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El tema indígena en el cine cubano: ¿un vacío absoluto? (segunda parte).
Por José Antonio García | Enero 26, 2010
La intuición artística de los cineastas
En esta situación ignorancia total y explicable es cuando el arte vuelve a revelarnos su intrínseco poder como fuente de conocimientos. La sensibilidad artística de ciertos creadores –esta vez mediante la imagen visual y el sonido– capta por intuición esa realidad escamoteada en los textos de historia y por ello ignorada por muchos, pero que flota como niebla en el ambiente espiritual de nuestra sociedad, mediante recuerdos, costumbres, tradiciones e incluso expresiones de religiosidad cotidianas.
El poeta Nicolás Guillén, tratando de sintetizar la raíz de lo cubano en una frase nos decía: “Santa Bárbara de un lado / del otro lado Changó”, pero esta fórmula es muy simple, por no calificarla de simplista: blanco y negro… ¿y nada más? Hoy sabemos que la raíz de lo cubano tiene otro ingrediente originario, además del español y del africano; un ingrediente más remoto y más cercano a la vez, porque aún vive: el indígena. Eso sí: “todo mezclado”. En esto sí tenía razón el poeta Guillén.
Es cierto que el ingrediente indígena ha sido el componente ignorado de la identidad cultural cubana, aunque algunos ya hoy lo presienten. Saben que es una de las substancias esenciales que ha intervenido en la cocción de aquel “ajiaco” cultural que en su momento definió Ortiz, y que continúa constituyendo hoy nuestra personalidad criolla. Así lo habían intuido brillantemente algunos poetas en el siglo xix, denominados “siboneyistas”, quienes también percibieron la presencia indígena en el ambiente sociocultural del que alimentaban su inspiración creadora. Sobre todo los dos poetas cimeros de esa corriente literaria: Juan Cristóbal Nápoles Fajardo y José Fornaris.[1]
En Cuba, la obra cinematográfica de algunos realizadores nos revela de nuevo esa especial intuición que poseen los artistas para acercarse -y acercarnos– a la verdad histórica, social y cultural. El Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) conserva en sus fondos algunos de los testimonios más valiosos y tempranos que podemos citar como ejemplos del tema indígena reflejado en el cine cubano. En orden cronológico, la primera obra realizada al respecto fue un breve y sencillo documental dirigido en 1963 por Bernabé Hernández, titulado Cultura aborigen (de 6 minutos de duración, en blanco y negro), el cual hace una presentación general para darnos a conocer, grosso modo, cómo eran los indocubanos. Le sigue al año siguiente una obra de mayor envergadura en propósitos y realización, esta vez a cargo del excelente dibujante Modesto García. Se trata del documental animado Los indocubanos (1964, 28 minutos, en blanco y negro), que se propone ilustrar cómo era la pacífica vida de los indocubanos en sus comunidades, y cómo se destruyó esa vida debido a la violencia impuesta por los conquistadores. Aunque, naturalmente, la versión histórica en que se basa es la tradicional, tiene, entre otros, el mérito de presentar un carácter didáctico, asequible para un público infantil o adulto heterogéneo. Con ello su autor traía al presente un asunto hasta entonces olvidado por la aún pobre cinematografía cubana. Sus imágenes se apartan por completo de la antigua visión idílica sobre los indígenas cubanos, mostrándonos detalles de notable realismo, creadas por la mirada de un artista que cuenta con una acertada información antropológica en cuanto al aspecto físico de aquellos personajes; su entorno material, sus costumbres y formas de vida, etcétera. Como resultado de tan excelente trabajo, Los indocubanos se convirtió en 1982 en libro (Editorial Gente Nueva), con texto acompañante del narrador Onelio Jorge Cardoso. Todavía hoy constituye uno de los libros mejor ilustrados con imágenes de ficción sobre indocubanos.
Quizás por el éxito de Los indocubanos en 1964, el tema del aborigen cubano fue tomado también en el siguiente año por el creador de dibujos animados Tulio Raggi, quien realizó Macrotí: un Noé cubano (1965, 10 minutos, en colores), breve documental cuya trama se desarrolla como una leyenda indocubana sobre un personaje mítico similar al bíblico Noé; una especie de Noé cubano. Once años después, aparece en la obra de este creador de animados un nuevo título, muy breve también: El pajarito prieto (1976, 6minutos, en colores), una simpática aventura en la que sus principales personajes son niños: la indígena Gibara y el negrito Cimarrón. Ellos viajan prisioneros en un barco negrero del que son rescatados por otro “negrito”. Ambas obras de Raggi (la primera basada en leyendas tradicionales, y la segunda en situaciones históricas) pueden considerarse una pequeña muestra de las amplias posibilidades que ofrece en tema indígena a la creación cinematográfica cubana.
En el mismo género del dibujo animado, Tabey (1965, 8 minutos, en colores) es el corto documental -de nombre acertadamente taíno– a cargo del famoso dibujante Juan Padrón, quien haciendo ficción de los hechos históricos creó este animado. En él la figura de un aborigen cubano protagoniza una acción heroica y patriótica al ayudar a un grupo de guerreros taínos para atacar un fortín de españoles, a quienes finalmente pone en fuga. De paso puede uno preguntarse: ¿no está acaso en estos personajes el antecedente de los célebres Elpidio Valdés y sus mambises?
[1]Al respecto, ver mi trabajo: “Presencia indígena en la poesía de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo”. Revista Santiago, número 65, julio de 1987, pp. 187-204.
(continuará en el siguiente post)
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Candelaria, 1948