de la revolución y sus dirigentes. ¿Ese hecho fue una ventaja o un obstáculo?

-La postura del embajador de España en Cuba y la política del Ministerio español de Asuntos Exteriores no fueron un obstáculo para mi trabajo. Mantuve buenas relaciones personales con el embajador y con muchos diplomáticos, independientemente de su trabajo o de su compromiso con Cuba.

Ya para terminar, me gustaría que hiciera una valoración de la situación cubana a la luz de la actual crisis económica global, la nueva administración estadounidense y el cambiante panorama europeo e internacional.

-En mi libro Los funerales de Castro sostengo la tesis de que, a corto plazo, el objetivo de Raúl Castro, cuando se libere de la “tutela” de su hermano, será realizar reformas de tipo económico, al estilo chino o vietnamita, pero que, a largo plazo, los herederos de la revolución podrían intentar una salida “a la rusa”, es decir, “blanquear” el sistema con unas elecciones en las que al Partido Comunista de Cuba, travestido de Partido de la Nueva Cuba o algo por el estilo, no le resultaría difícil ganar unas elecciones para seguir controlando “democráticamente” al país y sus principales recursos, ahora en manos del holding GAESA, de las FAR. Los cubanos todos, los de dentro y los de fuera, están llamados a impedirlo.

Los Funerales de Castro ha tenido buena acogida en España. Además de entrevistas para diversos medios, Vicente Botín fue invitado a impartir una conferencia en el Club Faro de Vigo. La repercusión del libro cruzó el oceáno y en Miami, la Librería Universal aguardaba su pronta venta.

Tania Quintero

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Entre la ira y la impotencia

Alberto es el seudónimo de un amigo que tiene la esperanza de que el futuro de su tierra cambie. Un cubano que está optimista porque existe la posibilidad que se restablezcan las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Hace unos días, Alberto me dejó una carta para que la divulgara en internet. Está molesto porque, en su opinión, Fidel Castro sabotea las posibilidades de un diálogo. La furia reprimida le ciega y el resultado fue un escrito agresivo, titulado ¿Por qué no te callas?

“No se malinterpretó, Fidel. Obama no se equivocó. Todos lo vimos y escuchamos. Perfectamente dijo que está dispuesto a conversar de todo… A diferencia suya, parece que siente por este pueblo… Gracias a Dios, hoy hay un interlocutor inteligente y digno, que no se deja manipular por usted ni por su verborrea”.

Así comienza la misiva que escribiera Alberto para el expresidente cubano, a quien califica de “señor egocéntrico y mentiroso” y acusa de desplegar “maniobras desestabilizadoras” para que las conversaciones entre ambos países no se materialicen.
Lo compara con Valeriano Weyler, Fulgencio Batista y Gerardo Machado y asegura que “para alimentar su ego traicionó los sentimientos de un pueblo que lo quiso como un padre y que le brindó lo más preciado del ser humano, su propia vida”. Por favor le pide que se calle y deje que al fin este pueblo recobre su destino.

Alberto desea que el mundo sepa que los cubanos “queremos restablecer relaciones de vecindad con el pueblo estadounidense. Queremos sentirnos ciudadanos con deberes, pero también con derechos. Sentirnos que somos normales, que podemos parecernos a otros pueblos, y dejar de ser unos bichos raros”.

En su carta, mi amigo no pudo evitar mezclar ira, odio y frustraciones. Sentimientos latentes en lo profundo del alma de muchos cubanos, impotentes por no poder influir en la política de su país, y por no contar con medios para libremente expresarse.
En Cuba hay muchos Alberto con deseos de cambios, pero molestos porque no pueden participar en ellos. Hombres y mujeres que son ignorados y se sienten culpables por tener que callar. Pero esperando la oportunidad para desatar su furia reprimida.

Laritza Diversent

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Abanicos y lámparas

abanicos

Los cubanos de bicicleta y cartilla de racionamiento piensan que los fervorosos amigos extranjeros del socialismo tropical necesitan una estancia de siete días en un solar de La Habana. Una semana en pleno agosto. Sin electricidad, sin teléfono y sin fe. Es decir, sin familiar en el extranjero que les haga llegar unos euros o un manojo de dólares.

