La Educación: Instrumento de dominación ideológica (tercera parte)
Miércoles, 3 de Febrero de 2010 por Adolfo Fernández Sainz
Por Adolfo Fernández Saínz, Presidio político cubano, prisión de Canaleta en Ciego de Ávila
La ESBE fue altamente valorada cuando surgió a partir de una idea del propio Fidel Castro, quien mantuvo su influencia directa y cotidiana sobre el nuevo proyecto que nacía. Esto significaba apoyo ilimitado de los niveles centrales del Estado, abundancia de bienes y recursos en todo lo que hiciera falta. La ESBE fue un “plan Fidel”, uno de los tantos y tan famosos que éste -bajo el mismo modus operandi- intentó desarrollar a lo largo de todos estos años en los más disímiles campos de la vida nacional y en aquellos sectores que despertaran su interés. Desde la agricultura al deporte, de la salud pública a la genética vacuna. Bajo uno de sus cíclicos arranque fue que se crearon las escuelas en el campo.
Se construyeron entonces unas pocas escuelas con las mejores condiciones, en lugares adecuados, como la llamada “Sierra del agua” en las cercanías de La Habana. Los cursos comenzaron con muy buenos alumnos y no tenían carácter obligatorio sino que la entrada a ellas era voluntaria. Los internos eran alumnos que ya habían terminado el noveno grado y tenían a su alcance los mejores recursos y un personal muy capacitado que se ocupaba de su educación. Junto a los excelentes maestros, contaban también con una buena y balanceada alimentación y como era de rigor –en un principio- en estas escuelas, se daba una buena atención en el trabajo en el campo. Se les había asignado un médico y una enfermera a cada uno de estos centros escolares, para lo cual se hizo una convocatoria voluntaria para buscar profesionales con las condiciones necesarias para este tipo de proyecto. Con todos estos elementos, se percibía una gran motivación de parte de los padres y de los alumnos hacia la formación en estas escuelas.
Como era de interés de la máxima dirigencia, tampoco podían faltar los cuadros del partido que velaban por el buen funcionamiento de estos nuevos centros. El mismo Comandante en Jefe podía aparecerse en persona en cualquier momento para comprobar la marcha de su proyecto. Incluso se organizó un congreso inaugural con su presencia y con el personal participante en el nuevo modelo educativo que surgía. Cuando comenzaron a cosecharse los magníficos resultados iniciales, vinieron también las loas y lo reportajes triunfalistas. El plan piloto había salido bien y ahora sólo bastaba generalizar la idea, aunque lamentablemente sin la mayoría de los ingredientes que conformaron sus primeros pasos.
La idea degradada fue la que recibió finalmente el pueblo. Las ESBE fueron usadas incluso como vitrina para las visitas de jefes de estado. Comienza entonces un desfile de personalidades que se manifiestan entusiasmadas por la novedad educativa de estos centros. En un principio se podían ver a soviéticos y a checoslovacos ocupando la tribuna en los actos públicos frente a los estudiantes, más tarde algunas representaciones de líderes africanos. Se logró incluso que dos gobernantes occidentales, primeros ministros de Canadá y Suecia, se interesaran en el proyecto. El cubano de a pie tiene una imagen totalmente idílica de Canadá, la sola mención del nombre del país evocaba en la mente de los que escuchan la idea de “el Yuma, pero sin tanta droga y violencia callejera”. Hay que destacar que durante decenios no apareció registrado en los medios oficiales de la Isla ningún disturbio en ese frío país, ninguna huelga, ni enfrentamiento público, ni siquiera una protesta contra la segregación racial o la guerra en Viet Nam y que se viera a la policía canadiense atropellando a los manifestantes, escenas recurrentes cuando se trataba de sus vecinos del sur.
Si el director de una escuela cubana en el campo escuchaba que su centro iba a ser apadrinado por Canadá, de inmediato se impregna de un mecanismo de euforia. Había que ver cómo agitaban los estudiantes la banderita blanca y roja al paso de la caravana presidencial. Otro tanto ocurrió con la bella Suecia cuyo primer ministro visitó Cuba y apadrinó varias ESBEC, de ahí surgieron precisamente las escuelas Cuba-Canadá y Cuba-Suecia. No dudo que Pierre Trudeau y Olof Palme fueran grandes personalidades en sus respectivos países y que viajaron a Cuba animados por sus mejores intenciones, pero al verlos apoyar con tanto entusiasmo un proyecto que sabíamos no era más que otro mecanismo en la maquinaria de opresión totalitaria que nos estaba aplastando, uno llegaba a creer que ellos estaban de acuerdo con todo lo otro que ocurría aquí, a pesar de ser representantes de países que disfrutaban de libertades ausentes en Cuba. Cabe preguntarse si no estaban sumando su no poco prestigio a la causa de Fidel Castro y a su obra. Quizás el cariz de sus conversaciones privadas, a puertas cerradas, fuera otro pero lo que trascendió al pueblo no daba a entender otra cosa.


Muy bueno todo este material es reflexivo y explicativo, yo sufri de esa prisión colectiva también y del trabajo coaccionado y forzado en el campo para que no te quitaran el pase a la casa cada quince dias, eso es duro, la población cubana de esta época está preparada para vivir en galeras (prisión) desde esa época, con capataces muy eficientes (los mal llamados Jefes de Producción), Seguro estoy que Martí no quería esa esclavitud Infantil para los niños cubanos, eso no fue trabajo creador, sino trabajo forzado. Además perdias toda privacidad, pues en los albergues te bañabas en colectivo, dormias en colectivo, hasta los varones se masturbaban en colectivo mirando a las chicas en las canchas mientras hacian la educación física, y los profesores tomaban ron y mantenian relaciones amorosas con las estudiantes, principalmente los matemáticos, los físicos y los de Base de la Producción contemporanea, esa es la “educación” que recibieron nuestras niñas y niños en esos centros en el campo hasta culminar el Bachillerato ( 3 años de secundaria y 4 de pre-universitario) en resumen 7 años de prisión “educativa” y correccional.