[ 3 Comentarios ] Publicado el 01.12.10 bajo Uncategorized
En media hora se llega, saliendo sin apuro desde los restos museables del tren blindado que yacen cerca del centro de Santa Clara. Por la ladera sur de la loma corre el ferrocarril central, pero las escaleras suben, segmentadas, desde el oeste, por el barrio de Capiro, llamada así por el apellido de un antiguo personaje de la ciudad.
A los pioneros los llevan allí a recitar aquello de …seremos como el Che. Los cristianos protestantes suben para pedirle a Dios que proteja a Santa Clara del mal y de la homosexualidad que, se dice, ya la ha convertido en la capital gay de Cuba, (a pesar de lo que los tuneros machistas dicen de Puerto Padre). Las delegaciones de militares y funcionarios escalan hasta allá para gritar Patria o Muerte, los turistas extranjeros van porque quieren completar la ruta del Che, que comienza lejos, en el Memorial, sigue en el famoso tren blindado (o tren vendido, según las malas lenguas de los buenos historiadores) y tiene que acabar allí. Los estudiantes de la universidad, cuando cierran el Mejunje, la madrugada no está demasiado fría y les ha sobrado ron, trepan a cantarle a Sabina y a Fito, y enamorarse y metatranquear (algo así como hablar sin profundidad de temas profundos, con música, alcohol y participantes de los tres sexos), medio alumbrados por la ciudad que toda y en penumbras se puede ver desde allí, desde lo más alto, desde la Loma del Capiro.
Unas enormes piezas metálicas en la cima son el homenaje a Ernesto Guevara. Al norte, se ven los campos y una retahíla de centros de estudio, cerrada por la Universidad de Las Villas, a la que este reportero ya no puede viajar porque los dirigentes juveniles de allí tienen órdenes de sacarlo a golpes, a la hora que sea, pero preferiblemente de noche. En la Loma del Capiro, dentro de los tubos metálicos del monumento al Che, viven unos cuantos sapos y ranas que también salen, preferiblemente, de noche.