Este verano, que ya empezó a incendiar las guardarrayas y los montes altos, y que al mediodía da fiebre de cuarenta, es un buen momento para organizar una de esas mansiones a los viajeros de ultramar. Ésa es la mejor forma de realizar el sueño de quemarse en el proceso.

Ahora es la época ideal para meditar sobre la libertad y la vida en medio de las noches en las que los ventiladores son sueños recurrentes y las sombras de la gente caminan por el techo al vaivén de las llamas de los quinqués y las chismosas de queroseno. Café tostado con guisantes y agua tibia refrescarán las pausas de la conversación.

Es un momento de primera. Bajo un Gobierno que no ha sabido administrar ni distribuir los recursos y la riqueza del país. Con apagones programados como castigo a los derrochadores. Y una dramática consigna revolucionaria en los discursos de los funcionarios y en los panfletos oficiales: «ahorro o muerte».

Es verdad que es menos heroica, rebaja el tono de los himnos y hace descender las banderolas, pero no deja de ser un instrumento de combate. Un fenómeno que los teóricos criollos y los invitados pueden incluir en la agenda del simposio convocado por los cubanos de a pie para cualquier cuartería habanera.

Que se hable allí del desabastecimiento, la ruina de la agricultura y del comercio, los servicios y la falta de dólares. Que se pregunte en esos sitios sobre el acoso a quienes tratan de abrir un brecha para llevar alimentos a su casa. Que se interesen por el porvenir en el que lo único seguro son siete huracanes anunciados para la temporada.

Un minuto para estos otros temas: las remesas del extranjero han disminuido; Barack Obama no tiene traductor para el panteón yoruba; y se derrumbaron los ingresos por el petróleo en Venezuela.

No se les dará a esos huéspedes soñados por la infantería una lista con los 205 presos políticos del régimen. Ni se les hablará de represión, libertad de prensa o derechos humanos. Se trata de vivir unas horas (con posibilidad de renunciar al juego) en lo profundo de la dictadura que ellos defienden, seguros y libres, desde lejos. (Publicado en El Mundo el 25 de mayo de 2009).

Raúl Rivero

Foto: Fábrica de abanicos, Habana Vieja, Robin Thom, Flickr.

