Escape Hacia la Eternidad
Martes, 24 de Agosto de 2010 por voztraslasrejas

-Arte por Lori Mcnamara
El 16 de diciembre de 2006 pudo haber sido un día como otro cualquiera en el destacamento No 1 de la Prisión Provincial de Sancti Spiritus. Pero ese día despertamos, además de con una requisa, con la noticia de que Javier se había inyectado petróleo en las piernas con el objetivo de que éstas le fueran amputadas y así obtener una posible libertad extrapenal. Dos meses antes, Pedrito otro recluso de este mismo Destacamento había hecho lo mismo y estaba condenado a una silla de ruedas.
Sin embargo, a Javier la “suerte” no lo acompañó y al parecer se pinchó una vena. Al no ser atendido con la premura que el caso requería, la infección le contaminó todo el cuerpo y murió una semana mas tarde. Tenía 37 años al morir y llevaba l9 años en prisión. El delito por el cual fue a prisión cuando sólo contaba con l8 años de edad, según le contó a un compañero de infortunio, fue el de vender unas joyas que se encontró enterradas y que las autoridades dictaminaron pertenecían al patrimonio nacional. Por ese motivo fue sancionado a 6 meses de cárcel, pero nunca más volvió a salir. Antes de cumplir su condena, se fugó y robó de nuevo, por lo que fue condenado a varios años de cárcel, repitiendo luego la acción en más de una oportunidad. Su situación se fue complicando y al morir aún le faltaban 15 años por cumplir.
Pero Javier no es el único caso fatal ocurrido en esta prisión. Meses atrás, un recluso de otro destacamento se tragó unos alambres y al no ser atendido con la rapidez que el caso requería, murió días mas tarde. Las auto agresiones en las prisiones cubanas es una práctica común. Los reos se laceran el cuerpo, se cosen la boca, en ocasiones con alambres, se inyectan petróleo, como Javier, o su propio excremento -en las extremidades preferentemente- y he escuchado historias de auto agresiones inimaginables, como introducirse alambres en la uretra, pincharse los ojos o inyectarse el virus del VIH.
Ante este cuadro dantesco, del cual fui testigo presencial en más de una prisión cubana, salta la pregunta: ¿por qué se auto agreden los presos en las cárceles cubanas? Desconozco si esto ocurre también en otras cárceles del mundo, pero en las de mi país ésta fue una de las cosas que más me impactó. Las causas, en la mayoría de los casos, se deben a la negativa de las autoridades a conceder al recluso ciertos beneficios a los que tienen derecho según su conducta y el tiempo de reclusión, tal como lo establece el régimen carcelario establecido por el mismo sistema. Algunos de estos beneficios son el traslado a una granja o campamento donde el recluso goza de mayor libertad o el traslado a otra prisión más cerca de su lugar de residencia.
Pero detrás de esta razon se esconden otras que son merecedoras de un análisis más profundo y que quizás deben realizar psicólogos y sociólogos. Mientras tanto, a mi modo de ver, estas auto agresiones son motivadas en gran medida por la desesperación y la impotencia a las que llega el reo ante un sistema judicial y carcelario que impone largas condenas por delitos en ocasiones pueriles y luego deja al interno con muy pocas opciones para ocupar su tiempo y su mente. Si los reos pudieran ocupar algún trabajo en prisión, éste pudiera representar un modo de ganar dinero con el cual ayudar a su familia o poder comprar alimentos suplementarios o productos de aseo personal, artículos muy deficitarios en las cárceles cubanas En las granjas los presos comunes pueden trabajar y son remunerados.
El ingenio y creatividad del cubano es harto conocida y quizás muchos de estos presos nunca hubieran delinquido si en Cuba funcionara el sistema de libre empresa. En los establecimientos penitenciarios por donde me tocó transitar vi a los presos confeccionar verdaderas obras de arte utilizando sólo material desechable. Sin embargo, las autoridades, en lugar de estimular esta actividad y coadyuvar a su desempeño, la persiguen o desalientan, confiscando en muchos casos los objetos artesanales producidos o prohibiendo que el preso se los entregue a su familia en las visitas. En las cárceles cubanas, el único entretenimiento proporcionado por la penitenciaría es la televisión, que el preso debe ver apiñado, dado al reducido espacio, toda vez que en muchos casos existe un solo televisor para mas de 100 reclusos. Por otra parte, independientemente que la mayoría de la población penal no tiene hábito de lectura, hay muy poco material que leer. Aunque hipotéticamente existen bibliotecas, los presos no tienen acceso a las mismas. Recuerdo que en un destacamento donde estuve en la Prisión Provincial de Guantánamo había un cuarto con un letrero que decía “BIBLIOTECA”, pero estaba totalmente vacío de libros y estantes. Era el lugar donde estaban situados los tanques para botar los desperdicios del comedor.
Luego de esta panorámica parcial de la vida en las prisiones cubanas, creo que no es difícil comprender el grado de enajenación que puede llevar a un preso a utilizar la auto agresión como una forma de escape, aunque a veces como en el caso de Javier, puede ser un escape hacia la eternidad.
Omar Ruiz Hernàndez
Expreso Politico y de Conciencia
Primavera Negra 2003








