Reportes de viaje


Un blog sobre viajes en los que me creo libre, y cuento cómo se ve Cuba desde la Tierra. Un blog sobre viajes en los que descubro por qué amo a Cuba, y por qué debo transformarla.

La Rosa Blanca, número dos

[ 1 Comentario ] Publicado el 07.07.09 bajo Reportes de viaje

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La vorágine, parte 2

[ 2 Comentarios ] Publicado el 06.09.09 bajo Reportes de viaje

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Por el encuentro

Crucé Bogotá de arriba abajo, siguiendo las carreras, que son las calles que van de . No puedo olvidar la compañía perenne de los cerros, el friecillo, algo más fuerte que nuestro invierno más crudo, y las megabarriadas marginales que rodean la ciudad, que en aquel entonces, 2001, pasaba de los seis millones y medio de habitantes. Y me golpeaba la variedad y atrevimiento de carteles pintados con sprays en cualquier lugar, lo mismo haciendo propaganda electoral, que chistes, o protestas.

Había muchos guardias con armas largas en las calles. Nunca nos abandonó un señor fuerte que miraba a todos lados, y en el auto del funcionario cubano siempre anduvimos con las puertas aseguradas.

Nos llevaron a la colonial Plaza Bolívar, en uno de cuyos costados está la Casa de Nariño, que es el palacio presidencial de Colombia: también lo visitamos.

Caminé entre decenas de gordos tranquilamente pintados en el Museo Fernando Botero. En el parque de diversiones Camelot no pude terminar de comerme una enorme crepe, algo así como un pan relleno de carne en salsa; nos llevaron al interactivo Maloka, en el que supe cuánto yo pesaría en Marte, y cuánto en Júpiter; recorrimos la imprenta de hierros primitivos en el respetadísimo Instituto Caro y Cuervo.

Vi una limusina, un niño registrando la basura y una joven madre pidiendo dinero, ¿ves?, allá en Cuba también hay pobreza, es verdad, solo que está compartida por todos, me adoctrinaba el funcionario cubano, y yo recordaba entonces a ese respetado ex–militar cubano que le regaló a su nieto, por el cumpleaños, tres equipos completos de buceo, y la pareja de alto rango que encargó para su bebé toda la canastilla en una boutique parisina, y al hijo de un importante figura política también nuestra, recientemente caída en desgracia, que costeó el viaje al Pico Turquino de toda su aula. Pobreza compartida.

El día de irme sentí el peso de Cuba en América. En el aeropuerto Eldorado me fotografié con el funcionario cubano, con tan mala puntería que detrás, al alcance del flash, quedó la moto de un guardia de seguridad colombiano. Casi me confiscan la cámara. Ustedes son cubanos, y eso es precisamente lo malo. Le aclaramos que yo participaba en un evento cultural del que, por suerte aquel señor había visto algo en la televisión, y eso lo tranquilizó un tanto. Tengan cuidado con lo que hacen aquí, ya su gente ha provocado bastante guerra en este país. Le dimos las gracias, y al rato me perdí rumbo a Cuba.

Rosa blanca

[ 8 Comentarios ] Publicado el 04.18.09 bajo Reportes de viaje

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Aquí les presento una publicación que hacemos varios jóvenes desde la provincia de Camagüey. Déjenme sus comentarios y críticas, que las necesitamos.

Dinosaurios en la montaña

[ 9 Comentarios ] Publicado el 02.26.09 bajo Reportes de viaje

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Vimos por allá por Mil Cumbres, unos bosques intensos y recónditos al este de La Palma, que rodean a la mayor altura de todo el tercio occidental cubano: el Pan de Guajaibón.

Desde mucho antes de llegar sentimos la solidaridad de gente de campo que, sabiendo de cuán lejos veníamos, nos brindaba su casa, por si nos fallaba la suerte. Pero fue camino a La Palma, el lugar que escogieron los dos últimos ciclones para salir al mar, donde nos encontramos con la noche encima, sin bañarnos y con unas barras de maní por toda compañía.

¿De dónde salió esa pareja de campesinos? Ni idea, no los vimos llegar, pero lo cierto es que esa noche dejamos el polvo del viaje en el riachuelo que pasaba junto a su casa de madera, comimos en una mesa de platos desbordados, y dormimos sobre un colchón de suavidad impecable. El alacrancito que amaneció enredado en mi pulóver no afectó la enorme gratitud por la hospitalidad de aquel matrimonio.