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El Cristo del Cerro

Estoy harto. Por si no bastara vivir desde hace más de cuarenta años en una sociedad monocorde y de ordeno y mando, ahora, en este lluvioso mes de junio, se nos aparece el fundador y líder del Movimiento Cristiano Liberación, Oswaldo Payá Sardiñas dando órdenes a “todos los que tienen la oportunidad de tener un blog”.Como tengo uno, me siento con el derecho de responderle.
Payá Sardiñas tiene el mérito indiscutible de haber forjado en 1998 el Proyecto Varela, respaldado con más de 10 mil firmas de ciudadanos cubanos de toda la isla, una iniciativa acorde a la Constitución de la República de Cuba.
Puso en jaque al gobierno de Fidel Castro. Pero tuvo su costo. Por tamaña osadía, una treintena de activistas del Movimiento Cristiano Liberación fueron a la cárcel durante la fatídica Primavera Negra de 2003. El mundo reconoció a Payá.
Pero si Oswaldo tiene en mente la peregrina idea de capitalizar todo proyecto, ya sea político o de la sociedad civil, está equivocado. Algunas buenas ideas, como la prensa independiente o las Damas de Blanco, perdieron integrantes cuando los partidos disidentes metieron baza en el asunto. Había periodistas independientes que parecían activistas políticos.
Es lícito, y de hecho así funcionan, la mayoría de los partidos políticos en el planeta. Haciendo labor proselitista y captando personas para su bando. Quien pretenda escribir libremente, ya sea bloguero o periodista, se desgracia cuando cae en el círculo de influencia de una maquinaria partidista.
Suelo caminar por La Habana, mi ciudad, y noto el descontento en 9 de cada 10 personas con las que suelo hablar en las calles, ómnibus o taxis particulares. Y siempre me ronda la misma interrogante: ¿qué hacen los partidos de oposición, que no captan en sus filas a esa enorme masa de ciudadanos disgustados con el sistema?
Claro, a Payá Sardiñas le es más fácil hacer oposición desde la sala de su casa en la barriada del Cerro, que charlar bajo un sol de espanto con la gente en la vía pública. También es más cómodo convocar a la prensa extranjera y leer proclamas, manifiestos y llamados, que como perros calientes produce la disidencia interna.
Quiero ser franco. Siempre me ha disgustado el rol desempeñado por la oposición cubana. Hasta donde conozco, nadie hace trabajo comunitario en los barrios, ni sale por calles y caminos a defender los derechos elementales de los ciudadanos comunes, de tener agua potable, mejorar su alimentación o reconstruir su vivienda. En mi opinión, los políticos disidentes tienen que dar un giro de 90 grados a su labor.
Dejar de hablar de proyectos irrealizables, ver cómo se pueden compenetrar con los cubanos de a pie y tratar de darle soluciones a sus diarias carencias y vicisitudes. De cualquier forma, se corre el mismo riesgo de ir a prisión. Por cierto, el líder del Movimiento Cristiano Liberación manipula la verdad cuando en su llamado señala que los blogueros hacen su trabajo “amparado en su seguridad”.
Al igual que cualquier cubano que disienta, sobre las cabezas de los blogueros pende la tenebrosa Ley 88 que los puede condenar a varios años de prisión cuando el régimen decida aplicarla. De hecho, en la razzia de marzo y abril de 2003 encarcelaron a 27 periodistas independientes. Y en la cárcel no hay ningún bloguero, es porque en esa fecha ese movimiento era inexistente.
No tenemos madera de héroes. Estamos a expensas de la furia de los gobernantes. Y por lo que se desprende de su lamentable nota, también de un sector de la oposición.
Los opositores son desconocidos por una amplia franja de la población, no porque no esté en sintonía con ella, sino porque la disidencia no ha sabido captarla. Sería recomendable que leyeran El sueño de mi padre y La audacia de la esperanza, de Barack Obama. Para, salvando las distancias, sacar experiencias de cómo un joven negro gastó las suelas de sus zapatos por los suburbios de Chicago para intentar resolver asuntos de la comunidad. Comparto los métodos de ese abogado flaco y de nombre raro que hoy es el presidente de los Estados Unidos de América.
A los leales al régimen y a quienes discrepamos, por encima de las posiciones ideológicas que nos separan, nos une un sinnúmero de dificultades materiales, tenemos la misma desesperanza y falta de fe y futuro.
¿Por qué Payá no nos llamó por teléfono y dijo lo que pensaba a quienes hacemos blogs? Habría existido un diálogo, aunque yo no hubiese aceptado poner mi blog bajo su mando. Pero hubiéramos debatido y hablado francamente.
Prefirió ningunearnos y emitir su edicto. Un blog, Oswaldo, suele ser personal. Quien lo hace, es su propio director, editor y censor. Es evidente que usted está mal informado. La mayoría de los blogs que se hacen en Cuba casi aburren por describir y contar lo que sucede en nuestro país. En uno de los párrafos de su vitriólica proclama, dice que los blogueros tenemos una posición ventajosa en el aspecto material.
Los blogs no dan dinero. Se hacen con múltiples sacrificios y son costeados por los bolsillos de cada cual. Precisamente ocurre lo contrario: las carencias materiales contribuyen a aumentar la creatividad.
A propósito, un prisionero de conciencia de la causa de los 75, el periodista independiente Pablo Pacheco, condenado a 20 años de privación de libertad en la primavera del 2003, tiene un blog, Voz tras las rejas y desde la cárcel de Canaleta lee sus posts, que después amigos le cuelgan en internet. Pacheco quisiera que su bitácora fuera colectiva y está abierta para todos los presos políticos. Desde las duras cárceles de la isla se puede lograr un blog.
Potencialmente, en Cuba hay cientos, miles de personas que pueden hacer un blog. La incipiente blogosfera local está empeñada, en que a la vuelta de unos pocos años los blogueros se multipliquen.
Pienso que usted, Oswaldo, en su casa del Cerro podría organizar un curso para blogueros, entre activistas de su partido. Incluso podría tener el suyo propio y ser “la voz de los que no tienen blog”.
El día que el incipiente grupo de blogueros cubanos caigan bajo la sombrilla protectora de una organización política, hasta ahí llegará la frescura y espontaneidad de los blogs cubanos. Y esa pequeña arma que cada cual usa como mejor le convenga, dejará de ser útil.
Una sugerencia: lea lo que escribimos en Voces Cubanas ). Porque si en Cuba existen personas que son voz de los que no tienen voz, ésos son los blogueros y los periodistas independientes.
Payá, estoy harto de Fidel Castro. Hasta el tope estoy de los partidos políticos opositores, sus discursos mediocres y las “sabias orientaciones”. Y hasta la coronilla también de personas como usted, con más ego que talento.
A no ser que me demuestre que es el nuevo Cristo, seguiré siendo un descreído. Y continuaré preocupado por el deplorable quehacer de la oposición interna, la falta de líderes con empatía y de un discurso moderno.
Ah, Oswaldo, nosotros no somos el enemigo.

Iván García

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Con Hemingway a bordo

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Andy García, un guajiro nacido en 1956 en Bejucal, un pueblo dormido al sur de La Habana, quiere hacer el papel de Gregorio Fuentes, el capitán de El Pilar, el yate que tenía en Cuba Ernest Hemingway. Quiere convertirse en el viejo Goyo, compadre del escritor y su compañero de pesca, aventuras y ron por más de 20 años.

García, el famoso actor y músico cubano, que salió a los cinco años de su país, acaba de terminar un guión sobre la vida del novelista en Cuba y le busca financiación.
Cree que Anthony Hopkins puede hacer el personaje del autor de El viejo y el mar y que Annette Bening encajaría bien como la difícil Mery Welsh, viuda de Papa Hemingway, la última mujer que trató de administrar Finca Vigía, la quinta que tenía el escritor a 45 minutos al este de El Floridita.
Gregorio Fuentes era el patrón y el cocinero de El Pilar. Hemingway bautizó a todos sus hijos y tuvo con él una relación amistosa con las turbulencias propias de las travesías y las mesas salobres de los bares del puerto.
Andy García dirigió su primer filme en 2005, La ciudad perdida, escrita por Guillermo Cabrera Infante. El actor la produjo, compuso su banda sonora y trabajó como protagonista junto a la española Inés Sastre.
El actor reaparecerá ahora en el cine en la película La Pantera Rosa 2, donde encarna a un detective italiano.
Al margen del proyecto del filme sobre Hemingway, García anunció que se propone grabar un disco este año con temas originales suyos. «Siempre tirando a la música tradicional cubana, que es con lo que yo gozo», dijo, «pero con algunas ideas un poco más sinfónicas y clásicas, si acaso algo en inglés». Sugirió que este nuevo trabajo podría contar con la colaboración del trompetista Arturo Sandoval y del saxofonista Paquito D’Rivera.
Esa música la vamos a escuchar pronto. Ojalá podamos ver también al viejo yate negro de Papa Hemingway salir al mar del Caribe otra vez por la boca del puerto de Cojímar. Y que vaya Andy García al timón con su gorra de capitán.
Raúl Rivero
Foto: Alfred Eisenstaedt, 1953, Life.

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Con olor a fritanga

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En los 90, durante los años del “período especial”, tuve que recurrir a los remedios caseros y los cocimientos con yerbas, flores y palos que recomendaban las abuelas, los curanderos del monte y un folleto oficial que pretendía prepararnos para sobrevivir cuando llegara la Opción Cero. Poco faltó, mas por suerte, ésta no llegó. El “período especial” nadie puede asegurar con certeza que terminó, pero a falta de medicinas, seguimos con los inefables remedios caseros.