La región de Mil Cumbres pertenece a la Empresa de Flora y Fauna, y hay que traer autorización para entrar, pero sin caer en los extremos de quienes dirigen Guanahacabibes. En su centro se yerguen los casi 700 metros del Pan de Guajaibón, aisladísimo: Sagua, el caserío más cercano, está a dos horas de buen camino. Allí encontramos otra buena persona que cuidó todo el equipaje innecesario y nos explicó cómo llegar hasta la base de la montaña.

Atravesamos riachuelos y mausoleos de héroes antiguos por un camino desierto, que moría entre las ruinas de un puesto militar. No vimos un solo ser humano. El ascenso del Pan aún es seguro: una senda clara, que al final se torna un pasillo entre gigantescos helechos arborescentes, va zigzagueando hasta la punta. A la 1:30 de la tarde, bañados en sudor, con el agua precisa y los turrones de maní casi agotados, nos asomábamos desde la cima del Pan a la costa norte y al lomerío de la Sierra del Rosario; entre nosotros, estaban los fósiles.

Unas inmensas estructuras metálicas, achatarradas, yacen allá arriba. Son los últimos restos de cuando jugábamos a la guerra. Las auras vuelan en torno, burlándose del asta que ya no tiene bandera, de los letreros en ruso aún visibles y de las solitarias fortificaciones militares llenas de excrementos y de carteles irreverentes.

A las 7 estábamos de regreso en Sagua, físicamente deshechos. Nos bañamos en el río San Marcos, que bordea el pueblo. Esa noche, de nuevo, nos salvó de los mosquitos y del hambre la hospitalidad humilde de unos lugareños. Madrugamos. En la oscuridad, vimos un cartel: “Sendero Natural REGRESO AL JURÁSICO”.

Gracias, ya estuvimos. Los dinosaurios se extinguen, irremediablemente.

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cuevas

destruidos

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soldados

El pueblo más sincero de Cuba

[ 10 Comentarios ] Publicado el 02.07.09 bajo Reportes de viaje

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A Guane llegamos por la tarde, huyendo de los mosquitos de Guanahacabibes. En la misma terminal nos bajamos, con tan buena suerte que a los quince minutos apareció un carro con logotipo de Los Portales SA, a recoger pasajeros, y nos montamos, pues para el Salto de Los Portales íbamos.

(Por cierto, en Guane algún funcionario innovador dispuso que todos los automóviles estatales debían pasar por la terminal, con lo cual el viajero no tiene que escoger entre ambas fatídicas opciones. Parece que hay funcionarios con imaginación, después de todo).

La famosa agua embotellada Los Portales se obtiene del río homónimo, afluente del Cuyaguateje, que baja de la leve Sierra de Guane, y en cuya orilla está el campismo. En esta zona el río tiene enormes y solitarios remansos verdes, que exhalan una incontenible tentación de arrojarse, a riesgo de rozarle la nuca a algún güije dormido.

Esa noche comimos y dormimos en el campismo, lo cual nos alivió un poco las billeteras, de por sí ligeras, y a las cuatro de la mañana estábamos desandando un par de kilómetros a oscuras, rumbo a Viñales. Por supuesto, como buenos excursionistas, nos perdimos en aquellos caminos ignotos.

A las cinco abordamos un ómnibus apacible que tardó casi dos horas en recorrer unos cuarenta kilómetros, hasta excretarnos, metamorfoseado ya en una molotera tipo Hidra de Lerna (por cada uno que bajaba subían nueve), en Cabezas, un puente de hierro y madera sobre el Cuyaguateje.

Allí mordisqueamos las últimas galletas que nos quedaban, tragando con susto por si el “amarillo” paraba algún carro que nos pudiera adelantar. Sobre las nueve de la mañana, atiborrados de hambre y de los paisajes impecables de la Sierra de Viñales, entrábamos por el sur, en un camión descubierto, a Minas de Matahambre.

Y fue verdad. Enfrente del modesto parquecito central descubrimos una cafetería estatal, milagrosamente surtida de panes con morcilla, queso-crema, mayonesa y mortadella, y con precios de los que no provocan demasiada desazón en el bolsillo. No sé dónde estarían las Minas, pero por lo menos ya estábamos en Matahambre. El nombre del pueblo decía la verdad.

Y seguimos.

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los_portales

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