Aunque flaco y fumador empedernido, soy un tipo saludable. No soy dado a tomar medicamentos y menos a acudir al médico si no es en caso de extrema necesidad. Mis motivos tengo. Sé como funciona el tan ponderado sistema de salud gratuito de mi país para los que no somos extranjeros ni tenemos recomendación o un pariente o amigo en el hospital. Por eso, eludo los hospitales como el diablo a la cruz.

Pero hace unos días tuve que acudir al cuerpo de urgencias del Hospital Calixto García. No podía soportar más el dolor en el oído derecho. Aguanté todo el fin de semana. ¿Para qué ir a un hospital cubano un sábado o un domingo si no es con un tiro, una puñalada o arrollado por una guagua?

Una aglomeración de pacientes esperaban en una larga y desorganizada cola para ser atendidos. En toda la ciudad, sólo el hospital Calixto García, en El Vedado, tiene cuerpo de guardia de otorrino-laringología.

Apestaba a mierda y a creolina. Camillas y sillas de ruedas trataban de esquivar el gentío.

Una mujer vestida de Iyabó, con los collares de Ochún y Obbatalá, refería que a su hijo, cantante de timba, habían querido extirparle las cuerdas vocales. Resultó que no tenía cáncer. Logró salvar la voz gracias a la intervención providencial de un médico amigo suyo. Recientemente, gracias a la influencia de otro amigo, logró grabar un disco en Bis Music.

Un hombre que decía tener clavada una espina de pescado en la garganta, gritaba que lo suyo era un caso de vida o muerte. Los médicos no lograban localizar la dichosa espina, pero el hombre exigía ser atendido de nuevo.

Un joven preso, muy flaco y demacrado, descalzo y sin camisa, al que le pasaban un suero, que sostenía en la mano, recorría la sala a trancos, fumando como una chimenea, vigilado por dos policías.

Una pareja de jóvenes esculturales se besaban con desesperación en un rincón. Un barbudo con cara de profeta bíblico auguraba que si la influenza porcina llegaba a Cuba, “Dios no lo quiera, con el hambre y la cochinada que hay, van a tener que recoger los muertos en camiones”.

Luego de más de cuatro horas de espera, cerca de las tres de la tarde, logré que me atendiera una doctora. La consulta duró menos de 10 minutos, incluido el tiempo que demoró en anotar mi nombre y el municipio donde resido. Revisó mi oído y me regañó con dulzura porque “los oídos se limpian con los codos”. Eso mismo decía mi padre, que también era médico.

La doctora me recetó echarme aceite tibio en el oído cada 8 horas. Exactamente como cualquier vieja del barrio me hubiera recomendado. Y tomar aspirina para aguantar el dolor.

-¿Y más nada, doctora?- le pregunté anonadado.

Me explicó, con amabilidad y tristeza, que no había medicinas para el oído. Yo era el paciente número 116 que atendía ese día. Afuera, la cola rugía de impaciencia. La joven doctora estaba de guardia hasta el día siguiente. Paró apenas media hora para almorzar. Calamares y arroz. Los calamares estaban duros y mal condimentados, me comentó.

No me atreví a quejarme. ¿Qué podía decir que ella no supiera?

Me dio turno para la consulta del viernes por la tarde, cuatro días después. Ese día, a esa misma hora, se casaba el mayor de mis hijos. Para poder asistir a su boda, tuve que cambiar el turno para la próxima semana. No había posibilidad de que me atendieran antes.

Más de siete días aguantando terroríficas punzadas en el oído derecho, del cual no oigo absolutamente nada. Ni siquiera el insufrible reguetón y las amelcochadas melodías a todo volumen que se escucharon en la boda.

Mi oído chorrea aceite y apesto a fritanga con orégano, pero no mejoro. Ni los más osados de mis vecinos (una enfermera entre ellos), se atreven a coger una jeringuilla y hacerme un lavado de oído. Temen lastimarme el tímpano más de lo que pudiera estar. Sólo me queda esperar por la consulta en el Calixto García. Espero no quedarme sordo.

En caso que suceda, prefiero pensar que será un castigo divino por escuchar demasiada música rock o desobedecer los consejos de mi viejo.

Luis Cino

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